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Escuchar voces de fantasmas se basa en la pseudociencia y la falibilidad de la percepción humana.

Por Michael Nees

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Un número enorme de estadounidenses creen en lo paranormal. Estas creencias han engendrado miles de grupos dedicados a investigar los fenómenos paranormales y cazadores de fantasmas de “realities” televisivos. La evidencia anecdótica incluso sugiere que los realities o shows de cazadores de fantasmas han aumentado la apertura pública sobre la investigación paranormal, que por lo general, implican a pequeños grupos que recorren lugares, por la noche y declarados encantados, con diversas tecnologías de búsqueda de fantasmas. Las grabadoras de audio ocupan un lugar destacado sobre las herramientas usadas por los investigadores paranormales. Los micrófonos capturan los sonidos ambientales durante la investigación para, más tarde, revisar las grabaciones de audio en busca de mensajes de espíritus.

La premisa es que los dispositivos de grabación de audio pueden registrar comunicaciones inaudibles de entidades desencarnadas. Estas supuestas comunicaciones se han denominado fenómenos de voz electrónica (EVP). Los sonidos son generalmente breves; la mayoría consisten en palabras sueltas o frases cortas. Los contenidos percibidos de EVP varían entre amenazas (“Vete al infierno”) a mensajes banales. Parte de la atracción que emana la grabadora de audio para los investigadores paranormales es su aparente objetividad. ¿Cómo podría un escéptico refutar la autenticidad de un espíritu capturado por un instrumento técnico imparcial?. Para los creyentes, la EVP parece una evidencia incontrovertible de comunicación desde el más allá. Pero investigaciones recientes en mi laboratorio sugirieron que las personas ajenas a ello no están de acuerdo con lo que oyen los experimentadores sobre los sonidos de EVP, resultado que se explica fácilmente por la falibilidad de la percepción humana. A pesar de las capacidades tecnológicas, la investigación en EVP tiene varias características de pseudociencia.

¿Cuáles son los sonidos  de la EVP?

La cadena de evidencias de la mayoría de las supuestas EVP hacen que los fraudes sean difíciles de descartar, pero supongamos que muchos de estos sonidos no sean un fraude deliberado. En algunos casos, las supuestas EVP son las voces de los investigadores o  interferencias de transmisiones de radio, problemas que indican prácticas de recolección de datos de mala calidad.

Otra investigación, sin embargo, ha sugerido que la EVP ha sido capturadas bajo circunstancias acústicamente controladas en estudios de grabación. ¿Cuáles son las posibles explicaciones para estos sonidos? El punto crítico en la investigación de EVP es en el momento en que los sonidos se interpretan como voces que se comunican con una intención. Los investigadores paranormales suelen decodificar el contenido de la EVP llegando a un consenso entre ellos. Los sitios web que tratan la EVP aconsejan que los investigadores paranormales se planteen: “¿Es una voz … estamos seguros? y que hay que “compartir resultados entre investigadores y así tratar de evitar el sesgo del investigador al revisar los datos”. En esto radica una dificultad metodológica. La investigación en psicología convencional ha demostrado que las personas percibirán fácilmente las palabras en cadenas de sonidos sin sentido. Las expectativas de las personas acerca de lo que se supone que deben escuchar pueden dar como resultado la percepción ilusoria de tonos, sonidos de la naturaleza, sonidos de máquinaria e incluso voces cuando solo existe ruido acústico blanco, como es el sonido de una radio desintonizada. Las interpretaciones del habla en el ruido es una situación similar a la EVP, donde una supuesta voz es difícil de discernir y se puede cambiar completamente su supuesto contenido en función de lo que el oyente espera escuchar.

La EVP en el laboratorio de investigación perceptual

En mi laboratorio, recientemente realizamos un experimento para examinar cómo las expectativas podrían influir en la percepción de la supuesta EVP. Nuestras EVP eran grabaciones de audio de un reality show de cazadores de fantasmas. Hicimos tres preguntas: ¿Las personas perciben las supuestas EVP como voces bajo condiciones controladas? Si oyen voces, ¿están de acuerdo con lo que dicen estas sin que les digan lo que se supone que deben escuchar?, y finalmente, ¿importa si creen o no en el tema de la investigación paranormal?. A la mitad de los participantes se les dijo que el experimento era parte de un proyecto de investigación sobre la EVP paranormal. A la otra mitad se les comunicó que estábamos estudiando la percepción del habla en entornos ruidosos, un típico experimento de psicología perceptual.

