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Comprensión lingüística en EVP : Un experimento de precisión sobre la percepción auditiva.

Por  Michael J. Baker

 -Scientific Research Dept., New England Centre for the Advancement of Paranormal Science, Salem, MA.

Desde mediados del siglo 20 la EVP (Fenómenos de Voz Electrónica) ha sido objeto de innumerables debates. Entre ellos se encuentra la interpretación de lo que realmente se está hablando o captando en cada grabación. Como la mayoría de las grabaciones de EVP son de baja calidad y su análisis fonético es a menudo difícil ,por lo tanto, la mayoría de los investigadores confían en su audiencia y las interpretaciones audibles para determinar los contenidos en cada archivo. El objetivo de este experimento es establecer el porcentaje de exactitud en la que el oído humano puede identificar las palabras habladas en declaraciones al azar contenidas en grabaciones de baja calidad. Para llevar a cabo este experimento hemos creado veinte grabaciones EVP simuladas, cada una con ruidos similares y estilos vocales (el habla normal, susurros, murmullos, etc.) como los encontrados en grabaciones supuestamente anómalas. Las grabaciones fueron creadas en varios ambientes por tres miembros del personal de NECAPS (C. Wong, B. Hantzis, M. Baker) y se presentan dentro de dos encuestas separadas, mostrándose cada grabación independientemente. Los voluntarios escucharon las grabaciones y reportaron las palabras (si las hubieran) que sentían contenidas en cada archivo. Los resultados (123 para la encuesta 1A y 108 por encuesta 1B) fueron descargados y analizados para su clasificación de precisión y establecer patrones de percepción. Nuestros resultados han demostrado que ninguno de los voluntarios obtuvo por encima del 80% de precisión para la encuesta 1A y 50% para la encuesta 1B. El porcentaje promedio de precisión para la encuesta 1A fue del 49% y la encuesta 1B fue del 28%. Los resultados de este experimento indican que la percepción humana no es una metodología precisa para la determinación de palabras no contextuales hablado contenidas en una grabación de EVP. Interpretaciones inexactas parecen deberse a diversos obstáculos neurológicos y psicológicos, tales como diversos sesgos, anticipaciones y pareidolias. Estos obstáculos afectan en gran medida la comprensión y la objetividad  de la perspectiva del oyente.

INTRODUCCIÓN

Hay un amplio debate desde hace tiempo en el mundo de la investigación paranormal, el cual rodea la eficacia de la capacidad y acierto de comprensión del investigador en el entendimiento de las palabras que se captan en las supuestas grabaciones EVP. Los efectos de influencias subliminales como la pareidolia, apofenia y prejuicios hacen un discernimiento objetivo de identificación lingüístico difícil. Muy a menudo, una perspectiva personal en conjunción con las situaciones antes mencionadas tienden a presagiar el análisis lógico y la comprensión de los resultados audibles.

Bajo estas condiciones objetivas de investigación y sin métodos estadísticos o no sesgados de ayuda, puede no sean posible ya que muchos investigadores han proclamado la dificultad en el proceso observacional y lógico de la aparente evidencia presentada por sus propias facultades. A menudo, la solución a este proceso de mistificación es eliminar la observación personal y la opinión de la metodología de la investigación para dejar gran parte de los resultados a los datos estadísticos recogidos bajo estrictos controles. Cabe señalar, que la investigación contenida en este documento no sirve para confirmar ni negar el concepto de seres existenciales, ni sirve para establecer una explicación para la existencia de la EVP,la finalidad de este trabajo está basado en examinar el nivel de precisión de la percepción humana en lo que respecta a la comprensión referente a la comunicación lingüística anómala contenida en las grabaciones EVP.

MATERIALES Y MÉTODOS

Desde que se captan grabaciones EVP se alega que su origen viene a partir de fuentes desconocidas, y la identificación de su contenido sigue siendo enigmático y sujeto a conjeturas. Por lo tanto, a fin de establecer un control fiable encontramos necesario crear grabaciones simuladas con ruido de fondo y con patrones del habla similares a los encontrados en los eventos EVP. Dado que las grabaciones son de nuestro propio diseño,  nos permite probar con precisión la eficacia de la percepción auditiva humana.

Hemos creado un total de veinte grabaciones simuladas (EVP) con diferentes niveles de ruido de fondo y complejidad. El ruido de fondo varió de (-111.9dB a -84.2dB) y contenía elementos comunes como el silencio, el viento, el agua (corriendo) y el movimiento de objetos dentro del entorno de grabación. Los niveles de habla variaron desde el susurro al volumen medio (-25.7dB) y la velocidad de cada palabra o declaración varió desde rápido a ligeramente letárgico. El propósito de estas variaciones fue para ayudarnos a identificar qué condiciones eran óptimas para lograr el mayor porcentaje de exactitud. Las palabras que se trataban en cada grabación fueron elegidas por tres miembros del personal NECAPS responsable de registrar las muestras. El contenido, aunque no fue dictado específicamente, varía entre declaraciones y palabras comunes a frases inusuales y nombres de marcas. Varios archivos incluyen un galimatías o un no hablar con lógica. El propósito de la palabra fue entender la posible presencial de un efecto pareidólico o sesgo. Si los voluntarios que escuchan los archivos, reconocían la identificación de palabras en las declaraciones “sin voz”, que podríamos atribuir esas respuestas a algunas variaciones de influencia mental (pareidolia) o tal vez incluso un cierto nivel de anticipación o confirmación / sesgo situacional.

Los veinte archivos se dividieron en dos encuestas con diez preguntas cada una y se presentaron a los voluntarios a través de Internet a partir de 1 de enero 2014 hasta el 31 de diciembre de 2014. Cada archivo de audio fue presentado individualmente en orden aleatorio y los voluntarios fueron instruidos para escuchar cada grabación e informar de lo que habían oído o, en algunos casos, no se oía. Si se considera que el archivo era como “no identificable”, los voluntarios fueron instruidos para introducir la frase “I don’t know” (“No lo sé”) o la palabra “Nothing” (“Nada”). Todas las demás respuestas debían ser escritas textualmente en un cuadro de texto abierto. No se utilizaron respuestas de opción múltiple. Las palabras mal escritas y transcripciones erróneas no afectaron el resultado final de las encuestas y cada respuesta fue de doble control visual para garantizar los resultados estadísticos de cada encuesta.

PALABRAS Y FRASES

Encuesta 1A

1 It’s Raining
2 It’s Hot In Here
3 Dog
4 Gibberish
5 Gibberish
6 Gibberish
7 Hi
8 Can’t Breathe
9 Lobster
10 Tostitos

Encuesta 1B

1 String Theory
2 Kill Zak Bagans
3 Lens Cleaner
4 Cartwheel
5 Stand Off
6 Get in my Belly
7 Fraud
8 You want fries with that?
9 Soft Kitty Warm Kitty
10 Spiderman

RESULTADOS

Los resultados muestran las tasas de precisión de 123 encuestados producidos por la Encuesta 1A y 108 entrevistados para la encuesta 1B.

DISCUSIÓN

Los resultados estadísticos de nuestras encuestas parecen seguir un patrón. En Encuesta 1A, las respuestas incomprensibles más precisos, no se componen de declaraciones o palabras comunes y por el contrario las respuestas menos precisas parecen consistir en palabras y frases más oscuros o desconocidos. Esto puede sugerir que el oyente tiende a tener una mayor facilidad de interpretar frases o declaraciones de las que han tenido más experiencia personal o la exposición. Para investigar esta hipótesis se realizó una serie posterior de tres encuestas (que consta de 245 participantes en total) que se presentaron de forma independiente en 6 diferentes sitios web de medios sociales, foros públicos y blogs. Se pidió a los voluntarios para organizar las palabras y frases utilizadas en la Encuesta 1A y 1B Encuesta independiente, así como las dos encuestas 1A y 1B colectivamente en un orden de lo que ellos consideran como las palabras y frases más comunes a menos común. Las encuestas se llevaron a cabo durante varios días y los resultados son como sigue (Fig 5, Fig 6 y Fig 7):

Como se observa en la tabla anterior (figura 5), ​​palabras y frases tales como “Hi”, “Dog” y “It’s Raining” fueron consideradas como las palabras y frases más comunes que se presentan en la encuesta 1A, mientras que “Lobster” y “Tostitos” estuvieron siempre en la parte inferior de la lista. En Encuesta 1B (Fig. 6), “Stand Off”, “Spiderman” y “Cartwheel” encabezó la lista como las más comunes mientras que las palabras y frases como “Lens Cleaner”, “Get in my Belly” y “Kill Zak Bagans” se consideraron menos comunes. Al ver las listas combinadas de ambas encuestas 1A y 1B (figura 7) “Hi”, “Dog” y “It’s a Raining” siguen siendo las más reconocidas. “Stand Off”, “Cartwheel” y “Spiderman” se presentan como menos comunes y “Lobster”, “Tostitos”, “Kill Zak Bagans”, “Lens Cleaner” y “Get in my Belly” se mantuvieron en o cerca del final de la lista como menos reconocibles.

Los resultados de las encuestas secundarias parecen correlacionarse con los resultados de las encuestas de audio 1A y 1B. Esta correlación propuesta es apoyada por las posiciones estadísticas o filas de cada palabra en cada encuesta. Por ejemplo, “It’s Rainig”, “Dog” y “Hi” no sólo eran los más fáciles de identificar en la encuesta 1A, pero también se consideran tres de las palabras más comunes en la comunicación diaria de acuerdo con los resultados de las encuestas secundarias. Estos datos sugieren que esas palabras y frases que son más fácilmente identificables en nuestro experimento, fueron también las palabras y frases que se consideran como los más comunes en la comunicación diaria, apoyando así a la inferencia hipotética que la interpretación de las palabras contenidas no contextuales, grabadas y audio de una sola expresión están sujetas a un cierto nivel de sesgo, la anticipación o la percepción por defecto.

El proceso de la percepción del habla se facilita mucho con varios elementos lingüísticos. Entre ellos se encuentra la morfología, que es la identificación, el análisis y descripción de la estructura de los morfemas de una lengua determinada y otras unidades lingüísticas, como las raíces de palabras, afijos, partes del discurso, entonaciones y las tensiones, o el contexto implícito. Igualmente es influyente la sintaxis (estructura de la oración) y la semántica, que es la relación entre significantes, como las palabras, frases, signos y símbolos, y lo que representan (semiótica). Hay una clara posibilidad de que los oyentes no tienen la capacidad de reconocer fonemas antes de reconocer unidades superiores, tales como palabras. Después de obtener la información fundamental sobre la estructura fonética, los oyentes normalmente pueden compensar fonemas inaudibles o ruidos enmascarados utilizando sus conocimientos de la lengua hablada.

La investigación adicional ha demostrado que las palabras habladas, naturalmente, cuando se presentaron en una oración o frase se identificaron con mayor precisión en comparación con las mismas palabras presentadas de forma aislada. Garnes y Bond (1976) han demostrado que los oyentes suelen tener una tendencia a juzgar las palabras ambiguas de acuerdo con el significado de toda la oración o frase. Esto se conoce como el efecto de la restauración del fonema  y podría ayudar a entender por qué muchos investigadores identifican incorrectamente las inclusiones e EVP en sus idiomas nativos.

Aunque el idioma principal que se utiliza en las encuestas 1A y 1B es el Inglés, es nuestra hipótesis de que las variaciones en el lenguaje presentarían un obstáculo importante en el reconocimiento de voz, por lo que la identificación audible de lenguas extranjeras contenidas en grabaciones podían ser extremadamente difíciles mediante las EVP. Las lenguas difieren en sus inventarios fonológicos. Si dos sonidos de una lengua extranjera se asimilan a una sola categoría de la lengua materna, la diferencia entre ellos va a ser muy difícil de discernir. Un ejemplo clásico de esta situación es la observación de los estudiantes japoneses de Inglés, pues tienen serios problemas con la identificación o distinción  de varias consonantes (/ l / y / r /)].

El proceso de percibir el habla comienza en el nivel de la señal de sonido y el proceso de audición. Después de procesar la señal auditiva inicial, los sonidos del habla se procesan adicionalmente para extraer las señales acústicas y la información fonética. Esta información de voz puede ser utilizada para los procesos del lenguaje de alto nivel, como el reconocimiento de las palabras. Un aspecto acústico de la señal de voz puede estar en diferentes dimensiones lingüísticamente pertinentes. Por ejemplo, la duración de una vocal en Inglés puede indicar si está o no la vocal  estresada, o si está en una sílaba cerrada por una sonora o una consonante sorda, y en algunos casos (como el Inglés americano / ɛ / y / æ /) se puede distinguir la identidad de las vocales. Algunos expertos sostienen incluso que la duración pueden ayudar a distinguir de lo que tradicionalmente se llama vocales cortas y largas en Inglés. Curiosamente, dos de las palabras más identificadas con precisión (“Hi “y” Dog “) también contienen la duración vocal larga. Esto, combinado con la naturaleza común de las palabras puede haberse añadido a la facilidad de su identificación.

Adicionalmente, una unidad lingüística puede ponerse en cuarentena por varias propiedades acústicas. Alvin Liberman (1957) mostró que las transiciones de formantes de inicio /d/ difieren dependiendo de la vocal siguiente pero todos se interpretan como el fonema /d/ por los oyentes. Esta falta de discernimiento de formantes de inicio pueden contribuir a un mayor nivel de interpretación errónea de palabras, particularmente en los estados donde no existen segmentos comunes vocálicos y se ocluyen por el ruido, o de otra manera no identificable. Este efecto puede posiblemente ser observado en varios resultados contenidos en las encuestas 1A y 1B, en particular en el patrón general de respuestas incorrectas. Mientras que las respuestas no son correctas, se ha dado el mismo resultado a partir de las consonantes y, en varios casos,las vocales posteriores que son del  mismo o similar rango de frecuencias de los formantes.
Las señales acústicas, como el tiempo de inicio de voz (VOT) ayudan a diferenciar entre categorías fonéticas separadas. VOT es una señal primaria que señala la diferencia entre oclusivas orales sonoras y sordas (conocidas como oclusivas – [t] [d] [k] [ɡ] [p] [b] [ʔ]). Otras señales diferencian los sonidos que se producen en distintos lugares o maneras de articulación. El sistema de voz también debe combinar estas señales para determinar la categoría de un sonido de voz específica. Esto es, a menudo considerado en términos de representaciones abstractas de fonemas. Estas representaciones se pueden combinar para su uso en otros procesos del lenguaje de reconocimiento de palabras. No es fácil identificar qué claves acústicas oyentes son sensibles al percibirse un sonido del habla en particular, por lo tanto, identificar las razones específicas de un oyente encuentra el éxito a lo largo del siguiente, pues  en términos de respuesta a las mismas preguntas, puede no ser posible.

Uno de los problemas básicos en el estudio del habla es cómo lidiar con el ruido en la señal de voz. Este problema se demuestra por el ruido de la computadora y la dificultad de los sistemas de reconocimiento tienen con los patrones de la voz humana. Estos programas pueden hacer bien el reconocimiento de voz cuando han sido entrenados en la voz de un altavoz específico, y en condiciones tranquilas. Sin embargo, estos sistemas, a menudo, no son válidos en situaciones de escucha -más realistas- donde los humanos pueden entender el habla sin dificultad. Cuando el ruido excede o coincide con el nivel de decibelios de líneas formantes F1 o F2 (150 Hz – 5000 Hz), habrá una disminución significativa en la capacidad del oyente para discernir correctamente la estructura de vocales del fonema de la palabra que se habla. Bajo esta condición, el efecto de la restauración de fonemas se vuelve frecuente y aparecen lagunas en la palabra  o frase que se “rellena” a través del proceso de anticipación del oyente.

