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Ectoplasmas, médiums y trance.

24 Jul

Por R. Mangieri

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En algunas ocasiones el ectoplasma atravesó la pared de gasa, haciendo sonar un tocadiscos tras algunos tanteos. Después de la sesión se constató que el ectoplasma había rasgado un gran papel de seda negro.

         Gustave Geley, L´ectoplasmie et la clairvoyance, 1924

Este ensayo se focaliza sobre lo que dentro de la tipología de fenómenos paranormales o parapsicológicos se ha denominado como ectoplasmia, la generación-producción de materias, substancias o “cuerpos” a partir del performance (desempeño, acción, dinámica corporal) de un sujeto dotado de ciertas competencias, un médium, cuerpo-sujeto mediador de un evento ectoplasmático, un suceso más o menos regulado y codificado que bien podría ser incluido en el universo semiótico de las dramaturgias sociales en sentido amplio. El sujeto-médium es un actante y un actor en el marco de un performance paranormal que hace posible la realización de una transformación signica. Esta transformación, la cual requiere de una determinada configuración espacio-temporal, implica la producción semiótica de materias y substancias, más precisamente de una semiosis de frontera o de límite productivo entre el continuum amorfo  disponible y la substanciación.

Eventualmente esta substanciación puede alcanzar plenamente o no el nivel de la forma de la expresión y de hecho, tal como diríamos en referencia al modelo de Peirce, pasar de la hipoiconicidad (la primeridad en estado casi “puro”) al reconocimiento pleno de una figura-cuerpo del mundo natural. Relato accional de transformación material, modo de producción sígnica que combina tanto la ostensión, como el reconocimiento y la invención (Eco, 1975), el performance mágico (del mago, del médium y otras figuras-cuerpo análogas instalada en este tipo de discurso multimodal) pone en juego diversas competencias, no opuestas sino polares y graduales entre dos figuras netas: el mago (ilusionista, prestidigitador, manipulador de los estados hipnagógicos) y el médium (figura-cuerpo mediadora, eslabón, conector).
Una de las diferencias más substanciales entre ellos es el nivel y la calidad de la competencia performativa y accional que deben mostrar o exhibir en la dramaturgia social de la cual son actores especiales: si por un lado el mago debe saber-poder controlar las fuerzas, las energías, los objetos y dispositivos del performance mágico, el médium no controla (en todo caso no completamente) esas fuerzas, energías y objetos. El mago debe ser dueño y señor del funcionamiento de todos los artilugios y fenómenos para que el proceso semiótico de la ilusión encaje progresivamente y perfectamente en el efecto de lo maravilloso y lo extraordinario.

El médium, debe ser apto para poder ser el depositario especial de una fuerza, una energía extraña, el cuerpo-vehículo esencial de un proceso del cual no tiene el control, sujeto de un performance en el cual (más específicamente) no puede-debe tener el control consciente e intencional. Cuando el médium actúa lo maravilloso y lo extraordinario deben ocurrir al margen de su intención. El mago es un agente en el interior de un mundo posible diagramado sobre acciones intencionalmente orientadas. El médium es un agente que forma parte de un mundo posible poblado de accidentes y acciones no-intencionales (Dölezel, 1999) El mago no puede fracasar estrepitosamente mientras que el médium puede permitírselo.

En algunos de los manuales y textos más autorizados de parapsicología la ectoplasmia se incluye dentro de la teleplastia la cual se entiende como la facultad o poder de una persona-médium para generar-materializar objetos, cuerpos, formas bajo ciertas condiciones y circunstancias:

La teleplastia es la objetivación de las formas, la objetivación de las representaciones y sobre todo la creación de personalidades más o menos semejantes a los seres vivos. Estas materializaciones  efímeras se hacen y se deshacen con la rapidez del pensamiento de quien las crea. Son a menudo incompletas, como si no hubiese alcanzado materia para terminarlas; se ven dedos, manos y cabezas que parecen suspendidas en el aire o se desprenden de un ectoplasma amorfo. Las formas presentan diversos grados de consistencia y van desde el fantasma transparente e impalpable hasta seres completos que parecen organizados y vivientes como nosotros (Sudre, 1965: 293) resaltado nuestro.

