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Influencia de los factores psicológicos en la producción de fenómenos mágicos. El cuerpo humano como una herramienta para la función mental.

Por Ludwig Staudenmaie

En el caso de una alucinación óptica, todo el sistema nervioso óptico y otros complejos nerviosos portan energía. Cualquier persona que quiera ver el color “rojo” desde la imaginación con una claridad realista  debe conducir la retina, y permitir que esta enfoque de adentro hacia afuera (desde el cerebro hacia abajo) por que la imaginación actúa exactamente en la misma manera que la visión real (percepción). En consecuencia, ciertos nervios motores periféricos y los músculos actúan cuando uno es capaz de una acción cinestésica o alucinatoria, es decir, actuando o imaginando.
El resultado del cielo realista, sublime y religioso, no se dislumbra sólo por el sistema óptico, etc., sino también y específicamente por los sentimientos religiosos y por la región periférica que participa en la parte superior craneal. Para aumentar sus sentimientos “celestiales”, los antiguos yoguis de la India de acuerdo con la enseñanza del yoga, acurrucándose y permaneciendo estables en la misma posición el tiempo más grande posible, en una posición agotadora, la energía muscular del cuerpo se dirige junto con los sentimientos específicos de placer/dolor hasta su nivel más elevado. En la literatura mística hay un sin número de detalles del éxtasis religioso, sintiendo en ellos la presencia de la deidad.

Uno no debe sin embargo, interpretar como que la religión, los sentimientos religiosos y lo divino son en todos los casos algo puramente subjetivo,  porque de lo contrario, se me podría reprochar con los mismos derechos sobre lo que también considero en el mundo exterior como algo simplemente utilizado por los dispositivos periféricos de nuestro cuerpo. La situación en una alucinación realista es obviamente grande porque  está al mismo tiempo en todas las áreas del cerebro, incluyendo los centros subordinados y periféricos. Sin embargo, en una exaltación una parte extrema de la memoria y la imaginación, a través del propio proceso, se favorecen al saber que participan los complejos nerviosos y el entusiasmo para ir a la periferia y los centros más subordinados, estando dibujados en ella los más vívidos y claros síntomas, la memoria y la imaginación, y aunque una parte de las percepciones del mundo exterior son siempre complicadas en sí, sólo el mundo real actúa en primer lugar en nuestros órganos periféricos -ver, oír, sentir, etc.

El asiento de la memoria alucinatoria y la imaginación existe en todo el cuerpo, no sólo en la corteza cerebral. Sobre todo los detalles más concretos se mantienen principalmente en las áreas nervioso periféricas, y para elevarlas  deben ponerse en contacto con el yo consciente, directa o por medio de los correspondientes centros superiores del subconsciente de estas áreas nerviosas. La memoria  y la imaginación alucinatoria pueden compararse desde este punto de vista como con una gran biblioteca, donde el bibliotecario (el yo consciente) sólo tiene un libro, pero este es un resumen disponible de todo,  sobre todo tipo preguntas y por ello se debe llamar a investigar al individuo y su libro.

El yo consciente y en general los centros cerebrales también pueden almacenar directamente una cierta cantidad de conocimiento detallado de sus propias células ganglionares, en especial “con tendencia centralizada” en las personas afectadas, por lo tanto, yo no niego ese supuesto.
Esto también debe ocurrir con otros órganos, por ejemplo, el corazón, que hace trabajar las funciones principalmente fisiológicas. Hasta ahora se equivocan mucho cuando a este se le observa desde un punto de vista puramente mecánico-materialista, como una sistema de bombeo para la distribución de la sangre en el cuerpo, anulando un significado psicológico importante sobre sus nervios o cualquier parte de si mismo. El sistema vascular en general no se considera respecto a diferentes emociones y sentimientos. Por supuesto, el ser humano normal y sano debe ser capaz de controlar sus emociones y de ese modo el corazón no se ve afectado por ello. Pero ciertamente! También hay que ser capaz de controlar el nervio óptico en el estado normal como a medida  que la excitación es ascendente, pues cuando no es la misma en la retina se puede llegar a producir alucinaciones visuales. Las alucinaciones ópticas se encuentran en relaciones muy estrechas con los ojos, y se dan como de constante influencia, por esa razón, deben ser los sentimientos aplicados en una relación estrecha con el corazón y el sistema vascular, debido a que el final de sus nervios periféricos se encuentran allí mismo.

Fuera de lo normal, pues también se dan estados mentales anormales para los cuales las leyes y las normas ordinarias ya no son suficientes, a menudo los órganos periféricos juegan un papel importante. En mi estómago existe una fuente sensible – con el sistema intestinal puedo precisar el tiempo. Y creo que, por tanto, también de forma análoga y bajo mi punto de vista, el corazón es en cierto sentido un “órgano mental” (aunque de ninguna manera el único en el cuerpo).
Para el resto, es según las diferentes personas pues se comportan de forma en este sentido de manera muy desigual. Algunos pueden estar llamados francamente predispuestos de forma periférica, al menos para una sola área, ya que con él allí mismo se funde fácilmente la emoción desde el cerebro a los órganos periféricos asociados, ya que en sus “inhibiciones”, aunque sean pequeñas, están presentes. En un enfoque, por ejemplo, sobre las imágenes visuales desde el carácter de la óptica, afectará esta ligeramente de forma exagerada en gran medida, si es de amor- “efusiva”, odio-“mortal”, rabia -“de loco”, venganza -“diabólica” etc.. Todo lo correspondiente afecta de forma asociada en un resultado dramático y realista, incluso si el objetivo del amor, el odio etc..no está presente.
Los centros cerebrales superiores correspondientes, a través de esa norma, también pueden ser de influencia en la intensidad y la claridad de una idea o una emoción, que será por tanto, dada por supuesta y no negada.
Sin lugar a dudas, no sólo hay fisiológica, sino también psicología (modo mental) y cinética mágica, incluso en los nervios periféricos y órganos del corazón, y estos pueden entrar en conflicto con la fisiológica, ya que con una agitación mental más fuerte, el corazón se ve obligado a trabajar de manera diferente de lo que corresponde a las operaciones fisiológicas normales.
sabemos que, la corriente psiquiátrica nerviosa y funcional, como la neurastenia, histeria, melancolía, manía, aunque sean muy comunes siguen siendo casi irradicables. Comparando tales fenómenos y enfermedades que existen en el pensamiento anormal como: las ideas, sensaciones y acciones anormales en las ilusiones y alucinaciones de diversa índole, se deduce que en principio no difieren en la naturaleza de la misma de los fenómenos mágicos. Desde una magia científica pienso, que el mago debe ser capaz y tener la habilidad para producir y disponer de esa fuerza, y por tanto, son fenómenos patológicos.
En muchos casos una magia involuntaria del inconsciente da como resultado la abrumadora influencia de algunos centros.

