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Alteraciones de la conciencia y sentimientos de la realidad

Por Imants Barušs

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“Si la manifestación física resulta ser una proyección de la mente, entonces la conciencia es ontológicamente primaria en relación con la materia.” 

Antes de hablar sobre cuestiones específicas que surgen en un estudio de los estados alterados de conciencia, sería instructivo simplemente enumerar algunas de las alteraciones relevantes de esta. Utilizo la expresión “alteración de la conciencia” como un término más general que “estado de conciencia alterado” (que implica un estado estable que es claramente separable del estado normal de vigilia a lo largo de algunas dimensiones apropiadas). La siguiente es una lista de alteraciones de conciencia junto con algunas notas explicativas.

1. el estado normal de vigilia, soñar despierto, la absorción y la atención plena.

Hay varias definiciones de soñar despierto, dependiendo de la combinación de espontaneidad, subjetividad y fantasía que uno adopta para la definición de cada uno. Usualmente, uno conceptualiza el soñar despierto como opuesto al pensamiento enfocado. En nuestra tradición occidental, hemos privilegiado epistemológicamente el pensamiento racional enfocado en el estado de despertar ordinario, aunque reconociendo que las ideas podrían ocurrir durante la ensoñación como describe, por ejemplo,  Graham Wallas (1926) sobre las cuatro etapas de la resolución de problemas. La absorción es un estado mental enfocado con autorreflexión atenuada puede ocurrir por sí misma o en el contexto de un trance hipnótico o estilos de meditación y de concentración. La atención plena, por lo general, se refiere al monitoreo sostenido de los eventos de la corriente experiencial de cada uno e incluye la no identificación con los contenidos de la mente, así como una actitud de ecuanimidad hacia esos contenidos.

2. restricción sensorial.

La restricción sensorial, conocida previamente como privación sensorial y también llamada “técnica de estimulación ambiental restringida”, se refiere a la reducción de la entrada sensorial. Esto se puede hacer, por ejemplo, permaneciendo en una habitación oscura y silenciosa, acostado en un tanque de flotación, o experimentando un campo sensorial uniforme, como en los llamados experimentos de Ganzfeld.

3. sueño, parasomnias.

El sueño es un estado de conciencia alterado inducido biológicamente. Las parasomnias son trastornos del sueño tales como terrores nocturnos y sonambulismo. Conductas altamente complejas pueden ocurrir durante el sonambulismo, como en el caso de Kenneth Parks, quien condujo su automóvil hasta la casa de sus suegros y mató a su suegra mientras dormía.

4. estados hipnagógicos e hipnopómpicos.

Los estados hipnagógico e hipnopómpico son estados de transición que ocurren mientras se duerme y se despierta, respectivamente, a menudo caracterizados por imágenes vívidas. Estos son a veces estados liminales en los que el material no consciente emerge en la conciencia.

5. soñar, pesadillas, incubación de sueños, sueños lúcidos, sueños precognitivos, sueños compartidos.

Durante el sueño ocurre el movimiento lento ocular, durante el cual hay un metabolismo cerebral reducido, así como el movimiento ocular rápido en el que el metabolismo cerebral es aproximadamente el mismo que durante el estado de vigilia. Las pesadillas son sueños disfóricos. El sueño lúcido es soñar teniendo consciencia de lo que uno está soñando; esa habilidad puede ser cultivada deliberadamente.
Los sueños precognitivos implican soñar con eventos que ocurren en el futuro. Los sueños compartidos incluyen tanto sueños engranados, en los que dos personas sueñan los mismos contenidos y los sueños reunidos, en los que dos o más personas se encuentran en sus sueños. La experimentación con los sueños compartidos implica volverse lúcido mientras sueña y luego buscar un encuentro con otro soñador lúcido para intercambiar información específica (Waggoner, 2009). Mientras que hay evidencias considerables sobre el sueño precognitivo, hay escasas pruebas para los sueños compartidos, aunque su ocurrencia parece ser probable.

6. trance hipnótico, propensión a la fantasía, trance, estados disociados, trastorno de identidad disociativa, posesión, mediumnidad.

El trance hipnótico es cualquier estado al que uno ingresa al ser hipnotizado. Este no es el mismo estado para todos, pero depende de la susceptibilidad hipnótica de cada cual y de las disposiciones que permiten tal susceptibilidad. En algunos casos, tal trance es simplemente un comportamiento obediente en el estado de vigilia. En otros, podría ser debido a la propensión a la fantasía o la disociación. La propensión a la fantasía se refiere a la capacidad de una persona para imaginar algo como si fuese real, sin confundir los eventos imaginarios como reales. A menudo, el comportamiento hipnótico es el resultado de la disociación, por lo que hay desconexiones funcionales dentro de la psique de una persona. “Trance”, en general, es un término usado para una serie de estados en los que aparece la presencia de la conciencia subjetiva y la autodeterminación, pero no existe una conciencia real o autodeterminación significativa.
El trastorno de identidad disociativo es un trastorno psiquiátrico en el que las personas o fragmentos alternativos se turnan para ser esa persona. La posesión se refiere a estados en los cuales una persona parece haber sido tomada por otra cosa que no sea aparentemente esa persona. Puede haber confusión entre la posesión y el trastorno de identidad disociativo porque esa posesión podría ser simplemente la manifestación de una persona derivada en la psique nosotros mismos, es decir, personas que se creen poseídas por entidades tales como parientes fallecidos. En otros casos, parece que tanto el trastorno de identidad disociativo como la posesión se producen dentro del mismo cuerpo.
La mediumnidad es la transmisión ostensible de información o energía desde dimensiones de la realidad distintas de la manifestación física ordinaria.

7. experiencias fuera del cuerpo.

Las experiencias extracorporales son experiencias en las que una persona tiene una sensación somástica de estar fuera de su cuerpo, independientemente de si tiene algún sentido o no fuera de el.

8. experiencias de abducción alienígena.

Las experiencias de abducción alienígena son experiencias en las que una persona cree haber sido secuestrada por extraterrestres y puede incluir sentimientos de terror extremo, falta de tiempo y cicatrices o marcas corporales. En la actualidad no se conocen explicaciones para estas experiencias. 

9. estados inducidos por drogas.

Las drogas psicoactivas inducen alteraciones de la conciencia en diversos grados. Los estados inducidos por fármacos más interesantes son los causados ​​por sustancias psicodélicas como la ayahuasca, la dimetiltriptamina, la dietilamida del ácido d-lisérgico, la psilocibina y la mescalina.

10. flujo, estados místicos, estados trascendentes, conciencia pura, estados no-duales, estados de no “yo”.

El flujo es un estado de bienestar excepcional en el cual uno está absorto en una actividad desafiante para la cual uno tiene las habilidades requeridas. Los estados místicos se caracterizan, en resumen, por un sentido de unidad con todo lo que existe, revelación noética y alegría. Los estados trascendentes son estados que, en algún sentido, se consideran superiores al estado normal de vigilia. La conciencia pura se refiere a estados de conciencia sin intencionalidad, es decir, estados de conciencia en los que se produce el sentido de la existencia pero en los que no hay contenidos de conciencia. Los estados no duales son estados en los que la dualidad entre sujeto y objeto desaparece. Y los estados de no “ser” son estados en los cuales el sentido de sí mismo de una persona desaparece (por ejemplo, Roberts, 1993).

11. muerte, estados de muerte inminentes, experiencias cercanas a la muerte, experiencias cercanas a la muerte compartidas.

La muerte es un estado de conciencia alterado, aunque no está claro exactamente de qué tipo. Los estados de muerte inminentes son estados de conciencia cercanos a la muerte en los que una persona puede alucinar con la presencia de parientes fallecidos u otros seres. Las experiencias cercanas a la muerte son informes de experiencias en las que una persona generalmente ha estado cerca de la muerte durante un período de tiempo sin respiración, latidos ni ondas cerebrales. Las experiencias compartidas cercanas a la muerte son similares a los sueños compartidos, ya que una persona que posiblemente esté en la misma habitación, pero que no está moribunda, comparte la experiencia de una persona que tiene esa experiencia (Moody, 2010).

12. Memorias putativas de: experiencias prenatales, experiencias de vidas previas, experiencias futuras de vida, experiencias entre vidas.

Ya sea de forma espontánea o mediante hipnosis, imágenes guiadas u otros medios, las personas parecen “recordar” experiencias que ocurrieron antes de nacer, experiencias de vidas aparentemente previas, experiencias de vidas “futuras” o experiencias de entre vidas.

13. estados patológicos tales como des-realización, des-personalización, depresión, psicosis, ansiedad, el estado ordinario de vigilia.

La conciencia también puede alterarse en estados patológicos como el desorden de des-realización en el que se pierden los sentimientos de realidad; desorden de des-personalización, en el cual se pierde el sentido del yo; depresión, psicosis y ansiedad. Y, por último, no es difícil argumentar que el estado ordinario de vigilia es también un estado patológico (véase Walsh, 1984; Malamud, 1986).

Sentimientos de realidad

Los sentimientos de la realidad (FOR según sus siglas en inglés) son “cómo se siente la realidad (real)”. Una manera de pensar sobre ellos es considerar la noción de William James de: es una penumbra que rodea un pensamiento particular que crea el contexto dentro de ese pensamiento (James 1890/1983). El estudio psicológico de la experiencia ha consistido en gran medida en el examen de sus contenidos, siendo el foco de atención y no el contexto en el que ocurren. Una razón para ello es simplemente que es más difícil observar empíricamente su contexto, precisamente porque no es el foco de atención. Esto es comparable al estudio de la materia oscura y la energía oscura cuya existencia debe inferirse de las observaciones de la materia de sí refleja la luz (Panek, 2011). Uno de mis estudiantes de tesis estudió los FORs con participantes en estado ordinario de vigilia, en una experiencia imaginaria cercana a la muerte y en una experiencia real cercana a la muerte. Encontró que los FOR variaron en diferentes estados de conciencia (Sangster, 2004).

