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La comunicación con los muertos es posible tecnológicamente.

10 Ene

Por Ernst Senkowski

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Los medios de comunicación con el más allá han ido enriqueciéndose gracias al concurso de las nuevas tecnologías desarrolladas por el hombre, comenzando a quedar desfasados los tradicionales métodos de contacto como la ouija, la escritura automática y hasta el trance mediúmnico. En nuestros días los ordenadores y los videos se han demostrado como canales mucho más eficaces y demostrativos de la existencia de alguna forma de vida más allá de la muerte. A estos nuevos intentos de contacto los conocemos ya como “transcomunicaciones”, y para explicarnos la verdadera amplitud del fenómeno contamos en esta ocasión con la colaboración inestimable del catedrático alemán Ernst Senkowski, considerado por sus colegas como el mayor experto mundial en este campo.

En términos sencillos la comunicación puede definirse como un intercambio de información entre dos interlocutores o sistemas abiertos que se influyen recíprocamente. Las señales especiales que envía uno de ellos “transportan” información por el espacio-tiempo y son recibidas por el otro. De esta forma, pueden distinguirse diversas formas de comunicación, como las que especificamos en la Tabla 1.

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El ámbito de la comunicación orgánica normal, que tiene lugar mediante nuestros órganos sensoriales, está limitado al entorno inmediato. Por ello, buena parte de nuestros esfuerzos técnicos contemporáneos se han centrado en diseñar dispositivos técnicos como el teléfono o la radio, con el fin de salvar las distancias largas. Ambos aparatos se utilizan constantemente en nuestra vida cotidiana y son aceptados por la Ciencia. Por el contrario, otros sistemas, mucho más antiguos por cierto, como la comunicación telepática, son a menudo calificados de “paranormales” y suscitan el rechazo de la mayor parte de los científicos. La razón es clara: éstos carecen de una teoría razonable que explique los resultados objetivos obtenidos por investigadores de este fenómeno que, por lo demás, suelen ser muy respetables. Es evidente que hay algunos factores importantes que impiden que se admita oficialmente la realidad de las comunicaciones telepáticas: por un lado, no se pueden descubrir portadores energéticos de señales mensurables; por otro, la distancia en el espacio-tiempo entre dos interlocutores deja de ser pertinente. Las consecuencias que traería consigo reconocer la realidad de la comunicación mental entre los habitantes de este planeta serían impresionantes: al quedar demostrado que todo y todos somos interdependientes y que nada ni nadie puede ser separado, las concepciones del mundo generalmente aceptadas se vendrían abajo.
Pero, además, la comunicación extraordinaria presenta al menos otro aspecto más que es importante: si no se descarta categóricamente la posibilidad de una vida consciente después de la muerte, entonces los llamados muertos podrían entrar en contacto telepático con médiums psíquicos para transmitir mensajes del más allá a nuestro mundo, lo cual coincidiría con las tradiciones espirituales y con las experiencias prácticas de las sesiones.
El momento actual que atraviesa la humanidad tiene como característica acusada la manipulación técnica de la materia y la energía que, entre otras cosas, produce aparatos electrónicos sensibles. La transcomunicación instrumental, tal como se ha producido durante las últimas cuatro décadas, parece combinar las facultades telepáticas de los investigadores humanos con las interacciones psicofísicas entre la mente y la materia-energía, para dar como resultado la documentación por medios técnicos de comunicaciones procedentes de otros planos de conciencia. La mayoría de estos transcontactos se manifiestan bajo distintas formas audiovisuales gracias al concurso de aparatos de uso doméstico corriente o, en casos más raros, de dispositivos especiales. En este sentido, el término “instrumenta!” debe considerarse como una abreviatura de “con apoyo técnico” o “asistida técnicamente” y el prefijo “trans” se refiere fundamentalmente al proceso de trascender la frontera o espacio virtual que separa nuestra conciencia en estado de vigilia de las esferas mentales hasta ahora inconscientes (Véase Tabla 2).