He aquí un ejemplo:

Cuando entro en pensamientos profundos mi cabeza produce una congestión cerebral, entonces los centros individuales de mi mente subconsciente inician una actividad mental vívida, y crean fenómenos  en forma de ilusiones y alucinaciones que crecen en intensidad con el aumento de la causa para eventualmente conducirlos a fenómenos forzados. Para agravar la situación en este caso, incluso si un número de centros psíquicos del subconsciente están en el mismo sentido y se obligan sus ideas y su voluntad se impone a una conciencia superior. La causa de la división mental y trastorno es puramente central. Además, el trastorno es simplemente funcional, el cual también desaparece inmediatamente (debido a los cambios patológicos de la sustancia cerebral) con eliminación de la causa en general.

La perturbación física se reduce en la gente común en el estado de vigilia a consecuencia del predominio de las impresiones del mundo exterior, pues no hay reacciones mentales notables durante el sueño. Sabemos en este sentido hace mucho tiempo que en los sueños, el trabajo intelectual y centros individuales son más alucinantes según dura el sueño. Pongamos un ejemplo, antes de dormir si tenemos una comida pesada eso hace trabajar demasiado el estómago, las zonas periféricas del cuerpo de manera individual están en desventaja debido a la posición del cuerpo, ese mismo detalle, relacionado con los centros psíquicos de la corteza cerebral nos darían el no poder descansar mientras otros con exceso de conciencia no resultarían seriamente amenazados. Como ya se dijo en repetidas ocasiones, se producen estados de mucha actividad enérgica del subconsciente conmigo, especialmente en el tracto gastro-intestinal, comenzando en los estados de vigilia. Puedo observar el comportamiento del subconsciente en tales casos exactamente de principio a fin y realizar su estudio. En general, puedo fácilmente eliminar la perturbación y la relación con ella en los fenómenos psíquicos. Sin embargo, con el trastorno es más difícil tener éxito. Por tanto, comprendo cuando en casos extremos, en un paciente, el subconsciente está patológicamente excitado más o menos con sus efectos (es decir, sus voces interiores, alucinaciones y las unidades motoras) y las impresiones del mundo exterior, ya que los centros del subconsciente confunden entre la realidad y la imaginación, y el pensamiento es incompatible con el mundo exterior y real y actúa.
En mi opinión, hay un gran número de nervios periféricos y causales. La causa y el asiento de la enfermedad es difícil para muchos. Además, los médicos ponen frecuentemente tales perturbaciones distanciadas del bienestar espiritual de muchas personas, y no consideran suficientemente que están especialmente ligadas en los casos con lamentable predisposición, teniendo de ese modo los peores efectos psicológicos y los trastornos nerviosos y mentales muy característicos que conducen a las alucinaciones, acciones, etc ..

Fuente: Die MAGIE als experimentelle Naturwissenschaft (1922)

 
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Publicado por en abril 30, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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Palinopsia: “Un síntoma cuasi parapsicológico.”…

Por Drs. Rafael Muci-Mendoza, Williams Velásquez, Marcos Ramella y Alfonso DelGiorno.

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La parapsicología se refiere al estudio de ciertos tipos de fenómenos paranormales. Paranormal concierne a una experiencia que no parece ser explicable en términos del conocimiento científico o de nuestra comprensión de hechos cotidianos. La realidad científica del fenómeno parapsicológico y la validez científica de sus investigaciones, a menudo son áreas de frecuente disputa y crítica.

Para ser consecuentes con el título del trabajo, es necesario que dediquemos a la parapsicología algunos párrafos explicativos. La parapsicología se refiere a la investigación que empleando métodos científicos, intenta estudiar una serie de eventos donde la mente parece interactuar con el ambiente sin que medie un vínculo físico conocido. Estos eventos se designan como “fenómenos psi” y se dividen en dos grupos:

1. Psicocognitivos o percepción extrasensorial, donde el sujeto percibe el conocimiento de cosas que usualmente se advierten a través de los órganos de los sentidos, en circunstancias en que ellos están fuera de su radio de alcance. El conocimiento adquirido de esta forma puede ser de eventos que están ocurriendo en ese momento (clarividencia), de lo que está pensando o sintiendo otra persona (telepatía), o de lo que está por suceder (precognición). Este último, el más sorprendente, rompe con los conceptos de espacio y tiempo.

2. Fenómenos psicocinéticos se refieren a situaciones donde el pensamiento (consciente o inconsciente, voluntario o involuntario), parece afectar a la materia en su movimiento, forma o composición química. El más conocido de ellos es la telequinesis o capacidad para mover objetos con el pensamiento. Es de hacer notar que hasta ahora la psicología científica no ha acogido a la parapsicología como disciplina seria; igualmente,es desdeñada por otros miembros de la comunidad científica porque nunca experiencias controladas en condiciones de laboratorio han producido una evidencia firme sobre la existencia de estos fenómenos paranormales. Por estas razones es que a la parapsicología se le incluye dentro de las pseudociencias.

El término palinopsia o paliopsia se forma de la unión de dos raíces griegas: palin, “de nuevo”, y opsis, “mirar”. Se trata de una rara y transitoria condición clínica producida por una distorsión en el procesamiento e integración de los estímulos visuales según la cual, una vez que el estímulo ha sido removido, la imagen observada persiste y/o recurre en forma anormal. En algunos casos el paciente ve una serie de “ecos” de la imagen, idénticos, separados, pero en proximidad dando la impresión de poliopsia; si los ojos son movidos el objeto parece ir dejando un rastro. A despecho de su rareza, quizá en razón de su naturaleza intrigante y quasi parapsicológica, existe una abundosa literatura al respecto. Este fenómeno debe diferenciarse de la posimagen normal, o permanencia de una excitación sensorial una vez finalizada la estimulación. Un claro ejemplo de esta última se presenta cuando miramos hacia un bombillo; una vez apartada la vista de él, seguimos viendo el brillo de la resistencia. Algo similar sucede con el flash de las cámaras fotográficas, donde luego de percibirse el destello luminoso ante los ojos, la imagen continúa persistente por segundos. En este caso, la intensidad y duración del estímulo luminoso determinan la intensidad y la duración de la posimagen. Además, hay otros hechos que la caracterizan:

1. Aumenta de tamaño a medida que nos distanciamos de la superficie donde es proyectada.

2. Cuando la observamos contra un fondo oscuro, la imagen es del mismo color que el estímulo. Cuando se aprecia contra un fondo claro,los colores son complementarios.