En una prueba de estudio, los participantes escucharon un sonido y se les preguntó si habían detectado una voz. Si respondían “no”, el ensayo terminaba en ese momento. Si respondían “sí”, informaban lo que pensaban que había dicho la voz. A lo largo del estudio los participantes escucharon las supuestas EVP, grabaciones de habla humana reales, grabaciones de habla humana ocultas en el ruido y grabaciones con ruido solamente. Los sonidos EVP y de habla en el ruido eran intrínsecamente ambiguos: parecían como si una voz estuviera presente pero de forma dudosa.

En comparación con la condición de control, la sugerencia de un tema de investigación paranormal hizo que las personas tuvieran más probabilidades de oír voces tanto para la EVP (48% en contra frente al 34% respuestas afirmativas) como para las voces ocultas (58% “no” versus 40% “sí”). Para el habla humana real, casi todos los participantes escucharon una voz (99% respuestas afirmativas), y para el ruido, todos los participantes negaron escuchar alguna voz. Así que queda demostrado que sugerir un tema de investigación paranormal importa solo cuando el audio era ambiguo. Además, cuando las personas dijeron que escucharon una voz EVP, solo el 13% estuvo de acuerdo sobre exactamente lo que dijo la voz.

Para comparar, el 95% de las personas estuvo de acuerdo con lo que dijo la voz cuando escucharon el discurso real. En un análisis final, demostramos que las interpretaciones de los participantes coincidían con las interpretaciones de los investigadores paranormales en menos del 1%. Estos hallazgos sugieren que los investigadores paranormales no deberían usar sus propios juicios subjetivos para confirmar los contenidos de una EVP. Pero quizás lo más importante es que demostramos que, la mera sugerencia de un contexto de investigación paranormal hacía que las personas tuvieran más probabilidades de escuchar voces con estímulos ambiguos, aunque no podían estar de acuerdo con lo que referían las voces.

Una explicación perceptual de la EVP

Concluimos que las EVP son un ejemplo auditivo de pareidolia, es decir, la tendencia a percibir las características humanas en patrones sin sentido. Hay muchos ejemplos visuales de pareidolia: como ver caras humanas en objetos cotidianos.
La investigación de la psicología cognitiva ha demostrado que los creyentes paranormales pueden ser especialmente propensos a percatarse de los eventos fortuitos. Una configuración parecida a una cara en una rebanada de pan tostado parece significativa. La gente pregunta: “¿Cuáles son las posibilidades?” Pero si suma todas las rebanadas de pan tostado que ve durante los días, semanas y meses de una vida, es inevitable que encuentre algunas de estas configuraciones similares a las humanas en una tostada por casualidad.

De manera similar, los investigadores paranormales registran una cantidad prácticamente ilimitada de audios y utilizan todo tipo de técnicas de procesamiento de sonido, incluido el filtrado para eliminar frecuencias particulares y aumentar el volumen. Inevitablemente, pueden encontrar muestras de audio que suenan como una voz.

Suponiendo que algunos de estos sonidos parecidos a la voz no pudieran atribuirse a prácticas de recolección de datos de mala calidad, sus fuentes reales corren en el espectro de los ruidos ambientales e interferencias eléctricas en sus artefactos de procesamiento de audio. Si el oyente espera escuchar a una persona, prácticamente cualquier sonido puede cumplir esa expectativa. Un escritor sugirió acertadamente que los EVP son como una prueba auditiva de borrones de tinta en una pizarra en blanco, sobre la cual el sujeto puede proyectar cualquier interpretación. La tendencia de los investigadores EVP a escuchar una voz y un sonido significativo con intención, probablemente se amplia con la predisposición del contexto paranormal.

La investigación de EVP tiene el sello distintivo de la pseudociencia

En la pseudociencia, hay una apariencia de adherencia a los valores de la ciencia. La objetividad en la investigación EVP se equipara con el uso de un dispositivo de registro tecnológico, pero la subjetividad impregna el paso crítico de interpretar lo que significan los sonidos. En ciencia, la objetividad es un valor crítico para los investigadores, un ideal que intentamos aplicar en todos los aspectos de la investigación, en lugar de una característica de nuestro equipo.

Otra característica de la pseudociencia es la falta de integración con las áreas de investigación relacionadas. Existe un rico historial de uso de métodos experimentales para examinar la percepción auditiva, sin embargo, los entusiastas de la EVP no son conscientes o ignoran intencionalmente este trabajo relevante.
La ciencia también valora la parsimonia: la idea de que se prefiere la explicación más simple. Para explicar la EVP como el resultado de la percepción auditiva humana, necesitamos una teoría para explicar cómo y por qué un oyente humano a veces percibe erróneamente los estímulos ambiguos. De hecho, esta misma tendencia es uno de los muchos atajos cognitivos bien documentados que pueden tener un valor adaptativo. Una voz puede indicar la presencia de un posible amigo o enemigo, por lo que puede llevar a errores desde el lado de la percepción estos estímulos auditivos ambiguos.