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LA TRANSCOMUNICACIÓN INSTRUMENTAL: LOS HECHOS

Desde principios de este siglo se tienen noticias de muchos intentos precursores de entrar en contacto con los difuntos por medio de aparatos electromecánicos. Algunos de ellos -si hacemos caso de la bibliografía- tuvieron éxito. Célebres inventores como Marconi, Edison y Tesla pretendían salvar la distancia que hay entre los dos mundos utilizando medios técnicos. En este mismo período, los médiums psíquicos predijeron repetidas veces la realidad futura de las comunicaciones con el más allá. Pero hasta que no se inventó el magnetófono y todo el mundo pudo adquirirlo fue imposible documentar las primeras voces inteligibles de origen aparentemente no terrestre durante la década de 1950 (Jürgenson, Raudive). Desde entonces, muchos centenares de personas de una docena de países han venido estudiando esas “voces en cintas magnetofónicas”. En la mayoría de los casos, cuando se repite la audición de una grabación anterior, resulta difícil captarlas y aún más difícil entenderlas. Pero, en ocasiones, aparecen voces claras y  comprensibles que dan los nombres de personas fallecidas, le hablan al investigador y responden a sus preguntas; además, describen con fidelidad el entorno geográfico y detalles de los experimentos, y aseguran una y otra vez que “ellos, los muertos, están vivos y que desean convencer de su existencia a la humanidad”.
Desde el principio resultó evidente que los fenómenos de voces electrónicas fugaces (con una duración media de un segundo y medio) de ningún modo constituían una forma de comunicación satisfactoria, la cual requeriría mensajes más largos o diálogos coherentes. Y, ciertamente, en ocasiones algunos investigadores han logrado captar directamente una voz procedente del altavoz de un receptor de radio, empleando una emisión radiofónica normal a modo de “materia prima” acústica para favorecer la formación de voces. Probablemente las primeras manifestaciones de las denominadas voces electroacústícas directas fueron las estudiadas y documentadas posteriormente en la pequeña ciudad italiana de Grosseto en la década de 1970, que consistían en mensajes y diálogos de varios minutos de duración (Bacci, Capitani). En los primeros años de la década siguiente, un técnico psíquico estadounidense presentó un total de veinte horas de comunicaciones en forma de diálogo utilizando un sistema especial ideado en colaboración con un físico y técnico en electrónica que había fallecido (Fuller). Por último, la aplicación de diversos métodos en Luxemburgo y en tres localidades alemanas ha dado como resultado más contactos en forma de monólogo y de diálogo, de calidad muy dispar (Locher, Harsch, Bruñe, Scháfer y Senkowski).

MUERTOS AL TELÉFONO Y EN TELEVISIÓN

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Las noticias de apariciones de voces extraordinarias en teléfonos se remontan nada menos que al año 1917. En reiteradas ocasiones se han producido llamadas de muertos, a veces en presencia de varios testigos. En 1980, dos experimentadores norteamericanos, Rogo y Bayless, publicaron los resultados de sus minuciosas investigaciones en un libro que alcanzó cierta popularidad. Por otro lado, una de las primeras series de llamadas totalmente documentadas comenzó en Alemania en 1981 y prosiguió con varias interrupciones hasta 1984 (Holbe). Es obvio que en esta cuestión de las voces telefónicas resulta difícil descartar la posibilidad de manipulaciones por parte de personas de nuestro mundo, si bien en éste como en otros casos el fraude parece improbable.
Pero hay más hechos curiosos. Durante muchos años las voces habían venido anunciando su inminente aparición en la televisión, o su “llegada” a la misma. Probablemente el primer caso se produjo en Italia en 1978. Las imágenes mostraban a conocidos de varios testigos. Por aquel entonces no se pudieron grabar en video, pero siete años más tarde, de nuevo el investigador alemán Holbe descubrió transimágenes aisladas entre las fluctuaciones caóticas que grabó mediante retroali-mentación enfocando una cámara de video hacia la pantalla de un televisor. Este método se ha utilizado con éxito en Italia, Suiza, Francia, España, Estados Unidos y, recientemente, en Austria. Por otra parte, desde 1986 se captaron en Luxem-burgo imágenes estáticas y secuencias breves en un televisor sintonizado con un canal que no emitía, efecto que confirmaron posteriormente tres investigadores alemanes.

