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Hacia una física de los Ovnis

Por F. Aréjula 

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Los antiguos decían: “el efecto iguala a la causa”, y en este caso no se equivocaban. El misterio engendra misterio; si misteriosos son los ovnis, también tiene características de misterio que se inviertan unos veinte años en una investigación para demostrar que no existe lo que se investiga y acto seguido se gasten miles de  dólares en el estudio científico de eso que se ha concluído es una aberración mental para que lo corrobore. Todo esto es más descabellado que la sospechada aberración.

El ovni, estadísticamente visto, había quedado reducido a algo cercano a la inconsistencia, pero en el mismo momento en que las fuentes competentes están a punto de concluir: “el ovni es algo que no tiene realidad”, este “algo” lo contempla con precisión todo un colegio con sus cien pares de ojos. Aparece, pues, un testimonio intelectual y colectivo que no se puede dejar de lado; fracasan los resultados estadísticos, se renueva el misterio y como el misterio sigue engendrando misterio, le llega el turno a la Comisión Condon, que traduce eso: el enigma es elevado a la segunda potencia.

De los análisis de los investigadores civiles sobre ovnis parece desprenderse que todo este desconcierto se debe a la política oficial de secreto y censura. Sospechan que las Fuerzas Aéreas ocultaban información, mas este criterio es tan difícil de sostener como el de que los ovnis no existen y el de que los que informan sobre ovnis relatan historias que sólo están en su imaginación. El ministro del Aire, en sus manifestaciones ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara, afirmó que las Fuerzas Aéreas no estaban ocultando al público información sobre ovnis. A esta afirmación la corrobora la realidad.

Cuando el relato de un testigo de ovnis es preciso y lleno de garantías, las Fuerzas Aéreas lo han publicado. El caso más célebre es el del policía de tráfico Lonnie Zamora, que hicieron público las Fuerzas Aéreas consignando el relato del policía acompañado de un plano del lugar del incidente donde se señalan depósitos de dinamita, torres de radio, aeródromos, etc. Este relato, hecho público, puede leerse en todo detalle en la obra de Aimé Michel, Antonio Ribera, George Lehr y Antonio Paluzio, “Los platillos volantes, pro y contra” (Ediciones Martínez Roca S.A.), y en otras obras. Es importante que los relatos sean completos, ya que entre las garantías de autenticidad de los relatos está la de que estos sigan ciertas reglas, principalmente que guarden el orden cronológico de las impresiones del relatante. Esto puede verse en la obra citada. Nos limitaremos aquí a consignar el hecho.

Se trata de que en la localidad de Socorro (Nuevo México), el agente de tráfico Lonnie Zamora, estando de servicio a unos dos kilómetros de la población, escuchó algo así como un rugido tras una elevación del terreno y al mismo tiempo vio luz sobre ella. Se dirigió hacia aquel lugar y traspuesta la pequeña loma se encontró muy cerca (llegó a situarse a unos treinta metros de la escena que se relata) con este espectáculo: una especie de “huevo metálico” puesto de pie apoyado sobre el suelo sobre cuatro patas y a dos individuos andando a saltitos alrededor. Zamora salió del coche y, como Plinio, marchó hacia “el fenómeno” para verlo más de cerca. Le sorprendió un gran bramido y tomó precauciones. Entonces, ante sus ojos, el “huevo” se levantó en el aire, voló primero en línea recta, después se elevó más y desapareció tras unos montes lejanos. Zamora llamó al sargento por la radio del coche. Llegó el sargento Chávez y ambos comprobaron que, efectivamente, en el lugar donde había estado el “huevo” quedaban las cuatro huellas de las cuatro patas en que se apoyaba y también vieron que la vegetación estaba allí algo chamuscada.

El hecho es asombroso. En circunstancias normales nadie duda de la veracidad y eficiencia de los guardias, pero… naturalmente, esta propiedad de los guardias no es una ley inexorable de la naturaleza. Puede existir un guardia que no diga la verdad. No tenemos más garantías del suceso que lo que dice Lonnie Zamora, y claro… no es ningún imposible que haya contado un cuento. Y así queda la cosa. No resulta de ello una prueba contundente de que hay ovnis. Y si esto le sucede a un caso excepcional por la calidad del testigo, ¿qué será en los demás casos? Estas son aproximadamente las razones para que quien quiera creer que los casos de “platillos” son historias de perturbados puede creerlo siempre.

