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Apariciones críticas

17 Feb

Por Daniel Rodellas

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Cuando uno se plantea la posibilidad de la vida más allá de la muerte o de un estado de consciencia independiente y prolongada fuera del cuerpo aterriza en un terreno casi imposible de determinar y además vinculado a múltiples variantes pís€quicas, sociales, religiosas y cientí€ficas. Esta última, tratándose de la única que puede adquirir valor determinante delante de una sociedad altamente tecnológica y racional. Pero después de lo que llevamos vivido como especie y de todos los problemas que hemos tenido que afrontar y afrontamos, unas veces más separados que juntos, creo que deber€amos centrarnos en lo que es realmente importante, la vida, la vida con mayúsculas y la posibilidad de que esta sea continua. Un axioma filosófico plantea que la cuestión no es si hay vida después de la muerte, sino que precisamente, si se produce la vida al nacer, la ley universal nos dar€a a entender que existe vida antes de la vida.

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Pudo ser este el planteamiento de Frederick Myers cuando, en un paseo bajo el cielo estrellado, decidió dirigir el esfuerzo de su vida a probar la existencia de la pervivencia después del terrible desenlace que a todos nos afectará tarde o temprano. Myers, estudió en Cambridge, en el Trinity College, claro, Trinity es un colegio reputado y religioso, pero no se dejó llevar por la espiritualidad en ese sentido. Con casi 40 años decidió fundar la Sociedad para la Investigación Psí€quica, en 1882. Nuestro hombre ten€a una mente cientí€fica, su reputación estaba en juego en una época en que algunos falsos y falsas videntes pretend€an engañar a grupos cientí€ficos cuya curiosidad les impulsaba en aquel entonces al estudio de los fenómenos paranormales. En colaboración con Edmund Gurney y Frank Podmore escribieron una obra inconmensurable, llamada “Fantasmas de los vivos” en tres volúmenes. Myers no estaba en contra de la teor€ía espiritista, aquella que propugnaba, entonces como ahora, la posibilidad de la persistencia después de la muerte y que achacaba la aparición de fantasmas a los espí€ritus de los muertos. Sin embargo, tomó cartas en el asunto y debido a sus experimentos propugnó que muchos de los fenómenos anómalos que se producen son en realidad el producto de los espí€ritus de los vivos. Se trataba de la acción del agente espiritual aún presente en el cuerpo, confrontandolas€ a un sector espiritista importante en Inglaterra y en otros pa€íses. “Como los poderes del yo subliminal no se degeneran durante la evolució€n y si no tiene funciones concretas en esta vida es porque está destinada al futuro. ¿Porqué el subconsciente almacena cuidadosamente memorias y pensamientos si no sirvieran a esos poderes?”, expresó sin tapujos.

Muchos de sus contemporáneos no se atrevieron entonces a desahuciarlo académicamente, más bien lo consideraron el primero en hablar de alucinaciones, doble personalidad y mediumnidad. Pero un gran sector dio valor a sus estudios y palabras ya que como psicológico era una eminencia. Pensaron que si conseguí€a demostrar la existencia de la vida después de la muerte su nombre deber€a escribirse con letras de oro junto a sabios como Copérnico.

Myers cre€a en varios aspectos de la fenomenologí€a paranormal. Entre ellos la Telequinesis o las posesiones e inventó palabras como “telepat€ía” que hoy usamos normalmente. Bueno, de tal manera cre€ía Myers en estos asuntos que dejó un método escrito para ver si después de su muerte pod€ía comprobarse de alguna manera que su espí€ritu hab€ía persistido. Varios testimonios, médiums como Leonor Piper o personalidades como Sir Oliver Lodge – fí€sico y escritor envuelto en el desarrollo de la telegraf€ía sin hilos, siendo la primera persona en transmitir una señal de radio (un año antes que Guillermo Marconi)- recibieron supuesta comunicación del más allá y con información que suponí€a “quizás la más firme evidencia obtenida hasta ahora de comunicación extrasensorial”.

En su obra F. Myers estudió uno de los casos que más le atra€ían y que el mismo denominó “Aparición Cr€ítica”. Se trata de la posibilidad de captar una especie de mensaje, visión de sombras, ruidos, alteración pís€quica inusual o movimientos telequinéticos y otros efectos cuando una persona allegada a nosotros está en un estado crí€tico, sobretodo en “tránsito” de muerte. “El recipiente”, que las€ llamaba Myers a la persona que captaba esta fuerte sensación casi siempre se hallaba en un estado de vigilia y no llegó a determinar cientí€ficamente la causa en los 702 casos de estudio que llevó a cabo y publicó en su libro “Fantasmas de los vivos” con la ayuda de Gurney. Realizaron un trabajo ciclópeo y estandarizaron 7 tipos de casos.

