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La antropología y lo paranormal, el pensamiento crítico y el método científico (Guía práctica para el pensamiento crítico)

Por James Lett

Hay muchas explicaciones de la popularidad actual de las creencias paranormales en los Estados Unidos, incluyendo: (1) la falta de responsabilidad de los medios de comunicación, los cuales explotan el gusto del público por lo absurdo, (2) la irracionalidad de la cosmovisión estadounidense, la cual apoya las afirmaciones insostenibles, tales como la vida después de la muerte y la eficacia de los polígrafos y (3) la incompetencia de la educación pública, la cual usualmente fracasa en su tarea de enseñar las habilidades básicas del pensamiento crítico.
Como profesor universitario, me interesa especialmente el tercer problema. La mayor parte de los estudiantes de los primeros años de su carrera profesional sencillamente no saben cómo sacar conclusiones razonables de la evidencia disponible. En los mejores casos han aprendido qué pensar en sus estudios de nivel medio superior; pocos saben cómo pensar.

En un intento de remediar este problema en mi institución, he desarrollado una materia optativa llamada “La antropología y lo paranormal”. Este curso examina la gama completa de creencias paranormales en la cultura estadounidense contemporánea, desde la precognición y la psicoquinesia hasta la canalización de los espíritus y la criptozoología, así como todo lo que uno podría imaginar, incluyendo la astrología, los OVNIs y el creacionismo bíblico. Enseño muy poco acerca de las teorías antropológicas y aún menos sobre la terminología de la antropología. En lugar de ello, trato de comunicar a los estudiantes la esencia de la perspectiva antropológica, enseñándoles, de manera indirecta, los conceptos fundamentales del método científico. Lo hago enseñándoles a sopesar la evidencia. Les proporciono seis reglas sencillas que pueden aprovechar cuando analicen cualquier afirmación. Luego les enseño cómo aplicar estas reglas al análisis de cualquier afirmación de tipo paranormal.
Las seis reglas del razonamiento basado en la evidencia constituyen mi propia destilación y simplificación del método científico:

  •  Falsabilidad
  •  Lógica
  • Exhaustividad
  • Honestidad
  • Repetibilidad
  • Suficiencia

Si ustedes aplican estas reglas a cualquier afirmación —les explico a mis estudiantes— nadie podrá engañarles.

Falsabilidad

Debe ser posible concebir algún tipo de evidencia que pudiera demostrar la falsedad de la afirmación. Puede parecer paradójico, pero para que cualquier afirmación sea verdadera, debe ser falsable (refutable). La regla de la falsabilidad es una garantía de que si la aseveración es falsa, la evidencia demostrará su falsedad; si es verídica, la evidencia no la falsará. (En este caso la afirmación puede ser aceptada como verídica de manera tentativa, hasta el momento que se presente evidencia que sí la falsa). La regla de la falsabilidad, en otras palabras, dice que debe importar la evidencia. Como tal es la primera regla, la más importante y la más fundamental para el razonamiento basado en la evidencia.

La regla de la falsabilidad es esencial por la siguiente razón: si no fuera posible concebir algo que falsara la afirmación, la evidencia disponible no importaría. No tendría sentido examinar la evidencia, porque la conclusión ya se conocería. La afirmación sería invulnerable ante cualquier evidencia. Esto no significaría, sin embargo, que la afirmación fuera verídica; significaría que la afirmación no tuviera sentido. Esto es evidente, porque es imposible —lógicamente imposible— que cualquier afirmación sea cierta a pesar de todo. Para cada afirmación verídica, siempre es posible concebir alguna evidencia que la falsara. Dicho de otra forma, cada aseveración verídica es falsable.

Por ejemplo: la afirmación verídica que la duración de la vida de los seres humanos es menor a los 200 años. Estaría falsada si un solo ser humano alcanzara la edad de 200 años. De la misma manera, la afirmación verídica que el agua se congela a los 0º C es falsable; estaría falsada si el agua se congelara, digamos, a los 2º C. Cada una de estas afirmaciones está firmemente establecida como un “hecho” científico. No esperamos que ninguna de las dos se falsara. Sin embargo, lo importante es que cualquiera de las dos pudiera ser falsada. Cualquier afirmación que no se puede falsar carece por completo de contenido propositivo; dicho de otra manera, no aporta ninguna aseveración real; puede ser una aserción emotiva, o sea, una declaración sobre la perspectiva subjetiva de la persona. Las afirmaciones no falsables sí funcionan para comunicar ideas, pero lo que aportan es información sobre los valores personales del individuo. No comunican nada de tipo fáctico, por lo tanto no son ni verdaderos ni falsos. Las afirmaciones no falsables son propositivamente vacías.