Sin embargo, cabe señalar que bajo ciertas condiciones, tipos específicos de ruido de fondo posiblemente pueden aparecer a mejorar la capacidad de percepción del habla de un oyente. Por ejemplo, la tasa de éxito de “It’s Raining” -en la encuesta 1A- puede atribuirse en parte al sonido sutil de agua en el fondo. Puesto que no había archivos de control creados por las mismas palabras sin el sonido del agua, y no tenemos forma de determinar su efecto en la precisión de la percepción.

Aunque las edades de los participantes no se registraron durante el proceso de experimentación, pensamos que la edad puede ser una dimensión útil para extrapolar en futuros experimentos. La presbiacusia -pérdida auditiva neurosensorial progresiva bilateral simétrica- asociada a la edad se observa sobre todo en frecuencias más altas. Aunque el oído humano comienza a deteriorarse sobre los 18 años de edad con frecuencias superiores a 15 o 16Khz, los efectos no se notan hasta años más tarde, cuando la detección de sonidos agudos se hace difícil y la percepción del habla se ve afectada, en particular de las sibilantes y fricativas ([ s], [z], [ʃ] y [ʒ]). Desde sibilantes y fricativas se distribuyeron equitativamente entre ambas muestras interpretadas con precisión y las muestras menos identificadas, no sentimos que los efectos de la presbiacusia -según las edades de los participantes- tengan ninguna incidencia significativa en el resultado estadístico de esta investigación.

A primera vista, la solución al problema de la forma en que percibimos el habla parece engañosamente simple. Si se pudiera identificar tramos de la forma de onda acústica que corresponden a unidades específicas de percepción, entonces el camino de sonido al significado sería clara. Sin embargo, esta correspondencia o mapeo ha demostrado ser extremadamente difícil de encontrar. Es nuestra posición que registra las declaraciones analizadas sin el beneficio del contexto de la conversación son por lo tanto más difícil de entender. La relación entre las declaraciones y la materia en última instancia puede aumentar la comprensión hasta en un 40%.

CONCLUSIÓN

Muchas personas tienen dificultades para aceptar la falibilidad de sus propios métodos de interpretación, y con razón. Nuestra capacidad de interpretar la comunicación lingüística es la base misma de nuestro desarrollo social y educativo. Es el principal responsable de nuestra capacidad de vivir y la razón en un mundo civilizado. Sin embargo, la diferencia entre nuestra percepción del mundo y de nuestra percepción de la EVP se encuentra dentro del contexto y el proceso de la comunicación. Cuando los seres humanos aprenden, a menudo hay más de una dimensión informativa presente para ayudar en la comprensión. Por ejemplo: Los libros tienen presentaciones, fotos y gráficos. Los maestros tienen anécdotas, ejemplos y demostraciones. La vida tiene una cadena de experiencias, personajes y objetos que llevan hasta el momento de aprendizaje. Todas estas cosas nos ayudan a construir una base en la preparación para la nueva información que se ha recibido y comprendido. Sin ellos, incluso las ideas más simples serían difíciles de entender. El idioma no es diferente. Palabras al azar y frases sin contexto son difíciles de interpretar, independientemente de la simplicidad y la claridad de las palabras que se pronuncien. Esta dificultad aumenta con la oscuridad de la palabra o frase que se comunican. Para compensar estas fallas de la mente humana hay que buscar primero las conexiones a lo que se siente como más familiar. Como resultado, las palabras comunes serán más fácilmente identificadas (de nuevo, independientemente de su simplicidad). Este proceso y el resultado se indica en nuestra comparación entre los resultados estadísticos de encuestas 1A y 1B y las encuestas secundarias.

Cuando una sección familiarizada no se encuentra en el proceso de anticipación (principalmente cuando se perciben frases u oraciones) inicia. Por lo general e involuntariamente, utilizamos el proceso de anticipación con frecuencia en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo: Cuando leemos la frase “I need to walk my ____.”(“Yo necesito caminar con mi ____”).  La mayoría de las veces nuestra mente llenará automáticamente el espacio en blanco con la respuesta más común, (que en este caso es Dog (Perro). Este proceso también se demuestra entre las personas, quienes acaban las frases de otro.

Hacemos esto porque el proceso de la percepción del habla humana trabaja desde el nivel de arriba hacia abajo, lo que significa que primero identificamos las palabras antes de identificar las letras y otros elementos de detalle que los componen. Cuando el contexto no está disponible para ayudar en la precisión de nuestro proceso de anticipación, podemos llenar los espacios en blanco de forma incorrecta, llegando a  la incomprensión en la comunicación. Es aquí donde estamos sujetos a los efectos de la pareidolia, la influencia externa y/o sesgos situacionales/confirmación. Este efecto sesgado puede llenar los espacios en blanco con las palabras que vivimos con nuestras expectativas personales, pensamientos o creencias y de este modo fabricar el contenido original de la comunicación a nuestro libre albedrío.

Cuando se produce este efecto durante el análisis de la EVP, el resultado puede a veces crear una falsa impresión de interacción inteligente desde el oyente “llenar los espacios en blanco” con palabras que se viven durante la investigación, el medio ambiente, las aportaciones del exterior o sus creencias personales. Esto puede conducir a una contaminación de la objetividad. Una vez que el oyente anuncia verbalmente una interpretación errónea de una grabación, corre el peligro de influir en el proceso de percepción de los demás a través de la contaminación sugestiva. La mente humana es limitada en términos de discriminación en relación con la calidad de los datos externos. Simplemente no tiene la capacidad de procesamiento para ser tan exigente como tiene que ser entre todos sus otros procesos. Por lo tanto, a menudo se emparejará incorrectamente el conocimiento con la información sensorial basada en fonética básica y estructura de la oración,y la omisión de muchos de los detalles importantes que se requieren para la percepción correcta. Este efecto se ve a menudo cuando no se identifican letras de canciones. Debido a que estamos sometidos a esta forma de percepción defectuosa, podemos estar fácilmente influenciados por las sugerencias de que se aproximen a nuestras expectativas y/u observaciones.

En resumen, nuestra investigación sugiere que sin una relación contextual o situacional directa a la verdadera naturaleza de las declaraciones contenidas en grabaciones EVP, la percepción de los oyentes y lo que realmente se está diciendo se puede esperarse que sea incorrecto, igual que el 56% de las veces debido a diversas influencias que describen en este trabajo. Por lo tanto, la interpretación personal de las EVP contenidas en la grabación (independientemente de la confianza del oyente, en su capacidad de escucha y de la percepción) no es una metodología fiable cuando se aplica a la investigación de hechos.

 

 

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Publicado por en mayo 3, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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Paradigmas científicos sociales para la investigación de experiencias anómalas.

Por James McClenon

Los presuntos eventos anómalos pueden ser investigados en el estudio del folklore, comportamiento colectivo, y la religión. El uso de estos paradigmas reduciría los problemas asociados con los ataques de los escépticos, las bajas tasas de replicabilidad, la falta de orientaciones teóricas aceptadas y los efectos sobre el experimentador. Aunque el enfoque del artículo es sobre las experiencias psíquicas y  los paradigmas discutidos también podría aplicarse a las investigaciones de los objetos voladores no identificados, encuentros con animales criptozoológicos, y fenomenologías anómalas esporádicas. Aunque los paradigmas científicos sociales carecen de la precisión matemática de las ciencias físicas, que permiten la comprobación de hipótesis derivadas de orientaciones teóricas establecidas,se le da al proceso de investigación una naturaleza acumulativa para que las teorías puedan ser modificadas en respuesta a los hallazgos empíricos.

Blackmore (1988) aboga por una orientación científica social proponiendo una “Nueva Parapsicología”, basada en el estudio de las creencias y experiencias psíquicas. Por desgracia, su opinión ofende a muchos parapsicólogos, pues desde ella se une a su argumentación una actitud escéptica (Blackmore, 1985). La presente discusión presenta orientaciones teóricas que están en armonía con la creencia en experiencias anómalas, uniéndolas a los paradigmas que actualmente son utilizados por los investigadores paracientíficos.

Las orientaciones científicas sociales descritas en este estudio no deben considerarse exhaustivas; son vías alternativas más allá del alcance de este documento, incluyen estudios dentro de los campos de la historia, la psicología, la antropología y la cultura popular.
Varios investigadores han tratado de demostrar la validez de las experiencias  anómalas dentro de un contexto científico social. Winkelman (1981) y Giesler 1984, 1985, 1986) ejemplifican enfoques antropológicos. Estos estudios enfrentan directamente la ideología cientificista, lleva a los científicos escépticos a exigir mayores fases de replicación y un mayor escrutinio de los casos excepcionales.

El objetivo del presente trabajo es aplicar los paradigmas científicos existentes a los fenómenos anómalos de una manera que evite la confrontación directa con ideologías cientificistas. La Investigación científica social de anomalías puede ser designada para su presentación a los grupos específicos que acepten el apartado de paradigmas utilizados, en lugar de la manera en que se enfrenta a la dominante cosmovisión mecanicista.

La Experiencia anómala puede ser considerada como un fenómeno social derivado de las experiencias individuales.

Los Fenómenos psíquicos o “psi” se pueden ver como unaparticular interpretación de eventos inusuales, etiquetados como paranormales, en lugar de las definiciones más técnicas comúnmente utilizadas por los parapsicólogos para identificar la percepción extrasensorial y la psicokinesis.
Ovnis y criptozoología constituyen interpretaciones lógicas paralelas. Tal observación anómala no necesita ser probada experimentalmente para ser estudiada por los científicos sociales, ya que un gran porcentaje de muchas poblaciones diferentes lo aceptan como real (Ver Haraldsson, 1985, en referencia a la experiencia psíquica). Como el sociólogo W I Thomas (1928,) señala: “Si los hombres definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”. Al igual que los prejuicios raciales, la discriminación sexual, jerarquía social o la autoestima, las experiencias anómalas están socialmente definidas, teniendo cualidades especiales y efectos mensurables, que pueden o no pueden, ser derivadas de parámetros físicos. El estatus ontológico de las experiencias anómalas no son un problema.

Experiencias anómalas y Folklore

Hufford (1982) presenta un enfoque “centrado en la experiencia” en su estudio de parálisis del sueño (denominada “Old Hag”(Vieja Bruja) por su estudio en Terranova). Encontró una sorprendente alta incidencia de casos “Old Hag” en Terranova y una tasa equivalente en una muestra americana. Los Americanos, aislados del sistema de creencia popular de Terranova con respecto a la “Old Hag”, describen acontecimientos similares. La hipótesis de Hufford que “los elementos primarios” (impresión de vigilia, parálisis, escenarios reales percibidos con precisión, y el miedo) se encuentran en todos los casos y características “secundarias” (por ejemplo: sensación de presencia, dificultad para respirar, las apariciones sonidos, olores, y existencia de apariciones ) en muchos casos. Utilizando estos datos, Hufford refutó la hipótesis de la “fuente cultural” que sugiere que las experiencias “Old Hag” son totalmente derivadas del condicionamiento cultural del experimentador.

Su datos apoyan una hipótesis o “fuente experiencial”, que sugiere que las características primarias y secundarias dentro de estos episodios trascienden la cultura, y que la “Old Hag” puede ser una fuente de.., en lugar de totalmente causado por..,una creencia.

Hufford (1982) señala que muchos teóricos presentan distorsionadas ideologías de reclasificación sobre estos episodios, tratando de encajarlas en las teorías psicológicas y psicoanalíticas previamente concebidas. Su enfoque, aunque no pudo establecer el origen causal de los fenómenos “Old Hag” demuestra que estos episodios que constituyen anomalías genuinas dentro del paradigma folklorico. Un objetivo de esta vía de investigación es delinear el grado en que una experiencia se forma culturalmente y para determinar qué elementos está dentro de una colección de recuerdos universales.

Esta metodología podría extenderse a muchas otras formas de experiencias anómalas. Rojcewicz (1987) presenta evidencias ovni relacionadas dentro de un marco de la tradición. Avistamientos de ovnis, deja- vu, parálisis del sueño, ESP, clarividencia, contacto con los muertos, experiencias fuera del cuerpo (OBE), y las experiencias cercanas a la muerte parecen cada vez más contener “elementos primarios” universales.Tales experiencias pueden ser instrumentos en la causa de los cambios en las creencias, en lugar de ser simplemente causados por la creencia.
Utilizando el marco de Hufford, los científicos sociales podrían argumentar que:

“Si las experiencias de muchos de los encuestados muestran detalles que son contrarios a su expectativas, pero que son similares a las experiencias de otros con los que no comparten los factores psicosociales -que podrían explicar estas similitudes, entonces la hipótesis de que la experiencia anómala es socialmente “real” sería aprobada”.

Estas experiencias llevan a convergencias en la creencia popular. La verificación de esta hipótesis sería transformar teorías actualmente aceptadas con respecto a la evolución de las creencias ocultistas y el establecimiento de un nuevo paradigma en el estudio del folklore.

Investigadores psíquicos y la participación en la investigación transcultural, ya tienen reunidas evidencias que apoyan la hipótesis de la “fuente de la experiencia”. Por ejemplo, Haraldsson (1985) comparó muestras de las encuestas nacionales con respecto a la frecuencia de la experiencia paranormal. Aunque la incidencia de experiencias de ESP, clarividencia, y el contacto con los muertos varía mucho en cada país pudiendo reflejar un condicionamiento cultural,estas experiencias aparentemente tienen cualidades universales, ya que se reportan en todos los países. La frecuencia de los informes de tales experiencias entre tres muestras universitarias chinas es equivalente a la frecuencia tomada por estudios en Estados Unidos (McClenon, 1988). Las narraciones de los estudiantes chinos de deja-vu, parálisis del sueño, ESP, contactos con los muertos y experiencias fuera del cuerpo revelan similitudes en su contenido con los informes de los estudiantes Americanos (McClenon, 1990).

Sheils (1978) señala que las creencias OBE aparecen en aproximadamente en el 95% de las culturas del mundo y son sorprendentes en su uniformidad. Irwin (1985) recopiló casos OBE  delimitando que  los elementos que son universales. Osis y Haraldsson (1977) tomaron datos transculturales respecto a “experiencias cercanas a la muerte” que apoyan la creencia de “elementos primarios” (sensación de separación de su cuerpo, sensación de movimiento, encontrando seres espirituales, y la comunicación con una entidad poderosa). Emmons (1982) realizó un trabajo de muestras aleatorias de los residentes de Hong Kong y se encontró con la evidencia de que las apariciones albergan elementos universales. Stevenson en su estudio transcultural de reencarnación en los niños indicó influencias culturales dentro de estos fenómenos, así como la probabilidad de que también existen características comunes.

Debido a que los patrones asociados con las experiencias psíquicas parecen algo estables, los científicos sociales no se ven afectados por la falta de experiencia repetible, al igual que los parapsicólogos experimentales.

Experiencia  anómala como comportamiento colectivo

El estudio del comportamiento colectivo implica el examen de los patrones relativamente desorganizados de un grupo de interacción social (Perry y Pugh, 1978). El comportamiento colectivo incluye el análisis de las multitudes, las agrupaciones, los pánicos, las modas,las lenguas, la histeria colectiva y los movimientos sociales. El comportamiento colectivo normalmente es visto como una respuesta de adaptación a situaciones nuevas o ambiguas, y a menudo, se asocia con la activación emocional y la tensión social (LeBon, 1895; Park y Burgess, 1921; Perry y Pugh, 1978; Turner y Killian, 1972).

Debido a que algunos tipos de fenómenos psíquicos son esporádicos, espontáneos, unidos a la excitación emocional, y en relación con los procesos en grupo, éstos eventos pueden ser evaluados en el dominio de la conducta colectiva. Ejemplos de tales formas incluyen: fantasmas, duendes, y milagros. Los Fenómenos OVNI ya han sido reconocidas como un tema apropiado en el estudio de la conducta colectiva (Miller, 1985, dedica un capítulo a los ovnis, la revisión datos relativos a los testigos, las organizaciones y la sensibilización del público.) Bennett (1987), Greeley (1975, 1987), y Truzzi (1972) contribuyen a una muestra similar de pruebas con respecto a experiencias psíquicas.
Las teorías que predicen los patrones, la forma y el alcance de la propagación de experiencias podrían utilizarse para documentar la evolución de los fenómenos anómalos en el folklore. Shibutani (1966) presenta una orientación que podía dar una forma de comunicación a través de la cual, las personas tratan de construir una interpretación significativa o “trabajo” de situaciones ambiguas según sus recursos intelectuales. Los sociólogos han reconocido desde hace tiempo que los eventos no siempre son incorrectos;personas que no tienen la información adecuada con respecto a un tema generalmente intentan reunir información de tantas fuentes como le son convenientes. El resultado colectivo no es necesariamente inexacto o inverosímil, sino un sustituto de noticias obtenidas a través de los canales institucionales.Para Shibutani (1966,: “Si la demanda de noticias supera la oferta disponible a través de los canales institucionales, la predisposición a la construcción de un fenómeno es probable que ocurra “. Podríamos plantear la hipótesis de que, el fracaso de la red científica tradicional para abordar las cuestiones relativas a los fenómenos paranormales ha creado condiciones en las que la información “de un fenómeno” se transmite a través de procesos no institucionalizados, evolucionando hacia la religión y el folklore. Los científicos sociales pueden rastrear los medios por los cuales la gente usa los casos de lo paranormal para formular “conocimiento social” respecto de las situaciones anómalas.

La teoría de “Valor añadido” de Smelser (1 962) dice que: “espontáneos comportamientos colectivos son el resultado de una combinación de factores causales,y cada uno de ellos debe estar presente para que se produzca el evento”. La teoría se presenta como una cadena en la que el comportamiento efectivo se produce sólo si todos los elementos están presentes en un orden específico. El enfoque de Smelser tomado en su proceso de fabricación dispondría de seis etapas en eventos colectivos:

(a) conducencia estructural, (b) la tensión estructural, (c) la creencia generalizada, (d) factores precipitantes, (e) la movilización de los participantes en la acción, y (f) la operación de las actividades de control social.

Esta orientación ha demostrado ser útil para el análisis del pánico, disturbios, manías, y otras formas de comportamiento colectivo.

Una teoría de valor añadido puede ser usada para predecir los fenómenos sociales rodeados de fantasmas, poltergeists, milagros, ovnis etc. Este enfoque se centrará en los elementos sociológicos y psicológicos en el contexto de una situación social en desarrollo que rodea un supuesto evento paranormal. Por ejemplo, algunas casas pueden ser más susceptibles a eventos poltergeist (conducencia estructural).
Si existen tensiones no expresadas dentro de un entorno familiar (tensión estructural): Disponer de un factor psicológico y considerando una posible explicación psi (creencia generalizada). Si niños pre-adolescentes están presentes (factores precipitantes) en eventos poltergeist -siendo más probables que ocurran. Si los participantes etiquetan estos eventos como paranormales e informan a los demás (de movilización para la acción), pues estimulan la reacción por parte de las autoridades, investigadores psíquicos y grupos escépticos (agencias de control social),estos fenómenos serán socialmente definidos como paranormales.

Las orientaciones científicas sociales ponen menos énfasis en el establecimiento de la anomalidad de una supuesta experiencia. Si algunos observadores etiquetan un fenómeno como paranormal, por ejemplo, gana ese atributo sociológico.

La perspectiva conductual / interaccionista adoptada por Mead (1934) explica las interpretaciones o instrucciones para la respuesta de los participantes en la muchedumbre o movimientos colectivos (Miller, 1985; McPhail y Wohlstein, 1983). Cuando los participantes interpretan de lo que son testigos comienzan el proceso “dominó” por el cual se produce el “conocimiento” público sobre lo paranormal,y a menudo conduce a establecer un comportamiento.
Los Investigadores científicos sociales pueden encontrar patrones dentro de los procesos de grupo únicos para experiencias anómalas. Por ejemplo, los investigadores pueden encontrar que las formas de los milagros descritos por los observadores durante las primeras fases de un caso psíquico difiere de las experiencias aparentemente psicosomáticas reportadas por los observadores durante las etapas posteriores. Durante un estudio etnográfico de los sanadores espirituales en las Filipinas, el autor señaló que los acontecimientos que eran extremadamente anómalos fueron relacionados como algo que ocurre durante la fase inicial de las vivencias de varios curanderos. Estos informes atrajeron multitudes que requerían su ayuda. Los practicantes psíquicos luego orquestaron actuaciones ritualizadas, tratando de satisfacer las necesidades de las audiencias masivas. Los profesionales que carecían de asesores competentes, visión para los negocios, personalidades carismáticas, o ideologías adecuadas no lograron mantener el interés de un público necesario para establecer una empresa. Durante las etapas posteriores del desarrollo de los profesionales exitosos ,una gran masa de público o adeptos puede contribuir a patrones de personalidad patológica y muchos practicantes son capturados mediante engaños, aunque la detección podría fácilmente  haberse evitado (Eusapia Palladino, y varios cirujanos psíquicos filipinos son ejemplos de estos casos). Irónicamente, la exposición de fraude y la desconexión final de la creencia, puede contribuir a un aumento del proselitismo (Festinger,Riecken, y Schacter, 1 956).

Experiencia anómala y la sociología de la Religión

Tanto el estudio del folklore y el comportamiento colectivo son aplicables a la sociología de la religión. Tiryakian (1974) propone que la “cultura esotérica” es un concepto estrechamente asociado con el medio oculto, es una inspiración importante de innovación cultural y social que podría ser altamente significativa en la formación de las religiones del futuro. La idea de que la evolución religiosa refleja las necesidades sociales ha sido apoyado por una preponderancia de tal evidencia que constituye un paradigma dominante en la sociología de la religión (Durkheim, 1912).

El enfoque experiencial de Hufford  alberga el potencial para el desarrollo de una orientación innovadora. Las experiencias psíquicas pueden constituir una fuente de la creencia religiosa, en lugar de ser totalmente causadas por la socialización religiosa.
Una teoría importante, la “privación / atractivo ideológico”, pone énfasis en la tendencia que los adeptos potenciales  tienen necesidades que se ajustan a la ideología del movimiento (Glock y Stark, 1965). Un paradigma alternativo toma nota de la importancia de las redes sociales en la contratación religiosa (Stark y Bainbridge, 1980). La gente tiende a ser atraído a un grupo debido a que sus amigos o familiares son miembros. La “Disponibilidad estructural” del converso potencial, es decir, la libertad de los compromisos temporales e ideológicos anteriores también se consideran un componente (Nieve, Zurcher, y Ekland- Olson, 1980). Aunque los sociólogos modernos prestan poca atención a la posible importancia de la experiencia psíquica dentro de la sociología de la religión, los investigadores psíquicos podrían demostrar la importancia social de las experiencias paranormales. Estos efectos sociales incluyen modificaciones en las teorías de la contratación religiosa, terapias psicológicas y orientaciones filosóficas.
Esta lista no debe considerarse exhaustiva, sino simplemente un ejemplo de las posibles áreas de utilidad para el paradigma científico social.
Aquellos que sienten la necesidad de explicar las experiencias psíquicas pueden unirse a movimientos religiosos que ponen énfasis en los eventos anómalos. Ellwood (1977) presenta una historia de los movimientos religiosos en América y de las doctrinas de Swedenborg al budismo Zen; con toda probabilidad, las experiencias psíquicas fueron un factor en el reclutamiento de miembros de muchos de estos grupos. La historia de la innovación religiosa está lleno de personas que reciben mensajes inspirados divinamente, “verificados” paranormales. Los participantes, sin duda, están motivados por experiencias psíquicas, así como las privaciones, las redes sociales y la disponibilidad estructural.

Un paradigma social científico/parapsicológico podría retratar la experiencia anómala como funcional para las sociedades o especies enteras en lugar de tener la capacidad de servir de modo individual. Aunque la creencia religiosa es valiosa para la supervivencia individual, también es funcional para la supervivencia de las sociedades, ya que inspira una acción  y emoción colectiva.
La experiencia anómala puede haber evolucionado con el carácter “oculto”, debido a su papel especial en la contribución a la creencia de la vida después de la muerte y su social “interconexión”. Si los individuos están seguros de la supervivencia después de la muerte, la lucha humana sería inútil y el proceso evolutivo sería frustrante. Si queremos saber lo que “psi es para,” debemos buscar dentro de la sociología de la creencia popular, el comportamiento colectivo, y la religión para crear teorías con los datos empíricos recogidos por investigadores psíquicos.

Teoría de la Ciencia Social y la Investigación de la experiencia anómala

Hufford (1982, 1983, 1985) señala que la investigación académica no es “libre cultura”, que en realidad refleja una “cultura de incredulidad” respecto de lo sobrenatural.
La Parapsicología y la investigación OVNI revelan los límites ideológicos latentes de la ciencia, ya que las investigaciones son a menudo rechazadas por razones ideológicas sin preocuparse por la validez metodológica (McClenon, 1984). Los sociólogos señalan que muchas innovaciones teóricas y tecnológicas son imposibles sin una suficiente “base cultural” y el apoyo a su adaptación. Varias ideas innovadoras, tales como el helicóptero de Leonardo da Vinci, diseñado en el siglo XV, se estancaron durante siglos, hasta que el inicio del nuevo conocimiento y la técnica fueron aplicados (Ogburn, 1950). Algunas investigaciones sobre fenómenos anómalos pueden ser equivalentes -de modo ideológico- a la invención de da Vinci; que carecen de ser apoyadas por la actual base cultural y probablemente será ignorada durante la era actual. Sin embargo, las teorías científicas sociales permitirían que experiencias de carácter psíquico a ser investigadas dentro del presente paradigma científico. En lugar de presentar conceptos radicalmente innovadores, los investigadores pueden construirlos sobre la base científica existente de una manera socialmente útil.
Las teorías producidas por los científicos sociales sobre la experiencia psíquica, por ejemplo, podría satisfacer necesidades sociales para nuevas explicaciones dentro de los campos de la educación de la muerte, la curación psicosomática, y la conciencia trascendente.

Conclusiones

Aunque la “cultura de incredulidad” científica anula la probabilidad de que los investigadores de fenómenos anómalos producirían revoluciones científicas y nuevos paradigmas científicos por los que los investigadores podrían contribuir al avance más gradual de manera acumulativa.
Hay métodos que demuestran la universalidad de los elementos dentro de las experiencias anómalas, haciendo frente a la experiencia anómala como una forma de comportamiento colectivo, pudiéndose crear un formulario de la labor científica  albergando la capacidad de predecir eventos en aumento el ámbito social.

 
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Publicado por en abril 30, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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Lo Paranormal no está excluido de la Física.

Por O. Costa de  Beauregard.

Los cambios en los paradigmas son necesariamente irracionales; funcionan más allá de los límites anteriormente aceptados de lo racional, y más allá incluso de los axiomas más primitivos y postulados. Un paradigma puede evaluarse sólo en términos de su consistencia interna, su economía y su utilidad.
Einstein en tono irónico comparó la «Paradoja EPR» (Einstein 1949) a la telepatía. Yo sostengo que la física de hoy se pasa por alto en gran medida la consideración formal de la existencia de los llamados fenómenos paranormales: de la telepatía, precognición y psicokinesis. El argumento es que cualquier formalismo matemático operacional debe ajustarse a los datos en el estilo de Taylor.

¿No era esto, por ejemplo, exactamente lo mismo que Maxwell hizo en la predicción de la existencia de las ondas electromagnéticas, o de Broglie en el de la ondas de materia ?

El Tiempo Extendido de la Materia y el concepto de la Existencia

Cuando el hombre dice que existe algo, significa que existe ahora.
Si la cosa es distante, se plantean otras cuestiones: ¿Como se ve ahora, existía la Luna hace 1,25 segundos? ¿cuál es el significado de la luna existente ahora?
Tales pensamientos se planteaban a finales del siglo XX, cuando la gestación de la teoría de la relatividad y de la óptica cinemáticas se estaban llevando a término. Entonces apareció sobre nosotros que la luz es la portadora de una información privilegiada, que el electromagnetismo de Maxwell es el marco adecuado para la realización de mediciones de intervalos en el espacio y el tiempo, y que “c”, la velocidad de la luz, es la constante universal para conectarlos.
El experimento de Michelson en 1887, culminando los años de trabajo iniciado por Arago en 1818, demostró que para que las velocidades de masas se acercasen a “c” la ley intuitiva de adición de velocidades estaba mal: paradojicamente, la velocidad de la luz se mide de igual modo en todas las direcciones, cualquiera que sea  la velocidad del aparato de medición. Una consecuencia inesperada, con implicaciones de largo alcance resultó: la materia se extiende en el tiempo nada menos que en el espacio y  habita en un espacio-tiempo de cuatro dimensiones.
Galileo había dejado en claro que el movimiento relativo transforma el tiempo en el espacio: como cualquier persona puede experimentar caminando dentro de un tren en movimiento. Einstein demostró que el movimiento relativo también transforma el espacio en el tiempo: una verdad velada hasta entonces por la enormidad de la velocidad de la luz, como se mide en las unidades prácticas de experiencia día a día .
En la medida en cuestión no existe en absoluto pasado y futuro sólo existe el aquí/allí. Existimos en un universo de cuatro dimensiones espacio-tiempo.
Los eventos se experimentaron en instantes puntuales. La isometría Poincaré-Minkowski del cono de luz del espacio-tiempo establece el pasado (allí), el futuro (hasta allí) y en otros lugares (fuera). En unidades prácticas del cono es descrito como de par en par; en el límite c→∞ la otra parte es eliminada, de modo que rompe la formula de pasado y futuro de Newton por un “ahora” existente .

Si el pasado, presente y futuro coexisten en la materia (no el ahora, por supuesto, que sería auto-contradictoria) ¿por qué no los de la mente subconsciente inmersa en el inconsciente colectivo de Jung? Factores retrospectivos y precognitivos podrían cruzar la línea fronteriza de la conciencia. Todo el concepto de no-localidad en la física contemporánea requiere esta posibilidad.

Reciprocidades en Causa-Efecto y en Acción-Reacción

El principio fundamental en la teoría de la probabilidad de Bayes, declara: La probabilidad conjunta de dos correlacionados eventos fortuitos A y B es igual a la probabilidad condicional de B con las veces de probabilidad a priori de A, o inversamente, la probabilidad condicional de A con la probabilidad previa de B. La simetría A y B se respeta.
En física la correlación significa interacción. La reversibilidad bayesiana implica entonces la reciprocidad de acción-reacción para eventos en el espacio lejano, y la causa-efecto de reciprocidad para los tiempos. Este último se puede interpretar como la simetría de Aristóteles de la causa eficiente y final.
Por tanto, la geometría del espacio-tiempo considera que la causa final opera desde “allá arriba”, algo como en la hidrodinámica un fregadero hace por succión al agua desde abajo .
La Causa eficiente opera de abajo por la presión de aguas arriba. La antigua objeción de: ¿Cómo en la Tierra podría algo que no existe hace algo? se descarta. ¿Y cómo funciona causa final? Al manipular los resultados finales.
Boltzmann y Gibbs, cada uno a su manera, habían dejado claro que, como Mehlberg (1961) lo expone,la irreversibilidad física es de facticidad, no  ley similar, mientras que la reversibilidad es ley similar. Este argumento se remonta a la termodinámica entre la Primera y la Segunda Ley .

El uso normal de las estadísticas es predictivo, el método es la selección pre igualando los previos finales. Mehlberg lo llama predicción ciega, que implica la causalidad y la tendencia al desorden. Esta es la situación de la materia inerte .

Inversamente, la retrodicción ciega o selección posterior se efectúa a través de equiparar los previos iniciales, expresa finalidad – retro-causalidad, como los físicos lo llaman. Esto describe la organización  de una tendencia presente en la naturaleza: ¿Conociendo un eohippus puede uno predecir la existencia del caballo? Claro que no. Pero retrodicción ciega dice que el eohippus es un caballo primitivo- Y la visión aceptada.Así que contrariamente a la creencia generalizada, las leyes del azar no explican por la irreversibilidad: Ellos lo forman si se usa hacia adelante, al equiparar los previos finales (Van der Waals, 1911).

Creer en la operatividad de la causa final excluye que la psique sea un subproducto de la materia en evolución. Muy por el contrario, implica que la materia es bajo el control de algunos una psique universal. Los físicos pueden ser engañados por nuestra práctica de montajes experimentales y luego dejar que las cosas vayan a través de la causalidad hacia adelante. Excluyendo la expresión de todo el pensamiento detrás de la preparación de un experimento y toda la actividad manual que produce su creación, nos frena a preguntar si el universo no puede ser más algo que una idea extendida del espacio-tiempo que una máquina en funcionamiento.
Esto tiene una grandeza académica, pero no debemos dejar de lado las dificultades que puedan surgir más adelante. Mirando hacia abajo en el nivel mas elemental es obligatorio.
La causa final, la idea que se convirtió en realidad, es la psicokinesis (Hoekzema,1992).
Según la física teórica, una representación de la materia tiene, por definición, un objetivo y un pilar subjetivo. La probabilidad es la clave del arco ojival.

Información Negentropíca, Ley como reversibilidad y Realidad como irreversibilidad

Bergson (1907), el filósofo y Shafroth (1960), el físico, cada uno a su manera, afirman que el trastorno es en un orden diferente del  que se esperaba. En una línea similar Lewis (1930) escribe que “la ganancia en entropía significa la pérdida de información, nada más”. Poincaré (1908), sin embargo afirma que el azar no es sólo el nombre que le damos a nuestra ignorancia.
La cuestión en juego es el dilema objetividad-subjetividad. Para Aristóteles, la información es un concepto de doble cara: ganancia en el conocimiento, por un lado, y la organización de poder por el otro. La cibernética a redescubierto : una decodificación que está extrayendo conocimiento de una negatoentropía previamente en la máquina como la codificación de pensar un poco.

Anteriormente Boltzmann (1964), había comparado la entropía física a la falta de información, al conocimiento incompleto y al control en el micronivel.
La equivalencia física de la información-negatoentropica, I ⇔N, está expresada por la constante de Boltzmann como k o kB , el tipo de conversión entre una unidad y una unidad térmica entrópica: N = k (ln 2) I; k tiene un valor extremadamente bajo ≈10(↑16).
Comprender el significado profundo de la constante de Boltzmann, descubriendo el lado subjetivo de la entropía, es la revolución cibernética. Tanto la amplitud de “c” que había estado ocultando durante un enorme periodo la relatividad del tiempo,como la pequeñez de k hizo ocultar la costosa información negatoentropica y la posibilidad misma de la psicokinesis.
Exigir de la conciencia del espectador a pagar un billete barato,o  la cibernética subvenciones a la conciencia con salarios exorbitantes.Por lo tanto la transición I ⇔N  es fácil o normal para adelante y difícil o paranormal hacia atrás.
Gracias a k no está prohibido ir hacia atrás.
La Psicokinesis interna es defendida por Eccles (1986) como la explicación de los movimientos voluntarios. Descartes (1971-1974) había anticipado esto en una carta a Arnauld  y escribe que “los medios por los cuales nuestra alma se mueve de nuestro cuerpo difiere radicalmente de aquello por lo que un cuerpo  mueve otro cuerpo. (Recordando que había participado en la investigación de las leyes de conservación de la mecánica.)
La Psicokinesis externa, por paradójico que pueda parecer, está implícita en las diversas formas de la ley como la reversibilidad, incluido el de las ecuaciones del campo de la física, las de la información universal de la transmisión telegráfica. Así Wigner (1967) llega a la conclusión sobre sus propios argumentos de simetría recíproca que a la acción de la materia sobre la mente, tiene que existir una acción directa de la mente sobre la materia.

El Redescubrimiento de la cara oculta de la información implica que un hecho fortuito no es sólo un accidente mecánico -o más bien que es tal el aspecto subjetivo de la naturaleza, inconsciente colectivo de Jung, el que  está latente.

La reciprocidad de la transición Normal N ⇔I  es la Paranormal  I ⇔N.

El dualismo onda-partícula y la no separabilidad cuántica

El dualismo de la onda-partícula, fructífero aunque mal administrado por  Einstein y  Broglie, estaba en la necesidad de la legalización.
Probabilidad al que estaba predestinado.
Born, afirma que la intensidad de la onda expresa la probabilidad de manifestación de la partícula, a un lado y sin fanfarronear es, la receta de la adición de probabilidades parciales. Amplitudes parciales, no intensidades, se deben agregar. Jordan, siguiendo en la misma linea, multiplica amplitudes independientes.

La simetría hermitiana de una amplitud compleja corresponde a la simetría real de probabilidad, tal como se utiliza por ejemplo en la ecuación de Boltzmann. Sin embargo, hay una diferencia importante. Dado que las relaciones se pierden en la transición, no puede haber un verdadero “estado oculto”  que diera lugar a la equivalencia de su elaboración y retroparation. Wheeler (Miller y Wheeler, 1984) comenta sobre esto en su  metaforico “smoky dragon” .
Esto es todo lo paradójico. En términos de probabilidad, la interferencia de Young-Fresnel es bastante desconcertante: Uno no puede retrodecir -ni siquiera a modo de prueba- una abertura viniendo de cualquiera de los fotones detectados.
En lugar de pares de fotones que convergen uno puede usar los divergentes. Tal Y como la “correlación EPR ” conduce a la llamada paradoja EPR, que dice que:

“Dos partículas que interactuaron en el pasado y que quedan en un estado entrelazado. Dos observadores reciben cada una de las partículas. Si un observador mide el momento de una de ellas, sabe cuál es el momento de la otra. Si mide la posición, gracias al entrelazamiento cuántico y al principio de incertidumbre, puede saber la posición de la otra partícula de forma instantánea, lo que contradice el sentido común”.

¿No es esto retrocausación por definición (Costa de Beauregard, 1983)?

Psicokinesis como Retrocolapso de Onda

Una transición es una “cara o cruz” reversible entre un conjunto preparado de ondas divergencias y un conjunto retropreparado de ondas convergentes (Cramer, 1986). El uso normal de la mecánica cuántica es a través de ondas divergentes, o la causalidad hacia adelante. La Preselección es la receta. Esta es la transición cuántica  N ⇔I .
La postselección,o el resultado invertido, formaliza el fenómeno paranormal de psicokinesis,la retro-causalidad a través de ondas convergentes. Esta es la  transición I ⇔N.
Telegrafiar mas rápido que la luz es meramente imposible, pero paranormalmente permitido (Costa de Beauregard, 1997) mediante la asociación de la psicokinesis con una correlación EPR. Una configuración más simple podría incluir un láser de baja intensidad, un espejo semitransparente, un agente en forma de haz y un foto-detector en el otro lado. El agente, empujado a voluntad (ya sea hacia arriba o hacia abajo) la tasa de llegada normal de fotones en su rayo, retroactuando en la placa sesgarian (ya sea hacia arriba o abajo) la tasa de detección en el otro haz. La aceptación da por supuesto que la intensidad del láser sería sin cambios (que puede ser probada).

Conclusión

En su expresión algebraica, la no separabilidad de onda penetra de lleno el espacio-tiempo sin que nada lo frene.
Indisolublemente objetivo y subjetivo, une las representaciones físicas que se tienen en cuenta a la hora de preparar o retropreparar sus sistemas (incluyendo telepreparando dos correlacionados  lejanos, en cuyo caso están conectados subjetivamente).
También une representaciones de personas en general,  animales, y por qué no, las plantas (en la medida en que, según Bergson, la sensibilidad es más latente en ellos que ausente).
Así, a través del telégrafo relativista y cuántico, una especie de universal de la telepatía y telequinesis debe suceder a un muy bajo nivel energético, expresando la cara subjetiva de la naturaleza. De todos modos, se reportan tantos eventos de bajo nivel (y en ocasiones de alto ) paranormal que no sería prudente el negar rotundamente su existencia.

Fuente.

 
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Publicado por en abril 26, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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Alucinaciones: Revisión histórica y clínica.

Por Rogelio Luque

-Profesor Titular de Psiquiatría. Hospital Universitario Reina Sofía. Universidad de Córdoba.-

Las alucinaciones constituyen uno de los síntomas fundamentales en psiquiatría. Aunque su importancia clínica es primordial, el significado del término es muy diverso y no existe una teoría universalmente aceptada que explique su semiología, su significación clínica y su función. En este trabajo las alucinaciones se definen como «descripciones verbales de experiencias «sensoriales», con o sin insight, que no están justificadas por un estímulo relevante».

A lo largo de casi dos siglos de historia, los fenómenos alucinatorios han suscitado numerosas controversias y siguen sin resolverse diversas cuestiones conceptuales como, entre otras, si todas las alucinaciones son fenómenos equivalentes, independientemente de su modalidad sensorial; si las alucinaciones psiquiátricas son similares a las que aparecen en las enfermedades neurológicas, la estimulación eléctrica, las inducidas por drogas o privación sensorial; si tienen el mismo significado clínico las alucinaciones que aparecen en la vejez que las ocurridas en la infancia; o si pueden existir alucinaciones «compatibles con la razón»

NOTAS HISTÓRICAS SOBRE EL TÉRMINO «ALUCINACIÓN»

La propia etimología de la palabra «alucinación» es oscura y de difícil determinación. Joan Corominas considera una seudoetimología su procedencia de allucinor, allucinaris, utilizado por primera vez por Cicerón con el sentido de alucinar, errar, engañarse, equivocarse, desviado del recto camino o de la razón. Roque Barcia6 señala una doble etimología: allucinari en Cicerón y hallucinari en Aulo Gelio: «de ad, cerca, y lucinari, frecuentativo de lucere, lucir». Barcia piensa que esta última etimología es falsa ya que el latín allucinari representa una forma evidente del griego (allusso) (tener el espíritu extraviado), y considera que «los franceses, por un error que difícilmente puede explicarse, adoptaron la forma de Gelio y descuidaron la de Cicerón» (p. 268-269). Monlau da por buena la derivación de alucinar de ad lucem (ad, cerca y lucere, lucir), subrayando la proximidad a la iluminación que caracteriza la alucinación. Esta procedencia es el origen de las dispares acepciones de la alucinación en los siglos XVII y XVIII: «afecciones de la córnea» (Fernel), «diplopia» (Plater y Linné), «ruidos extraños, presentimientos y apariciones» (Lavater) o «errores de los sentidos» (Sagar). Aunque en castellano aparece hacia 1499, en inglés en 1572 y en francés hacia 1660, el término parece haber sido utilizado por primera vez en medicina por un médico francés (Fernel) alrededor de 16748, manteniéndose la anterior polisemia hasta que Esquirol, con su definición de alucinación, fija el sentido de la palabra9.

LAS ALUCINACIONES EN LA ANTIGÜEDAD

En la antigüedad las alucinaciones eran experiencias integradas en la cultura, poseedoras de gran significado, y su contenido transmitía mensajes sobre el sujeto o el mundo. Con la medicalización del fenómeno, en el siglo XVIII, se perdió este carácter semántico. Las clasificaciones de la época consideraban a las alucinaciones enfermedades independientes; lo cierto
es que no se vieron como «síntomas», es decir, como fragmentos de conducta comunes a varias enfermedades, hasta el siglo XIX.

Existen numerosas referencias clásicas de fenómenos que podrían ser incluidos bajo el término «alucinación». Antes de Cristo pueden hallarse en pasajes bíblicos evidencias de un concepto limitado de alucinación. Incluso se asegura que en el mundo griego las alucinaciones pudieran haber sido la norma al carecer este pueblo del concepto de «conciencia» y atribuir sus propios pensamientos a dioses y espíritus. Los primeros pensadores cristianos estudiaron, de manera sistemática, las experiencias alucinatorias. Autores como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino o Teresa de Ávila analizaron, en virtud de una serie de criterios, la fuente y el contenido de las experiencias imaginativas y alucinatorias para distinguir entre las provenientes de la influencia divina y las de inspiración satánica.

ALGUNOS ASPECTOS HISTÓRICOS Y CONCEPTUALES

En líneas generales, desde el siglo XIX existen dos teorías principales que intentan explicar su origen: sensorial (alucinación como percepción) y no sensorial (alucinación como imagen). Los fenómenos alucinatorios relacionados con tóxicos, la estimulación eléctrica del cerebro y la privación sensorial sustentan el punto de vista sensorial. La concepción de que las alucinaciones son manifestaciones de deseos o temores reprimidos resultado de una disfunción del yo respalda la hipótesis cognitiva.

Jean Etienne Dominique Esquirol

Aunque existen precedentes del uso médico del término —en Francia, Fernel, Plater y Linné; en Inglaterra, Lavater, Arnold y Hibbert— se puede afirmar que la acepción psiquiátrica de alucinación aparece con Esquirol, quien, en 1817, agrupó todos los fenómenos alucinatorios bajo un mismo término presumiendo que todas las alucinaciones, independientemente de su modalidad sensorial, son fenómenos simétricos y uniformes. Con esto, no sólo creó un concepto abstracto sino que, al elegir una palabra cuya etimología estaba ligada a la visión (cinco de los casos descritos por Esquirol sufrían alucinaciones visuales), impuso un modelo restrictivo de percepción a todas las modalidades sensoriales; es decir, al igual que la visión y la audición, requieren un estímulo externo: «las alteraciones funcionales, los mecanismos cerebrales y el contexto clínico de estos tres sentidos (audición, gusto y olfato) son los mismos que en la visión. Es necesario un término genérico y propongo la palabra alucinación». Este enfoque, tomado de Condillac, asume que el tacto, el gusto y el olfato también necesitan de un estímulo externo. La aportación crucial de Esquirol fue la propuesta de que la palabra alucinación, hasta entonces utilizada sólo para denominar experiencias visuales, se generalizara para hacer referencia a todas las formas de engaños sensoriales. Pero, al mismo tiempo, esta teoría ha topado con serias dificultades con respecto a las alucinaciones gustativas, táctiles o cenestésicas, en las que el objeto externo no puede ser dilucidado. Así, con esta definición no podría distinguirse, por ejemplo, entre un picor alucinado y otro real.

En cuanto al origen, al tratar de distinguir entre alucinaciones e ilusiones, Esquirol afirma que en las primeras «todo sucede en el cerebro —en la mente—. Un hombre que tiene la íntima convicción de percibir realmente una sensación, cuando ningún objeto exterior capaz de producir tal sensación aparece ante los sentidos, está en un estado alucinatorio, es un visionario». Para Esquirol la alucinación es una «forma de delirio (une certaine forme de délire) que hace a los sujetos creer que perciben una sensación en una o más modalidades sensoriales cuando, de hecho, no existe el estímulo (…) En efecto, la alucinación es un fenómeno cerebral o psicológico que sucede independientemente de los sentidos (…) Las alucinaciones no son falsas sensaciones o ilusiones de los sentidos o percepciones erróneas de la sensibilidad orgánica (…) La localización de la alucinación no es el órgano periférico de la sensación, sino el órgano central de la propia sensibilidad». Con esta insistencia en el origen «central» de las alucinaciones, Esquirol se apartaba de las teorías periféricas de Hartley y otros autores que dominaron el siglo XVIII. Asimismo, suponía un intento por internalizar el fenómeno, hacerlo parte del psiquismo y situarlo bajo el control de la memoria y la imaginación. Al considerar la alucinación como un delirio la distinguía de los errores sensoriales y la aproximaba a la personalidad del sujeto. Por este motivo, Ey afirmó que Esquirol «situó la psiquiatría cerca del sujeto alucinado».

Las alucinaciones después de Esquirol

Desde comienzos del siglo XIX se plantea en la psiquiatría francesa lo que se ha denominado «polémica sobre las alucinaciones», que gira, fundamentalmente, alrededor de dos dicotomías: por un lado, la cuestión de si las alucinaciones provienen simplemente del «ejercicio involuntario de la memoria e imaginación» (como apuntó Esquirol y defendieron, tras él, autores como Peisse, Sandras, Brierre de Boismont o Buchez), o si, por contra, existe una anomalía sensorial, ya sea central o periférica (como defendieron Baillarger, Michéa, Garnier o Parchappe). La segunda cuestión planteaba la posibilidad de la existencia de alucinaciones sin patología psíquica o si son siempre patológicas y, por tanto, únicamente habrían de darse en la locura. Este tema sigue discutiéndose en la actualidad.

Esta controversia comenzó con la obra de dos autores, uno alemán y el otro francés, que abonaron el terreno para el debate del siglo XIX. En febrero de 1799 un librero alemán llamado Christof Friedrich Nicolaï (1733-1811) describió sus propias experiencias alucinatorias en un trabajo titulado Memoir on the Appearance of Spectres or Phantoms occasioned by Disease; with Psychological Remarks, y presentado en la Royal Society de Berlín. La conservación de la conciencia de realidad de estas experiencias llevó a Brierre de Boismont a incluir su caso en la categoría de «alucinaciones compatibles con la razón». Por otro lado, Charles Berbiguier publicó en 1821 su obra Les Fardets, or tous les demons en sont pas de l’autre monde, donde relataba sus complejas alucinaciones y experiencias delirantes y que se convirtió en el paradigma de las alucinaciones patológicas (Berrios, 1996).

Johannes Müller

La historia del concepto de alucinación se ha centrado fundamentalmente en la psiquiatría francesa de las tres primeras décadas del siglo XIX. Esto ha ocasionado que otras aportaciones, como la alemana, hayan recibido menos atención. Una forma de compensar el desequilibrio sería reanalizar trabajos clásicos que no figuran en la historia oficial de la alucinación. Los fenómenos fantásticos de la visión de Johannes Müller —publicada en 1826— sería uno de ellos. Esta obra, bien conocida en los ámbitos de la historia de la fisiología de la visión, rara vez aparece mencionada en la historia de la psiquiatría. Sin embargo, su importancia es crucial para entender cómo la antigua noción de aparición se transformó en el concepto actual de alucinación y para conocer el papel que jugó la Naturphilosophie en el nuevo concepto.

La obra de Müller ofrece nuevos datos sobre las etapas iniciales del proceso de naturalización de las alucinaciones (de cómo llegaron a considerarse «clases u objetos naturales»). Este proceso comenzó con una nueva forma de hablar del fenómeno, con un cambio en los enunciados fundacionales de su descripción. Al mismo tiempo, Müller explica las alucinaciones de un modo novedoso al mantener que las visiones son «fantásticas», es decir, que resultan de una sobreactividad de una supuesta facultad o poder de la «imaginación» o la «fantasía». Dado que cada modalidad sensorial tiene su energía y que esta facultad debe estar representada en el cerebro, las visiones, sonidos o sensaciones táctiles pueden emerger de la estimulación interna que, a su vez, puede ser protopática (primaria o relacionada con el propio órgano) o simpática (secundaria u originada en otro órgano y que estimula al órgano diana por simpatía).

En definitiva, Müller realiza un análisis conceptual de los aspectos subjetivos de la visión y desarrolla una fisiología especulativa basada en dos enunciados:

1. Cada modalidad sensorial esta equipada con una fuerza o energía específica para expresar su función (reflejo de su creencia en el vitalismo).

2. Existe una relación directa entre la sensación subjetiva y la sustancia cerebral (reflejo de su esfuerzo por superar el dualismo cartesiano).

Jules Baillarger

En 1844 Baillarger presentó a la Real Academia de Medicina Francesa la memoria titulada Des hallucinations, dividida en cinco capítulos en los que, además de tratar la fisiología y patología de las alucinaciones, su relación con otras enfermedades y los aspectos médico-legales, describía una nueva enfermedad, la «locura sensorial» (folie sensoriale). Respecto a la naturaleza de las alucinaciones, Baillarger se preguntaba si eran fenómenos psíquicos o psicosensoriales, si se podían explicar por alteraciones cerebrales o de los órganos de los sentidos. Asimismo, propuso dos tipos de alucinaciones: unas, psicosensoriales, completas, compuestas de dos elementos, resultado de la doble acción de la imaginación y de los órganos de los sentidos; otras, psíquicas, debidas a alteraciones de la memoria y de la imaginación, completamente extrañas a los órganos de los sentidos, carentes de elemento sensorial y, por tanto, incompletas. Baillarger concluía que el componente inicial de las alucinaciones tenía que ser el «intelecto» puesto que existían objeciones insalvables a que se pudieran considerar como una excitación de los sentidos.

La diversidad de posiciones teóricas no se simplificó con el debate sobre las alucinaciones suscitado en Francia, en la Sociedad Médico Psicológica en 1855-561, en el cual continúan tratándose estos y otros temas de suma importancia como, por ejemplo, si la sensación, la imagen y la alucinación forman un continuo, o si las alucinaciones, los sueños, la vivacidad de la imaginación, el sonambulismo y los estados de trance son estados similares, o el posible origen «psíquico» de las alucinaciones. Las sesiones terminaron sin acuerdo a pesar de las tentativas de Baillarger, Michéa y Parchappe. Por esta época ya es común referirse a la alucinación como una «percepción sin objeto», expresión frecuentemente atribuida a Ball, pero cuyo autor, en realidad se desconoce. Se sabe que en torno a 1860 ya era citada. Así, Falret, en 1864, afirma que «la alucinación es una percepción sin objeto, como con frecuencia se ha repetido». En general, esta definición se ha vinculado al concepto original de Esquirol y, sin embargo, éste introdujo aspectos cruciales que han sido distorsionados o, simplemente, ignorados.

Auguste Tamburini

En 1881 Tamburini publicó un trabajo clásico en el que planteaba que las alucinaciones no constituyen un problema psiquiátrico y ofrecía una única explicación para todas alucinaciones (psiquiátricas y neurológicas), articulaba una hipótesis susceptible de comprobación, legitimaba el lenguaje y los métodos de la neurofisiología en el campo de la locura y pro-ponía una explicación mecanicista de su origen, evitando cualquier interés por su significado. Las tres primeras propuestas de Tamburini han persistido en el tiempo y han favorecido la investigación, fundamentalmente neurológica. La explicación mecanicista, la alucinación como resultado de una irritación de diversos centros cerebrales, no contó con la aceptación de las corrientes psicodinámicas que han defendido el enfoque semántico. Esto condujo a la introducción del término «alucinosis» para referirse a todas las experiencias alucinatorias relacionadas con enfermedades neurológicas. Las alucinaciones funcionales o psicóticas regresaron al camino semántico. El hecho es que, en general se mantiene la distinción entre alucinaciones orgánicas y funcionales (psiquiátricas, psicóticas), con la consecuencia de posponer el análisis neurobiológico de las segundas. De esta forma, mientras los neurólogos continúan explorando el fenómeno de la alucinosis sin reparar en cuestiones de significado, la investigación neurobiológica ha resultado de escaso valor en la comprensión de las alucinaciones «psicóticas».

ALUCINACIONES EN PSIQUIATRÍA

Las alucinaciones en los pacientes psiquiátricos se diferencian de las pseudoalucinaciones y de las denominadas alucinaciones neurológicas, y pueden acompañarse de otros síntomas psicóticos como los delirios.

A pesar de la hipótesis de Tamburini, donde las alucinaciones psiquiátricas y orgánicas pudieran ser fenómenos equivalentes, esta separación se ha mantenido por la limitación clínica de la visión unitaria. Para el clínico las alucinaciones «verdaderas» o psiquiátricas poseen unas propiedades distintas de las alucinaciones orgánicas (alucinosis) que aparecen, por ejemplo, en las auras epilépticas, la estimulación cerebral, la intoxicación por drogas o los tumores.

Las alucinaciones aparecen en la mayoría de las denominadas psicosis funcionales y, en general, características formales como la viveza, duración, frecuencia, insight y modalidad sensorial se relacionan con distintos cuadros y tienen más valor diagnóstico que el contenido, que viene determinado por variables individuales y culturales. Sin embargo, los criterios actuales para detectar la presencia clínica de alucinaciones no están desarrollados por completo. Otras propiedades como el estado cognitivo, la conducta acompañante, el contexto de aparición o la ausencia de un estímulo externo pueden ser importantes. Desde el punto de vista teórico, este último criterio puede adquirir una importancia crucial puesto que deriva lógicamente de la mencionada definición de alucinación como una «percepción sin objeto». No obstante, quizá no sea clínicamente relevante. Por ejemplo, el criterio «objeto externo» no es esencial para el diagnóstico de las alucinaciones táctiles. Quizá hasta no sea básico para el diagnóstico de las alucinaciones visuales o auditivas en general puesto que, normalmente, los psiquiatras no comprueban la existencia del objeto alucinado en el mundo externo. El diagnóstico, generalmente, se realiza sobre la base de los síntomas acompañantes, el contexto, los antecedentes personales y la cualidad de las experiencias alucinatorias descritas. Si esto fuera así, implicaría que los aspectos «perceptuales» de la alucinación no son, después de todo, tan importantes. El valor diagnóstico de las alucinaciones es limitado puesto que, la mayor parte de las veces, son inespecíficas: cualquier tipo de alucinación puede aparecer en los diferentes cuadros psiquiátricos.

ALUCINACIONES VISUALES

Las alucinaciones visuales se asocian con los defectos de la visión y los trastornos orgánicos como tumores cerebrales, crisis convulsivas, estados inducidos por drogas, enfermedades cerebrales vasculares, infecciosas, inmunológicas y degenerativas (L’Hermitte y Ajuriaguerra, 1936). Es posible que dimensiones como la viveza, el insight, la duración, la originalidad y el contenido posean algún valor diagnóstico. Por ejemplo, las alucinaciones visuales elementales, sin forma, se asocian con la patología del lóbulo occipital, mientras que alucinaciones bien formadas y escénicas se asocian con la patología del lóbulo temporal. Ffytche ha sugerido que el contenido de la alucinación puede ser relevante para conocer la patología subyacente y, en consecuencia, ha propuesto dos síndromes en función del mismo. En el primero, los pacientes describen una gama alucinatoria que va desde líneas, puntos, flashes o colores hasta figuras extrañas y complejas, extravagantes en su aspecto, vestuario y colorido. Las alucinaciones duran segundos o minutos, no se acompañan de otros síntomas y se originan por un aumento transitorio de la actividad del córtex visual que condiciona el contenido de la alucinación; es decir, la patología primaria radica en las vías visuales o las áreas visuales superiores (el paradigma sería la enfermedad macular). En el segundo síndrome, se describen animales y figuras familiares para el enfermo, alucinaciones extracampinas y alucinaciones visuales complejas acompañadas de otras alucinaciones multisensoriales (auditivas, táctiles u olfativas) y de delirios. Pueden durar horas o días y junto a la alteración del córtex visual también se afectarían otras áreas implicadas en la formación de los delirios. En este caso, la patología radicaría en el tronco cerebral y/o el sistema colinérgico (enfermedad de Parkinson). Sin embargo, resultaría complicado clasificar gran número de trastornos alucinatorios de acuerdo con esta propuesta bien porque su patología sea incierta (psicosis) o porque compartan elementos de ambos grupos.

Algunos autores consideran que las alucinaciones visuales también son frecuentes en la esquizofrenia. En general, se acompañan de otras alucinaciones (auditivas, cenestésicas) y delirios, menor insight, nivel de conciencia normal y poseen una mayor significación personal.

EL SÍNDROME DE CHARLES BONNET

Las alucinaciones visuales son características del síndrome de Charles Bonnet, término acuñado por Morsier en 1936 en honor del filósofo suizo que describió las experiencias de su abuelo Charles Lullin, magistrado de 89 años, que durante tres meses vio imágenes de hombres, pájaros y edificios que cambiaban de silueta, tamaño y lugar, sin alteración de la conciencia y reconociendo la anomalía del fenómeno. Morsier (1967) definió el síndrome por la presencia de alucinaciones visuales en ancianos, sin deterioro cognitivo evidente y sin relación etiológica con alteraciones periféricas de la visión. Para Morsier la causa radicaba en el propio cerebro. El síndrome de Charles Bonnet se convirtió durante el siglo XIX en el paradigma de la existencia de alucinaciones visuales en sujetos sanos. En 1873, Naville describió un caso similar, pensó que las alucinaciones visuales eran compatibles con el sano juicio y propuso seis criterios para identificar estas alucinaciones:

1. Ocurren con claridad de conciencia y no engañan al sujeto.

2. Se combinan con percepciones normales.

3. Son exclusivamente visuales.

4. No se acompañan de sensaciones extrañas.

5. Aparecen y desaparecen sin causa obvia.

6. Sorprenden más que atemorizan al sujeto36.

Desde las descripciones iniciales no han dejado de suscitarse controversias alrededor del síndrome. Mientras unos lo usan para designar cualquier alucinación visual en la vejez, independientemente del cuadro clínico acompañante; otros, por el contrario, prefieren mantener unos criterios más restrictivos. En este caso, las características fundamentales del síndrome serían la presencia de alucinaciones visuales vividas, bien formadas y elaboradas en una persona con un déficit visual parcial (en la mayoría de los casos) y que conserva el insight sobre la irrealidad de lo visto. Además, no se acompaña de ningún síntoma psicótico, alteración del sensorio o del sueño, demencia, intoxicación, alteración metabólica o lesiones neurológicas focales45. Por ejemplo, en este sentido, Podoll et al han propuesto los siguientes criterios diagnósticos:

a) El síntoma fundamental sería la presencia de alucinaciones visuales en personas mayores con un nivel de conciencia normal.

b) No existen delirium, demencia, síndromes afectivo o delirante orgánicos, psicosis, intoxicación o enfermedad neurológica de las vías visuales centrales o el córtex.

c) La pérdida de la visión se debe, en la mayoría de los casos, a una enfermedad ocular, pero ésta no es obligada.

El contenido de las alucinaciones es muy diverso. Lo más frecuente es la visión de personas, pero también se han descrito imágenes de caras (distorsionadas o bien formadas), pequeñas figuras disfrazadas, animales, formas geometricas, figuras complejas y otras imágenes aumentadas o disminuidas de tamaño, en blanco y negro o, más frecuentemente, en brillantes colores. Las alucinaciones se localizan en el espacio externo, están bien definidas y organizadas,y se perciben con gran claridad, hecho que contrasta con la percepción borrosa de los objetos reales. Se han descrito también alucinaciones atípicas, divididas a su vez en atípicas sensoperceptivas y atípicas psicodinámicas. Las primeras difieren de las «típicas» en características como la duración, el movimiento, la voluntad o la coexistencia de otros sentidos (considerado un criterio de exclusión por la mayoría). Las segundas son similares a los sueños, más complejas, repetitivas, cambiantes en contenido y frecuencia, y entorpecen la actividad del sujeto.

Por lo general, las alucinaciones sobrevienen sin ningún ejercicio de la voluntad y con independencia de cualquier factor desencadenante. Sin embargo, en algunos casos su aparición puede favorecerse por diversos estímulos y situaciones como la disminución sensorial general, la fatiga, el estrés, la iluminación escasa o excesiva. Una vez que han surgido, las imágenes —estáticas o en movimiento— pueden permanecer durante pocos segundos, minutos o, incluso, horas, hasta que se desvanecen espontáneamente o tras acciones como mover o cerrar los ojos, mirar directamente a la imagen, dirigirse o conversar con ellas. El curso puede ser episódico, periódico o continuo durante meses o años. Finalmente desaparecen cuando la pérdida de la visión es total. El contenido de la alucinación determina la respuesta emocional del sujeto y puede oscilar desde el placer a la indiferencia, la curiosidad, la irritación, la angustia o el terror. Santhouse et al han descrito tres «psicosíndromes» visuales en el síndrome de Charles Bonnet que correlacionan con la arquitectura cerebral funcional. El primero consiste en alucinaciones de paisajes y pequeñas figuras disfrazadas con sombreros; el segundo, alucinaciones de caras distorsionadas con ojos y dientes prominentes; el tercero, caracterizado por palinopsia perseverante.

La etiología del síndrome es variada. La mayor parte de las veces se debe a un daño en el sistema visual (por ejemplo, la degeneración macular relacionada con la edad o el glaucoma), pero también puede ser el resultado de una patología cerebral que interrumpa las conexiones entre el ojo y el córtex occipital. Ffytche desde una perspectiva «neurofenomenológica» ha propuesto dos síndromes: uno directamente relacionado con la patología de la vía visual, y otro relacionado con la patología del tronco cerebral o las vías de neurotransmisión ascendentes. Respecto a la patogénesis se han propuesto diversas teorías. El propio Charles Bonnet propuso una explicación muy atractiva, ligada a «la zona del cerebro encargada de la visión sin que se afecten las fibras nerviosas relacionadas con el pensamiento que permanecen en su estado natural y que impiden que la mente confunda la visión con la realidad». Cogan  propuso dos mecanismos principales de aparición:

a) De liberación (destrucción de estructuras inhibitorias).

b) De irritación (excitación anómala de estructuras cerebrales).

En el primer caso, las alucinaciones son repetitivas, estereotipadas y fugaces; mientras que en el segundo, suelen ser complejas, bien formadas y continuas. Cogan mantenía que las alucinaciones visuales complejas en paciente con una alteración visual multifactorial representan fenómenos de liberación secundarios a la atenuación del input sensorial visual consecuencia de una patología en cualquier tramo de la vía visual, por lo que tienen un menor valor de localización que las de irritación. Numerosos autores sostienen que las alucinaciones en el síndrome de Charles Bonnet constituyen fenómenos de liberación. Es decir, se produciría una desinhibición o liberación de elementos visuales almacenados resultado de una desaferenciación sensorial. También se ha señalado que podría deberse a una actividad ictal de un centro irritativo central36.

ALUCINOSIS PEDUNCULAR

La alucinosis peduncular consiste en alucinaciones visuales complejas y vívidas a consecuencia de lesiones en el cerebro medio y/o el tálamo. Fue descrita por L’Hermitte en 1922, en varios casos con alucinaciones visuales floridas, sin conciencia de realidad, acompañadas de agitación y que L’Hermitte atribuyó a una lesión en el núcleo rojo y/o áreas próximas. En 1927 Van Bogaert acuñó el término «alucinosis peduncular» y confirmó la localización anatomopatológica postmortem de las lesiones por infartos en el cerebro medio. En 1936 De Morsier amplió el síndrome al incluir las lesiones del tálamo. Por tanto, la alu-ci-nosis peduncular se asocia con diversas patologías: lesiones vasculares e infecciones del cerebro medio, lesiones talámicas y pontinas, hemorragias subaracnoidea, tumores, y tras intervenciones quirúrgicas y angiografía.

Las alucinaciones son complejas, vívidas, bien formadas, generalmente afectan a la totalidad del campo visual, aunque en ocasiones se limitan a un hemicampo. A veces se acompañan de alucinaciones auditivas y táctiles. Recientemente, Bemke ha realizado una revisión del fenómeno a partir de cinco casos y concluye que la alucinosis peduncular es un síndrome constituido por las alucinaciones y otros síntomas como alteraciones oculomotoras, deficiencia de la activación cerebral, disartria y ataxia. Además, se acompaña de una grave alteración de la memoria episódica (aunque el recuerdo de las alucinaciones se mantenga intacto) con fabulaciones ocasionales, déficits en la atención y la función ejecutiva, confusión y falsas identificaciones de personas y lugares. Las alucinaciones aparecen al atardecer y por la noche, pero también pueden hacerlo durante el día, con un estado de conciencia y alerta normales. El contenido es muy variado, incluyendo figuras liliputienses, y el aspecto de las personas y lugares resulta familiar, causando un gran efecto de «realidad». Esto conlleva una reacción afectiva intensa, en la que predominan la ansiedad, el temor o el pánico, e infrecuentemente la alegría y la euforia. Algunos autores sostienen que el insight sobre estas experiencias es total y que una vez entendida la naturaleza del fenómeno su adaptación al mismo es completa. Por el contrario, otros creen que el insight es nulo y que los pacientes mantienen una convicción absoluta de que sus percepciones son reales.

Se ha sugerido que la alucinosis peduncular podría deberse a un fenómeno de liberación debido a una pérdida parcial o completa de la capacidad visual normal que desencadena las imágenes vívidas de animales, escenas o figuras geométricas. También se ha apuntado que las alucinaciones se producirían por cualquier lesión del sistema activador reticular ascendente que integra la información desde el córtex visual hasta el tálamo. Igualmente, es posible que los estados de desorientación acompañados de somnolencia reflejen la alteración de la formación reticular del tronco del encéfalo. Por último, Benke incluye la alucinosis peduncular dentro de las alucinaciones subcorticales, originadas por una pérdida del control que ejerce el tronco del encéfalo sobre el córtex, y señala dos posibles mecanismos causantes. En el primero, existiría un desequilibrio entre los sistemas colinérgico, serotoninérgico y otros sistemas de transmisión que dañarían los mecanismos que controlan los inputs desde el tronco del encéfalo al tálamo, modificando el acceso talámico y los filtros al córtex visual y otras áreas sensoriales. En el segundo, se dañaría el circuito que une el lóbulo temporal y los ganglios basales produciéndose un aumento de los inputs talámicos a las áreas visuales del lóbulo temporal.

LA ALUCINACIÓN DEL DOBLE Y OTROS FENÓMENOS AUTOSCÓPICOS

Uno de los tipos de alucinación mejor conocido es el denominado «fenómeno del doble» (también llamado autoscopia, heautoscopia, Doppelganger, etc.). La autoscopia (literalmente, verse a sí mismo) se define como la experiencia visual en la que el sujeto ve su imagen en el espacio externo (como si se reflejara en un espejo) desde su propio cuerpo. La visión puede ser breve o persistente, de toda la persona o partes de ella, con una consistencia normal o transparente y acompañada de una respuesta emocional. No obstante, poco se sabe sobre la historia natural, la presentación clínica, el significado y la etiología de esta experiencia; incluso no está claro que siempre deba considerarse una alucinación.

Este fenómeno ha sido observado desde la antigüedad. Aristóteles, en su obra Metereológica, ya contó el caso de un hombre que cada vez que salía a pasear veía persistentemente su propia imagen caminando hacia él. La consideración del fenómeno como anormal o patológico depende de las creencias culturales sobre los límites del self y la posibilidad de ver la propia imagen. Así, esta experiencia se encuentra en la mitología de la muerte y la resurrección de algunas tribus asiáticas y entre los aborígenes australianos. En la cultura occidental las modas y creencias seculares han tenido su importancia ya que en el folclore europeo las experiencias autoscópicas se consideraban el presagio de una muerte inminente. En la literatura romántica del siglo XIX existen descripciones de la autoscopia y experiencias afines en las obras de Jean Paul Richter (Hesperus), Gabriele d’Annunzio (Notturno), Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), Guy de Maupassant (El Horla), Edgar Allan Poe (William Wilson) y Fedor Dostoievski (El doble). Otros escritores como Alfred de Musset, Robert Stevenson, Gérard de Nerval, James Hogg o los propios Maupassant y Poe sufrieron experiencias alucinatorias del doble. En el siglo XIX el síntoma era bien conocido y se le denominó de diversos modos:  Brierre de Boismont lo llamó deuteroscopie; Jean Paul Richter empleó el término doppelganger para referirse a la «bilocación»; autoscopia (Féré; Lemaitre; Sollier) se utilizó a principio del siglo XX pero, al no señalar correctamente la percepción del sujeto por sí mismo, fue reemplazado por heautoscopia (Menninger-Lerchenthal; L’Hermitte; Hécaen y Ajuriaguerra). Los términos hallucination spéculaire (Féré) y Spiegelphantom (Conrad) no cuajaron porque no señalaban la percepción del sujeto por sí mismo. Dening y Berrios consideran más apropiado reservar el término autoscopia para las alteraciones de la percepción visual en las que los sujetos ven su propia imagen en el espacio externo desde su propio cuerpo físico.

Los fenómenos autoscópicos se han descrito en enfermedades neurológicas como la epilepsia, la migraña, los tumores, los infartos, los traumatismos craneoencefálicos y las infecciones y en cuadros psiquiátricos como la esquizofrenia, la depresión, la ansiedad, la despersonalización, los estados disociativos y los síndromes de falsa identificación.

Se ha apuntado que la autoscopia podría surgir de la convergencia de diversas variables, como el sexo, los rasgos de personalidad, la enfermedad psiquiátrica y/o neurológica, los estados disociativos y el agotamiento cuya interacción podría superar la inhibición normal de la actividad del lóbulo temporal.

El grupo de Brugger ha propuesto una clasificación de los fenómenos autoscópicos que incluye seis tipos:

1. Sensación de presencia: en este fenómeno el «doble fantasma somatestésico» es «sentido» pero no visto (similar al fenómeno del miembro fantasma). También se conoce con los nombres de Anwesenheit, conciencia próxima falsa, y doppelgänger somestésico.

2. Alucinación autoscópica: sería la alucinación visual del doble propiamente dicha. Es decir, el doble sería sólo visto desde el propio cuerpo, careciendo de cualquier componente somatestésico. Originalmente se llamaron «alucinaciones especulares».

3. Heautoscopia o doble fantasma visual y somatestésico: implica la existencia de dos selves (observador y observado), aunque recientemente se ha descrito la heautoscopia poliópica donde se experimenta la existencia de múltiples dobles. También se ha llamado autoalucinación y alucinación del self. En este caso los aspectos visuales no son predominantes y el doble, percibido también desde el propio cuerpo es descrito como pálido, nebuloso, transparente o fantasmal. Lo más relevante es la sensación de afinidad psicológica hacia el segundo self, «sentido» y reconocido físicamente como «mi otro yo», incluso cuando las características visuales no se correspondan con las propias (heautoscopia disimilar).

4. La experiencia fuera del cuerpo. Este término, proveniente de la para-psicología, sustituyó a expresiones previas del mundo de los fenómenos para-normales como «proyección astral», «experiencia ectosomática» o «exteriorización de la sensibilidad» y se relacionó con estados como la «bilocación» (la pretendida capacidad de algunas personas de estar en dos sitios al mismo tiempo), los «cuerpos astrales» (el cuerpo hipotéticamente constituido por una «materia ligera») o las experiencias próximas a la muerte. En la literatura médico-psicológica se han usado otras expresiones como «pseudoautoscopia», «excursión del ego», «síndrome de la experiencia flotante», «alucinaciones de dualidad física» y «escisión visuo-vestibular de la imagen corporal somatosensorial». El fenómeno consiste en la percepción de uno mismo desde el exterior, es decir, desde una perspectiva visio-espacial parasomática a diferencia de otros fenómenos autoscópicos que se experimentan dentro de los límites corporales y el doble se percibe desde una perspectiva visio-espacial física. En la experiencia fuera del cuerpo raramente se usa el término «doble», y la característica principal consiste en el aparente alejamiento de la conciencia del propio cuerpo, que es visto o «experimentado» en otro punto espacial. Recientemente, se ha explicado como una deficiente integración de los aspectos visuales, propioceptivos y táctiles de la conciencia corporal con la información relativa al espacio personal y extrapersonal.

5. Heautoscopia negativa: en este caso el sujeto no se ve a sí mismo cuando su imagen se refleja en un espejo. En la mayoría de los casos, se acompaña de aschématie o pérdida de la conciencia del propio cuerpo. Algunos autores han propuesto sustituir el término por el de «asomatoscopia». Guy de Maupassant describió este fenómeno en El Horla y E. T. A. Hoffman en sus Cuentos fantásticos.

6. En la heautoscopia interna los órganos internos son alucinados visualmente en el espacio extracorporal. Este infrecuente fenómeno, también llamado «autorepresentación orgánica», fue descrito por diversos autores franceses de principios del siglo XX.

Desde la neurología, los fenómenos autoscópicos se han relacionado con el fallo en la integración de la información propioceptiva, táctil y visual respecto al propio cuerpo (desintegración multisensorial en el espacio personal) junto a una disfunción vestibular que provoca una desintegración adicional entre los espacios personal (vestibular) y extrapersonal (visual). Estas desintegraciones (personal; personal-extrapersonal) se deben a una «disfunción cerebral paroxística» en la intersección temporo-parietal. Por otra parte, se ha propuesto que estas experiencias y el fenómeno del miembro fantasma se relacionan con la representación central del self corporal y sugieren que el concepto de «neuromatrix» o «neuromatriz»* podría ayudar a explicarlos. En concreto, se produciría una «disociación de la neuromatriz» consistente en una disociación temporal entre los componentes visuales y somestésicos del neuromatrix o entre los distintos subcomponentes del campo somatestésico (por ejemplo, entre las impresiones táctiles y cenestésicas).

* Melzack postula que en el sistema nervioso central existe una representación de la imagen corporal o «neuromatriz» donde se modulan actividades corticales (afectivas y cognitivas) junto a aferencias somatosensoriales, viscerales, nociceptivas, autonómicas, inmunológicas y endocrinas generando la percepción del dolor. La neuromatriz es una red neuronal que recibe impulsos y genera una «neurofirma» («neurosignature») o impresión única para cada persona. Existirían tres vías involucradas: la primera es sensitiva y pasa del tálamo a la corteza somato-sensorial, la segunda va desde la formación reticular al sistema límbico y la tercera implica al lóbulo parietal donde se genera la percepción del «self».

ALUCINACIONES LILIPUTIENSES

Estas alucinaciones visuales complejas fueron descritas por Leuret en 1834 en el contexto de experiencias místicas. En 1847, Sauvet usó el término «liliputiense» para referirse a la visión de seres pequeños que él mismo experimentó tras la intoxicación voluntaria por inhalación de éter. Consisten en la visión de «gente pequeña, hombres o mujeres de altura diminuta, que pueden acompañarse de pequeños animales y objetos proporcionados en tamaño». Las alucinaciones suelen ser múltiples y las personas se mueven y visten ropas coloreadas. En ocasiones representan un teatro de pequeñas marionetas con escenas en miniatura y el paciente oye a esas personas hablar en un «tono liliputiense». Leroy señaló que a diferencia de otras alucinaciones visuales, las liliputienses se acompañan de un estado de ánimo placentero y el paciente asiste divertido a la representación de este mundo en miniatura. Este tipo de alucinaciones tiene poco valor diagnóstico y se han descrito principalmente en el alcoholismo y en otras intoxicaciones como cocaína, hachís, atropina, cloral y éter; en infecciones y tumores cerebrales, lesiones vasculares, demencia, epilepsia y estados hipnagógicos. En psiquiatría se han descrito en la esquizofrenia y estados disociativos.

ALUCINACIONES HIPNAGÓGICAS E HIPNOPÓMPICAS

Las alucinaciones hipnagógicas consisten en experiencias perceptuales vívidas que ocurren al inicio del sueño, mientras que las hipnopómpicas suceden al despertar del mismo. Para Hamilton, las alucinaciones hipnopómpicas, sensu stricto, son las que, procedentes del sueño, se mantienen cuando se abren los ojos. La primera descripción sistemática de estos fenómenos la realizó Baillarger en 1846 que los consideró alucinaciones psicosensoriales. El término «hipnagógico» —de hyno (sueño) y agogos (inducido)—, lo introdujo Maury en 1848 para designar las ilusiones que él mismo experimentaba en la somnolencia, antes del sueño; mientras que el término «hipnopómpico» lo utilizó por primera vez Myer en 1918 para describir estos fenómenos durante la transición entre el sueño y la vigilia. Las alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas son características, y relativamente frecuentes, en la narcolepsia, aunque también pueden presentarse en sujetos normales por lo que, en ocasiones, se les ha denominado alucinaciones fisiológicas, y en otros trastornos psíquicos como la depresión, los estados de ansiedad, la psicosis y las intoxicaciones. En general se caracterizan por la percepción de imágenes (más raramente sonidos) que se imponen en la conciencia sin la voluntad del sujeto aunque éste reconoce la anomalía del fenómeno, bien al mismo tiempo de experimentarlas o, con más frecuencia, cuando recupera el estado de vigilia normal. La duración oscila desde pocos segundos hasta quince minutos, dependiendo de la persistencia de la somnolencia. La fiebre o la visión escasa pueden desencadenar las alucinaciones en sujetos predispuestos. El contenido de las alucinaciones es llamativo: suelen ser puntos luminosos o formas de colores vívidos que se transforman en figuras o imágenes complejas como figuras humanas, caras, animales o paisajes de gran belleza o adoptar desde el principio formas complejas. Las imágenes pueden ser estáticas o móviles y la viveza y riqueza de la experiencia superan cualquier fenómeno real. A diferencia de lo que ocurre en el sueño profundo, el sujeto observa la acción como un espectador sin que exista una trama en la que se vea directamente implicado. La respuesta emocional a las imágenes puede ser neutra, placentera, fascinante o terrorífica.

ALUCINACIONES MUSICALES

Las alucinaciones musicales son poco frecuentes y se encuentran en la encrucijada de la práctica otológica, neurológica y psiquiátrica. Al ser tan infrecuentes no existe una teoría comunmente aceptada sobre su valor diagnóstico, clasificación y mecanismos patofisiológicos. Por lo general, hacen referencia a la audición de canciones o melodías, aunque ciertos autores consideran esta definición restrictiva ya que la música también incluye armonías, ritmo y timbres. Esta distinción es importante puesto que si las alucinaciones musicales se relacionan causalmente con determinadas localizaciones cerebrales es esencial saber si el procesamiento de la información relacionada con la melodía, la armonía, el ritmo o el timbre se verifica en un locus cerebral común. Asimismo, es más probable que un músico describa como «música» experiencias alucinatorias más complejas que una persona sin formación musical; por tanto, la comunicación de alucinaciones musicales estará influida por los conocimientos musicales del paciente. Este hecho también influiría en la localización de la lesión cerebral porque la representación de la información musical cambia del hemisferio no dominante al dominante con el aprendizaje musical.

La historia de las alucinaciones musicales comienza en la década de 1880. Aunque autores como Esquirol, Baillarger o Griesinger habían descrito casos de pacientes sordos que oían voces o música, los psiquiatras se han interesado menos por estos fenómenos que los otorrinos. Por ejemplo, Erhard situó varias localizaciones de estas «sensaciones auditivas subjetivas»: la sensación de ritmo o pulsaciones en la carótida interna; los murmullos en el vestíbulo; las canciones o la música, en la coclea; y los tinnitus en el nervio acústico. Para Régis, las alucinaciones musicales son el resultado de cambios positivos y negativos en las vías sensoriales: los primeros (por ejemplo, tinnitus) daban lugar a un ruido que servía de punto donde cristalizaría la alucinación musical; los cambios negativos (por ejemplo, la sordera) contribuían a crear un estado de desaferenciación. Régis se vio obligado a introducir otras variables como la edad o los rasgos de personalidad para explicar por qué estas alucinaciones son tan infrecuentes, a pesar de que la sordera y los acúfenos son tan comunes. Durante este mismo periodo se propusieron hipótesis orgánicas y psicológicas para explicar el origen de tales alucinaciones. Por ejemplo, las alucinaciones musicales unilaterales se consideraban de etiología orgánica (periférica), aunque la lesión periférica no pudiera explicar por sí misma la lateralidad de la alucinación y se sugiriera la existencia, además, de una lesión cortical. Para Régis la presencia de insight serviría para distinguir las alucinaciones musicales orgánicas de las psicóticas (funcionales). Así, por ejemplo, Claude y Ey describieron el denominado «síndrome de la alucinosis orgánica» —en el cual incluían a las alucinaciones musicales— y que no está relacionado con las alucinaciones psicóticas. En la actualidad se sigue debatiendo sobre el origen exclusivamente otológico o si, también, podrían aparecer como consecuencia de patología neurológica.

En la historia de la música se conocen varios ejemplos de compositores que padecieron alucinaciones musicales. El checo Smetana, que probablemente padeciera neurosífilis meningovascular, experimentaba de forma persistente la audición de una nota musical de tonalidad alta que incluyó en su Cuarteto de cuerda. El caso más conocido es el del compositor Robert Schumann, que durante años padeció alucinaciones musicales, desde notas aisladas hasta acordes y melodías, que se plasmaron en obras como la Kreisleriana, el Concierto para violín o la Sinfonía Primavera.

Saba y Keshavan señalan que las alucinaciones musicales son un fenómeno variable y complejo, y recogen tres mecanismos causales:

1. Por «irritación neuronal» (fenómeno excitatorio).

2. Por «liberación perceptual» (fenómeno de liberación).

3. Por «recuerdos musicales parásitos», es decir, algunos recuerdos (por ejemplo una canción) nunca son «desaprendidos», manteniendo, por tanto, una presencia fija y autónoma en la memoria de tal forma que se vuelven a experimentar periódicamente.

Las alucinaciones musicales se han descrito en distintas situaciones clínicas: pérdida de la capacidad auditiva; lesiones cerebrales, desde procesos ocupantes de espacio hasta epilepsia; procesos vasculares y encefalitis; consumo de sustancias psicoactivas y trastornos psiquiátricos.

Dependiendo de la etiología la experiencia alucinatoria puede variar en algunos aspectos como la forma de comienzo (aguda o insidiosa), la familiaridad de lo escuchado, el tipo (instrumental, vocal o ambos) y género musical, el origen de lo percibido (dentro o fuera de la cabeza), la localización (derecha, izquierda o bilateral), la presentación como único síntoma o acompañado de otra alteración de la sensopercepción u otra sintomatología psiquiátrica, la vivencia (agradable, desagradable o neutra) y el grado de insight.

Para Berrios, las alucinaciones musicales son más frecuentes en la mujer, durante la vejez, siendo la sordera y las lesiones cerebrales sus causas más habituales. Suelen ser persistentes y continuas, aunque pueden fragmentarse y ser retenidas como un disco rayado. La forma más frecuente de alucinaciones son las canciones bien a capela o por instrumentos, siendo muy común la música religiosa o los himnos patrióticos.

Respecto a las características específicas de la alucinación, en la patología del oído las alucinaciones suelen ser de instauración progresiva y acompañarse de otra forma simple de alucinación acústica. Las debidas a un proceso cerebral se instauran de forma brusca, no se acompañan de otro tipo de alucinaciones y se mantiene el insight sobre la experiencia. Además, parece que afectan más al hemisferio no dominante. Esto último es de suma importancia ya que sugiere que el hemisferio no dominante juega un papel importante en la aparición de los fenómenos musicales en pacientes con lesiones cerebrales por tumores, accidentes vasculares o focos epilépticos. Este hallazgo concuerda con los conocimientos que se tienen de la relación de la música y el cerebro. Asimismo sugiere una disociación entre las alucinaciones musicales y los mecanismos relacionados con las alucinaciones verbales en la esquizofrenia que se asocian con el hemisferio dominante. Por último, las alucinaciones musicales que aparecen en los trastornos psiquiátricos, más frecuentemente descritas en la depresión, pueden acompañarse de otras alucinaciones auditivas, visuales y táctiles y no suele existir insight sobre ellas.

ALUCINACIONES TÁCTILES

En la psiquiatría actual, la psicopatología del tacto ha quedado subordinada a otros síntomas y apenas posee interés diagnóstico. Esto refleja tanto su singularidad como la dificultad conceptual implícita en su definición. Desde los griegos el tacto ha sido un «quinto sentido reluctante». Aristóteles lo consideraba un «sistema perceptual primitivo», distinguiéndolo de los sentidos «distales». Este enfoque se mantuvo hasta el siglo XVII cuando los empiristas británicos formularon otra epistemología del tacto. Así, Locke se opuso a la filosofía cartesiana según la cual la «extensión» constituye la esencia de la substancia material, manteniendo que, además de la «substancia extensa», todos los cuerpos poseen la cualidad fundamental de la «solidez». La información corporal que apoya el concepto de «solidez» proviene de los «sentimientos de resistencia» y las «sensaciones motoras». Esta idea la recogió Armstrong al señalar que el término «sentir» tiene al menos dos formas de percepción sensorial: la «percepción por el tacto» y la «percepción de nuestro propio estado corporal». Weber introdujo esta distinción en psicología con los conceptos de «tacto» y «sensibilidad común» (ver infra).

En autores clásicos, como Darwin, Esquirol y Sigmond, se encuentran descripciones de «picores imaginarios». Griesinger realizó la observación fundamental de que en la psicopatología del tacto no es posible distinguir las alucinaciones de las ilusiones, más bien todos los fenómenos se deben considerar ilusiones puesto que la alteración específica consiste en una interpretación falsa de determinadas sensaciones.

En este tipo de alucinaciones táctiles, también llamadas hápticas, los pacientes se sienten tocados, pellizcados, o describen sensaciones de calor, frío, picores, calambres, etc. Estos fenómenos pueden presentarse aislados o formar parte de un sistema delirante. La descripción clásica de alucinaciones táctiles aparece en la intoxicación cocaínica (Magnan y Saury, Clerambault) y por belladona (Moreau de Tours) y en ellas los pacientes tienen la sensación de que numerosos insectos se mueven debajo de la piel. Para denominar estos fenómenos se acuñaron los términos psora-imaginaria y formicación.

ALUCINACIONES CENESTÉSICAS

Conciernen a la experiencia del interior del cuerpo, es decir, a la sensibilidad profunda. El concepto francés de cenestopatía refleja la distinción conceptual alemana previa entre sentidos de la piel (Tastsinn) y sensibilidad común (Gemeingefuhl). Esta última se refiere a todas las sensaciones corporales que persisten una vez que se separan todas aquellas asociadas a la piel (es decir, tacto, temperatura, presión y localización). Así, se incluyen el dolor y las sensaciones «sin objeto» como bienestar, placer, fatiga, hambre, náusea, escalofrío, sensación muscular, etc. Este grupo de sensaciones también se llamó coenestesia y algunos lo han considerado la base de un «sentido de la existencia». Para explicar esta sensación corporal de «unidad» se han propuesto dos teorías: el asociacionismo mantenía que la cenestesia resultaba de la suma de sensaciones propioceptivas e interoceptivas; por su parte, la psicología de las facultades postulaba la existencia de una hipotética función o centro cerebral en el que convergen las sensaciones. Este mecanismo también sentaba la base para el desarrollo del concepto de «esquema corporal». Sin embargo, poco después de su irrupción, el territorio funcional de la cenestesia se desgastó al separarse, y estudiarse de forma independiente, sensaciones como el hambre, la sed o el placer sexual. A la postre, sólo quedaron sensaciones comunes a varios órganos como la presión profunda, el dolor o sensaciones no analizables como el cosquilleo, el estremecimiento o los escalofríos.

En este momento histórico Dupré introduce el término cenestopatía en la psiquiatría francesa como «la alteración local de la sensibilidad común en la esfera de la sensación general que se corresponde con la alucinosis en la esfera del sensorium». Para Dupré, el concepto de cenestopatía incluye un amplio abanico de quejas somáticas que resultan de una alteración combinada de la imaginación y la emoción. Se reconocieron dos grandes grupos de cenestopatías – «dolorosas» y «paraestésicas», y cada una se dividió en cefálica, torácica y abdominal. Los pacientes del primer grupo sentían sus órganos «estirados, desgarrados, retorcidos» y los del segundo experimentaban picores, hiperestesias, parestesias, etc. El síndrome nunca fue aceptado por la psiquiatría anglosajona, que recalificó estos síntomas como hipocondriasis, neurastenia o dismorfofobia. En la propia Francia, algunas cenestopatías, como la topalgia o cenestopatía cefálica, fueron posteriormente clasificadas como «distonías neurovegetativas» o síndromes psicosomáticos. Otros autores estudiaron los mismos fenómenos como «trastornos del esquema corporal», «trastornos subjetivos de la sensibilidad» o «psiconeurosis». Por último, otras entidades como la alucinosis táctil crónica o la parasitosis delirante se elevaron a categorías casi independientes. La parasitosis delirante consiste en un fenómeno clínico complejo en el que los pacientes, conservando un estado normal de conciencia, se quejan de estar infestados de insectos o parásitos. En ocasiones se acompaña de alucinaciones visuales que complican el cuadro clínico. Desde las primeras descripciones en el siglo XIX, conocido con términos como «acarofobia», «parasitofobia», se mantiene la controversia de si el trastorno primario es un delirio o una alucinación.

ALUCINACIONES OLFATIVAS

Las alucinaciones olfativas se han considerado poco frecuentes y de escaso interés clínico y, en consecuencia, los tratados de psicopatología y psiquiatría apenas se han ocupado de ellas. Por ejemplo, Ey en su Traité des hallucinations les dedica escasamente 16 páginas de las 1543 totales. Esto puede reflejar su poca importancia clínica y estadística pero también la confusión que existe sobre su status conceptual.