El Primero que llamó “A” simplemente trataba de casos de impresiones externalizadas, digamos que “del mundo exterior”, algo que se vio, oyó o sintió. La clase “B” son impresiones internas, una imagen, emoción o impulso. La “C”, sensitiva pero no externa, algo  como cuando se produce la sensación de una enfermedad. La “D” eran sueños. La “E” impresiones en un estado de semi vigilia, entre el sueño y el despertar. La “F” eran impresiones recíprocas, es decir, el agente y el recipiente o receptor ten€ían influencia telepática el uno con el otro. Y finalmente, la “G” era la impresión colectiva: muchos eran los que la percibí€an.
De los 702 casos que expuso, todos estuvieron clasificados bajo una de esas categor€ías. Por ejemplo, el caso 21 de la serie y tipologí€a B dice:

“Un padre que estaba en casa mientras que su mujer y su hijo más pequeño se hallaban en la costa, tuvo la sensación o percepción de que su hijo de 13 meses “había caído de la cama encima de unas sillas y entonces había rodado en el suelo. Esto fue alrededor de las 11 de la mañana e inmediatamente escribí a mi mujer…”.

Una visita subsecuente que realiz€ó el padre a la costa confirm€ó que el niño “había caído fuera de la cama primero encima de las sillas que pusieron a su lado y luego cay€ó seguidamente al suelo sin hacerse daño” El accidente coincidi€ó con la fecha y hora del dibujo mental que tuvo el padre”.

Ni que decir tiene que Edmund Gurney, también ex estudiante del Trinity College, quí€mico, fisiólogo y fí€sico trabajó mucho también en este campo. Gurney se centró en la idea de que este tipo de comunicación pod€ía analizarse bajo “transferencia de pensamiento e hipnotismo” y una de sus conclusiones era que la evidencia del proceso llamado telepat€ía era espontáneo como, según el, en el caso de las “apariciones de dormitorio”. Gurney realizó multitud de experimentos basándose en el hipnotismo y fue muy respetado por sus contemporáneos. A pesar de sus esfuerzos tuvo la desgracia de conocer a Trevor Hall, estudiante de la Sociedad de Investigación Ps€quica que escribió el libro “El extraño caso de Edmund Gurney”, en donde denunció que Gurney confiaba demasiado en un tal George Albert Smith. El caso es que George no era ni más ni menos que productor teatral y era el que llevaba los experimentos imputados a la telepat€ía y el hipnotismo. Lo que Hall llegó a denunciar es que el señor Smith estaba engañando a Gurney sin que el lo supiera realmente usando triquiñuelas de teatro y hasta ilusiones de escenario para falsificar los datos y las pruebas. Resulta que Smith era inventor y conoc€ía muy bien el truco de la “Magic Lantern” o linterna mágica, aparte de que patentara una cámara y proyector poco tiempo después del trágico desenlace de esta historia. Es muy posible que Smith utilizara un medio como el cine, aún por descubrir, para engañar a Gurney y este quizás, como último acto final, decidiera acabar con su propia vida o quizás no, pero el resultado fue que se encontró su cuerpo sin vida en Brighton en 1888 con el t€ítulo forense de “muerto por una sobredosis de narcóticos”.

Terrible dilema pues para aquellos seguidores de las hazañas de Myers, Gurney y Frank Podmore. Tanta era su reputación que enseguida se separó aquello que pudo ser amañado por el caso “Smith” y lo que no. El tiempo ha pasado y en cuanto al tema de las “Apariciones Cr€íticas” nada parece haber cambiado. El ser humano las sigue sufriendo y los casos registrados parecen ser los mismos aunque en el contexto diferente que supone el cambio de época.

Por ejemplo, el caso 170 (Clasificado Tipo A y E). “La mujer de un carpintero se despertó€ una noche allá por el año 1874 debido a la llamada al trabajo de los trabajadores del ferrocarril que estaban instalados cerca de su casa. Quiso ver la hora y vio gracias a que había luz de luna una imagen aparente de su madre, sentada en una esquina de la habitaci€ón. La imagen persistió€ allá en una segunda mirada que le dirigi€ó pero la tercera vez que volvi€ó a mirar, desapareci€ó. Preocupada, quiso investigar si había alguna carta o noticia de la posible muerte de su madre sin resultado. Un mes más tarde se enteró€ de que su tía materna favorita, quien se parecía a su madre, había muerto en la noche y en el momento cercano a la hora de su visi€ón. Gurney hace notar que el caso es cercano al Tipo A, subcategorizado como “Fantasmas no reconocidos”.

