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Parapsicología: sus antecedentes y perspectiva actual

10 Dic

Por Francisco Gavilán Fontanet

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De «lo mágico» al estudio científico

Vivimos en plena polémica del humanismo científico. A esta situación se ha llegado tras una herencia real y una receptividad constante del pensamiento antiguo. De este acervo cultural dimanan, pues, muchos de los conceptos metafíisicos que encuentran aún plena vigencia en nuestra filosofía contemporánea, ya que, en muchas de las antinomias en las que se debate el hombre actual, hay que recurrir, necesariamente, a la cultura antigua como fuente de muchas interpretaciones científicas de hoy.

La presencia del pensamiento antiguo se hace patente de igual manera en el campo de la metapsíquica. Desde el paleolítico inferior, el hombre ha creído en la existencia de un principio inmaterial que tras la muerte sobrevivía en otra vida paralela, desarrollada en una dimensión no perceptible para él. Este factor creencial lo encontramos en todos los pueblos y civilizaciones arcaicas, en los que ya los sueños eran considerados mensajes directos del mundo de los espíritus de origen divino o diabólico. También los hechiceros y brujos de las sociedades primitivas hacían creer que residía en ellos la facultad de comunicarse con los muertos y por medio de sus ancestrales ritos invocaban a los espíritus.
A este ente espiritual o psíquico unido al hombre en vida se le ha venido atribuyendo en los últimos siglos una actividad espontánea de ciertas facultades inexplicables. Si bien el estudio de esta energía, al resultar inaceptable por el método racionalista, ha sido soslayado por el avance del conocimiento científico, se trata de una realidad aceptada, de una u otra forma, a través de todos los tiempos. «La hipótesis del espíritu —decía Carl. G. Jung— no es más fantástica que la de la materia. Como no tenemos ni la más remota idea de cómo lo psíquico pueda derivarse de lo físico, y lo psíquico, sin embargo, existe, estamos en libertad de suponer también como verdadero el proceso inverso, o sea, que la psiquis está generada por un principio espiritual tan inaccesible como la materia».
En este aspecto, los debates y las tensiones nunca han cesado. Pero los mayores esfuerzos en este sentido, nacen a principio de siglo.
El fenómeno psíquico aparece con el hombre y le acompaña hereditariamente siempre. Los antecedentes históricos del mismo los encontramos en todas las culturas. Basta una revisión de los documentos de contexto histórico-religioso para apercibirse de la existencia de acontecimientos de clara naturaleza paranormal, si bien éstos quedaban enmarcados en otras esferas auspiciadas por ocultistas, brujos, astrólogos, etc.
Al hacer esta breve retrospección sobre el origen de esta actividad psíquica, es altamente significativo el sentido evolucionista de sus distintas interpretaciones, a través de todos los tiempos. Mientras que en la más remota antigüedad las causas de esta fenomenología eran atribuidas a los poderes de los dioses, evolucionando más tarde hacia los de los astros, en la época ocultista, por el contrario, el demonio ocupaba el máximo protagonismo. Debido al arraigo de las creencias religiosas no faltaron tampoco, por supuesto, interpretaciones de carácter sobrenatural. En el período precientífico, sin embargo, el espiritismo, movimiento religioso creado por las hermanas Fox, imputaba ya a los espíritus de los muertos muchas de las manifestaciones paranormales. Hoy, en la era científica que vivimos, se han abandonado las concepciones maravillosas y míticas para explorar, definitivamente, al único responsable del fenómeno: el hombre.

Todos los comienzos, evolución y desarrollo de las ciencias han tenido trayectorias paralelas. La física nace de la primitiva observación de la naturaleza realizada por los filósofos, y acaba apartándose de esta visión puramente filosófica y especulativa de la naturaleza misma; la química moderna, como ciencia de la constitución de la materia, es herencia de las hipótesis elaboradas por los esotéricos alquimistas; la astronomía, como disciplina que estudia los movimientos de las estrellas y de la órbita de los planetas, ha llegado impulsada por la astrología, doctrina de carácter eminentemente adivinatorio o predictivo; la prehistoria de la medicina se encuentra, obviamente, en las prácticas mágicas de los brujos y curanderos, etc. Cada una de ellas adquiere rango científico al hallar un método adecuado de observación y de control.
De igual forma, y, como tantas otras ciencias, la parapsicología nace de esas reminiscencias ancestrales, de profundas creencias, supersticiones, etc. Para hacerse una idea de la importancia de esta perspectiva, Charles Richet, en su célebre Traite de metapsychique divide la historia de esta disciplina en cuatro períodos:

a) Período mítico, desde su origen histórico hasta Franz Antón Mesmer (1700); b) Período magnético, desde Mesmer hasta 1848, en el que nace el espiritismo (Hydesville, N. Y., USA); c) Período espiritístico, de 1848 al 1870, año en el que William Crookes inicia su valiosa aportación en esta materia, y d) Período científico, desde 1870 hasta nuestros días.