Se viola la regla de la falsabilidad de dos maneras, por lo regular; es decir, hay dos tipos de afirmaciones no falsables. El primero es la afirmación no declarada: se trata de un enunciado que es tan amplio y vago que carece de cualquier contenido propositivo. La afirmación no declarada es básicamente ininteligible; por lo tanto carece de sentido. Considere, por ejemplo, la afirmación que los terapeutas que trabajan con cristales pueden usar pedazos de cuarzo para restaurar el equilibrio y la armonía de la energía espiritual del paciente. ¿Qué significa tener un desequilibrio de la energía espiritual? ¿De qué manera puede reconocerse y diagnosticarse este “desequilibrio”? ¿Qué tipo de evidencia comprobaría que la energía espiritual desequilibrada de una persona haya sido —o no haya sido— equilibrada mediante la aplicación de la cristaloterapia? La mayor parte de las maravillas “Nueva Era”, de hecho, consiste en afirmaciones no declaradas de este tipo. Se disuelven completamente cuando las exponemos al solvente del pensamiento racional.

La afirmación no declarada tiene la ventaja de que prácticamente cualquier evidencia que se pudiera alegar podría interpretarse como congruente con la afirmación. Por ello es especialmente popular entre los paranormalistas que dicen tener poderes de precognición. Jeane Dixon, por ejemplo, predijo que 1987 sería un año “lleno de cambios” para Caroline Kennedy. Dixon también predijo que Jack Kemp encontraría “grandes desacuerdos con el resto de su partido” en 1987 y que el “terror mundial de los narcos” sería desatado por los principales narcotraficantes durante el mismo año. Asimismo reveló que el famoso locutor Dan Rather “podría (o no podría) ser hospitalizado” en 1988, y que el “problema mayor” de Whitney Houston en 1986 sería “equilibrar las exigencias de sus vidas personal y profesional”. La afirmación no declarada se reduce a una aseveración que se puede traducir con las palabras “Qué será será”.

La segunda variedad de afirmaciones no falsables, aún más popular entre los paranormalistas que la primera, tiene que ver con el manejo de la salida múltiple, es decir, una serie inagotable de excusas que tratan de explicar cualquier evidencia que parece falsar la aseveración. Los proponentes de una interpretación literal de la creación según la Biblia, por ejemplo, afirman que el universo tiene una edad menor a los 10,000 años. Hacen esto a pesar del hecho que podemos observar estrellas que tienen una distancia de la tierra de varios miles de millones de años luz, lo cual significa que la luz tuvo que salir de ellas hace varios miles de millones de años. Esto demuestra que el universo tiene una edad de varios miles de millones de años. ¿Cómo contestan los creacionistas esta refutación de su afirmación? Con la sugerencia que Dios tuvo que haber creado la luz ya en tránsito desde aquellas estrellas distantes, en el momento de la creación, hace 10,000 años. Ninguna evidencia concebible, por supuesto, puede falsar esta afirmación.

Otros ejemplos de salidas múltiples abundan en el ámbito de lo paranormal. Los proponentes de los OVNIs, cuando no hay evidencia física o fotográfica confiable para apoyar sus afirmaciones, señalan una “conspiración gubernamental” secreta que supuestamente obstaculiza la difusión de la evidencia que sustentaría sus argumentos. Los curanderos psíquicos dicen que te pueden curar si tienes suficiente fe en sus poderes. Los psicoquinéticos dicen que pueden doblar cucharas con sus mentes, si no están expuestos a las vibraciones negativas de los observadores escépticos. Los lectores del tarot pueden predecir su destino si usted es sincero en su deseo de conocerlo. La salida múltiple significa, en efecto, “Águila, yo gano; Sol, usted pierde”.

