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Explicando las Experiencias extracorporales

Por Daniel Tejedor Pardo

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“La conciencia del futuro no puede constituirse en la negación del pasado.”                       Francisco Garzón Céspedes

El término experiencia extracorporal u OBE (de sus siglas Out-of-Body Experience en inglés) fue introducido por primera vez por el parapsicólogo, matemático, físico e ingeniero George NM Tyrrell en su obra Apparitions (1943). El uso de este término se difundió por los investigadores como sustituto para otras expresiones como: “viaje del alma”, “proyección astral” o “desdoblamiento corporal”.

Esta experiencia consiste básicamente, en un tipo de experiencia subjetiva, en la cual, el sujeto que la vive siente como que su “alma” o “yo” consciente, se separa del cuerpo mientras flota, pudiendo de este modo percibir el entorno que le envuelve. Normalmente este tipo de experiencias suelen ir ligadas con una experiencia de autoscopia, es decir, la capacidad para ver tu propio cuerpo desde fuera.

Evidentemente, de forma coloquial, muchas personas y especialmente las creyentes en la dualidad alma – cuerpo (en su concepción clásica) explican este fenómeno como si realmente, fuese el alma la que sale del cuerpo para vagar, argumentando que no estaban soñando (lo cual puede ser cierto, ya que dicha experiencia, no tiene por qué darse mientras uno duerme, aunque es común durante los sueños lúcidos). Otra argumentación que alegan para defender su creencia, es la realidad con la que vivieron el hecho. Aquí es donde se demuestra, una vez más, la capacidad que tiene nuestro cerebro, para crear nuestra propia realidad, una realidad que vamos a tratar en este artículo.

Es importante mencionar, que a pesar de que los OBEs, parezcan sucesos sacados de una película de cine, son vivencias que experimentan 1 de cada 10 personas a lo largo de su vida, 1 o más veces. Muchas de ellas, nunca lo confesarán por miedo a cómo puedan ser vistas por los demás, pero no por ello, deja de ser un hecho relativamente común.

A pesar de que los neurocientíficos siguen indagando en este fenómeno, que cuenta con muchas dificultades a la hora de ser estudiado debido a la subjetividad del mismo, desde hace apenas 5 o 6 años los avances han sido constantes y más que considerables.

De este modo, vamos a ver algunas de las características de esta cuanto menos curiosa experiencia, contestando a preguntas como: ¿Se pueden causar a propósito? ¿Qué ocurre en el cerebro cuando se vive una experiencia extracorporal? ¿Qué experimentos se realizan para estudiar el fenómeno?

Autoconciencia, sentidos y Experiencias Extracorporales

Para entender el funcionamiento de las experiencias extracorporales, primero hay que saber, que es la autoconciencia. La autoconciencia es el proceso a través del cual, el individuo se percibe y conoce a sí mismo, dependiendo de una serie de circunstancias internas y externas, de manera, que esta forma de conocimiento influye en su forma de ser, comportarse, en sus creencias, etc. Pues bien, la base de la autoconciencia se fundamenta en mecanismos cerebrales que conectan las señales procedentes de los órganos sensoriales, para construir una representación corporal que tiende a ser global (integra todo nuestro ser) y estable (se mantiene a lo largo del tiempo).

En la Escuela Politécnica Federal de Lausana, desde hace unos años se estudia cómo las señales corporales recibidas desde distintos sistemas sensoriales (visual, auditivo, táctil…) configuran la autoconciencia.

Utilizando métodos neurocientíficos como la electroencefalografía (EEG), las técnicas de realidad virtual o las imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) tanto con sujetos sanos, como con pacientes neurológicos con trastornos del esquema corporal (en los que se pueden dar síntomas como la incapacidad para nombrar y reconocer las partes del cuerpo o la dificultad para realizar movimientos y determinar las distancias entre el cuerpo y el exterior).

Un buen estado de autoconciencia, debe caracterizarse por la presencia de tres factores:

  • Perspectiva del Yo: Las sensaciones que percibimos, las sentimos dentro de nuestro cuerpo.
  • Localización del Yo: El Yo es percibido dentro de nuestro cuerpo como una unidad espacial.
  • Autoidentificación: Sentimos que nuestro cuerpo nos pertenece.

Estos tres factores fallan durante la experimentación extracorporal. Esto se debe a que el sujeto que lo experimenta, se siente “incorpóreo”, viendo su cuerpo desde fuera e identificándose con el estado ilusorio y no con su cuerpo físico.

¿Autoconciencia en animales?

Los aspectos más “elevados” de la autoconciencia se manifiestan en los seres vivos que son capaces de reconocerse en un espejo, que poseen memoria autobiográfica (recuerdan acontecimientos de su vida, lugares en los que han estado, así como la carga emocional a la cual van anclada) o que utilizan un lenguaje (no necesariamente hablado, ya que este sería el caso de los humanos) con pronombres en primera persona, como “yo” o “mío”.

¿Bajo qué circunstancias podría experimentar un OBE?

Bueno, se puede dar bajo un amplio abanico de situaciones: En un estado de anestesia total, soñando, bajo la influencia de narcóticos, en una situación de miedo extremo, en pacientes con trastornos psiquiátricos o neurológicos, migrañas o bajo ataques de epilepsia, son las circunstancias más comunes.

