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Sueños, hijos de un dios menor

Por Marianna Bolko

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En 1991, junto con mi compañero Merlini con quien desde hace varios años trato aspectos clínicos y teóricos de los fenómenos E.S.P. en el psicoanálisis, hice una contribución que apareció en un volumen publicado por Bollati-Boringhieri en relación a los sueños. La exposición establecida a continuación son basadas en referencias tomadas de mi experiencia personal.

Mi contribución se limita deliberadamente a la matriz psicoanalítica freudiana. Voy a considerar algunos fenómenos que se producen durante el análisis de la constelación: transferencia-contratransferencia, para lo cual parece legítimo afirmar la posibilidad de una investigación con herramientas analíticas específicas.

¿Por qué hablo de los sueños y de los fenómenos E.S.P.? Creo que la respuesta más simple y, al mismo tiempo, más cierta es que en la práctica analítica los fenómenos E.S.P. aparecen en sueños.

El sueño y su historia es una expresión de una relación que representa un momento particular de una disponibilidad mutua, la intimidad, la modulación de la experiencia emocional que puede facilita el reconocimiento del fenómeno ESP. El sueño es un “lugar” privilegiado para de los fenómenos ESP, y éstos se han descrito incluso fuera de el. En la literatura psicoanalítica, han sido reportados sueños telepáticos que, aunque no se refieren a la relación analista-paciente, desarrollan su propia fuerza demostrativa, como se fue señalado por Freud sobre su propio material después del proceso analítico sometido. Está claro que el trabajo analítico de los fenómenos E.S.P. puede ser observado por todos lados. Pero especialmente en los sueños, para los que, hablando de sueños y telepatía, el punto de conexión puede ser colocado en el estado de alteración de la conciencia o, de conformidad con la dicción de parapsicólogos, “otro” (y no “alterado”), que ocurre en el sueño, hipnosis, bajo el efecto de drogas, el éxtasis, en la meditación trascendental, en Ganzfeld, etc ..

Es la afinidad entre los fenómenos telepáticos y sueños (estos últimos son la base sobre de la concepción del proceso primario de Freud) para sugerir la existencia de un denominador común en el cambio existencial, una condición en la que ambos ocurren. Su afinidad también se manifiesta en el hecho de que tanto los sueños como los fenómenos E.S.P. se caracterizan por la desorganización de las categorías de espacio, tiempo y causalidad.

Ehrenwald (1978) señala que el “lenguaje olvidado” de la fase simbiótica entre la madre y el niño se puede restaurar en cualquier situación que se proponga en este modelo de relación: una de ellos es el encuadre analítico. Mayor y Miller (1983), señalaron que el “lugar del interpretante” es un medio en el que se conocen y representan  partes del analista y el analizando indistintamente inconscientes, tenga en cuenta que “este proceso es similar al que vemos en la experiencia telepática”. Antes de exponer y discutir sobre los sueños cabe recordar las observaciones más significativas y esquemáticas de Freud sobre la relación entre sueños y la telepatía. También se debe decir que, para Freud, la transmisión de pensamiento y la telepatía eran casi fenómenos equivalentes. La telepatía se ve favorecida por el estado de sueño aunque el mensaje telepático llegue al destinatario cuando un evento externo se lleva a cabo, y sólo puede ser percibido por la conciencia en la noche siguiente durante el sueño .Hay dos tipos de “sueños telepáticos”: En el primero, el mensaje telepático puede considerarse un residuo durante el día que, según el esquema clásico, contribuye a la formación del sueño. En estos casos, “el mensaje telepático(…) no puede cambiar nada en el proceso de formación del sueño…”. En el segundo tipo, el sueño de forma la reproducción de un evento externo transmitido telepáticamente con respecto al que la psique mantiene en una actitud “receptiva y pasiva.” Para este tipo de sueños Freud creía que era una correcta dicción de “experiencia telepática que se producía durante el sueño”. La transmisión del pensamiento es particularmente fácil cuando una representación emerge del inconsciente o, en términos teóricos, cuando una representación pasa desde del “proceso primario” para el “proceso de secundario “

Caso del Dr. Alexander Calvesi

Esta es la exposición de Alexander Calvesi sobre el trayecto que hace para ir a su consulta y da matices de lo que ve y hay en el trayecto:

“Por lo general estaciono mi coche en la Piazza Navona, y luego ando – nunca me canso de admirar la fuente central de la plaza y la fachada de la iglesia de Santa Inés -por la Via del Corso hacia el Renacimiento- hasta alcanzar, con sólo unos pocos pasos de distancia, la puerta del edificio donde esta el estudio dónde se encuentra la casa del analista al que vengo, subo a pie las escaleras (al no haber ascensor), llegando al final de los dos primeros tramos de escaleras, habían vidrieras compuestas por un mosaico siendo un patrón de diamantes rojos y verdes. Entro en la casa-estudio. Por lo general, espero unos minutos antes en una habitación con antiguas mosaicos rojos, en el fondo de la cual había una mesa de madera. En invierno, la sala de espera se calentaba con un pequeño calentador portátil (no había ningún sistema de calefacción). Así que accedo al verdadero estudio, donde entre otras cosas, estaba el sofá y una biblioteca alta y ancha “.

La paciente se encuentra en el segundo mes de tratamiento. Es la primera vez que va a este consultorio e informa a Calvesi sobre un sueño que tuvo días antes de acudir a visitar al doctor:

“Me voy a una especie de consultorio médico en la Piazza Navona, o tal vez cerca de la Piazza Navona, el estudio está situado en un antiguo palacio, de aquellos que no hay ascensor y hay un sistema de calefacción central. Hay un pasillo estrecho de escaleras, todo interno, cerrado, al final de esta rampa hay una vidriera con dos colores: rojo y verde, entonces hay otro tramo de escaleras y otra ventana similar, la puerta de la casa del médico es de madera vieja, robusta. Dentro de la casa veo una especie de sala de estar con una mesa de madera en la parte inferior, veo el antiguo suelo de baldosas rojas, una especie de cama que se parece a una de esas camas de doctor, pero no es realmente así, veo estantes, pero donde no hay medicinas como en los estudios médicos. Veo una vieja máquina de coser.. un estante marrón de madera, viejo, carcomido, está montado sobre un bastidor de hierro, a continuación una plataforma con ruedas “.

Caso de la Dra. Loredana Micati 

G., es un estudiante universitario en el segundo año de análisis. Durante el período experimental del sueño, G. tiene que ir a otra ciudad para asistir a la Universidad, lo que se traducirá en la reducción de los períodos de sesiones y se concentrarían en unos pocos días.

Unas semanas antes de la fase de sueños, mientras G. acababa de entrar en el estudio, Loredana Micati siente un fuerte dolor repentino en el centro del pecho, “Dios Mío” – piensa ella- lo que es una molestia podría llegar a ser un ataque al corazón ¿Debo renunciar para siempre a las actividades deportivas?. El paciente dice: “Al venir aquí me dio un ataque de ansiedad por el miedo, mi corazón parecía romperse, estaba seguro de que iba a morir de un ataque al corazón y estaba a punto de renunciar a venir para ir al hospital.”

Micati  fin de semana a la última sesión con G. el viernes:

El sábado por la noche se reúne con un cirujano y “joven amigo” y le pidió examinarle un bulto en el pecho que se había descubierto hacía unos meses; se fijó la reunión para el día siguiente, domingo por la mañana: “Yo no estaba preocupada, pero consideré mi descuido un poco. Durante la noche soñé con la visita prevista, pero me dio vergüenza como si hubiera matices eróticos por la joven edad de mi amigo, a través de una serie de pasos que había invertido como una figura materna. El domingo me encontré con el cirujano, pero ambos nos olvidamos del problema que yo había mencionado la noche anterior. “

El lunes siguiente G. relata un sueño: “Yo estaba en casa de mi prima, estaban también sus dos hijos. Ella me llama y me pide que mirarle el pecho porque estaba preocupada por el descubrimiento de un bulto, me siento incómodo,.. Yo estaba emocionado y aterrado a la vez “.

En estos dos sueños, tal y como se puede ver, en el paciente se dieron matices de algo que afectaba a la vida de la analista. Pero cada uno de manera diferente. Empecemos por los aspectos formales, recordando la observación de Freud (1921) sobre los sueños telepáticos: “… el mensaje telepático se trata como de una parte del material que contribuye a la formación de los sueños, que también se sufre en el trabajo del soñar. La experiencia telepática prefiere jugar desde el exterior deformando el evento.”

El sueño que Freud había sugerido para estas observaciones fue la de un hombre que sueña que su esposa había dado a luz a gemelos en la misma noche que su hija, en otra ciudad y con un mes de antelación a la fecha prevista.

El sueño del paciente es uno en el que la transformación de la realidad parece ser la más relevante. Se podría decir que la realidad se rompe y luego se vuelve a montar en un orden diferente. Cabe señalar que todo el sueño manifiesto, aunque en diferente orden, representa la realidad emocional y fáctica del analista. Para que este sueño pueda valer en la observación de Freud debe desarrollar su fuerza demostrativa sólo después de procesamiento analítico.

El sueño de la paciente se coloca en el extremo opuesto en el caso de Calvesi: la realidad es, de hecho, casi fielmente reproducida. Casi, porque en el sueño, hay tres versiones: la primera es la parte “que se ve a través de algo estrecho”, la segunda, el entorno único que lo coloca en la sala de espera y el estudio, y la tercera y el más importante, es representada por la presencia de una “máquina de coser antigua”. Es este último elemento el que da al sueño el mágico ambiente presente en ciertas pinturas de Magritte y Delvaux. Sobre este último elemento, se debe tener en cuenta el desarrollo de Calvesi para con el resto del sueño pareciéndose a la realidad, siendo “una experiencia telepática” que parece que tiene el único propósito de atraer su atención.

El sueño del paciente de Micati es una reproducción fiel de la situación del analista, pero con el reemplazo de los personajes: este aspecto recuerda al sueño de tener gemelos reportados por Freud.

Tal vez hay más, porque en el sueño parece estar también representada la situación emocional del analista, como se desprende del sueño y sus posibles consecuencias: la visita no se hace por olvido.

Sobre la base de esta primera aproximación se puede observar que, en todos los sueños, el nivel manifiesto es siempre un mensaje telepático bien reconocible con los personajes, la singularidad y especificidad que Ehrenwald (1978) reunió bajo el término “elemento trazador”. También en el sueño informado por Micati el elemento telepático se refiere explícitamente a la realidad fáctica y emocional del presente, mientras que se informó de los aspectos materiales presentes en el de Calvesi, aunque de manera implícita (la máquina de coser). Uno puede preguntarse si estas diferencias formales son irrelevantes o pueden tener algún significado. Dicho de otra manera: el sueño telepático tiene un significado único, porque lo telepático no es el hecho de que los los pacientes sepan que su analista ha escrito una carta, esto es diferente a saber el tipo de sensaciones y sentimientos en el momento preciso. La telepatía es la situación concreta en el contenido del sueño y esta revela algo.

