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Psicoimágenes ¿Creaciones de la mente o mensajes del más allá ?

16 Feb

Por Francisco Máñez, José Roselló y Jacques Fletcher

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Desde hace algunos años un extraño fenómeno trae de cabeza a los parapsicólogos: ¿Cual es el origen real de esas extrañas imágenes que algunos investigadores han podido grabar sobre la pantalla de sus televisores? ¿ Se trata de escenas del mas allá o, por el contrario, son creaciones inconscientes de nuestra mente? Este trabajo de investigación ofrece algunas respuestas clave a estas incógnitas.

El fenómeno de las “imagenes del más allá” es tan antiguo como la invención de la fotografía y, sin duda uno de los más escurridizos a los que se enfrenta la parapsicología. En plena edad dorada del espiritismo fueron célebres fotografías en las que se apreciaban rostros y objetos invisibles al ojo humano en el momento de disparar las cámaras. Su origen planteó serias discusiones entre los defensores de las manifestaciones de espíritus quienes sostenían otra clase de hipótesis. Con la aparición durante los años sesenta del psíquico norteamericano Ted Serios, capaz de plasmar su pensamiento en placas fotográficas, la opinión de los parapsicólogos pareció decantarse hacia  la segunda posibilidad.

La irrupción de las videocámaras domésticas ha dado un nuevo un giro a este fenómeno, ya que convierte en verosímil la comunicación con los muertos a través de medios tecnológicos. Semejante idea se acuñó originalmente en 1959 gracias a las investigaciones de Friedrich Jürgenson, un pintor y director de documentales que, tras largos meses de entrenamiento consiguió grabar en cintas magnetofónicas varias voces de seres humanos supuestamente fallecidos. Tras sus meritorios trabajos, investigadores como Constantin Raudive o el sacerdote católico Leo Schmidt reforzaron la tesis espiritista para explicar lo que se denominó psicofonía.

LA TRANSCOMUNICACIÓN

Hoy al posible contacto con el «más allá» a través equipos técnicos se le conoce como transcomunicación y abarca desde atípicos mensajes en programas de ordenador hasta extrañas llamadas telefónicas o avisos anómalos en contestadores automáticos. Pero es la obtención de imágenes en monitores de televisión la fórmula de comunicación que ha alcanzado mayor fama y difusión.
En 1989 comenzamos a explorar en laboratorio la autenticidad del fenómeno con un método sencillo: creamos una especie de circuito cerrado formado por una videocamara encarada hacia un televisor. Con ello se consigue un efecto de retroalimentación que da lugar a una serie de luces y flashes sobre la pantalla en las que -observadas después fotograma a fotograma- se perciben formas coherentes. El aspecto de estas formaciones puede atribuirse al azar, aunque guarden un orden dentro del caos: Nuestra clasificación incluía ciertos tipos de imágenes recurrentes: paisajes que recordaban vistas lunares o marcianas,ríos, islas, continentes fotografiados por satélite, y hasta algunas de aspecto espacial como astros, cúmulos de estrellas, galaxias y nebulosas. Sin duda se trataba de objetos fractales que después comparamos con los generados mediante programas informáticos. Los fractales son una teoría matemática y un método con el que hoy es posible analizar fenómenos en apariencia aleatorios, como puede ser la forma de una costa, de una nube o incluso de una obra de arte.

