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Una aproximación basada en la “evidencia ” y comprensión de las alucinaciones auditivas.

03 Jun

Por Dr. Leni Semprini y  Dr. Stefano Canini

¿Que  son las  voces?

Entre las personas que hablan de escuchar voces se puede reconocer una amplia variedad de experiencias subjetivas. Según los italianos Zingarelli y Zanichelli hay dos significados diferentes para el término, uno llamado “Alucinación”, ligado al concepto de la psiquiatría clásica, y el que preferimos utilizar aquí como “voz”.

Mientras que la alucinación se define como una “percepción sin un objeto considerado real por el paciente” (Auditivo, visual, sensorial) y bajo el significado de “falsedad, error, engaño”; la voz es considerada como un “recuerdo, sugerencia o impulso interno del alma (es decir. la voz de la conciencia), y se refiere a las “alucinaciones o sentimientos de los místicos y visionarios (por ejemplo, escuchar voces).”

Esta diferencia fundamental se refiere a dos modelos diferentes de la lectura del fenómeno: uno portador de la idea de que las entradas constituyen un síntoma de la psicopatología, el otro, más centrado en lo que significan los rumores en el oyente.

Las acciones pueden ser percibidas y descritas de diferentes maneras dependiendo de su naturaleza: Sensitivas (pensamientos, advertencias telepáticas externas), Corporales (sensaciones físicas, de asistencia), Auditivas (palabras), con otros sentidos (imágenes, olores, percepciones táctiles), de sus orígenes, internos o externos (desde fuera o desde dentro de sí mismos).

El contenido y las características.

Se puede clasificar la calidad de las voces escuchadas (siendo positivas, negativas o neutrales) por: su identidad (quiénes son las personas identificables o no, edad, género, etc ..), lo que dicen (critican, prohíben, requieren, prescriben, recomiendan, aprueban, ayudan, consuelan, etc …), la forma de hablar (si hablan en tercera persona, si son comprensibles o no, si se nos comunican o excluyen al oyente, etc …).

Muchas personas creen que tienen un ángel de la guarda, mientras que otros informan de que han hablado con un ser querido que murió, y de estas algunas hablan de sí mismos en tercera persona comentando las cosas que hicieron, en muchos casos nos llaman por nuestro nombre y sin haber nadie presente. Aunque generalmente cometemos errores cuando escuchamos la voz de la conciencia  echándoles la culpa a ellos. Esto nos lleva a pensar que, al final, “la diferencia entre el pensamiento, la conciencia y la “voz” es sutil y parece ser que “escuchar voces” puede considerarse simplemente como una forma diferente de escuchar el mundo  de nuestro alrededor (Romme, Escher, 1997).

Para algunas personajes famosos la audiencia de voces ha sido una fuente de inspiración artística (V. Woolf, William Blake, Mozart, Beethoven, Schumann) y los llevó a tener éxito en la vida y  el reconocimiento social antes o después de la muerte (Sócrates, Leonardo da Vinci, Gandhi).

En lo que respecta a las explicaciones relativas a la experiencia de escuchar voces, en la actualidad hay una amplia variedad, pero, según lo propuesto por M. Romme, podemos reconocer dos grandes categorías:

1. Explicaciones psicológicas, que consideran principalmente las voces como provenientes del individuo:

– La explicación de la psiquiatría clásica, que los rumores son signos de enfermedad o trastornos cerebrales graves como la esquizofrenia, la depresión, estados maníacos, trastorno bipolar, trastornos disociativos, trastornos graves de la personalidad, la epilepsia o el consumo de sustancias, es una explicación clasificada por un punto de vista del fenómeno (criterios observables relacionados con la manera en que esto se manifiestan), pero que tienden a no estar interesados en el significado de las palabras (contenido) y estas alucinaciones auditivas se eliminan mediante el uso de fármacos neurolépticos.

– La explicación de Psiquiatría Social, según la cual los artículos reflejan las características de la interacciones que la persona vive en el contexto de sus relaciones personales y en el contexto social más amplio.

– La explicación dada por la psicología cognitiva, según la cual las entradas son el resultado de interpretación de sus percepciones en un proceso de desarrollo particular, información.

– El análisis funcional según el cual las entradas están dadas por un mal funcionamiento de comunicación entre su personalidad o partes disociadas de la persona. Como consecuencia de la teoría Freudiana, las voces representan un contenido inaceptable de la persona o  la Identificación del Superyó.

2. Explicaciones no psicológicas (religiosas, espirituales, paranormales). Estas son consideradas por personas que creen que las voces vienen desde el exterior y que sólo algunos son capaces de percibirlas. Estas perspectivas se atribuyen a los guías personales o mentores que preparan a un camino espiritual, basado en la idea de que lo divino se puede encontrar en la conciencia humana y que puede representar una posibilidad de: evolución y elevación para el ser que las advierte.

El Misticismo hace hincapié en que en todas las grandes religiones del mundo, los santos profetas, maestros y sabios fueron guiados o iluminados por voces interiores.

