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El control mental en apnea.

Por Juankar Moreno

 

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               “En la apnea el 20% técnica y 80% mental” – Adrián Valls (Buceador)

El control del cuerpo ha sido desde milenios algo muy común, sobretodo, en los países asiáticos. Tanto Yogis como Lamas han demostrado tener un control sobre el cuerpo de características impensables, prueba de ello es por ejemplo la meditación g-tummo dirigida a controlar la “energía interna”.

Un deporte en el que se empieza a considerar un resultado similar es en la apnea. La apnea o buceo libre (freediving)  es la suspensión transitoria de la respiración para descender a “pulmón” en el agua. A base de entrenamiento un atleta en cualquier deporte reconoce sus propias reacciones y aprende a controlarlas; y sin tener diferencias con otros ejercicios la experiencia demuestra que se puede encontrar el método para superar tiempos bajo el agua fuera de la lógica.

Según el buzo de inmersión libre y apneísta italiano Umberto Pelizzari: “Uno de los primeros objetivos de la apnea consiste en no pensar que estamos en apnea”. Aún entendiendo esto, es meramente complicado olvidarse que uno debe y necesita respirar y para llegar esos resultados el control mental juega un papel fundamental. Pelizzari  lo considera como una vía similar al yoga y reconoce que “puede ayudar a situaciones verdaderamente extraordinarias” como la interrupción o reducción de las pulsaciones cardíacas y la actividad respiratoria durante un tiempo considerable. Hay referencias sobre la existencia de yogis capaces de parar la actividad cardíaca (que casi seguro es ralentizar que no parar) durante 20 minutos.

En experiencias realizadas en laboratorios, algunos yogis han permanecido encerrados herméticamente en cajas acrílicas por más de 123 minutos y han sobrevivido a la experiencia. Pelizzari comenta con respecto a este tema que: “El objetivo del Yoga es permitir al practicante fundirse en el mundo que lo rodea, se trate de agua o de aire y de despertar facultades vitales atrofiadas hoy en día. Para el apneísta la facultad inconsciente más importante es la del reflejo de inmersión. Este reflejo desencadena en nuestro cuerpo unos fenómenos fisiológicos, favorables para la apnea, como la reducción del ritmo cardíaco, la disminución de la presión sanguínea y una tendencia a la relajación muscular”.

Y añade: “El yoga no se puede aprender en un día, necesita años de práctica, de ejercicios, de meditación, y sobre todo unas costumbres alimentarias y un modo de vida muy riguroso, distante de los nuestros”.

Tanto el yoga como el control mental apuntan al control de la mente como base del dominio total de nuestro cuerpo. Teniendo esto como base podemos observar que los fundamentos de cualquiera de estas dos ramas no difieren; simplemente, pueden tener ciertos puntos de divergencia en cuanto a estilo de vida, pero para lo que netamente se aplica, la esencia es la misma.

“Exige de un esfuerzo mental muy grande y te ayuda a valorar los límites que puede alcanzar uno”   Aleix Segura

Según los expertos en esta técnica el cuerpo humano se adapta para poder practicar este tipo de buceo. Primero disminuye el ritmo cardiaco entre 10% y 25% para ralentizar las funciones corporales y consumir menos oxígeno:

“Los vasos sanguíneos se contraen para elevar ligeramente los niveles de oxígeno y el bazo libera más glóbulos rojos para que llegue oxígeno a los órganos vitales, sobre todo el cerebro y el corazón, restringiendo el oxígeno en las extremidades. Para ayudar a este proceso se contraen los músculos grandes. Dependiendo de la , el plasma sanguíneo llena los vasos sanguíneos de los pulmones para reducir el volumen y evitar daños que podrían provocar la presión a más de 35 metros bajo el agua”.

En la apnea existen distintas modalidades, entre ellas la apnea estática (consistiendo la prueba en aguantar la respiración el mayor tiempo posible bajo el agua), dónde tenemos tiempos como los de Ricardo Baji con 20 minutos y 21 segundos, Tom Sitas 22 minutos y 22 segundos o el record mundial conseguido por Aleix Segura de 24 minutos y 3,45 segundos.

Otra modalidad es la de buceo libre (profundidad) siendo actualmente la marca mundial de 294 metros en la categoría de apnea dinámica con aletas, impuesta en 2015 por Alex Duvivier, en Mulhouse, Francia.

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Publicado por en octubre 21, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

Entrevista a César Pachón (Psicofonías)

 

Entrevista realizada por Roger Oliach a César Pachón, experto en electrónica y sonido, sobre el fenómeno de la psicofonía.

 

¿Qué son las psicofonías?

El término psicofonías fue el primero empleado, y su significado etimológicamente sería: Psico (mente) y fonía (voz), es decir voces de la mente. Este es el término más utilizado y extendido, incluso por mí, aunque no sea del todo correcto, por afirmar con esta palabra que las voces provienen de la mente. Esto a día de hoy no se puede afirmar de ninguna forma. Personalmente utilizo esta palabra por ser la más conocida.
Don Germán de Argumosa acuñó otro término que sería mucho más correcto, “parafonías”. Que viene del prefijo Para (al lado de) y fonía (voz). De todas formas, suele utilizarse estas dos acepciones para referirse a las supuestas voces que salen en grabaciones de audio, sin tener ninguna explicación de su existencia.

¿Cual cree que es la teoría más acertada sobre la procedencia de las psicofonías?