En los juegos terminológicos de la cultura espiritista del siglo XIX y del siglo XX se propusieron varios nombres para este grupo heterogéneo de fenómenos: el docente de Cambridge Frederick Myers (cuya obra en dos volúmenes sobre el tema fue leída con interés y analizada por el mismo Charles Sanders Peirce) propuso en 1904 el termino ectoplasmia (Myers, 1886), mientras que el psicólogo y fisiólogo francés Charles Richet acuñó el término ectoplasmia (Maxwell-Richet,1905; Richet, 1922). Muchos otros hablan de teleplastia en general o de ectoplastia, pero la raíz común de todas estas derivaciones es plasis, la acción de modelar, junto a plasma el objeto ya modelado y plastes el modelador o agente que realiza la acción de modelar la materia a su alcance.

Los manuales generales más consistentes establecen una clasificación general (no cerrada aún) entre varios tipos de fenómenos parapsicológicos: la telergia (poder o capacidad de generar fluidos, magnetismos, electricidad), la prosopopesis (capacidad y poder para personificar-mimetizar personas conocidas o desconocidas), la tiptología (creación-generación de ruidos, sonidos), la telekinesia (poder para mover y desplazar objetos, cosas, seres), la fotogénesis (poder-capacidad para crear imágenes, halos, luces), la telepatía (poder para comunicarse a distancia), la criptestesia (poder para descifrar y emitir mensajes en códigos desconocidos), la cristalomancia (capacidad para visualizar imágenes de situaciones en un cristal), la autoscopia (capacidad y poder para visualizar interiormente el cuerpo). La ectoplasmia también ha sido objeto de una serie de diferenciaciones y clasificaciones, entre ellas: la impresión o vaciado ectoplasmático que se produce cuando una forma teleplástica es generada a partir de la emanación del fluido material a partir del médium el cual se imprime sobre una materia determinada y siguiendo lo que podemos denominar como calco o impronta un signo de reconocimiento (Eco, 1975:285). Otro vasto grupo de ectoplasmias puede definirse como ectoplasmas por eyección o emanación directa del cuerpo del médium (boca, orejas, zonas genitales). Este vasto grupo de funciones- signo puede a su vez subdividirse en virtud de sus rasgos de movilidad, densidad, prensilidad, velocidad de aparición-desaparición, color y textura.

Si nos referimos a los relatos construidos en el interior del discurso mágico, podemos agrupar un conjunto de rasgos esenciales del ectoplasma (Heuzé, 1922).

En primer lugar, es un cuerpo-substancia que emana del cuerpo proyectándose fuera hacia el espacio circundante dándose a la percepción durante tiempos breves y sorpresivos. Su color es blanco o blancuzco, gris, a veces negro. Posee una consistencia viscosa, no dura, incluso puede ser elástica o plástica y maleable. Posee luminescencia, es expansivo, evanescente y vaporoso. Una de sus cualidades materiales una vez eyectado del cuerpo del médium es el poder modelarse libremente y tomar formas variadas, amoldándose a objetos y seres que amueblan el mundo real externo, copiando o reproduciendo su forma total o parcialmente.

Pero lo que queremos focalizar es sobre todo el rasgo de su proyección eyectiva junto a la velocidad de aparición, desplazamiento y modelaje. El performance de esa eyección cinética de una materia extraña, evanescente y vaporosa que invade el espacio y que funciona como un puente de materia entre dos mundos, el mundo cotidiano del aquí y el mundo extracotidiano donde lo maravilloso y lo misterioso se reúnen (Geley, 1924). A otro nivel, la fenomenología y la semiosis del ectoplasma parecen basarse en el imaginario humano de la generación de otro ser, objeto o cosa sin la mediación visible o aparente de agentes causales externos.

Buena parte del imaginario socioantropológico de las culturas humanas se ha configurado históricamente sobre la base de este principio, un deseo profundo que podría definirse como la puesta en escena ( ritual, social) de una capacidad para “parir”, emanar, producir un cuerpo (extraño, misterioso, no completamente conocido). Una suerte de reproducción animal por gemación, división binaria, tal como es catalogada en los manuales de reproducción asexuada, cercana también a las formas visibles de una multiplicación vegetativa del cuerpo.