3. El parpadeo ayuda a mantenerla.

4. Pueden verse imágenes recurrentes en forma secuencial.

5. Es vista en los dos ojos aunque uno sólo haya sido estimulado.

6.La imagen se mueve en la misma dirección del movimiento activo de los ojos; con los movimientos pasivos, la imagen aparece inmóvil o se mueve en dirección opuesta.

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Poliopsia: multiplicación de imágenes al intentar fijación o seguimiento de un objeto (ecos)

Presentación de los pacientes.

Paciente 1. 1984. Masculino de 57 años, profesor de historia. En horas de la mañana, mientras se encontraba conversando con un colega presentó en el campo visual inferior izquierdo y durante unos dos minutos, “sensación de agua en movimiento”.Ello dio paso a “una sombra que ocupaba el 70 % del campo visual izquierdo”. Fue llevado al médico por su hijo, quien manejaba el automóvil. Desde el asiento del copiloto, el paciente no podía verlo. El oftalmólogo no le halló nada anormal. Unas 48 horas después la sombra desapareció. Dos días más tarde se dirigió a comprar el periódico en un quiosco cercano a su domicilio. Mientras lo hacía, miró de soslayo a una señora que se agachaba para tomar una revista. Se alejó hacia su casa y minutos más tarde y durante algunos segundos, vio en forma nítida la imagen de la señora agachada que había presenciado momentos antes. En sucesión y durante 24 horas, continuó presentándose la perseveración de la misma escena. En su patografía sólo se destacaba una hipertensión arterial crónica mal controlada. El examen neuro-oftalmológico demostró signos de arteriolosclerosis hipertensiva en el fondo ocular, en el campo visual se halló una hemianopsia homónima izquierda relativa al color rojo, y una tomografía computarizada con contraste evidenció un tumor occipital derecho. La angiografía cerebral mostró un “blush” tumoral. Le fue resecado un meningioma meningotelial. Los síntomas y signos patológicos desaparecieron luego de la cirugía .

Paciente 2. 1986. Femenino de 49 años, ama de casa. Portadora de un carcinoma pulmonar de células grandes localizado en el vértice del pulmón derecho  y metástasis en la columna lumbar, comienza a quejarse de cefaleas pulsátiles de localización frontal, precedidas de aura auditiva yen ocasiones auras visuales, caracterizadas por imágenes en zigzag ubicadas en la región temporal del campo visual. Una tomografía computarizada cerebral sin contraste mostró numerosas imágenes supratentoriales rodeadas de un halo de edema vasogénico sugestivas de metástasis. Se destacó una en la región occipital derecha. El día de su ingreso en el Hospital Vargas de Caracas, mientras un residente le realizaba la historia clínica, observó un manojo de flores plásticas en el puesto de enfermeras frente a su cama. Luego, al mirar hacia el techo, vio la misma imagen multiplicada en forma de una tira vertical. De la misma forma, al devolver la mirada, las observó en la mano del médico que elaboraba la historia. Al tratar de agarrarlas, asió sólo la mano de aquél… La sensación, muy placentera, persistió durante toda la noche y reaparecían cada vez que deseaba verlas. Durante una ida al baño, vio un gato echado en el suelo y al cambiar la dirección de la mirada, le observó en el tabique divisorio de los cubículos frente a ella, echado, al lado de un vaso de agua. Al examen se apreció un papiledema muy asimétrico, descompensado, con mayor desarrollo del lado derecho y hemorragias peridiscales superficiales y prerretinianas, evidencia del rápido aumento de la presión intracraneal. El campo visual en pantalla tangente de Bjerrum demostró aumento de ambas manchas ciegas y una cuadrantanopsia homónima relativa inferior derecha detectada sólo con índices rojos .

Paciente 3. 2001. Femenino de 48 años, ama de casa. Luego de un cuadro gripal, el mes de junio comenzó a experimentar cansancio general y disnea de esfuerzo. Una radiografía del tórax mostró un tumor del lóbulo medio derecho cuya biopsia fue compatible con un adenocarcinoma. Recibió tratamiento con quimioterapia y posteriormente radiaciones. En septiembre de 2004 resbala y cae desde su altura golpeándose la región parietal izquierda. En marzo de 2005 comienza a experimentar cefaleas occipitales opresivas más severas en horas de la tarde. Durante las crisis y en forma transitoria, “veía todo oscuro en su lado derecho donde aparecían onditas transparentes”. Cierto día, en horas de la mañana una hermana suya acompañada de su hija fue a su habitación a despedirse antes de marcharse a su trabajo. Unas tres horas después sufrió una gran impresión cuando encontrándose preparando el almuerzo, de repente reapareció frente a ella la imagen de madre e hija en el lado derecho de su campo visual persistiendo por pocos segundos. Cuatro días más tarde, una hora después de haber visto a un sobrino jugando en el suelo, cuando estaba bañándose, tuvo una visión muy clara de la misma escena. En los últimos meses había observado en unas 4 ocasiones, la multiplicación de un objeto cualquiera que se encontrara mirando. El examen neuro-oftalmológico sólo demostró un escotoma cuadrantanópsico inferior derecho de 10º de extensión. Una tomografía computarizada cerebral evidenció una metástasis tumoral en el lóbulo occipital izquierdo.

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Paciente 4. 1997. Femenino de 80 años, ama de casa. Durante 3 ocasiones en 7 días y por escasos segundos, se quejó de “estar viendo cosas extrañas”. Segundos después de haber conversado con su hija en una habitación contigua, observó su imagen de pie sobre el televisor; más tarde la vio nuevamente sobre la nevera. En otra ocasión vio un matero y luego lo observó de nuevo en la cocina. La última vez ocurrió antes de la consulta: se cruzó con una vecina en el pasillo del edificio y luego la vio en la sala de su casa. Las imágenes eran en “blanco y negro” lo cual le permitía concluir que no eran reales. La paciente tenía el antecedente de un adenocarcinoma mamario con metástasis ganglionares regionales hacía 5 años y se encontraba tomando tamoxifeno 20 mg diarios desde esa fecha. Rehusó realizar un estudio de imagen, suspendió la medicación y el síntoma palinóptico desapareció.

Paciente 5. 1998. Femenino de 74 años, ama de casa. Historia de hipertensión arterial crónica, mareos y cuadros sincopales desde hacía un mes atribuidas a arritmia cardíaca ventricular tipo Lown. Un mes antes de consultar presentaba lo que llamó “extrañas imágenes”. En la primera ocasión observó un vestido que originalmente estaba colgado en su armario, sobre el borde de la ventana de su habitación; al tratar de asirlo se desvaneció por lo que pensó que era una alucinación. Unos días más tarde, cuando se encontraba hablando con una nieta, giró su cabeza para alcanzar un vaso y vio la imagen de aquélla superpuesta a la nevera. Optó por no contar nada a su familia. Posteriormente y en escasas ocasiones ha tenido síntoma similar. Por el antecedente de un adenocarcinoma mamario derecho extirpado hacía 4 años, se encontraba recibiendo 20 mg diarios tamoxifeno. Decidió suspenderlo por propia iniciativa y el síntoma desapareció.