COMUNICACIONES A TRAVÉS DE ORDENADOR

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Las primeras “perturbaciones” importantes que afectaron a un programa informático se registraron en Alemania en 1980, cuando el investigador pidió a las voces-entidades que intentaran provocarlas. Además, aparecieron una serie de letras, palabras y finalmente frases breves que se referían con claridad a un amigo difunto del investigador. Cuatro años después, un profesor inglés sin ningún interés por los fenómenos extraordinarios, recibió espontáneamente en su ordenador extraños mensajes de procedencia desconocida. Durante quince meses intercambió una serie de trescientas “cartas” en un “experimento de unión a través del tiempo”. Parece ser que un grupo de entidades avanzadas que vivían en el futuro, en el año 2019, habían conseguido unir nuestro presente de 1984 con nuestro pasado de 1546. El comunicante, llamado Thomas Harden, hablaba un dialecto del inglés afitiguo propio de su época y de su situación geográfica y afirmaba que vivía en su presente (1546) y que era consciente de estar en contacto con personas de su futuro (1984). La verdad de la existencia de Thomas y de algunos detalles de su vida podrían comprobarse debidamente acudiendo a los documentos antiguos de Oxford (Webster). Por último, en 1987 y 1989, en Luxemburgo y Alemania respectivamente, se iniciaron otras dos series de transcontactos en forma de diálogo por ordenador, las cuales prosiguen su curso en la actualidad.

ESTADO DE LA CUESTIÓN

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En el presente, la notable evolución de la transcomunicación instrumental en su conjunto se caracteriza por la recepción de mensajes relacionados entre sí en distintos “puntos de coordinación” por investigadores diferentes y mediante aparatos electrónicos diversos. Mientras que las voces en cintas magnetofónicas puede obtenerlas más o menos cualquiera que tenga el interés y la paciencia suficientes para continuar con sus experimentos, los contactos de orden superior siguen reservados a las escasas personas -especialmente dotadas, quizá- que se consagran de lleno a investigar, personas que comenzaron como todas las demás pero que, gracias a prolongados esfuerzos, han terminado por desarrollar sus propias facultades psíquicas.
Hoy en día contamos con cerca de cincuenta monografías sobre transcomunicación instrumental en media docena de idiomas y también con algunos boletines dé colectivos pequeños o asociaciones mayores que se han constituido en varios países. Por último, además de numerosos congresos nacionales, se han celebrado dos grandes conferencias internacionales dedicadas exclusivamente a la transcomunicación: la de Basilea (Suiza), en 1989, y la de Sao Paulo (Brasil), en 1992.

PROBLEMAS DE LA TRANSCOMUNICACIÓN

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La cuestión de la existencia de la transcomunicación instrumental debería interesar a cualquier científico con amplitud de miras. Si al profano sus efectos se le antojan obra de magia, a los físicos y a los ingenieros les resultan incomprensibles a la luz de sus ideas de manual. Por otra parte, los parapsicólogos están más familiarizados con la percepción extrasensorial (PES) y la psicocinesis (PK) que con la transcomunicación en sí misma. Los fenómenos de tipo poltergeist se manifiestan la mayoría de las veces en forma de actos incoherentes e incluso ridículos, realizados por fuerzas o energías desconocidas que en ocasiones revelan cierta inteligencia primitiva.