El caso del policía Zamora, no obstante, está descripto con pulcritud. Se han registrado los datos de observación más notables y uno de ellos es que Zamora, al oír el ruido inicial y mirar hacia el lugar de donde venía, vio sobre la pequeña ondulación del terreno, que luego recorrió, una luminosidad que tenía forma cónica (con la base abajo). Obvio es decir que las luminosidades más habituales, las de las llamas que suelen acompañar a las explosiones, no tienen formas geométricas definidas. Ahora bien, hagamos una hipótesis sin preguntar por qué (el porqué es más bien asunto del texto que sigue a esta breve historia). Supongamos que el “huevo metálico” estuviera eléctricamente cargado y que se descargó (bien por accidente o por necesidad de la técnica del aparato) poniendo incandescente el aire, tal como ocurre, por ejemplo, en el rayo. Bien conocido es que en un conductor cargado la electricidad se distribuye por la superficie y en ésta cada elemento superficial tiene una densidad de carga de la que depende la presión a la que está sometida. La presión es tanto mayor cuanto mayor es la densidad de carga, y esta densidad crece al acortarse el radio de curvatura de la superficie (una aplicación práctica de esta regla se hace cuando se dice que la electricidad escapa por las puntas). Pues bien, la descarga eléctrica de aquél “huevo” (muy potente, sin género de duda; cosa a examinar más abajo) en el sector que veía Zamora, esto es, hacia arriba, debería provocar una luminosidad conoide. Este dato, al coincidir con el que da Zamora, no es un dato como otro cualquiera; es, a nuestro entender, el “santo y seña” de la veracidad del relatante.

No tiene ninguna probabilidad que si Zamora le hubiera inventado a la luminosidad una forma a capricho acertara con la que lógicamente debería tener, y tanto más improbable cuanto que las luminosidades parten generalmente de un foco y se difunden en su derredor sin que se le ocurra de ordinario a nadie asignarles forma geométrica, ya que en la percepción habitual, cuando el fenómeno es corriente, no se acusan bordes definidos. Si esta suma improbabilidad de acierto se multiplica por la suma improbabilidad de que un guardia no sea una persona honesta y equilibrada, obtenemos la racional certeza de que el relato de Zamora es verídico.

Creo que en este punto no debemos continuar abrigando dudas ni buscando eufemismos por evitar afirmaciones radicales que pudieran interpretarse inmodestas; creo que se debe apechar con la verdad de la realidad.

La inmediata posición de duda ante lo desconocido es muy natural. Es muy racional que el Hombre frente a una fuente de revelación no admitida como rigurosamente cierta dude y su duda no tiene nada de patológica. Lo patológico es el terror o la incredulidad. Lo humano no es ninguna de las dos cosas. Y por este tercer camino llegamos a la conclusión: los extraterrestres existen.

Es claro que esta convicción no es por el momento plenamente racional; tenderá a serlo a medida que avancemos en el estudio que contiene este librito en su totalidad. Lo que por el momento quizás sea conveniente –y en esto sólo podemos aducir nuestra modesta opinión– es descartar desde el mismo punto de partida que los extraterrestres sean seres extraordinarios. Estos seres, puesto que son capaces de fabricar aparatos, son seres plenamente desarrollados; Hombres con toda probabilidad, pero nada más que Hombres. Por lo que se ha visto de ellos no hay ninguna razón para imaginarlos de entrada como dotados de poderes mágicos con los que pueden subyugar a los humanos. Lo primero que observó Zamora fue que los “ovnitas” (llamo privisionalmente “ovnitas” a los que viajan en ovnis) en cuanto advirtieron la presencia de Zamora, se asustaron y emprendieron la fuga. Esos aparatos que manejan los ovnitas probablemente ofrecen peligro y el más inmediato es el acercarse a ellos. Piénsese que la descarga eléctrica del relato de Zamora, si la hubiera recibido un avión que persiguiera al ovni, habría derribado probablemente al avión, como quizás fue el caso del capitán Thomas Mantell, pero el Hombre no necesita acercarse a esos aparatos para reducirlos a pavesas si fuera necesario.

¿Pertenecen los ovnitas a una civilización superior a la humana? O mejor: ¿cabe la posibilidad de una civilización superior a la humana? Pues posiblemente, no. No debe confundirnos el que los aparatos en que vuelan nos sean todavía desconocidos, pues ello no quiere decir que su civilización sea superior a la nuestra. Incluso podría ser una civilización muy inferior, o acaso que ni siquiera tuvieran eso que se llama civilización.