Dejando en suspenso la cuestión de investigar qué parte juega el paciente en el sueño y lo que son sus identificaciones. El paciente es Calvesi en sí mismo: “Yo voy a …”, pero no sabe que está representando a Calvesi que va a la Piazza Navona. La máquina de coser es en cambio la de su madre, este es el paciente mismo, pero él no sabe que es también la madre de Calvesi: ¿A quién pertenece el coche? ¿Quién es el soñador?

El paciente de Micati es definitivamente el joven cirujano amigo y primo, Micati son dos personas distintas. Pero entonces el paciente es también el analista en sus componentes.

En estos dos sueños hay algo curioso: el soñador ve a su analista como, por ejemplo, por las escaleras del apartamento, en  la Via del Corso y se ponen en marcha, sin embargo todos son los protagonistas.

“Con el motivo de dar a luz ” Freud escribe eliminado la esfera del padre y vinculando a que la psique despierta el deseo inconsciente: Es este deseo la discrepancia entre el contenido manifiesto del sueño y el evento real.

Por lo tanto, es el deseo inconsciente el que anima a todos los soñadores a ser protagonistas, de ponerse en los zapatos de su analista o de personas significativas para ellos en ese momento. Pero, ¿es realmente así?. En el ejemplo de Freud, no se puede imaginar que su padre había soñado con que el deseo incestuoso de su propia hija transmitido telepáticamente. O incluso que el sueño expresa el encuentro de dos deseos complementarios. “Yo soy todas las operaciones del paciente”.

Consideremos ahora el posible significado para el trabajo analítico, atribuido por diversos autores al sueño telepático.

Esquemáticamente, podemos identificar dos posiciones: una primera, mejora el sueño telepático sobre todo la revelación potencial de una situación contratransferencia “negativa” del analista.

La perspectiva de contratransferencia  puede tener las siguientes consecuencias:

El contenido del sueño es muy específico porque proporciona una información en profundidad sobre la situación transferal-contratransferal en vigor en el momento del sueño y detallado; el valor terapéutico que se refiere a la descripción de esta situación no es reconocida, y puede dar lugar a dificultades para el trabajo terapéutico; el sueño telepático no es un medio específico, ya que es, por lo menos, teóricamente admisible para la inauguración de la situación transferencial-contratransferencial ocurrida por otras vías.

Un segundo punto de vista considera el sueño telepático especial para la posibilidad de la experiencia “fusional” o de “co-identidad” para un importante significado terapéutico. Micati en su contexto dice que se “mantengan organizadas y bien diferenciadas (…). La comunicación ESP necesita para superar la barrera de la individualidad porque esta existe.

Las implicaciones de esta perspectiva pueden ser:

El contenido del sueño tiene poco o ningún valor, ya que es la única ocasión en que nos damos cuenta de la necesidad de fusión. Hay pacientes tales como, por ejemplo, el que Micati menta que, para lograr la experiencia de la fusión, antes de usar el sueño prueba otros caminos. En otros pacientes, sin embargo, como el de Calvesi, el sueño telepático aparece de repente, por decirlo así, sin ninguna advertencia.
El valor terapéutico se refiere a la posibilidad de experimentar una situación de fusión, mientras que el mantenimiento de los límites de su individualidad es distintiva.
El sueño telepático (y cualquier otro evento ESP) es altamente específico como factor terapéutico, ya que hay otras posibilidades fuera de ella para hacer la experiencia más elevada.

A partir de la observación de que el material inconsciente del sueño telepático contiene generalmente el paciente y el analista, se ha argumentado (Hollos 1933 Servadio, 1935) que, en principio, se produce un sueño debido a la aparición y la intersección de los componentes inconscientes de ambas “partes formadas con el sufrimiento estructural similar” definido por Calvesi (1980).

En este sentido, Fodor (1942) argumentó que el análisis de un sueño ESP no termina con las asociaciones sólo del paciente, sino que también requiere que el analista y su material onírico. Como se puede ver, incluso en el contexto de la fusión, las cosas son un poco “más complejas, o al menos pueden serlo y el contenido no sería indiferente, porque está vinculado a “las mismas partes” que se reactivaron atrayendo de esta manera la “atención al hecho de que la colocación de clavos en procesamiento analítico no se debe sólo a la del paciente.

A eso es lo que pertenece “la máquina de coser” del sueño del paciente de Calvesi. Como observó el mismo Calvesi, son experiencias originales similares que se entrelazan y pueden encontrar una reestructuración conjunta. El hecho de que usted tenga una regresión en las primeras etapas de la relación (fusión simbiótica…) no daría lugar a una regresión similar de los contenidos. Por último, los pacientes a través de los sueños y otras experiencias ESP pueden satisfacer sus necesidades fusionales que generalmente disponen en una organización psíquica intacta. Ehrenwald señaló acertadamente que los pacientes con trastornos de la personalidad, paranoico o dudosos son capaces de hacer frente a estas experiencias. El nivel de intimidad en los cuales se aplica el riesgo de que se pondría en marcha un colapso de organización psíquica regresiva son incontrolables de forma rígida y están unidas por las defensas primitivas.

En conclusión: los artículos de Freud, “Psicoanálisis y telepatía” (1921) y sobre todo “El significado oculto de los sueños” (1925) ya plantearon este problema: la capacidad de la vidente de “leer” el deseo reprimido de los que la convocan, Freud cambió no obstante en la consideración general de que “un deseo intenso junto con los pensamientos inconscientes y los conceptos que se derivan de ella son recuerdos con un tono emocional muy fuerte” y pueden ser fácilmente transmitidos. Jones, sin embargo, no era de la misma opinión aunque la considera aceptable desde el punto de vista de la integridad de la teoría psicoanalítica de los sueños.

Es el momento que en la actualidad se tomen en serio los problemas que atormentaban a Jones, ya que la historia está haciendo de una manera su justicia.

 
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Publicado por en junio 18, 2017 en Casuística, parapsicologia

 

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El “Comité del sueño”: Un estudio sobre la incubación de sueños para solucionar problemas

Por Deirdre Barrett

 

El poeta surrealista francés, St. Paul Boux, colgaba un cartel en la puerta de su habitación antes de retirarse que decía: ” Poeta trabajando” (Gumpertz, 1976, p 161.). Una creencia similar en la productividad nocturna fue expresada por John Steinbeck: “Es una experiencia común que un problema difícil  esté resuelto por  la mañana después de que el “comité del sueño” haya trabajado en él.” (Running Press, 1988, p 88). Una versión más corta de lo anterior es lo referido como “dormir con ello!”.

Ninguna de estas citas designa el sueño como portavoz del “comité del sueño”. Sin embargo, la mayoría de resoluciones de problemas o la producción creativa ocurre durante la fase REM del sueño o bajo imágenes hipnagógicas. Los casos más famosos y controvertidos son como los del químico Kekulé, quien informó que su trabajo (ganador de un premio Nobel) sobre la realización de la estructura molecular del benceno se produjo después de soñar con una serpiente agarrando su cola en la boca (Ramsay y Rocke, 1984). Mendeleev describe que soñó la tabla periódica de los elementos en su forma completa (Kedrov, 1957, pp. 91-113). El experimento ganador del premio Nobel que demuestra la transmisión química de los impulsos nerviosos hacia el corazón de una rana fue concebido por Otto Loewi mediante un sueño (Dement, 1974, p. 98).

Inventos tan variados como la máquina de coser con aguja de Elias Howe  (Kaempffert, 1924. p. 385) o el  cañón antiaéreo controlado por ordenador de JB Parkinson(Fagen, 1978, p. 135) han sido concebidos en sueños. William Blake describió haber sido informado por hermano muertopor medio de un sueño acerca de una nueva manera de grabar sus canciones ilustradas encontrando que  funcionaba bien (Diamond, 1963, p. 17). Coleridge (1895) afirma en el prefacio de “Kubla Khan” que apareció el poema completo en un sueño inducido por el opio, y Robert Lewis Stevenson (1925) soñó las dos escenas clave de su novela, El Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Varias piezas musicales fueron escuchadas por sus compositores en sueños incluyendo: “El trino del diablo” de Tartini (Ellis, 1911, p. 286), y la consagración de la primavera de Stravinsky. El académico Herman Hilprecht soñó que un sacerdote asirio vino a él y le reveló la traducción exacta de la piedra de Nabucodonosor (Van de Castle, 1971. p. 1).

Psicólogos e historiadores adoptan diversas posturas hacia esas anécdotas. Wotiz y Rudofsky (1984) han sugerido que Kekulé confabuló o mintió sobre la imagen de la serpiente mucho tiempo después de la publicación de su trabajo sobre el benceno para ocultar su dependencia sobre trabajos químicos anteriores. Sin embargo, Ramsay y Rocke (1984) han aportado que la imagen del sueño de Kekulé se describe desde la primera presentación del documento, debidamente citando a sus predecesores, y que gran parte de la argumentación y de Wotiz y Rudofsky se basa en traducciones de documentos alemanes erróneos. Blagrove (1992) afirma que, en principio, ninguna de estas anécdotas podría ser exacta. Sostiene que los sueños, por su propia naturaleza, no pueden ni siquiera tener la intención de resolver algún problema, y mucho menos hacerlo: “. . .  el lugar para la resolución de problemas es la vigilia, el mundo social “. (p. 24)

Otros creen que no sólo la resolución de problemas se produce de forma espontánea, si no que también abogan por cultivar una incubación del sueño.. (Garfield, 1974; Reed, 1976; Delaney, 1979).

Varias investigaciones han examinado los diferentes aspectos de la resolución de problemas y sueños. Wile (1934) abordó la cuestión de la incubación cuando midió el tiempo que tomó a los niños en  auto-inducir un sueño sobre un tema deseado. El tiempo promedio fue de 5 semanas; el más corto fue de 2 semanas, el más largo de 6 meses. Wollmering (1978) encontró que en un período aún más corto de tiempo, el 38% de los sujetos adultos jóvenes podrían aprender a alterar los resultados de sus sueños de manera seleccionada antes de dormir.

Cartwright (1974) tenía sujetos tratando de resolver tres tipos de problemas: crucigramas, pruebas de asociación de palabras y finalización de historias. Antes de dar sus respuestas, se les dio un período de sueño que incluía al menos un intervalo REM o una cantidad equivalente de tiempo de vigilia. Los dos primeros tipos de problemas fueron medidos por la corrección, y no se encontraron diferencias entre el sueño REM con/vs un intervalo de vigilia. La finalizaciones de historias fueron juzgadas en base a: optimista vs. final negativo; el sueño REM produjo más finales negativ0s. Sin embargo, el experimento no trató de evaluar la calidad de las historias.

Dement (1974) aportó a 500 estudiantes de grado tres problemas “rompecabezas” para leer más antes de ir a dormir, y de ese modo tenerlos en cuenta para dar con las soluciones en sus sueños nocturnos. De 1.148 intentos para dar con la solución de los problemas, 87 sueños abordaron el problema pero sin encontrar una solución. Siete estudiantes informaron de sueños que resolvieron el problema y algunos otros habían tenido sueños que parecían hacer alusiones a la solución. Un ejemplo de esto último fue en respuesta al problema: “HIJKLMNO: ¿qué palabra Qué representa esta secuencia?”. El sujeto informó: “tuve varios sueños todos los cuales tenían agua en alguna parte . . ” y se describe el agua en cada sueño. Sin embargo, su conjetura en la solución al problema era “alfabeto” en lugar de “agua” (= H2O).

Morton Schatzman (1983a, 1983b, 1984, 1986) ha repetido este paradigma experimental, dando rompecabezas a gran número de personas en Inglaterra a través de los medios de comunicación. Ha recibido decenas de ejemplos de sueños para resolver esos problemas, a pesar, de que no tiene manera de determinar el número total de personas que pueden haber estado tratando de incubar las soluciones.

Para el presente experimento se decidió explorar que los sujetos dieran con la solución a problemas de su propia elección. Aunque éstos carecen de un criterio definitivo para la calidad de las soluciones tienen una enorme ventaja en términos de relevancia y motivación.

Método

Setenta y seis estudiantes universitarios (47 mujeres, 29 hombres, con edades de 19-24, edad media= 21) se les pidió que incubaran sueños que abordaran problemas de una tarea en una clase de sueños. Se les instruyó para seleccionar un problema de relevancia personal con la solución reconocible. Podría ser de un objetivo general, personal, o de carácter académico. Se les pidió el escribir el problema de una manera simple y seguir las instrucciones de la incubación del sueño de Dement (1974). Inmediatamente antes de la primera noche de incubación de sueños, habían asistido a una conferencia que resumía los trabajos sobre la solución de un problema en los sueños. Esto incluyó los estudios revisados ​​anteriormente y una descripción detallada de las técnicas de incubación de Dement (1974), Garfield (1974), Reed (1976), Delaney (1979), y Schatzman (1983a).

Los sujetos siguieron este procedimiento todas las noches durante una semana o hasta que que tenían un sueño que suponían resolver el problema. Se registraron todos los sueños que recordaban durante esta semana y se señaló los siguientes: A) los que estaban en el tema del problema, incluyendo abordar cualquier aspecto del problema o cualquier intento de solución del mismo y B) los que creían que contenían una solución satisfactoria al problema.

Dos evaluadores juzgaron todos los sueños en artículos semanales sobre los criterios A y B. Los sueños considerados por ambos jueces para tratar o resolver problemas se utilizaron para el análisis.

Resultados

La concordancia entre los jueces varió entre el 88 hasta el 100%. En acuerdo de los jueces con los sujetos varió entre el 75 a 100%. Véase la Tabla 1.

 

Total de Sueño Incubados Sueño en Tema Solución de sueño
N = 2 Js% = Js w / S% = 2 Js% = Js w / S% =
Personal 64 96 84 98 88
Objetivo 8 88 88 100 88
Académico 4 100 75 100 100
Todos los problemas 76 97 84 99 88

Tabla 1. Porcentaje Acuerdo entre los jueces y los sujetos sobre las calificaciones de incubación del sueño resultados

Aproximadamente la mitad de los sujetos recordó un sueño que a su juicio estaba relacionado con el problema. El setenta por ciento de ellos cree que su sueño contenía una solución al problema. La mayoría de los sujetos seleccionados tomaron problemas de carácter personal para la incubación. Prácticamente todos ellos eran, o bien, dilemas de relación o decisiones educativas /vocacionales. Estos problemas de carácter personal eran mucho más propensos a ser vistos como resueltos por el soñador que los de carácter académico. Los dos problemas de carácter médico eran mucho más claros en sus sueños que cualquier otro tipo de problema objetivo que se mostraba como una sub-categoría separada. Véase la Tabla 2.

 

Total de Sueños incubados Tena de sueño Solución de sueño
N = % = % =
Personal 64 48 36
Objetivo 8 63 38
(médico) (2) (100) (50)
(otro) (6) (50) (17)
Académico 4 25 0
Todos los problemas 76 49 34

Tabla 2. Calificaciones de incubación de sueños de los sujetos.

Los jueces independientes clasificaron los sueños sobre el modo de como abordar o resolver los problemas de los que los soñadores, siguiendo las mismas pautas que los soñadores para sus conclusiones. Véase la Tabla 3.

El ejemplo siguiente sobre un problema personal es representativo de que puede no coincidir lo que los jueces y los sujetos acordaron sobre un problema y se presentó una solución:

Problema: He barajado dos programas de psicología clínica y dos de psicología industrial pero simplemente no puedo decidir en qué campo quiero entrar. Sueño: Un mapa de los Estados Unidos. Estoy en un avión volando sobre este mapa. El piloto dice que estamos teniendo problemas en el motor y necesitamos tomar tierra y buscamos un lugar seguro en el mapa que se indica mediante una luz. Me pregunto por MA, pues parece que estamos en ese mismo momento y dice que MA es muy peligroso. Las luces parecen estar más hacia el oeste. Me despierto y me doy cuenta de que mis dos centros de medicina clínica están en MA donde he pasado toda mi vida y donde viven mis padres. Ambos programas industriales están muy lejos, en Texas y CA. Yo buscaba inicialmente algo cerca de casa pero no había buenos programas industriales cercanos. Soy consciente que es un error el quedarse cerca casa, pues alejándome probablemente sea mejor el tipo de programa que realizar.

 

Total de sueños incubados Tema del sueño Solución del sueño
N = % = % =
Personal 64 50 28
Objetivo 8 50 38
(médico) (2) (100) (100)
(otro) (6) (33) (17)
Académico 4 50 0
Todos los problemas 76 51 25

Tabla 3. Jueces Calificaciones de incubación del sueño resultados

Unos sueños eran mucho más la representación literal de los problemas y sus soluciones como el siguiente ejemplo acordada por los jueces y los sujetos:

Problema: He sido aceptado en una escuela de medicina que me requiere pagar $ 500 para asegurar mi plaza antes de que me respondan tres de las mejores escuelas de medicina. Sueño: Era invierno y yo estaba recibiendo rechazos de todas partes, así que decidió que debería pagar los $ 500.

Los sueños valorados por los sujetos, pero no por los jueces como abordados y resueltos eran por lo general más metafóricos como en los siguientes ejemplos:

Problema: Estoy tratando de decidir si entrar en el equipo de softball de nuevo esta primavera. Me encanta, pero la práctica me toma tiempo de mis estudios. Aunque podría ir a ver los partidos de este año y ver a mis amigos del equipo. Sueño: Estoy acampando en un lugar abierto en una tienda de campaña. La gente está por todas partes y me miraban. Me siento muy incómodo y expuesto. Solución: El sueño me recordó la frase “un observador en lugar de un hacedor” que tiene connotaciones muy negativas para mí. No creo que yo fuese feliz con sólo ir a los partidos.

Solo dos problemas médicos resultaron en los sueños percibidos como abordados y resueltos por los jueces. El primero de ellos se considera que presenta una solución por el tema.El segundo constituye la única vez que los jueces vieron un sueño como la presentación de una solución plausible mientras que el sujeto ve el problema:

Problema: He tenido grandes problemas con mi ciclo menstrual y mi médico no puede averiguar lo que está mal. Sueño: mi médico me dijo que estaba teniendo una reacción por parte de estar con una dieta y hacer excesivo ejercicio. En el sueño, mi médico me dio un medicamento para corregir esto y que yo estaría bien al tomar este medicamento. En la vida real le preguntó por la dieta aunque no le hizo nunca alusión respecto a ello; nunca ha preguntado por el ejercicio. Supongo que debería decirle sobre la dieta y el ejercicio, ¿eh?

Problema:  Cuando tomando mi medicamento se supone que tengo que tomar sólo una de estas pastillas al día; es malo si tomo más de una o de menos una. No podía recordar el día de hoy si la había tomado y estaba muy preocupada. Sueño: yo estaba bebiendo agua y tragando píldoras una y otra vez, y continué mucho tiempo a base de beber y tomar pastillas.

El único problema objetivo no médico que se consideró que hay que resolver era la siguiente:

Problema:  Hace poco se mudó de un apartamento a otro más pequeño. Con tesón trato de organizar los muebles del dormitorio en la nueva habitación. He estado tratando de decidir si hay una manera mejor o si tengo que deshacerse de algo. Sueño: vuelvo a casa y todas las cajas están desembaladas y los cuadros colgados. Todo se ve muy bonito. La pequeña cajonera que está en la sala de estar, arriba contra una pared, es como un aparador y se ve bien ahí. Estoy desconcertado porque yo no recuerdo haber hecho esto. No puedo averiguar si lo hice yo u otra persona tiene, pero me gusta. Despierto: El aparador quedó allí realmente bien cuando lo probé, así que lo dejé en ese lugar.

Conclusión.

Los sujetos en este estudio estuvieron inusualmente interesados en los sueños y habían estado expuestos a algunos casos de éxito para resolver problemas. Es obvio que no son representativos de la población en general, y por lo tanto, no se espera que este estudio tipifique lo que pasa a través de los sueños como la solución de un problema. Sin embargo, las características y la preparación de estos sujetos se asemejan a las técnicas que utilizan los terapeutas con sus clientes y relatados en cientos de libros de autoayuda.

Los resultados del presente estudio llevarían a esperar que, aproximadamente la mitad de estos pacientes de terapias o practicantes de autoayuda experimentarían en sí mismos una influencia en el contenido del sueño hacia un problema específico, y alrededor de un tercio de ellos reportaría una solución que aparecería en un sueño. Estos serían similares a las conclusiones de estudios anteriores (Wile, 1934; Wollmering, 1978).

Los tipos de problemas vistos como resueltos en el presente estudio se decantan por los problemas personales mucho más que por otros temas. Los problemas personales son aquellos a los que la mayoría de los psicoterapeutas aplican técnicas de incubación del sueño (Garfield, 1974; Reed, 1976; Delaney, 1979). Otra categoría que se ve de gran trascendencia en este estudio, pero insignificante para generalizarlo a partir de el, es el de los problemas médicos. Una vez más hay muchas anécdotas sobre este tipo de problemas (Garfield, 1991) y algunas investigaciones preliminares sugieren que el cuerpo puede percibir (Smith, 1990), e incluso dar soluciones (Kasatkin, 1967) a problemas de salud.

Aunque este estudio no se creó para evaluar rigurosamente la calidad de las soluciones, muchas de ellas parecen realizarse cuando los soñadores ya no eran conscientes. Las soluciones parecen estar en línea con las capacidades de vigilia de los sujetos. Las soluciones se expresan cuando están atrapados en sus estados de vigilia, pero no representan drasticamente diferentes facultades intelectuales. Esto es consistente con la literatura anecdótica: de compositores que sueñan con una buena obra musical, escritores que sueñan con la poesía clásica, y los mejores científicos que obtienen el material para un premio Nobel mediante sus sueños.