Una teoría paranormal debe ser mucho más compleja. Tenemos que explicar cómo las entidades incorpóreas adquieren presentarse. Tenemos que explicar por qué tienen la capacidad de producir sonido, pues solo se comunican en grabaciones de audio en lugar de simplemente hablar en voz alta. Tenemos que explicar por qué aparentemente no pueden hablar claramente en oraciones completas, solo frases breves, confusas y a menudo aparentemente aleatorias.

¿Cuál es el daño aportado?

Muchas formas de entretenimiento popular requieren el sustento de la incredulidad, y los espectadores de los reality shows paranormales con suerte están sintonizando con el entretenimiento y no con el valor científico.

Actualmente, solo hay pruebas limitadas y provisionales para vincular la exposición a la pseudociencia en la televisión con creencias pseudocientíficas. Aún así, un estudio demostró que las personas consideran que la investigación paranormal es más creíble y científica cuando se muestra utilizando herramientas tecnológicas como dispositivos de grabación. Otra evidencia ha sugerido que la opinión popular puede superar la credibilidad científica cuando las personas evalúan los reclamos pseudocientíficos.

Una buena historia de fantasmas puede aportar entretenimiento e incluso valor cultural, pero el retrato popular de las prácticas pseudocientíficas como ciencia puede estar desvirtuando los esfuerzos para cultivar un público científicamente alfabetizado.

 

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Publicado por en noviembre 19, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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El control mental en apnea.

Por Juankar Moreno

 

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               “En la apnea el 20% técnica y 80% mental” – Adrián Valls (Buceador)

El control del cuerpo ha sido desde milenios algo muy común, sobretodo, en los países asiáticos. Tanto Yogis como Lamas han demostrado tener un control sobre el cuerpo de características impensables, prueba de ello es por ejemplo la meditación g-tummo dirigida a controlar la “energía interna”.

Un deporte en el que se empieza a considerar un resultado similar es en la apnea. La apnea o buceo libre (freediving)  es la suspensión transitoria de la respiración para descender a “pulmón” en el agua. A base de entrenamiento un atleta en cualquier deporte reconoce sus propias reacciones y aprende a controlarlas; y sin tener diferencias con otros ejercicios la experiencia demuestra que se puede encontrar el método para superar tiempos bajo el agua fuera de la lógica.

Según el buzo de inmersión libre y apneísta italiano Umberto Pelizzari: “Uno de los primeros objetivos de la apnea consiste en no pensar que estamos en apnea”. Aún entendiendo esto, es meramente complicado olvidarse que uno debe y necesita respirar y para llegar esos resultados el control mental juega un papel fundamental. Pelizzari  lo considera como una vía similar al yoga y reconoce que “puede ayudar a situaciones verdaderamente extraordinarias” como la interrupción o reducción de las pulsaciones cardíacas y la actividad respiratoria durante un tiempo considerable. Hay referencias sobre la existencia de yogis capaces de parar la actividad cardíaca (que casi seguro es ralentizar que no parar) durante 20 minutos.

En experiencias realizadas en laboratorios, algunos yogis han permanecido encerrados herméticamente en cajas acrílicas por más de 123 minutos y han sobrevivido a la experiencia. Pelizzari comenta con respecto a este tema que: “El objetivo del Yoga es permitir al practicante fundirse en el mundo que lo rodea, se trate de agua o de aire y de despertar facultades vitales atrofiadas hoy en día. Para el apneísta la facultad inconsciente más importante es la del reflejo de inmersión. Este reflejo desencadena en nuestro cuerpo unos fenómenos fisiológicos, favorables para la apnea, como la reducción del ritmo cardíaco, la disminución de la presión sanguínea y una tendencia a la relajación muscular”.

Y añade: “El yoga no se puede aprender en un día, necesita años de práctica, de ejercicios, de meditación, y sobre todo unas costumbres alimentarias y un modo de vida muy riguroso, distante de los nuestros”.

Tanto el yoga como el control mental apuntan al control de la mente como base del dominio total de nuestro cuerpo. Teniendo esto como base podemos observar que los fundamentos de cualquiera de estas dos ramas no difieren; simplemente, pueden tener ciertos puntos de divergencia en cuanto a estilo de vida, pero para lo que netamente se aplica, la esencia es la misma.

“Exige de un esfuerzo mental muy grande y te ayuda a valorar los límites que puede alcanzar uno”   Aleix Segura

Según los expertos en esta técnica el cuerpo humano se adapta para poder practicar este tipo de buceo. Primero disminuye el ritmo cardiaco entre 10% y 25% para ralentizar las funciones corporales y consumir menos oxígeno:

“Los vasos sanguíneos se contraen para elevar ligeramente los niveles de oxígeno y el bazo libera más glóbulos rojos para que llegue oxígeno a los órganos vitales, sobre todo el cerebro y el corazón, restringiendo el oxígeno en las extremidades. Para ayudar a este proceso se contraen los músculos grandes. Dependiendo de la , el plasma sanguíneo llena los vasos sanguíneos de los pulmones para reducir el volumen y evitar daños que podrían provocar la presión a más de 35 metros bajo el agua”.