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Al parecer, en la transcomunicación instrumental se combinan los efectos psicocinéticos con información válida cuyas fuentes se nos escapan y trascienden el saber científico ordinario. No cabe duda de que tales fenómenos suscitan un elevado número de problemas que abarcan todo el espectro de las ciencias, desde la Filosofía y la Teología hasta la Física aplicada.
No hay actividad humana que esté exenta de fraudes, a pesar de que toda la vida social de los seres humanos esté fundamentada en la confianza. Puede que se den interpretaciones erróneas de las señales y de sus fuentes; pero, al menos que yo conozca, nunca se ha demostrado la existencia de manipulaciones intencionadas o de trucos. Lo que sí hay, en cambio, son datos que respaldan la autenticidad de los fenómenos en cuestión. Citemos sólo dos: ¿es razonable suponer que unos investigadores pertenecientes a una docena de países y que normalmente no intercambian información puedan tramar una conspiración mundial durante más de tres décadas? ¿Y qué decir de la evolución de los fenómenos a escala planetaria y nacional durante todos estos años?
Lamentablemente no se pueden identificar aún con precisión los “seres” o “entidades” que se presentan como fuentes o “transmisores” de transinformación. Basándonos en sus propias afirmaciones podemos determinar las fuentes posibles de transinformación, que son las que especificamos en la Tabla 3.

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El contenido y la forma de numerosos transcontactos, sobre todo de las voces en cintas magnéticas, corroboran la hipótesis espiritista de que los denominados muertos han encontrado nuevos medios para llegar hasta nosotros. Esta explicación es la más simple y -a la vez- la más probable. No hay manera de comprobar la identidad de las entidades no humanas y es sumamente difícil, si no totalmente imposible, hacerse una idea de sus características. Por otra parte, no debería olvidarse que el modelo materialista prefiere definir la transcomunicación como un producto de las desconocidas facultades creadoras inconscientes que poseen las personas vivas. Se ha observado que tanto los médiums telépatas como los encargados de manejar los aparatos electrónicos pueden perfectamente introducir de forma inconsciente algunas de sus estructuras mentales particulares en los mensajes del más allá, con lo que las fuentes de la mezcla resultante acaban siendo indiscernibles. No obstante, los transcontactos instrumentales presentan el aspecto de ser estructuras ajenas a nuestro mundo e independientes de él; estructuras que están más allá de nuestras propias creaciones.
Por lo que parece, las entidades pueden manifestarse en nuestro espacio y en nuestro tiempo, pero su existencia no se desarrolla en ellos. En otras palabras, las fuentes de transinformación son localizables. Los siguientes ejemplos, extraídos de tres diálogos distintos, resultan reveladores:

Pregunta: ¿Dónde te encuentras?
Respuesta: Pregunta equivocada.No hay ningún dónde.
P: ¿En qué tiempo vives?
R: En ninguno; el tiempo no existe.
P: ¿Dónde estás en este momento?
R: Entre este mundo y el otro.

Las hipótesis de los “universos paralelos que se entrecruzan” o de las “dimensiones superiores”, postuladas por algunos físicos, coinciden quizá con la idea de que existen “otras clases de conciencia (humana)” o de “espacios interiores”.

CÓMO SE PRODUCE LA TRANSCOMUNICACIÓN

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Con independencia de quién actúe entre bastidores y cuál sea su procedencia, siguen siendo un misterio las influencias que hacen que nuestros dispositivos electrónicos emitan transinformación en formas audiovisuales. En términos generales, los efectos producidos podrían considerarse como casos especiales de interacciones psicofísicas que no encajan en los esquemas de la ciencia actual. Los intentos de explicación realizados por las transentidades no sirven para casi nada. En el mejor de los casos constituyen un conjunto de afirmaciones vagas que apuntan hacia unas hipótesis modernas que deberían ampliar -en gran medida- nuestra concepción del mundo, como sucede, por ejemplo, con la “física de la conciencia”, “los campos morfogenéticos”, “las ondas escalares (de Tesla)”, “las ondas gravitatorias”, “la manipulación del tiempo” o simplemente “la adaptación de estructuras psíquicas distintas”. En ocasiones, a la persona viva se la denomina “antena” de “vibraciones superiores” o de “luz espiritual”. Si esto es cierto, entonces nuestros dispositivos técnicos no resultan afectados directamente desde el más allá y lo más probable es que el investigador entre en contacto telepático y se activen sus facultades psicocinéticas intrínsecas, que son las que influirían sobre los aparatos.
Puede resultar bastante difícil llevar a cabo este proceso de comunicación sin que intervengan fuertes distorsiones; y además parece imposible mantenerlo durante mucho más de dos minutos. La impresión que suscita la observación de los fenómenos es que las personas fallecidas que producen las voces de corta duración en las cintas magnetofónicas no tienen suficiente control del proceso, mientras que los llamados “seres superiores” lo dominan en mayor medida. En nuestro plano de realidad, “las técnicas no sustituyen al poder del pensamiento”. Nuestros transinterlocutores han declarado que tienen que hablar un lenguaje para niños y proyectar imágenes que podamos reconocer. Por consiguiente, debería evitarse la imprudencia de dar una interpretación textual a los mensajes procedentes de los transeres, sea cual sea su naturaleza. El único hecho demostrado es la semejanza o identidad de los contenidos recibidos en diferentes lugares y momentos. Por otro lado, todo mensaje contiene una información potencial que será aceptada o rechazada por el receptor dependiendo de sus convicciones íntimas.