No está muy claro establecer que una raza de Hombres esté tanto más avanzada cuanto mayor sea el número de siglos de vida con que cuente. Si en la Tierra no hubiéramos tenido un Maxwell o un Lorentz (por sólo citar a los que más convienen al caso), ya podrían pasar siglos y siglos, no tendríamos radios, ni televisores, ni rayos láser, etc. En cambio, puede concebirse que no hubiéramos inventado el automóvil si no hubiera habido en la Tierra yacimientos de petróleo. Y también puede concebirse que, a la inversa, con una técnica puramente empírica, pero poseyendo petróleo, fabricaríamos automóviles medianamente buenos, mas que no poseyendo una técnica científica, nuestra civilización no tendría la enorme capacidad técnica ni el poder de las armas que la caracterizan. No hay ningún inconveniente a que el caso de los ovnitas sea éste. Podrían los ovnitas poseer yacimientos de un material que haga posible el tipo de vuelo de los ovnis (de esto hablaremos después) y a pesar de ello sentirse muy inferiores al Hombre.

Los ovnitas prefieren lo que llamamos zonas remotas, la noche al día; no se alejan de su ovni sino muy pocos metros y cuando están convencidos de que nadie los observa (el aterrizaje presenciado por Zamora se realizó en un terreno pedregoso semidesértico). En cuanto los ovnitas ven un Hombre acercarse sacan inmediatamente al ovni de su alcance. Lo más inmediato es interpretar estas precauciones pensando que el ovni es el vínculo que los une a la vida. Generalmente se da por sentada la premisa de que pertenecen a una prodigiosa civilización con un adelanto técnico portentoso y que huyen del Hombre como nosotros huímos de las alimañas. Sin embargo, no hay razones para no creer que el caso sea exactamente el opuesto. Mas con todo esto nos estamos anticipando a lo que es materia de otros epígrafes.

Las conclusiones del informe de la Comisión Condon no fueron satisfactorias para los autores de libros y artículos en revistas especializadas sobre esta clase de fenómenos, que siguen paso a paso su evidencia. Casi diríamos que el informe causó indignación y abrió una brecha entre la “ciencia oficial” y la verdad sostenida por un número de testigos tan grande que parece ridículo oponérsele pretendiendo monopolizar el buen sentido.

Los impugnadores de la Comisión Condon, si somos consecuentes, pisan sin género de duda el terreno firme de la realidad. Mas, por desgracia, se ven obligados a utilizar argumentos a los que la ciencia es impermeable. En este terreno no vale decir, como Sócrates, “sólo sé que no sé nada”, ni que el Cosmos es tan grande que caben muchas cosas, etc. Tampoco es admisible comparar la ciencia y la técnica actuales con la de los escolásticos cuando negaban la teoría de Copérnico. En aquél caso la ciencia no la representaban los escolásticos, sino Copérnico. Se ha abusado mucho del optimismo que tiene por lema suprimir del diccionario la palabra “imposible”. Las ciencias se fundan en los imposibles, y los imposibles serán siempre imposibles. Si se le habla a un científico de hechos calificables de imposibles fundándose en que pueden ser invenciones del futuro imposibles al Hombre actual, al modo como las invenciones del mundo de hoy parecerían imposibles en la Edad Media, este argumento, sin que pueda refutarse de plano, excesivamente generalizado, es contraproducente, puesto que bastaría pensar de ese modo para disolver el método del pensamiento científico. Si al razonar termodinámicamente se hubieran utilizado aquellos argumentos no tendríamos actualmente ningún conocimiento termodinámico, y no teniéndolo hoy no lo tendríamos tampoco en el siglo próximo ni nunca. El argumento, lejos de explicar la ciencia del futuro, contribuiría a que no la hubiera.

Con el progreso de las ciencias, las posibilidades del pensamiento “futurizante” no van en aumento, sino al revés. En un principio todo sería posible. Pero a medida que se van fijando científicamente, esto es, por medio de pruebas concluyentes, las leyes físicas, el campo de lo que podría ser posible se va reduciendo. Si siguen progresando las ciencias llegará fatalmente un día en el que no sea posible ningún “quién sabe”.

Pero no confundamos los planos; los problemas del ovni están considerablemente más allá del lugar que les corresponde como máquinas. El “platillo” depende fundamentalmente de la respuesta que la ciencia pueda dar a otros interrogantes.

 

Fuente: Hacia una física de los Ovnis (Barcelona,  1973) – Sexta parte.

 
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Publicado por en octubre 13, 2018 en Artículos, parapsicologia

 

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Topografía de las emociones

Por Juankar Moreno

 

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“Las emociones no son solo el combustible que impulsa el mecanismo psicológico de una criatura razonada, son partes muy complejas y desordenadas del razonamiento de esta criatura en sí misma”. Martha Nussbaum

El psicólogo William James ( 1842-1910) en 1884 presentó en un ensayo llamado ¿Qué es una emoción? un caso revolucionario sobre “cuánto nuestra vida mental se entreteje con nuestra vida corporal”.  Anteriormente a que la ciencia actual viniera a demostrar cómo nuestras emociones afectan nuestros cuerpos, James argumentó que esa relación era bidireccional y que mientras que las “perturbaciones corporales” se consideran convencionalmente subproductos o expresiones de las llamadas emociones estándar: “sorpresa, curiosidad, éxtasis, miedo, ira, lujuria, codicia…” estas reverberaciones corporales eran en realidad la materia prima o fuente de la propia emoción.  En su trabajo remarcó que los cambios corporales seguían directamente a la percepción del hecho emocionante, y que esa sensación  de los cambios que ocurren, es la emoción.