Actualmente no existe ninguna teoría al respecto. Nos movemos en al campo de las hipótesis aún sin demostrar. Cualquier persona que afirme algo rotundamente, o no está en su sano juicio, o no está bien informado. Yo tan sólo busco patrones que pierdan la aleatoriedad del ruido blanco, y que puedan parecer voces.

¿Qué mínimo material es necesario para la obtención de éstas?

En esto soy bastante exigente. Tan sólo deberían validarse las pruebas obtenidas con equipos profesionales. Analizador de espectro, y receptor de alta gama, son imprescindibles para mí. Todo ello tiene que estar interconectado con cables apantallados y filtros de buena calidad. Todo el instrumental tiene que estar organizado de forma que no se produzcan incompatibilidades electromagnéticas.

¿Qué tipo de Software/Hardware hace falta para el procesamiento y limpieza de las grabaciones?

Una vez realizada la grabación, un computador personal, un software de edición de audio (del tipo Audacity), algo de paciencia y destreza, son suficientes para filtrar las grabaciones.

Normalmente, las captaciones se producen en sitios alejados, abandonados o en los que por alguna razón ha pasado un hecho relevante en el pasado. ¿Cree que esos sitios aguardan más “voces” que otros lugares? ¿Por qué?

Desaconsejo el hacer prácticas psicofónicas fuera de un entorno controlado. Cuando se sale ha hacer grabaciones “por ahí” no conocemos las señales electromagnéticas que hay en la zona. Mi consejo es que siempre se realicen las prácticas en un mismo lugar apropiado y con medios técnicos suficientes (laboratorio). En este laboratorio podremos tener un mayor conocimiento de las señales de radio que nos rodean, y otras múltiples interferencias que tenemos que conocer para poder validar los resultados.

¿Cree que la relación oído/cerebro es una parte importante a la hora de interpretar las psicofonías?

Por supuesto. Gran cantidad de psicofonías muy conocidas y otras no tan famosas, son sólo un producto de pareidolias. En otros casos hay gran imaginación sobre el contenido por parte de los investigadores. Muchas de las psicofonías obtenidas deben descartarse por ser malas interpretaciones de nuestro cerebro, que intenta buscar un patrón prefijado de nuestro lenguaje. Cualquier ruido podemos intentar que encaje con alguna palabra.

La tecnología del audio ha sido básica para el descubrimiento de éste fenómeno. ¿Puede ser que en el futuro, el mismo avance de la tecnología del audio, nos aporte suficientes respuestas para alejarlo de lo “paranormal”?

Es probable. Pero mientras que continúen apareciendo supuestas voces en equipos fiables, profesionales y de alta gama, la experimentación está abierta. No es lo mismo que aparezca una supuesta voz en una grabación con un equipo de 30 Euros, que con otro que cumple unas normas muy estrictas, y que su coste al ser profesional y fiable superen los 30000 Euros. Por lo tanto entiendo que grabaciones con un determinado instrumental, deberían tener más peso que otras realizadas con equipos más simples e interferibles.

Los que entienden del tema, como Ud, ¿tratan ellos mismos el audio o lo dejan en manos de los profesionales del sector?

Que yo sepa lo suelen hacer ellos mismos u otros colegas. De todas formas una limpieza básica de ruidos de fondo no es muy complicada actualmente con los softwares disponibles.

 Si el oído humano por sí solo no puede captarlas; ¿se debe a su poco nivel de sonido, o es porque no podemos oír dichas frecuencias? ¿Podría un animal oírlas?

Los equipos grabadores suelen tener una respuesta bastante parecida a la del oído humano en frecuencia, ya que han sido diseñados por nosotros y para nosotros. En amplitud, nos pueden superar según el fabricante haya querido meter más o menos etapas amplificadoras. Esto es lo habitual, ya que hay en el mercado muchos equipos capaces de registrar frecuencias fuera de nuestro espectro auditivo.
Pienso que las voces, en el caso de que hayan sido obtenidas de forma fiable, no han sido producidas por micro-cambios en la presión atmosférica (audio). Yo ni si quiera utilizo micrófono alguno, por lo tanto ningún humano o animal las hubiera escuchado en su génesis, al no haber sido producidas por sonido alguno.

¿Puede ser que al hacer las preguntas en el mismo sitio donde se quieren obtener las “voces”, las “voces” procedan de la reverberación del ambiente, causadas por el mismo que pregunta?

Por supuesto. En el campo de las grabaciones psicofónicas muchas  veces se han movido los investigadores más por la pasión que por los conocimientos técnicos. Es muy probable que muchas de ellas tan sólo sean ecos o sonidos completamente banales.
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Un saludo a todos, y suerte en la experimentación.

 

Fuente: Entrevista publicada en Marzo 2008 en el blog  raudivevoice.blogspot.es

 
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Publicado por en agosto 15, 2017 en Entrevistas, parapsicologia

 

¿Por qué existen los colores?

Por Daniel Dennett

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El «color» en sí mismo no existe en el mundo; sólo existe en los ojos y en el cerebro del observador. Los objetos reflejan la luz a diferentes longitudes de onda, pero estas ondas de luz no tienen color

                          Ornstein y Thompson,

Muchos han observado que, curiosamente, resulta difícil decir exactamente qué tipo de propiedades de las cosas en el mundo podrían ser los colores. La idea más simple y atractiva —la que todavía hallamos en muchas discusiones a nivel elemental— es que cada color puede asociarse a una única longitud de onda de la luz y, por tanto, que la propiedad de ser rojo consiste simplemente en la propiedad de reflejar la luz en la longitud de onda del rojo y de absorber las demás longitudes de onda. Sin embargo, hace ya algún tiempo que se sabe que esto no es correcto. Superficies con propiedades de reflexión fundamentalmente diferentes pueden verse del mismo color, mientras que una misma superficie, bajo condiciones diferentes de luminosidad, puede verse de colores diferentes.