A pesar de que hasta ahora hemos referido a los sueños como una “resolución de problemas”, una de las cualidades más interesantes de estos sueños es que parecen presentar al yo del sueño frente a una solución que ha llegado mediante el inicio de este. A veces, el yo del sueño pone el punto final a los sueños como en el ejemplo de la psicología clínica y la industrial  mostrada mediante un mapa.

Tal vez el “comité del sueño” puede ser trabajado fuera de la REM y el papel del “portavoz” del sueño se quede tan sólo en una metáfora. Cabe la probabilidad, teniendo en cuenta lo que se conoce acerca de la activación cortical que este problema pueda quedar resuelto por alguna parte de la mente despierta y comunicada a la conciencia sólo en el estado de sueño.

En resumen, existen muchas preguntas sobre el mecanismo de la resolución de problemas en los sueños y sobre la calidad de estas soluciones, en comparación con los estados de vigilia. Está claro, sin embargo, que los problemas de las personas interesadas en la incubación a menudo cuentan con soluciones de las que no son conscientes y que tales sueños les pueden proporcionar una gran satisfacción personal.

 

 

 
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Publicado por en marzo 25, 2016 en Casuística

 

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Una teoría sobre la predicción del porvenir.

 Por Ernesto Sábato

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Graves interrogantes están vinculados a la teoría que esbozaré, entre los cuales empiezo por enunciar estos tres:

¿Puede admitirse, como en antiguas doctrinas esotéricas, que el alma está encarnada en el cuerpo, liberándose en el momento de la muerte para ingresar en la eternidad?

¿Hay indicios de esa independencia del alma y pueden darse pruebas de esa presunta supervivencia?

¿Existe alguna clase de fenómeno en el curso de la vida humana que eche luz sobre este enigma?

Siempre me subyugó este problema, pero, por algunos motivos de índole personal, en los últimos años se ha constituido en una de las cuestiones que más me preocupan, y he tratado de conocer lo más importante que se haya escrito sobre él, tanto en los círculos científicos como en los iniciáticos. Y creo que la teoría que aquí esbozaré es un intento nuevo, que, además, tiene la ventaja de unificar fenómenos tan dispares como los sueños premonitorios, la locura, el éxtasis y la inspiración de los grandes poetas. Debo agregar que estas especulaciones no son el mero resultado de lecturas y reflexiones: son, en buena medida, la consecuencia de experiencias personales, que comenzaron con las alucinaciones que padecí en mi infancia y con obsesiones que me han perseguido a lo largo de mi vida posterior. Experiencias de las que hasta hoy no he escrito nada de tipo especulativo, ya que sólo se han manifestado, de modo que podríamos llamar hipostático, en la novela Sobre héroes y tumbas.

La visión del porvenir no es tan frecuente como la visión del presente o del pasado en los episodios de clarividencia. Pero hay un conjunto de hechos rigurosamente documentados que obligan a aceptarlos más allá de cualquier duda razonable. En el registro que muy serios investigadores han elaborado de precogniciones se han descartado los fenómenos que se deben a pura coincidencia, a deducciones de la razón, fenómenos de autosugestión o de paramnesias. Como simple ilustración del tipo de experiencias que se descartan, daré únicamente dos ejemplos:

Supongamos que alguien, a quien se ha prometido un determinado puesto, consulta un vidente, que dice que contra lo que él cree no obtendrá ese cargo. Si luego, efectivamente, así sucede, podría tratarse de una genuina premonición, pero también es posible que el vidente no haya hecho otra cosa que ver la decisión ya presente en el espíritu del personaje que debe conceder el cargo. Sería, pues, un caso de videncia del presente, no de precognición. Y, por lo tanto, aun en la duda, debe descartarse.

Si alguien predice para el próximo año una sublevación en el Congo y luego ese hecho realmente se produce, se trata de una precognición sospechosa, que también debe descartarse. Muy razonablemente puede argüirse que una rebelión en el Congo, en el curso del año próximo (como en cualquier otro año), es perfectamente posible. Hemos de partir, por lo tanto de fenómenos auténticamente prescientes. Hay muchos, de los cuales reseñaré algunos. Pero bastaría uno solo para poder fundar la teoría que luego he de enunciar.

En 1938, mientras trabajaba en el Laboratorio Curie, una serie de circunstancias, aparentemente fortuitas, me vincularon al surrealismo. Y digo “aparentemente”, porque uno termina por vincularse, tarde o temprano con aquellas personas o movimientos a los que se espera en lo más profundo del espíritu, de modo semejante a lo que sucede con las limaduras de hierro que, aún a distancia y sin saberlo, se orientan según las líneas de fuerza de algún oculto pero poderoso imán. Las otras personas que pasan a nuestro lado, las teorías o movimientos que conocemos de paso, pero que siguen de largo, siguen, precisamente, de largo porque no las esperamos ni necesitamos. Y así, finalmente, encontramos a quienes debemos encontrar, amamos y sufrimos por los seres que hasta ayer no conocíamos, pero que estábamos destinados a encontrar tarde o temprano en nuestro camino, no en virtud de la casualidad sino de esas enigmáticas pero todopoderosas fuerzas que irradian desde el fondo de nuestro espíritu. Así, después de un complicado periplo que pasaba por la ciencia, debía encontrarme con el movimiento que era el reverso del pensamiento científico, con la rebelión que yo anhelaba contra el universo conceptual y lógico. Así conocí a Oscar Domínguez, aquel disparatado y sombrío payaso del movimiento surrealista. Este elefantiásico borracho, esta especie de buey poseído por demonios taciturnos, que de pronto estallaban en furias incontenibles, fue uno los pocos surrealistas auténticos que he conocido en mi vida, hecho importantísimo, ya que el surrealismo, como en general todo movimiento romántico, está repleto de mistificadores y charlatanes. Como un Dr. Jekyll, que de noche hiciera fechorías deshonrosas, yo trabajaba durante el día con las nítidas y transparentes ecuaciones matemáticas, y de noche sentía que mi verdadera pasión me llevaba al universo oscuro de la inconciencia. Harto de un mundo abstracto, convencido de que la tecnolatría del hombre contemporáneo constituía el más grande peligro para la salvación del alma, no es sorprendente que me vinculara con Domínguez y lograra establecer con él una suerte de fraternal entendimiento, hasta el punto de que llegamos a elaborar juntos aquella teoría que bautizamos con el nombre de litocronismo y sobre la cual Bréton escribió luego en el último número de Minotaure. No de más trascendencia que una broma, sirve sin embargo como síntoma de la preocupación que ya teníamos muchos sobre la cuarta dimensión y sus posibilidades metafísicas.

Cuando por medio de Bonasso conocí a Domínguez, supe que estaba aislado del grupo ortodoxo. Y también supe que esa excomunión no se debía a ningún punto de doctrina, tan habitual en el pontificado de Bréton, sino a un acontecimiento extrañísimo y terrible, sucedido un tiempo antes de mi llegada. En una fiesta que se desarrollaba en el taller de un pintor amigo, en uno de los característicos accesos de furia cuando estaba borracho, Domínguez arrojó un vaso contra alguien que logró esquivarlo. El vaso dio en la cara del pintor rumano Víctor Brauner, vaciándole un ojo. Ahora bien, Brauner venía pintando desde años atrás una serie de retratos en que uno de los ojos aparecía vaciado.

Estos son los hechos. Veamos ahora sus interpretaciones posibles. Atribuirlos a un conjunto de coincidencias es sólo deseo de negar la auténtica explicación: el instinto premonitorio del artista, la visión profética que suele darse en sus instantes excepcionales. Fíjense si no: primera casualidad, que Brauner estuviera en la reunión; segunda, que Domínguez arrojara un vaso; tercera, que lo arrojara en dirección de Brauner, sin que fuese su destinatario (la disputa había sido con otro pintor); cuarta, que el destinatario lograse esquivar el golpe; quinta, que el vaso diera en la cara de Brauner; sexta, que precisamente le arrancara un ojo, en lugar de cualquier otra posibilidad. En una entrevista que hace algunos meses me hicieron en París, me observaron que quizá Brauner quería que Domínguez le arrancara un ojo. Trate de explicarse cada una y el total de casualidades enumeradas mediante esta hipótesis de autocastración para comprender que no resiste el análisis.

Lo más sencillo es admitir lisa y llanamente la premonición. Brauner “supo” durante varios años que le sería arrancado un ojo. Si no hubiera otros casos de premonición, claramente documentados, esta explicación podría parecer descabellada, o al menos más descabellada que la inverosímil serie de casualidades escalonadas que cualquier matemático, a base de cálculos de probabilidades, desecharía por prácticamente imposible.

Felizmente, hay otros casos.

En abril de 1912 hacía su viaje inaugural el Titanic. El Honorable J. Cannon Middleton soñó, por dos veces consecutivas, que el barco se hundía y que la gente se ahogaba por centenares. Cuando, por motivos de negocios, debió desistir de su viaje en ese barco respiró tranquilo, y contó sus dos sueños a sus familiares, relato que no había hecho antes para no preocuparlos por lo que creía era el resultado de una pura aprensión. Como es sabido, el barco se hundió, muriendo en el desastre mil quinientos pasajeros. En este caso, empero, podría argumentarse que el temor del futuro pasajero puede haber provocado los dos sueños obsesivos, sueños que ninguna importancia habrían tenido de no haber ocurrido realmente el naufragio. Razón por la cual descartaré este caso de entre los indiscutidos. Es, en cambio, indiscutida la premonición del naufragio del Lusitania, por la señora de King, que no tenía ningún motivo personal para temerlo.

El profesor Richet cita el caso clásico del ministro Berteaux, a quien le predijeron en 1874 que sería “rico y honrado, pero que moriría, como general en jefe, arrollado por un carro volante”. Hablar de “carros volantes” en 1874 era lo bastante grotesco como para que el vaticinio fuese tomado en broma. Berteaux murió el 21 de mayo de 1911 arrollado por un avión, y como general en jefe.

Otro caso muy documentado por la prensa de su tiempo fue el asesinato del primer ministro británico Spencer Perceval, en la Cámara de los Comunes, el 11 de mayo de 1812. Nueve días antes, un tal John Williams, de Cornwall, soñó el asesinato tal cual aconteció. Y por tres veces consecutivas, la misma noche. Fue tan impresionante que durante los días que siguieron contó esa triple pesadilla a una cantidad de personas, hasta que el hecho finalmente se produjo. Williams no tenía ninguna relación con el Primer Ministro, ni siquiera tenía la menor idea de cómo era personalmente. Y supo que la figura asesinada en su sueño era ese personaje, porque otra persona del mismo sueño se lo decía.