Paciente 6. 1990. Masculino de 42 años, natural de Río Chico (Edo. Miranda), obrero de la construcción. Consultó por presentar en los últimos 4 meses, cefalea holocraneal intensa y creciente asociada a vómitos. Dos semanas antes del ingreso notó que la pared que frisaba se curvó como si fuera de plastilina, y al observar fijamente el transformador de un poste de electricidad, notó que se multiplicaba hasta sumar entre 15 y 20 imágenes, una al lado de la otra, desplazándose en sucesión en sentido horizontal, que se mantenían en el espacio sin desaparecer mientras mantuviera la mirada fija en el objeto. Estas crisis se repitieron con otros objetos en forma ininterrumpida durante unos 5 días. El fondo ocular mostró un papiledema incipiente unilateral derecho. La tomografía computarizada craneal evidenció al menos 4 lesiones redondeadas, hipodensas, localizadas en ganglios basales derechos y lóbulo parietal izquierdo. Una punción lumbar dio salida a un líquido cefalorraquídeo hipertenso (presión de apertura 300 mmH2O y de salida 190 mmH2O), con 5 células (retículomonocitos), hiperproteinorraquia discreta de 50 mg/mL y una prueba positiva de ELISA para cisticercosis. Recibió tratamiento con albendazol.

Sobre los casos

Una revisión de los casos publicados sugiere que el síntoma puede depender de lesiones cerebrales en diversas localizaciones que no necesariamente afectan las vías visuales primarias. Los términos paliopia, paliopsia, palinopia y palinopsia son sinónimos. Bender  y otros se han ocupado del tema advirtiendo que casi nunca es un síntoma visual aislado, pues los pacientes suelen también quejarse de otras ilusiones visuoespaciales como micropsia, macropsia, metamorfopsia; alucinaciones, hemianopsias, difusión de la imagen visualen el espacio con distorsión o metamorfopsia que puede afectar ciertas porciones de la misma(‘difusión visual ilusoria’ o ‘perseveración visual en el espacio’, Critchley), y alestesia visual; en esta última, los objetos aparecen desplazados de su verdadera posición en el espacio.

Esta forma de perseveración visual, conjuntamente con la poliopsia o multiplicación de imágenes ante la presentación de un solo estímulo, se inserta dentro de las ilusiones visuales complejas y está en relación con lesiones en la región occipital o parieto-occipital derecha, un área comprometida con el análisis visuoespacial. No obstante, su valor localizatorio es cuestionable porque ha sido descrita en pacientes con lesiones izquierdas o bilaterales y aun, del lóbulo temporal y de la porción occipital medial. En lesiones de los hemisferios posteriores, tres fenómenos visuales positivos se asocian a lesiones focales hemisféricas: perseveración visual y palinopsia, alucinaciones visuales, y distorción o dismetría.

La palinopsia se ha asociado a diferentes condiciones o drogas que incluyen, desórdenes psiquiátricos, traumatismos, tumores, efecto colateral o toxicidad de drogas como el antidepresivo trazodone (Trittico®), interleukina II, clomifeno, drogas adictivas como marihuana, mezcalina, dietilamida del ácido lisérgico (LSD) y enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, migraña, depresión psicótica, traumatismos en sujetos cuya enfermedad está confinada a un ojo o el nervio óptico, e inclusive en ausencia de drogas o de enfermedad cerebral y acompañadas, bien de visión deficitaria o normal. El tamoxifeno, droga quimioterapéutica aprobada desde 1977 para tratamiento del cáncer avanzado de la mama, no había sido descrito previamente como productor del síntoma (Cuadro 1).

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Cuadro 1

La palinopsia puede clasificarse en dos tipos.

1. Temporal, definida como la perseveración en el tiempo de una imagen previamente observada en el pasado reciente, u ocasionalmente distante. La primera podría representar una prolongación de la posimagen fisiológica normal

2. Espacial, o persistencia de una imagen visual en el espacio que puede subdividirse en ilusión visual diseminada, donde ocurre una extensión del patrón más allá de los límites del objeto visible; y poliopsia cerebral,donde copias del objeto se reproducen en el campo visual, en forma de hileras geométricas o columnas.

A diferencia de la poliopsia de origen ocular, en la forma cerebral, las imágenes son vistas con igual claridad, no mejoran con la observación a través de un agujero estenopeico (‘pinhole’) y carecen de la imagen “fantasma” de las aberraciones ópticas. Otros pacientes refieren ver docenas y aún centenas de imágenes, tal como se supone ocurriría con el ojo compuesto de los insectos.

La palinopsia y la perseveración visual suelen acompañar a lesiones del lóbulo parietal. Tanto en el hombre como en el mono, el cerebro visual consiste de múltiples mapas de representación cortical del espacio exterior, cada uno especializado en un atributo visual diferente. Las regiones corticales especializadas se encuentran interconectadas formando una jerarquía, donde los niveles bajos se proyectan hacia los niveles superiores. Esta jerarquía se divide en dos vías, una ventral liderizada por el lóbulo temporal ventral y uno dorsal por el lóbulo parietal. Una tercera proyección a lo largo del surco temporal superior se conecta con ambas vías. En el mono ha sido bien descrita la organización de la proyección dorsal en el lóbulo parietal donde la representación del campo visual periférico es predominante; por contraste, el lóbulo temporal ventral contiene una representación predominante del campo visual central. Si esta hipótesis es correcta podría esperarse que la corriente dorsal del síndrome alucinatorio se asocie con el campo periférico, y el ventral al campo central. Esto es exactamente lo que ha sido encontrado en la perseveración y la palinopsia cuya localización es periférica, en tanto que alucinaciones de figuras, automóviles y paisajes se proyectan en el campo central.

Fuente.

 
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Publicado por en abril 24, 2016 en Casuística, parapsicologia

 

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“Espiriteria”: Cómo produce el cerebro experiencias religiosas y místicas

Por Francisco J. Rubia

Nuestro cerebro es capaz de producir experiencias espirituales, religiosas, numinosas, divinas, místicas o de trascendencia, gracias a una hiperactividad en el sistema límbico o cerebro emocional. Este hecho, revelado por la neuroespiritualidad, supondría la anulación de la antítesis clásica entre materia y espíritu. También sugiere que la espiritualidad sería una facultad cognitiva más de nuestra especie. 