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Una primera subdivisión de nuestros fractales contenía además de rostros como los obtenidos por algunos investigadores, dos clases de imágenes que parecían reforzar la hipótesis espiritista: las denominadas «escenarios», consistentes en escenas dudosas en las que se adivinan siluetas de personas, y las que llamamos «Bélmez» al tratarse de rostros que, al igual que las famosas teleplastias de Bélmez de la Moraleda (Jaén), parecen fundirse entre sí, por ejemplo, el ojo de una figura sirve también para otra, o la nariz de una crea a su vez la boca de otra.
Sin embargo, en una ocasión y de modo casual, apareció una estrella de cinco puntas probablemente relacionada con un trabajo paralelo que estaba realizando Francisco Máñez con las cartas Zener, utilizadas en la experimentación de percepción extrasensorial. Aquel suceso dio pie a intentar obtener imágenes de objetos previamente determinados. Un paso avanzado se logró al conseguir, bajo concentración, un óvalo luminoso similar a la máscara del popular héroe de ficción Spiderman. No obstante, al existir aún la posibilidad de que todo se debiera a contactos con espíritus, intentamos comprobar si los resultados se adaptarían a otros temas afines elegidos con antelación. Se operó fundamentalmente en el campo de la ufología, lográndose al poco tiempo imágenes de OVNIs, e incluso de supuestos alienígenas de gran cráneo.

Ante los resultados obtenidos adelantamos una posible  explicación al origen de las psicoimágenes. Durante el efecto de retroalimentación habíamos observado anomalías luminosas que clasificamos en dos grupos: el viaje o tunel, consisten en un continuo desplazamiento a través de la luz hacia el fondo de la pantalla, y la reja, una serie de barras que se cruzan formando rombos y cuadrados. Sus diferentes combinaciones proporcionan como resultado manchas luminosas que se estructuran dando lugar a rostros y objetos. Aquello recordaba en exceso a las visiones sufridas bajo estados alterados de consciencia en las que predominan cuatro constantes geométricas básicas: la espiral, el túnel o embudo, la telaraña y el enrejado. Y es que resulta más tangible la relación entre las psicoimágenes y las visiones psíquicas, si tenemos en cuenta que tanto en las alucinaciones como en las psicoformaciones, los objetos vistos pueden repetirse hasta la saturación.

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SIMBIOSIS MENTE-MÁQUINA

Si las neuronas sobreexcitadas reaccionan igual que las ondas, tal y como algunos psicólogos plantean, cabe especular con que las psicoimágenes estén registrando observaciones visuales descritas durante la introspección mística, o incluso reflejen la capacidad artística del cerebro humano. Nuestra sospecha se vio pronto reforzada cuando obtuvimos un tipo de imágenes que designamos «pintogógicas» (que inducen a la pintura), consistentes principalmente en trazos dadaístas que, como en este movimiento literario y artístico, eran de una belleza opuesta al orden y a las leyes de la lógica. Un pintor español de talla universal, Salvador Dalí, estampó en algunas de sus obras unos rasgos claramente influenciados por el dadaísmo, el cubismo y el surrealismo.

Su pintura metafísica, onírica y delirante es muy semejante a las formaciones logradas durante nuestra investigación, aunque carezca de realismo pictórico.
No nos sorprendió  que entre dos sistemas capaces de elaborar los mismos efectos visuales (el cerebral y el técnico), pudiera producirse un acoplamiento capaz de trasladar los potenciales mentales al televisor, aunque no siempre con total exactitud. Las sesiones en que varios sujetos intentaban concentrarse en una figura determinada, se veían coronadas por el éxito en contadas ocasiones; sin embargo observamos que, si se mantenía una conversación significativa pero al mismo tiempo ligera sobre alguna imagen en concreto, los frutos eran más sustanciales. La clave de este hecho podría encontrarse en la teoría de W. Carrington que interpreta la telepatía y otros fenómenos paranormales como si se tratase de una asociación de ideas. Carrington acuñó el termino «psicón» para definir una idea concreta como si se tratara de una entidad en sí misma. De esta forma un solo psicón genera grupos de otros psicones de características similares pero nunca iguales. Se explicaría entonces por qué en telepatía el receptor no capta un pensamiento puntual, sino un símil del mensaje emitido. Algo parecido sucede en las pruebas entre las imágenes elegidas y las psicoimagenes  obtenidas.