La Parapsicología considera  los asuntos paranormales como un don o la capacidad de algunos para interactuar con los seres que se encuentran en un plano diferente de la realidad (pensar en la comunicación con los muertos). De acuerdo con este punto de vista, esta habilidad puede ser innata o adquirida a través de las experiencias traumáticas que son capaces de romper las fronteras de nuestro campo de la existencia. La percepción paranormal incluye la clariaudiencia, la capacidad de oír una voz interior que comunica un mensaje que se relaciona con la realidad compartida.

La perspectiva del karma que está vinculada a la teoría de la reencarnación, le da los elementos a los espíritus para ser capaces de realizar las tareas que se le asignen por las leyes del Karma, y que el momento de la muerte, vuelven a su reino pudiendo renacer en una nueva forma del cuerpo. La literatura antropológica ha tratado el fenómeno de las voces auditivas y ha desarrollado numerosos estudios sobre las llamadas “culturas primitivas”, tradiciones en que las particulares ánimas desencadenan estados disociativos para ponerse en contacto con el mundo del más allá.<
Como se destaca  S. Escher (1997), “la diferencia más significativa entre las diferentes explicaciones que se ha dado entre los diversos artículos es: “la perspectiva en la que las voces de los maestros son como un viaje interior y la que se considera como un síntoma de una enfermedad “.

En la actualidad, el mayor desafío parece estar representado por la posibilidad de integrar la salud mental y la parapsicología. En este sentido, pensar en los fenómenos de transferencia o de los llamados “eventos psi “que se llevan a cabo entre el terapeuta y el paciente, a veces las voces del paciente dicen lo el terapeuta piensa, es decir, expresan un contenido significativo para el terapeuta como expulsados de su conciencia.

¿Quién es el que escucha de las voces?

La experiencia de escuchar voces se refleja en todos los tiempos y culturas desde la antigüedad, pero el el significado y el valor atribuido al fenómeno, así como la consideración dada a los que la experiencia ha cambiado drásticamente en diversas edades y con diferentes contextos sociales y referentes culturales.

Históricamente, el fenómeno de la audición de voces fue juzgado por la Iglesia como estar embrujado. Los hechos fueron de hecho considerados como evidencias de posesión demoníaca, fruto de la brujería o un evento herético. Por otro lado, muchos mártires y santos fueron reconocidos como tales en virtud de su capacidad de escuchar voces que nadie más podía oír:  como por ejemplo, Juana de Arco, Giordano Bruno, San Francisco, San Paulo, Santa Teresa de Ávila y, finalmente, María Teresa de Calcuta.

Incluso antes de la llegada de la Iglesia, escuchar voces se consideró durante siglos y en muchas latitudes un verdadero “don de Dios”: los padres fundadores de las grandes religiones monoteístas como Jesús y Mahoma han sido guiados por sus voces argumentando que fueron escogidos por Dios. En las culturas antiguas, como la egipcia y la griega escuchar las voces de los muertos y de los dioses era considerado una experiencia normal y toda la comunidad se encomendaban a oráculos y sacerdotes antes de tomar decisiones importantes en su día a día personal y colectivo.  En la actualidad muchas de las tradiciones de América del Sur, Asia y África consideran la capacidad de oír voces provenientes desde el otro lado catalizadas en los curanderos y chamanes, personas que disfrutan de reconocimiento y  posiciones de poder en el grupo al que que pertenecen.

A partir de 1800 con Franz Mesmer y sus experimentos en magnetismo las ciencias psicológicas comenzaron a lidiar con el fenómeno de escuchar voces, restando el área de la Iglesia a la salud mental. Entre 1830 y 1900, Fechner (considerado el padre fundador de la psicología), W. James y Janet (psiquiatría psicodinámica) comparten la idea de que había algo (“alma o  aura etérea universal “) que impregna todo el universo y que se extendía hacia el espacio, incluso a través de la persona y de conexión con algo cósmico permanece más allá de la comprensión humana. En los primeros años del siglo XX  Carl Jung desarrolló su idea del “Inconsciente colectivo”, teniendo en cuenta las voces (que él había oído) como la manifestación de contactar el inconsciente con el mundo espiritual que todos compartimos.Sin olvidarnos de Freud, quien no era de declararlo públicamente, fue miembro de la “Sociedad Investigación Paranormal “y creía en el fenómeno de la telepatía entre analista y el paciente.

A la luz de lo que se ha dicho está claro que “la experiencia de escuchar voces está íntimamente conectado con el sistema de referencia (valores, la cultura, modelos) aprobadas por el observador”. En cuanto a la historia del fenómeno, es particularmente acertada la afirmación de Foucault que “ya no es posible referir el fenómeno en términos de bien y mal, siendo ahora en términos de normal y patológico”.

