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¿Dobles o espíritus?

11 Dic

Por Andrea Graus

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El desdoblamiento de la personalidad, así como otros fenómenos relacionados con el inconsciente, como la autosugestión, fueron percibidos por muchos espiritistas como una amenaza. Quintín López Gómez (1864-1934), espiritista reconocido y amigo del médico Víctor Melcior y Farré (1860-1929), defendió la necesidad de distinguir los fenómenos del desdoblamiento y la autosugestión de la «verdadera» mediumnidad, o sea, aquella en la que intervenían los espíritus. Esta cuestión fue debatida en el Segundo Congreso Espiritista y Espiritualista, celebrado en París en 1900. Entre las circulares que publicó la comisión del congreso en relación a los temas que se tratarían en el encuentro, se planteó que los hechos del desdoblamiento obligaban a los espiritistas a reemprender el estudio de la mediumnidad tendiendo en cuenta factores humanos como la memoria o la autosugestión.

Desdoblamiento de la personalidad: Una médium bajo terapia

Para ilustrar la teoría del desdoblamiento de la personalidad, aplicada a la mediumnidad, expondré el caso, aún no tratado por ningún historiador, de la joven Teresa Esquius. Esta joven médium de Terrassa (Barcelona) fue supuestamente sanada, alrededor de 1900, por Víctor Melcior, médico leridano afincado en Barcelona. Melcior estaba vinculado al círculo espiritista de Quintín López, colaborador de la Revista de Estudios Psicológicos. Desde este círculo se creó, en 1895, la Clínica Hidro-Magnética, un consultorio médico de caridad. Melcior fue su fundador junto al médico José Cembrano. Durante diez años, ambos asistieron desinteresadamente a enfermos entre dos y tres días a la semana. La curación mediante el magnetismo y la hipnosis no solo fue presencial sino también por correspondencia, a nivel peninsular y continental, mediante el envío de libritos de papel magnetizado. Amplio conocedor del hipnotismo y el espiritismo, Melcior estaba interesado por los trastornos de la personalidad y su relación con el inconsciente. En su libro Los estados subconscientes y las aberraciones de la personalidad (1904) narra el desdoblamiento de la joven Teresa Esquius. Teresa, nacida en Terrassa en 1876, de constitución débil, sufría crisis histéricas desde los trece años a raíz de una discusión con Dolores, una compañera de la fábrica donde trabajaba.

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Grabados en la pared de  la casa de Teresa Esquius ( supuestamente creados por Teresina)

 

Movido por la superstición, su padre consultó con tarotistas y curanderos, los cuales le dijeron que Teresa era víctima del mal de ojo. Ante el estado de salud de su hija amenazó a Dolores con matarla a ella y a su marido si no le quitaba el mal en tres días. Pasado este tiempo los síntomas desaparecieron, pero se presentaron una nueva serie de fenómenos más extraños todavía: los muebles levitaban alrededor de Teresa, se oían ruidos o crujidos y aparecían dibujos de cruces y objetos cotidianos grabados en las paredes (Melcior, 1904). Los fenómenos preocuparon a las autoridades locales y en Terrassa empezó a correr el rumor de que Teresa estaba embrujada. Tras consultar el padre con el doctor Cadevall, director del Real Colegio Tarrasense, se concluyó que los fenómenos los producía Teresa inconscientemente. Después de que ningún tratamiento médico diera resultado, Cadevall aconsejó a la familia probar con la terapia hipnótica, para la cual acudieron a Melcior, quien rápidamente observó el desdoblamiento del yo:

“Llevaron a Teresa a mi consulta, la hipnoticé desde la primera sesión, y a poco se demostró en ella una especie de convivencia entre dos seres, cuyo total formaba la personalidad de la enferma.

De manera que hallándose Teresa durmiendo con sueño sonambúlico, respondía a las preguntas que se le hacían no como Teresa en sí, es decir, no como la sujeto que en estado de vigilia era designada con dicho nombre, sino con el nombre de Teresina. Este diminutivo lo aplicaba a la personalidad subconsciente, y también a su cuerpo. (Melcior, 1904, p. 306).”