La palabra neuroespiritualidad quiere expresar el hecho de que el cerebro es capaz de producir experiencias espirituales, religiosas, numinosas, divinas, místicas o de trascendencia.

A mi juicio, este hecho es de una enorme importancia, porque la antítesis clásica entre materia y espíritu queda prácticamente anulada en el cerebro, que, siendo materia, es capaz de producir experiencias espirituales. Es la razón por la que he llamado en otro lugar al cerebro “espiriteria”, o sea una contracción entre espíritu y materia.

Pero antes de explicar por qué podemos decir que el cerebro produce experiencias espirituales, quisiera definir lo que se entiende por “espiritualidad”.

Si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española encontramos lo siguiente: “Naturaleza y condición de espiritual”, definición que no nos convence porque es sabido que lo definido no debe entrar en la definición.

A continuación buscamos lo que se entiende por “espiritual” y leemos: “Perteneciente o relativo al espíritu”. De nuevo un resultado parecido, por lo que buscamos la definición de “espíritu” y encontramos lo siguiente: “Ser inmaterial y dotado de razón”. Esta última definición nos lleva a plantearnos si el Diccionario de la Real Academia Española está a la altura de los tiempos.

Esta definición es completamente absurda desde el punto de vista neurocientífico, ya que lo que viene a decir es que los seres inmateriales, presuponiendo su existencia, tienen cerebro, ya que no hay razón sin cerebro.

El Diccionario de Oxford nos define la palabra espiritual de la manera siguiente: “Relacionado con el espíritu o alma y no con la naturaleza física o materia”. En esta definición, el espíritu se contrapone, de manera dualista clásica, a la materia. Pero ya hemos dicho que esto no es válido para el cerebro, por lo que esta definición no nos satisface tampoco.

Hay otra definición también del mismo Diccionario respecto a la palabra espiritual que dice: “tener una mente o emociones de una alta y delicadamente refinada calidad”. Esta última definición se acerca más a lo que vamos a tratar en esta conferencia y entendemos por espiritualidad.

La espiritualidad estudiada por la ciencia

Lo que quiero plantear hoy aquí es que el cerebro, como hemos dicho, genera experiencias que se han llamado espirituales, religiosas, divinas, numinosas, místicas o de trascendencia gracias a la hiperactividad de estructuras que pertenecen al sistema límbico o cerebro emocional, y que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal.

Esta hipótesis se ve apoyada por los experimentos que el neurocientífico canadiense de la Universidad Laurentiana en Sudbury, Ontario, en Canadá, Michael Persinger‎, realizó en los años ochenta del pasado siglo, experimentos con sujetos voluntarios normales y sanos utilizando la estimulación electromagnética de los lóbulos temporales, pudiendo en ellos producir la sensación de presencias de seres espirituales.

Curiosamente, estos seres espirituales eran siempre de la religión a la que pertenecían los individuos en cuestión. Así que ningún cristiano vio nunca a Buda, a Alá o a Manitú, de la misma manera que ningún budista, mahometano o indio vio nunca a Jesucristo o a la Virgen María.

En esos mismos años, concretamente en 1980, el neurocientífico estadounidense Arnold Mandell, actualmente profesor emérito de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego, publicó un libro titulado Toward a Psychobiology of Trascendence (Hacia una psicobiología de la trascendencia), en el que decía que tanto las anfetaminas, como la cocaína y otras drogas alucinógenas constituían un puente farmacológico hacia la trascendencia, porque disminuían la síntesis de serotonina, un neurotransmisor cerebral que inhibe las estructuras límbicas del lóbulo temporal con la consecuente hiperactividad por desinhibición de esas estructuras que producen las experiencias espirituales, numinosas, divinas místicas o de trascendencia.

El papel de la dopamina

Hoy sabemos que la ingesta de LSD, psilocibina, DMT o mescalina, es decir drogas llamadas “enteógenas”, reducen la actividad de células que contienen serotonina.

La serotonina inhibe las neuronas que contienen dopamina, otro neurotransmisor cerebral implicado en estas experiencias, por lo que una reducción de la actividad de la serotonina aumenta por desinhibición la descarga de las células que contienen dopamina.

Quisiera explicar que la palabra “enteógena” fue acuñada por el profesor de filología clásica de la Universidad de Boston, Carl Ruck‎, y por su etimología significa “dios generado dentro de nosotros”. Estas drogas alucinógenas o enteógenas han sido llamadas así por que permiten el acceso a una segunda realidad en la que los sujetos dicen entrar en contacto con sus dioses.

Que el neurotransmisor dopamina está implicado en estos fenómenos es apoyado por los siguientes hechos: Un gen del receptor de dopamina, el DRD4, se asocia de manera significativa a medidas de espiritualidad y auto-trascendencia; por otro lado sabemos que trastornos debidos a un exceso de dopamina, como la esquizofrenia y el trastorno obsesivo-compulsivo se asocian a aumentos de espiritualidad y religiosidad; y que los fármacos anti-psicóticos que bloquean la acción de la dopamina a nivel del sistema límbico disminuyen las conductas y los delirios religiosos en los pacientes.

A la vista de estos hechos, yo propondría una definición de espiritualidad algo distinta a las definiciones que he mencionado anteriormente. La espiritualidad podría definirse como “El sentimiento o impresión subjetiva de alegría extraordinaria, de atemporalidad y de acceder a una segunda realidad que es experimentada más vívida e intensamente que la realidad cotidiana y que está producida por la hiperactividad de estructuras del cerebro emocional”.

La sensación de alegría, felicidad o bienaventuranza viene mediada por la producción cerebral de endorfinas, sustancias parecidas a la morfina que el propio cerebro produce como analgésicos y sin las cuales los ejercicios musculares extenuantes no podrían realizarse por el dolor que produce la acumulación de ácido láctico. De ahí que los corredores de maratón o los atletas de alto rendimiento tengan experiencias placenteras que quieren repetir siempre que pueden.

He tenido un doctorando que, a pesar de haber tenido una terrible experiencia en las Dolomitas, y que cayó treinta metros en vertical fracturándose varios huesos en cara y cuerpo; en cuanto se repuso de sus terribles heridas volvió de nuevo a escalar montañas.

La sensación de que esa segunda realidad es más intensa que la realidad cotidiana se explica por la estimulación de la amígdala, estructura límbica del lóbulo temporal, que es la que añade el componente emocional, de importancia y de familiaridad a todas las experiencias vividas. La hiperactividad de esta estructura explica también el fenómeno del déjà vu, en el que el sujeto tiene la impresión de familiaridad de un lugar aunque nunca estuvo en él.

