RSS

Visiones compartidas y Más Allá de las alucinaciones

09 Oct

Por Francisco Máñez

visiones_0061.png

Existen algunas condiciones en que la realidad está restringida a un número concreto de observadores -sufriendo alteraciones- sin que el resto puedan tener constancia de lo sucedido (zona B). En ocasiones, los fenómenos son observados por «varios testigos o sus protagonistas se reúnen expresamente para observarlos o provocarlos (por ejemplo, sesiones con los médiums). El colapso establecido no sufrirá variación alguna debido a que la inmensa mayoría de los seres mantendrán el hábito general adquirido (zona A).

IMG_20161009_165746.jpg
El caso puede revestirse de un carácter espectacular cuando el número de testigos es numeroso, como «la danza del Sol» del 13 de octubre de 1.917 vista por más de 70.000 personas durante las apariciones de la Virgen en Fátima, de la cual sólo queda el testimonio de los presentes, pues ni nos han llegado fotografías, ni existen registros astronómicos de anomalías solares.
Estos sucesos son llamativos pero relativamente escasos, la norma es que ocurran a nivel privado. A los que nos hemos dedicado a la investigación de los fenómenos paranormales, suelen llegarnos historias personales imposibles de verificar: un horno de microondas que pese a estar desenchufado desde la noche anterior comienza a realizar fuertes ruidos, y cuando la mujer alarmada hace subir al portero de la finca cesan los golpes metálicos, o una planta que «baila» (en el laboratorio no lo repitió jamás). Solemos explicarlos en base a la causas conocidas, de lo contrario hablamos de alucinaciones visuales y acústicas consiguiendo hacer dudar al testigo de su lógica y su estabilidad mental. No es por lo tanto extraño que dada las responsabilidades laborales, sociales o políticas, algunos testigos insistan en guardar el más absoluto secreto sobre lo que están contando.
Cada uno de nosotros incluye en sí mismo a todo el colapso establecido que es compatible con los demás, y a los manifestaciones propias personales. Para cualquier individuo en la realidad común (zona A) existen menos fenómenos que en las realidades compartidas (zonas B) y en éstas menos que en la realidad individual. Si queremos hacer una comparación con un modelo matemático, se puede afirmar que el resultado de la suma es menor que los sumandos. Algo que contradice nuestra lógica de las cosas.
Sensaciones físicas, sentimientos, acciones, pensamientos, reflejos y emociones, todo lo que compone el universo particular de cada ser vivo, genera infinitas ondas de probabilidad que chocan y se acoplan con las producidas por sus congéneres. Los puntos de choque y acoplamiento estructuran a la naturaleza, pero en la propia onda existen otras posibilidades potenciales que no se plasman en el mundo físico, y que solamente pertenecen a su creador. Esas posibilidades llegan a manifestarse en la intimidad, cuando no existe nadie para obstaculizar su desarrollo y el sujeto se encuentra en un estado (natural o provocado) en que su mente se independiza de lo establecido. Su cuerpo y sus sentidos físicos percibirán cosas cotidianas unidas a cosas extraordinarias siempre dependientes de su idiosincrasia personal.
Algunas personas experimentan esa extraña mezcla de mundos, siendo conscientes de que su estado mental no es el común, y viendo como se manifiestan fenómenos paranormales en una incorporación de sus realidades particulares a la compartida con el resto los de humanos.