Las descripciones de olores imaginarios se encuentran en pasajes bíblicos y en manuscritos médicos egipcios. Areteo de Capadocia las menciona como signos de las auras epilépticas. Robert Burton en la Anatomía de la melancolía de 1621 las incluye en los «Signos de melancolía en el cuerpo». Durante el siglo XIX fueron descritas por Baillager, en un estado alucinatorio hipnagógico como «olores singulares» asociados a alucinaciones auditivas, visuales, gustativas y cenestésicas. Esquirol les concede la misma importancia y frecuencia que al resto de las alteraciones de la percepción y cita varios casos de delirio de persecución con predominio de alucinaciones olfativas desagradables. Para Régis, sin embargo, son raras, las menos frecuentes de todas las manifestaciones psicosensoriales; «son también las menos claras y las menos perfectas (…) y se observan, sobre todo, en las psicosis sistematizadas y en las psicosis hipocondriacas». Otros autores, como Baillarger, Marcé, Brièrre de Boismont o Griesinger, señalan que son casi constantes en el comienzo de las psicosis, en el estado predelirante, antes de que el sujeto se vea invadido por la psicosis. El propio Baillarger realiza la interesante observación de que las alucinaciones olfativas, al igual que las táctiles y gustativas, son difíciles de distinguir de las ilusiones olfativas. Posteriormente otros autores, como Bullen y Griesinger, sostuvieron la misma opinión y señalaron que esta dificultad también sucede, en mayor medida, con las alucinaciones táctiles y gustativas. Este debate continuó en el siglo XX. Por ejemplo, Mayer Gross sostenía que era esencial mantener la existencia de las alucinaciones olfativas como alucinaciones genuinas. Por el contrario, Bleuler, Conrad y Bumke defendían que en el caso de las alucinaciones olfativas y gustativas nunca se podía descartar la existencia de una percepción genuina puesto que estos sentidos siempre se encuentran bajo la influencia de un estímulo sensorial.

Clasificación de las alucinaciones olfativas

En 1892, Savage estableció las principales características y tipos de alucinaciones olfativas, que pueden aparecer tanto en estados patológicos como en estados de normalidad psíquica. Las alucinaciones olfativas son menos frecuentes que las de otros sentidos y pueden ser simples y aisladas o asociadas a otras alucinaciones, lo más frecuente a las gustativas y táctiles. Asimismo, pueden ser primarias, y de ellas surgir otros síntomas, o secundarias, generalmente desarrolladas a partir de un delirio; y constantes o esporádicas. Respecto al contenido pueden ser agradables —lo más frecuente— o desagradables y su origen puede deberse a una patología del sistema nervioso central o de los órganos sensoriales.

Ey clasifica las alucinaciones olfativas según su contenido en: agradables (perfumes, olores de esencias o de flores, sensaciones deliciosas o voluptuosas captadas en una atmósfera exquisita), desagradables o nauseabundas (olores de gas, azufre, sustancias químicas, pestilentes), de carácter neutro (olores insólitos o persistentes de vinagre, vapores, de estación de metro o de sopa de cebolla), y de carácter indefinible (olores «jamás sentidos», misteriosos, inefables, con una carga emocional de angustia o voluptuosidad). Además, según la repercusión que tienen sobre el paciente las clasifica: de carácter peligroso o agresivo, erótico, repulsivo (putrefacción orgánica: olores fecales, cadáver, gangrena) y místico. Según la localización pueden ser: externas y alucinaciones auto-olfativas, en las que la fuente del olor es el propio sujeto. Según su naturaleza, Ey las clasifica en:

1. Eidolias olfativas: tienen una estructura eidolo-alucinósica; es decir, son fenómenos olfativos parciales, sin elaboración delirante, que se observan en procesos neurológicos. A su vez pueden ser: phantéidolies que se encuentran en las crisis uncinadas de Jackson debidas a lesiones temporo-esfenoidales (dreamy state), se acompañan de síntomas vegetativos y alteraciones sensoro-motoras o sensoriales, son de intensidad, pueden ser muy violentas y la duración suele ser breve; y proteidolias, alucinaciones elementales, infrecuentes que se pueden confundir con los dreamy status.

2. Alucinaciones olfativas delirantes.

En general, durante los siglos XIX y XX las alucinaciones olfativas se describieron en cuatro cuadros clínicos: las psicosis, los cuadros orgánicos y tóxicos, los estados neuróticos y en el delirio olfativo (délire de base olfactif) y el síndrome de referencia olfativo.

Alucinaciones olfativas en los síndromes orgánicos y tóxicos

Las alucinaciones olfativas en los cuadros orgánicos se han descrito, fundamentalmente, en la epilepsia, los tumores cerebrales y los traumatismos craneoencefálicos. Hughlings Jackson señaló su presencia en el aura de las crisis uncinadas, secundarias a la patología del lóbulo temporo-esfenoidal, acompañadas la mayor parte de las veces de un cortejo sintomático que incluía fenómenos vegetativos, sensorio-motores y sensoriales, así como un estado crepuscular, onírico («aura intelectual» o dreamy state) caracterizado por la presencia de sensaciones de irrealidad, extrañamiento y despersonalización junto a recuerdos vagos e imprecisos («reminiscencias») y fenómenos de déjà vu y déjà vécu. En algunos casos las alucinaciones olfativas se acompañan de otras alucinaciones, generalmente gustativas . Estos fenómenos olfativos en el aura de la epilepsia temporal los había descrito con anterioridad Herpin en Francia y, posteriormente, se han realizado numerosas referencias a su presencia en la patología del lóbulo temporal, así como en la estimulación eléctrica cerebral.

Las alucinaciones olfativas que aparecen en la epilepsia —primaria o secundaria a la patología del lóbulo temporal— suelen ser fenómenos elementales, aislados y sin significación precisa. Por lo general son breves, de apenas unos segundos de duración, aunque se han descrito casos en los que las alucinaciones han persistido durante horas y que se ha llamado «estado de mal alucinatorio».

Las alucinaciones olfativas también se han descrito en el aura de la crisis de migraña, el alcoholismo, la intoxicación por mescalina, LSD y otros alucinógenos y efedrina.

En algunas enfermedades degenerativas cerebrales, como la enfermedad de Alzheimer la enfermedad de Parkinson y la corea de Huntington, se han descrito alteraciones en la percepción olfativa independientemente de la presencia de alucinaciones olfativas.

En el síndrome de Korsakoff alcohólico existe, asimismo, una alteración en la detección e identificación olfativa que no se da en el Korsakoff no alcohólico y que no se explica exclusivamente por la pérdida de memoria a corto plazo o el deterioro intelectual. Por último, también se han descrito alteraciones en la memoria olfativa en la corea de Huntington sin que existan déficits visuales o auditivos, en el síndrome de Down y en las lesiones del lóbulo orbitofrontal.

Alucinaciones olfativas en psiquiatría

Las alucinaciones olfativas se han descrito en diversos cuadros psiquiátricos. Algunos autores han intentado diferenciar las características de las alucinaciones de origen psíquico de las de causa orgánica. Así, por ejemplo, Paillas et al consideran que las primeras tienen una tonalidad afectiva desagradable acompañadas de fenómenos de extrañamiento, sensaciones de presencia y modificaciones cenestésicas, todo ello junto a una elaboración delirante. Descritas fundamentalmente por la psiquiatría francesa en las psicosis alucinatorias crónicas, delirios de influencia, esquizofrenia, bouffées delirantes y melancolía. En la psiquiatría anglosajona todas las psicosis se han englobado dentro del concepto amplio de esquizofrenia con la salvedad del denominado síndrome de referencia olfativo que será tratado aparte. No obstante, hay que tener en cuenta que en los trabajos se utilizan criterios diagnósticos diferentes correspondientes a momentos históricos distintos.

Psicosis alucinatoria crónica

Para algunos autores las alucinaciones olfativas son frecuentes en esta psicosis. Alliez y Noseda en una muestra de  pacientes con alucinaciones olfativas,  serían psicosis alucinatorias crónicas, teniendo, en general, un carácter desagradable y se asocian a un delirio, más o menos rico y a otras alucinaciones, fundamentalmente auditivas, cenestésicas y, sobre todo, gustativas. Aunque de forma excepcional, es posible que en algunos casos las alucinaciones olfativas adquieran una nueva presentación: son menos frecuentes, tienen un contenido agradable y desaparece la convicción delirante con una crítica, al menos parcial, de las ideas anteriores y, por tanto, con conciencia de la irrealidad del fenómeno; es decir, pasan de alucinaciones a alucinosis, en el sentido francés del término. Para Paillas et al, las alucinaciones olfativas en las psicosis alucinatorias crónicas tienen un carácter menos autónomo al asociarse constantemente con sensaciones de extrañamiento o ideas de influencia, junto con otras alucinaciones generalmente cenestésicas. Asimismo, los fenómenos olfativos se componen de una combinación de ilusiones y alucinaciones y se integran con los delirios para constituir un sistema delirante.

Esquizofrenia

Las alucinaciones olfativas pueden aparecer, fundamentalmente al inicio del cuadro en los diferentes tipos de esquizofrenia. El contenido suele ser desagradable, la localización externa o interna (como olores desagradables provenientes del propio cuerpo), y se asocian a otras alucinaciones, verbales y cenestésicas, y a fenómenos de despersonalización. De este modo, el sujeto adquiere una percepción nueva tanto del mundo externo como de su propio cuerpo.

Para la mayoría de los autores las alucinaciones olfativas son infrecuentes en la esquizofrenia. Sin embargo, Bromberg y Schilder apuntan en una revisión de 40 casos con alucinaciones olfativas la esquizofrenia como el diagnóstico más frecuente seguido del alcoholismo, y Rubert y cols. , siguiendo a autores como Sigmond (que las consideraba frecuentes), señalan que aparecen en el 83% de los esquizofrénicos, siendo más frecuentes (93%) en los crónicos. Estudios posteriores han dado unas cifras más bajas, coincidentes con la opinión de autores clásicos —como Griesinger y Bleuler—que las estimaban poco frecuentes.

La capacidad para la identificación olfativa también se ha estudiado en la esquizofrenia y en general se ha concluido que existe una disminución en la misma, aunque no está claramente establecida la relación entre esta disfunción y los parámetros clínicos, cognitivos y biológicos. Se ha señalado la existencia de una asociación con la mayor duración de la enfermedad, aumento de síntomas negativos y desorganizados y mayor síndrome deficitario. Mediante neuroimagen se ha comprobado la existencia de anomalías en el lóbulo temporal medial (hipocampo y amígdala). El grupo de Kopala sostiene que en la esquizofrenia existe una agnosia olfativa, es decir, una incapacidad para reconocer los olores sin que exista una alteración de la agudeza olfativa (anosmia). Por ello, sugieren que existe una patología cortical y señalan que en el síndrome de Korsakoff y las lesiones de la corteza orbitofrontal sucede la misma agnosia olfativa.

Síndrome de referencia olfativo

La existencia de alucinaciones olfativas primarias que desembocan en un estado delirante crónico secundario que pasa a ocupar el primer plano del cuadro clínico ha sido sugerida por diversos autores desde comienzos del siglo XX. Por ejemplo, la psiquiatría francesa denominó délire a báse olfactive al síndrome constituido predominantemente por alucinaciones olfativas primarias que conducen a un delirio, generalmente de referencia o persecución, basado casi exclusivamente en ellas. Posteriormente otros autores como Porot y cols., Martimor y cols., Alliez y Roger o Durand insisten en este cuadro clínico que consideran poco frecuente pero con unas características formales y clínicas distintas a la esquizofrenia y otras psicosis crónicas. Para Alliez el délire à bâse olfactive es una entidad rara, en la que las alucinaciones olfativas suelen ser únicas, de carácter lábil, de mal olor corporal, y producen una reacción hipocondríaca y depresiva que lleva al aislamiento del paciente. El síndrome tiene un buen pronóstico y podría explicarse por una lesión en el lóbulo temporal. Las alucinaciones olfativas en psicosis no esquizofrénicas han sido descritas asociadas a alucinaciones cenestésicas en el delirio de influencia.

De forma parecida, en Alemania, Popella y Greger describen dos casos de lo que creen una nueva categoría diagnóstica, las «alucinaciones olfativas monosintomáticas» (no esquizofrénicas), que relacionan con las aportaciones previas de otros autores como la Uberwertigkeits-wahnpsychose de Birnbaum, la paranoia hipocondriaca (hypochondrische Paranoia) de Reichardt y la alucinosis monosintomática (monosymptomatische Geruchshalluzinose) de Mayer-Gross.

Videbech describe extensamente cinco casos de lo que denomina «síndrome olfativo paranoide crónico», una forma especial de desarrollo sensitivo de la personalidad caracterizado por ideas paranoides de desprender mal olor corporal, aunque no todos los casos se acompañan de alucinaciones olfativas. La relación interpersonal está marcada por una intensa reacción fóbica ya que el paciente interpreta todos los actos, verbales y extraverbales, de los demás como alusiones al mal olor. El curso suele ser crónico lo que conduce de forma inevitable a un marcado retraimiento y aislamiento social. También es característico del síndrome el alivio que sienten los pacientes y la mejoría de los síntomas cuando se encuentran a solas o dentro de su círculo familiar. La personalidad previa se caracteriza por la existencia de unos rasgos sensitivos, perfeccionistas y obsesivos, junto a unos marcados sentimientos de inferioridad.

Con estos antecedentes, Pryse-Phillips identificó los síndromes clínicos en los que aparecen alucinaciones olfativas: esquizofrenia, depresión, epilepsia focal y el denominado «síndrome de referencia olfativo». Para Pryse-Phillips, las alucinaciones olfativas pueden ser intrínsecas, en las que el paciente percibe el olor emanando de su propio cuerpo, y extrínsecas, cuando se localizan en el espacio externo. La reacción del paciente a las alucinaciones puede ser «mínima», «razonable» y de «contrición». Esta última se refiere a la reacción sensitiva de culpa y vergüenza que siente el paciente cuando está convencido de que su cuerpo apesta y que, por tanto, es objeto permanente de rechazo por los demás. En este sentido, la psiquiatría japonesa ha identificado el síndrome delirante olfativo con el taijin-kyofu-sho («ansiedad social»), una categoría similar a la fobia social con la diferencia de que en la primera los pacientes temen molestar o perturbar a los demás con el mal olor supuestamente despedido.

El «síndrome de referencia olfativo» es más frecuente en varones jóvenes y se caracteriza por la presencia de alucinaciones olfativas intrínsecas y desagradables, que aparecen en el primer plano del cuadro clínico y producen una reacción de vergüenza, culpa y malestar. No suele acompañarse de otros síntomas salvo algunos de la esfera depresiva, que son siempre secundarios («reactivos») a la aparición de las alucinaciones, o ideas de referencia sensitiva y delirios secundarios poco sistematizados cuando el paciente está en compañía de otras personas. El sentimiento de vergüenza por el olor corporal desprendido lleva al paciente a evitar las relaciones sociales aunque el funcionamiento laboral no se ve afectado ni existen otros síntomas que sugieran un proceso esquizofrénico. Pryse-Phillips asegura que el síndrome de referencia olfativo puede incluirse en el delirio sensitivo de referencia descrito en 1918 por Kretschmer, siempre que la experiencia del mal olor corporal se considere la «experiencia fundamental» que lleva a la «vivencia de la insuficiencia vergonzante, de la inferioridad moral». Asimismo, tanto la personalidad de estos pacientes —que Kretschmer definió como de «extraordinaria blandura afectiva, debilidad y vulnerabilidad, y cierta ambición y obstinación»— como la «reacción sensitiva» es similar al delirio de referencia. Respecto a la naturaleza del síndrome de referencia olfativo, para Pryse-Phillips la reacción de vergüenza a los malos olores corporales consiste en un «desarrollo comprensible» ante el rechazo social, independientemente de que el olor sea real o alucinado. Incluso el temor a desprender mal olor puede llevar a la percepción olfativa alucinada, lo que para el autor representa un ejemplo de la «producción psicogénica» de una alucinación verdadera.

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Publicado por en abril 25, 2015 en Artículos

 

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