Teresa estaba convencida de que Teresina era un espíritu que se posesionaba de ella para producir los fenómenos. Según Melcior, confundir estos hechos con comunicaciones de ultratumba era fácil, ya que durante el trance los médiums solían hablar de ellos mismos en tercera persona: «de ahí que, muchas personas crédulas, den como auténtica comunicación de espíritus del espacio, lo que en resumen de cuentas no es más que una conversación inter-vivos» (Melcior, 1904, p. 324).

Aunque Melcior admitía sentirse seducido por algunos puntos relacionados con la doctrina espiritista, como la reencarnación, consideraba que la explicación espírita a los cambios de personalidad «estaba desposeída de fundamento científico» y era «soberanamente ridícula». A través de la sugestión en estado hipnótico destruyó la personalidad de Teresina repitiéndole a Teresa la siguiente consigna:

«Cada vez que te hipnotizo, Teresina va perdiendo fuerzas. Esta operación es para ella lo mismo que para ti sería una sangría» (Melcior, 1904, p. 309).

De este modo, convenció a Teresa de que no prestara su fuerza psíquica a Teresina, tras lo cual los fenómenos desaparecieron en pocas semanas. Para Melcior, quedaba probado que el caso de mediumnidad de Teresa no era consecuencia de ningún espíritu y que Teresina era producto de su inconsciente. El fenómeno del desdoblamiento de la personalidad ya había sido observado por los magnetizadores; pero el desdoblamiento en sentido psicopatológico fue teorizado por Pierre Janet.

La expresión que para Janet mejor describía el estado de trance era la de hémisomnambulismo, acuñada por Charles Richet (1923). En este estado el médium era capaz de mantener dos existencias simultáneas, la de su personalidad conocida y la de su subconsciente. Según Janet (1889), los médiums representaban el tipo de desdoblamiento más completo, en el cual las dos personalidades se ignoraban entre ellas y se desarrollaban de forma independiente. La mediumnidad no era, según él, más que un síntoma de un estado mórbido análogo al de la histeria. En la explicación que da Melcior (1904) del desdoblamiento de la personalidad de Teresa se observa una clara influencia de las teorías de Janet.

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Melcior, al igual que Janet, concebía el desdoblamiento como un estado enfermizo que solo podía afectar a individuos desequilibrados, pues dependía de una ruptura en la coordinación física y psicológica de la persona. Para Melcior (1904), Teresa no solo padecía una «miseria fisiológica» debida a sus malas condiciones de vida, derivadas del hecho de pertenecer a la clase obrera, sino también una debilidad moral o misère psychologique, por ponerlo en términos de Janet (1889). Esa fragilidad mental era, según Melcior, la culpable de que, tras el incidente con Dolores, se constituyera en la mente de Teresa «un estado de idea fija, caracterizado por representaciones mentales de una mujer (Dolores) que la quiere mal» (Melcior, 1904, p. 312).

Se observa aquí otro término usado por Janet, el de idea fija. Janet (1889) la definió como un fenómeno psicológico que se desarrolla de forma automática, natural e inconsciente, fuera de la voluntad y de la percepción personal, como una autosugestión influenciada por causas accidentales. Melcior siguió al pie de la letra esta definición, pues creyó que el incidente con Dolores fue la causa de que Teresina se constituyera como «una creación psicológica de la propia Teresa» (Melcior, 1904, p. 323). Es decir, que Teresa creó a Teresina mediante la autosugestión, tal y como lo había planteado Janet en el caso de Lucie (Janet, 1889). Según Melcior, la influencia del entorno social tuvo un papel fundamental en la confusión del desdoblamiento de la personalidad de Teresa con un caso propio del espiritismo.

En palabras de Melcior, Teresa se vio «sugestionada por deudos, amigos y desconocidos, empeñados en reconocerla víctima inocente de un fatal embrujamiento» (Melcior, 1904, p. 314). Al manifestarse los primeros fenómenos, el padre de Teresa consultó con un espiritista, quien le dijo que su hija se hallaba poseída por un espíritu maligno. Cuando el caso se conoció en Terrassa, este tipo de teorías triunfaron en un ambiente donde el espiritismo ganaba adeptos día a día entre la clase obrera (Horta, 2001, 2004). Prueba de ello es que a finales del siglo XIX se fundaron, solo en Terrassa, al menos cuatro centros espiritistas que estén documentados.