Aceptamos la existencia de un fenómeno, el desarrollo de un acontecimiento o la realidad de un objeto, cuando se puede compartir con más de una persona. El método científico fue creado siguiendo esta configuración del pensamiento, lo que provocó que disciplinas como la psicología no fueran aceptadas en un principio dentro de las ciencias. Incluso hoy en día es una disciplina molesta para los sujetos de mentalidad materialista y determinista. Se ha llegado a afirmar que desaparecerá en su momento frente al avance del resto de neurociencias. En la lucha por mantener su posición, la psicología olvidó su propio nombre (estudio del alma) intentando dirigir exclusivamente su labor según el método científico. Para ello se vio obligada a encasillar las experiencias personales extrañas como ilusiones o alucinaciones de cosas inexistentes. Al encontrarse la inducción incapacitada para explorarlas e investigarlas se tuvieron que apartar como cosas no reales. El punto más extremo se presentó cuando un fenómeno era observado por varios testigos dignos de crédito, viéndose en la necesidad de hablar de alucinaciones colectivas o de contagio de sensaciones.
Frases del estilo de «si no lo veo no lo creo» o «ver para creer», son claras representaciones del espíritu reinante. Al igual que los que niegan la llegada del hombre a la Luna, en referencia a los fenómenos paranormales, refutan todo aquello que se aleja de las leyes conocidas y de las creencias personales.
Decir que algunos animales no ven los colores es erróneo. No los ven porque no existen, pues se trata de una traducción cerebral humana. El ojo capta ondas electromagnéticas enviándole señales al cerebro que se convierten en luz y color. El cerebro percibe lo que está marcado para percibir. Fuera de él tampoco existen los sonidos, sólo variaciones en la presión del aire. Tampoco existe el calor o el frío, sólo moléculas en un movimiento especial. Nuestro sistema sensorial crea estímulos, y el cerebro da forma a un mundo repleto de sensaciones. La comprensión humana del mundo se ve restringida por estas limitaciones mucho más de lo que se puede llegar a creer en un principio, y si alguien sufre una modificación de la traducción cerebral es inculpado de padecer desordenes mentales.
La demencia y los estados transformados de consciencia han sido confundidos demasiadas veces, lo que nos ha llevado a introducir todo en el mismo saco. En muchas ocasiones hemos hecho lo mismo que planteó Ray Bradbury, en una historia de ciencia-ficción, cuando una raza extraterrestre con un sistema sensorial distinto llega a pensar que los terrestres sufrimos serias alucinaciones internándonos para someternos a tratamiento.
No se puede estudiar la alucinación en sí como un síntoma simple y elemental, sino que se debe considerar siempre en relación con la circunstancia de la que forma parte. En la introspección mística, por ejemplo, el fenómeno de la alucinación es un paso obligatorio al estado espiritual de elevación. El hombre o la mujer que de forma voluntaria o espontánea tomen este camino padecerá una crisis de demencia, corriendo el peligro de quedar enganchado en el conflicto interior si su ánimo no consigue sobreponerse. Se debe tener un alma fuerte y férrea preparada para luchar. La disolución de la consciencia va a producir sensaciones no precedidas de señales en los sentidos, una alteración global, en diversos grados, de los mecanismos intelectuales que producirá la imposibilidad del empleo ordinario del pensamiento racional y de la realización de otras operaciones mentales comunes.
Así como la neurociencia actual tacha de sufrir una patología mental a todo aquel que presente estos estados intentando frenar la enfermedad, muchas escuelas religiosas, brujos y chamanes de diversas culturas, además de preparar a sus discípulos para el desequilibrio del alma, esperan su evolución pues al final la persona obtendrá una nueva nivelación espiritual, un sosiego acompañado del éxtasis y de revelaciones.
La literatura mística se encuentra repleta de descripciones de alucinaciones. Es muy común que los cristianos las atribuyan a Satanás, pues con ellas intenta atraer al mortal para que no pueda obtener la unión espiritual con Dios. El Demonio se presenta en forma de serpiente, o es una mujer hermosas, o promete todos los bienes terrenales conocidos. El místico no debe hacer caso a las visiones. Si consigue templar su alma y responder con la fe, Satanás se retirará dejando paso a la comunión del creador. En el momento del éxtasis exalta al máximo el sentimiento vital, perdiéndose por lo general el sentido de la realidad cotidiana. Un ánimo gozoso y apacible desplaza a los demás sentimientos. En un estado de plena vivencia religiosa en el que el sujeto experimenta una despersonalización, sintiendo su interior lleno de una presencia sublime. Todos los místicos de todos los pueblos han luchado contra la locura y contra las alucinaciones sin considerarlas irreales. Buda mantuvo una lucha interior contra el demonio Mâra resistiendo sus tentaciones, y Cristo hizo lo mismo en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches.

El fenómeno de ver formas, siluetas y seres extraños no es exclusivo de aquellos que han escogido el camino de la meditación profunda  o de la introspección mística. Dentro de la realidad personal de cada uno llegan a aparecer delante de los sujetos en momentos en que el tono mental disminuye. Los casos espontáneos en que una mujer o un hombre han sido testigos de una aparición, o han viajado  a otras realidades, es una tenaz constante de la historia de las narraciones humanas.

Fuente: Extractos de Cuando la razón duerme (Ed. Tetragrama 1997)

 

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en octubre 9, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: