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No somos nuestra personalidad

24 Ago

Por M. de la Herrán

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La subjetividad no es la personalidad. Una “personalidad” podría almacenarse y reproducirse de alguna forma mediante soportes informáticos. Probablemente ya se puede o se podrá algún día reproducir hasta el grado de detalle deseado una personalidad cualquiera, como la mía, en un computador. Pero no sería yo (aunque, como en el caso anterior, el computador afirmaría ser). No sería el auténtico yo subjetivo (el mío). En conclusión, ni la muerte del cuerpo ni la muerte de la personalidad son la muerte del yo. El yo muere o podría morir en el caso de que desapareciera la subjetividad sensible. Y la subjetividad nada tiene que ver con el resto de cosas conocidas. El yo sensible varía porque varía aquello que se siente o percibe. Pero la subjetividad auténtica no tiene personalidad, y no se fundamenta en aquello que siente, sino en sentir, en el propio hecho de existir, y por tanto son idénticas la mía, la tuya o la de más allá. La personalidad perece, los sentimientos cambian, pero la subjetividad es.

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La siguiente figura trata de ilustrar la exposición anterior. Sin tratar de hacer un análisis exhaustivo, podemos identificar un cuerpo, yo material o yo físico, compuesto por nuestros átomos, células etc. Este yo físico cambia constantemente (en el tiempo). Un yo físico determinado se definiría como una configuración espacio-temporal de la materia de entre las muchas posibles. En una analogía informática, serían “los datos”, y podría identificarse un yo material (nivel léxico) descrito por elementos y un yo funcional (nivel sintáctico) descrito por elementos y sus relaciones o estructura. En una analogía literaria se trataría del texto y de su estructura gramatical.

Existe también un yo psicológico que es nuestra personalidad o nuestra mente. El yo psicológico al igual que el cuerpo, cambia constantemente y puede o podría ser replicado, sin que la réplica fuera el auténtico yo. Para replicar un yo psicológico no es necesario replicar el yo material, es decir, no hace falta usar células naturales o biológicas (nivel léxico), y ni siquiera hace falta que las células artificiales estén organizadas en la misma estructura que en el cuerpo origen (nivel sintáctico) para poder replicar una personalidad. Un yo psicológico se define como un conjunto de reglas que configuran un sistema de comportamiento, de los muchos posibles. En una analogía informática, sería un algoritmo o proceso de cálculo, de los muchos posibles que se pueden representar con esos tipos de datos (nivel semántico). Los métodos Bottom-Up de Inteligencia Artificial (como las redes neuronales) tratan de crear un yo psicológico artificial intentando replicar lo más fielmente posible el yo físico natural. Los métodos Top-Down de Inteligencia Artificial (como los sistemas expertos) también tratan de crear un yo psicológico artificial pero no tienen en cuenta el yo físico natural y tratan de imitar directamente el yo psicológico natural. En la analogía literaria se trataría del significado literal del texto.

Existe un yo sensible que se define como el conjunto de sensaciones sentidas del conjunto de las posibles. Una analogía informática de yo sensible, sería el algoritmo en ejecución (nivel ejecutivo). La replicación del yo físico produciría a su vez una copia del yo psicológico, quien presumiblemente tendría las mismas sensaciones que el yo sensible (se ignora para este análisis el hecho de la necesidad de replicar el entorno, es decir, el hecho de que dos objetos, o bien no ocupan la misma posición en el espacio, o bien no la ocupan en el tiempo). Tanto los dos programas en ejecución, como dos seres humanos vivos, siendo uno copia de otro, tendrían similares cuerpos (datos, instrucciones), personalidades (algoritmos subyacentes a esos datos e instrucciones) y sentimientos (“ejecuciones” o “corridas” y sus resultados). En la analogía literaria se trataría del significado profundo del texto, del tema, el mensaje, el fondo.

El yo subjetivo sería el quién receptor de toda la gama de sensibilidades que forman el yo sensible producidas por el yo psicológico gracias al yo físico. El hecho de sentir algo determinado se encontraría a nivel de yo sensible. El quien siente ese algo sería el yo subjetivo. En las analogías, el yo subjetivo sería, o bien el algoritmo, o bien el texto, como conceptos. Si el algoritmo tiene un nombre (de programa) y el texto tiene un título, elyo subjetivo del algoritmo y de la novela serían aquello a lo que su nombre o título hacen referencia.

Para ajustar mejor la analogía, no pensemos en un algoritmo o un libro estático, que no cambian en el tiempo, sino en algo en lo que alguien está trabajando, y que se modifica día a día. Supongamos que el autor (del algoritmo o del libro), ejecuta (corre) o lee su algoritmo o libro diariamente, y modifica su estructura, su significado literal y hasta su misión o tema principal. El programador o escritor puede tanto añadir como eliminar partes de su algoritmo o libro sin que el algoritmo o libro como conceptos desaparezcan. Pero no sólo eso. Incluso pudiera ser que por problemas técnicos, se borrara completamente toda la información, se borrara el disco donde está almacenado el algoritmo o se borrara el soporte del libro. Aunque se perdiera temporalmente su disponibilidad, el algoritmo o libro como idea, como concepto, seguiría existiendo, y no sería tan costoso volverlo a recomponer como a simple vista pudiera parecer, ya que seguiría existiendo como concepto en la mente de su creador.

El siguiente gráfico representa la jerarquía anterior con algo más de detalle. El cuerpo material contiene el cerebro material, y forman el yo físico. La personalidad (interior) y el comportamiento (exterior) forman el yo psicológico. Los sentimientos son manifestados mediante nuestra emotividad.

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Cerebro, Personalidad y Sentimientos son aspectos internos de nosotros mismos, mientras que Cuerpo, Comportamiento y Emotividad son externos y nos permiten comunicarnos con otras personas.

Fuente.

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Publicado por en agosto 24, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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