En la apnea existen distintas modalidades, entre ellas la apnea estática (consistiendo la prueba en aguantar la respiración el mayor tiempo posible bajo el agua), dónde tenemos tiempos como los de Ricardo Baji con 20 minutos y 21 segundos, Tom Sitas 22 minutos y 22 segundos o el record mundial conseguido por Aleix Segura de 24 minutos y 3,45 segundos.

Otra modalidad es la de buceo libre (profundidad) siendo actualmente la marca mundial de 294 metros en la categoría de apnea dinámica con aletas, impuesta en 2015 por Alex Duvivier, en Mulhouse, Francia.

 
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Publicado por en octubre 21, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

Entrevista a César Pachón (Psicofonías)

 

Entrevista realizada por Roger Oliach a César Pachón, experto en electrónica y sonido, sobre el fenómeno de la psicofonía.

 

¿Qué son las psicofonías?

El término psicofonías fue el primero empleado, y su significado etimológicamente sería: Psico (mente) y fonía (voz), es decir voces de la mente. Este es el término más utilizado y extendido, incluso por mí, aunque no sea del todo correcto, por afirmar con esta palabra que las voces provienen de la mente. Esto a día de hoy no se puede afirmar de ninguna forma. Personalmente utilizo esta palabra por ser la más conocida.
Don Germán de Argumosa acuñó otro término que sería mucho más correcto, “parafonías”. Que viene del prefijo Para (al lado de) y fonía (voz). De todas formas, suele utilizarse estas dos acepciones para referirse a las supuestas voces que salen en grabaciones de audio, sin tener ninguna explicación de su existencia.

¿Cual cree que es la teoría más acertada sobre la procedencia de las psicofonías?

Actualmente no existe ninguna teoría al respecto. Nos movemos en al campo de las hipótesis aún sin demostrar. Cualquier persona que afirme algo rotundamente, o no está en su sano juicio, o no está bien informado. Yo tan sólo busco patrones que pierdan la aleatoriedad del ruido blanco, y que puedan parecer voces.

¿Qué mínimo material es necesario para la obtención de éstas?

En esto soy bastante exigente. Tan sólo deberían validarse las pruebas obtenidas con equipos profesionales. Analizador de espectro, y receptor de alta gama, son imprescindibles para mí. Todo ello tiene que estar interconectado con cables apantallados y filtros de buena calidad. Todo el instrumental tiene que estar organizado de forma que no se produzcan incompatibilidades electromagnéticas.

¿Qué tipo de Software/Hardware hace falta para el procesamiento y limpieza de las grabaciones?

Una vez realizada la grabación, un computador personal, un software de edición de audio (del tipo Audacity), algo de paciencia y destreza, son suficientes para filtrar las grabaciones.

Normalmente, las captaciones se producen en sitios alejados, abandonados o en los que por alguna razón ha pasado un hecho relevante en el pasado. ¿Cree que esos sitios aguardan más “voces” que otros lugares? ¿Por qué?

Desaconsejo el hacer prácticas psicofónicas fuera de un entorno controlado. Cuando se sale ha hacer grabaciones “por ahí” no conocemos las señales electromagnéticas que hay en la zona. Mi consejo es que siempre se realicen las prácticas en un mismo lugar apropiado y con medios técnicos suficientes (laboratorio). En este laboratorio podremos tener un mayor conocimiento de las señales de radio que nos rodean, y otras múltiples interferencias que tenemos que conocer para poder validar los resultados.

¿Cree que la relación oído/cerebro es una parte importante a la hora de interpretar las psicofonías?

Por supuesto. Gran cantidad de psicofonías muy conocidas y otras no tan famosas, son sólo un producto de pareidolias. En otros casos hay gran imaginación sobre el contenido por parte de los investigadores. Muchas de las psicofonías obtenidas deben descartarse por ser malas interpretaciones de nuestro cerebro, que intenta buscar un patrón prefijado de nuestro lenguaje. Cualquier ruido podemos intentar que encaje con alguna palabra.

La tecnología del audio ha sido básica para el descubrimiento de éste fenómeno. ¿Puede ser que en el futuro, el mismo avance de la tecnología del audio, nos aporte suficientes respuestas para alejarlo de lo “paranormal”?

