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Influencia mental a distancia sobre los organismos vivientes.

09 Nov

Por Ernesto Bonilla

El propósito de esta investigación documental es presentar evidencias experimentales que confirman que, en ciertas condiciones, es posible saber e influenciar los pensamientos, sentimientos, imágenes y conductas de los seres humanos y otros organismos vivientes, aun cuando el influenciador y el influenciado estén separados por grandes distancias en el espacio y en el tiempo, más allá del alcance de los sentidos convencionales.

INTERACCIÓN MENTE-MATERIA

Psicoquinesis es el término más utilizado para señalar el efecto de la mente sobre la materia y cubre un amplio rango de fenómenos que pueden dividirse en dos grandes categorías: la micro psicoquinesis y la macro psicoquinesis. La primera se concentra más en la influencia directa sobre partículas atómicas o equipos electrónicos.
Los ensayos más utilizados en los estudios micro psicoquinéticos son los relacionados con las conductas de sistemas físicos aleatorios, como la tasa de liberación de partículas radioactivas. La macro psicoquinesis se refiere más al movimiento de objetos de mayor tamaño, como los dados. La distinción entre ambas se basa en el hecho de que uno puede observar el efecto (macro psicoquinesis) o necesita de una evaluación estadística para determinar si ha sucedido algo no habitual (micro psicoquinesis).
El físico teórico Helmut Schmidt  realizó una serie de estudios relacionados con los efectos psicoquinéticos sobre generadores electrónicos de eventos (GEE) aleatorios. Estos generadores son los equivalentes a los equipos que lanzan monedas o dados al azar. Pero, a diferencia del azar obtenido por procedimientos mecánicos, los GEE se valen de un proceso físico, como es la declinación de la radioactividad de los materiales radioactivos. La emisión de partículas individuales, a partir de una fuente radioactiva, no puede ser predicha ni controlada por ningún procedimiento conocido.

Los GEE son blancos excelentes y sensibles para los estudios de la psicoquinesis y los resultados obtenidos en estas investigaciones han sido reproducidos y han resultado estadísticamente significativos. Jahn y col. publicaron una revisión de los experimentos realizados en su laboratorio durante 12 años, con el objeto de investigar la interacción mente-materia. Más de 100 voluntarios intentaron influir mentalmente a generadores de números al azar (GNA), que son equipos electrónicos que generan miles de secuencias 1 o 0, por segundo.
En los ensayos, los participantes trataban de influir intencionalmente a los GNA para que generaran más 1 o más 0. A pesar de que el efecto lucía pequeño, cuando analizaron toda la información de la base de datos, los resultados indicaron que la probabilidad de que no eran debidos al azar fue de 35 millones a 1.

Durante los últimos 50 años, se han realizado cientos de ensayos de micro psicoquinesis en los cuales se han utilizado los GNA. Bosch y col.  combinaron 380 estudios en los cuales se examinó si los GNA podían ser influenciados por la intención. Encontraron que el efecto era estadísticamente significativo pero muy pequeño y que la explicación más apropiada para los resultados de este meta-análisis era el reporte selectivo. Radin y col. señalaron que los estudios analizados por Bosch y col. revelaban la existencia de un efecto psicoquinético genuino, que los ensayos eran de una elevada calidad metodológica y que los efectos se distribuyeron heterogéneamente; es decir, tenían un amplio rango de tamaños. Sin embargo, diferían sobre el origen de esa heterogeneidad. En efecto, Bosch y col.  propusieron que, posiblemente, el reporte selectivo de los ensayos estaba inflando los resultados del meta-análisis y que los estudios no reportados pudieran llegar a la cifra de 1544. Radin , por el contario, señaló que si se consideraban 59 estudios (el mismo número de investigadores que publican en ese campo) no reportados, y no 1544, como refieren Bosch y col.  , y cada uno de ellos hubiera dado un resultado negativo, no se habría alterado el resultado final, por lo que creía que no estaban justificadas las conclusiones de estos autores sobre la posibilidad de que esos resultados fueran debidos a prejuicios de los investigadores.