EL VALOR DE LA TRANSINFORMACIÓN

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No es posible determinar dogmáticamente el valor de la transinformación que se manifiesta por medio de instrumentos. A este respecto, cabe distinguir dos puntos de vista principales, pero cada “receptor” deberá juzgar por sí mismo.
Los datos técnicos de la transcomunicación instrumental, al igual que los de otros sucesos extraordinarios de los que se ocupan los parapsicólogos, ponen claramente de relieve el carácter incompleto de los modelos científicos actuales. Contemplada desde esta perspectiva, bastante neutral, la existencia de estos fenómenos constituye de por sí un mensaje inequívoco destinado a intensificar los esfuerzos humanos en pos de una comprensión más completa del “mundo” como proyección de estados especiales de conciencia colectiva. Una investigación seria en el campo de la psicobiofísica y de la interacción directa entre el hombre y los aparatos requiere considerables recursos financieros; las últimas noticias fiables al respecto afirman que no sólo están previstas, sino que ya se están llevando a cabo investigaciones sobre fenómenos psíquicos a escala industrial en laboratorios especializados de varias empresas importantes del sector electrónico.

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La segunda perspectiva en relación con la transcomunicación instrumental conduce a los dominios espirituales. Los mensajes recibidos y documentados por medios técnicos corroboran en esencia las aseveraciones de los médiums psíquicos: hay vida consciente después de la muerte en las numerosas moradas que tiene la casa de nuestro Padre, que es muchísimo mayor de lo que podemos figurarnos. La vida, en sus diversas formas y encarnaciones interdependientes, aparece, pues, como un proceso eterno de experiencia y de aprendizaje para pensar y actuar de forma responsable. Por otro lado, se reconoce al amor como la fuerza fundamental de unión del Todo holomorfo.

EL ESPACIO DE LA INFORMACIÓN

Konstantin Raudive, uno de los pioneros de la investigación de las voces manifestadas en cintas magnetofónicas, declaró aparentemente desde el más allá que “el hombre, en tanto entidad capaz de trascender parcialmente el espacio y el tiempo, pertenece a esferas y dimensiones muy diversas”. En términos modernos, se refiere a un “espacio de información” que está en todas partes. La división dualista entre “este mundo” y “el otro mundo” contradice la idea de un único “Universo inconsútil” que postuló hace unas cinco décadas Stewart White tras mantener transcontactos telepáticos con su difunta esposa Betty. Nuestro cuerpo físico hace que nos sintamos encerrados en el espacio-tiempo, sin darnos cuenta de que es nuestra propia mentalidad la que establece las fronteras. Como sólo podemos operar con cantidades restringidas de datos, disponemos de filtros limitadores para protegernos de una sobrecarga de información. Sin embargo, ello no debería I impedirnos abrir nuestras ventanas a otros paisajes. La comunicación consiste en adaptar apropiadamente las estructuras mentales dinámicas para construir órdenes superiores de resonancia armónica. La esencia íntima de toda comunicación real es la transcomunicación en espíritu.

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Publicado por en enero 10, 2016 en Artículos, parapsicologia

 

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