“Nuestra forma natural de pensar sobre estas emociones estándar es que la percepción mental de algún hecho excita el afecto mental llamado emoción, y que este último estado de la mente da lugar a la expresión corporal” – Williams James

En una línea similar trata la Dra. Esther Sternberg  y su innovador trabajo sobre el vínculo entre el sistema nervioso central y el sistema inmune, que explora cómo las moléculas inmunes producidas en la sangre pueden desencadenar una función cerebral que afecta profundamente nuestras emociones. En su obra The Balance Within: The Science Connecting Health and Emotions, Sternberg examina la interacción de nuestras emociones y nuestra salud física, llevando a un tema tan aparentemente nebuloso como el estrés.

Sternberg esa relación emoción/cuerpo físico lo describe de este modo: “Cada minuto del día y de la noche sentimos miles de sensaciones que pueden desencadenar una emoción positiva como la felicidad o una emoción negativa como la tristeza o ninguna emoción: un rastro de perfume, un toque ligero, una sombra fugaz, una tensión de la música. Y hay miles de respuestas fisiológicas, como palpitaciones o sudoración, que pueden acompañar a las emociones positivas, como el amor, o las emociones negativas, como el miedo, o pueden ocurrir sin ningún matiz emocional. Lo que hace que estas entradas sensoriales y resultados fisiológicos sean emociones es la carga que se les agrega de alguna manera, en algún lugar de nuestro cerebro. Las emociones en su sentido más completo comprenden todos estos componentes. Cada uno puede conducir a la caja negra y producir una experiencia emocional, o algo en la caja negra puede llevar a una respuesta emocional que parece provenir de la nada”.

En el campo de la filosofía Fyodor Dostoyevsky forcejeó con la interacción del corazón y la mente y cómo llegamos a conocer la realidad.

Una aportación a lo anteriormente mencionado es lo que ha realizado la fotógrafa Rose-Lynn Fisher y su trabajo The Topography of Tears. Esta es una serie de fotografías de lágrimas vertidas sobre portaobjetos de vidrio y capturadas con un microscopio de alta resolución. En sus tomas se muestran un amplio recorrido sobre las emociones humanas (alegría, tristeza, alegría, remordimiento, esperanza..) y aunque la composición de las lágrimas sean todas iguales mediante: agua, proteínas, minerales.. la topografía o imagen plasmada son diversos paisajes o huellas según un sentimiento concreto.

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De igual modo que apuntó en su día Masaru Emoto que el agua tiene memoria, con este trabajo se da la confirmación de que el agua en forma de lágrima (como es en este caso) nos puede aportar una información precisa sobre un estado emocional.

 
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Publicado por en julio 5, 2018 en Artículos, parapsicologia

 

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El caso Routley (comunicación en estado vegetativo)

 

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Dirigidos por el neurocientífico Adrian Oweny la Dra. Davinia Fernández-Espejo, un equipo de investigadores de la británica Universidad de Cambridge han desarrollado un sistema que permite la comunicación con pacientes con graves lesiones cerebrales, condenados a lo que se denomina un estado vegetativo persistente (EPV).

Gracias a ello, estas personas podrán comunicarse con el mundo que les rodea e incluso podrían llegar a movilizarse en sillas de ruedas motorizadas y dirigidas por sus propias mentes. Los investigadores utilizaron monitores de electroencefalografía (EEG) (técnica de exploración de la actividad bioeléctrica del cerebro en condiciones basales de reposo) que conectaron a 128 electrodos situados en un gorro, a su vez colocado en la cabeza de pacientes con daño cerebral severo. Este sistema les permitió comprender las respuestas que los pacientes les dieron a una serie de preguntas realizadas. Se cree que conectando un sistema similar a un ordenador se podrán decodificar los mensajes del cerebro de personas en estado vegetativo. De esta forma, éstas podrían comunicarse con el mundo exterior a través de un sintetizador de voz e, incluso, controlar una silla de ruedas motorizada.