En 1991, Radin y Ferrari publicaron los resultados de un meta-análisis de 73 experimentos de macro psicoquinesis realizados por 52 investigadores entre los años 1935 y 1987. Unas 2500 personas intentaron, por más de 50 años, influir mentalmente para que la cara superior de los dados que eran lanzados sobre una mesa mostrara el número que se sugería mentalmente. Se realizaron 2,6 millones de lanzamientos de dados sometidos a la influencia mental de los participantes en los estudios y un poco más de 150.000 dados lanzados en estudios control durante los cuales no se realizó ninguna influencia mental. El meta-análisis mostró que los efectos absolutos fueron significativos aunque no de gran magnitud pero, la probabilidad de que los resultados habían sido debidos al azar fue de 1096 a 1.
Por el contrario, los resultados de los experimentos control fueron los esperados si hubieran sido debidos al azar. La posibilidad de influir sobre los GNA ha sido la base para el diseño del Proyecto de la Conciencia Global (PCG) dirigido por Roger Nelson . Se trata de un experimento en el campo de la conciencia, para registrar continuamente el grado de coherencia mental global, resultante de los eventos que atraen la atención mundial (muerte de la Princesa Diana, Tsunami del Pacífico, la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, el funeral del Papa Juan Pablo II, las celebraciones de Año Nuevo, etc.).
Para lograrlo, se utiliza una red de 75 GNA distribuidos en diferentes partes del mundo y conectados, vía Internet, con un servidor situado en la Universidad de Princeton. El PCG postula que en cuestión de minutos después de un evento mundial significativo, un porcentaje muy elevado de la población mundial conocerá los detalles de ese evento, gracias a los medios de comunicación y, como resultado de la atención mundial y la coherencia mental que la acompaña, los GNA distribuidos por todo el mundo comenzarían a desviarse de la conducta debida al azar.
Cuando se evaluaron 185 eventos de resonancia mundial ocurridos entre los años 1998 y 2005, se observó una desviación muy significativa (p<0,0001) del azar, lo cual sugiere que cuando millones de personas tienen sus mentes enfocadas coherentemente en un evento importante, la coherencia física u orden mundial también aumenta.
En esos eventos, todos los GNA se comportan de la misma manera, aun cuando estén separados por cientos o miles de kilómetros y repartidos por todo el mundo. Estos experimentos sugieren que las interacciones mente-materia observadas en el laboratorio también aparecen en el contexto no controlado de la vida real y a escala global.

INDUCCIÓN DEL SUEÑO A DISTANCIA

La inducción del sueño a distancia, acompañada o no de la sugestión mental de actos motores, es un ejemplo típico de la influencia mental a distancia. Los primeros experimentos sobre la inducción de sueño y despertar mediante la sugestión mental, fueron realizados en La Haya por Pierre Janet y M Gilbert con la receptora Léonie B, una campesina saludable de 50 años, en quien producían un sueño hipnótico en el momento que lo desearan.
Gilbert hipnotizaba mentalmente a Léonie, quien entraba en un trance hipnótico profundo y era capaz de realizar acciones específicas sugeridas por Gilbert. Las distancias entre el hipnotizador y la hipnotizada variaron entre unos pocos metros hasta 300. En una serie de experimentos, las sugerencias para inducir el sueño hipnótico se produjeron en tiempos escogidos al azar. Tuvieron éxito en 19 de 25 experimentos.

En otra serie de ensayos, 16 de 20 fueron exitosos. Estos hallazgos fueron comprobados por Charles Richet en 1888 , con el mismo sujeto. Richet intentó producirle sueño mediante sugestión mental a una distancia de 1 a 2 Km y tuvo éxito en 16 de 36 intentos.
En 1922, un experimento clásico en telepatía fue reportado por Brugmans. En este ensayo, un estudiante de física llamado Van Dam fue investigado para corroborar sus habilidades psíquicas. El sujeto fue vendado y colocado en un cubículo cerrado con cortinas y se le pidió que pasara su brazo por debajo de estas para que seleccionara con un dedo uno de los cuadrados de una tabla de ajedrez de 6X8 que estaba sobre una mesa cercana. En cada una de las pruebas el cuadrado sería seleccionado al azar por el experimentador. Uno de los asistentes (el agente) sabía cuál era el cuadrado objetivo y trataría de influenciar mentalmente a Van Dam, para que moviera su brazo y lo seleccionara. En algunos ensayos, el agente estaba en la misma habitación; en otros, se encontraba en una habitación situada en el piso superior. Se determinó la respuesta galvánica de la piel de Van Dam para comprobar si se producía una variación cuando la selección del cuadrado objetivo fuera correcta o incorrecta. De 187 ensayos tuvo éxito en 60, en lugar de los 4 que se esperarían al azar. La diferencia fue muy significativa (121 millardos a 1). Los resultados fueron semejantes cuando el agente estaba en la misma habitación o en la habitación superior. Como lo señaló Radin este estudio continúa siendo importante por los resultados significativos en condiciones bien controladas y porque la determinación de la respuesta galvánica de la piel abrió el camino a un mayor interés por los métodos fisiológicos para detectar los fenómenos inconscientes.