Las longitudes de onda de la luz que penetran en nuestros ojos sólo están indirectamente relacionadas con los colores que vemos en los objetos. Para aquellos que en algún momento tuvieron la esperanza de hallar una manera simple y elegante de recuperar los beneficios del pagaré que Locke extendió sobre los poderes disposicionales de las superficies, la situación no podría ser peor. Algunos (por ejemplo Hilbert, 1987) han decidido anclar el color de forma objetiva, decidiendo que se trata de una propiedad relativamente simple de los objetos externos, como por ejemplo la propiedad de la «reflectancia espectral de las superficies»; al optar por esta vía, no tienen más remedio que concluir que la visión en color normal a veces nos provoca ilusiones, ya que las constancias que percibimos no siempre coinciden con las constancias de la reflectancia espectral de las superficies medidas con instrumentos científicos.

Otros han llegado a la conclusión de que las propiedades de color deben ser consideradas desde un punto de vista subjetivo, como propiedades definibles únicamente en términos de sistemas de estados cerebrales de los observadores, ignorando así la confusa variación en el mundo que da lugar a dichos estados: «Los objetos coloreados son ilusiones, pero no ilusiones infundadas. Normalmente nos hallamos en estados perceptivos cromáticos, los cuales son estados neuronales»  (Hardin, 1988,)
Lo que ya queda fuera de toda duda es que exista una propiedad simple y no disyuntiva de las superficies tal que sólo aquellas superficies que la poseen, y sólo aquéllas, sean rojas (en el sentido de las cualidades secundarias de Locke). En principio, éste es un hecho turbador, casi deprimente, ya que parece indicar que nuestra aprehensión perceptiva del mundo es mucho peor de lo que habíamos pensado, como si habitáramos un mundo de sueños o como si fuéramos víctimas de un engaño colectivo. Nuestra visión
en color no nos proporciona un acceso a las propiedades simples de los objetos, aunque parezca lo contrario. ¿Por qué? ¿Mala suerte? ¿Un diseño defectuoso? Por supuesto que no. Existe una perspectiva diferente, y mucho más instructiva, que podemos adoptar en cuanto al color, que me fue mostrada por primera vez por la filósofa de las neurociencias Kathleen Akins (1989, 1990).  A veces, existe una razón por la cual han aparecido nuevas propiedades.

Un ejemplo particularmente útil es el que nos proporciona el famoso caso de Julius y Ethel Rosenberg, que fueron condenados y ejecutados en 1953 por espiar el proyecto estadounidense de la bomba atómica en favor de la Unión Soviética. Durante el proceso se desveló que habían improvisado un inteligente sistema de identificación: rompían en dos trozos una caja de cartón de gelatina Jell-O, y cada trozo se remitía a los dos individuos, que debían ir con mucho cuidado en el momento de identificarse. Cada trozo se convertía así en un «detector» único y casi infalible del compañero: en futuros encuentros, cada parte debía mostrar su trozo y si ambas partes encajaban, todo iba bien. ¿Por qué funciona este sistema? Porque al romper el cartón se produce un perfil de tal complejidad  informacional que sería virtualmente imposible reproducir de forma deliberada. (Nótese que cortar la caja de gelatina con una cuchilla no serviría para los propósitos que hemos descrito.) El borde irregular de un trozo de cartón se convierte en un dispositivo de reconocimiento de patrones prácticamente único de su pareja; es un aparato o un traductor para detectar la propiedad formal M, donde M se instancia sólo en su pareja.
En otras palabras, la propiedad formal M y el detector de la propiedad M que la detecta están hechos el uno para la otra. Si el uno o la otra no existiera, tampoco habría ningún motivo para que existiera la otra parte, no habría motivos para que fuera creada. Lo mismo ocurre con los colores y la visión en color: están hechos los unos para la otra. Los códigos de colores son una idea bastante reciente en la «ingeniería de los factores humanos», pero sus virtudes ya han sido ampliamente reconocidas. En los hospitales se trazan líneas de colores por los pasillos, lo cual ayuda a los pacientes a orientarse: «Para llegar a fisioterapia, siga la línea amarilla»; para llegar al banco de sangre, siga la línea roja». Los fabricantes de televisores, ordenadores y otros aparatos electrónicos utilizan un código de colores para los haces de cables a fin de poder seguir el recorrido del cable de un punto a otro. Estas aplicaciones son muy recientes, pero la idea es mucho más antigua; más antigua que los uniformes de colores que ayudaban a distinguir al amigo del enemigo en el fragor de la batalla, más antigua, de hecho, que la misma especie humana.
En la naturaleza, algunas cosas «necesitaban ser vistas», mientras que otras necesitaban verlas, de modo que evolucionó un sistema que tendía a minimizar el trabajo de las segundas, potenciando la capacidad de resaltar de las primeras. Considérense los insectos. Su visión del color coevolucionó con los colores de las plantas que polinizaban, un buen truco de diseño que benefició a ambos. Sin el código de colores de las flores, la visión en color de los insectos no habría evolucionado, y viceversa. Así pues, el principio del código de colores es la base de la visión en color de los insectos, y no una invención reciente de alguna especie inteligente de mamíferos. Podríamos contar historias similares sobre la evolución y la visión en color en otras especies. Mientras que es posible que algún tipo de visión en color haya evolucionado con el propósito de discriminar visualmente ciertos fenómenos inorgánicos, no está claro que esto se haya producido con ninguna de las especies de este planeta.