Es probable. Pero mientras que continúen apareciendo supuestas voces en equipos fiables, profesionales y de alta gama, la experimentación está abierta. No es lo mismo que aparezca una supuesta voz en una grabación con un equipo de 30 Euros, que con otro que cumple unas normas muy estrictas, y que su coste al ser profesional y fiable superen los 30000 Euros. Por lo tanto entiendo que grabaciones con un determinado instrumental, deberían tener más peso que otras realizadas con equipos más simples e interferibles.

Los que entienden del tema, como Ud, ¿tratan ellos mismos el audio o lo dejan en manos de los profesionales del sector?

Que yo sepa lo suelen hacer ellos mismos u otros colegas. De todas formas una limpieza básica de ruidos de fondo no es muy complicada actualmente con los softwares disponibles.

 Si el oído humano por sí solo no puede captarlas; ¿se debe a su poco nivel de sonido, o es porque no podemos oír dichas frecuencias? ¿Podría un animal oírlas?

Los equipos grabadores suelen tener una respuesta bastante parecida a la del oído humano en frecuencia, ya que han sido diseñados por nosotros y para nosotros. En amplitud, nos pueden superar según el fabricante haya querido meter más o menos etapas amplificadoras. Esto es lo habitual, ya que hay en el mercado muchos equipos capaces de registrar frecuencias fuera de nuestro espectro auditivo.
Pienso que las voces, en el caso de que hayan sido obtenidas de forma fiable, no han sido producidas por micro-cambios en la presión atmosférica (audio). Yo ni si quiera utilizo micrófono alguno, por lo tanto ningún humano o animal las hubiera escuchado en su génesis, al no haber sido producidas por sonido alguno.

¿Puede ser que al hacer las preguntas en el mismo sitio donde se quieren obtener las “voces”, las “voces” procedan de la reverberación del ambiente, causadas por el mismo que pregunta?

Por supuesto. En el campo de las grabaciones psicofónicas muchas  veces se han movido los investigadores más por la pasión que por los conocimientos técnicos. Es muy probable que muchas de ellas tan sólo sean ecos o sonidos completamente banales.
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Un saludo a todos, y suerte en la experimentación.

 

Fuente: Entrevista publicada en Marzo 2008 en el blog  raudivevoice.blogspot.es

 
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Publicado por en agosto 15, 2017 en Entrevistas, parapsicologia

 

¿Por qué existen los colores?

Por Daniel Dennett

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El «color» en sí mismo no existe en el mundo; sólo existe en los ojos y en el cerebro del observador. Los objetos reflejan la luz a diferentes longitudes de onda, pero estas ondas de luz no tienen color

                          Ornstein y Thompson,

Muchos han observado que, curiosamente, resulta difícil decir exactamente qué tipo de propiedades de las cosas en el mundo podrían ser los colores. La idea más simple y atractiva —la que todavía hallamos en muchas discusiones a nivel elemental— es que cada color puede asociarse a una única longitud de onda de la luz y, por tanto, que la propiedad de ser rojo consiste simplemente en la propiedad de reflejar la luz en la longitud de onda del rojo y de absorber las demás longitudes de onda. Sin embargo, hace ya algún tiempo que se sabe que esto no es correcto. Superficies con propiedades de reflexión fundamentalmente diferentes pueden verse del mismo color, mientras que una misma superficie, bajo condiciones diferentes de luminosidad, puede verse de colores diferentes.

Las longitudes de onda de la luz que penetran en nuestros ojos sólo están indirectamente relacionadas con los colores que vemos en los objetos. Para aquellos que en algún momento tuvieron la esperanza de hallar una manera simple y elegante de recuperar los beneficios del pagaré que Locke extendió sobre los poderes disposicionales de las superficies, la situación no podría ser peor. Algunos (por ejemplo Hilbert, 1987) han decidido anclar el color de forma objetiva, decidiendo que se trata de una propiedad relativamente simple de los objetos externos, como por ejemplo la propiedad de la «reflectancia espectral de las superficies»; al optar por esta vía, no tienen más remedio que concluir que la visión en color normal a veces nos provoca ilusiones, ya que las constancias que percibimos no siempre coinciden con las constancias de la reflectancia espectral de las superficies medidas con instrumentos científicos.