O el caso 177 (Tipo A y E). “El perceptor ten„a 13 a…os en el momento del incidente. Al amanecer, el 3 de agosto de 1867, se despertó€ debido a la aparició€n de su hermano que estaba de pie al lado de su cama. En aquel entonces, el hermano era un oficial en el 16º de Lanceros estacionado en Madras, India. La figura se inclinó€ y la besó€ y le hizo signos de mantener silencio mientras abandonaba su habitació€n. Durante el incidente ella también detect€ó una esencia que su hermano utilizaba. Explicó€ el asunto a ciertos miembros de su familia y a su sirvienta, pero nadie la creyó€. Subsecuentemente, pronto llegaron noticias de que su hermano había muerto en la jungla por culpa de una fiebre después de las 10 de la noche el 2 de agosto. Gurney hace notar que la diferencia de tiempo fue de 9 o 10 horas. Se contact€ó a la sirvienta para verificar los hechos, pero solamente pudo comunicar un vago recuerdo del asunto. El diario de la perceptora también se perdió€. Gurney especifica que los perceptores j€óvenes son menos propensos a distinguir correctamente incidentes en estado durmiente o despierto”.

Después de 129 años que es lo que media entre la fundación de la Sociedad para la Investigación Pís€quica y la actualidad han cambiado muchas cosas, pero la interpretación del fenómeno psí€quico en relación a las apariciones cr€íticas y a la telepat€ía en general sigue siendo la misma. Es más, el acercamiento de las ciencias, de un grupo más abierto de cient€íficos hacia este fenómeno, ha sido y es inminente. A los investigadores de lo paranormal les gustar€a que la ciencia pudiera corroborar ciertos hechos anómalos y a los cient€íficos les gustar€a que ciertos hechos de este tipo pudieran ser mesurados, interpretados y comprobados. Han sido varios los estudios que se han realizado desde entonces, siempre con el fin de allanar el camino de la comprensión de estos enigmáticos fenómenos. No encaja en ninguna visión, sea en cualquiera de los campos de la razón, que un grupo considerable de personas tengan, bajo ciertas condiciones, una comunicación extrasensorial con otra persona aunque esta esté al otro lado del mundo. La evidencia del fenómeno y su expansión a cualquiera de las razas humanas fortalecen la idea de que el fenómeno existe sin dudas pero no sabemos explicarlo porque desconocemos los mecanismos de su propia producción, aunque tenemos pistas.

En el año 2000, Gao Shan, cient€ífico del Instituto de Electrónica Chino y del Instituto de Fí€sica Cuántica de Beijing y miembro del Equipo de Trabajo de la Velocidad de Onda Electromagnética, comenzó la publicación de un trabajo sorprendente de una serie (hasta 2004-2005) y en donde establece que:

“La naturaleza física del fenó€meno Psi como la telepatía es un problema importante en la ciencia actual de la consciencia. La existencia del fen€ómeno telepático ha sido básicamente confirmada gracias a muchos experimentos estrictos (Duane & Behrendt, 1965; Targ & Puthoff, 1974; Puthoff & Targ, 1976; Radin & Nelson, 1989; Grinberg-Zylberbaum et al, 1994; Bierman & Radin, 1997; Gao, 2000; Wackermann et al, 2003). ¿Puede entonces la ciencia moderna (p.e. la teoría cuántica) proveer de una explicació€n científica al fen€ómeno telepáico?

En este documento investigaremos sobre la posible naturaleza cuántica de la telepatía tanto de los aspectos te€ricos como experimentales, y presentaremos un modelo cuántico primario del fen€ómeno telepático. Se demostrarႠque, de acuerdo con el principio de la comunicaci€ón superlumínica  (QSC) (Gao, 2000; Gao, 2003; Gao, 2004), la teoría cuántica puede proveer de una explicaci€ón científica al fenó€meno de la telepatía cuando consideramos el rol de la consciencia en el proceso cuántico y algunos experimentos pueden señalar la validez de esta explicació€n. Finalmente, propondremos una serie de esquemas, de experimentos posibles para comprobar el modelo cuántico de telepatía”.