Para la mayoría de la gente, la realidad se siente de forma real. Sin embargo, hay estados de FORs disminuidos, como los que ocurren en el trastorno de des-realización, en el cual los eventos que suceden para una persona no se sienten como si fueran reales. Esto puede ser un sentimiento aterrador.  Pero el FOR también se puede mejorar en algunos estados de conciencia alterados, como experiencias cercanas a la muerte, sueños lúcidos, experiencias de abducción extraterrestre y estados trascendentes. En la tesis anteriormente mencionada se descubrió que los FOR eran más claros, más intensos y más distinguibles en los estados alterados que estudiaba en comparación con el estado normal de vigilia (Sangster, 2004).
La pregunta es obvia, ¿los sentimientos de realidad son un buen criterio para lo que es realmente real? Si la respuesta es afirmativa, entonces algunas experiencias cercanas a la muerte, sueños lúcidos, experiencias de abducción extraterrestre y experiencias trascendentes son más reales que la realidad ordinaria. Si la respuesta es no, entonces la realidad de la realidad debe descansar en criterios distintos a los FOR. Si es así, ¿qué son exactamente? ¿Cómo se determina la realidad de lo que está sucediendo? ¿Qué válida es la confiabilidad, por ejemplo, como un criterio de lo que es real?, Y hay alguna evidencia de que el estado normal de vigilia es epistémicamente ¿privilegiado? Y si no es así, y vamos a la suposición de que lo que está sucediendo en el estado ordinario de vigilia es “real”, entonces, ¿qué nos queda?.

¿Por qué importa esto?

Samuel Johnson refutó el idealismo del obispo Berkeley* quien pateó una gran piedra para avalar su teoría (Boswell, 1823). La idea detrás de esta refutación es que nadie puede negar la solidez objetiva de la manifestación física porque se siente real. En otras palabras, porque los sentimientos de la realidad son tan evidentes en el estado ordinario de vigilia que los fenómenos en ese estado deben estar hechos de “cosas” sustanciales. Por supuesto, lógicamente, eso no tiene sentido, pero a veces todavía escucho ese tipo de “refutación” cuando la substancialidad de la materia es desafiado. En un sueño lúcido, me encontré en una habitación en un edificio alto que era indistinguible. Recordando el “argumento” de Samuel Johnson, deliberadamente caminé hacia la pared de los sueños y la golpeé con mi puño fuertemente varias veces.
SI!! Era sólida, como la piedra de Johnson. Para mí, los FORs eran lo mismo en mi sueño lúcido que en mi estado ordinario de vigilia. Al escuchar esta historia, una de mis estudiantes repitió mi experimento en su sueño lúcido y también encontró las paredes en su sueño de forma sólida.
Sin embargo, el hecho de que las paredes en nuestros paisajes oníricos fueran sólidas, no significa que estuvieran hechas de cualquier cosa. Los sentimientos de la realidad en mi sueño no me permiten concluir que la pared estaba hecha de “cosas”. De manera similar, solo porque la manifestación física nos parece ser sólida no significa que esté hecho de cualquier “cosa material”. Y, de hecho, sabemos por la física subatómica que las partículas elementales no tienen existencia continua, extensión espacial o propiedades estables (Kempf, 2008; Kochen y Specker, 1967; Barušs, 2010). En otras palabras, no hay nada allí abajo para construir la realidad. La materia no está hecha de nada.

Entonces, ¿qué nos dice esto sobre la conciencia? Los sentimientos de la realidad nos aporta suposiciones sobre la naturaleza de la realidad y nos da una mayor oportunidad para cuestionar la naturaleza de la manifestación física. Las teorías materialistas de la conciencia, como las propuestas por Christof Koch (2012), dependen de la viabilidad de una materia ontológicamente robusta, al menos en el ámbito macroscópico.
Pero si podemos engañar tan fácilmente sobre la solidez de los objetos en nuestra experiencia, entonces, ¿cuán entusiasmados deberíamos estar con las teorías materialistas que prometen dar una explicación de la conciencia, en términos de lo que podría terminar siendo tan alucinante como la pared de mis sueños?

Mi ejemplo también sugiere un camino a seguir para comprender la naturaleza de la conciencia. En las experiencias de sueños mediante el yoga, por ejemplo, la idea es dominar el estado del sueño. Esto incluye usar la voluntad para dirigir eventos de ensueño. En mi sueño lúcido, después de golpear la pared, decidí atravesar el techo para llegar a la parte superior del edificio. Al principio no pude, porque el techo era sólido, pero como sabía que estaba soñando, sabía que era solo un techo de ensueño, por lo que me mantuve dispuesto a pasar por él hasta que lo penetré con éxito. La fórmula es que las ideas y habilidades aprendidas durante el estado de sueño pueden trasladarse al estado de vigilia, hasta que se reconozca que el estado de vigilia es tanto una proyección de la mente como el estado de sueño (LaBerge y Rheingold, 1990). Entonces, tal vez cuando pateamos la piedra de Johnson, el pie pasa a través de ella.

*De Berkeley negaba la existencia del mundo exterior, pateo una gran piedra mientras decía: así es como lo refutó

 

Fuente: What We Can Learn about Consciousness From Altered States of Consciousness (Extractos)

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Publicado por en diciembre 2, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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Sueños, hijos de un dios menor

Por Marianna Bolko

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En 1991, junto con mi compañero Merlini con quien desde hace varios años trato aspectos clínicos y teóricos de los fenómenos E.S.P. en el psicoanálisis, hice una contribución que apareció en un volumen publicado por Bollati-Boringhieri en relación a los sueños. La exposición establecida a continuación son basadas en referencias tomadas de mi experiencia personal.

Mi contribución se limita deliberadamente a la matriz psicoanalítica freudiana. Voy a considerar algunos fenómenos que se producen durante el análisis de la constelación: transferencia-contratransferencia, para lo cual parece legítimo afirmar la posibilidad de una investigación con herramientas analíticas específicas.

¿Por qué hablo de los sueños y de los fenómenos E.S.P.? Creo que la respuesta más simple y, al mismo tiempo, más cierta es que en la práctica analítica los fenómenos E.S.P. aparecen en sueños.

El sueño y su historia es una expresión de una relación que representa un momento particular de una disponibilidad mutua, la intimidad, la modulación de la experiencia emocional que puede facilita el reconocimiento del fenómeno ESP. El sueño es un “lugar” privilegiado para de los fenómenos ESP, y éstos se han descrito incluso fuera de el. En la literatura psicoanalítica, han sido reportados sueños telepáticos que, aunque no se refieren a la relación analista-paciente, desarrollan su propia fuerza demostrativa, como se fue señalado por Freud sobre su propio material después del proceso analítico sometido. Está claro que el trabajo analítico de los fenómenos E.S.P. puede ser observado por todos lados. Pero especialmente en los sueños, para los que, hablando de sueños y telepatía, el punto de conexión puede ser colocado en el estado de alteración de la conciencia o, de conformidad con la dicción de parapsicólogos, “otro” (y no “alterado”), que ocurre en el sueño, hipnosis, bajo el efecto de drogas, el éxtasis, en la meditación trascendental, en Ganzfeld, etc ..

Es la afinidad entre los fenómenos telepáticos y sueños (estos últimos son la base sobre de la concepción del proceso primario de Freud) para sugerir la existencia de un denominador común en el cambio existencial, una condición en la que ambos ocurren. Su afinidad también se manifiesta en el hecho de que tanto los sueños como los fenómenos E.S.P. se caracterizan por la desorganización de las categorías de espacio, tiempo y causalidad.

Ehrenwald (1978) señala que el “lenguaje olvidado” de la fase simbiótica entre la madre y el niño se puede restaurar en cualquier situación que se proponga en este modelo de relación: una de ellos es el encuadre analítico. Mayor y Miller (1983), señalaron que el “lugar del interpretante” es un medio en el que se conocen y representan  partes del analista y el analizando indistintamente inconscientes, tenga en cuenta que “este proceso es similar al que vemos en la experiencia telepática”. Antes de exponer y discutir sobre los sueños cabe recordar las observaciones más significativas y esquemáticas de Freud sobre la relación entre sueños y la telepatía. También se debe decir que, para Freud, la transmisión de pensamiento y la telepatía eran casi fenómenos equivalentes. La telepatía se ve favorecida por el estado de sueño aunque el mensaje telepático llegue al destinatario cuando un evento externo se lleva a cabo, y sólo puede ser percibido por la conciencia en la noche siguiente durante el sueño .Hay dos tipos de “sueños telepáticos”: En el primero, el mensaje telepático puede considerarse un residuo durante el día que, según el esquema clásico, contribuye a la formación del sueño. En estos casos, “el mensaje telepático(…) no puede cambiar nada en el proceso de formación del sueño…”. En el segundo tipo, el sueño de forma la reproducción de un evento externo transmitido telepáticamente con respecto al que la psique mantiene en una actitud “receptiva y pasiva.” Para este tipo de sueños Freud creía que era una correcta dicción de “experiencia telepática que se producía durante el sueño”. La transmisión del pensamiento es particularmente fácil cuando una representación emerge del inconsciente o, en términos teóricos, cuando una representación pasa desde del “proceso primario” para el “proceso de secundario “

Caso del Dr. Alexander Calvesi

Esta es la exposición de Alexander Calvesi sobre el trayecto que hace para ir a su consulta y da matices de lo que ve y hay en el trayecto:

“Por lo general estaciono mi coche en la Piazza Navona, y luego ando – nunca me canso de admirar la fuente central de la plaza y la fachada de la iglesia de Santa Inés -por la Via del Corso hacia el Renacimiento- hasta alcanzar, con sólo unos pocos pasos de distancia, la puerta del edificio donde esta el estudio dónde se encuentra la casa del analista al que vengo, subo a pie las escaleras (al no haber ascensor), llegando al final de los dos primeros tramos de escaleras, habían vidrieras compuestas por un mosaico siendo un patrón de diamantes rojos y verdes. Entro en la casa-estudio. Por lo general, espero unos minutos antes en una habitación con antiguas mosaicos rojos, en el fondo de la cual había una mesa de madera. En invierno, la sala de espera se calentaba con un pequeño calentador portátil (no había ningún sistema de calefacción). Así que accedo al verdadero estudio, donde entre otras cosas, estaba el sofá y una biblioteca alta y ancha “.