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La más clara muestra de esta teoría, ocurrió con las imágenes de humanoides y de OVNIS que obtuvimos. Aunque mediante la concentración de grupo en retratos robot de estos seres no se conseguía nada era relativamente sencillo captarlos en el monitor durante una experimentación aislada, cuando se entablaba un diálogo entre varios participantes. Tanto es así, que además de estos semblantes se consiguieron objetos, marcadamente parecidos a los de la realidad cotidiana (por ejemplo un jarrón), e incluso figuras y siluetas relacionadas con  épocas del año y situaciones concretas(rostros que recordaban a Santa Claus en Navidad o a un líder político durante el debate del estado de la nación)

SOÑANDO PSICOIMAGENES

Una singular y en extremo sugestiva variante  conseguida por José Roselló del efecto producido por la cámara y el monitor, corroboró por un lado la relación entre la naturaleza de las psicoimágenes y las visiones interiores, y por otro, la influencia de la psique sobre la retroalimentación, al poder influir parcialmente en ella. Denominados «geometria de la luz» por su descubridor, en el monitor recogimos círculos en movimiento rodeados de elementos variables, discos caprichosos, esferas equilibradas en rotación, y un sinfín de variantes circulares que inmediatamente relacionamos con los mándalas, figuras arquetípicas estudiadas por Jung. Varias personas a las que les mostramos las grabaciones, aseguraron que aquellas imágenes les eran familiares, encontrando similitudes con otras percibidas durante el sueno, incluso varios consultados tuvieron la sensación de haberlas «experimentado» en su vida anímica de una u otra forma. Una vez más, nos inclinamos a considerar que mediante la técnica estábamos reproduciendo materialmente manifestaciones mundo psíquico. La geometría de la luz se produce al multiplicar a alta velocidad una misma figura luminosa, hasta que llega a perderse formando algo insospechado. De igual modo, si las neuronas actúan como patrones de ondas, al ser sobrexcitadas pueden, con su actividad inusual, proporcionar una idéntica configuración a las visiones.

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¿ESPÍRITUS O PODER MENTAL?

La historia de la ciencia demuestra que viejas ideas descartadas por su apariencia absurda han resultado después ser válidas en cuanto se cambia de paradigma. Mientras que en la ultimas décadas el cerebro ha sido considerado un órgano bioeléctrico generador de sentimientos y sensaciones, trabajos recientes indican que puede actuar como glándula que reacciona  ante las hormonas propias y las producidas por otros organos.
La acetilcolina relacionada con la memoria, la encefalina o la dinorfina, asociadas con las sensaciones de miedo y paz son elaboradas también  por la pituitaria, los adrenales (que están cerca del riñón), el intestino y las gónadas (testículos y ovarios). Ante esto, después de menospreciar durante años las localizaciones de sentimientos realizadas por los antiguos (el amor en el corazón, el valor de los organos genitales), nos vemos obligados a reconocer que en absoluto parecen tan descabelladas.

Con la parapsicología pasa algo parecido. En lo más hondo de la disciplina se encuentra incrustado un paradigma general defendido de una forma por la mayoría de la comunidad científica y de otra bien distinta por los esoteristas, con sus concepciones energéticas y sus relaciones de causa efecto. Quizá por ello nos resulten incomprensibles los hechos que estudiamos, al haberlos encuadrado y clasificado en extremo y al haber producido dos explicaciones antagónicas, la espiritista y la animista, cuando en realidad ninguna de las dos ha conseguido una clara interpretación de los fenómenos.

Las psicoimágenes ofrecen un amplío abanico de oportunidades para la investigación parapsicológica al permitir la rápida generación de formas fractales y el análisis de sus concordancias con la psique humana, e incluso animal. La estructura de la mente y su interrelación con el mundo podría tener una base matemática mucho mayor de lo que jamás hubiera imaginado Pitágoras, pues las psicoimagenes podrían dejarnos acceder de forma material al hasta ahora esquivo reino de la mente.

 

Fuente: Año Cero 6 (56)

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Publicado por en febrero 16, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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