Entre ellos, dos de renombrada importancia: el Centro Espiritista Fraternidad Humana y la Federación Espiritista del Vallés. Al mismo tiempo, Terrassa fue la sede de varias publicaciones espiritistas, de entre las cuales destaca la revista Lumen, dirigida por Quintín López. Aunque para Melcior el caso de Teresa Esquius no formaba parte del espiritismo, sí que se incluía dentro de la mediumnidad. Para ejemplificar esta distinción merece la pena citar la opinión de Ochorowicz respecto a Eusapia Palladino y su supuesto espíritu guía, John King.

Desdobamiento corporal o exteriorización del doble

El desdoblamiento no solo podía ser psicológico sino también físico o corporal. En este caso iba supuestamente acompañado de la irradiación, por parte del médium, de una fuerza natural, aunque desconocida, la cual provocaba fenómenos extraordinarios en distinto grado. Dicha fuerza había recibido varias designaciones, cada una con sus matices (Alvarado, 2006), aunque científicos como Melcior, Comas o Tolosa Latour tendían a equipararlas. En palabras del astrónomo Josep Comas y Solà (1868-1937): «Llámese a esta fuerza: fuerza psíquica [de Crookes], fuerza ódica [de Reichenbach], fuerza néurica [de Baréty], lo cierto es que en el fondo hay concordancia en admitir una emanación por parte del médium» (Comas, 1908, p. 316).

Mientras Melcior solía utilizar la designación de «fuerza psíquica», popularizada por Crookes, a Comas le parecía más adecuada la noción de «fuerza ecténica» de Thury. Según Melcior (1904), la irradiación de la fuerza psí- quica no siempre se manifestaba con igual intensidad. En grados menores producía crujidos, movimientos de objetos, levitaciones o la aparición de luces. Por último: «en el grado superior del desdoblamiento, se desprende el cuerpo fantásmico de un vivo, trasladándose a sitios más o menos remotos, llegando a ser reconocido por la persona o personas a quienes aparece» (Melcior, 1904, pp. 316-317). Este «cuerpo fantásmico» que se desdoblaba del médium recibía muchos nombres. Para los ocultistas y los teósofos se trataba del cuerpo astral, los magnetizadores lo solían llamar cuerpo o doble fluídico, los espiritistas lo designaban como periespíritu y otros, como Durville, preferían hablar del «fantasma de un vivo» (Melcior, 1904; Durville, 1909; Kardec, 2009).

En palabras del periodista, político y escritor Santiago Valentí y Camp (1875-1934), lo que se desdobla del médium «no son personas, aunque tienen algunas apariencia de personalidad, y están en relación con las imágenes, conceptos y sentimientos del médium, de tal manera, que hasta cierto punto pueden calificarse de doble del mismo, a pesar de ser fragmentario y parcial» (Valentí & Masseguer, 1912, p. 252). Como se verá más adelante, Comas hace una definición semejante del doble. A este grado de desdoblamiento llegó Teresa ya que, según Melcior: «la propia enferma dice haber visto a Teresina penetrar en una habitación, mientras ella (Teresa), permanecía dormida con sueño sonambúlico en una silla» (Melcior, 1904, p. 325). Solo mediante la exteriorización del doble podían explicarse, según Melcior (1904), los fenómenos físicos producidos por Teresa como los grabados o la levitación de objetos y muebles. Según relata Melcior (1904), los grabados se hallaban en la parte alta de las paredes, por lo que Teresa hubiera necesitado de una escalera para tallarlos, y en su casa no había ninguna. Por otro lado, los fenómenos de levitación fueron presenciados por los médicos tarrasenses Pous y Cadevall. Para asegurarse de que no se trataba de un fraude, Pous colocó un duro sobre el cuerpo de Teresa, tendida en la cama, de manera que la moneda cayera con el menor movimiento. Nada más alejarse de la enferma vieron repetirse «la danza de mesas, sillas y bastón» (Melcior, 1904, p. 303), pero ni Teresa ni el duro se movieron de su sitio.

Aunque el caso de Teresa sirve para ejemplificar la teoría del desdoblamiento corporal, para profundizar en el tema se relatará la polémica entre el astrónomo Josep Comas y el espiritista Jacint Fornaguera. Ésta tuvo lugar en 1908, es decir, cuatro años después de que Melcior narrará el caso de Teresa Esquius en su libro. La discusión con Fornaguera partió de las sesiones que Comas había mantenido con la médium Carmen Domínguez, a quien se refiere como «médium Z» en su recopilación de artículos titulada El espiritismo ante la ciencia (1908). La polémica entre Comas y los espiritistas, en relación a la publicación de dicho libro, ya fue tratada por Roca (1986). Sin embargo, merece la pena recordar algunas cuestiones para comprender la controversia, aún no estudiada por ningún historiador, en torno al desdoblamiento corporal en la médium Carmen.