La paciente se encuentra en el segundo mes de tratamiento. Es la primera vez que va a este consultorio e informa a Calvesi sobre un sueño que tuvo días antes de acudir a visitar al doctor:

“Me voy a una especie de consultorio médico en la Piazza Navona, o tal vez cerca de la Piazza Navona, el estudio está situado en un antiguo palacio, de aquellos que no hay ascensor y hay un sistema de calefacción central. Hay un pasillo estrecho de escaleras, todo interno, cerrado, al final de esta rampa hay una vidriera con dos colores: rojo y verde, entonces hay otro tramo de escaleras y otra ventana similar, la puerta de la casa del médico es de madera vieja, robusta. Dentro de la casa veo una especie de sala de estar con una mesa de madera en la parte inferior, veo el antiguo suelo de baldosas rojas, una especie de cama que se parece a una de esas camas de doctor, pero no es realmente así, veo estantes, pero donde no hay medicinas como en los estudios médicos. Veo una vieja máquina de coser.. un estante marrón de madera, viejo, carcomido, está montado sobre un bastidor de hierro, a continuación una plataforma con ruedas “.

Caso de la Dra. Loredana Micati 

G., es un estudiante universitario en el segundo año de análisis. Durante el período experimental del sueño, G. tiene que ir a otra ciudad para asistir a la Universidad, lo que se traducirá en la reducción de los períodos de sesiones y se concentrarían en unos pocos días.

Unas semanas antes de la fase de sueños, mientras G. acababa de entrar en el estudio, Loredana Micati siente un fuerte dolor repentino en el centro del pecho, “Dios Mío” – piensa ella- lo que es una molestia podría llegar a ser un ataque al corazón ¿Debo renunciar para siempre a las actividades deportivas?. El paciente dice: “Al venir aquí me dio un ataque de ansiedad por el miedo, mi corazón parecía romperse, estaba seguro de que iba a morir de un ataque al corazón y estaba a punto de renunciar a venir para ir al hospital.”

Micati  fin de semana a la última sesión con G. el viernes:

El sábado por la noche se reúne con un cirujano y “joven amigo” y le pidió examinarle un bulto en el pecho que se había descubierto hacía unos meses; se fijó la reunión para el día siguiente, domingo por la mañana: “Yo no estaba preocupada, pero consideré mi descuido un poco. Durante la noche soñé con la visita prevista, pero me dio vergüenza como si hubiera matices eróticos por la joven edad de mi amigo, a través de una serie de pasos que había invertido como una figura materna. El domingo me encontré con el cirujano, pero ambos nos olvidamos del problema que yo había mencionado la noche anterior. “

El lunes siguiente G. relata un sueño: “Yo estaba en casa de mi prima, estaban también sus dos hijos. Ella me llama y me pide que mirarle el pecho porque estaba preocupada por el descubrimiento de un bulto, me siento incómodo,.. Yo estaba emocionado y aterrado a la vez “.

En estos dos sueños, tal y como se puede ver, en el paciente se dieron matices de algo que afectaba a la vida de la analista. Pero cada uno de manera diferente. Empecemos por los aspectos formales, recordando la observación de Freud (1921) sobre los sueños telepáticos: “… el mensaje telepático se trata como de una parte del material que contribuye a la formación de los sueños, que también se sufre en el trabajo del soñar. La experiencia telepática prefiere jugar desde el exterior deformando el evento.”

El sueño que Freud había sugerido para estas observaciones fue la de un hombre que sueña que su esposa había dado a luz a gemelos en la misma noche que su hija, en otra ciudad y con un mes de antelación a la fecha prevista.

El sueño del paciente es uno en el que la transformación de la realidad parece ser la más relevante. Se podría decir que la realidad se rompe y luego se vuelve a montar en un orden diferente. Cabe señalar que todo el sueño manifiesto, aunque en diferente orden, representa la realidad emocional y fáctica del analista. Para que este sueño pueda valer en la observación de Freud debe desarrollar su fuerza demostrativa sólo después de procesamiento analítico.

El sueño de la paciente se coloca en el extremo opuesto en el caso de Calvesi: la realidad es, de hecho, casi fielmente reproducida. Casi, porque en el sueño, hay tres versiones: la primera es la parte “que se ve a través de algo estrecho”, la segunda, el entorno único que lo coloca en la sala de espera y el estudio, y la tercera y el más importante, es representada por la presencia de una “máquina de coser antigua”. Es este último elemento el que da al sueño el mágico ambiente presente en ciertas pinturas de Magritte y Delvaux. Sobre este último elemento, se debe tener en cuenta el desarrollo de Calvesi para con el resto del sueño pareciéndose a la realidad, siendo “una experiencia telepática” que parece que tiene el único propósito de atraer su atención.

El sueño del paciente de Micati es una reproducción fiel de la situación del analista, pero con el reemplazo de los personajes: este aspecto recuerda al sueño de tener gemelos reportados por Freud.

Tal vez hay más, porque en el sueño parece estar también representada la situación emocional del analista, como se desprende del sueño y sus posibles consecuencias: la visita no se hace por olvido.

Sobre la base de esta primera aproximación se puede observar que, en todos los sueños, el nivel manifiesto es siempre un mensaje telepático bien reconocible con los personajes, la singularidad y especificidad que Ehrenwald (1978) reunió bajo el término “elemento trazador”. También en el sueño informado por Micati el elemento telepático se refiere explícitamente a la realidad fáctica y emocional del presente, mientras que se informó de los aspectos materiales presentes en el de Calvesi, aunque de manera implícita (la máquina de coser). Uno puede preguntarse si estas diferencias formales son irrelevantes o pueden tener algún significado. Dicho de otra manera: el sueño telepático tiene un significado único, porque lo telepático no es el hecho de que los los pacientes sepan que su analista ha escrito una carta, esto es diferente a saber el tipo de sensaciones y sentimientos en el momento preciso. La telepatía es la situación concreta en el contenido del sueño y esta revela algo.

Dejando en suspenso la cuestión de investigar qué parte juega el paciente en el sueño y lo que son sus identificaciones. El paciente es Calvesi en sí mismo: “Yo voy a …”, pero no sabe que está representando a Calvesi que va a la Piazza Navona. La máquina de coser es en cambio la de su madre, este es el paciente mismo, pero él no sabe que es también la madre de Calvesi: ¿A quién pertenece el coche? ¿Quién es el soñador?

El paciente de Micati es definitivamente el joven cirujano amigo y primo, Micati son dos personas distintas. Pero entonces el paciente es también el analista en sus componentes.

En estos dos sueños hay algo curioso: el soñador ve a su analista como, por ejemplo, por las escaleras del apartamento, en  la Via del Corso y se ponen en marcha, sin embargo todos son los protagonistas.

“Con el motivo de dar a luz ” Freud escribe eliminado la esfera del padre y vinculando a que la psique despierta el deseo inconsciente: Es este deseo la discrepancia entre el contenido manifiesto del sueño y el evento real.

Por lo tanto, es el deseo inconsciente el que anima a todos los soñadores a ser protagonistas, de ponerse en los zapatos de su analista o de personas significativas para ellos en ese momento. Pero, ¿es realmente así?. En el ejemplo de Freud, no se puede imaginar que su padre había soñado con que el deseo incestuoso de su propia hija transmitido telepáticamente. O incluso que el sueño expresa el encuentro de dos deseos complementarios. “Yo soy todas las operaciones del paciente”.

Consideremos ahora el posible significado para el trabajo analítico, atribuido por diversos autores al sueño telepático.

Esquemáticamente, podemos identificar dos posiciones: una primera, mejora el sueño telepático sobre todo la revelación potencial de una situación contratransferencia “negativa” del analista.

La perspectiva de contratransferencia  puede tener las siguientes consecuencias:

El contenido del sueño es muy específico porque proporciona una información en profundidad sobre la situación transferal-contratransferal en vigor en el momento del sueño y detallado; el valor terapéutico que se refiere a la descripción de esta situación no es reconocida, y puede dar lugar a dificultades para el trabajo terapéutico; el sueño telepático no es un medio específico, ya que es, por lo menos, teóricamente admisible para la inauguración de la situación transferencial-contratransferencial ocurrida por otras vías.

Un segundo punto de vista considera el sueño telepático especial para la posibilidad de la experiencia “fusional” o de “co-identidad” para un importante significado terapéutico. Micati en su contexto dice que se “mantengan organizadas y bien diferenciadas (…). La comunicación ESP necesita para superar la barrera de la individualidad porque esta existe.