En 1927, Warcollier reportó experimentos de transmisión de pensamientos en los cuales participó y que fueron realizados entre Nueva York y París, en ambas direcciones, a una distancia de 6.000 Km. La imagen transmitida era la página de un libro, un diagrama o un dibujo de algún objeto.
En 15 ensayos realizados de Nueva York a París hubo coincidencias en 5 casos (33,33%). De 20 experimentos entre París y Nueva York, solo 5 resultaron exitosos (25%). Konstantinides reportó los ensayos organizados por la Sociedad Ateniense de Investigaciones Psíquicas realizados entre Atenas y París (2101 Km), Varsovia y Atenas (1597 Km) y entre Viena y Atenas (1284 Km). Se transmitieron figuras geométricas, dibujos, cartas y objetos sólidos.
Algunas veces, al receptor se le inducía un trance hipnótico con la esperanza de mejorar los resultados. La transmisión y la recepción de las sugestiones mentales fueron sincronizadas. Cada transmisión, en cualquier dirección, se realizó en dos oportunidades por un tiempo de 5 minutos cada vez, con 5 minutos de descanso entre ellas. Cuando compararon los objetos originalmente transmitidos con las reproducciones realizadas por los receptores, concluyeron que estos experimentos eran una evidencia de la posibilidad de influir mentalmente a distancia. La sugestión telepática fue pronto ignorada en el Occidente, a comienzos del siglo XX. Sin embargo, esos estudios continuaron realizándose en la Unión Soviética.
Bekhterev fue el pionero de la investigación de la transmisión del pensamiento en ese país y el primero en invocar la hipótesis electromagnética para explicar ese fenómeno (16). Fue esta hipótesis sobre la emisión de radiaciones electromagnéticas por parte del cerebro, la que sirvió de base para los trabajos de investigación del fisiólogo y psicólogo ruso Leonid Vasiliev, publicados en su libro “Experimentos en Sugestión Mental”.

Vasiliev y col. fueron capaces de inducir actos motores, imágenes, sensaciones, sueño o vigilia y reacciones fisiológicas (cambios en la respiración y en la actividad electrodérmica), en personas situadas en zonas remotas, a distancias que variaron de 20 metros hasta 1.700 kilómetros. Utilizaron habitaciones forradas con plomo o con hierro, para bloquear a los mediadores sensoriales convencionales o electromagnéticos.
Todos los estudios de Vasiliev fueron realizados entre los años 1920 y 1930 en la Unión Soviética, en donde se vivía un clima de hostilidad contra todo lo que luciera no-físico o paranormal. Vasiliev definió el fenómeno de “sugestión mental” o “transmisión directa del pensamiento” como la transmisión, de una persona a otra, de diferentes clases de impresiones, pensamientos y sentimientos, con la posibilidad de inducir un trance hipnótico. En todos esos casos, los efectos se lograron sin la intermediación de palabras, a distancia, independiente de la percepción mediante algunos de los sentidos.

En los años 1933 y 1934, Vasiliev y col. realizaron 260 experimentos sobre la inducción mental del sueño y del despertar en los receptores Ivanova, Fedorova y E.S. De ese total, 194 ensayos se acompañaron de registros gráficos. La inducción mental de sueño sólo fracasó en 6 ocasiones y la inducción del despertar, en 21. Contrariamente a lo esperado, la colocación de barreras metálicas (hierro o plomo) entre el hipnotizador y el hipnotizado, no produjo ninguna disminución de la transmisión telepática. Pensaron que se trataba de una región del espectro con una longitud de onda más corta (rayos X o gamma) lo cual era improbable o, alternativamente, de la región de ondas de un ancho de banda de kilómetros o de campos eléctricos estático.

Cuando analizaron los experimentos realizados a distancias variables, Vasiliev y col. encontraron que los resultados eran casi idénticos a los obtenidos a distancias más cortas (entre una habitación y otra contigua). Concluyeron que los resultados obtenidos por su grupo eran de importancia considerable para la determinación de la naturaleza energética del factor que transmite las imágenes, desde el cerebro del emisor al del receptor. Al igual que las ondas de radio, operan a grandes distancias pero, a diferencia de ellas, no son bloqueadas por las barreras metálicas. En la gran mayoría de los ensayos, el dormirse o despertarse, ocurría antes de un minuto de haberlo sugerido. En casos aislados, la realización de la tarea sugerida se retardó diez o más minutos. Los retardos en el efecto telepático eran aparentemente dependientes de las cualidades del emisor, es decir, de su habilidad para concentrarse en la sugestión que iba a ser transmitida.

Vasiliev también utilizó la hipnosis en su trabajo sobre la transmisión de imágenes mentales, que es un procedimiento común en las investigaciones modernas en las cuales se han usado las imágenes y los diseños. El estado hipnótico, sin embargo, consistentemente mejoró los valores de percepción extrasensorial. Reportó que la sugerencia telepática para dormir o para despertar era la técnica más confiable en sus experimentos.
Vasiliev protegía al transmisor y/o al receptor en cámaras de Faraday y realizaba experimentos a distancias diferentes entre ambos, incluyendo una separación de más de 2.000 Km (de Sebastopol a Leningrado) entre hipnotizador e hipnotizado. A pesar de esa distancia enorme, el receptor experimentó un sueño hipnótico profundo cuando se le impartieron las instrucciones para dormir. En la Unión Soviética el uso de la hipnosis en la práctica psiquiátrica se mantuvo en boga por un tiempo mayor que en Occidente.
Las demostraciones de Platonov revivieron el interés sobre la influencia mental a distancia. Tanto Platonov como Vasiliev fueron estudiantes de Bekhterev, bajo cuya dirección trabajaron en la investigación de los mecanismos de la sugestión verbal en el sueño hipnótico. La monumental obra de Platonov recogida en su libro “La Palabra como Factor Fisiológico y Terapéutico” aún sigue siendo texto de consulta para todos los profesionales dedicados a la hipnosis médica.