Los diferentes sistemas de visión en color han evolucionado de forma independiente, en ocasiones con espacios cromáticos radicalmente distintos. No todas las criaturas vivientes poseen algún tipo de visión en color. Los pájaros, los peces, los reptiles y los insectos poseen una visión en color muy parecida a nuestro sistema «tricromático» (rojo-verde-azul); los perros y los gatos no. Entre los mamíferos, sólo los primates poseen visión en color, y con diferencias sorprendentes entre los diferentes sistemas. ¿Qué especies poseen visión en color y por qué?

Esta historia resulta ser fascinante y compleja y, en gran medida, llena de especulaciones. ¿Por qué las manzanas son rojas cuando han madurado? Es natural suponer que podemos dar una respuesta únicamente en términos de cambios químicos que se producen cuando el azúcar y otras sustancias alcanzan unos determinados grados de concentración en la fruta durante el proceso de maduración, produciendo así reacciones diversas. Pero ello ignora el hecho de que no habría manzanas si no hubiera comedores de manzanas y esparcidores de semillas que pudieran verlas, de modo que el hecho de que las manzanas sean fácilmente visibles para al menos algunas variedades de comedores de manzanas constituye una condición para su propia existencia, y no una mera «casualidad» (¡desde el punto de vista de las manzanas!). El hecho de que las manzanas posean la reflectancia espectral de las superficies que poseen es tanto una función de los fotopigmentos que había disponibles para equipar las células cónicas en los ojos de los fructívoros como lo es de los efectos de las interacciones entre el azúcar y los otros componentes de la química de la fruta. Los frutos que no participan del código de colores compiten muy mal en los estantes del supermercado de la naturaleza, aunque la publicidad engañosa también será penalizada; los frutos que están maduros (llenos de nutrientes) y que lo publicitan se venderán mejor, pero la publicidad debe acomodarse a las capacidades visuales y a las inclinaciones de los potenciales consumidores.

Al principio los colores se hicieron para que pudieran verlos aquellos que estaban hechos para verlos. Pero esta situación fue evolucionando gradualmente, por casualidad, aprovechando hábilmente los materiales que estaban a mano, estallando ocasionalmente en una profusión de elaboraciones de un nuevo truco, y siempre tolerando altos grados de variación y de constancia inútil (meramente coincidente). Dichas constancias coincidentes a menudo afectaban a rasgos «más fundamentales» del mundo físico. Una vez hubo criaturas capaces de distinguir las bayas rojas de las bayas verdes; éstas también pudieron distinguir los rubíes rojos de las esmeraldas verdes, pero eso no fue más que una bonificación fruto de la coincidencia. El hecho de que exista una diferencia de color entre los rubíes y las esmeraldas puede, pues, considerarse como un fenómeno cromático derivado.

¿Por qué es azul el cielo? Porque las manzanas son rojas y las uvas moradas, pero no al revés. Es un error pensar que primero hubo colores —rocas coloreadas, agua coloreada, cielo coloreado, orín rojo-anaranjado y cobalto azul brillante— y que después la Madre Naturaleza apareció y supo sacar partido de esas propiedades para fijar un código de colores para las cosas. Por el contrario, primero había las diferentes propiedades reflectantes de las superficies, propiedades reactivas de los fotopigmentos, etc., y después la Madre Naturaleza desarrolló, a partir de estas materias primas, unos eficientes sistemas de codificación en «color»/de visión en «color» ajustados el uno con el otro, y entre las propiedades que surgieron de este proceso de diseño se encuentra lo que los seres humanos normales llamamos colores. Si resultara que el azul del cobalto y el azul de un ala de mariposa fueran iguales (para la visión de un ser humano normal), ello no sería más que una coincidencia, un efecto secundario desdeñable, fruto de los procesos que condujeron al nacimiento de la visión en color, y así , dotaron a un conjunto curiosamente amañado de propiedades primarias complejas con la propiedad secundaria compartida de producir un efecto común en un conjunto de observadores normales.
«Y sin embargo», apuntará usted, «¡antes de que hubiera animales con visión en color, ya había gloriosas puestas de sol rojas, y brillantes esmeraldas verdes!» Sí, claro, usted puede decir eso, pero entonces esas mismas puestas de sol también serían chillonas, multicolores y desagradables, reproducidas en colores que no podemos ver y para los cuales ni siquiera tenemos un nombre. Es decir, usted no podrá más que admitir esto, si hubiera o pudiera haber criaturas en algún planeta cuyo aparato sensorial se viera afectado  de cualquiera de estos modos por dichas puestas de sol. Y por lo que sabemos, existen especies que perciben naturalmente que hay dos (o diecisiete) colores diferentes en un puñado de esmeraldas que nosotros vemos uniformemente de color verde.
Muchos seres humanos son ciegos a los colores rojo y verde. Supongamos que todos lo fuéramos, en cuyo caso estaríamos de acuerdo en que tanto los rubíes como las esmeraldas son «rojerdes»; después de todo, los demás observadores normales las ven igual que muchas otras cosas rojerdes: los coches de bomberos, los céspedes bien regados, las manzanas maduras y las manzanas no maduras (Dennett, 1969). Si aparecieran unos individuos como nosotros, insistiendo en que las esmeraldas y los rubíes son de colores diferentes, no habría manera de decidir cuál de los dos sistemas de visión en color es más «fiel».