La ectoplasmia, uno de los procesos polimorfos centrales del performance mágico espiritista, puede considerarse como un repertorio de funciones-signo ostensivas, un modo de producción semiótica que se ubica en principio dentro de las ostensiones. Pero se trata de una ostensividad no-intencional: los cuerpos, entes o cosas emanan de su cuerpo en un estado especial denominado hipnótico o hipnagógico, letárgico. Para Umberto Eco la ostensión se produce cuando:

Es un objeto o evento, producido por la naturaleza o por la acción humana (intencionalmente o no) y existente como hecho en un mundo de hechos, es seleccionado por alguien y mostrado como la expresión de una clase de objetos de los cuales es miembro, La ostensión representa el primer nivel de la SIGNIFICACION ACTIVA y es el artificio utilizado por dos personas que no conocen la misma lengua (Eco ,1975:294).

La inclusión del sentido de un acto humano no-intencional y más adelante de una pragmática de la significación como base de este tipo de funciones-signo (“significación activa”) hace posible incluir los ectoplasmas en esta zona de los modos de producción semiótica, aunque de hecho pueden considerarse como actos, serie de acciones, performances que se conectan simultáneamente con otros modos de producción: el reconocimiento (cuando ocurren vaciados de materiales o improntas de cosas, seres conocidos), la réplica (cuando el ectoplasma reproduce la forma de un objeto en el entorno inmediato), la invención (cuando las teleplastias sobrepasan el nivel básico de reconocimiento y de réplica dando lugar a fenómenos perceptivos novedosos).

Atendiendo a las descripciones fenomenológicas y las representaciones visuales y fotográficas de la ectoplasmia, estas ostensiones no se ajustan completamente a la pragmática de un lenguaje a través de objetos o cosas, al menos en su sentido restringido (no es lo mismo la comunicación a través de objetos de uso como en los relatos de Jonathan Swift) pero pueden incluirse en su definición , agregando otras propiedades que quedan fuera del sentido primario de la racionalidad de la acción de mostrar. Por ello agregaríamos al rasgo general de la ostensividad no-intencional el rasgo de la invención y de la estilización (Eco, 1975: 301-302).

Fenómenos y construcciones discursivas como la ectoplasmia (además de todas las tipologías enumeradas en el campo de la magia simpática espiritista) mantienen una suerte de homología estructural con la definición del signo inferencial y abductivo del modelo de Charles Sanders Peirce y con el cuadro tipológico que Umberto Eco propuso en su Tratado de Semiótica (Eco, 1975).

Como sabemos el signo peirceano se define por una operación general de transposición de lugar, de ocupación parcial (nunca completa) del lugar del objeto o referente por el representamen o expresión , que no solamente cumple una finalidad transpositiva sino sobre todo epistemológica y heurística. La dimensión topológica del modelo de Peirce (ese “estar en lugar de..”) No significa tanto el ocupar el mismo lugar sino el de expresar, manifestar las múltiples e inagotables propiedades del objeto en la forma de la semiosis ilimitada (Peirce, 1958).
El cuadro de Eco tiene una estructura abierta de cuatro dimensiones: el trabajo físico sobre la consistencia de la materia, la ratio relativa a cada función-signo, el tipo de articulación y el tipo de codificación (hiper o hipo-codificación).

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Decidimos ubicar provisionalmente a la ectoplasmia en una zona de producción semiótica que tiene como centro la frontera entre el reconocimiento y la ostensión pero que se extiende hacia la zona de las réplicas y las invenciones. Lo que nos impulsa a este tipo de decisión es el rasgo eyectivo-dinámico y vectorial de los ectoplasmas unido al rasgo de singularidad  y testimonio (tal como aparece reiteradamente en las descripciones, definiciones parapsicológicas y en buena parte de las imágenes visuales). Pero al mismo tiempo , debemos considerar las variaciones productivas que expanden el rasgo ostensivo-vectorial del ectoplasma hacia la réplica (el ejemplo de los calcos físicos, de las apariciones o grabados icónicos de figuras reconocibles y estilizaciones) y la invención (emisionesmateriales ectoplasmáticasmuyhipocodificadas) que al carecer del reconocimiento funcionan como ostensiones inventivas tales como fluidos, halos, materias evanescentes, funciones-signos que colocan la percepción en el borde del continuum aún no-codificado por el discurso.