El problema que se le presentó a Vasiliev en la década de los 20 del siglo pasado era que, una vez que el fenómeno de la influencia a distancia se reprodujera confiablemente en el laboratorio, se hacía necesario dar el siguiente paso para investigar sus bases físicas. Tanto él como Bekhterev creían que la respuesta a ese problema había sido dada por el neurólogo italiano Cazzamalli, quien había publicado varios trabajos que parecían favorecer la teoría electromagnética de la telepatía, que lucía como una variante de la teoría fluídica de Mesmer. Según Cazzamalli la información enviada desde el emisor al receptor era transportada por energía electromagnética, en forma de ondas de radio de 0,7 a 100 metros de ancho de banda. La obra de los investigadores rusos demostró que la teoría del italiano era incompatible con sus observaciones.

En efecto, las barreras metálicas que detendrían todas las ondas de radio de esas frecuencias, no eran capaces de evitar las influencias mentales del hipnotizador sobre el sujeto hipnotizado a distancia. Vasiliev y Platonov fueron muy cuidadosos para informar que estaban investigando un fenómeno que, aunque muy importante desde el punto de vista científico, no tenía nada que ver con “idealismo” o “religión”. Pensaban que sería cuestión de tiempo antes de que se demostrara que estas observaciones tenían una base “materialista” al igual que otros fenómenos de la naturaleza. El mismo Vasiliev estaba consciente del hecho de que las ondas electromagnéticas de baja frecuencia y gran ancho de banda no eran completamente absorbidas por las cubiertas de hierro o de plomo, de 1-3 mm de espesor, de las paredes de las cámaras donde realizaban sus ensayos y que la transmisión telepática por un campo electromagnético de baja frecuencia no estaba totalmente descartada.

En contra de las predicciones de la teoría electromagnética, una barrera más selectiva, como una cámara de Faraday, no interfería con la transmisión de la sugestión mental en ninguna de las instancias donde tal sugerencia fue efectiva sin utilizar dicha cámara. Este descubrimiento lanzó dudas sobre la teoría electromagnética para explicar los fenómenos telepáticos.
En relación a la sugestión mental de actos motores, Vasiliev reconoció la influencia que recibió de Joire, investigador de la Facultad de Medicina de Lille (Francia), quien colocaba una venda sobre los ojos de los sujetos y luego les ordenaba que realizaran algunos movimientos como, por ejemplo, elevar su mano y su brazo izquierdos o su pierna derecha, cruzar un brazo alrededor del pecho, caminar en una dirección específica, acercarse a una de las personas presentes, etc. Joire inducía en los sujetos un estado de pasividad, removiendo mediante la sugestión todos los pensamientos extraños. Luego, se colocaba al frente o detrás del sujeto, a una distancia de 3 a 4 metros.

A diferencia de los sujetos de Joire, los de Vasiliev y su grupo eran hipnotizados previamente. Una vez que el sujeto se encontrara en un estado de hipnosis profunda (con amnesia posthipnótica para no recibir instrucciones de establecer una conexión emocional con el hipnotizador) sus ojos eran vendados; luego, se le sugerían mentalmente los movimientos que debería realizar. Se evitaron todas las señales que pudieran darle al sujeto algún conocimiento sobre el comienzo y el final, o sobre las sugerencias que se le darían durante el experimento. Al finalizar, cuando Vasiliev le preguntaba al sujeto por qué hizo un movimiento particular, invariablemente contestaba:

“Usted me dijo que lo hiciera”.

De 18 ensayos realizados por su colaborador, el Dr. Dubrovsky, 11 fueron exitosos, 3 parcialmente exitosos y 4 no exitosos. Observaron que la constante repetición de los ensayos, con el mismo sujeto, tendía a dar resultados menos evidentes con el correr del tiempo. Los mejores sujetos para las pruebas de sugestión mental de actos motores, eran menos efectivos en los experimentos sobre la sugestión mental de imágenes.
Los trabajos de Vasiliev y col. condujeron a las siguientes conclusiones:

1. Una selección preliminar de sujetos sensibles, es un requisito esencial para investigar la naturaleza psicofísica del fenómeno telepático.