“Los clínicos estaban convencidos que no había consciencia en este paciente porque lo habían visto muchas veces. Y de hecho tenían razón, no había nada que se pudiera ver desde fuera. Pero cuando le pusimos en la resonancia magnética vimos que era consciente a pesar de 10 años de evaluaciones que decían lo contrario”.  Davinia Fernández-Espejo

 

El dispositivo, que podría estar disponible para su comercialización y aplicación en una década, tiene su origen en un experimento anterior realizado también por Owen y sus colaboradores. En dicho experimento, consiguieron comunicarse con un paciente en estado vegetativo desde hace 12 años y muestra que la tecnología actual permite “preguntar sobre cualquier cosa” a pacientes que hasta ahora se consideraban perdidos. Durante más de una década, los padres de Scott Routley, un canadiense de 39 años que hace 12 quedó en estado vegetativo tras un grave accidente de automóvil, mantuvieron, contra la opinión de casi todos, que su hijo estaba consciente pese a no poder demostrarlo. Tras años de espera, dos científicos se reunieron con los padres de Scott y les confirmaron finalmente que, tal y como sospechaban, su hijo estaba consciente y había podido comunicarse con ellos.

Utilizando una técnica de escaneo cerebral denominada exploración por resonancia magnética funcional (fMRI) les permitió registrar la actividad cerebral del joven mientras éste contestaba ‘sí’ o ‘no’ a preguntas como “¿tú padre se llama Thomas?”.

“En el primer paciente las preguntas eran del tipo cuál es su nombre o el nombre del padre. No se le hicieron ningún tipo de preguntas de las que no se pudiera verificar la respuesta y desde luego ningún tipo de preguntas con impacto posterior en la vida del paciente”. Davinia Fernández-Espejo

 

Anteriormente, la fMRI había sido empleada en un estudio de tres años de duración para averiguar si existían o no signos de conciencia en 23 pacientes en estado vegetativo. En cuatro de los casos estudiados (el 17 por ciento de ellos) se descubrió que dichos pacientes sí mantenían ciertos niveles de conciencia a pesar de no poder moverse ni hablar. En el caso del joven, los resultados fueron aún más sorprendentes, dado que los científicos consiguieron, además de constatar su consciencia, comunicarse con él. Para ello, el paciente tan sólo tuvo que modular sus pensamientos. Dado que las señales cerebrales asociadas al “sí” o al “no” son complejas y muy similares, los científicos pidieron al joven que imaginara que jugaba al tenis cuando quería decir “sí” y que paseaba por algún lugar cuando quería decir “no”. Pensar en los movimientos del tenis pone en marcha regiones del cerebro relacionadas con las actividades espaciales, mientras que pensar que se está dando un paseo por cualquier sitio activa regiones cerebrales vinculadas con la orientación. Gracias a este cambio en sus pensamientos, y a su reflejo diverso en la actividad neuronal consecuente, los científicos pudieron interpretar las respuestas del paciente a las preguntas que se le realizaron. Posteriormente, los investigadores utilizaron monitores de EEG, en lugar de la técnica de fMRI, para hablar con pacientes en estado vegetativo. La tecnología EEG presenta algunas ventajas con respecto a la exploración por resonancia magnética funcional. Por un lado, es más barata, pequeña y portátil que la fMRI, que utiliza campos magnéticos y ondas de radio para detectar las pulsaciones eléctricas del cerebro. Por otro lado, la EEG genera resultados más rápidamente que la fMRI, lo que hace posible mantener una conversación con un paciente en este estado. Los resultados obtenidos son algo extraordinarios. La comunicación con pacientes en estado vegetativo es una obligación ética y moral, ya que un simple “sí” o “no” en estos casos podría servir, por ejemplo, para tratar de manera ajustada el dolor que puedan estar sufriendo los pacientes.

Routley es el segundo paciente en estado vegetativo con el que el equipo de Owen ha conseguido comunicarse. La diferencia es que con Routley, los científicos han dado un paso cualitativo con profundas consecuencias científicas y éticas. Fernández- Espejo advierte que solo un 20 % de los pacientes en estado vegetativo están conscientes y no hay ninguna señal exterior que indique cuáles lo están y cuáles no.

“La mayoría de los pacientes que están en estado vegetativo no son conscientes, no tienen ningún tipo de comprensión del lenguaje. No sabemos bien lo que significa estar en este estado porque no lo pueden expresar pero sabemos que no tienen ningún tipo de conciencia de su propia situación ni de lo que está ocurriendo alrededor”

“Aplicamos esta técnica a un grupo de más de 50 pacientes que externamente estaban en estado vegetativo y vimos que el 20 % de ellos sí estaban conscientes y lo podían demostrar con la resonancia magnética. Este 20 % es una estimación”, añadió.En el caso de Routley, los investigadores le pidieron que para responder a sus preguntas se imaginase jugando al tenis para decir “no” y caminando por su casa para responder “sí”, mientras se le analizaba con un escáner de resonancia magnética.”Hay una región que está en la parte superior de la cabeza que se activa cuando nos movemos. Y sabemos que esta región se ilumina cuando nos imaginamos ese movimiento. Caminar por las habitaciones de tu casa provoca la misma respuesta, iluminación de un área, pero en la parte inferior del cerebro”.