Lógica

Cualquier argumento que se propone como evidencia para sustentar cualquier afirmación debe ser sólido. Un argumento es considerado válido si su conclusión sigue inevitablemente de sus premisas; es sólido si es válido y si todas las premisas son verídicas. Aunque los filósofos han codificado y etiquetado las diferentes formas de argumentos válidos, no es necesario estudiar un curso de lógica formal para poder aplicar las reglas de la inferencia de una manera coherente y acertada. Un argumento inválido puede ser detectado mediante el sencillo método del contraejemplo: si se puede concebir una sola instancia en la cual la conclusión no seguiría a las premisas, aunque todas las premisas fuesen verídicas, entonces el argumento sería inválido.

Considere el siguiente silogismo, a manera de ejemplo: todos los perros tienen pulgas; Javier tiene pulgas; por lo tanto Javier es un perro. Este argumento es inválido porque un solo gato pulgoso llamado Javier sería un contraejemplo efectivo. Si un argumento es inválido, carece, por definición, de solidez. Sin embargo, no todos los argumentos válidos son sólidos. Considere el ejemplo siguiente: todos los perros tienen pulgas; Javier es un perro; por lo tanto Javier tiene pulgas. Este argumento no es sólido, aunque sea válido, porque la primera premisa es falsa: no todos los perros tienen pulgas.

A veces es problemático determinar si un argumento válido es sólido. Saber si una premisa particular es verídica requiere, con frecuencia, de conocimientos adicionales acerca de la afirmación, los cuales podrían requerir investigaciones empíricas. Si el argumento resiste estas dos pruebas —si es válido y sólido—, las conclusiones pueden ser aceptadas con certeza.

La regla de la lógica es violada con frecuencia por los pseudocientíficos. Erich von Däniken, quien popularizó la mitología de los astronautas antiguos a partir de 1970, escribió muchos libros en los cuales propuso argumentos inválidos y endebles con una regularidad entumecedora (véase Omohundro, 1976). En su libro ¿Chariots of the gods? (“¿Cuadrigas de los dioses?”) ofrece argumentos que son lógicamente inválidos e inexactos en cuanto a los “hechos” que apoyan los argumentos. Dicho de otra manera, sus argumentos son doblemente endebles. Por ejemplo: von Däniken argumenta que el mapa del mundo, creado por el almirante turco Piri Re’is, es tan “asombrosamente exacto” que sólo pudo haber sido elaborado con base en fotografías tomadas desde satélites. Por un lado, el argumento es inválido: cualquiera de una variedad de técnicas, aparte del uso de las fotografías tomadas desde satélites, podrían dar como resultado un mapa “asombrosamente exacto”. Por el otro, la premisa es falsa: el mapa de Piri Re’is, en realidad, contiene varias inexactitudes tremendas (véase Story, 1981 [sic]).

Exhaustividad

La evidencia que se propone para sustentar cualquier afirmación debe ser exhaustiva; en otras palabras, toda la evidencia disponible debe contemplarse.
Por razones obvias, nunca es razonable considerar solamente la evidencia que apoya una teoría, desechando la evidencia que la contradice. Esta regla es directa y evidente; requiere poca explicación o justificación. Sin embargo es una regla que es violada con frecuencia por los proponentes de los supuestos sucesos paranormales y por los que tienen creencias paranormales.

Por ejemplo: a los proponentes de la teoría de los biorritmos les gusta citar los accidentes de aviones que sucedieron en días en los cuales el piloto, el copiloto y el navegante estaban experimentando niveles críticamente bajos en sus ciclos intelectuales, emocionales y/o físicos. La evidencia que contemplan los apologistas de la biorritmia, sin embargo, no incluye el número aún mayor de accidentes aéreos que sucedieron cuando los tripulantes estaban experimentando puntos altos o neutros en sus ciclos biorrítmicos (Hines, 1988: 160). De manera similar, cuando las personas creen que Jeane Dixon tiene poderes precognitivos porque predijo la elección de George Bush en 1988 (lo cual hizo, efectivamente, pero dos meses antes de la elección, cuando cada científico social, personalidad de los medios de comunicación y ciudadano privado en el país estaba haciendo el mismo pronóstico), suelen hacer caso omiso de los miles de pronósticos hechos por Dixon que no se cumplieron (tales como sus predicciones que John F. Kennedy no ganaría la presidencia en 1960, que la tercera guerra mundial empezaría en 1958 y que Fidel Castro moriría en 1969). Si usted está dispuesto a seleccionar la evidencia que va a contemplar, podrá concluir, de una manera razonable, que la tierra es plana.