2. El método “hipnogénico”, acoplado al registro objetivo de las respuestas del receptor, es perfectamente apropiado para usar en experimentos posteriores porque los resultados obtenidos con este método son claros y repetibles.

3. No es necesario que el emisor conozca la localización o la naturaleza del medio ambiente del receptor, pero debe haber visto al receptor para visualizar claramente su imagen al realizar la transmisión telepática.

4. La distancia entre el receptor y el emisor no juega un papel importante en los resultados.

5. No se pudo descubrir una radiación emitida por el cerebro que fuera responsable de la transmisión telepática de la imagen. La hipótesis de Cazzamalli no fue confirmada.

6. El bloqueo del emisor o del receptor, mediante metales (plomo y hierro), no evita la ocurrencia del fenómeno telepático.

Debe concluirse, entonces, que si la transmisión del pensamiento a distancia es efectuada mediante radiaciones de energía electromagnética, que emana del sistema nervioso central, esa energía debería buscarse en la región de ancho de banda cercana a los kilómetros, o en la región de los rayos X. Sin embargo, pensaron que ninguna de esas posibilidades era probable.
En la época de Vasiliev se desconocía que las ondas electromagnéticas de baja frecuencia y gran longitud (varios cientos de metros o más), no son absorbidas completamente por el hierro y el plomo de 1 a 3 mm de grosor, que cubría las paredes de la cámara usada para los ensayos. Por esta razón, la transmisión de imágenes mentales, mediante un campo electromagnético de baja frecuencia, no estaba descartada por los experimentos que realizaron en su laboratorio.

En los años sesenta del siglo XX Yuri Kamensky condujo experimentos telepáticos desde Moscú hasta Leningrado (800 Km de distancia), utilizando como sujeto a Karl Nikolaev quien estaba conectado a monitores de actividad fisiológica que determinaban la respuesta biológica a la transmisión telepática. En uno de los experimentos, Kamensky imaginó que estaba estrangulando a Nikolaev, quien inmediatamente se sintió sofocado, y su electroencefalograma mostró cambios dramáticos. En otro ensayo Kamensky imaginó que estaba golpeando físicamente a Nikolaev, quien inmediatamente se cayó de la silla, sintiendo dolores en las partes corporales donde era golpeado. Aun cuando Nikolaev no fue formalmente hipnotizado, confesó que necesitó alrededor de media hora para lograr un estado de relajación adecuado.

INFLUENCIA MENTAL SOBRE LOS SERES VIVIENTES

En 1959, el médico checo Stépan Figar midió el flujo sanguíneo en la punta de los dedos, en un par de individuos aislados, con el objeto de determinar si había una conexión telepática inconsciente entre ellos. Estas personas no se conocían y no sabían la naturaleza del experimento. Figar encontró que cuando a uno, del par de sujetos, se le pedía que realizara cálculos aritméticos mentalmente, la presión arterial del otro variaba notablemente.
Braud y col. observaron que los sistemas vivientes también pueden ser utilizados como blancos en la investigación de los efectos psicoquinéticos. En efecto, influencias psicoquinéticas exitosas se han comprobado en una gran variedad de sistemas biológicos tales como bacterias, hongos, células de diferentes tejidos, plantas, animales y algunas reacciones fisiológicas en los seres humanos.
Braud y Schlitz realizaron su primer estudio experimental sobre la influencia mental a distancia en la actividad electrodérmica (AED), que es debida a cambios, habitualmente inconscientes, en la actividad eléctrica de la piel, producidos por la actividad del sistema nervioso simpático y las glándulas sudoríparas. Comprobaron que la AED varió según la intencionalidad del influenciador que estaba situado lejos del influenciado. El influenciado mostró mayor AED durante los períodos de incremento de la intencionalidad y menor actividad durante los períodos de calma. Concluyeron que los procesos mentales de una persona (atención e intención) son capaces de interactuar efectivamente con las actividades físicas, mentales y emocionales de otro individuo, aún cuando esté situado a una distancia fuera del alcance de influencias energéticas o informacionales. Desde el punto de vista práctico, los experimentos sobre la influencia mental en los sistemas orgánicos pueden ser considerados como análogos de, por lo menos, algunas formas de sanación psíquica. Mediante estos ensayos puede ser posible determinar la magnitud, permanencia, límites y aplicación potencial de los efectos psicoquinéticos biológicamente útiles.

Braud y Schlitz escogieron arbitrariamente una conducta o actividad fisiológica (AED) y examinaron, por un período de tiempo, la respuesta obtenida en el blanco seleccionado. El experimento se dividió en un número idéntico de momentos de influencia y de no influencia (control). Durante el período de influencia, un influenciador (situado fuera del rango sensorial del receptor), intentaba influir psíquicamente la actividad escogida en el organismo blanco, en una dirección predeterminada. En todas las pruebas el influenciador recibía una retroalimentación instantánea del estado del receptor.