La investigadora señaló que el descubrimiento y la tecnología abre muchas puertas.

“Tenemos la tecnología que nos permite preguntar sobre cualquier cosa. El problema de preguntar sobre sentimientos es que son preguntas más difíciles de interpretar. Describir un sentimiento sería mucho más complicado y no sabemos hasta qué punto el paciente es capaz de entender la complejidad de esa pregunta”.

“Si imaginamos que un 20 % están conscientes, pueden pasar años y años sin que sepamos que son conscientes. El objetivo principal es identificar a estos pacientes y asegurarnos que reciben una atención que es la que requieren”.

El equipo de Owen preguntó a Routley si sentía dolor y su respuesta fue “no”.

Los próximos pasos de la investigación de Owen y Fernández-Espejo es facilitar las pruebas para detectar los pacientes conscientes, lo que podría lograrse con electroencefalogramas, una técnica más sencilla y barata que la resonancia magnética, y “avanzar en el entendimiento de las causas de este estado vegetativo”.

“Saber qué es exactamente lo que pasa en el cerebro de un paciente para que se quede en un estado vegetativo con el objetivo de saber si lo podemos revertir, si lo podemos tratar”.

El estado vegetativo es una condición neurológica compleja que actualmente se diagnostica mal en un 40 por ciento de los casos (se determina que no tienen conciencia pacientes que sí la tienen). Las causas principales de estos diagnósticos erróneos están relacionadas con la incapacidad de los pacientes para hacer saber que están conscientes. Los métodos de registro de actividad cerebral serían, por tanto, la única vía de detección de la cognición y la conciencia que puedan tener, e incluso de establecer un medio de comunicación con ellos.

 
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Publicado por en junio 16, 2018 en Casuística, parapsicologia

 

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Psicofonías y sus teóricos orígenes del fenómeno

Por César Pachón

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En primer lugar quiero decir que tengo las lógicas dudas de si el fenómeno existe como tal, ya que nadie lo ha comprobado a ciencia cierta. Voy a tratar el tema de una forma objetiva, e iré desbancando muchos de los experimentos realizados hasta ahora por ser completamente inválidos y parciales.
De todas formas, el que escribe estas líneas está predispuesto a creer en el fenómeno, aunque estoy en contra de las técnicas y métodos empleados hasta la fecha por los investigadores del misterio en general, por su falta de rigor.
No voy a profundizar en exceso en cuestiones técnicas o científicas. El lector podrá encontrar toda la información en cualquier biblioteca, consultando libros técnicos de ingeniería acústica o de telecomunicaciones. Quizás algún día podamos afirmar o negar categóricamente estas curiosas “voces”, que de vez en cuando aparecen entre el ruido blanco.

Aparentemente la técnica utilizada para la obtención de las psicofonías es sencilla. Tan sólo necesitamos un equipo grabador, ponerlo a funcionar, y a esperar resultados. Aquí es donde radica el principal problema. En el experimento influyen tantos factores que si lo queremos realizar con unas mínimas garantías, la tarea se complica en exceso. Tenemos que conocer los ruidos y distorsiones que genera el propio aparato y las externas. Ancho de banda, ganancia, tremolación, margen dinámico, ruido térmico, interferencias electromagnéticas, bit rate, desfases de onda, y un largísimo etc., son las cosas que deberíamos tener en cuenta a la hora de experimentar. Un lío.

Si todo esto es muy tedioso en un laboratorio, en la experimentación de campo se vuelve prácticamente imposible. Imaginaros la escena, un investigador coge su grabador y se va a una casa deshabitada para hacer psicofonías. Está fuera de un entorno controlado, y el aspecto tétrico de la vivienda tampoco ayuda a tener la cabeza fría. El resultado después de unos años será el poseer cientos de psicofonías. Ahora bien, ninguna será válida porque no pasaría el más mínimo análisis. Unas pruebas no válidas, que lógicamente los sectores escépticos tiran por tierra enseguida. Se podrán poner€ estas grabaciones a los amigos, o en un programa de radio, que por la noche y a oscuras son más efectistas, pero nunca podrán tomarse como veraces. En caso de que exista el fenómeno, será mejor que quede registrado en un laboratorio, para que luego puedan ser contrastadas debidamente. Es menos romántico, pero mucho más fiable.
De todas formas, si queremos hacer experimentos psicofónicos fuera de un entorno controlado,€ tendremos que €realizarlo con una serie de aparataje fiable. Estos equipos no son baratos, precisamente. No es una cuestión económica, sino de calidad en el proceso.