A principios de 1907, José Cembrano comunicó a Jacint Esteva Marata, presidente de la Liga Espiritista Española, la existencia de una médium que producía asombrosos fenómenos. Entre ellos, el más controvertido: la materialización corpórea de un espíritu llamado Leonor (Esteva, 1908). La médium era Carmen Domínguez, con quien Comas ya había compartido sesiones en 1906. Carmen formaba parte del servicio de la casa de Antonio de Sard, director de los encuentros y protector de Carmen (Estrany, 1908). El médico Jeroni Estrany (1908), quien había asistido a algunas sesiones con Carmen entre 1906 y 1907, opinó que los fenómenos eran fraudulentos, pero exculpó a la médium aduciendo que el artífice era de Sard. Como ha destacado Owen (2004), si bien la mediumnidad no era un terreno exclusivo de las mujeres fue significativo en cuanto las elevó a un posición de poder espiritual y cultural. Aunque fuera mediante «otras inteligencias» o espíritus, algunas encontraron la manera de pronunciarse respecto a temas sociales y espirituales, ganándose una autoridad difícil de conseguir en otros círculos.

En España, uno de los casos más destacados fue el de la espiritista Amalia Domingo Soler (1835-1909). Tras las sesiones de 1907, Comas quiso quemar las actas de los fenómenos obtenidos con Carmen para que estos no trascendieran, pues los tachó de fraudulentos (Esteva, 1908). Sin embargo, la materialización de Leonor reportó fama internacional a la médium y asombró hasta a Cesare Lombroso. En Los fenómenos de hipnotismo y espiritismo  cita a Leonor como un caso excepcional de materialización de cuerpo entero, el único hasta entonces conocido junto con Katie King, el espíritu materializado por la médium Florence Cook. Tanto Comas (1908) como Estrany (1908) lamentaron el entusiasmo de Lombroso ante lo que consideraron un fraude. Como se verá a continuación, Comas se valió de la teoría del desdoblamiento corporal para negar la existencia de Leonor.

Leonor: ¿doble o espíritu?

A raíz de sus experiencias con Carmen, Comas clasificó los fenómenos mediúmnicos en tres grupos: los ciertos, los dudosos y los falsos. Entre los primeros incluyó pequeños fenómenos físicos, como los raps o los efectos luminosos; en los segundos las materializaciones fluídicas de pies o manos; y en los últimos, los falsos, las materializaciones corpóreas –como Leonor– y «muy especialmente la mediumnidad en su sentido verdadero, esto es, como acción intermediaria entre los desencarnados y los vivientes» (Comas, 1908, p. 76). En las sesiones espiritistas, la prueba de la materialización fluídica de un miembro solía obtenerse mediante la impresión de su huella en un molde de cera o sobre papel ahumado. Este tipo de evidencia fue la que sirvió a Comas y Fornaguera para discutir sobre el desdoblamiento corporal en la médium Carmen; pero antes de analizar el caso, veamos cómo entiende Comas el desdoblamiento en sentido físico:

“La transe significaría, por consiguiente, el alejamiento de un elemento del cuerpo del individuo, la separación de uno de los individuos elementales invisibles e imponderables, si es que existen varios de este orden.

En fin, el nuevo individuo imponderable e invisible, alejado total o parcialmente del médium, llevaría las mismas fuerzas y la misma mentalidad del médium pero necesariamente aminoradas (como aminoradas quedan las facultades del médium en transe) y sus superficies de contorno (forma) serían iguales a las del médium; obrarían sobre la fuerza ponderable y produciría fenómenos físicos más o menos intelectualizados (Comas, 1908, p. 88).”