Durante los períodos control, no se realizaba ningún intento psicoquinético. El propósito de este estudio era comprobar si era posible disminuir psíquicamente la AED de una persona receptora, solamente durante los períodos de influencia. Se realizaron 32 ensayos. La mitad de las personas tenía una AED excesiva (sujetos muy activos); la otra mitad estaba conformada por individuos que tenían una AED normal o baja (sujetos inactivos). Para cada una de las 32 sesiones se determinó la AED durante 10 períodos de 30 segundos de influencia y 10 períodos de 30 segundos de control. Los influenciadores (Braud y Schlitz), observaban un polígrafo que trazaba la AED de las personas estudiadas y, por lo tanto, recibían instantáneamente información de la AED de los sujetos estudiados. Después de registrar los niveles basales de la AED, el experimentador abría un sobre que contenía la información, que indicaba la secuencia de los períodos de influencia y de control en cada ensayo. Los sobres eran preparados previamente por otra persona, mediante una tabla de números aleatorios. Si se indicaba que el período de control estaba en progreso, el influenciador trataba de no pensar en el sujeto. Durante los períodos de disminución de la AED, el influenciador intentaba calmar psíquicamente al sujeto para que se produjera un descenso de la AED, durante los 30 segundos correspondientes. Esto lo hacía el influenciador relajándose e imaginando que el influenciado hacía lo mismo; también podía enviar mensajes o sentimientos de calma al sujeto influenciado o visualizar al polígrafo produciendo un trazado plano, libre de AED. Se comprobó que las personas que tenían “necesidad” de reducir la AED (los sujetos activos) evidenciaron una reducción significativa de su AED (p<0,001). En los sujetos inactivos, no se observaron diferencias en las magnitudes de los efectos. En los experimentos de autocontrol, en sujetos activos se logró una desviación del 19% de la AED, pero no fue significativamente mayor que la producida por un influenciador.

Cualquier interacción telepática entre dos personas, podría ser vista como una influencia mental directa de una de ellas sobre el cerebro de la otra. Para comprobar que los blancos más efectivos para estas influencias pudieran ser otros cerebros, otras neuronas o materiales similares a estos, sería necesario conducir experimentos, en los cuales se podría intentar influenciar directamente a las neuronas o a otras preparaciones similares, mantenidas fuera del cuerpo.

META-ANÁLISIS DE LOS ESTUDIOS SOBRE LA INFLUENCIA MENTAL A DISTANCIA

Schmidt y col. publicaron un meta-análisis de 40 estudios de influencia mental a distancia sobre los organismos vivientes; se reportaron 1055 sesiones individuales realizadas entre los años 1977 y 2000. Los resultados fueron significativos (p<0,001), lo cual descarta a la coincidencia como la responsable de este fenómeno. En el análisis de los ensayos sobre la “observación remota”; encontraron 15 experimentos (379 sesiones) conducidos entre 1989 y 1998. Los resultados también fueron significativos (p<0,01). Este grupo de investigadores concluyó que, en estas dos clases de experimentos, existe un efecto pequeño pero estadísticamente significativo y que, por lo tanto, no podría descartarse la existencia de alguna anomalía relacionada con las intenciones a distancia. Este meta-análisis demostró que el pensar sobre otra persona, situada en un lugar distante influye sobre su sistema nervioso autónomo.

En el año 2012, Schmidt realizó un meta-análisis de los experimentos de facilitación del enfoque de la atención. En este estudio, el participante enfocaba la atención durante un minuto sobre una vela encendida. Cada vez que notaba que su mente divagaba regresaba su atención a la vela encendida y presionaba un botón de alarma. Un segundo participante, situado en otra habitación, distante y aislada, actuaba como “ayudante remoto”. Este segundo participante disponía de un monitor que mostraba una de las dos condiciones experimentales: “control” o “ayuda”. Durante los períodos de “ayuda”, el “ayudante remoto” enfocaba su propia atención en un objeto similar (otra vela encendida) y mantenía su intención, con el fin de que el participante distante se enfocara en su objeto y permaneciera libre de distracciones mentales, para que estuviera mejor preparado para lograr el éxito en su tarea de prestar atención a la vela encendida. Durante los períodos “control”, el “ayudante remoto” ocupaba su mente en otros asuntos. Se esperaría que si la atención era efectiva, el participante presionaría el botón con menos frecuencia durante los períodos de “ayuda” que durante los períodos “control”.

Después del análisis sistemático de la literatura, Schmidt encontró 11 estudios en los cuales se realizaron 576 sesiones, utilizando el mismo diseño experimental. El meta-análisis dio un resultado significativo (p<0.03). Concluyó que estos datos apoyan la hipótesis del efecto positivo de la intención y pueden tener implicaciones en las investigaciones sobre la sanación a distancia.