Como podemos imaginar, las circunstancias expuestas anteriormente son difíciles de controlar y no permiten un fácil estudio de las mismas y sus efectos en este fenómeno. Por lo que, se ha estudiado y descubierto, que mediante técnicas de realidad virtual, se puede simular una experiencia extracorporal.

La experimentación y el estudio de las OBEs

En el 2002, una mujer de 43 años padecía graves ataques de epilepsia que no respondían al tratamiento farmacológico. Lukas Heydrich, Olaf Blanke y Bigna Lenggenhager junto con otros colaboradores del Hospital Universitario de Ginebra, buscaron el foco de los ataques, con el fin de extraer la parte del cerebro que los causaba. Para ello, estimularon distintas zonas del cerebro, hallando finalmente que el foco de los ataques se encontraba en el lóbulo temporal anterior derecho. Pero durante estas pruebas, estimularon también el giro angular derecho. El resultado de esta última estimulación, fue que la paciente les comunicó, que tenía la sensación de estar hundiéndose o cayéndose.

Los investigadores decidieron aumentar la intensidad de la estimulación en dicha zona. Cuando lo hicieron, la mujer les dijo:

“Me veo desde arriba, tendida en la cama, pero solo me veo las piernas y la parte inferior del tronco”

Fue así, como estos investigadores, encontraron el área del cerebro cuya actividad guardaba una relación directa con las experiencias extracorporales.

Funciones del giro angular

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Distintas áreas del cerebro con sus funciones. En amarillo, la zona del giro aungular derecho que fue estimulada.

El giro angular lo podemos encontrar en ambos hemisferios, formando parte del área de Wernicke, sutuada normalmente en el hemisferio izquierdo (en un 97% de los casos), siendo el principal componente encargado de la comprensión del lenguaje.

Además, de esta conocida función, tiene otras más relacionadas con el tema que nos concierne, como: procesar las señales del sentido del tacto, el equilibrio, la vista o la propiocepción (este último, es el sentido encargado de informar al organismo de la posición de nuestros músculos, además de otras informaciones espaciales).

Asimismo, los resultados en diferentes estudios dados por los autores previamente citados, indican que la estimulación sensorial contradictoria (sea por el motivo que sea) en el giro angular, tiene dos consecuencias directas:

Desaparición de la sensación de unidad en el cerebro. Es decir, dejamos de percibirnos como un todo, pasando a descomponer nuestro yo, en un yo físico y en un yo “astral”.

Al mismo tiempo, se cortan las conexiones entre las representaciones características del OBE y las del entorno espacial inmediato. O dicho de otra forma, durante la experiencia extracorpórea, el sujeto pierde la capacidad de percibir la realidad (objetiva) del espacio en el que se encuentra.

El experimento del espejo

El psicólogo George Malcom Stratton (1865 – 1957) fue uno de los pioneros de la psicología experimental, además de discípulo de Wilhelm Wundt, quien creó el primer laboratorio de psicología y permitió a su vez, que la psicología consiguiese el nivel de  ciencia. Pues bien, M. Stratton realizó el siguiente experimento:

Se colocó un espejo sobre la cabeza de tal forma, que podía verse de pie a unos metros delante de sí. Este espejo lo llevó de forma ininterrumpida durante 3 días, intentando no alterar la rutina de su vida cotidiana.

Descubrió, que conforme pasaba el tiempo y cada vez con más intensidad, sentía como si se encontrase fuera de su cuerpo. O lo que es lo mismo, percibía su yo en  la imagen que veía en el espejo.

Últimas investigaciones: Imágenes en 3D

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A la izquierda el sujeto real. A la derecha, la imagen que ve él, de sí mismo.

Los últimos experimentos llevados a cabo en esta área, se basan en el uso de gafas 3D. Con este método se consigue simular una experiencia extracorporal, con un buen control de variables.

El experimentó típico consiste en colocar al sujeto en una habitación, con unas gafas 3D. Detrás del sujeto se coloca una cámara que le grava de espaldas, enviando a su vez la imagen a las gafas 3D. Así, el sujeto se ve de espaldas en tiempo real.

A continuación, con un palo se toca la espalda del sujeto. Curiosamente, la persona percibe, no sólo que el palo le está tocando la espalda, sino que también siente cómo el palo toca la espalda a su representación virtual, como si dicha representación formase parte de él.

Esta increíble ilusión se desvanecía cuando las imágenes mostradas en las gafas, no estaban sincronizadas temporalmente.

Este experimento reveló, por un lado, que la localización subjetiva del yo en el propio cuerpo (que es generalmente estable) requiere un trabajo constante por parte del cerebro. Por otro lado, fue una evidencia más, de la importancia que tiene el efecto de congruencia multisensorial (crossmodal congruency effect o  CEE), que en este caso es visuo-táctil.

Este efecto explica por qué reaccionamos más rápido ante un estímulo táctil, por ejemplo, un pinchazo con una aguja en la piel, cuando además al mismo tiempo, vemos cómo nos pinchamos.

 

 

Fuente.

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Publicado por en julio 14, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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