Los rasgos de estas construcciones discursivas, ficcionales, estéticas., metapsicológicas, de emanaciones, proyecciones, conexiones, propagaciones de signos materiales, artificios semióticos que quieren, saben y pueden manifestarse como interpretantes del imaginario humano depositado en el eje del deseo de la producción y la transformación de la materia. En el parto y la gemación de entes, seres, objetos a partir de un agente dotado de ciertas capacidades, un sujeto capaz de asumir el  “riesgo” del performance dramatológico ligado a la modalidad del trance.
Dentro del amplio espectro de una semiótica de la magia debemos tener en cuenta una pequeña enciclopedia semántica sobre la performatividad de los entes de emanación y sus significaciones. Todo este abanico  de dramaturgias bien podría pertenecer tanto a las tácticas semióticas de la magia por contacto o a la magia homeopática (Frazer, 1955). También desde una mirada más interna a la semiótica, a una combinación de la magia indexical y la magia simbólica (Nöth, 1997).

En los ritos de trance son las sombras, las trazas, las vibraciones, los dobles, las varias materias y substancias que geman del cuerpo del médium (o del oficiante, del operador mágico) que al nascer proyectadas hacia el mundo natural invaden el espacio circundante adquiriendo una dimensión física lenta o sorpresiva (Devéroux,1973).Todo este proceso o buena parte de él parece descansar sobre esa eficacia simbólica de la emanación material de una evanescencia temporal que deja sin embargo las huellas, las improntas, de su aparición en el mundo. Un motivo que, sin duda, resulta fascinante dentro de la experimentación artística por su conexión profunda con los imaginarios humanos de la creación, de la invención.

No es casualidad (sino conectividad de una interpretancia que reposa sobre un mismo objeto dinámico de la semiosis) que así como en los gabinetes de médiums paranormales aparecen las gazas, las telas transparentes, los fluidos casi inmateriales, en las propuestas de los artistas contemporáneos aparece el humo del cigarrillo, los algodones que flotan, pañuelos que emanan, alientos materializados por el cambio de temperatura: breves nebulosas personales, ligados al cuerpo que los produce en la forma más “pura” de la contigüidad del index y al mismo tiempo, las reverberaciones interpretativas de aquello que aún evade el código, la norma, el logos y, por tanto, puro artificio del invención proyectiva articulada sobre el imaginario.

Queremos concluir este trabajo con la reiteración de algunas propuestas del historiador y etnólogo italiano Enesto Di Martino sobre el mundo mágico en general que nos parecen significativas y relacionadas con algunas cosas de las cuales hemos venido planteando, Di Martino, decía a comienzos de los años cincuenta que uno de los principios fundamentales de la magia es de la generación de un estado dramatológico existencial a través del cual los sujetos deben disponer, aceptar y arriesgarse en ser los actores sociales principales de un relato de riesgo y de rescate, un relato de desafío a los procesos de dispersión intersubjetiva.

Por tanto, procesos dramatúrgicos y existenciales en los cuales el sujeto acepta “…perder las dimensiones de su existencia en el mundo a través de la soledad, el aislamiento, el viaje y el tránsito, el descenso al inframundo , de los demonios, el paso por la tempestad, el encuentro con lo otro desconocido” (Di Martino, 1948:148).  El escritor italiano nos hablaba del drama existencial mágico que se inserta en este tipo de performatividad donde el cuerpo frágil (del mago, del médium, del shaman u operador mágico) debe ser ayudado por un colectivo para “descender” o conectarse con otros mundos no visibles y regresar de nuevo a este mundo. El sujeto-cuerpo de la trance ectoplasmica es un cuerpo frágil que debe encontrar la competencia para funcionar como puente material entre mundos y espacios. De hecho en varias culturas actuales (a pesar de la extensión silenciosa de la globalización y sus efectos notables sobre la de-semantización del mundo) se cultivan las tácticas grupales o sociales de la producción controlada de experiencias traumáticas necesarias para lograr que los sujetos puedan renovar sus puentes con el mundo.

Las prácticas artísticas en general, vinculadas de algún modo con el sentido profundo de estas experiencias rescatan de algún modo, alejándose del simple efecto-espectáculo del consumo, la necesidad humana de las tácticas del ilusionismo, del aparecer-desaparecer, de la huida temporal a los otros mundos del imaginario dramatológico de nuestra existencia y de nuestra memoria.
Lúdica y ética de relatos y procesos performativos en cuanto experiencias que pueden lograr que tengamos una experiencia (una erlebnis) de frontera entre el ser y el no-ser, entre un sí-mismo y ser-el-otro. Un vaivén de mundos que, aunque sea posible solo sobre la base de una suerte de suspensión de la incredulidad, puede conservar la eficacia de restituir lazos sociocolectivos sin hacernos perder la significancia del viaje y la travesía personal.

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Publicado por en julio 24, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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