Al mirar a mi alrededor, los colores fabricados por el hombre me llaman la atención desde todos los rincones de mi despacho: libros, cojines, una alfombra en el suelo, una taza de café, una caja de grapas —azules, rojos, amarillos y verdes brillantes—. Hay más colores aquí que en una jungla tropical. Y sin embargo, mientras que en la jungla cada color tendría un significado, aquí en mi estudio prácticamente nada lo tiene. La anarquía de los colores ha tomado el poder.            Nicholas Humphrey

Las categorías básicas de nuestros espacios cromáticos (y, evidentemente, de nuestros espacios olfativos, nuestros espacios sonoros y todo lo demás) han sido formadas por presiones selectivas, de modo que por lo general tiene sentido preguntar para qué sirve una determinada discriminación o preferencia. Existen motivos por los cuales rechazamos ciertos olores y aceptamos otros, por los cuales preferimos ciertos colores a otros, por los cuales ciertos sonidos nos molestan más que otros, o nos relajan más. No  tienen por qué ser siempre nuestros motivos, sino que pueden ser los motivos de unos antepasados lejanos, que han dejado sus huellas fósiles en las predisposiciones innatas que conforman nuestros espacios cualitativos. Pero, como buenos darwinianos, también deberíamos reconocer la posibilidad —la necesidad, de hecho— de que existan otras predisposiciones no funcionales, distribuidas al azar por la población gracias a la variación genética. A fin de que la presión selectiva favorezca de forma diferenciada a aquellos que muestren una predisposición en contra de F una vez que F se ha hecho ecológicamente importante, tienen que haberse producido variaciones inútiles (no funcionales todavía) en las «actitudes hacia F» sobre las cuales pudiera actuar la selección. Por ejemplo, si en el futuro comer callos fuera a lanzar una maldición prerreproductiva, solamente los que estuviesen «naturalmente» (y, hasta ese momento, inútilmente) predispuestos en contra de comer callos tendrían una ventaja (quizá muy leve en un principio, pero pronto explosiva, si las condiciones la favoreciesen). Así pues, si usted encuentra que algo (el brécol, por ejemplo) es indescriptible e inefablemente repugnante,  de ello no se sigue que exista algún motivo por el cual esto deba ser así. Ni
tampoco se sigue que usted tenga algún defecto en relación a sus semejantes, si no coinciden con usted en cuanto a este punto. Podría ser uno de esos detalles innatos dentro de su espacio cualitativo que, por el momento, no tiene ninguna significación funcional.

Estas consideraciones evolutivas nos ayudan en la tarea de explicar por qué las cualidades secundarias resultan ser tan «inefables» y tan difíciles de definir. Igual que la propiedad formal M del trozo de caja de cartón de los Rosenberg, las cualidades secundarias se muestran extremadamente resistentes a una definición simple. Forma parte de la esencia del truco de los Rosenberg el que no podamos sustituir nuestro predicado postizo por una descripción de la propiedad que sea más larga y más compleja, pero a la vez más precisa y exhaustiva, ya que, si pudiéramos hacerlo, nosotros (o cualquier otro) podríamos utilizar dicha descripción como receta para producir otro ejemplo de M u otro detector de M. Nuestros detectores de cualidades secundarias no fueron diseñados específicamente para detectar solamente propiedades difíciles de definir, pero el resultado es prácticamente el mismo que si lo hubieran sido.

Como observa Akins (1989), la razón de ser de nuestros sistemas sensoriales no es la de detectar propiedades «básicas» o «naturales» del entorno, sino la de servir a nuestros propósitos «narcisistas» de permanecer con vida; la naturaleza no construye motores epistémicos. La única manera fácilmente accesible de decir cuál es la propiedad formal M consiste en señalar hacia el detector de Ai y decir que M es la propiedad formal detectada por esa cosa de ahí. Naturalmente, cualquiera que intente decir qué propiedad detecta (o no consigue detectar) alguien cuando «aparece de la manera que a él le parece» se encontrará en el mismo apuro.

Algunos colores se hicieron para gustar, así como algunos olores y algunos sabores. Otros colores, olores y sabores, en cambio, se hicieron para no gustar. En otras palabras, y más precisamente, no es un accidente el que a nosotros (y a las demás criaturas capaces de detectarlos) nos gusten y nos disgusten los colores, los olores, los sabores y otras cualidades secundarias.
Del mismo modo que hemos heredado unos evolucionados detectores de simetrías verticales en nuestros sistemas visuales para alertarnos (a nosotros y a nuestros antepasados) del hecho ecológicamente significativo de que hay otra criatura que nos está mirando, también hemos heredado unos evolucionados detectores de cualidades secundarias que no son unos meros testimonios desinteresados, al contrario, son avisadores y alertadores, sirenas, tanto en el sentido homérico del término como en el sentido del coche de bomberos.

 

 
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Publicado por en julio 26, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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Ectoplasmas, médiums y trance.

Por R. Mangieri

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En algunas ocasiones el ectoplasma atravesó la pared de gasa, haciendo sonar un tocadiscos tras algunos tanteos. Después de la sesión se constató que el ectoplasma había rasgado un gran papel de seda negro.

         Gustave Geley, L´ectoplasmie et la clairvoyance, 1924

Este ensayo se focaliza sobre lo que dentro de la tipología de fenómenos paranormales o parapsicológicos se ha denominado como ectoplasmia, la generación-producción de materias, substancias o “cuerpos” a partir del performance (desempeño, acción, dinámica corporal) de un sujeto dotado de ciertas competencias, un médium, cuerpo-sujeto mediador de un evento ectoplasmático, un suceso más o menos regulado y codificado que bien podría ser incluido en el universo semiótico de las dramaturgias sociales en sentido amplio. El sujeto-médium es un actante y un actor en el marco de un performance paranormal que hace posible la realización de una transformación signica. Esta transformación, la cual requiere de una determinada configuración espacio-temporal, implica la producción semiótica de materias y substancias, más precisamente de una semiosis de frontera o de límite productivo entre el continuum amorfo  disponible y la substanciación.