Gao Shan continua y en uno de los apartados de su trabajo que llama “Telepatía y su posible explicació€n cuántica” señala que “A pesar de que algunos fen€ómenos superfísicos pueden no ser reales, la telepatía existe. Normalmente se expresa como lo que uno puede percibir de lo que le sucede a otro, por ejemplo cuando este enfermo, herido, etc. A una distancia entre los miembros de la familia, digamos gemelos, familiares o amigos. Muchas personas tienen este tipo de experiencia…”.

As€í 129 años después del esfuerzo de Frederick Myers, Edmund Gurney y Frank Podmore, ciencia psí€quica y ciencia física se encuentran en una de las encrucijadas más sorprendentes del nuevo milenio, la telepatí€a, las Apariciones Crí€ticas Y F€ísica Cuántica. Pero si la telepat€ía existe, es reconocida como real, ¿Que consecuencias tendrá su descubrimiento y su posible aplicación? ¿Que otras energ€ías existirán que puedan confirmar incidencias anómalas de las tí€picas leyes f€ísicas?

Una de las conclusiones a las que llegó Myers era que los fantasmas pertenecí€an a los vivos y, en principio, la Comunicación Superlumí€nica Cuántica señala hacia la misma conclusión, pero no hay que olvidar que la “Teorí€a de los Multi-Mundos es un postulado de la mecánica cuántica que afirma la realidad objetiva de la función de onda universal, pero niega la realidad del colapso de la función de onda que implica que todas las posibles historias y futuros son reales -cada una representando un “mundo” real (o universo). También se le llama como formulación relativa del estado, la interpretación de Everett, la Formulación del Estado Relativo, la teor€ía de función de onda universal, etc.”

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Efectivamente, es un tema muy complejo que, además implica un esfuerzo añadido para poder imaginarse las situaciones a las que nos llevar€a su existencia. Un mundo de paradojas, tal como nos describió el f€ísico austr€íaco Erwin Schrodinger en 1935 con la famosa paradoja de “El gato de Schrodinger”.
En esta, un gato, junto a un pote con veneno y una fuente de radioactividad se colocan en una caja sellada y protegida contra una incoherencia cuántica inducida. Si un contador Geiger interno detecta la radiación, el bote se rompe liberando el veneno que mata al gato. La interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica implica que después de unos instantes, el gato esta simultáneamente vivo y muerto. Además€, cuando miramos en la caja, vemos al gato vivo o muerto y no vivo y muerto al mismo tiempo. Vaya paradoja existencial!, Dos realidades diferentes! Muchos f€ísicos cuánticos descartaron esa posibilidad, pero la puerta queda entreabierta, al menos tetricamente.

En la antiqüedad  básicamente se entend€ía que la mente, el cerebro era el conductor de muchos fenómenos. Modernamente, interpretar€amos que la función primaria y principal del cuerpo es, una, alimentar al cerebro para producir esa energ€ía y segunda, mantener esa energ€ía en un per€iodo de tiempo lo más longevo posible. Si diéramos por sentado este hecho, seguramente no podr€íamos negar tan fácilmente que la energ€ía no se libera, lo que entonces entrar€a en relación con el espacio y el tiempo. Ahora bien, ¿Quien puede suponer que la energ€ía que producimos en el cerebro posee las propiedades necesarias para facilitar la relación espacio/ tiempo? ¿Existen propiedades energéticas diferentes? ¿Que tipo de energ€ía producimos?

A esa cuestión es a la que se ha dedicado durante años una parte de la ciencia en psiquiatr€ía y el estudio de los electroencefalogramas (EEGs) en el sueño y en la función cognitiva. Lo que producimos son actividades eléctricas corticales que se expanden hacia el cuero cabelludo y al exterior. Pensemos que para detectar esas corrientes y energí€a los dipolos de que se conectan a la cabeza en el estudio electroencefalográfico han de aumentar la señal en un millón de veces. Sin embargo, se entiende que las neuronas, como parte de su actividad metabólica funcional producen energ€ía eléctrica y se considera que si todas las neuronas fueran sincrónicas, el conjunto podr€ía fácilmente iluminar una bombilla de 70 w.