Este «individuo invisible» que se desdobla del médium es otra forma de llamar al doble de las ya nombradas. Para Comas, el doble «representa el cuerpo invisible de este segundo yo» (Comas, 1908, p. 79). Se trataba, como opinaba Melcior (1904), de un desdoblamiento de la personalidad llevado a su grado máximo. Como se expone en la cita, para Comas (1908) el origen de los fenómenos intelectualizados –como la escritura automática– se explicaba porque el doble poseía la misma mentalidad del médium, aunque aminorada. Melcior opinaba de manera similar, pues creía que «a la exteriorización de la fuerza psíquica le acompaña tácitamente la inteligencia» (Melcior, 1904, p. 320).

Como Teresa Esquius no formaba parte de ningún grupo espiritista convencerla de que Teresina era una creación de su inconsciente no fue complicado, pues ante todo quería deshacerse de los fenómenos que producía sin control (Melcior, 1904). Más difícil era el caso de Carmen. Al estar vinculada a los círculos espiritistas no le convenía plantear que Leonor era producto de un desdoblamiento. Sin embargo, Comas no dudó en concluir que «ninguno de los fenómenos físicos e intelectuales producidos [por Carmen] revela la acción de otro ser distinto de la mé- dium» (Comas, 1908, p. 76). La prueba que aportó para sostener su afirmación fue la huella de un pie, supuestamente de Leonor, impresa sobre papel ahumado. Curiosamente, el médium y espiritista Jacint Fornaguera (1908a, 1908b) había usado antes esta misma prueba para afirmar lo contrario.

La huella del pie se había obtenido durante una de las sesiones de 1907. Fornaguera (1908b) destacó las condiciones inmejorables y poco frecuentes en las que se llevó a cabo. En esa ocasión había «la suficiente luz para distinguirla [a Carmen] en todo momento» (Fornaguera, 1908b, p. 21). Los asistentes y la médium se reunieron en torno a una mesa con las manos sobre ella, como en los inicios del espiritismo con las mesas giratorias y parlantes (Véase: González de Pablo, 2006a). El papel ahumado se hallaba en un cajón dentro del gabinete oscuro, situado detrás de la médium, a quien también sujetaron los pies.

La huella del pie fue presentada como una prueba irrefutable de la existencia de Leonor en la publicación espiritista Los Albores de la Verdad. Para argumentar que pertenecía al espíritu de Leonor y no al pie de la médium, Fornaguera aludió a determinadas diferencias físicas. La más significativa era que «la huella dejada por el pie de Leonor (espíritu) es cerca dos centímetros más corta que la del pie de la médium» .

Lo primero que hizo Comas al hallar la huella fue pedir permiso a de Sard, director de las sesiones, para compararla con el pie de la médium. La única diferencia que advirtió fue la que aludió Fornaguera respecto  a la longitud de la planta, discrepancia que, según Comas, «era perfectamente explicable por la variación de presión del pie sobre el papel ahumado». Del mismo modo opinó el médico Pedro Farreras (1908), quien remitió una carta a Comas con sus notas comparativas entre el pie de Carmen y la huella obtenida en la sesión. Comas no tachó el fenómeno de fraudulento, pues no era capaz de explicarse la superchería, pero tampoco aceptó la explicación espiritista de Fornaguera. En su opinión, el fenómeno coincidía con la teoría del desdoblamiento tal y como se ha visto que él la entiende. De este modo, concluyó Comas, «si el fenómeno fuese legítimo, constituiría una brillante confirmación de mi hipótesis de la mediumnidad, pues, según ella, todas las huellas o imágenes plásticas de miembros fluídicos e invisibles deben ser una reproducción exacta de los de la médium» (Comas, 1908, p. 114) –en cuanto son producto del «individuo invisible» desdoblado.

Esta clase de pruebas materiales fueron de suma importancia para traducir los fenómenos observados en hechos concretos a favor de una determinada hipótesis. Para algunos espiritistas, las imágenes de ectoplasmas emanados por el médium representaban una prueba irrefutable de su existencia (Brower, 2010; Edelman, 2006a).  Fornaguera no estaba dispuesto a aceptar la teoría del desdoblamiento, ni el caso de Carmen ni en sentido general. Según él, el problema de las sesiones con Carmen fue que Comas se había negado a acatar las condiciones requeridas. Uno de los principios básicos para el estudio de los fenómenos del espiritismo era que los observadores tenían que mostrarse benevolentes y confiados, de no ser así se «empujaba» al médium a cometer un fraude (Blondel, 2002). A este hecho se refiere Fornaguera al apuntar:

¿Qué opina el Sr. Comas y Solá de estas acciones inteligentes sobre objetos, si niega la acción de los desencarnados con los vivos?. Quizás supone que el médium, desdoblándose, puede hacerlo? Y aunque así fuera, no serían precisas, para ello, ciertas condiciones (negadas por el Sr. Comas, que si no las niega por lo menos dice ignorar el por qué) de afinidad, armonía, etc.? (Fornaguera, 1908b, p. 20).