Eventualmente esta substanciación puede alcanzar plenamente o no el nivel de la forma de la expresión y de hecho, tal como diríamos en referencia al modelo de Peirce, pasar de la hipoiconicidad (la primeridad en estado casi “puro”) al reconocimiento pleno de una figura-cuerpo del mundo natural. Relato accional de transformación material, modo de producción sígnica que combina tanto la ostensión, como el reconocimiento y la invención (Eco, 1975), el performance mágico (del mago, del médium y otras figuras-cuerpo análogas instalada en este tipo de discurso multimodal) pone en juego diversas competencias, no opuestas sino polares y graduales entre dos figuras netas: el mago (ilusionista, prestidigitador, manipulador de los estados hipnagógicos) y el médium (figura-cuerpo mediadora, eslabón, conector).
Una de las diferencias más substanciales entre ellos es el nivel y la calidad de la competencia performativa y accional que deben mostrar o exhibir en la dramaturgia social de la cual son actores especiales: si por un lado el mago debe saber-poder controlar las fuerzas, las energías, los objetos y dispositivos del performance mágico, el médium no controla (en todo caso no completamente) esas fuerzas, energías y objetos. El mago debe ser dueño y señor del funcionamiento de todos los artilugios y fenómenos para que el proceso semiótico de la ilusión encaje progresivamente y perfectamente en el efecto de lo maravilloso y lo extraordinario.

El médium, debe ser apto para poder ser el depositario especial de una fuerza, una energía extraña, el cuerpo-vehículo esencial de un proceso del cual no tiene el control, sujeto de un performance en el cual (más específicamente) no puede-debe tener el control consciente e intencional. Cuando el médium actúa lo maravilloso y lo extraordinario deben ocurrir al margen de su intención. El mago es un agente en el interior de un mundo posible diagramado sobre acciones intencionalmente orientadas. El médium es un agente que forma parte de un mundo posible poblado de accidentes y acciones no-intencionales (Dölezel, 1999) El mago no puede fracasar estrepitosamente mientras que el médium puede permitírselo.

En algunos de los manuales y textos más autorizados de parapsicología la ectoplasmia se incluye dentro de la teleplastia la cual se entiende como la facultad o poder de una persona-médium para generar-materializar objetos, cuerpos, formas bajo ciertas condiciones y circunstancias:

La teleplastia es la objetivación de las formas, la objetivación de las representaciones y sobre todo la creación de personalidades más o menos semejantes a los seres vivos. Estas materializaciones  efímeras se hacen y se deshacen con la rapidez del pensamiento de quien las crea. Son a menudo incompletas, como si no hubiese alcanzado materia para terminarlas; se ven dedos, manos y cabezas que parecen suspendidas en el aire o se desprenden de un ectoplasma amorfo. Las formas presentan diversos grados de consistencia y van desde el fantasma transparente e impalpable hasta seres completos que parecen organizados y vivientes como nosotros (Sudre, 1965: 293) resaltado nuestro.

En los juegos terminológicos de la cultura espiritista del siglo XIX y del siglo XX se propusieron varios nombres para este grupo heterogéneo de fenómenos: el docente de Cambridge Frederick Myers (cuya obra en dos volúmenes sobre el tema fue leída con interés y analizada por el mismo Charles Sanders Peirce) propuso en 1904 el termino ectoplasmia (Myers, 1886), mientras que el psicólogo y fisiólogo francés Charles Richet acuñó el término ectoplasmia (Maxwell-Richet,1905; Richet, 1922). Muchos otros hablan de teleplastia en general o de ectoplastia, pero la raíz común de todas estas derivaciones es plasis, la acción de modelar, junto a plasma el objeto ya modelado y plastes el modelador o agente que realiza la acción de modelar la materia a su alcance.

Los manuales generales más consistentes establecen una clasificación general (no cerrada aún) entre varios tipos de fenómenos parapsicológicos: la telergia (poder o capacidad de generar fluidos, magnetismos, electricidad), la prosopopesis (capacidad y poder para personificar-mimetizar personas conocidas o desconocidas), la tiptología (creación-generación de ruidos, sonidos), la telekinesia (poder para mover y desplazar objetos, cosas, seres), la fotogénesis (poder-capacidad para crear imágenes, halos, luces), la telepatía (poder para comunicarse a distancia), la criptestesia (poder para descifrar y emitir mensajes en códigos desconocidos), la cristalomancia (capacidad para visualizar imágenes de situaciones en un cristal), la autoscopia (capacidad y poder para visualizar interiormente el cuerpo). La ectoplasmia también ha sido objeto de una serie de diferenciaciones y clasificaciones, entre ellas: la impresión o vaciado ectoplasmático que se produce cuando una forma teleplástica es generada a partir de la emanación del fluido material a partir del médium el cual se imprime sobre una materia determinada y siguiendo lo que podemos denominar como calco o impronta un signo de reconocimiento (Eco, 1975:285). Otro vasto grupo de ectoplasmias puede definirse como ectoplasmas por eyección o emanación directa del cuerpo del médium (boca, orejas, zonas genitales). Este vasto grupo de funciones- signo puede a su vez subdividirse en virtud de sus rasgos de movilidad, densidad, prensilidad, velocidad de aparición-desaparición, color y textura.