Las implicaciones de esta perspectiva pueden ser:

El contenido del sueño tiene poco o ningún valor, ya que es la única ocasión en que nos damos cuenta de la necesidad de fusión. Hay pacientes tales como, por ejemplo, el que Micati menta que, para lograr la experiencia de la fusión, antes de usar el sueño prueba otros caminos. En otros pacientes, sin embargo, como el de Calvesi, el sueño telepático aparece de repente, por decirlo así, sin ninguna advertencia.
El valor terapéutico se refiere a la posibilidad de experimentar una situación de fusión, mientras que el mantenimiento de los límites de su individualidad es distintiva.
El sueño telepático (y cualquier otro evento ESP) es altamente específico como factor terapéutico, ya que hay otras posibilidades fuera de ella para hacer la experiencia más elevada.

A partir de la observación de que el material inconsciente del sueño telepático contiene generalmente el paciente y el analista, se ha argumentado (Hollos 1933 Servadio, 1935) que, en principio, se produce un sueño debido a la aparición y la intersección de los componentes inconscientes de ambas “partes formadas con el sufrimiento estructural similar” definido por Calvesi (1980).

En este sentido, Fodor (1942) argumentó que el análisis de un sueño ESP no termina con las asociaciones sólo del paciente, sino que también requiere que el analista y su material onírico. Como se puede ver, incluso en el contexto de la fusión, las cosas son un poco “más complejas, o al menos pueden serlo y el contenido no sería indiferente, porque está vinculado a “las mismas partes” que se reactivaron atrayendo de esta manera la “atención al hecho de que la colocación de clavos en procesamiento analítico no se debe sólo a la del paciente.

A eso es lo que pertenece “la máquina de coser” del sueño del paciente de Calvesi. Como observó el mismo Calvesi, son experiencias originales similares que se entrelazan y pueden encontrar una reestructuración conjunta. El hecho de que usted tenga una regresión en las primeras etapas de la relación (fusión simbiótica…) no daría lugar a una regresión similar de los contenidos. Por último, los pacientes a través de los sueños y otras experiencias ESP pueden satisfacer sus necesidades fusionales que generalmente disponen en una organización psíquica intacta. Ehrenwald señaló acertadamente que los pacientes con trastornos de la personalidad, paranoico o dudosos son capaces de hacer frente a estas experiencias. El nivel de intimidad en los cuales se aplica el riesgo de que se pondría en marcha un colapso de organización psíquica regresiva son incontrolables de forma rígida y están unidas por las defensas primitivas.

En conclusión: los artículos de Freud, “Psicoanálisis y telepatía” (1921) y sobre todo “El significado oculto de los sueños” (1925) ya plantearon este problema: la capacidad de la vidente de “leer” el deseo reprimido de los que la convocan, Freud cambió no obstante en la consideración general de que “un deseo intenso junto con los pensamientos inconscientes y los conceptos que se derivan de ella son recuerdos con un tono emocional muy fuerte” y pueden ser fácilmente transmitidos. Jones, sin embargo, no era de la misma opinión aunque la considera aceptable desde el punto de vista de la integridad de la teoría psicoanalítica de los sueños.

Es el momento que en la actualidad se tomen en serio los problemas que atormentaban a Jones, ya que la historia está haciendo de una manera su justicia.

 
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Publicado por en junio 18, 2017 en Casuística, parapsicologia

 

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El “Comité del sueño”: Un estudio sobre la incubación de sueños para solucionar problemas

Por Deirdre Barrett

 

El poeta surrealista francés, St. Paul Boux, colgaba un cartel en la puerta de su habitación antes de retirarse que decía: ” Poeta trabajando” (Gumpertz, 1976, p 161.). Una creencia similar en la productividad nocturna fue expresada por John Steinbeck: “Es una experiencia común que un problema difícil  esté resuelto por  la mañana después de que el “comité del sueño” haya trabajado en él.” (Running Press, 1988, p 88). Una versión más corta de lo anterior es lo referido como “dormir con ello!”.

Ninguna de estas citas designa el sueño como portavoz del “comité del sueño”. Sin embargo, la mayoría de resoluciones de problemas o la producción creativa ocurre durante la fase REM del sueño o bajo imágenes hipnagógicas. Los casos más famosos y controvertidos son como los del químico Kekulé, quien informó que su trabajo (ganador de un premio Nobel) sobre la realización de la estructura molecular del benceno se produjo después de soñar con una serpiente agarrando su cola en la boca (Ramsay y Rocke, 1984). Mendeleev describe que soñó la tabla periódica de los elementos en su forma completa (Kedrov, 1957, pp. 91-113). El experimento ganador del premio Nobel que demuestra la transmisión química de los impulsos nerviosos hacia el corazón de una rana fue concebido por Otto Loewi mediante un sueño (Dement, 1974, p. 98).

Inventos tan variados como la máquina de coser con aguja de Elias Howe  (Kaempffert, 1924. p. 385) o el  cañón antiaéreo controlado por ordenador de JB Parkinson(Fagen, 1978, p. 135) han sido concebidos en sueños. William Blake describió haber sido informado por hermano muertopor medio de un sueño acerca de una nueva manera de grabar sus canciones ilustradas encontrando que  funcionaba bien (Diamond, 1963, p. 17). Coleridge (1895) afirma en el prefacio de “Kubla Khan” que apareció el poema completo en un sueño inducido por el opio, y Robert Lewis Stevenson (1925) soñó las dos escenas clave de su novela, El Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Varias piezas musicales fueron escuchadas por sus compositores en sueños incluyendo: “El trino del diablo” de Tartini (Ellis, 1911, p. 286), y la consagración de la primavera de Stravinsky. El académico Herman Hilprecht soñó que un sacerdote asirio vino a él y le reveló la traducción exacta de la piedra de Nabucodonosor (Van de Castle, 1971. p. 1).

Psicólogos e historiadores adoptan diversas posturas hacia esas anécdotas. Wotiz y Rudofsky (1984) han sugerido que Kekulé confabuló o mintió sobre la imagen de la serpiente mucho tiempo después de la publicación de su trabajo sobre el benceno para ocultar su dependencia sobre trabajos químicos anteriores. Sin embargo, Ramsay y Rocke (1984) han aportado que la imagen del sueño de Kekulé se describe desde la primera presentación del documento, debidamente citando a sus predecesores, y que gran parte de la argumentación y de Wotiz y Rudofsky se basa en traducciones de documentos alemanes erróneos. Blagrove (1992) afirma que, en principio, ninguna de estas anécdotas podría ser exacta. Sostiene que los sueños, por su propia naturaleza, no pueden ni siquiera tener la intención de resolver algún problema, y mucho menos hacerlo: “. . .  el lugar para la resolución de problemas es la vigilia, el mundo social “. (p. 24)

Otros creen que no sólo la resolución de problemas se produce de forma espontánea, si no que también abogan por cultivar una incubación del sueño.. (Garfield, 1974; Reed, 1976; Delaney, 1979).

Varias investigaciones han examinado los diferentes aspectos de la resolución de problemas y sueños. Wile (1934) abordó la cuestión de la incubación cuando midió el tiempo que tomó a los niños en  auto-inducir un sueño sobre un tema deseado. El tiempo promedio fue de 5 semanas; el más corto fue de 2 semanas, el más largo de 6 meses. Wollmering (1978) encontró que en un período aún más corto de tiempo, el 38% de los sujetos adultos jóvenes podrían aprender a alterar los resultados de sus sueños de manera seleccionada antes de dormir.

Cartwright (1974) tenía sujetos tratando de resolver tres tipos de problemas: crucigramas, pruebas de asociación de palabras y finalización de historias. Antes de dar sus respuestas, se les dio un período de sueño que incluía al menos un intervalo REM o una cantidad equivalente de tiempo de vigilia. Los dos primeros tipos de problemas fueron medidos por la corrección, y no se encontraron diferencias entre el sueño REM con/vs un intervalo de vigilia. La finalizaciones de historias fueron juzgadas en base a: optimista vs. final negativo; el sueño REM produjo más finales negativ0s. Sin embargo, el experimento no trató de evaluar la calidad de las historias.

Dement (1974) aportó a 500 estudiantes de grado tres problemas “rompecabezas” para leer más antes de ir a dormir, y de ese modo tenerlos en cuenta para dar con las soluciones en sus sueños nocturnos. De 1.148 intentos para dar con la solución de los problemas, 87 sueños abordaron el problema pero sin encontrar una solución. Siete estudiantes informaron de sueños que resolvieron el problema y algunos otros habían tenido sueños que parecían hacer alusiones a la solución. Un ejemplo de esto último fue en respuesta al problema: “HIJKLMNO: ¿qué palabra Qué representa esta secuencia?”. El sujeto informó: “tuve varios sueños todos los cuales tenían agua en alguna parte . . ” y se describe el agua en cada sueño. Sin embargo, su conjetura en la solución al problema era “alfabeto” en lugar de “agua” (= H2O).

Morton Schatzman (1983a, 1983b, 1984, 1986) ha repetido este paradigma experimental, dando rompecabezas a gran número de personas en Inglaterra a través de los medios de comunicación. Ha recibido decenas de ejemplos de sueños para resolver esos problemas, a pesar, de que no tiene manera de determinar el número total de personas que pueden haber estado tratando de incubar las soluciones.

Para el presente experimento se decidió explorar que los sujetos dieran con la solución a problemas de su propia elección. Aunque éstos carecen de un criterio definitivo para la calidad de las soluciones tienen una enorme ventaja en términos de relevancia y motivación.