EL SENTIMIENTO DE SER OBSERVADO. ATENCIÓN REMOTA

Entre el 70% y el 97% de la población en Europa y América del Norte refiere haber experimentado la sensación de ser observada. Braud y col. , investigaron la atención remota, durante la cual el influenciador enfocaba su atención simplemente mirando a una persona distante, provocando en esa persona una sensación de estar siendo observada. Discriminaron la AED del voluntario receptor durante los períodos de “observación”, versus los de “no observación”. La diferencia fue significativa (p<0,05, r=+0,47). La magnitud del efecto de la mirada remota estuvo significativamente relacionada con el grado de introversión y de ansiedad del observador. La discriminación autonómica tomó la forma de una reducción espontánea de la AED durante los períodos de observación, comparados con los de “no observación”. En este estudio participaron 30 voluntarios (22 del sexo femenino y 8 del masculino) quienes sirvieron de “observados”. Por adelantado, se decidió que cada observador trabajaría con 10 observados (receptores) y los resultados de todos los 30 observados se combinarían para los propósitos del análisis estadístico.

Los observadores eran 3 estudiantes de psicología (2 mujeres y 1 hombre) de una universidad local. Ninguno de los observadores tenía experiencia en la investigación de los fenómenos paranormales. Para la determinación de la AED se usaron electrodos palmares de plata/ cloruro de plata (7 mm de diámetro) unidos a una microcomputadora.

Una videocámara, colocada en la habitación del observado, permitía que éste fuera observado por el observador situado en una habitación distante, para que no existiera la posibilidad de transmitir al observado ninguna señal sensorial. La cámara estaba conectada, mediante un cable, a un monitor de televisión situado en la habitación del observador, separada del observado por dos corredores internos, un corredor externo y cuatro puertas que permanecieron cerradas durante el ensayo. Ninguna de las habitaciones tenía ventanas. El sujeto observado se sentaba en una silla reclinable confortable; se le pedía que restringiera, durante 20 minutos, sus movimientos, especialmente los de la mano donde se colocaba el electrodo.
El experimentador, situado en la habitación del observador, procedía a registrar la AED basal en el observado. Luego, retiraba un sobre sellado opaco que contenía la secuencia de los períodos de “observación” y “no observación” durante la sesión. El observador consultaba el contenido del sobre para saber cuáles de los 20 períodos de registro se utilizarían para observar y cuáles serían los controles (sin observación). Cada período duraba 30 segundos. Durante los períodos de “no observación”, el observador volteaba la silla para no mirar el monitor de televisión y dirigía sus pensamientos a asuntos no relacionados con el experimento. Durante toda la sesión, el observador no recibía ningún tipo de información sobre la AED del observado, la cual era registrada continuamente y automáticamente por la computadora unida a los electrodos.

Los hallazgos más importantes de los estudios experimentales realizados por Braud y col. fueron los siguientes:

1. En ciertas condiciones, es posible que una persona pueda influir las actividades mentales y corporales de otra persona distante y protegida de cualquier influencia sensorial, informacional o energética.

2. Esas influencias a distancia parecen ser “influencias mentales directas” porque no pueden ser explicadas por el azar o por coincidencias, por ritmos internos comunes, estímulos externos incontrolables, errores de registro o en la lectura de esos registros, efecto placebo o errores debidos a cambios progresivos o sistemáticos en las actividades registradas.

3. El efecto ocurre cuando el influenciador y el influenciado (o el sistema blanco influenciado) están separados por una distancia de hasta 25 metros y por las paredes de las habitaciones que los separan.

4. Los efectos pueden ocurrir cuando el influenciador y el influenciado están separados en el tiempo. En algunos estudios la actividad corporal que iba a ser influenciada ocurrió 35 a 40 minutos antes de los intentos de influencia.

5. Se ha influenciado mentalmente a distancia a un rango muy amplio de actividades corporales y mentales. Entre estas actividades se incluyen la habilidad de una persona situada a distancia para concentrarse y enfocar su atención.

6. La capacidad de manifestar estos efectos está ampliamente distribuida en la población pero, con la práctica, se ha logrado una importante mejoría en los resultados obtenidos con algunos influenciadores. Parece que la sensibilidad a estos efectos está normalmente distribuida en la población de los voluntarios que participaron en sus experimentos.

7. Basado en los resultados cuantitativos y estadísticos, los efectos de la influencia mental a distancia son relativamente confiables y robustos.

8. La magnitud de los efectos puede compararse favorablemente, en ciertas condiciones, con la magnitud de los efectos de la autorregulación. En algunos casos, los resultados son dramáticos y pueden compararse con los producidos por los estímulos físicos.

9. Las personas que tienen una mayor necesidad de ser influidas (aquellas para quienes la influencia es más beneficiosa) parecen ser más susceptibles a estos efectos.