Varios usuarios se preguntaban en un foro, que si el asunto de las psicofonías había sido realizado y analizado científicamente en laboratorios. Esta fue mi respuesta.

Científico: Nunca se podrá estudiar este fenómeno de una forma científica, porque para ello se tendrían que obtener los mismos resultados en varios laboratorios independientes. Es decir, diversos laboratorios con las mismas condiciones, deberían conseguir los mismos  resultados o pruebas. Esto es imposible; porque no todos los obtendrían, y en los que sí, no serían con el mismo contenido. Se puede utilizar un método científico, pero este no implicaría una prueba científica.

Laboratorios: Siempre se nos habla de que tal o cual experimentador tiene montado en su casa un “cuarto de las chispas”, un laboratorio vamos. Cualquier persona que vea en un programa de televisión una de estas instalaciones, se quedará perplejo ante tanto botón, equipo, y chisme variado.

En realidad cuando se conocen un poco los equipos profesionales, estas instalaciones dejan mucho que desear. Receptores de radio de bajo nivel, apilamiento de equipos mal establecido para evitar incompatibilidades electromagnéticas, desconocimiento total de su uso y características técnicas de los mismos, e instrumental fuera de toda certificación.

Un receptor de tipo profesional viene a costar a partir de 3000 Euros, superando con creces 12000€ los más altos de gama.
Un analizador de espectro de laboratorio nos costará por encima de 25000 Euros.
Necesitamos también una campana de Faraday y anecoica certificada, si queremos utilizar el método clásico de grabador-micrófono (sistema poco aconsejable).

A todo esto hay que sumar cables apantallados, conectores de bajas perdidas, estabilizadores de la red eléctrica, choques de RF, etc. Nos puede salir el laboratorio por varios millones de las antiguas pesetas… ¿Total para qué, para hacer unas grabaciones?

Entendería un laboratorio así, si tuviésemos una actividad económica en el campo de las telecomunicaciones (por ejemplo), y en nuestros ratos libres utilizásemos el instrumental para efectuar grabaciones de psicofonías. El caso real es bien distinto… Personas con más pasión que conocimientos técnicos, grabadoras de bolsillo, campanas de Faraday caseras, receptores de onda corta baratos, y desconocimiento del plan de bandas internacional.

Esto último lo digo porque incluso técnicos que han escrito sobre las psicofonías, por ejemplo en el libro “Voces del más allá” de Carlos G. Fernández (biblioteca del misterio de Iker Jimenez), en la pagina 62 nos dice que el ingeniero Carlo Trajna, recomienda la utilización de varias frecuencias para experimentar. Pues bien, se nos indica el uso de 5502 Khz entre otras. Esa frecuencia tan sólo está separada en 3 Khz de 5505 Khz que es la “archi-conocida” Shannon Volmet. O sea, que es una frecuencia en uso las 24 horas del día, 365 días al año.

¿Cómo no se van a realizar grabaciones de voces en estas condiciones?, ¿No se podrían usar otras frecuencias sin uso alguno? Para el que no lo sepa una emisora Volmet es una transmisión que va recitando las condiciones atmosféricas de los aeropuertos.

Personalmente pienso que todas o casi todas las llamadas psicofonías son un producto de interferencias, pareidolias y mala praxis en general. Sería muy conveniente que todos los experimentos de esta índole, fuesen realizados con más rigor y un equipamiento más completo. En un equipo común lo más normal es que nos encontremos chasquidos varios, golpes, interferéncias etc.

Teorías del origen del fenómeno psicofónico

Por Juankar Moreno

Consciente trascendente (Germán De Argumosa)

Acerca de la naturaleza de las causas paranormales fundamentó su “hipótesis del consciente trascendente”, la cual caracteriza que dichos fenómenos son manifestaciones inteligentes cuya causa no se descubre en el nivel empírico en que se constatan los efectos; por lo que tal causalidad trasciende de lo experimentable.

Teoría Interfase (Sinesio Darnell)

La “teoría de la interfase”, expone la idea de que entre una vida terrestre –tridimensional– y una espiritual, etérica o astral, tenía que existir una zona intermedia, una interfase entre lo terreno y lo espiritual. El investigador Raymond A. Moody, Jr., en sus libros sobre “vida después de la vida”, menciona relatos de sus entrevistados, en los cuales se describe una“zona gris” en la que los “trans-seres”, como los denomina H. Senkowski,de ambulan indiferentes, ignorando su propio “existir”, siempre cabizbajos y desorientados. Zona que correspondería a la franja de contacto que denomino “zona de olvido”.
La interfase podría estar formada por diferentes planos con estadios de conciencia o de conocimiento igualmente diferentes, como parece demostrar la seguridad de algunas contestaciones en distintas frecuencias. El conocidísimo autor e investigador John Klimo nos dice que “…el físico Saul-Paul Sirga de Berkeley, y el investigador médico Andrija Puharich, aluden a centenares de dimensiones que pueden existir mas allá de la realidad espacio-tiempo con la cual estamos familiarizados. No obstante, y para lograr un posible consenso,podemos afirmar que el concepto de planos –niveles, o dimensiones– es de suma importancia para nuestra discusión, ya que uno de los modelos primarios para la canalización explica cómo los seres de otros niveles pueden comunicarse a través de los canales que están en nuestro plano…”.