Método

Setenta y seis estudiantes universitarios (47 mujeres, 29 hombres, con edades de 19-24, edad media= 21) se les pidió que incubaran sueños que abordaran problemas de una tarea en una clase de sueños. Se les instruyó para seleccionar un problema de relevancia personal con la solución reconocible. Podría ser de un objetivo general, personal, o de carácter académico. Se les pidió el escribir el problema de una manera simple y seguir las instrucciones de la incubación del sueño de Dement (1974). Inmediatamente antes de la primera noche de incubación de sueños, habían asistido a una conferencia que resumía los trabajos sobre la solución de un problema en los sueños. Esto incluyó los estudios revisados ​​anteriormente y una descripción detallada de las técnicas de incubación de Dement (1974), Garfield (1974), Reed (1976), Delaney (1979), y Schatzman (1983a).

Los sujetos siguieron este procedimiento todas las noches durante una semana o hasta que que tenían un sueño que suponían resolver el problema. Se registraron todos los sueños que recordaban durante esta semana y se señaló los siguientes: A) los que estaban en el tema del problema, incluyendo abordar cualquier aspecto del problema o cualquier intento de solución del mismo y B) los que creían que contenían una solución satisfactoria al problema.

Dos evaluadores juzgaron todos los sueños en artículos semanales sobre los criterios A y B. Los sueños considerados por ambos jueces para tratar o resolver problemas se utilizaron para el análisis.

Resultados

La concordancia entre los jueces varió entre el 88 hasta el 100%. En acuerdo de los jueces con los sujetos varió entre el 75 a 100%. Véase la Tabla 1.

 

Total de Sueño Incubados Sueño en Tema Solución de sueño
N = 2 Js% = Js w / S% = 2 Js% = Js w / S% =
Personal 64 96 84 98 88
Objetivo 8 88 88 100 88
Académico 4 100 75 100 100
Todos los problemas 76 97 84 99 88

Tabla 1. Porcentaje Acuerdo entre los jueces y los sujetos sobre las calificaciones de incubación del sueño resultados

Aproximadamente la mitad de los sujetos recordó un sueño que a su juicio estaba relacionado con el problema. El setenta por ciento de ellos cree que su sueño contenía una solución al problema. La mayoría de los sujetos seleccionados tomaron problemas de carácter personal para la incubación. Prácticamente todos ellos eran, o bien, dilemas de relación o decisiones educativas /vocacionales. Estos problemas de carácter personal eran mucho más propensos a ser vistos como resueltos por el soñador que los de carácter académico. Los dos problemas de carácter médico eran mucho más claros en sus sueños que cualquier otro tipo de problema objetivo que se mostraba como una sub-categoría separada. Véase la Tabla 2.

 

Total de Sueños incubados Tena de sueño Solución de sueño
N = % = % =
Personal 64 48 36
Objetivo 8 63 38
(médico) (2) (100) (50)
(otro) (6) (50) (17)
Académico 4 25 0
Todos los problemas 76 49 34

Tabla 2. Calificaciones de incubación de sueños de los sujetos.

Los jueces independientes clasificaron los sueños sobre el modo de como abordar o resolver los problemas de los que los soñadores, siguiendo las mismas pautas que los soñadores para sus conclusiones. Véase la Tabla 3.

El ejemplo siguiente sobre un problema personal es representativo de que puede no coincidir lo que los jueces y los sujetos acordaron sobre un problema y se presentó una solución:

Problema: He barajado dos programas de psicología clínica y dos de psicología industrial pero simplemente no puedo decidir en qué campo quiero entrar. Sueño: Un mapa de los Estados Unidos. Estoy en un avión volando sobre este mapa. El piloto dice que estamos teniendo problemas en el motor y necesitamos tomar tierra y buscamos un lugar seguro en el mapa que se indica mediante una luz. Me pregunto por MA, pues parece que estamos en ese mismo momento y dice que MA es muy peligroso. Las luces parecen estar más hacia el oeste. Me despierto y me doy cuenta de que mis dos centros de medicina clínica están en MA donde he pasado toda mi vida y donde viven mis padres. Ambos programas industriales están muy lejos, en Texas y CA. Yo buscaba inicialmente algo cerca de casa pero no había buenos programas industriales cercanos. Soy consciente que es un error el quedarse cerca casa, pues alejándome probablemente sea mejor el tipo de programa que realizar.

 

Total de sueños incubados Tema del sueño Solución del sueño
N = % = % =
Personal 64 50 28
Objetivo 8 50 38
(médico) (2) (100) (100)
(otro) (6) (33) (17)
Académico 4 50 0
Todos los problemas 76 51 25

Tabla 3. Jueces Calificaciones de incubación del sueño resultados

Unos sueños eran mucho más la representación literal de los problemas y sus soluciones como el siguiente ejemplo acordada por los jueces y los sujetos:

Problema: He sido aceptado en una escuela de medicina que me requiere pagar $ 500 para asegurar mi plaza antes de que me respondan tres de las mejores escuelas de medicina. Sueño: Era invierno y yo estaba recibiendo rechazos de todas partes, así que decidió que debería pagar los $ 500.

Los sueños valorados por los sujetos, pero no por los jueces como abordados y resueltos eran por lo general más metafóricos como en los siguientes ejemplos:

Problema: Estoy tratando de decidir si entrar en el equipo de softball de nuevo esta primavera. Me encanta, pero la práctica me toma tiempo de mis estudios. Aunque podría ir a ver los partidos de este año y ver a mis amigos del equipo. Sueño: Estoy acampando en un lugar abierto en una tienda de campaña. La gente está por todas partes y me miraban. Me siento muy incómodo y expuesto. Solución: El sueño me recordó la frase “un observador en lugar de un hacedor” que tiene connotaciones muy negativas para mí. No creo que yo fuese feliz con sólo ir a los partidos.

Solo dos problemas médicos resultaron en los sueños percibidos como abordados y resueltos por los jueces. El primero de ellos se considera que presenta una solución por el tema.El segundo constituye la única vez que los jueces vieron un sueño como la presentación de una solución plausible mientras que el sujeto ve el problema:

Problema: He tenido grandes problemas con mi ciclo menstrual y mi médico no puede averiguar lo que está mal. Sueño: mi médico me dijo que estaba teniendo una reacción por parte de estar con una dieta y hacer excesivo ejercicio. En el sueño, mi médico me dio un medicamento para corregir esto y que yo estaría bien al tomar este medicamento. En la vida real le preguntó por la dieta aunque no le hizo nunca alusión respecto a ello; nunca ha preguntado por el ejercicio. Supongo que debería decirle sobre la dieta y el ejercicio, ¿eh?

Problema:  Cuando tomando mi medicamento se supone que tengo que tomar sólo una de estas pastillas al día; es malo si tomo más de una o de menos una. No podía recordar el día de hoy si la había tomado y estaba muy preocupada. Sueño: yo estaba bebiendo agua y tragando píldoras una y otra vez, y continué mucho tiempo a base de beber y tomar pastillas.

El único problema objetivo no médico que se consideró que hay que resolver era la siguiente:

Problema:  Hace poco se mudó de un apartamento a otro más pequeño. Con tesón trato de organizar los muebles del dormitorio en la nueva habitación. He estado tratando de decidir si hay una manera mejor o si tengo que deshacerse de algo. Sueño: vuelvo a casa y todas las cajas están desembaladas y los cuadros colgados. Todo se ve muy bonito. La pequeña cajonera que está en la sala de estar, arriba contra una pared, es como un aparador y se ve bien ahí. Estoy desconcertado porque yo no recuerdo haber hecho esto. No puedo averiguar si lo hice yo u otra persona tiene, pero me gusta. Despierto: El aparador quedó allí realmente bien cuando lo probé, así que lo dejé en ese lugar.

Conclusión.

Los sujetos en este estudio estuvieron inusualmente interesados en los sueños y habían estado expuestos a algunos casos de éxito para resolver problemas. Es obvio que no son representativos de la población en general, y por lo tanto, no se espera que este estudio tipifique lo que pasa a través de los sueños como la solución de un problema. Sin embargo, las características y la preparación de estos sujetos se asemejan a las técnicas que utilizan los terapeutas con sus clientes y relatados en cientos de libros de autoayuda.

Los resultados del presente estudio llevarían a esperar que, aproximadamente la mitad de estos pacientes de terapias o practicantes de autoayuda experimentarían en sí mismos una influencia en el contenido del sueño hacia un problema específico, y alrededor de un tercio de ellos reportaría una solución que aparecería en un sueño. Estos serían similares a las conclusiones de estudios anteriores (Wile, 1934; Wollmering, 1978).

Los tipos de problemas vistos como resueltos en el presente estudio se decantan por los problemas personales mucho más que por otros temas. Los problemas personales son aquellos a los que la mayoría de los psicoterapeutas aplican técnicas de incubación del sueño (Garfield, 1974; Reed, 1976; Delaney, 1979). Otra categoría que se ve de gran trascendencia en este estudio, pero insignificante para generalizarlo a partir de el, es el de los problemas médicos. Una vez más hay muchas anécdotas sobre este tipo de problemas (Garfield, 1991) y algunas investigaciones preliminares sugieren que el cuerpo puede percibir (Smith, 1990), e incluso dar soluciones (Kasatkin, 1967) a problemas de salud.

Aunque este estudio no se creó para evaluar rigurosamente la calidad de las soluciones, muchas de ellas parecen realizarse cuando los soñadores ya no eran conscientes. Las soluciones parecen estar en línea con las capacidades de vigilia de los sujetos. Las soluciones se expresan cuando están atrapados en sus estados de vigilia, pero no representan drasticamente diferentes facultades intelectuales. Esto es consistente con la literatura anecdótica: de compositores que sueñan con una buena obra musical, escritores que sueñan con la poesía clásica, y los mejores científicos que obtienen el material para un premio Nobel mediante sus sueños.