Intentos de explicación

La precognición es un fenómeno tan impresionante y tiene a la vez tantas implicaciones filosóficas (piénsese que involucra el grave problema del libre albedrío, problema central de la teología) que ha sido examinado desde todos los ángulos y se ha intentado explicarlo desde las hipótesis más curiosas, sin que finalmente ninguna de ellas haya sido aceptada unánimemente. Aquí recordaré por lo singular, únicamente la de Nietzsche, sobre el Eterno Retorno. Es una antigua idea que puede resumirse del siguiente modo: Si el Universo está constituido por un número limitado de elementos (átomos o lo que sea), y el tiempo es infinito, habrá un momento en que el gigantesco cubileteo volverá a reproducir el estado inicial, y todo volverá a repetirse como una vez anterior. “El universo –afirmaba el filósofo alemán– ya alcanzó todos los estados que puede alcanzar, y no una vez sino un número infinito de veces… Tu vida volverá a repetirse como la marcha de un reloj de arena…” Una suerte de confusa memoria en seres privilegiados, oscuros vislumbres de las (infinitas) existencias anteriores en individuos con memoria cósmica, explicarían los fenómenos precognoscitivos. Hipótesis fascinante que lamentablemente grandes matemáticos como Borel y Picard demolieron mediante el cálculo de probabilidades.

Existen otras teorías que aquí no analizaré, pero diré solamente que varias de ellas se basan en una confusión de planos ontológicos, atribuyendo a la materia lo que es propio del espíritu, aplicando a los hechos de la conciencia lo que es propio del universo físico. Y también una serie de confusiones producidas, casi inevitablemente, por el uso de un sistema conceptual que ha sido elaborado mediante la lógica aristotélica para una realidad que seguramente le es ajena, lo que conduce a antinomias y paradojas: ¿cómo puede haber libertad de acción en el hombre si el futuro puede predecirse, si “todo está ya escrito”? Sabemos que este enigma constituye uno de los puntos críticos de la teología cristiana, que trata de conciliar el libre albedrío de la conciencia con la omnisciencia de Dios. Dije ya que en este artículo no examinaría las implicaciones filosóficas del problema. Aquí solo diré que este tipo de antinomias se resolverán en un sistema conceptual no aristotélico, del mismo modo que las contradicciones de la física clásica pudieron superarse mediante una geometría noeuclideana. También agregaré que, a mi juicio, es probable que haya hechos futuros de la conciencia producidos por un encadenamiento de causas y efectos, hechos en que la conciencia no sería capaz de libertad (si estoy en un descarrilamiento me puede ser imposible evitar mi muerte, mientras que en cambio puedo evitar mi suicidio en medio de ciertas circunstancias compulsivas), y en tales series causales el hombre total obedecería como un objeto, aunque como un objeto rebelde (del mismo modo que un chico testarudo puede sin embargo ser arrastrado a la escuela por una mano firme); mientras que en otros casos, la conciencia es capaz de decidir y el curso mismo de los acontecimientos puede ser trastornado por la voluntad del hombre. Entramos aquí en un terreno sumamente vidrioso y oscuro por causa del sistema conceptual que empleamos, elaborado, como dije, para un mundo no contradictorio y determinista. En mi hipótesis trato de eludir este vasto y por el momento insoluble problema, para proponer atajos que lo evitan.

Primera parte de la hipótesis. Los sueños

Desde la antigüedad hasta Freud y Jung se ha especulado sobre el sueño, sus motivaciones y sus significados. Pero, por debajo de las teorías, de las siempre discutibles concepciones de la realidad onírica, hay ciertos hechos que, como tales, son inconmovibles y deben constituir el fundamento de cualquier especulación. Para los fines que me propongo se reducen a los siguientes:

1.En el universo de los sueños (no en el de sus causas físicas, sino en el de sus imágenes), no rige el principio determinista que es propio de la realidad material.

2. Tampoco rige la lógica, con sus principios de identidad y contradicción. Los sueños no son “aristotélicos”.

3. El tiempo no presenta el carácter irreversible que es propio del mundo material, es revuelto, no hay clara distinción entre el pasado, el presente y el futuro.

4. En el sueño, en fin, hay visiones de lo porvenir.

Freud, Jung, y también Fromm han emitido explicaciones de estos hechos singulares. No entraré en su examen pues, aparte de ser conocidas, quedan al margen de la hipótesis que es el objeto de este artículo.

El cuerpo, como perteneciente al universo físico, debe obedecer a la ley de causalidad. El alma, en cambio, aunque encarnada (y por lo tanto obligada a seguir, hasta cierto punto, las vicisitudes del cuerpo) pertenece a un orden esencialmente distinto: no se la puede considerar en el espacio, ya que no es material; ni está regida por el tiempo de los astrónomos. Aparte de las evidentes diferencias cuantitativas de este tiempo propio o existencial del alma (transcurre con horrorosa lentitud en los momentos de angustia, o con vertiginosa rapidez en los momentos de felicidad), posee una diferencia cualitativa tan notable que, hasta cierto punto, su estructura es inversa de la del tiempo astronómico, ya que en él el futuro es anterior al presente: si me empujan, mi cuerpo se mueve hacia delante, y el presente (empujón) determina así mi futuro, pero si me muevo porque me propongo ir a una parte, ahí es al revés: mi futuro (el estar en ese parte que anhelo) determina mi presente, mi movimiento. Este pequeño ejemplo muestra, de paso, qué peligroso es aplicar al mundo anímico el sistema de conceptos que estamos acostumbrados a usar para el mundo corporal.

Sólo en la medida en que el alma participa de las vicisitudes del cuerpo (por ejemplo en el dolor provocado por una quemadura), el alma queda sometida al determinismo físico, siendo ajena a él en una medida y en una forma que ignoramos pero que podemos imaginar, en virtud de la intuición que todos tenemos de nuestra libertad para cierto tipo de actos voluntarios. Este libre albedrío resulta así relativo, no total; es una libertad condicional, una libertad de movimientos dentro de ciertos límites o condiciones ineludibles y objetivas, tanto del mundo físico como del mundo social, ya que tanto el cuerpo, el mundo material en el que se desplaza y el mundo social que nos rodea son estructuras ajenas a nuestra voluntad. El determinismo social, por ejemplo, impide que un preso salga a la calle; pero ese mismo determinismo social no puede impedir al recluso pensar en la filosofía de Platón o escribir una novela. El determinismo físico impide a un jorobado convertirse en galán de cine, pero no puede impedirle ser un hombre de ciencia.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por algún procedimiento y en momentos excepcionales pudiese el alma evadirse de su cuerpo? En tal caso, la conciencia podría contemplar su propio cuerpo desde fuera, podría ver cómo éste se desplaza en el espacio y el tiempo. Desde su privilegiada posición podría contemplar no sólo el pasado de su cuerpo, sino también su porvenir. (Y anotemos, en esta sola frase, qué difícil es sustraerse al sistema de ideas y vocablos que hemos construido en nuestra larga, y única, existencia, la existencia dentro del espacio-tiempo. Hemos empleado sin quererlo, pero también sin poderlo evitar, palabras como “posición”, que implica un lugar en el espacio y “contemplar”, palabra que implica una vista que pueda mirar y ver).

Tratemos de entender esto con una comparación que no es del todo rigurosa, pero que puede hacer comprensible a una mente habituada a los conceptos de física corrientes, algo que en realidad pertenece a otro sistema: el del continuo einsteniano. Imaginemos un hombre que asciende por un tortuoso sendero de montaña y que ignora la presencia de una fiera en acecho detrás de un obstáculo. Imaginemos ahora que hay un observador en la cumbre de la montaña, punto privilegiado desde el que abarca todo el panorama, no sólo al hombre que penosamente avanza por el sendero, sino también a la fiera que lo espera agazapada. Lo que para el caminante es futuro (la fiera), y por lo tanto incognoscible por el momento, para el observador privilegiado es presente. Para él “vaticinar” es simplemente describir lo que ve en su presente. Algo semejante podría suceder en el alma, si por algún procedimiento fuese capaz de liberarse de su prisión corporal: al salirse de ella, desobligada ya a regirse por las leyes de la materia, fuera del espacio y del tiempo, podría ver como puro presente lo que para el cuerpo es incierto futuro.

Advertí que esta comparación no es rigurosa. Y no lo es por varias razones; primera, porque el “panorama” que el alma podría ver desde su posición privilegiada no es un panorama espacial, un simple paisaje en el sentido de la palabra, sino un paisaje espacio-temporal, un paisaje de cuatro dimensiones y no de tres; segunda, porque el vocabulario y los conceptos que estamos empleando pertenecen al sistema elaborado por los hombres precisamente en su existencia corriente, en un conjunto secular de experiencias hechas sobre fenómenos, percepciones, reflejos, vivencias en fin de un alma encarnada. Estamos un poco en la situación de un pez que tratase de explicar, con su propia experiencia íctica, marítima e infrahumana no sólo al ser humano sino la visión que ese ser humano tiene de su mundo de pez.

En La Rama Dorada, Frazer informa sobre una creencia casi general de los pueblos primitivos: durante el sueño, el alma del durmiente se aleja de su cuerpo para visitar lugares y personas más o menos remotos; también nos dice que la salida del alma no siempre es voluntaria, pues muchas veces es provocada por los demonios, por los espíritus de los muertos, o por malévola intervención de los hechiceros.

Ahora, cuando la arrogante filosofía de la ilustración y la de sus epígonos positivistas ha sido colocada en el lugar que le corresponde, con sus méritos pero también con sus errores, la antropología de base seriamente filosófica se halla revalorando la sabiduría de las culturas peyorativamente denominadas primitivas, y que con más rigor y justicia debían ser calificadas de arcaicas. Me parece inútil recordar aquí el conmovedor y gigantesco mea-culpa de un sabio de la dimensión de LevyBrühl. La oposición de las formas del pensamiento arcaico (que dan cuenta de regiones oscuras y profundas del espíritu humano) frente a las formas estrictamente racionalistas (que sin duda son aptas para aprehender lo que la realidad tiene de racionalizable, qué gracia); la revaloración iniciada por los románticos alemanes del Círculo de Jena de lo emocional y “nocturno” frente a lo conceptual y “diurno”; la reconsideración existencialista del yo concreto frente a las alienaciones de la ciencia y de la lógica; y, en fin, lo que yo considero una revaloración del arte como posibilidad cognoscitiva, cercana o pariente de la aprehensión mitológica del hombre arcaico; todo este vasto y complejo movimiento de revisión y de síntesis (porque no se trata de una mera vuelta al pasado, de un simple remplazo de lo racional por lo irracional) ha empezado a colocar las cosas en su lugar y puede esperarse un examen más certero de los fenómenos parapsicológicos.

En lo que a esta teoría que ahora apenas estoy iniciando se refiere, retomo la vieja hipótesis del alma emigrable, pero comienzo a darle mi propia interpretación. De acuerdo con todo lo que ya he explicado, al despertarse el alma durante el sueño, simultáneamente se desprende de las categorías que rigen al cuerpo. Y al colocarse en esa especie de cielo intemporal, donde no hay ni antes ni después, puede contemplar en un puro presente los hechos que más tarde acontecerán a su cuerpo abandonado, como estatuas de la Felicidad, o lo que es más frecuente, del infortunio.