Honestidad

La evidencia que se propone para sustentar cualquier afirmación debe ser evaluada sin autoengaño. La regla de la honestidad es un corolario de la regla de la exhaustividad. Cuando usted haya revisado toda la evidencia, es fundamental que sea honesto consigo mismo en cuanto a los resultados de aquella revisión. Si el peso de la evidencia contradice la afirmación, usted tiene la obligación de abandonar su creencia en aquella afirmación y viceversa.

La regla de la honestidad, como la regla de la exhaustividad, es violada con frecuencia, tanto por los proponentes como por los adherentes de las creencias paranormales. Los parapsicólogos violan esta regla cuando concluyen (después de que numerosos experimentos subsecuentes hayan fracasado en su intento de repetir los resultados psíquicos que en primera instancia hayan resultado positivos) que el poder psíquico debe ser un fenómeno evasivo. (Si aplicáramos la “navaja de Occam”, la conclusión honesta sería que el resultado positivo inicial fuera una coincidencia.) Los creyentes en lo paranormal violan esta regla cuando concluyen, después de observar que una persona con “poderes psíquicos” haya doblado una cuchara con la mano en lugar de usar la mente, que esta persona sólo hace trampa algunas veces.

En la práctica, la regla de la honestidad usualmente se reduce a una prohibición contra cualquier violación, mediante la salida múltiple, de la regla de la falsabilidad. Sin embargo, hay más: la regla de la honestidad significa que usted debe aceptar la obligación de llegar a una conclusión racional, una vez que haya examinado toda la evidencia. Si el peso abrumador de la evidencia refuta su creencia, debe concluir que la creencia es falsa; tiene que aceptar las consecuencias lógicas, con sinceridad y humildad. Cuando nos enfrentamos con evidencia negativa aplastante, la neutralidad y el agnosticismo no son salidas mejores que la credulidad y la fe. Negar, evitar, racionalizar y todos los demás mecanismos familiares de autoengaño serían violaciones de la regla de la honestidad.

En mi opinión, esta regla en sí prácticamente invalida la disciplina entera de la parapsicología. Después de más de un siglo de investigaciones académicas sistemáticas, la hipótesis de la existencia de los poderes psíquicos queda como una idea sin confirmar, sin sustento real. Los parapsicólogos han fracasado en su intento, como observa Ray Hyman (1985: 7), de producir “cualquier evidencia coherente de la paranormalidad que sea capaz de resistir el escrutinio científico aceptable”. Todo parece indicar que la cantidad de parapsicólogos que observa la regla de la honestidad es muy pequeña, en comparación con el número de los que se engañan a sí mismos. El experimentado investigador parapsicológico Eric Dingwall (1985: 162) resumió su extensa experiencia en este campo con la siguiente observación: “Después de sesenta años de experiencia, incluyendo relaciones personales con la mayor parte de los principales parapsicólogos de aquel periodo, creo que no podría nombrar media docena de ellos, a los cuales pudiera calificar como estudiosos objetivos, quienes honestamente querían descubrir la verdad”.

Repetibilidad

Si la evidencia para cualquier afirmación se basa en el resultado de un experimento, o si la evidencia que se propone para sustentar cualquier afirmación puede ser explicada lógicamente como coincidencia, es necesario que la evidencia se repita en experimentos o pruebas subsecuentes.

La regla de la repetibilidad aporta una salvaguardia contra la posibilidad del error, el fraude y la coincidencia. Un solo resultado experimental nunca es adecuado en sí, sea sobre la producción de la fusión nuclear o la existencia de la habilidad telepática. Cualquier experimento, sin importar el rigor en su diseño y ejecución, siempre estará sujeto a la desviación implícita o al error no detectado. La regla de la repetibilidad, la cual requiere que observadores independientes sigan los mismos procedimientos y logren los mismos resultados, es una manera efectiva de corregir el sesgo o el error, aunque éstos queden sin identificar. Si los resultados experimentales son producto del fraude premeditado, la regla de la repetibilidad asegurará que el experimento será ejecutado, eventualmente, por investigadores honestos.