Si nos referimos a los relatos construidos en el interior del discurso mágico, podemos agrupar un conjunto de rasgos esenciales del ectoplasma (Heuzé, 1922).

En primer lugar, es un cuerpo-substancia que emana del cuerpo proyectándose fuera hacia el espacio circundante dándose a la percepción durante tiempos breves y sorpresivos. Su color es blanco o blancuzco, gris, a veces negro. Posee una consistencia viscosa, no dura, incluso puede ser elástica o plástica y maleable. Posee luminescencia, es expansivo, evanescente y vaporoso. Una de sus cualidades materiales una vez eyectado del cuerpo del médium es el poder modelarse libremente y tomar formas variadas, amoldándose a objetos y seres que amueblan el mundo real externo, copiando o reproduciendo su forma total o parcialmente.

Pero lo que queremos focalizar es sobre todo el rasgo de su proyección eyectiva junto a la velocidad de aparición, desplazamiento y modelaje. El performance de esa eyección cinética de una materia extraña, evanescente y vaporosa que invade el espacio y que funciona como un puente de materia entre dos mundos, el mundo cotidiano del aquí y el mundo extracotidiano donde lo maravilloso y lo misterioso se reúnen (Geley, 1924). A otro nivel, la fenomenología y la semiosis del ectoplasma parecen basarse en el imaginario humano de la generación de otro ser, objeto o cosa sin la mediación visible o aparente de agentes causales externos.

Buena parte del imaginario socioantropológico de las culturas humanas se ha configurado históricamente sobre la base de este principio, un deseo profundo que podría definirse como la puesta en escena ( ritual, social) de una capacidad para “parir”, emanar, producir un cuerpo (extraño, misterioso, no completamente conocido). Una suerte de reproducción animal por gemación, división binaria, tal como es catalogada en los manuales de reproducción asexuada, cercana también a las formas visibles de una multiplicación vegetativa del cuerpo.

La ectoplasmia, uno de los procesos polimorfos centrales del performance mágico espiritista, puede considerarse como un repertorio de funciones-signo ostensivas, un modo de producción semiótica que se ubica en principio dentro de las ostensiones. Pero se trata de una ostensividad no-intencional: los cuerpos, entes o cosas emanan de su cuerpo en un estado especial denominado hipnótico o hipnagógico, letárgico. Para Umberto Eco la ostensión se produce cuando:

Es un objeto o evento, producido por la naturaleza o por la acción humana (intencionalmente o no) y existente como hecho en un mundo de hechos, es seleccionado por alguien y mostrado como la expresión de una clase de objetos de los cuales es miembro, La ostensión representa el primer nivel de la SIGNIFICACION ACTIVA y es el artificio utilizado por dos personas que no conocen la misma lengua (Eco ,1975:294).

La inclusión del sentido de un acto humano no-intencional y más adelante de una pragmática de la significación como base de este tipo de funciones-signo (“significación activa”) hace posible incluir los ectoplasmas en esta zona de los modos de producción semiótica, aunque de hecho pueden considerarse como actos, serie de acciones, performances que se conectan simultáneamente con otros modos de producción: el reconocimiento (cuando ocurren vaciados de materiales o improntas de cosas, seres conocidos), la réplica (cuando el ectoplasma reproduce la forma de un objeto en el entorno inmediato), la invención (cuando las teleplastias sobrepasan el nivel básico de reconocimiento y de réplica dando lugar a fenómenos perceptivos novedosos).

Atendiendo a las descripciones fenomenológicas y las representaciones visuales y fotográficas de la ectoplasmia, estas ostensiones no se ajustan completamente a la pragmática de un lenguaje a través de objetos o cosas, al menos en su sentido restringido (no es lo mismo la comunicación a través de objetos de uso como en los relatos de Jonathan Swift) pero pueden incluirse en su definición , agregando otras propiedades que quedan fuera del sentido primario de la racionalidad de la acción de mostrar. Por ello agregaríamos al rasgo general de la ostensividad no-intencional el rasgo de la invención y de la estilización (Eco, 1975: 301-302).

Fenómenos y construcciones discursivas como la ectoplasmia (además de todas las tipologías enumeradas en el campo de la magia simpática espiritista) mantienen una suerte de homología estructural con la definición del signo inferencial y abductivo del modelo de Charles Sanders Peirce y con el cuadro tipológico que Umberto Eco propuso en su Tratado de Semiótica (Eco, 1975).

Como sabemos el signo peirceano se define por una operación general de transposición de lugar, de ocupación parcial (nunca completa) del lugar del objeto o referente por el representamen o expresión , que no solamente cumple una finalidad transpositiva sino sobre todo epistemológica y heurística. La dimensión topológica del modelo de Peirce (ese “estar en lugar de..”) No significa tanto el ocupar el mismo lugar sino el de expresar, manifestar las múltiples e inagotables propiedades del objeto en la forma de la semiosis ilimitada (Peirce, 1958).
El cuadro de Eco tiene una estructura abierta de cuatro dimensiones: el trabajo físico sobre la consistencia de la materia, la ratio relativa a cada función-signo, el tipo de articulación y el tipo de codificación (hiper o hipo-codificación).