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El cerebro no para de generar constantes est€ímulos eléctricos. De hecho existen variantes en función de si está muy activo o no. En un estado ocupado se generan las denominadas frecuencias beta que son bajas en amplitud pero las más rápidas que emite el cerebro. Su abanico está  entre los 13 y los 40 hercios por segundo.
Las frecuencias alfa se caracterizan por ser un poco el contrario, se identifican con la relajación. Su frecuencia se halla entre los 8 y los 12 hercios por segundo. Las theta están entre los 4 y los 8 hercios y son más lentas, aunque poseen una mayor amplitud; soñar despierto, por ejemplo o monotoní€a en una actividad, tareas automáticas que nuestro cerebro asume sin tener que usar un potencial más alto. Por último, tenemos que tratar de las frecuencias de onda delta, aún más lentas pero todaví€a de mayor amplitud. Se hallan entre 1,5 y 3 hercios por segundo. En esa frecuencia ya casi es cuando nos vamos a la cama. Cuando soñamos lo hacemos en ciclos de 90 minutos y se produce cuando las ondas delta aceden a las theta. El sueño llega a ser vivencial en esos momentos para nosotros. Un detalle caracterí€stico es el movimiento rápido de los ojos y párpados conocido el todo por el per€iodo REM.

Creo que lo importante de esta pequeña exploración son los hercios. En sonido, por ejemplo, es cualquier fenómeno en donde está implicada la propagación de ondas elásticas, que pueden ser audibles o no. Estas generan un movimiento vibratorio de un
cuerpo a través de un fluido o medio elástico. Lo que nosotros so€mos lo hacemos  gracias a la oscilación del aire que se convierten en ondas mecánicas, gracias, claro está a nuestro o€dos. En cuestiones de sonido un valor de 40 hercios, equivaldr€ía a decir que una vibración va y viene 40 veces cada segundo, teniendo en cuenta que el sonido se desplaza a 340 metros por segundo en el aire. Eso lo menciono porque hubo quien teorizó sobre la posible captación telepática de mensajes a través del cerebro, de la energ€ía cortical y del aire. Pero el asunto resulta algo excluyente, al menos, en parte. La emisión y recepción telepática ha de moverse por territorios quizás diferentes o bien compartidos. Los hercios inductores de estados modificados de consciencia aseguran que entre 3,5 y los 5 hercios en la producción eléctrica cerebral es cuando se reciben los mensajes telepáticos, exactamente en los 4.0 hercios, ondas Theta. Sin embargo, muchos testimonios en las apariciones cr€íticas mencionan que estaban plenamente activos cuando recibieron el mensaje, otros en semi-vigilia y, finalmente otros en sueños (aunque eso es lo menos frecuente). Parece que el nivel de energ€ía herciana tenga que ver relativamente. Es interesante hacer notar que las llamadas “comunicaciones instrumentales” basan su captación en la energ€ía herciana y electromagnética y, expertos, como Ernst Senkowski o Sinesio Darnell están de acuerdo que la relajación en un trabajo continuado es necesaria para captar las mejores psicofon€ías.

¿Y que hay del efecto Delpasse? Cuando los doctores Grey Walter, Van Amsynch y Delpasse demostraron que en el momento de la muerte existe un “escape de energ€ía”. La energí€a que se libera en el momento de la muerte o paro cerebral era capaz de manifestarse mecánicamente, por ejemplo encendiendo algún aparato.
Evidentemente, en aquel entonces esos experimentos se ve€ían un poco como los del “Doctor Frankenstein” y no fueron muy bien acogidos por sus colegas. En realidad concluyeron que exist€an dos etapas. El escape de energ€ía con la muerte cerebral y otra, cuando ya no hab€ía ningún tipo de actividad eléctrica. Por tanto, era independiente de la energ€a eléctrica relacionada a la actividad cerebral, a esta se le llamó psinergia.
El estudio de la mente y de sus manifestaciones energéticas por si solas no soluciona este incre€íble paradigma que supone la realidad de la telepat€ía. Habrá que añadir el tiempo y el espacio y quien sabe que más. La realidad de las “Apariciones Cr€íticas” y el posible descubrimiento de su mecánica quizás responda a la pregunta de si las manifestaciones que se producen son energí€as de personas desaparecidas o de energ€ías de personas vivas (o de ambas). En cuanto a los experimentos de Gao Shan, f€ísico investigador de la consciencia y la comunicación superlum€ínica cuántica asegura que “…podemos confirmar con seguridad que la posible comunicació€n del cerebro humano es un tipo de fen€ómeno superlumínico y no electromagnético lo que confirmar„a el modelo cuántico de telepatía”.

Es decir, la propagación de información o materia se producir€a a una velocidad mayor que el de la luz y, aunque este concepto parece sacado de la ciencia ficción, esta sujeto a estudios cient€íficos actuales.

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Publicado por en febrero 17, 2017 en Artículos, parapsicologia

 

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