Otros han llegado a la conclusión de que las propiedades de color deben ser consideradas desde un punto de vista subjetivo, como propiedades definibles únicamente en términos de sistemas de estados cerebrales de los observadores, ignorando así la confusa variación en el mundo que da lugar a dichos estados: «Los objetos coloreados son ilusiones, pero no ilusiones infundadas. Normalmente nos hallamos en estados perceptivos cromáticos, los cuales son estados neuronales»  (Hardin, 1988,)
Lo que ya queda fuera de toda duda es que exista una propiedad simple y no disyuntiva de las superficies tal que sólo aquellas superficies que la poseen, y sólo aquéllas, sean rojas (en el sentido de las cualidades secundarias de Locke). En principio, éste es un hecho turbador, casi deprimente, ya que parece indicar que nuestra aprehensión perceptiva del mundo es mucho peor de lo que habíamos pensado, como si habitáramos un mundo de sueños o como si fuéramos víctimas de un engaño colectivo. Nuestra visión
en color no nos proporciona un acceso a las propiedades simples de los objetos, aunque parezca lo contrario. ¿Por qué? ¿Mala suerte? ¿Un diseño defectuoso? Por supuesto que no. Existe una perspectiva diferente, y mucho más instructiva, que podemos adoptar en cuanto al color, que me fue mostrada por primera vez por la filósofa de las neurociencias Kathleen Akins (1989, 1990).  A veces, existe una razón por la cual han aparecido nuevas propiedades.

Un ejemplo particularmente útil es el que nos proporciona el famoso caso de Julius y Ethel Rosenberg, que fueron condenados y ejecutados en 1953 por espiar el proyecto estadounidense de la bomba atómica en favor de la Unión Soviética. Durante el proceso se desveló que habían improvisado un inteligente sistema de identificación: rompían en dos trozos una caja de cartón de gelatina Jell-O, y cada trozo se remitía a los dos individuos, que debían ir con mucho cuidado en el momento de identificarse. Cada trozo se convertía así en un «detector» único y casi infalible del compañero: en futuros encuentros, cada parte debía mostrar su trozo y si ambas partes encajaban, todo iba bien. ¿Por qué funciona este sistema? Porque al romper el cartón se produce un perfil de tal complejidad  informacional que sería virtualmente imposible reproducir de forma deliberada. (Nótese que cortar la caja de gelatina con una cuchilla no serviría para los propósitos que hemos descrito.) El borde irregular de un trozo de cartón se convierte en un dispositivo de reconocimiento de patrones prácticamente único de su pareja; es un aparato o un traductor para detectar la propiedad formal M, donde M se instancia sólo en su pareja.
En otras palabras, la propiedad formal M y el detector de la propiedad M que la detecta están hechos el uno para la otra. Si el uno o la otra no existiera, tampoco habría ningún motivo para que existiera la otra parte, no habría motivos para que fuera creada. Lo mismo ocurre con los colores y la visión en color: están hechos los unos para la otra. Los códigos de colores son una idea bastante reciente en la «ingeniería de los factores humanos», pero sus virtudes ya han sido ampliamente reconocidas. En los hospitales se trazan líneas de colores por los pasillos, lo cual ayuda a los pacientes a orientarse: «Para llegar a fisioterapia, siga la línea amarilla»; para llegar al banco de sangre, siga la línea roja». Los fabricantes de televisores, ordenadores y otros aparatos electrónicos utilizan un código de colores para los haces de cables a fin de poder seguir el recorrido del cable de un punto a otro. Estas aplicaciones son muy recientes, pero la idea es mucho más antigua; más antigua que los uniformes de colores que ayudaban a distinguir al amigo del enemigo en el fragor de la batalla, más antigua, de hecho, que la misma especie humana.
En la naturaleza, algunas cosas «necesitaban ser vistas», mientras que otras necesitaban verlas, de modo que evolucionó un sistema que tendía a minimizar el trabajo de las segundas, potenciando la capacidad de resaltar de las primeras. Considérense los insectos. Su visión del color coevolucionó con los colores de las plantas que polinizaban, un buen truco de diseño que benefició a ambos. Sin el código de colores de las flores, la visión en color de los insectos no habría evolucionado, y viceversa. Así pues, el principio del código de colores es la base de la visión en color de los insectos, y no una invención reciente de alguna especie inteligente de mamíferos. Podríamos contar historias similares sobre la evolución y la visión en color en otras especies. Mientras que es posible que algún tipo de visión en color haya evolucionado con el propósito de discriminar visualmente ciertos fenómenos inorgánicos, no está claro que esto se haya producido con ninguna de las especies de este planeta.

Los diferentes sistemas de visión en color han evolucionado de forma independiente, en ocasiones con espacios cromáticos radicalmente distintos. No todas las criaturas vivientes poseen algún tipo de visión en color. Los pájaros, los peces, los reptiles y los insectos poseen una visión en color muy parecida a nuestro sistema «tricromático» (rojo-verde-azul); los perros y los gatos no. Entre los mamíferos, sólo los primates poseen visión en color, y con diferencias sorprendentes entre los diferentes sistemas. ¿Qué especies poseen visión en color y por qué?