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Decidimos ubicar provisionalmente a la ectoplasmia en una zona de producción semiótica que tiene como centro la frontera entre el reconocimiento y la ostensión pero que se extiende hacia la zona de las réplicas y las invenciones. Lo que nos impulsa a este tipo de decisión es el rasgo eyectivo-dinámico y vectorial de los ectoplasmas unido al rasgo de singularidad  y testimonio (tal como aparece reiteradamente en las descripciones, definiciones parapsicológicas y en buena parte de las imágenes visuales). Pero al mismo tiempo , debemos considerar las variaciones productivas que expanden el rasgo ostensivo-vectorial del ectoplasma hacia la réplica (el ejemplo de los calcos físicos, de las apariciones o grabados icónicos de figuras reconocibles y estilizaciones) y la invención (emisionesmateriales ectoplasmáticasmuyhipocodificadas) que al carecer del reconocimiento funcionan como ostensiones inventivas tales como fluidos, halos, materias evanescentes, funciones-signos que colocan la percepción en el borde del continuum aún no-codificado por el discurso.

Los rasgos de estas construcciones discursivas, ficcionales, estéticas., metapsicológicas, de emanaciones, proyecciones, conexiones, propagaciones de signos materiales, artificios semióticos que quieren, saben y pueden manifestarse como interpretantes del imaginario humano depositado en el eje del deseo de la producción y la transformación de la materia. En el parto y la gemación de entes, seres, objetos a partir de un agente dotado de ciertas capacidades, un sujeto capaz de asumir el  “riesgo” del performance dramatológico ligado a la modalidad del trance.
Dentro del amplio espectro de una semiótica de la magia debemos tener en cuenta una pequeña enciclopedia semántica sobre la performatividad de los entes de emanación y sus significaciones. Todo este abanico  de dramaturgias bien podría pertenecer tanto a las tácticas semióticas de la magia por contacto o a la magia homeopática (Frazer, 1955). También desde una mirada más interna a la semiótica, a una combinación de la magia indexical y la magia simbólica (Nöth, 1997).

En los ritos de trance son las sombras, las trazas, las vibraciones, los dobles, las varias materias y substancias que geman del cuerpo del médium (o del oficiante, del operador mágico) que al nascer proyectadas hacia el mundo natural invaden el espacio circundante adquiriendo una dimensión física lenta o sorpresiva (Devéroux,1973).Todo este proceso o buena parte de él parece descansar sobre esa eficacia simbólica de la emanación material de una evanescencia temporal que deja sin embargo las huellas, las improntas, de su aparición en el mundo. Un motivo que, sin duda, resulta fascinante dentro de la experimentación artística por su conexión profunda con los imaginarios humanos de la creación, de la invención.

No es casualidad (sino conectividad de una interpretancia que reposa sobre un mismo objeto dinámico de la semiosis) que así como en los gabinetes de médiums paranormales aparecen las gazas, las telas transparentes, los fluidos casi inmateriales, en las propuestas de los artistas contemporáneos aparece el humo del cigarrillo, los algodones que flotan, pañuelos que emanan, alientos materializados por el cambio de temperatura: breves nebulosas personales, ligados al cuerpo que los produce en la forma más “pura” de la contigüidad del index y al mismo tiempo, las reverberaciones interpretativas de aquello que aún evade el código, la norma, el logos y, por tanto, puro artificio del invención proyectiva articulada sobre el imaginario.

Queremos concluir este trabajo con la reiteración de algunas propuestas del historiador y etnólogo italiano Enesto Di Martino sobre el mundo mágico en general que nos parecen significativas y relacionadas con algunas cosas de las cuales hemos venido planteando, Di Martino, decía a comienzos de los años cincuenta que uno de los principios fundamentales de la magia es de la generación de un estado dramatológico existencial a través del cual los sujetos deben disponer, aceptar y arriesgarse en ser los actores sociales principales de un relato de riesgo y de rescate, un relato de desafío a los procesos de dispersión intersubjetiva.

Por tanto, procesos dramatúrgicos y existenciales en los cuales el sujeto acepta “…perder las dimensiones de su existencia en el mundo a través de la soledad, el aislamiento, el viaje y el tránsito, el descenso al inframundo , de los demonios, el paso por la tempestad, el encuentro con lo otro desconocido” (Di Martino, 1948:148).  El escritor italiano nos hablaba del drama existencial mágico que se inserta en este tipo de performatividad donde el cuerpo frágil (del mago, del médium, del shaman u operador mágico) debe ser ayudado por un colectivo para “descender” o conectarse con otros mundos no visibles y regresar de nuevo a este mundo. El sujeto-cuerpo de la trance ectoplasmica es un cuerpo frágil que debe encontrar la competencia para funcionar como puente material entre mundos y espacios. De hecho en varias culturas actuales (a pesar de la extensión silenciosa de la globalización y sus efectos notables sobre la de-semantización del mundo) se cultivan las tácticas grupales o sociales de la producción controlada de experiencias traumáticas necesarias para lograr que los sujetos puedan renovar sus puentes con el mundo.

Las prácticas artísticas en general, vinculadas de algún modo con el sentido profundo de estas experiencias rescatan de algún modo, alejándose del simple efecto-espectáculo del consumo, la necesidad humana de las tácticas del ilusionismo, del aparecer-desaparecer, de la huida temporal a los otros mundos del imaginario dramatológico de nuestra existencia y de nuestra memoria.
Lúdica y ética de relatos y procesos performativos en cuanto experiencias que pueden lograr que tengamos una experiencia (una erlebnis) de frontera entre el ser y el no-ser, entre un sí-mismo y ser-el-otro. Un vaivén de mundos que, aunque sea posible solo sobre la base de una suerte de suspensión de la incredulidad, puede conservar la eficacia de restituir lazos sociocolectivos sin hacernos perder la significancia del viaje y la travesía personal.

 
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Publicado por en julio 24, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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