Teoría del Colapso (Francisco Máñez)

“Todo se trata tan sólo de una traducción cerebral humana”

Decir que algunos animales no ven los colores es erróneo; no los ven porque no existen. El ojo humano capta ondas electromagnéticas y el cerebro las traduce en un mundo poblado de colores y tonalidades. Del mismo modo ciertas variaciones en la presión del aire son traducidas en sonidos, o el movimiento especial de moléculas en frío y calor. Los estímulos son interpretados por el cerebro dando forma a un universo repleto de sensaciones, y con ellas elaboramos los mapas de la realidad. ¿Pueden ser el tiempo y el espacio“traducciones” del desarrollo de otro proceso de la naturaleza que se escapa al ser humano actual?

La estructuración de la realidad

Bajo lo óptica de la teoría del colapso el factor psi no es una fuerza ni una energía. Tampoco se trata de una facultad, capacidad o poder psíquico semejante a los conocidos (memoria, instinto, pensamiento), por lo tanto no existen transmisiones de ningún tipo ni influencias energéticas sobre la materia. Psi es la función o acto psíquico estructurador de la realidad. Al hablar de estructuración Máñez no hace referencia a la antigua idea de que el mundo es una creación mental y rehuye intencionadamente del término crear, porque este término induce a pensar en la aparición de objetos desde la nada, por ello tomó la palabra de colapso en el sentido que le dala física cuántica; es decir, como observación que determina la existencia y la localización.

Otras

Ventriloquía subliminal/inconsciente – Se trata de una de las primeras teorías explicativas al supuesto fenómeno. La teoría en cuestión asegura que las psicofonías son voces de los propios investigadores que involuntariamente mueven las cuerdas vocales y la laringe, produciendo sonidos imperceptibles entre los presentes pero que se registran en el aparato grabador. Es una teoría que se ha vuelto menos popular con el transcurrir de los años.

Interferencias radioeléctricas- Se explican las psicofonías, o al menos algunas de ellas, como resultado de interferencias radioeléctricas con el aparato grabador. Se han obtenido psicofonías utilizando aparatos grabadores instalados dentro de jaulas de Faraday, que anulan en gran parte las interferencias radioeléctricas, pero no totalmente. Tradicionalmente se ha esgrimido este argumento para desechar la posibilidad de que las interferencias radioeléctricas sean el origen de algunas psicofonías, aunque en la práctica las jaulas de Faraday no son un blindaje perfecto contra las interferencias y el argumento se debilita.

Sonidos del más allá/voces de los muertos – Es la teoría más difundida, sobre todo entre el público en general. Su punto débil es que es pseudocientífica, ya que se basa totalmente en creencias de carácter religioso e hipótesis no demostradas o indemostrables por su propia naturaleza.

Entidades de otros planetas (extraterrestres) – Es una de las teorías menos barajadas, pero tuvo un cierto número de investigadores que creían firmemente esta explicación. Es equiparable a la anterior.

Pareidolia – La pareidolias son un fenómeno que consiste en la interpretación de un estímulo vago y aleatorio como algo reconocible y ordenado. Es el fenómeno que nos hace percibir formas reconocibles en las nubes y palabras inteligibles en nuestro idioma en canciones cantadas en un idioma diferente, por ejemplo. El ruido de una grabación puede ser interpretado como voces, gritos y otros sonidos asociados a la actividad humana sin que necesariamente sean reales.

Psicokinesis – Según ciertas teorías existe la posibilidad de desplazar objetos utilizando la mente.De forma que los sonidos son grabados en la cinta de forma consciente o inconsciente por la persona que realiza la grabación. De ahí su etimología Psico (mente) fonia(sonido). Este proceso, el de influir con la mente sobre la materia, se conoce como “Psicokinesis”.

Voces remanentes– Las teorías que se le dan a este fenómeno es la posibilidad de que todas las ondas que emitimos queden perpetuamente en el aire, y así, cuando un investigador realiza una grabación, capta dichas ondas quedando registradas en el dispositivo de grabación.

 

 
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Publicado por en febrero 4, 2018 en Artículos, parapsicologia

 

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