Esta historia resulta ser fascinante y compleja y, en gran medida, llena de especulaciones. ¿Por qué las manzanas son rojas cuando han madurado? Es natural suponer que podemos dar una respuesta únicamente en términos de cambios químicos que se producen cuando el azúcar y otras sustancias alcanzan unos determinados grados de concentración en la fruta durante el proceso de maduración, produciendo así reacciones diversas. Pero ello ignora el hecho de que no habría manzanas si no hubiera comedores de manzanas y esparcidores de semillas que pudieran verlas, de modo que el hecho de que las manzanas sean fácilmente visibles para al menos algunas variedades de comedores de manzanas constituye una condición para su propia existencia, y no una mera «casualidad» (¡desde el punto de vista de las manzanas!). El hecho de que las manzanas posean la reflectancia espectral de las superficies que poseen es tanto una función de los fotopigmentos que había disponibles para equipar las células cónicas en los ojos de los fructívoros como lo es de los efectos de las interacciones entre el azúcar y los otros componentes de la química de la fruta. Los frutos que no participan del código de colores compiten muy mal en los estantes del supermercado de la naturaleza, aunque la publicidad engañosa también será penalizada; los frutos que están maduros (llenos de nutrientes) y que lo publicitan se venderán mejor, pero la publicidad debe acomodarse a las capacidades visuales y a las inclinaciones de los potenciales consumidores.

Al principio los colores se hicieron para que pudieran verlos aquellos que estaban hechos para verlos. Pero esta situación fue evolucionando gradualmente, por casualidad, aprovechando hábilmente los materiales que estaban a mano, estallando ocasionalmente en una profusión de elaboraciones de un nuevo truco, y siempre tolerando altos grados de variación y de constancia inútil (meramente coincidente). Dichas constancias coincidentes a menudo afectaban a rasgos «más fundamentales» del mundo físico. Una vez hubo criaturas capaces de distinguir las bayas rojas de las bayas verdes; éstas también pudieron distinguir los rubíes rojos de las esmeraldas verdes, pero eso no fue más que una bonificación fruto de la coincidencia. El hecho de que exista una diferencia de color entre los rubíes y las esmeraldas puede, pues, considerarse como un fenómeno cromático derivado.

¿Por qué es azul el cielo? Porque las manzanas son rojas y las uvas moradas, pero no al revés. Es un error pensar que primero hubo colores —rocas coloreadas, agua coloreada, cielo coloreado, orín rojo-anaranjado y cobalto azul brillante— y que después la Madre Naturaleza apareció y supo sacar partido de esas propiedades para fijar un código de colores para las cosas. Por el contrario, primero había las diferentes propiedades reflectantes de las superficies, propiedades reactivas de los fotopigmentos, etc., y después la Madre Naturaleza desarrolló, a partir de estas materias primas, unos eficientes sistemas de codificación en «color»/de visión en «color» ajustados el uno con el otro, y entre las propiedades que surgieron de este proceso de diseño se encuentra lo que los seres humanos normales llamamos colores. Si resultara que el azul del cobalto y el azul de un ala de mariposa fueran iguales (para la visión de un ser humano normal), ello no sería más que una coincidencia, un efecto secundario desdeñable, fruto de los procesos que condujeron al nacimiento de la visión en color, y así , dotaron a un conjunto curiosamente amañado de propiedades primarias complejas con la propiedad secundaria compartida de producir un efecto común en un conjunto de observadores normales.
«Y sin embargo», apuntará usted, «¡antes de que hubiera animales con visión en color, ya había gloriosas puestas de sol rojas, y brillantes esmeraldas verdes!» Sí, claro, usted puede decir eso, pero entonces esas mismas puestas de sol también serían chillonas, multicolores y desagradables, reproducidas en colores que no podemos ver y para los cuales ni siquiera tenemos un nombre. Es decir, usted no podrá más que admitir esto, si hubiera o pudiera haber criaturas en algún planeta cuyo aparato sensorial se viera afectado  de cualquiera de estos modos por dichas puestas de sol. Y por lo que sabemos, existen especies que perciben naturalmente que hay dos (o diecisiete) colores diferentes en un puñado de esmeraldas que nosotros vemos uniformemente de color verde.
Muchos seres humanos son ciegos a los colores rojo y verde. Supongamos que todos lo fuéramos, en cuyo caso estaríamos de acuerdo en que tanto los rubíes como las esmeraldas son «rojerdes»; después de todo, los demás observadores normales las ven igual que muchas otras cosas rojerdes: los coches de bomberos, los céspedes bien regados, las manzanas maduras y las manzanas no maduras (Dennett, 1969). Si aparecieran unos individuos como nosotros, insistiendo en que las esmeraldas y los rubíes son de colores diferentes, no habría manera de decidir cuál de los dos sistemas de visión en color es más «fiel».