Si el fenómeno que estamos analizando pudiera considerarse de alguna manera como el resultado de una coincidencia, este fenómeno debería repetirse antes de que pudiéramos eliminar la hipótesis que se haya tratado de una coincidencia. Si la coincidencia es, efectivamente, la explicación del fenómeno, éste no volverá a repetirse en pruebas subsecuentes; la hipótesis de que haya sido una coincidencia se confirmaría. Pero si la coincidencia no fuera la explicación, el fenómeno podría repetirse. Habría que buscar una explicación aparte de la coincidencia. Si yo logro predecir correctamente la próxima tirada de dados, usted debería insistir que yo repita la hazaña, antes de aceptar que mi predicción haya sido más que una coincidencia.

La regla de la repetibilidad es violada regularmente por los parapsicólogos, a quienes les gusta interpretar mal las coincidencias. El famoso “detective psíquico” Gerard Croiset, por ejemplo, supuestamente resolvió varios crímenes misteriosos y localizó a centenares de personas desaparecidas, durante una carrera que abarcó varios decenios, desde 1940 hasta su muerte en 1980. En realidad, la gran mayoría de las predicciones de Croiset o eran vagas e irrefutables o simplemente estaban equivocadas. Puesto que Croiset hizo miles de predicciones durante su vida, no es sorprendente que haya disfrutado de unos cuantos aciertos fortuitos. El difunto parapsicólogo holandés Wilhelm Tenhaeff, sin embargo, se basó en aquellos “muy raros casos premiados” para argumentar que Croiset poseía poderes psíquicos demostrados (Hoebens, 1986a: 130 [sic]). Esto constituye una clara violación de la regla de la repetibilidad; aquellos “casos premiados”, aunque hayan sido ciertos, no puede usarse para demostrar las habilidades psíquicas de Croiset. (Por otra parte, buena parte de los datos de Tenhaeff eran fraudulentos; véase Hoebens, 1986b [sic].)

Suficiencia

La evidencia que se propone para sustentar cualquier afirmación debe ser suficiente para establecer la veracidad de esa afirmación, con las siguientes condiciones: (1) la responsabilidad de comprobar cualquier afirmación es de la persona que hace la afirmación, (2) las afirmaciones extraordinarias exigen evidencia extraordinaria y (3) la evidencia basada en la autoridad y/o el testimonio nunca es suficiente para demostrar cualquier afirmación de tipo paranormal.

La responsabilidad de comprobar es de la persona que afirma, por el simple hecho que la ausencia de evidencia que refuta no es lo mismo que la presencia de evidencia que confirma. Esta regla es violada con frecuencia por los proponentes de los fenómenos paranormales, quienes argumentan que el hecho de que sus afirmaciones no hayan sido refutadas demuestra que éstas han sido comprobadas. (Los aficionados de los OVNIs, por ejemplo, argumentan que el hecho de que los escépticos no han explicado cada uno de los casos de OVNIs demuestra que algunos casos deben ser interpretados como visitas de naves extraterrestres.) Considere las implicaciones de este tipo de razonamiento: si yo afirmo que Adolfo Hitler vive actualmente en Argentina, ¿cómo podrías refutar mi afirmación? Puesto que la afirmación es lógicamente posible, lo mejor que usted podría lograr (ante la ausencia de evidencia forense no ambigua) sería mostrar que la afirmación es muy poco probable, pero esto no sería una refutación. El hecho de que usted no puede demostrar que Hitler no esté vivo en Argentina, sin embargo, no quiere decir que yo haya comprobado que sí lo está. Sólo significa que he comprobado que lo podría estar. Pero eso sería muy poco significativo; la posibilidad lógica no es lo mismo que la realidad establecida. Si la ausencia de evidencia refutante fuera prueba suficiente de una afirmación, podríamos “comprobar” cualquier cosa que pudiéramos imaginar. La creencia debe basarse no simplemente en la ausencia de evidencia refutante, sino la presencia de evidencia sustentante. Aportar aquella evidencia sustentante es la obligación de la persona que hace la aseveración.