La investigación epidemiológica

Desde su experiencia con audición de voces, el psiquiatra holandés Marius Romme y su esposa Sandra Escher  iniciaron en los años 80 una serie de estudios sobre el tema para identificar algunos de los factores clave en la comprensión y el tratamiento de los que oían voces, más tarde, la “Red Internacional de Auditores de Voces – Intervoices” recordaron y trataron con el mérito merecido la obra de Romme y Escher desde el lado científico, aludiendo: “Han convertido un tema aparentemente conocido, el cual es a su vez un problema en parte muy desconocido, llevándolo lejos de la ciencia asertiva para volver a cuestionar a la ciencia”. Los dos estudiosos escucharon y cuestionaron a las personas haciendo experiencias directas con la intención de atraer a experimentadores y oyentes, y así fomentar la colaboración posible hacia un objetivo común.
Su aventura comenzó con el intento de ayudar a un paciente que durante años fue víctima de algunas voces que le perseguían y que no mostró una mejora significativa con la farmacoterapia y las reuniones periódicas con el psiquiatra. M. Romme decidió participar en un programa televisión en los Países Bajos, después de que recibió 450 llamadas telefónicas de los oyentes reclamando a oír voces. El 40% de estos oyentes nunca se había dirigido a un servicio Salud Mental y el 34% (150 personas) afirmó tener una estrategia para hacer frente a sus voces. Unos años más tarde (1987), 20 de estos oyentes participaron como ponentes en una conferencia, relatando sus experiencias y poniendo de relieve los puntos fuertes de su convivencia con las voces.

Mediante el uso de un cuestionario a los oyentes, Romme, identificó las principales diferencias entre el grupo de que vivían con sus voces y les causaban un profundo malestar, frente a los que que tenían unos mensajes más positivos, sin embargo, este no fue el único factor a considerar. De hecho, estos oyentes:

– A su juicio, eran más fuertes de sus voces.

– Ponían en marcha estrategias para un mayor grado de control sobre sus voces.

– Se comunicaban y compartían  mayores experiencias con los demás.

– Se sentían más apoyados por su entorno.

– Fueron capaces de dar sentido a su experiencia, y por lo tanto experimentaban una identidad más positiva en referencia al fenómeno.

La conclusión a la que llegaron los dos investigadores fue que “el verdadero problema no era tanto escuchar las voces, sino más bien la incapacidad de hacer frente a ellas “(Romme, Escher, 1997). La investigación epidemiológica posteriormente encontró que:

– Las personas que oyen voces son entre el 4% y el 8% de la población general.

– 2/3 de la audiencia no muestran otros signos de la enfermedad y no requieren atención psiquiátrica.

– Existe una alta correlación entre el aislamiento (sensorial y / o social) y la experiencia de escuchar voces.

– Sólo 1 de cada 6 auditores cumple con todos los criterios para la esquizofrenia.

– En el 74% de los casos el inicio se produjo después de los 20 años.

A diferencia de lo que se considera generalmente por los especialistas en salud mental, la conclusión que la investigación podría traer es que la audición de voces es: “un fenómeno generalizado, no necesariamente un signo de una enfermedad mental grave. Es fácil ver cómo se originó en especialistas en salud mental la creencia de que las alucinaciones auditivas son siempre un síntoma de enfermedades graves, ya que los especialistas están en contacto principalmente con un porcentaje oyentes que se adaptan a esos parámetros debido a que experimentan una angustia significativa en relación con su propia experiencia y que son traídos por los miembros de la familia debido a que se producen el comportamiento en psicopatológica general.”

Sin embargo, hay que tener en cuenta que “la experiencia del oyente es un “factor de riesgo” para el posterior desarrollo de la psicopatología ,en relación con la respuesta social y el contexto en que se inserta la persona que oye voces, y que puede ser el estigma y el aislamiento del oyente, para etiquetarlo como un “esquizofrénico” y, por lo tanto, no ayuda a satisfacer mejor las dificultades asociadas con esta experiencia .”
La investigación adicional (Romme y Escher 1989-96-2000-08; Escher, 2005; Ensink, 1992; Lee, 2005) han demostrado que:

– 70% de los oyentes reconocen que han tenido una lesión o una carga emocional antes del comienzo de los fenómenos (accidentes, abusos, divorcios, sesiones psicoterapéuticas, etc …).

– Hay una alta correlación entre las experiencias traumáticas o abusos en la infancia y la posterior aparición de las entradas.

Así, desde un punto de vista psicológico, hay una relación entre la presencia de voces y experiencias traumáticas del pasado, pudiendose identificar una vulnerabilidad adicional del oyente con respecto al riesgo de desarrollar psicopatología si no están adecuadamente ayudados a hacer frente a la experiencia. Las entradas también muestran una correlación positiva con el estrés.

En conclusión, los fenómenos pueden ser vistos como una reacción al sufrimiento y situaciones de la vida que no se han resuelto: el trabajo clínico con los que se sientan los trabajos se centran en la posibilidad de procesar las emociones y el dolor asociados a estas experiencias pasadas, ayudándoles a reconocer e integrar las partes disociadas del yo y manteniéndoles fuera de su propia personalidad.

El objetivo final de este método no es, por lo tanto, eliminar las voces, sino más bien darles la bienvenida!

Fuente: “Quarant’anni dei Fogli d’Informazione: Psichiatria, Psicoterapia, Istituzioni”, a cura di paolo Tranchina e Maria Pia Teodori (3^ serie n.21/24, Gennaio-Dicembre 2012)
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Publicado por en junio 3, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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