La conexión divina

En mi libro La conexión divina explicaba los fundamentos neurobiológicos de las experiencias místicas, experiencias que generadas en el cerebro se proyectan al exterior, algo que solemos hacer también con la primera realidad o realidad cotidiana que pensamos que está “ahí afuera” cuando en realidad es en gran parte una construcción cerebral.

Quisiera detenerme un poco en este punto que parece contraintuitivo, como dicen los anglosajones. Lo que nosotros tenemos por “realidad exterior” es, repito, en gran parte una construcción cerebral.

Por ejemplo, en la visión, los colores no existen en la naturaleza; ahí afuera no existen más que radiaciones electromagnéticas de distintas longitudes de onda que, al incidir sobre los fotorreceptores de la retina se traduce en potenciales eléctricos, los llamados potenciales de acción, que son todos iguales no importa si provienen del ojo, del oído, del olfato, del gusto o del tacto.

De manera que los colores, los olores, los sonidos, etc., son atribuciones de las respectivas cortezas sensoriales a esas informaciones que llegan de los órganos de los sentidos. Si, por ejemplo, se lesiona la corteza visual primaria en el lóbulo occipital, el paciente deja de ver colores y de soñar con ellos.

Esto no es nada nuevo. Descartes, en el siglo XVII sabía que las cualidades secundarias dependían del sujeto, que no existían objetivamente en las cosas. Y en el siglo XVIII, el filósofo napolitano Giambattista Vico, en su libro La antiquísima sabiduría de los italianos, decía que “si los sentidos son facultades activas, viendo hacemos los colores de las cosas; degustándolas sus sabores; oyéndolas sus sonidos, y tocándolas hacemos lo frío y lo caliente”.

Se cuenta que los discípulos del filósofo empirista irlandés George Berkeley discutían sobre si cuando un árbol caía en el bosque y nadie estuviera presente se oiría algún ruido. Por lo que hoy sabemos, evidentemente no, ya que el ruido es una atribución del cerebro a los potenciales de acción que proceden del oído.

Experiencias espirituales y religiones

Las experiencias espirituales, son seguramente la base sobre la que descansan las religiones. Todos los fundadores de religiones han tenido experiencias espirituales o místicas intensas.

Por eso se puede decir que no hay religión sin espiritualidad, pero sí existe espiritualidad sin religión, lo que significa que el término espiritualidad es un término más amplio que el de religión. Espiritualidad sin religión la tenemos, por ejemplo, en lo que podríamos llamar corrientes filosóficas, como el budismo, el jainismo, el confucianismo y algunas formas del hinduismo.

El budismo, por ejemplo, no es una religión, sino una filosofía. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche la llamaba “fisiología del alma”. Y no es una religión porque en ella no hay dioses. Lo que yo mismo he podido observar en templos budistas de China y del Japón es un desarrollo que nada tiene que ver con la doctrina. Esos templos se asemejan a los de cualquier otra religión.

Pero eso es lo que los seguidores de Buda han hecho: han convertido a Buda en un dios y lo adoran como a cualquier otro, rezando ante él y realizando ofrendas.

Que la espiritualidad puede existir sin religión es, pues, evidente. En tiempos recientes asistimos asimismo a una disminución del número de personas que asisten a las iglesias de las religiones tradicionales, pero no así a la participación en sectas, cultos, rituales y otras manifestaciones de tipo espiritual que está en aumento.

El británico Sir Alister Hardy, que escribió el libro titulado The spiritual nature of man (La naturaleza espiritual del hombre), decía que las experiencias espirituales o de trascendencia habían afectado no sólo a personas religiosas, sino también a ateos y agnósticos, por lo que puede decirse, repito, que la religión es inconcebible sin espiritualidad, pero que existe una espiritualidad sin religión.

Experiencias espirituales y sistema límbico

¿Qué podemos aducir a favor de la hipótesis de que las experiencias a las que nos estamos refiriendo son el producto de la hiperactividad de las estructuras límbicas del lóbulo temporal?

Aparte de los experimentos ya mencionados de Michael Persinger‎, están las experiencias cercanas a la muerte. En este tipo de experiencias se producen fenómenos que son comunes a las experiencias místicas, como por ejemplo la sensación de felicidad, paz y bienaventuranza, la visión de una luz brillante e intensa, la aparición de seres espirituales (recordemos: siempre de la propia religión), la sensación de flotar en el espacio o levitar y de observarse desde lo alto, síntoma llamado autoscopia y que hoy puede provocarse experimentalmente por la estimulación eléctrica del giro angular del cerebro, la pérdida del sentido del tiempo y del espacio, la pérdida del yo y la fusión con la naturaleza, el universo o Dios.

Curiosamente, la autoscopia se interpretó en el pasado como una prueba de la existencia del alma que abandonaría el cuerpo y volvería a él cuando el paciente era resucitado por maniobras médicas o de manera espontánea.

Todos esos síntomas se han atribuido a la falta de oxígeno y al aumento del dióxido de carbono que inactivaría en primer lugar las células más pequeñas y que tienen un metabolismo más alto, células que suelen ser inhibidoras, por lo que se produciría una desinhibición, o sea una hiperactividad, de las estructuras límbicas en cuestión.
Otros fenómenos parecidos se producen por la ingesta de sustancias enteógenas que mencionamos antes.

Las estructuras que considero responsables de las experiencias espirituales poseen muchos receptores para la dopamina, por lo que un aumento de la dopamina por cualquier circunstancia, como ya vimos antes, es capaz de activar estas estructuras y, si ese aumento es considerable, provocar las experiencias que hemos llamado espirituales, religiosas, numinosas, divinas, místicas o de trascendencia.

La búsqueda de flores, plantas, lianas y hongos que contienen sustancias capaces de producir este tipo de experiencias se remonta al pasado más remoto de la humanidad. Es más, no solo los humanos han practicado esta búsqueda y han ingerido esas sustancias, sino muchos otros animales.

En su libro Animales que se drogan, el etnobotánico y etnomicólogo Giorgio Samorini relata que numerosas especies de animales ingieren drogas de plantas, hongos, bayas y flores. Caribúes, vacas, elefantes, gatos, renos, cabras, primates no humanos, pero también muchos pájaros, mariposas, moscas, abejas y hasta caracoles suelen ingerir esas sustancias enteógenas.

El psicofarmacólogo Ronald Siegel en su libro Intoxication refiere el caso de muchos animales que buscan plantas narcóticas, como las abejas, que se intoxican con algunas orquídeas y caen al suelo en una especie de estupor para volver luego a las mismas plantas. O ciertos pájaros, que se drogan con bayas; gatos que huelen plantas aromáticas que producen placer y luego juegan con objetos imaginarios; o monos, que ingieren “hongos mágicos” y luego se sientan con la cabeza entre las manos.