Si esta hipótesis fuese cierta, los sueños no sólo nos proporcionarían rastros significativos del pasado, sino visiones y símbolos de lo porvenir; visiones no siempre claras, casi nunca inequívocas o literales, porque el alma, ya encarnada nuevamente al despertar, vuelve a pertenecer a un universo ajeno al que visitara, y sus visiones del futuro aparecen ya enturbiadas y deformadas por los rastros que el pasado induce. Como una vaga y misteriosa imagen, en virtud de aquella confraternidad con los dioses de la que habla Platón, apenas remanen ambiguas reminiscencias que el análisis casi siempre perturba cuando no destruye. Excepto en pocos y excepcionales casos en que la visión profética ha sido tan poderosa y terrible que nada pueden contra él las contaminaciones del pasado o las reflexiones de la pura inteligencia.

Falta agregar algo.

Ya que la muerte está siempre en nuestro futuro, las premoniciones del sueño deben traernos de vez en cuando noticias de ese duro acontecimiento, y también de lo que después nos espera, si es que algo nos espera. ¿No podrían los sueños venturosos ser visiones del Paraíso? Las pesadillas, naturalmente, serían fragmentos de los horrores que nos esperan en el infierno.

Segunda parte de la teoría: locos, místicos y artistas

Lo que el hombre corriente experimenta en sus sueños, ciertos seres anormales lo viven en sus estados de trance: los locos, los videntes, los místicos y los artistas.

Pienso que en sus accesos de locura, el alma sufre un proceso parecido, si no idéntico, al que experimenta todo hombre en el momento de dormirse, y sobre todo en las pesadillas: el alma emigra del cuerpo e ingresa en la eternidad. De ahí las exactísimas palabras que los antiguos empleaban para calificar ese terrible acontecimiento: “ponerse fuera de sí”, enajenarse o alienarse. Siempre tuve la penosa sensación de que los dementes furiosos, en plena vigilia, sufren lo que nosotros padecemos en las pesadillas. Ahora pienso que padecen los tormentos del infierno, no en el sentido metafísico que habitualmente se da a esta expresión, sino en sentido literal: están, verdaderamente, en el infierno, del mismo modo que nosotros en una pesadilla. Sus movimientos y gestos de fiera acorralada, sus aparentes delirios, sus gritos y conversaciones con desconocidos invisibles y disparatados no son otra cosa que la experiencia directa y actual del infierno.

En algunos casos, este descenso a los antros infernales puede ser transitorio, tal como desde la antigüedad ha venido sucediendo con esos seres que, con notable intuición, fueron calificados como “endemoniados”; seres que únicamente después de complicados exorcismos son rescatados de la atroz pesadilla. De modo inverso pero semejante, los enajenados beatíficos que suelen encontrarse en los manicomios o en las novelas (el Príncipe Muchkin, por ejemplo) serían personas que asisten de modo directo y actual a la experiencia del Paraíso.

La enajenación puede asimismo suscitarse de modo voluntario, tal como sucede con los místicos, los drogados, los adivinos y los poetas: “Je dis qu’il faut être voyant, se faire VOYANT”. Mediante la ansiedad o el ayuno, el anhelo tenaz y la facultad nativa, el aprendizaje o la droga, la inspiración divina o demoníaca, algunos seres logran éxtasis, es decir, ese colocarse fuera de sí mismo para acceder a la ansiada eternidad. Tal como los yoguis en Oriente, mueren para renacer a otra existencia, liberándose de la cárcel corporal. Tal, en fin, como el hombre común en esa muerte pasajera que es el sueño.

En cuanto al artista, Platón no hace sino repetir lo que el pensamiento antiguo tenía por evidente: que el poeta, inspirado por los demonios, pronuncia palabras que nunca habría dicho en su sano juicio, describiendo regiones sobrenaturales del mismo modo que el místico mediante sus éxtasis. En tal estado de alienación, el alma tiene una percepción distinta de la normal, por encima de las fronteras del sujeto y del objeto, de la vida y de la muerte, de lo real y lo imaginario, del pasado y del futuro. Toda obra de arte sería así una suerte de hierograma. Y así como seres ignorantes han sufrido repentinamente visiones y han pronunciado palabras en lenguas que desconocían, una muchacha inocente como Emily Brontë pudo describir con sobrecogedora precisión el alma de un hombre entregado a las potencias infernales.

Esta desencarnación del alma del artista en el momento de la inspiración, también explicaría el carácter profético que puede llegar a alcanzar, aunque sea del modo enigmático y ambiguo que es propio de los sueños. En parte por la índole oscura de ese territorio, que quizá entrevea el alma imperfectamente descarnada como a través de un vidrio turbio o sucio; en parte, porque nuestra conciencia racional es inapta para describir una realidad que le es inconmensurable; en parte, en fin, porque el hombre no parece capaz de soportar la infinita crueldad de ciertas visiones infernales, y el instinto de conservación de nuestro cuerpo nos preserva con máscaras y símbolos de lo que de otro modo sería hasta mortífero. Digo, pues: Los teólogos han razonado sobre el infierno, y a veces han probado su existencia como se demuestra un teorema: more geometrico. Pero sólo los grandes poetas nos han revelado de verdad su existencia, dándonos visiones detalladas de sus antros y pagando a veces con la locura o con la muerte ese pavoroso privilegio. Son hombres indisputables: Blake y Milton, Dante y Rimbaud, Lautréamont y Sade, Baudelaire y Dostoievsky, Hölderlin y Kafka. ¿Quién osaría poner en duda sus testimonios? ¿Quién sería capaz de acusarlos de mentirosos? Los creadores de las grandes ficciones serían así los seres que sueñan por los demás, los que por (desdichado) encargo de los dioses están destinados a revelar los misterios últimos de la condición humana, los grandes, únicos y genuinos esjatólogos. Porque un gran artista no inventa, como a menudo y ligeramente se supone: un gran artista es el hombre que tiene la facultad y la condena de levantar los velos que ocultan la temible realidad a los simples mortales.

No sé dónde leí que Dante no hizo más que traducir las ideas y sentimientos de su época, los prejuicios teológicos y las supersticiones en boga; de modo que, lejos de ser su poema una visión de la realidad sobrenatural, sería simple, aunque genialmente, la descripción de la conciencia y de la inconciencia de una cultura determinada. Hay mucho de verdad en este aserto, pero no en el sentido que le atribuyen estos sociólogos del horror. Yo creo que Dante vio, como todo gran poeta, con espantosa nitidez, lo que las gentes de su época presentían de manera más o menos imprecisa. Y de ahí la resonancia de su obra que era recitada por hombres casi analfabetos. Los italianos que miraban pasar al poeta por las calles de Ravena, silencioso y enjuto, comentaban en voz baja, con sagrado recelo y sin intención metafórica: “Ahí va el que estuvo en el Infierno”. Porque si esos visionarios no fueran más que mitómanos individuales, si sus visiones no fueran más que delirios privados, ¿cómo explicar su trascendencia universal? ¿Cómo explicar que el resto de los mortales los tomen como intérpretes clarividentes de sus confusas angustias y esperanzas? ¿Cómo explicar, en fin, que la palabra Vate signifique a la vez Poeta y Adivino?

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Publicado por en febrero 6, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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Ondas Cerebrales y Bio-retroalimentación.

Por  William Johnston

La ciencia de la consciencia se resiente algo a causa de sus popularizadores. Habiendo tenido la oportunidad de conversar con especialistas en Tokio y E.E.U.U., me he asombrado con la diferencia que existe entre su actitud y las de las revistas populares. Estas últimas hablan frívolamente de ondas alfa, máquinas de bio-retroalimentación y la entrada en estados de gozo espiritual. Por otro lado los investigadores continúan diciendo que no saben casi nada acerca del cerebro humano y, aun menos de la mente humana. Enfrentados a nuevos descubrimientos en el área de la consciencia, están (según uno de ellos) como Colón al poner su pie en un nuevo continente, o como el incesante Cortés cuando fijó su vista en el Océano Pacífico, enfrentándose con territorios desconocidos, universos no soñados. Ellos no se sentían alarmados de que la popularidad pudiera llevar su trabajo al descrédito.

Dicho ésto, déjenme apresurarme a agregar que no es mi intención escribir con rigor científico, y, en este sentido, estoy entre los popularizados. Habiéndome dado cuenta de la complejidad de estas materias, simplemente intento resumir aspectos de la reciente investigación científica, con miras a discutir su relación con la meditación. Por lo que aquí digo acerca de este estudio científico, estoy muy agradecido al Dr. Tomio Hirai de la Universidad de Tokio, con quien tuve el privilegio de trabajar, y también de otros especialistas en los E.E.U.U. que fueron generosos con su tiempo, con su saber y con sus publicaciones.

La investigación en el campo de la consciencia tiene una gran deuda con el científico alemán Hans Berger quien, en la década de 1920, descubrió las ondas cerebrales y su relación con diferentes estados de consciencia. Gracias a su trabajo pionero, ahora sabemos que el cerebro emite tenues impulsos eléctricos que pueden ser medidos en microvolts mediante un electroencefalógrama o EEG. Concretamente, los investigadores adhieren electrodos al cuero cabelludo de los sujetos que se examinarán y los conectan al EEG, el cual tiene un amplificador. Este amplifica los pequeños potenciales eléctricos hasta diez millones de veces. Entonces se trazan las ondas o ritmos cerebrales con plumas de tinta automáticas sobre un rollo de papel giratorio, Puesto que hay varios tipos de ondas cerebrales, el EEG puede ser equipado para filtrar el tipo particular de onda cerebral que se desea registrar.

Hay cuatro ondas cerebrales principales, medidas según la frecuencia o la velocidad del impulso y la amplitud o el voltaje del impulso. Los investigadores solicitan a los sujetos examinados que describan sus estados internos mientras están produciendo determinadas ondas cerebrales. De esta forma han verificado que ciertos estados psicológicos internos están asociados con una determinada actividad cerebral.

Los cuatro grupos de ondas cerebrales son los siguientes:

Beta.- Es la más común en nuestras horas de vigilia. La beta-consciencia, cuya medida es de 13 o más ciclos por segundo, está asociada con la atención enfocada y el pensamiento activo de una mente vuelta hacia el mundo externo. En este ritmo se manifiesta el más alto grado de excitabilidad cortical. El lector de estas páginas está ahora produciendo una buena cantidad de ondas beta.

Alfa.- Son más tranquilas. En ellas la frecuencia baja a 8 a 12 ciclos por segundo, y el estado interno se describe como de lucidez relajada, desplazándose hacia la interioridad o lo que se llama «estados internamente enfocados». Aunque alrededor del 10% de la población de los E.E.U.U. no son productores de ondas alfa, la mayoría de la gente las produce cuando cierra sus ojos y se relaja. Pero, continuar en consciencia alfa en forma estable con los ojos abiertos no es fácil. En verdad, sólo difícilmente puede ser logrado sin entrenamiento especial, y es una de las características de los adeptos al Zen.