Al mirar a mi alrededor, los colores fabricados por el hombre me llaman la atención desde todos los rincones de mi despacho: libros, cojines, una alfombra en el suelo, una taza de café, una caja de grapas —azules, rojos, amarillos y verdes brillantes—. Hay más colores aquí que en una jungla tropical. Y sin embargo, mientras que en la jungla cada color tendría un significado, aquí en mi estudio prácticamente nada lo tiene. La anarquía de los colores ha tomado el poder.            Nicholas Humphrey

Las categorías básicas de nuestros espacios cromáticos (y, evidentemente, de nuestros espacios olfativos, nuestros espacios sonoros y todo lo demás) han sido formadas por presiones selectivas, de modo que por lo general tiene sentido preguntar para qué sirve una determinada discriminación o preferencia. Existen motivos por los cuales rechazamos ciertos olores y aceptamos otros, por los cuales preferimos ciertos colores a otros, por los cuales ciertos sonidos nos molestan más que otros, o nos relajan más. No  tienen por qué ser siempre nuestros motivos, sino que pueden ser los motivos de unos antepasados lejanos, que han dejado sus huellas fósiles en las predisposiciones innatas que conforman nuestros espacios cualitativos. Pero, como buenos darwinianos, también deberíamos reconocer la posibilidad —la necesidad, de hecho— de que existan otras predisposiciones no funcionales, distribuidas al azar por la población gracias a la variación genética. A fin de que la presión selectiva favorezca de forma diferenciada a aquellos que muestren una predisposición en contra de F una vez que F se ha hecho ecológicamente importante, tienen que haberse producido variaciones inútiles (no funcionales todavía) en las «actitudes hacia F» sobre las cuales pudiera actuar la selección. Por ejemplo, si en el futuro comer callos fuera a lanzar una maldición prerreproductiva, solamente los que estuviesen «naturalmente» (y, hasta ese momento, inútilmente) predispuestos en contra de comer callos tendrían una ventaja (quizá muy leve en un principio, pero pronto explosiva, si las condiciones la favoreciesen). Así pues, si usted encuentra que algo (el brécol, por ejemplo) es indescriptible e inefablemente repugnante,  de ello no se sigue que exista algún motivo por el cual esto deba ser así. Ni
tampoco se sigue que usted tenga algún defecto en relación a sus semejantes, si no coinciden con usted en cuanto a este punto. Podría ser uno de esos detalles innatos dentro de su espacio cualitativo que, por el momento, no tiene ninguna significación funcional.

Estas consideraciones evolutivas nos ayudan en la tarea de explicar por qué las cualidades secundarias resultan ser tan «inefables» y tan difíciles de definir. Igual que la propiedad formal M del trozo de caja de cartón de los Rosenberg, las cualidades secundarias se muestran extremadamente resistentes a una definición simple. Forma parte de la esencia del truco de los Rosenberg el que no podamos sustituir nuestro predicado postizo por una descripción de la propiedad que sea más larga y más compleja, pero a la vez más precisa y exhaustiva, ya que, si pudiéramos hacerlo, nosotros (o cualquier otro) podríamos utilizar dicha descripción como receta para producir otro ejemplo de M u otro detector de M. Nuestros detectores de cualidades secundarias no fueron diseñados específicamente para detectar solamente propiedades difíciles de definir, pero el resultado es prácticamente el mismo que si lo hubieran sido.

Como observa Akins (1989), la razón de ser de nuestros sistemas sensoriales no es la de detectar propiedades «básicas» o «naturales» del entorno, sino la de servir a nuestros propósitos «narcisistas» de permanecer con vida; la naturaleza no construye motores epistémicos. La única manera fácilmente accesible de decir cuál es la propiedad formal M consiste en señalar hacia el detector de Ai y decir que M es la propiedad formal detectada por esa cosa de ahí. Naturalmente, cualquiera que intente decir qué propiedad detecta (o no consigue detectar) alguien cuando «aparece de la manera que a él le parece» se encontrará en el mismo apuro.

Algunos colores se hicieron para gustar, así como algunos olores y algunos sabores. Otros colores, olores y sabores, en cambio, se hicieron para no gustar. En otras palabras, y más precisamente, no es un accidente el que a nosotros (y a las demás criaturas capaces de detectarlos) nos gusten y nos disgusten los colores, los olores, los sabores y otras cualidades secundarias.
Del mismo modo que hemos heredado unos evolucionados detectores de simetrías verticales en nuestros sistemas visuales para alertarnos (a nosotros y a nuestros antepasados) del hecho ecológicamente significativo de que hay otra criatura que nos está mirando, también hemos heredado unos evolucionados detectores de cualidades secundarias que no son unos meros testimonios desinteresados, al contrario, son avisadores y alertadores, sirenas, tanto en el sentido homérico del término como en el sentido del coche de bomberos.

 

 
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Publicado por en julio 26, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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