Muchas culturas han utilizado estas sustancias en su religión porque inducen experiencias espirituales. Por eso, a muchas de estas sustancias o a las propias plantas y hongos se le dieron nombres religiosos como “voces de los dioses”, “niños angelicales”, “carne de los dioses”, etc.

Los renos de Siberia suelen buscar el hongo alucinógeno o enteógeno Amanita muscaria, llamado hongo matamoscas o falsa oronja, para ingerirlo. Este hongo crece bajo coníferas, hayas y abedules y también es buscado por ardillas y moscas, de ahí su nombre. En el Canadá son los caribúes los que también lo ingieren. Muy probablemente, los chamanes de Siberia copiaron a los renos, descubriendo así las propiedades que les permitían el acceso a esa segunda realidad.

El etnobotánico estadounidense Gordon Wasson (Diapositiva 25) suponía que los componentes enteógenos de este hongo, la muscarina, figuraban en el antiguo “soma”, elixir que se menciona en los Vedas, libros sagrados de la India y que se remontan a unos 1.500 años a.C. Las tribus indígenas de Chukotka y Kamchatka, en el extremo nordeste de Siberia, acostumbraban beber la orina de los que habían ingerido el hongo matamoscas.

Se sabe hoy que los principios activos pierden las impurezas al atravesar el filtro del organismo por lo que la orina es más enteógena que la mera ingesta del hongo. Precisamente la mención en el RigVeda de que el soma se orina llevó a Gordon Wasson a plantear su hipótesis. También en este texto se puede leer lo siguiente: “Hemos bebido el soma, nos hemos vuelto inmortales, hemos llegado a la luz, hemos encontrado a los dioses”.

En los misterios de Eleusis, en la Grecia antigua, un festival de la cosecha de cereales dedicado a la diosa Deméter, se utilizaba una bebida, el kykeon, que se supone contenía el cornezuelo de centeno, un hongo parásito del centeno, pero también del trigo y de otros cereales, que contiene un poderoso enteógeno, la LSD que fue aislada por Albert Hoffmann y que él mismo ingirió en 1943. El kykeon constaba de cebada, menta y agua.

Las puertas de la percepción

Otro fenómeno que apoya la hipótesis de la hiperactividad de las estructuras del sistema límbico que se encuentran en el lóbulo temporal es la conocida epilepsia del lóbulo temporal, producida por una hipersincronización de esas estructuras que produce fenómenos y síntomas parecidos a los ya referidos.

Se ha descrito el síndrome de Gastaut-Geschwind, caracterizado por trastornos de la función sexual – generalmente hiposexualidad –, conversiones religiosas súbitas, hiperreligiosidad, hipergrafia, preocupaciones filosóficas exageradas, irritabilidad y viscosidad social.

Pacientes con focos epilépticos en el lóbulo temporal son conocidos en neurología por tener a menudo alucinaciones que tienen componente místicos y religiosos. Si el foco epiléptico es extirpado por el neurocirujano, los ataques desaparecen y con ellos también las experiencias místicas.

No podemos por tiempo mencionar todas las drogas enteógenas que se ingirieron en el pasado y se siguen ingiriendo en el presente, tanto por chamanes como por sectas espirituales modernas. Antes mencionamos el hongo psilocibe que crece en los excrementos de los mamíferos y que se han encontrado en estómagos de primates no humanos.

La Dimiteltriptamina, que como la LSD bloquea los receptores de la serotonina y que se genera en el cerebro por la glándula pineal con funciones desconocidas. Y la mescalina, sustancia activa del hongo peyote, que ingirió el escritor británico Aldous Huxley y cuyos efectos relata en su libro Las puertas de la percepción.

Respecto a los efectos de las drogas enteógenas y las experiencias espirituales o místicas, algunos autores niegan que esos efectos puedan compararse con lo que ocurre en los éxtasis místicos y experiencias religiosas espontáneas, pero una gran autoridad en misticismo, el filósofo inglés Walter Terence Stace, cuando se le preguntó si la experiencia con drogas era similar a la experiencia mística, respondió: “no es que sea similar a la experiencia mística: es la experiencia mística”.

El estudioso estadounidense de las religiones, Huston Smith, afirma lo siguiente: “El rechazo a admitir que las drogas pueden inducir experiencias descriptivamente indistinguibles de aquellas que son religiosas espontáneamente es homólogo al rechazo de los teólogos del siglo XVIII a mirar por el telescopio de Galileo, o, cuando lo hicieron, su persistencia en rechazar lo que veían como maquinaciones del diablo”.

Si la espiritualidad es el resultado de la hiperactividad de las estructuras límbicas del lóbulo temporal, con sus conexiones con otras regiones cerebrales, entonces hay que admitir que es un fenómeno que en determinadas circunstancias siempre se producirá.

El físico alemán Albert Einstein decía: “La emoción más hermosa que podemos experimentar es la mística. Es la sembradora de todo arte y ciencia auténticos. Quien sea extraño a esta emoción… es como si estuviera muerto”.

Esta frase nos está diciendo que las experiencias espirituales son importantes en arte y en ciencia. Recordemos la segunda definición de espiritual del Oxford Dictionary. De ella deducimos que las emociones pueden ser de mayor o menor intensidad.

Llamamos, por ejemplo, experiencias espirituales a lo que sentimos ante la belleza de un cuadro, una magnífica puesta de sol, o los sentimientos profundos que nos puede evocar la música.

Luego hay experiencias quizá más profundas, como las que refieren aquellas personas que dicen haber tenido lo que se suele denominar una llamada, o una vocación que hace que el sujeto experimente una conversión o que entre en una orden religiosa, o abrace una determinada ideología. Son experiencias unitivas, pero que pueden ser de intensidad variable.

Y finalmente también están las experiencias místicas propiamente dichas, el arrobamiento o el éxtasis, con una intensidad mucho mayor.

Una facultad mental más

Desde luego si la espiritualidad es generada por el cerebro estaríamos ante una facultad mental más, que, como todas las demás, necesita lógicamente de un medio adecuado para desarrollarse, como ocurre con el lenguaje, la inteligencia o la música. No podemos negar la espiritualidad de un Mozart, pero si nace en África, con toda seguridad no tendríamos su música “divina”.

En la frase que mencionamos antes, Einstein equiparaba la mística a una emoción. No es de extrañar que estas experiencias sean fuertemente emocionales habida cuenta que son el fruto de la hiperactividad de estructuras del cerebro emocional. Y hoy sabemos que la emocionalidad es fundamental no sólo para las artes, sino también para la creatividad e incluso para el pensamiento racional.