A pesar de que hasta ahora hemos referido a los sueños como una “resolución de problemas”, una de las cualidades más interesantes de estos sueños es que parecen presentar al yo del sueño frente a una solución que ha llegado mediante el inicio de este. A veces, el yo del sueño pone el punto final a los sueños como en el ejemplo de la psicología clínica y la industrial  mostrada mediante un mapa.

Tal vez el “comité del sueño” puede ser trabajado fuera de la REM y el papel del “portavoz” del sueño se quede tan sólo en una metáfora. Cabe la probabilidad, teniendo en cuenta lo que se conoce acerca de la activación cortical que este problema pueda quedar resuelto por alguna parte de la mente despierta y comunicada a la conciencia sólo en el estado de sueño.

En resumen, existen muchas preguntas sobre el mecanismo de la resolución de problemas en los sueños y sobre la calidad de estas soluciones, en comparación con los estados de vigilia. Está claro, sin embargo, que los problemas de las personas interesadas en la incubación a menudo cuentan con soluciones de las que no son conscientes y que tales sueños les pueden proporcionar una gran satisfacción personal.

 

 

 
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Publicado por en marzo 25, 2016 en Casuística

 

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Una teoría sobre la predicción del porvenir.

 Por Ernesto Sábato

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Graves interrogantes están vinculados a la teoría que esbozaré, entre los cuales empiezo por enunciar estos tres:

¿Puede admitirse, como en antiguas doctrinas esotéricas, que el alma está encarnada en el cuerpo, liberándose en el momento de la muerte para ingresar en la eternidad?

¿Hay indicios de esa independencia del alma y pueden darse pruebas de esa presunta supervivencia?

¿Existe alguna clase de fenómeno en el curso de la vida humana que eche luz sobre este enigma?

Siempre me subyugó este problema, pero, por algunos motivos de índole personal, en los últimos años se ha constituido en una de las cuestiones que más me preocupan, y he tratado de conocer lo más importante que se haya escrito sobre él, tanto en los círculos científicos como en los iniciáticos. Y creo que la teoría que aquí esbozaré es un intento nuevo, que, además, tiene la ventaja de unificar fenómenos tan dispares como los sueños premonitorios, la locura, el éxtasis y la inspiración de los grandes poetas. Debo agregar que estas especulaciones no son el mero resultado de lecturas y reflexiones: son, en buena medida, la consecuencia de experiencias personales, que comenzaron con las alucinaciones que padecí en mi infancia y con obsesiones que me han perseguido a lo largo de mi vida posterior. Experiencias de las que hasta hoy no he escrito nada de tipo especulativo, ya que sólo se han manifestado, de modo que podríamos llamar hipostático, en la novela Sobre héroes y tumbas.

La visión del porvenir no es tan frecuente como la visión del presente o del pasado en los episodios de clarividencia. Pero hay un conjunto de hechos rigurosamente documentados que obligan a aceptarlos más allá de cualquier duda razonable. En el registro que muy serios investigadores han elaborado de precogniciones se han descartado los fenómenos que se deben a pura coincidencia, a deducciones de la razón, fenómenos de autosugestión o de paramnesias. Como simple ilustración del tipo de experiencias que se descartan, daré únicamente dos ejemplos:

Supongamos que alguien, a quien se ha prometido un determinado puesto, consulta un vidente, que dice que contra lo que él cree no obtendrá ese cargo. Si luego, efectivamente, así sucede, podría tratarse de una genuina premonición, pero también es posible que el vidente no haya hecho otra cosa que ver la decisión ya presente en el espíritu del personaje que debe conceder el cargo. Sería, pues, un caso de videncia del presente, no de precognición. Y, por lo tanto, aun en la duda, debe descartarse.

Si alguien predice para el próximo año una sublevación en el Congo y luego ese hecho realmente se produce, se trata de una precognición sospechosa, que también debe descartarse. Muy razonablemente puede argüirse que una rebelión en el Congo, en el curso del año próximo (como en cualquier otro año), es perfectamente posible. Hemos de partir, por lo tanto de fenómenos auténticamente prescientes. Hay muchos, de los cuales reseñaré algunos. Pero bastaría uno solo para poder fundar la teoría que luego he de enunciar.

En 1938, mientras trabajaba en el Laboratorio Curie, una serie de circunstancias, aparentemente fortuitas, me vincularon al surrealismo. Y digo “aparentemente”, porque uno termina por vincularse, tarde o temprano con aquellas personas o movimientos a los que se espera en lo más profundo del espíritu, de modo semejante a lo que sucede con las limaduras de hierro que, aún a distancia y sin saberlo, se orientan según las líneas de fuerza de algún oculto pero poderoso imán. Las otras personas que pasan a nuestro lado, las teorías o movimientos que conocemos de paso, pero que siguen de largo, siguen, precisamente, de largo porque no las esperamos ni necesitamos. Y así, finalmente, encontramos a quienes debemos encontrar, amamos y sufrimos por los seres que hasta ayer no conocíamos, pero que estábamos destinados a encontrar tarde o temprano en nuestro camino, no en virtud de la casualidad sino de esas enigmáticas pero todopoderosas fuerzas que irradian desde el fondo de nuestro espíritu. Así, después de un complicado periplo que pasaba por la ciencia, debía encontrarme con el movimiento que era el reverso del pensamiento científico, con la rebelión que yo anhelaba contra el universo conceptual y lógico. Así conocí a Oscar Domínguez, aquel disparatado y sombrío payaso del movimiento surrealista. Este elefantiásico borracho, esta especie de buey poseído por demonios taciturnos, que de pronto estallaban en furias incontenibles, fue uno los pocos surrealistas auténticos que he conocido en mi vida, hecho importantísimo, ya que el surrealismo, como en general todo movimiento romántico, está repleto de mistificadores y charlatanes. Como un Dr. Jekyll, que de noche hiciera fechorías deshonrosas, yo trabajaba durante el día con las nítidas y transparentes ecuaciones matemáticas, y de noche sentía que mi verdadera pasión me llevaba al universo oscuro de la inconciencia. Harto de un mundo abstracto, convencido de que la tecnolatría del hombre contemporáneo constituía el más grande peligro para la salvación del alma, no es sorprendente que me vinculara con Domínguez y lograra establecer con él una suerte de fraternal entendimiento, hasta el punto de que llegamos a elaborar juntos aquella teoría que bautizamos con el nombre de litocronismo y sobre la cual Bréton escribió luego en el último número de Minotaure. No de más trascendencia que una broma, sirve sin embargo como síntoma de la preocupación que ya teníamos muchos sobre la cuarta dimensión y sus posibilidades metafísicas.

Cuando por medio de Bonasso conocí a Domínguez, supe que estaba aislado del grupo ortodoxo. Y también supe que esa excomunión no se debía a ningún punto de doctrina, tan habitual en el pontificado de Bréton, sino a un acontecimiento extrañísimo y terrible, sucedido un tiempo antes de mi llegada. En una fiesta que se desarrollaba en el taller de un pintor amigo, en uno de los característicos accesos de furia cuando estaba borracho, Domínguez arrojó un vaso contra alguien que logró esquivarlo. El vaso dio en la cara del pintor rumano Víctor Brauner, vaciándole un ojo. Ahora bien, Brauner venía pintando desde años atrás una serie de retratos en que uno de los ojos aparecía vaciado.

Estos son los hechos. Veamos ahora sus interpretaciones posibles. Atribuirlos a un conjunto de coincidencias es sólo deseo de negar la auténtica explicación: el instinto premonitorio del artista, la visión profética que suele darse en sus instantes excepcionales. Fíjense si no: primera casualidad, que Brauner estuviera en la reunión; segunda, que Domínguez arrojara un vaso; tercera, que lo arrojara en dirección de Brauner, sin que fuese su destinatario (la disputa había sido con otro pintor); cuarta, que el destinatario lograse esquivar el golpe; quinta, que el vaso diera en la cara de Brauner; sexta, que precisamente le arrancara un ojo, en lugar de cualquier otra posibilidad. En una entrevista que hace algunos meses me hicieron en París, me observaron que quizá Brauner quería que Domínguez le arrancara un ojo. Trate de explicarse cada una y el total de casualidades enumeradas mediante esta hipótesis de autocastración para comprender que no resiste el análisis.

Lo más sencillo es admitir lisa y llanamente la premonición. Brauner “supo” durante varios años que le sería arrancado un ojo. Si no hubiera otros casos de premonición, claramente documentados, esta explicación podría parecer descabellada, o al menos más descabellada que la inverosímil serie de casualidades escalonadas que cualquier matemático, a base de cálculos de probabilidades, desecharía por prácticamente imposible.

Felizmente, hay otros casos.

En abril de 1912 hacía su viaje inaugural el Titanic. El Honorable J. Cannon Middleton soñó, por dos veces consecutivas, que el barco se hundía y que la gente se ahogaba por centenares. Cuando, por motivos de negocios, debió desistir de su viaje en ese barco respiró tranquilo, y contó sus dos sueños a sus familiares, relato que no había hecho antes para no preocuparlos por lo que creía era el resultado de una pura aprensión. Como es sabido, el barco se hundió, muriendo en el desastre mil quinientos pasajeros. En este caso, empero, podría argumentarse que el temor del futuro pasajero puede haber provocado los dos sueños obsesivos, sueños que ninguna importancia habrían tenido de no haber ocurrido realmente el naufragio. Razón por la cual descartaré este caso de entre los indiscutidos. Es, en cambio, indiscutida la premonición del naufragio del Lusitania, por la señora de King, que no tenía ningún motivo personal para temerlo.

El profesor Richet cita el caso clásico del ministro Berteaux, a quien le predijeron en 1874 que sería “rico y honrado, pero que moriría, como general en jefe, arrollado por un carro volante”. Hablar de “carros volantes” en 1874 era lo bastante grotesco como para que el vaticinio fuese tomado en broma. Berteaux murió el 21 de mayo de 1911 arrollado por un avión, y como general en jefe.

