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El tiempo serial.

17 Abr

Por J.W. Dunne

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“La dimensión temporal, para cualquier observador determinado, es simplemente la dimensión en que su propia linea de mundo se extiende a lo largo del continuo cuatridimensional.”

Una «serie» es una colección de puntos distinguibles individualmente y dispuestos, o considerados como si estuviesen dispuestos, en una secuencia determinada por cierto tipo de ley. Los miembros de la serie, los puntos individualmente distinguibles, se denominan «términos» de la misma.

La naturaleza de los términos, cuando se los considera fuera de su posición como miembros de la serie, tiene poca relevancia para el matemático. Los términos pueden ser, digamos, unos granos dentro de un recipiente o las oscilaciones de un péndulo, o los surcos y los canales en una tierra de labranza, o las vigas de un puente, lo mismo da. El interés del matemático se concentra en la relación existente entre los términos, la relación que vincula cada término con el siguiente y que pone de manifiesto la ley que articula el todo para formar una extensión ordenada.
Esta relación característica entre los términos puede o no afectar los valores de los términos en si mismos. Así, la importancia de una semilla no es, que yo sepa, afectada en gran medida por el hecho de que se presente en una hilera de semillas semejantes. Pero cada oscilación del péndulo debe el alcance de su movimiento a la oscilación anterior. Y las vigas de un puente, debido al peso aplicado en el extremo del puente, dependen para sus magnitudes de la relación particular que conecta la serie de vigas a lo largo de la estructura. (Por ejemplo, en la forma de la viga simple, los valores de las fuerzas que actúan sobre las verticales y las diagonales constituyen series de infinitos iguales, pero los valores de las fuerzas que actúan sobre los miembros longitudinales constituyen series en progresión aritmética.)

En el primero de los términos de una serie, la relación que vincula los términos esta ausente en uno de los lados, y esta unilateralidad puede tener una gran importancia práctica. Así, la primera oscilación del péndulo no tiene una oscilación previa que la determine: debe comenzar por efecto de un agente externo. El primer surco en una franja arada difiere en sección de todos los demás. Y la fuerza que actúa sobre los miembros finales de nuestro puente de vigas se equilibra en los extremes exteriores no por presiones y tirones en los miembros similares, cono sucede en otras partes de la serie, sino por un peso que se aplica externamente y que actúa en los extremos.
Ahora bien, hemos visto que si el tiempo pasa o crece o se acumula, o se gasta, o hace cualquier cosa excepto permanecer rígido y sin cambios delante de un observador fijo en el tiempo, tiene que haber otro tiempo que temporalice esa actividad del primer tiempo o a lo largo de él, y otro tiempo que temporalice ese segundo tiempo, y así siguiendo en una serie aparentemente infinita.

Podemos suponer que todo un filósofo que se encuentre frente a frente a esta conocida e inexorable vista de tiempos seguidos de tiempos procederá, sin perder un instante a un examen exhaustivo y sistemático del carácter de la serie, con objeto de establecer: (a) cuales son los auténticos elementos de la serie en este caso, y (b) si la serialidad tiene o no importancia. Porque, por supuesto, bien puede ocurrir que la serialidad sea una, cuestión absolutamente descartable. Pero, para personas que han dedicado sus vidas a la búsqueda de una simple explicación sobre el universo, la idea de que una de sus cuestiones fundamentales, muy próxima, en verdad, a la búsqueda de la nada, se manifieste como serial seria un supuesto a evitar a toda costa. Actuando correctamente, lo lógico es que se detengan un momento y busquen otro modo de acceder a la cuestión. No obstante, para hacer un alto en el camino uno esta obligado a establecer un límite. Permanecer durante veintidós siglos mirando fijamente un camino que se abre ante nuestros ojos sin obstáculos no contradice las tradiciones reconocidas de los procedimientos filosóficos, pero seria una lástima arriesgarnos a caer en el error de tomar esta circunspección muy digna de estima por una somnolencia vulgar.

Podemos embarcarnos en el análisis del tiempo serial por una compulsión lógica o podemos hacerlo por motivos de curiosidad, para averiguar que tipo de país es ese que presenta semejante avenida, pero en cualquier caso, debemos tener en cuenta que, si descubrimos algo que no eso ya no está de manifiesto en la primera, ordinaria y aceptada etapa de las series, esto sera algo que esté fuera del alcance de cualquier filosofía desarrollada sobre la base de un tiempo unidimensional. Es decir, será algo absolutamente extraño para nuestras actuales concepciones acerca de la existencia. Por consiguiente, tenemos derecho a detenernos simplemente porque encontramos algo nuevo, porque precisamente lo nuevo es lo que esperamos encontrar. Por otra parte, debemos tener en mente que la serialidad en el tiempo significa que hay serialidad en otras materias. De hecho, encontraremos que supone un observador serial.

Mirando a través de las ventanillas de nuestro vagón de ferrocarril, dice el profesor Eddington, «vemos a una vaca deslizarse al pasado a setenta km por hora y observamos que el animal esta disfrutando de un justo descanso». Esta es una imagen muy placentera, en mas de un sentido, y lamento tener que interrumpir la contemplación del lector para dirigir su atención a otra representación pintada en colores menos atractivos, pero es preciso hacerlo.