Tras criticar los controles exigidos por Comas, Fornaguera rebatió la teoría del desdoblamiento del médium de la manera siguiente:

Y si la inteligencia del médium pudiera manifestarse fuera del mismo, no demostraría esto que la inteligencia (espíritu) fuera del cuerpo se relaciona con los vivos? Y un médium, si quisiera voluntariamente hacerlo, necesitaría tener un conocimiento grande de los elementos etéreos (invisibles) para manejarlos a su antojo. Bien sabe el Sr. Comas y Solá que los médiums por él estudiados no poseen este conocimiento tan indispensable en el caso que nos ocupa. (Fornaguera, 1908b, p. 20).

Los argumentos de Fornaguera se resumen en uno: los fenómenos del espiritismo solo puede producirlos un ser inteligente, pero este no puede ser el médium, pues desconoce cómo lograr que su inteligencia se manifieste fuera de su cuerpo. Entonces, se debe suponer que esta inteligencia es la de un espíritu. Se observa aquí el principal punto de confrontación entre la teoría espiritista y la del desdoblamiento que, sin negar los fenómenos mediúmnicos, refuta la hipótesis espírita (Boirac, 1910). Comas lo dejó claro al dar por falsa la mediumnidad en su sentido espiritista, es decir, como agente mediador con los desencarnados: «la mediumnidad, si es que existe, es un fenómeno natural como cualquier otro, y, como todos, sujeta a la misma ley o escala de probabilidades o de frecuencias, o mejor, de continuidad» (Comas, 1908, p. 124). Esta opinión no difería de la Morselli (1908) o Richet (1923); sin embargo, las leyes que gobernaban la mediumnidad eran difícilmente deducibles, ya que sus fenómenos eran espontáneos y ni siquiera se conocían la mayoría de condiciones favorables para su producción (Blondel, 2002).

Tras las polémicas sesiones con Carmen, Comas se ofreció a experimentar en su casa con el médium que se presentase voluntario. La única condición que impuso fue que las sesiones se hicieran, en palabras de Comas: «bajo mi sola autoridad y procediendo con todo el rigorismo y valiéndome de todos los controls que se me ocurran (inofensivos por supuesto)». De no hallar fraude alguno, Comas prometió hacerlo público «en bien de la Ciencia y para honra del médium» .

Según Fornaguera, el ofrecimiento de Comas era consecuencia de una conversación, supuestamente airada, que habían mantenido en la redacción de La Actualidad. Visiblemente molesto, el médium y presidente del centro «Amor Universal» adujo:

¿Cómo quiere el Sr. Comas que nos prestemos los verdaderos médiums a ser examinados bajo su dirección si él ha demostrado no poseer lo que se requiere para dirigir aquello que demuestra desconocer?, opina tal vez que nosotros seremos tan mentecatos de ir a su casa para ello?, lo cree natural? (Fornaguera, 1908a, p. 60).

Como predijo Fornaguera, pasados tres meses ningún médium se ofreció voluntario.

Al definir la mediumnidad de Carmen y Teresa mediante el desdoblamiento, ya fuera físico o mental, Comas y Melcior contribuyeron a que ésta se estudiara científicamente. Usando la expresión de Ochorowicz (en: Rochas, 1897, p. 130), fueron «mediumnistas» antes que espiritistas. De este modo, se situaron en la línea de contemporáneos como Morselli (1908) o Richet (1923). Como ellos, buscaron alejarse de la hipótesis espírita y repensar la mediumnidad mediante explicaciones físicas y psicológicas, especialmente vinculadas a la noción del inconsciente.

Fuente:

Extracto-(Graus, Andrea (2014), “¿Dobles o espíritus? Las teorías del desdoblamiento frente al espiritismo en la España de principios del siglo XX”, Asclepio 66 (1): p035, doi: http://dx.doi.org/10.3989/asclepio.2014.09

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Publicado por en diciembre 11, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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