Otro caso muy documentado por la prensa de su tiempo fue el asesinato del primer ministro británico Spencer Perceval, en la Cámara de los Comunes, el 11 de mayo de 1812. Nueve días antes, un tal John Williams, de Cornwall, soñó el asesinato tal cual aconteció. Y por tres veces consecutivas, la misma noche. Fue tan impresionante que durante los días que siguieron contó esa triple pesadilla a una cantidad de personas, hasta que el hecho finalmente se produjo. Williams no tenía ninguna relación con el Primer Ministro, ni siquiera tenía la menor idea de cómo era personalmente. Y supo que la figura asesinada en su sueño era ese personaje, porque otra persona del mismo sueño se lo decía.

Intentos de explicación

La precognición es un fenómeno tan impresionante y tiene a la vez tantas implicaciones filosóficas (piénsese que involucra el grave problema del libre albedrío, problema central de la teología) que ha sido examinado desde todos los ángulos y se ha intentado explicarlo desde las hipótesis más curiosas, sin que finalmente ninguna de ellas haya sido aceptada unánimemente. Aquí recordaré por lo singular, únicamente la de Nietzsche, sobre el Eterno Retorno. Es una antigua idea que puede resumirse del siguiente modo: Si el Universo está constituido por un número limitado de elementos (átomos o lo que sea), y el tiempo es infinito, habrá un momento en que el gigantesco cubileteo volverá a reproducir el estado inicial, y todo volverá a repetirse como una vez anterior. “El universo –afirmaba el filósofo alemán– ya alcanzó todos los estados que puede alcanzar, y no una vez sino un número infinito de veces… Tu vida volverá a repetirse como la marcha de un reloj de arena…” Una suerte de confusa memoria en seres privilegiados, oscuros vislumbres de las (infinitas) existencias anteriores en individuos con memoria cósmica, explicarían los fenómenos precognoscitivos. Hipótesis fascinante que lamentablemente grandes matemáticos como Borel y Picard demolieron mediante el cálculo de probabilidades.

Existen otras teorías que aquí no analizaré, pero diré solamente que varias de ellas se basan en una confusión de planos ontológicos, atribuyendo a la materia lo que es propio del espíritu, aplicando a los hechos de la conciencia lo que es propio del universo físico. Y también una serie de confusiones producidas, casi inevitablemente, por el uso de un sistema conceptual que ha sido elaborado mediante la lógica aristotélica para una realidad que seguramente le es ajena, lo que conduce a antinomias y paradojas: ¿cómo puede haber libertad de acción en el hombre si el futuro puede predecirse, si “todo está ya escrito”? Sabemos que este enigma constituye uno de los puntos críticos de la teología cristiana, que trata de conciliar el libre albedrío de la conciencia con la omnisciencia de Dios. Dije ya que en este artículo no examinaría las implicaciones filosóficas del problema. Aquí solo diré que este tipo de antinomias se resolverán en un sistema conceptual no aristotélico, del mismo modo que las contradicciones de la física clásica pudieron superarse mediante una geometría noeuclideana. También agregaré que, a mi juicio, es probable que haya hechos futuros de la conciencia producidos por un encadenamiento de causas y efectos, hechos en que la conciencia no sería capaz de libertad (si estoy en un descarrilamiento me puede ser imposible evitar mi muerte, mientras que en cambio puedo evitar mi suicidio en medio de ciertas circunstancias compulsivas), y en tales series causales el hombre total obedecería como un objeto, aunque como un objeto rebelde (del mismo modo que un chico testarudo puede sin embargo ser arrastrado a la escuela por una mano firme); mientras que en otros casos, la conciencia es capaz de decidir y el curso mismo de los acontecimientos puede ser trastornado por la voluntad del hombre. Entramos aquí en un terreno sumamente vidrioso y oscuro por causa del sistema conceptual que empleamos, elaborado, como dije, para un mundo no contradictorio y determinista. En mi hipótesis trato de eludir este vasto y por el momento insoluble problema, para proponer atajos que lo evitan.

Primera parte de la hipótesis. Los sueños

Desde la antigüedad hasta Freud y Jung se ha especulado sobre el sueño, sus motivaciones y sus significados. Pero, por debajo de las teorías, de las siempre discutibles concepciones de la realidad onírica, hay ciertos hechos que, como tales, son inconmovibles y deben constituir el fundamento de cualquier especulación. Para los fines que me propongo se reducen a los siguientes:

1.En el universo de los sueños (no en el de sus causas físicas, sino en el de sus imágenes), no rige el principio determinista que es propio de la realidad material.

2. Tampoco rige la lógica, con sus principios de identidad y contradicción. Los sueños no son “aristotélicos”.

3. El tiempo no presenta el carácter irreversible que es propio del mundo material, es revuelto, no hay clara distinción entre el pasado, el presente y el futuro.

4. En el sueño, en fin, hay visiones de lo porvenir.

Freud, Jung, y también Fromm han emitido explicaciones de estos hechos singulares. No entraré en su examen pues, aparte de ser conocidas, quedan al margen de la hipótesis que es el objeto de este artículo.

El cuerpo, como perteneciente al universo físico, debe obedecer a la ley de causalidad. El alma, en cambio, aunque encarnada (y por lo tanto obligada a seguir, hasta cierto punto, las vicisitudes del cuerpo) pertenece a un orden esencialmente distinto: no se la puede considerar en el espacio, ya que no es material; ni está regida por el tiempo de los astrónomos. Aparte de las evidentes diferencias cuantitativas de este tiempo propio o existencial del alma (transcurre con horrorosa lentitud en los momentos de angustia, o con vertiginosa rapidez en los momentos de felicidad), posee una diferencia cualitativa tan notable que, hasta cierto punto, su estructura es inversa de la del tiempo astronómico, ya que en él el futuro es anterior al presente: si me empujan, mi cuerpo se mueve hacia delante, y el presente (empujón) determina así mi futuro, pero si me muevo porque me propongo ir a una parte, ahí es al revés: mi futuro (el estar en ese parte que anhelo) determina mi presente, mi movimiento. Este pequeño ejemplo muestra, de paso, qué peligroso es aplicar al mundo anímico el sistema de conceptos que estamos acostumbrados a usar para el mundo corporal.

Sólo en la medida en que el alma participa de las vicisitudes del cuerpo (por ejemplo en el dolor provocado por una quemadura), el alma queda sometida al determinismo físico, siendo ajena a él en una medida y en una forma que ignoramos pero que podemos imaginar, en virtud de la intuición que todos tenemos de nuestra libertad para cierto tipo de actos voluntarios. Este libre albedrío resulta así relativo, no total; es una libertad condicional, una libertad de movimientos dentro de ciertos límites o condiciones ineludibles y objetivas, tanto del mundo físico como del mundo social, ya que tanto el cuerpo, el mundo material en el que se desplaza y el mundo social que nos rodea son estructuras ajenas a nuestra voluntad. El determinismo social, por ejemplo, impide que un preso salga a la calle; pero ese mismo determinismo social no puede impedir al recluso pensar en la filosofía de Platón o escribir una novela. El determinismo físico impide a un jorobado convertirse en galán de cine, pero no puede impedirle ser un hombre de ciencia.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por algún procedimiento y en momentos excepcionales pudiese el alma evadirse de su cuerpo? En tal caso, la conciencia podría contemplar su propio cuerpo desde fuera, podría ver cómo éste se desplaza en el espacio y el tiempo. Desde su privilegiada posición podría contemplar no sólo el pasado de su cuerpo, sino también su porvenir. (Y anotemos, en esta sola frase, qué difícil es sustraerse al sistema de ideas y vocablos que hemos construido en nuestra larga, y única, existencia, la existencia dentro del espacio-tiempo. Hemos empleado sin quererlo, pero también sin poderlo evitar, palabras como “posición”, que implica un lugar en el espacio y “contemplar”, palabra que implica una vista que pueda mirar y ver).

Tratemos de entender esto con una comparación que no es del todo rigurosa, pero que puede hacer comprensible a una mente habituada a los conceptos de física corrientes, algo que en realidad pertenece a otro sistema: el del continuo einsteniano. Imaginemos un hombre que asciende por un tortuoso sendero de montaña y que ignora la presencia de una fiera en acecho detrás de un obstáculo. Imaginemos ahora que hay un observador en la cumbre de la montaña, punto privilegiado desde el que abarca todo el panorama, no sólo al hombre que penosamente avanza por el sendero, sino también a la fiera que lo espera agazapada. Lo que para el caminante es futuro (la fiera), y por lo tanto incognoscible por el momento, para el observador privilegiado es presente. Para él “vaticinar” es simplemente describir lo que ve en su presente. Algo semejante podría suceder en el alma, si por algún procedimiento fuese capaz de liberarse de su prisión corporal: al salirse de ella, desobligada ya a regirse por las leyes de la materia, fuera del espacio y del tiempo, podría ver como puro presente lo que para el cuerpo es incierto futuro.

Advertí que esta comparación no es rigurosa. Y no lo es por varias razones; primera, porque el “panorama” que el alma podría ver desde su posición privilegiada no es un panorama espacial, un simple paisaje en el sentido de la palabra, sino un paisaje espacio-temporal, un paisaje de cuatro dimensiones y no de tres; segunda, porque el vocabulario y los conceptos que estamos empleando pertenecen al sistema elaborado por los hombres precisamente en su existencia corriente, en un conjunto secular de experiencias hechas sobre fenómenos, percepciones, reflejos, vivencias en fin de un alma encarnada. Estamos un poco en la situación de un pez que tratase de explicar, con su propia experiencia íctica, marítima e infrahumana no sólo al ser humano sino la visión que ese ser humano tiene de su mundo de pez.