La onda alfa puede ser de alta o baja amplitud según la producción de microvolts por el cerebro. Las ondas alfa de alta amplitud indican que el sujeto está en un estado de concentración más profundo. Este ritmo está asociado con la meditación más avanzada y con el misticismo.

Theta.- Su frecuencia es de 4 a 7 ciclos por segundo. Está asociada a la somnolencia, Es el ritmo que aparece cuando nos deslizamos hacia la inconsciencia o hacia el sueño, y, a menudo, están acompañadas por imaginería hipnagógica como la de los sueños.

Delta.- Su frecuencia es de 0 a 4 ciclos por segundo. Es el ritmo que se encuentra en el sueño profundo, sin ensueños.

Para más claridad, ver el siguiente diagrama:

1.- Estado de excitación: ondas beta. 2.- Estado de relajación: ondas alfa, 3.- Estado de somnolencia: ondas irregulares theta. 4.- Sueño moderado: ondas en forma de huso y delta. 5.- Sueño profundo: ondas delta.

Después del descubrimiento de las ondas cerebrales, se avanzó más allá aún con el descubrimiento de la bio-retroalimentación. Esta es una técnica para el autocontrol del ser humano, en el cual una persona se hace consciente de sus ondas cerebrales a la vez que se da cuenta de su estado mental interno. En otras palabras, es un dispositivo mecánico para presentar exteriormente la información de lo que está pasando internamente.

Nuestro estado de consciencia es proyectado hacia afuera de manera que podamos mirarlo objetivamente. Esto se hace equipando al EEG con instrumentos, los que mediante un sonido o el destello de una luz, le dicen al sujeto que está produciendo ondas alfa, o theta, o lo que sea. Al escuchar o ver la señal y asociarla con determinados estados internos, el sujeto puede entrenarse gradualmente para entrar en estados internos de consciencia accesibles sólo a meditantes experimentados, usuarios de drogas alucinógenas o místicos. Pero, una vez más debemos ser cautos. El mecanismo de estas máquinas es increiblemente delicado. Las buenas máquinas de bio-retroalimentación no se consiguen fácilmente y cuestan bastante dinero. Una máquina de inferior calidad puede producir absurdos resultados. Puede hacer que el erizamiento del cabello suene como ondas alfa, animando de este modo falsas esperanzas en el infortunado practicante.

La bio-retroalimentación está aún en sus comienzos. Pero puede perfectamente apuntar hacia una nueva forma de control mental y hacia nuevos horizontes en la educación. Sus posibilidades son enormes.

El ritmo que ha despertado el mayor interés es alfa. Parece, además, que un tipo particular de personalidad tiende a ser productora de ondas alfa en forma más o menos natural. El Dr. Joseph Kamiya del Instituto Langley Porter de San Francisco dice:

«He encontrado que cierta clase de individuos hace un mejor aprendizaje de cómo controlar las ondas alfa, aprendiendo especialmente a incrementar alfa, y estos individuos parecen lejos de ser quienes tengan algún interés en practicar meditación. No pertenecen a una escuela Yoga o Zen, o cualquier otra escuela formal de meditación. Si el individuo tiene un largo historial de introspección de sí mismo, parece ser especialmente bueno para mejorar el ritmo alfa. También es preferentemente un individuo que usa palabras tales como «imágenes», «sueños», «anhelos» y «sensaciones». He llegado a la conclusión que, por otra parte, hay un gran número de gente que no sabe exactamente a que nos referimos cuando hablamos acerca de imágenes y sensaciones. Para esta gente, las palabras describen algo que alguien más debe tener, pero ellos no parecen tener ningún grado de sensibilidad propia a tales cosas. No lo hacen bien en mis experimentos, ni logran un alto control sobre sus ritmos alfa.»

Así el Dr. Kamiya concluye en que la gente que medita entra fácilmente en alfa y que lo inverso es también verdad. Los alfa productores se inclinan hacia la meditación y la vida contemplativa. Esta tesis es confirmada por experimentos sobre Zen hechos en la Universidad de Tokio y sobre Meditación Transcendental en Harvard. En ambos casos se encontró que los meditadores se movían rápidamente hacia alfa y los meditadores experimentados, hacia una alta amplitud alfa, mostrando así que la frecuencia de los ritmos bajaba a medida que se profundizaba la meditación. Otro punto interesante es la forma para suprimir las ondas alfa, lo que técnicamente se conoce como «bloqueo alfa». He aquí nuevamente al Dr. Kamiya:

“A menudo escucharía que la respuesta al problema de como suprimir las ondas alfa es la imaginería visual. Todo lo que tendría que hacerse es visualizar la imagen del rostro de una persona, sostenerla y mirarla muy cuidadosamente, como si realmente se estuviera examinando los rasgos de ese rostro.”

De esto se desprende claramente que la atención enfocada bloquea alfa, y también se produce bloqueo por cualquier clase de agitación o excitación.

Mientras estuve en los EEUU., tuve la oportunidad de visitar el Instituto Langley Porter para ver el equipo y conocer algunas interesantes personas. Cuando los investigadores bondadosamente me hablaron de sus pruebas con roshis y swamis y con varios gurús de Oriente, yo, en un destello de chauvinismo irlandés, pregunté porqué no habían examinado algunos monjes cristianos. Ellos replicaron que sí lo habían hecho. Examinaron algunos clérigos católicos. Pero, mientras que los yoguis y maestros se sentaron silenciosamente en majestuoso esplendor registrando exquisitas e impecables ondas alfa, los clérigos leyeron la Biblia, cantaron himnos, vagabundearon por la habitación y alteraron el funcionamiento de las máquinas. Al escuchar esto, me sentí avergonzado por la Santa Iglesia Romana. Sin embargo, pensé que ellos habían escogido a la gente equivocada, y sugerí que experimentaran con monjes Cistercienses o Cartujos, quienes tienen una larga tradición de meditación silenciosa y sin imágenes.

Poco después, tuve ocasión de visitar un convento en California del Norte, donde hombres y mujeres contemplativos se reunieron para algunos días de silencio e introspección. Así que hice uso de la oportunidad para invitar a un investigador con una máquina portátil de bio-retroalimentación a fin de que experimentara un poco con la contemplación cristiana. Los contemplativos fueron muy cooperadores en dejarse conectar alambres, y, como yo esperaba, todas las personas examinadas produjeron alta amplitud alfa. Esto fue más alentador y, aunque esta experimentación pudo no haber sido efectuada con el rigor cienfifico del laboratorio, parecía confirmar lo que el Dr. Kamiya había intuído: no sólo el Zen y el Yoga, sino que cualquier forma de contemplación, pone en juego las ondas cerebrales de más baja frecuencia.

Se puede entender entonces porqué los viejos maestros espirituales desalentaban la conceptualización y el pensamiento discursivo en el momento de la contemplación. Lo que ellos desalentaban era la atención enfocada o la visualización superficial que caracteriza al pensamiento conceptual. Esto, como lo ha demostrado el Dr. Kamiya, bloquea las ondas alfa y conduce a las ondas beta, destruyendo las condiciones más favorables para la experiencia contemplativa. Puesto en términos científicos, lo que los maestros espirituales querían era llevar a sus discípulos a un estado alfa y mantenerlos allí, dándose cuenta intuitivamente del valor de este condicionamiento neurológico.

Pero quisiera hacer notar que, mientras que toda contemplación es probablemente alfa, no toda alfa es contemplación. Esto es importante. La contemplación es mucho más que un determinado tipo de onda cerebral, en ella hay una completa área de motivación, de fe, de gracia, y todo aquello que transciende la experimentación científica para entrar en la nube de lo desconocido. Volveré sobre esta dimensión misteriosa más adelante, ahora quisiera hacer algunas reflexiones sobre los experimentos efectuados en Tokio.

Tokio es un buen lugar para el estudio psicofisiológico de la meditación, puesto que allí se tiene equipo adecuado, científicos capaces y cooperadores maestros Zen.

Los principales experimentos fueron efectuados con practicantes de Zen, algunos con décadas de experiencia, otros con poca experiencia y algunos que practicaban por primera vez. Se les conectaron electrodos sobre las áreas frontal, parietal y occipital del cráneo. También se les examinó el pulso, la respiración, la relajación muscular y la resistencia electrica superficial de la piel, pero no necesitamos detenernos en eso.

Los resultados mostraron que en aquellos sin experiencia Zen, se registraron ondas beta con estallidos de alfa cuando los ojos estaban cerrados. En cambio, los maestros Zen entraron en alfa casi inmediatamente, inclusive aunque sus ojos estuvieran abiertos. Estas ondas alfa comenzaron en la zona frontal, desplazándose luego a las áreas parietal y occipital del cerebro, disminuyendo su frecuencia y aumentando su amplitud a medida que la meditación progresaba. En algunos casos se transformaron en rítmicas series theta. Después de la meditación, las ondas alfa continuaron por algún tiempo.

Además se observó que aquellos discípulos elegidos por el maestro como más adelantados concordaron más ajustadamente con este patrón. Había una clara correlación entre el gráfico del EEG y los años ocupados en zazen, lo que parece confirmar la correlación entre las ondas cerebrales y los estados psicológicos internos. Todos estuvieron de acuerdo en que uno de los más interesantes aspectos del experimento fue la aparición de largas series de ondas theta después de treinta o cuarenta minutos de meditación en los más adelantados. Esto parece ser un fenómeno cuyo exacto significado aun no es totalmente comprendido.

Un segundo experimento fue el llamado “experimento del click” por el Dr. Hirai. El EEG muestra que si una persona en alfa escucha un click o un ruido, el sobresalto causará bloqueo alfa y lo llevará de vuelta a beta. Pero si el click es repetido constantemente, la persona se acostumbrará y simplemente dejará de reaccionar. De acuerdo a esto, se podría esperar que los adelantados en zen estuvieran tan absortos en su práctica como para no escuchar el click en absoluto, o que se acostumbrarían a él inmediatamente. Pero la verdad es todo lo contrario. El practicante adelantado jamás se habitúa. El EEG muestra que su reacción al click es exactamente la misma cada vez que lo escucha. El extremadamente breve bloqueo alfa permanece por una fracción de segundo cada vez. Esto dice algo importante acerca de la consciencia Zen: muestra que el maestro siempre oye y ve con la misma frescura como si estuvera oyendo y viendo por primera vez. Para mí esto es hermoso y fascinante. Tenemos aquí una consciencia como la del niño, una consciencia llena de maravillas y que nunca pierde su asombro por la belleza del amanecer o por la caída de la flor de durazno.