Las afirmaciones extraordinarias exigen evidencia extraordinaria, por la evidente razón del equilibrio. Si yo afirmara que llovió durante diez minutos cuando iba al trabajo el martes pasado, usted podría justificar la aceptación de mi afirmación como verídica, basándose en mi reporte. Pero si yo afirmara que fui secuestrado por seres extraterrestres, quienes me llevaron al lado oscuro de la luna y me hicieron extraños experimentos médicos, usted podría justificar la exigencia de evidencia más sustantiva. La evidencia ordinaria de mi testimonio, mientras podría ser suficiente para sustentar afirmaciones ordinarias, no es suficiente para las afirmaciones extraordinarias.

De hecho, el testimonio personal nunca es suficiente para ninguna afirmación paranormal, sea de una “autoridad” o de cualquier persona, por la sencilla razón que un ser humano puede mentir y puede equivocarse. Ningún grado de pericia en ninguna disciplina es una garantía contra la falibilidad humana. Por otra parte, la pericia no excluye la motivación de mentir. Por lo tanto las credenciales, los conocimientos y la experiencia de una persona no pueden tomarse en sí como evidencia para establecer la veracidad de una afirmación. Es más, la sinceridad de una persona no aporta nada a la credibilidad de su testimonio. Aún cuando las personas están comunicando lo que ellos creen sinceramente, siempre es posible que estén equivocados. La percepción es una actividad selectiva; depende del contexto ideológico, las expectativas, los estados emotivos y bioquímicos, así como muchas variables más. La memoria es notoriamente problemática, propensa a una amplia gama de distorsiones, supresiones, sustituciones y amplificaciones. Por lo tanto, el testimonio que las personas relatan, sobre lo que recuerdan haber visto u oído, siempre debe considerarse como una aproximación provisional a la realidad. Cuando las personas están hablando acerca de lo paranormal, su testimonio nunca debe tomarse como evidencia confiable en sí. La posibilidad —y aún la probabilidad— del error son demasiado grandes (véase Connor, 1986 [sic]).

Conclusión

Las primeras tres reglas —la falsabilidad, la lógica y la exhaustividad— son lógicamente necesarias para el razonamiento basado en la evidencia. Si vamos a tener confianza en la veracidad de cualquier afirmación, sea de tipo normal o paranormal, la afirmación debe ser propositivamente significativa y la evidencia que se propone para apoyarla debe ser racional y exhaustiva.

Las últimas tres reglas —la honestidad, la repetibilidad y la suficiencia— son pragmáticamente necesarias para el razonamiento basado en la evidencia. Puesto que los seres humanos con frecuencia tenemos motivos para autoengañarnos; puesto que a veces tenemos motivos para engañar a los demás; puesto que somos falibles y nuestra percepción y memoria son problemáticas, debemos exigir que la evidencia para sustentar cualquier afirmación fáctica sea evaluada sin autoengaño, que sea cuidadosamente filtrada para detectar los errores, fraudes y conveniencias, y que sea sustantiva e inequívoca.

Lo que les explico a mis estudiantes, entonces, es que pueden y deben usar las seis reglas mencionadas para evaluar la evidencia que se propone para sustentar cualquier afirmación. Si la afirmación reprueba cualquiera de las seis reglas, debe ser rechazada; pero si aprueba cada una de las seis, se justifica tener confianza en su veracidad.
Haber aprobado cada una de las seis reglas no es ninguna garantía de la veracidad de la afirmación, por supuesto (sólo porque usted haya examinado toda la evidencia hoy disponible, no garantiza que mañana no habrá evidencia refutante nueva), pero sí garantiza que tendrá buenas razones para aceptarla. Garantiza que usted haya vendido su aceptación por un precio justo, que no le hayan engañado.

Ser adulto responsable significa que usted va a aceptar de buena gana que casi todo el conocimiento es tentativo. Posiblemente tendrá que cambiar su creencia mañana, si amerita la evidencia, y debe estar dispuesto y capaz de ha

 
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Publicado por en junio 13, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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