En La Rama Dorada, Frazer informa sobre una creencia casi general de los pueblos primitivos: durante el sueño, el alma del durmiente se aleja de su cuerpo para visitar lugares y personas más o menos remotos; también nos dice que la salida del alma no siempre es voluntaria, pues muchas veces es provocada por los demonios, por los espíritus de los muertos, o por malévola intervención de los hechiceros.

Ahora, cuando la arrogante filosofía de la ilustración y la de sus epígonos positivistas ha sido colocada en el lugar que le corresponde, con sus méritos pero también con sus errores, la antropología de base seriamente filosófica se halla revalorando la sabiduría de las culturas peyorativamente denominadas primitivas, y que con más rigor y justicia debían ser calificadas de arcaicas. Me parece inútil recordar aquí el conmovedor y gigantesco mea-culpa de un sabio de la dimensión de LevyBrühl. La oposición de las formas del pensamiento arcaico (que dan cuenta de regiones oscuras y profundas del espíritu humano) frente a las formas estrictamente racionalistas (que sin duda son aptas para aprehender lo que la realidad tiene de racionalizable, qué gracia); la revaloración iniciada por los románticos alemanes del Círculo de Jena de lo emocional y “nocturno” frente a lo conceptual y “diurno”; la reconsideración existencialista del yo concreto frente a las alienaciones de la ciencia y de la lógica; y, en fin, lo que yo considero una revaloración del arte como posibilidad cognoscitiva, cercana o pariente de la aprehensión mitológica del hombre arcaico; todo este vasto y complejo movimiento de revisión y de síntesis (porque no se trata de una mera vuelta al pasado, de un simple remplazo de lo racional por lo irracional) ha empezado a colocar las cosas en su lugar y puede esperarse un examen más certero de los fenómenos parapsicológicos.

En lo que a esta teoría que ahora apenas estoy iniciando se refiere, retomo la vieja hipótesis del alma emigrable, pero comienzo a darle mi propia interpretación. De acuerdo con todo lo que ya he explicado, al despertarse el alma durante el sueño, simultáneamente se desprende de las categorías que rigen al cuerpo. Y al colocarse en esa especie de cielo intemporal, donde no hay ni antes ni después, puede contemplar en un puro presente los hechos que más tarde acontecerán a su cuerpo abandonado, como estatuas de la Felicidad, o lo que es más frecuente, del infortunio.

Si esta hipótesis fuese cierta, los sueños no sólo nos proporcionarían rastros significativos del pasado, sino visiones y símbolos de lo porvenir; visiones no siempre claras, casi nunca inequívocas o literales, porque el alma, ya encarnada nuevamente al despertar, vuelve a pertenecer a un universo ajeno al que visitara, y sus visiones del futuro aparecen ya enturbiadas y deformadas por los rastros que el pasado induce. Como una vaga y misteriosa imagen, en virtud de aquella confraternidad con los dioses de la que habla Platón, apenas remanen ambiguas reminiscencias que el análisis casi siempre perturba cuando no destruye. Excepto en pocos y excepcionales casos en que la visión profética ha sido tan poderosa y terrible que nada pueden contra él las contaminaciones del pasado o las reflexiones de la pura inteligencia.

Falta agregar algo.

Ya que la muerte está siempre en nuestro futuro, las premoniciones del sueño deben traernos de vez en cuando noticias de ese duro acontecimiento, y también de lo que después nos espera, si es que algo nos espera. ¿No podrían los sueños venturosos ser visiones del Paraíso? Las pesadillas, naturalmente, serían fragmentos de los horrores que nos esperan en el infierno.

Segunda parte de la teoría: locos, místicos y artistas

Lo que el hombre corriente experimenta en sus sueños, ciertos seres anormales lo viven en sus estados de trance: los locos, los videntes, los místicos y los artistas.

Pienso que en sus accesos de locura, el alma sufre un proceso parecido, si no idéntico, al que experimenta todo hombre en el momento de dormirse, y sobre todo en las pesadillas: el alma emigra del cuerpo e ingresa en la eternidad. De ahí las exactísimas palabras que los antiguos empleaban para calificar ese terrible acontecimiento: “ponerse fuera de sí”, enajenarse o alienarse. Siempre tuve la penosa sensación de que los dementes furiosos, en plena vigilia, sufren lo que nosotros padecemos en las pesadillas. Ahora pienso que padecen los tormentos del infierno, no en el sentido metafísico que habitualmente se da a esta expresión, sino en sentido literal: están, verdaderamente, en el infierno, del mismo modo que nosotros en una pesadilla. Sus movimientos y gestos de fiera acorralada, sus aparentes delirios, sus gritos y conversaciones con desconocidos invisibles y disparatados no son otra cosa que la experiencia directa y actual del infierno.

En algunos casos, este descenso a los antros infernales puede ser transitorio, tal como desde la antigüedad ha venido sucediendo con esos seres que, con notable intuición, fueron calificados como “endemoniados”; seres que únicamente después de complicados exorcismos son rescatados de la atroz pesadilla. De modo inverso pero semejante, los enajenados beatíficos que suelen encontrarse en los manicomios o en las novelas (el Príncipe Muchkin, por ejemplo) serían personas que asisten de modo directo y actual a la experiencia del Paraíso.

La enajenación puede asimismo suscitarse de modo voluntario, tal como sucede con los místicos, los drogados, los adivinos y los poetas: “Je dis qu’il faut être voyant, se faire VOYANT”. Mediante la ansiedad o el ayuno, el anhelo tenaz y la facultad nativa, el aprendizaje o la droga, la inspiración divina o demoníaca, algunos seres logran éxtasis, es decir, ese colocarse fuera de sí mismo para acceder a la ansiada eternidad. Tal como los yoguis en Oriente, mueren para renacer a otra existencia, liberándose de la cárcel corporal. Tal, en fin, como el hombre común en esa muerte pasajera que es el sueño.

En cuanto al artista, Platón no hace sino repetir lo que el pensamiento antiguo tenía por evidente: que el poeta, inspirado por los demonios, pronuncia palabras que nunca habría dicho en su sano juicio, describiendo regiones sobrenaturales del mismo modo que el místico mediante sus éxtasis. En tal estado de alienación, el alma tiene una percepción distinta de la normal, por encima de las fronteras del sujeto y del objeto, de la vida y de la muerte, de lo real y lo imaginario, del pasado y del futuro. Toda obra de arte sería así una suerte de hierograma. Y así como seres ignorantes han sufrido repentinamente visiones y han pronunciado palabras en lenguas que desconocían, una muchacha inocente como Emily Brontë pudo describir con sobrecogedora precisión el alma de un hombre entregado a las potencias infernales.

Esta desencarnación del alma del artista en el momento de la inspiración, también explicaría el carácter profético que puede llegar a alcanzar, aunque sea del modo enigmático y ambiguo que es propio de los sueños. En parte por la índole oscura de ese territorio, que quizá entrevea el alma imperfectamente descarnada como a través de un vidrio turbio o sucio; en parte, porque nuestra conciencia racional es inapta para describir una realidad que le es inconmensurable; en parte, en fin, porque el hombre no parece capaz de soportar la infinita crueldad de ciertas visiones infernales, y el instinto de conservación de nuestro cuerpo nos preserva con máscaras y símbolos de lo que de otro modo sería hasta mortífero. Digo, pues: Los teólogos han razonado sobre el infierno, y a veces han probado su existencia como se demuestra un teorema: more geometrico. Pero sólo los grandes poetas nos han revelado de verdad su existencia, dándonos visiones detalladas de sus antros y pagando a veces con la locura o con la muerte ese pavoroso privilegio. Son hombres indisputables: Blake y Milton, Dante y Rimbaud, Lautréamont y Sade, Baudelaire y Dostoievsky, Hölderlin y Kafka. ¿Quién osaría poner en duda sus testimonios? ¿Quién sería capaz de acusarlos de mentirosos? Los creadores de las grandes ficciones serían así los seres que sueñan por los demás, los que por (desdichado) encargo de los dioses están destinados a revelar los misterios últimos de la condición humana, los grandes, únicos y genuinos esjatólogos. Porque un gran artista no inventa, como a menudo y ligeramente se supone: un gran artista es el hombre que tiene la facultad y la condena de levantar los velos que ocultan la temible realidad a los simples mortales.

No sé dónde leí que Dante no hizo más que traducir las ideas y sentimientos de su época, los prejuicios teológicos y las supersticiones en boga; de modo que, lejos de ser su poema una visión de la realidad sobrenatural, sería simple, aunque genialmente, la descripción de la conciencia y de la inconciencia de una cultura determinada. Hay mucho de verdad en este aserto, pero no en el sentido que le atribuyen estos sociólogos del horror. Yo creo que Dante vio, como todo gran poeta, con espantosa nitidez, lo que las gentes de su época presentían de manera más o menos imprecisa. Y de ahí la resonancia de su obra que era recitada por hombres casi analfabetos. Los italianos que miraban pasar al poeta por las calles de Ravena, silencioso y enjuto, comentaban en voz baja, con sagrado recelo y sin intención metafórica: “Ahí va el que estuvo en el Infierno”. Porque si esos visionarios no fueran más que mitómanos individuales, si sus visiones no fueran más que delirios privados, ¿cómo explicar su trascendencia universal? ¿Cómo explicar que el resto de los mortales los tomen como intérpretes clarividentes de sus confusas angustias y esperanzas? ¿Cómo explicar, en fin, que la palabra Vate signifique a la vez Poeta y Adivino?

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Publicado por en febrero 6, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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