Nos encontramos sentados en el mismo vagón, que ahora está detenido en una escación de ferrocarril. Al mirar a través de las ventanillas de uno de los lados, aquel que esta mas lejos del anden, vemos otro que esta también detenido sobre las vías. Mientras lo hacemos suena un silbato y nos damos cuenta de que nuestro tren se pone en movimiento. Lo hace cada vez mas rápido, las ventanillas del tren que esta enfrente del nuestro se desplazan velozmente por el campo de visión pero… surge una duda… nos extraña no percibir esa vibración tan conocida en nuestro vehículo. Miramos a las ventanillas que dan al anden y descubrimos, con gran sorpresa, que nuestro vagón sigue detenido. Es el otro tren el que se ha puesto en movimiento.
Ahora bien, en el primero de estos dos casos la atención se fija sobre el fenómeno visual de una vaca. Este fenómeno se mueve a través del campo de presentación y la atención lo sigue. Juzgamos que esta atención se dirige a un punto de dicho campo que corresponde a algo que esta fijado en el espacio exterior y que, mientras la atención siga fijada de esta manera, el campo de presentación y el observador se mueven en relación con ese espacio.
En el otro ejemplo, una vez mas, el fenómeno visual de una ventanilla del tren que está enfrente del nuestro se mueve a través del campo de presentación y la atención sigue tal fenómeno. Nuevamente juzgamos que esta atención esta fija y que el campo —con el observador— se mueve, pero mas adelante, a la luz de otras evidencias, invertimos el juicio emitido y decimos que el campo y el observador deben de haberse fijado y que esa atención debe de haberse movido.

En cada caso, pues, el juicio puede diferir pero en cada caso la experiencia psicológica directa es del mismo carácter general. El fenómeno observado, ya sea la vaca o la ventanilla del tren se enfrenta, se mueve a través del campo de presentación, seguido por el foco de atención, hasta que desaparece por el borde de ese campo.

Y en cada caso el campo de presentación permanece fijo en relación con el observador. Tal campo de presentación, fijo con respecto al observador, y en el cual se supone que se produce la observación, condensada en ese foco móvil llamado «atención», ese campo, está destinado a ser el punto de partida de nuestro análisis. (Todas las lecturas de instrumentos se perciben como cosas que aparecen dentro de ese campo.) Debe recordarse, sin embargo, que el campo contiene fenómenos distintos de los visuales; de hecho, abarca todo tipo de fenómeno mental que, sea o no inesperado, se presente para observación. Representa la versión del espacio que tiene el observador. Y, de acuerdo con la teoría del paralelismo psiconervioso, ocupa la misma posición especial que la porción del cerebro del observador que se encuentra en el estado de aparente actividad asociada con la producción de fenómenos psíquicos observables.

Representaremos esta posición especial del campo y el cerebro mediante la recta CD en la figura 1, la dimensión vertical del papel sera considerada el espacio. Las mediciones temporales aún no aparecen.

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Dado que los contenidos de CD deben ser considerados como en estado de aparente actividad, deben ser imaginados como si aparentemente se movieran hacia arriba y hacia abajo en la dimensión que representa el espacio. Por otra parte, la longitud de CD es indeterminada, puesto que posiciones mayores o menores del cerebro pueden activarse en diferentes instantes. El diagrama debe ser mirado, de hecho, no solo como modelo, sino como modelo operativo. Indicamos esto colocando dos pequeñas puntas de flecha en el indicador de dimensión simulado en la parte inferior del diagrama, y demostrativo de que se considere que se produce un movimiento en el espacio. (Debe recordarse que, de acuerdo con una visión comunmente aceptada del espacio, la propia recta CD puede moverse como un todo en la dimensión espacial.)

La Figura 1 es nuestro punto de partida. No representa un término en la serie del tiempo, puesto que el tiempo no se indica en ella en absoluto.

Para aquel observador cuyo campo de presentación ocupa la posición espacial CD, los acontecimientos se presentan en sucesión. Para este observador el tiempo parece una característica propia de la existencia, una característica que, aunque tiene suficiente realidad como para adquirir una inmensa importancia personal, no puede definirse en términos de los límites tridimensionales de esta versión espacial.

Los fenómenos en este campo parecen moverse, alterarse y desvanecerse. Y estos cambios aparentemente emplean tiempos. El observador intenta identificar este «tiempo empleado» con una porción del espacio desplazado por cierto indicador, como por ejemplo la manecilla de un reloj, pero fracasa porque no puede despojarse del conocimiento de que el movimiento de la manecilla del reloj no puede medirse en los términos del cuadrante del reloj solamente. La manecilla emplea tiempo para realizar su movimiento: puede atravesar el cuadrante del reloj lenta o rapidamente. Detener el reloj no impide que otros movimientos «cumplen tiempo». El observador se da cuenta de que hay un caudal creciente de recuerdos pero esta seguro de que este crecimiento es también un proceso que «requiere o emplea tiempo». Incluso cuando permanece sentado en la oscuridad pensando, se da cuenta de que pensar «requiere tiempo». Y cuando se recupera de una anestesia, tiene pruebas de que ha «transcurrido tiempo», Comprende que este «tiempo» que se ha «empleado» es algo mensurable, que la medida de la que se trata es del tipo simple, ese tipo de sentido único que se denomina «extensión» y que, en esta extensión, los fenómenos que observa persisten en longitudes mas largas o mas cortas. Y, puesto que coincidimos plenamente con sus opiniones, introduciremos esta dimensión de la extensión dentro de nuestro diagrama considerándola la dimensión horizontal del papel.

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Publicado por en abril 17, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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