Otro interesante experimento del Dr. Hirai es el que denomina “llamar por nombre”. Cuando el sujeto conectado al EEG entra en meditación Zen, el Dr. Hirai, o uno de sus colegas, pronuncia un nombre y observa las repercusiones en el EEG. En total tiene 131 nombres: el propio nombre del maestro, de su esposa e hijos, los nombres de Nixon, Cleopatra, Stalin, famosas estrellas de cine japonesas, personalidades de la TV, etc. La persona inexperta en Zen reaccionará de manera muy diferente según el nombre que escuche. El nombre de su esposa o seres queridos puede causar considerables vibraciones del EEG, mientras que los nombres de personajes pueden despertar una reacción muy pequeña. Pero en el caso de los experimentados e iluminados maestros Zen la reacción a cada nombre es exactamente la misma. Cualquiera que sea el nombre causa un infinitesimal bloqueo, seguido por el regreso a un profundo alfa. De esto el Dr. Hirai deduce que el maestro Zen no reacciona en absoluto con el contenido de la palabra escuchada, sino solamente con el sonido que choca en sus oídos.

Cuando conté esto a algunos de mis amigos, ellos expresaron cierto grado de desencanto: ¡Qué frío e insensible! Después de todo, dijeron, un hombre de carne y hueso debería reaccionar de forma diferente ante su esposa que frente a Stalin o Cleopatra. ¿Es este hombre capaz de amar o es indiferente al afecto humano? No obstante, yo creo que no es un asunto tan simple. No se trata que el maestro Zen no ame a nadie, sino más bien que no está apegado a nadie ni a nada. Está en un profundo estado de desapego a intereses personales, un estado de contemplación pura que no sólo es compatible sino necesario para el más elevado amor. En el trabajo contemplativo en sí, él no distingue entre amigo y enemigo, hermano y extraño. No quiero decir que vaya a cesar de sentir un afecto espontáneo hacia aquellos pocos que están especialmente cerca de él. Por supuesto que sí y con frecuencia también. Esto es perfectamente natural y legítimo. El punto que trato de establecer es que durante la contemplación todos son igualmente queridos para él, puesto que es Dios únicamente quien lo incita a amar. Ama a todos los hombres definida y desapegadamente en Dios, y los ama como se ama a sí mismo.

Después de lo ya dicho, nadie podría suponer que el Zen y el misticismo no son sino formas de autohipnosis. La persona en trance hipnótico no necesariamente entra en dilatados períodos alfa. Sus ritmos cerebrales son más o menos como los de cualquier persona en vigilia o trabajando. Tampoco se puede decir que el Zen es solamente una forma de sueño liviano. Es obvio que el practicante de Zen, como cualquier meditante, podrá dormitar de tiempo en tiempo; pero, si lo hace, habrá un cambio en el EEG.

Otra conclusión interesante es la que se puede hacer entre la consciencia Zen y la consciencia Yoga. Para el observador superficial, estas dos prácticas son exactamente lo mismo. Ambas son silenciosas, supraconceptuales, unificadas, sin imágenes, sin palabras, más allá del pensamiento. Además, en ambas el meditante produce ritmos de alta amplitud alfa. Pero allí termina el parecido. Los experimentos con EEG han mostrado que, al producir un ruido el meditante Zen lo oye, si se hace destellar una luz, la ve, si se le clava un alfiler, lo siente. Esto es porque su meditación está mucho más conectada con el aquí y el ahora, con una total presencia en la realidad. En cambio, cuando el yogui entra en una muy profunda meditación, no escucha, no ve y no siente nada. Tanto es así que el Dr. Green dice: «el control de la atención alcanzado por el sujeto es tan intenso que ni siquiera las luces destellantes, el sonido del gong, vibraciones o el roce de tubos de ensayo calentados, podría romper el estado de concentración y producir bloqueo alfa».

El Dr. Elmer Green ha efectuado fascinantes investigaciones sobre las series alfa y theta en la Fundación Menninger en Kansas. El asocia la serie alfa-theta con lo que llamó «reverie», un estado de somnolencia que se produce cuando la mente va hacia el sueño o la inconsciencia y que se caracteriza por la presencia de imaginería hipnagógica como la de los sueños. Sus sujetos aseveran que esta imaginería es más vívida que la de los sueños, porque es más realista. Estas imágenes eran diferentes para cada individuo, pero compartían ciertas características. Eran imágenes similares a las soñadas, una imaginería hipnagógica que emergía como empujada por el viento, por decirlo así, sin intención consciente: vívidas visiones de gente, escenas, objetos conocidos o no por el sujeto. Eran cambiantes, como si se estuviera proyectando una serie de diapositivas en una exhibición privada en el teatro de la mente.

Parecería que la mente está llena de imaginería inconsciente de la que normalmente nada sabemos. Y ahora el propósito de los investigadores es hacerla consciente: llevar a la gente a un estado en el que – por así decir – el inconsciente sería iluminado en beneficio del consciente. En experimentos de laboratorio el Dr. Elmer usa ciertos estímulos para hacer que la gente se dé cuenta de la imaginería hinagógica latente en la mente. “Muchos informaron que, si no hubiera sido por los estímulos, no habrían sabido de estas imágenes. Un sujeto dijo que el estímulo provocó subitamente en él un darse cuenta de pequeños cuadros presentes en su mente que él no sabía que estaban allí.”

En orden a darse cuenta de la imaginería hipnagógica, puede ser necesario producir varias ondas cerebrales al mismo tiempo. Esta parece ser la opinión del Dr. Green. Hablando de un swami a quien examinó, comenta: «Orando, el swami produjo ondas alfa, pero no dejó de producir beta. Y cuando produjo theta, tanto alfa como beta se mantuvieron cada una cerca del 50% del tiempo. Del mismo modo, cuando produjo delta, también produjo theta, alfa y beta, durante un porcentaje de tiempo relativamente alto. Probablemente, esto nos dice algo importante. Puesto que alfa es un estado consciente, puede ser necesario retenerlo cuando se produce theta, si se desea estar atento a la imaginería hipnagógica que a menudo está asociada con theta».

De esto obtenemos un fascinante cuadro de la mente humana llena de imaginería por mucho tiempo inconsciente, pero que puede ser llevada a la consciencia entrando en estado theta y recibiendo algunos estímulos para incrementar el darse cuenta de ello, y para asegurar que en el tiempo del estado theta los ritmos alfa y beta se mantengan.

Ahora esto puede perfectamente confirmar una técnica muy antigua para llevar a la gente a la iluminación. En el Zen el estímulo es la palmada en la cara o el grito o la palabra dura o alternativamente la suave caída de la flor de durazno o el sonido de la campana del templo. Como sea, normalmente es necesario un estímulo para hacer madurar la iluminación de una persona y hacerla consciente de lo que ya está en su mente. Porque está ya iluminado y el estímulo lleva a la superficie lo que estuvo allí todo el tiempo. Debería recordarse que, según una teoría budista, todos estamos ya iluminados por la posesión de la naturaleza de Buda ¿y acaso no dice el Génesis que el hombre fué creado a la imagen de Dios? Todo lo cual puede ser una clase de iluminación con la que el hombre nace. En cuanto al Nuevo Testamento, parece elevar el Bautismo a la categoría de gran iluminación. El entrenamiento espiritual sería el arte de guiar a una persona a la realización de lo que ya posee. Esto puede tener mucho que ver con la realización y comprensión consciente de la imaginería hipnagógica que llena la mente con su riqueza y profundidad.

Una cosa que le interesa al Dr. Green es la relación de esta imaginería theta hipnagógica con la creatividad. Es bien conocido que la creatividad de los poetas, artistas, escritores y científicos está frecuentemente ligada a los sueños o a estados similares al sueño. Todos hemos escuchado historias acerca de escritores que despiertan en la noche y garabatean furiosamente sus grandes intuiciones, o de matemáticos y científicos gritando “ ¡Eureka!” en el silencio de la noche o al momento del despertar. Elmer Green cita al químico Kekulé quien urgió a sus contemporáneos: “Caballeros, permitámonos aprender a soñar.”

Y esto no deja de tener relevancia para la meditación. No es del todo raro para la gente religiosa recibir profunda iluminación en esa zona crepuscular entre el despertar y el sueño, o a alguna hora de la noche.

Es el momento en que la mente consciente está abierta a recibir comunicaciones de la prolífera matriz del inconsciente.

El Dr. Green visualiza la posibilidad de entrenar a la gente para la creatividad a través de theta. Gente talentosa puede aprender a desarrollarse en aquella área en la que son creativos mediante el aprendizaje del ingreso a los estados alfa-theta. Artistas y escritores frecuentemente buscan métodos para estimular la creatividad y aquí puede haber una respuesta. El Dr, Green escribe acerca de «desarrollar un programa de entrenamiento a través del cual los individuos podrían ser ayudados a desarrollar y mantener aquellos estados internos asociados con ritmos de baja frecuencia alfa y theta, en los que a menudo aparece imaginería hipnagógica, y desarrollar un método que nos capacite para llevar a alguien a un estado tal de atención enfocada que no sólo pueda informar de la imaginería sino que ojalá pueda aprender a manipularla de manera creativa».

Todo esto nos lleva a la importante y delicada pregunta: ¿hasta qué punto se podría desarrollar la meditación religiosa y la creatividad religiosa mediante el uso de la bio-retroalimentación? ¿Podrían los grupos religiosos utilizar estos mecanismos para enseñar a sus aspirantes el control mental, ayudándolos a producir series de alta amplitud alfa-theta? Debo confesar que mis sentimientos naturales quedan algo sacudidos por la idea; pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de reflexionar una vez más sobre el desarrollo de la psicología profunda. Cómo se opuso a ella la gente religiosa para luego despertar a sus grandes posibilidades, al punto que hoy en día se usan frecuentemente los tests psicológicos para examinar candidatos a la futura vida monástica o contemplativa. Si los tests psicológicos son válidos y ayudan ¿por qué no también los tests neurofisiológicos? Si es cierto que los individuos alfa-productores son contemplativos por naturaleza ¿no sería buena idea descubrirlos lo más pronto posible? Quiero dejar en claro que no digo que la neurofisiología pueda decir la historia completa, como tampoco la psicología podría decirla, y supongo que los aspectos más profundos como la motivación, la fe, el amor y la gracia, nunca se mostrarán en el EEG. Pero, aceptando esto, ¿podríamos hacer uso de la bio-retroalimentación así como usamos la psicología?

En teoría, no veo nada en contra. Sólo la muy práctica dificultad de que hasta el presente la bio-retroalimentación aún no es una guía segura para la aptitud contemplativa de una persona. Pocos tendrían todavía la confianza de contar con ella como una norma segura para la toma de grandes decisiones. Pero, lo que nos reserva el futuro, nadie lo sabe. Es mejor que no escondamos la cabeza en la arena. Sería triste si la gente religiosa fuera indebidamente temerosa y a la defensiva frente a los descubrimientos y exploraciones del hombre moderno dentro de su mundo interior. Si son abiertos y positivos hacia las tendencias científicas, ellos podrán aprender mucho y podrán también ayudar a desarrollar y dirigir descubrimientos científicos para un mayor bien y una mayor realización humana.

 
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Publicado por en noviembre 25, 2014 en Artículos, parapsicologia

 

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