Hay motivos para pensar que la génesis de la espiritualidad puede estar en lo que hipotéticamente hemos descrito: la activación de estructuras límbicas. El evangelio apócrifo de Santo Tomás, por ejemplo, dice lo siguiente: “Cuando convirtáis los dos en uno, cuando hagáis lo que está dentro igual a lo que está fuera y lo que está fuera a lo que está dentro, y lo que está arriba a lo que está abajo, cuando convirtáis lo masculino y lo femenino en una sola cosa… entonces entraréis en el Reino de los Cielos”.

Mi interpretación es la siguiente: cuando anuléis la consciencia del yo, dualista, lógico-analítica, podréis acceder a lo que podemos llamar la consciencia límbica, aquí caracterizada como “El Reino de los Cielos”.

Es algo parecido a lo que se dice en el evangelio de San Lucas 17, 21: “El Reino de los Cielos está dentro de vosotros”. También Agustín de Tagaste, San Agustín, decía: “No vayas fuera, entra en ti mismo: en el hombre interior habita la verdad”. O en el budismo, que se dice que todos somos Buda, pero no lo sabemos.

De manera que si la fuente y el origen de las experiencias espirituales, y por ende, de las religiones, es el sistema límbico, habrá siempre experiencias espirituales, conduzcan éstas a la religión o no.

Sin embargo, no es lo mismo creer en revelaciones de seres espirituales que tener consciencia de que esas experiencias son fruto del funcionamiento de nuestro cerebro. Esta última convicción transformaría nuestra manera de ver las experiencias místicas y la religión en su conjunto.

Fuente.

 
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Publicado por en abril 11, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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Efectos de la oración a distancia, intercesión retroactiva en los resultados de  pacientes con infección del torrente sanguíneo: ensayo controlado aleatorizado.

Por Leonard Leibovici

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Ángeles hacen mover el universo-y el tiempo pasa.

Dos ensayos controlados aleatorios evaluaron el efecto de la oración a distancia (orar por personas desconocidas) sobre los resultados en los pacientes ingresados ​​en una unidad de cuidados intensivos coronarios. Ambos estudios mostraron un efecto beneficioso. Una reciente revisión sistemática de la eficacia de la sanación a distancia concluyó que: “Aproximadamente el 57% (13 de 23) de los ensayos aleatorizados y controlados con placebo de la curación a distancia. . . mostró un efecto positivo del tratamiento”, y que, “la evidencia hasta el momento debía explorarse más a fondo “.

El objetivo del presente estudio fue extender estas observaciones a los pacientes con otro trastorno grave, infección del torrente sanguíneo. Como no podemos asumir, a priori, que el tiempo es lineal, tal como lo percibimos, o que “Dios” está limitado por un tiempo lineal, la intervención se llevó a cabo entre 4 a 10 años después de la infección y la hospitalización de los pacientes. La hipótesis era que, a distancia, la oración de intercesión retroactiva reduce la mortalidad y acorta la duración de la estancia en el hospital y la duración de la fiebre.

Método

Todos los pacientes adultos cuya infección en el torrente sanguíneo se detectó en el hospital universitario (Rabin Medical Center, Beilinson Campus) en Israel durante 1990 se incluyeron en el estudio. La infección del torrente sanguíneo se definió como un hemocultivo positivo (no como resultado de la contaminación) en presencia de sepsis.

En julio del año 2000, un generador de números aleatorios (Proc Uniform, SAS, Cary, NC, USA) se utilizó para asignar al azar a los pacientes en dos grupos. Una moneda se arrojó para designar el grupo de intervención. Una lista de los nombres de pila de los pacientes en el grupo de intervención fue dado a una persona que dijo una breve oración por el bienestar y la recuperación total del grupo. No hubo intervención simulada.

Se compararon tres resultados primarios: el número de muertes en el hospital, la duración de la estancia en el hospital desde el día de lo primeros hemocultivos positivos hasta el alta o fallecimiento, y la duración de la fiebre. Los pacientes se definieron como en estado febril, si una de las tres mediciones de temperatura tomadas en ese día mostraban una temperatura > 37,5 ° C.

Se utilizó la prueba χ² para la evaluar los resultados. Como la mayoría de las variables continuas no tienen una distribución normal, se utilizó la prueba de suma de rangos de Wilcoxon para las comparaciones.

Resultados

De 3393 pacientes con una infección del torrente sanguíneo, 1691 pacientes fueron asignados al azar al grupo de intervención y 1702 al grupo de control. No hubo pérdidas durante el seguimiento. Los grupos fueron similares en cuanto a los principales factores de riesgo para la muerte.

La mortalidad fue del 28,1% (475/1691) en el grupo de intervención y el 30,2% (514/1702) en el grupo de control (P para la diferencia = 0,4). La duración de la estancia en el hospital y la duración de la fiebre fue significativamente menor en el grupo de intervención (P = 0,01 y P = 0,04, respectivamente).

La oración remota de intercesión retroactiva se asoció con una menor estancia en el hospital y una menor duración de la fiebre en los pacientes con una infección del torrente sanguíneo.
La mortalidad fue menor en el grupo de intervención, pero la diferencia entre los grupos no fue significativa. Un estudio más amplio podría haber mostrado una reducción significativa de la mortalidad.
La similitud en los factores de riesgo en los dos grupos mostró que la asignación al azar y ocultación de la asignación eran buenas. El propio diseño del estudio aseguró el, cegamiento perfecto para los pacientes y el personal médico sobre la asignación de los pacientes e incluso de la existencia de la prueba. Lamentablemente, el mismo diseño significaba que no era posible obtener el consentimiento informado de los pacientes.
Ningún mecanismo conocido a día de hoy puede dar cuenta de los efectos de la distancia, o de la intercesión retroactiva de la oración para un grupo de pacientes con una infección del torrente sanguíneo.
Sin embargo, los resultados significativos y el diseño impecable demuestran que se logró un efecto. Citando a  Harris et al:

“Cuando James Lind, mediante un ensayo clínico, determinó que los limones y limas curaban el escorbuto a bordo del HMS Salisbury en 1753, no sólo no sabía nada de ácido ascórbico, y ni tan siquiera entendía el concepto de un” nutriente “. No fue algo natural de explicación sus hallazgos, los cuales se aclararían siglos después, pero esa incapacidad para articularlo  no invalidó sus observaciones “.

Llegados a este punto se puede decir que, la oración a distancia de intercesión retroactiva puede mejorar los resultados en pacientes con una infección del torrente sanguíneo.
Esta intervención es rentable, probablemente no tiene efectos adversos, y debe ser considerada en la práctica clínica. Estudios adicionales podrían determinar la forma más efectiva de esta intervención, su efecto en otras condiciones severas y poder aclarar su mecanismo.

 
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Publicado por en abril 9, 2016 en Casuística, parapsicologia

 

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