10. Los efectos pueden ocurrir sin que el influenciado tenga conocimiento de la influencia.

11. Es posible que una persona evite o bloquee una influencia no deseada.

12. El efecto puede ser intencionalmente enfocado o restringido a uno o varios parámetros fisiológicos.

13. Los sistemas vivientes pueden ser influenciados bidireccionalmente; es decir, la actividad influenciada puede incrementarse o disminuirse.

14. La susceptibilidad a la influencia mental a distancia, parece asociarse a la actividad geomagnética. En efecto, los sistemas blanco son más activos y más fáciles de influir cuando la actividad del campo geomagnético está muy aumentada.

15. La influencia mental a distancia, en la dirección esperada, parece ser más exitosa cuando las intenciones y las imágenes del influenciador están enfocadas específicamente en la actividad deseada.

16. La atención, por sí sola, puede influir a la persona distante o a otro sistema viviente aún en ausencia de la intención para que se produzca el cambio deseado, lo que se evidencia en los estudios de la detección fisiológica de la observación a distancia.

17. El grado en el cual uno es capaz de influir a otros o ser influenciado por otros a distancia está relacionado con varias características psicológicas, tales como la habilidad para concentrarse o ser absorbido por lo que se hace, el grado de introversión y el grado de estrés.

18. Los efectos de las influencias mentales a distancia han sido reproducidos por varios laboratorios, en diferentes países.

19. Los efectos no ocurren siempre. Entre los factores que aumentan las posibilidades de éxito en los experimentos están las creencias, la confianza, las expectativas positivas y la motivación apropiada. Entre los factores que disminuyen las probabilidades de éxito están el hastío, la ausencia de espontaneidad, el estado de ánimo del influenciador o del influenciado, la poca conexión emocional entre el influenciador y el influenciado y el esfuerzo egocéntrico excesivo por parte de los participantes.

20. Unos de los posibles mediadores físicos de la influencia mental a distancia, podrían ser las radiaciones de frecuencia extremadamente bajas, que pueden viajar grandes distancias y son capaces de penetrar blindajes; sin embargo, no parecen ser suficientes para transportar rápidamente informaciones extremadamente detalladas y complejas.

21. Las influencias mentales a distancia y otros eventos paranormales podrían representar nuestra vía para informarnos sobre lo profundamente interconectados e interrelacionados que estamos.
Una mayor apreciación de nuestra interconexión podría generar los más grandes sentimientos de compasión y recordarnos que nuestros sentimientos, pensamientos y acciones pueden afectar directamente a otros seres vivientes y al ambiente, para que así incrementemos nuestra responsabilidad hacia otros y hacia el mundo en general.

22. Las evidencias apuntan a que la conciencia no es local porque las influencias mentales a distancia ocurren no localmente. Adicionalmente, la conciencia sería omnipresente e inmortal.

En 1999, Sheldrake describió los experimentos que realizó con participantes en seminarios y conferencias, los practicados por maestros con sus alumnos en las escuelas de Connecticut, en los Estados Unidos y los realizados por voluntarios reclutados mediante avisos publicados en la revista New Scientist, en el canal de televisión Discovery y en el Internet. En estos ensayos las personas trabajaban en pares; una de ellas (el sujeto) se sentaba en una silla, dándole la espalda al otro individuo (el observador).
La distancia entre ellos era de un metro o más. Se sentaron en lugares donde no existían superficies (espejos o ventanas) que reflejaran la luz, para que el sujeto observado no pudiera ver al observador. En una serie de experimentos, el observador dirigía su mirada a la espalda del observado o desviaba su mirada hacia otro sitio y pensaba en algo diferente (control). El observador le indicaba al sujeto, mediante un sonido, el momento cuando el ensayo comenzaba y el observado contestaba si estaba siendo observado o no. El observador registraba los resultados en una hoja de papel, con dos columnas tituladas: “está mirando” o “no está mirando”.

La secuencia de miradas o no miradas se determinó al azar, lanzando una moneda antes de cada prueba. Luego, el observador le informaba al sujeto si la respuesta había sido correcta o incorrecta. Normalmente, los sujetos respondían en los primeros 10 segundos pero, si no lo hacían, se les exigía que respondieran a los 20 segundos. En 10 minutos podían hacerse de 10 a 20 ensayos. Posteriormente, los participantes cambiaban su papel y realizaban una nueva serie de ensayos. El hallazgo más destacado de este trabajo fue la tendencia de los sujetos a responder más correctamente cuando eran observados que cuando no lo eran. El 58,5% de las respuestas fueron correctas cuando eran observados, comparado con el 48,5% de los períodos control (no observación); los hallazgos fueron estadísticamente significativos. El mismo patrón de resultados se observó en cuatro series de experimentos: en escuelas de Alemania y Estados Unidos , en experimentos realizados en escuelas de Connecticut y en los realizados por voluntarios.

Fuente.

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Publicado por en noviembre 9, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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