Sin embargo, la época científica tiene que ser dividida en dos etapas en virtud de la importante aportación que, Joseph B. Rhine, de la escuela norteamericana y W. Tenhaeff y H. Bender, de la europea, han realizado en el campo de la investigación parapsicológica. Efectivamente, Rhine venció uno de los obstáculos más arduos con que se enfrentaba la parapsicología, al incorporar en sus investigaciones un método sencillo, eficaz y de rápida evaluación, pero que, al propio tiempo, reunía todas las garantías de validez del procedimiento: el experimental y la estadística. Pese a las severas críticas de que fue objeto en un principio, el análisis estadístico terminó reconociéndose como esencialmente válido, siempre que el aspecto experimental en el que se fundamentase fuera capaz de conocer el problema y el grado en que éste pudiera presentarse.
Con este reconocimiento concluía realmente la era precientífica de la investigación parapsicológica, y, con ello, las interpretaciones arbitrarias y las teorías apoyadas en inconsistentes argumentos dejaban paso al progreso del conocimiento basado en los métodos de observación y en la aplicación científica.
Desde entonces, son muchas las técnicas y procedimientos científicos que han venido desarrollándose. Pero la situación fenómeno-lógica sigue estando dividida en casos «espontáneos» y «experimentales». Si bien algunas manifestaciones pueden ser reproducidas en laboratorio o, al menos, estudiadas por una instrumentación adecuada capaz de detectar la probabilidad de que potencialmente puedan presentarse en el sujeto, otras, sin embargo, mantienen su naturaleza incontrolable y esporádica, por lo que, lamentablemente, son subestimadas por incumplir la primera premisa de toda investigación como es la de la objetivación de un fenómeno. Pero aun en estos casos habría que reconsiderar que por observación científica de un hecho debería entenderse «la capacidad de traducir su descripción en términos inteligibles y ordenados de tal modo, que la información llegue perfectamente definida y excluidas posibles confusiones o incertidumbres para análisis sucesivos» .
De cualquier forma, y aun existiendo todavía fuertes barreras conceptuales que retrasan una aceptación clara de la problemática parapsicológica, por parte de la esfera científica tradicional, es indudable que en las últimas décadas se ha empezado a desbrozar grandes prejuicios históricos, lo que ha permitido un mayor desarrollo de esta disciplina hacia una observación sistematizada de su fenomenología. Esta tendencia ha llamado la atención de un sector de la vanguardia científica que, preocupado por alcanzar un conocimiento completo del hombre, y consciente, por otra parte, de la limitación que la propia ciencia le impone, ha empezado a profundizar en el estudio de lo paranormal, contemplándolo interdisciplinariamente, bajo aspectos clínicos, psicológicos, físicos y bioquímicos.

Necesidad de una investigación interdisciplinaria

Si algunos científicos —ha dicho Weinberg— renunciaran a algunas de sus opiniones preconcebidas se posibilitarían un gran número de revoluciones científicas. Se lamenta el gran humanista de que, aun funcionando correctamente el sistema de comunicación científica entre las distintas disciplinas, el hombre de ciencia, en general, mantiene su mente cerrada a ideas de cualquier procedencia que desafíen el dogma científico ortodoxo.
Frente a esta actitud, la parapsicología, que trata de fenómenos que vulneran los principios científicos conocidos, tiene una ardua trayectoria que recorrer, ya que, a medida que la investigación pa-rapsicológica se desarrolla, es cada vez más latente su exigencia como estudio interdisciplinario. Por ello necesita acceder al sistema de comunicación científica, con objeto de establecer conclusiones más certeras.
Reconozcamos que los problemas que plantea la parapsicología no deberían de existir si las leyes aceptadas hoy por la ciencia ofrecieran una explicación satisfactoria a una fenomenología humana cuya evidencia pocos se atreverían actualmente a negar. Sin llegar al umbral de los efectos paranormales, todavía hoy, la psicología tradicional no ha encontrado una explicación adecuada a realidades tan innatas en el hombre como puedan ser la intuición, la memoria o la imaginación. Pero esto es sólo un ejemplo. Son muchas las interrogantes que están pendientes de una respuesta satisfactoria por parte de otros ámbitos científicos. Parece evidente que tratar de explicar los hechos incomprendidos a través de una estructura racionalista supone una limitación al natural desarrollo del conocimiento del hombre.

La investigación parapsicológica ha adoptado parte de la terminología y metodología de la psicología experimental, y emplea, además, procedimientos científicos. El instrumental conocido es adoptado si cubre la finalidad perseguida, pero es modificado o incluso inventado, si se trata de abordar requerimientos específicos surgidos por nuevos planteamientos o hipótesis, pues es evidente que los métodos empleados en otras áreas no necesariamente han de coincidir con los del estudio parapsicológico. La aceptación del carácter científico de estos procedimientos por parte de otros campos no ha sido fácil —el reconocimiento no es, por supuesto, total— pero han sido válidos para constatar una serie de descubrimientos que guardan relación con la problemática estudiada. En algunos casos las conclusiones han alcanzado niveles determinantes, y en muchos otros han indicado los caminos más probables en los que la investigación debía de evolucionar para alcanzar las posibles soluciones.
A pesar de todo, la ciencia tradicional no se muestra receptiva a las conclusiones obtenidas ni acepta de buen grado los procedimientos empleados por el parapsicólogo. Pero dentro de esta perspectiva, es decir, manteniéndose hermética a las ideas heterodoxas o rechazándolas porque perturban lo presupuesto, habrá que reconocer también que, debido a esta actitud, otras ramas de la ciencia han ignorado algo que forma parte esencial de la imagen total del hombre y cuyo estudio nos tiene que llevar, sin lugar a duda, a importantes avances en el conocimiento científico del ser humano.

La parapsicología, por el contrario, que no desea volver la espalda a ningún problema que se suscite en el hombre, se compromete a ampliar de modo sustancial nuestro conocimiento y a desarrollar sus sistemas hasta las últimas consecuencias. Pero, para ello, necesita del auxilio y de la comprensión de otras ciencias. Afortunadamente, nuevas generaciones de científicos han empezado a comprenderlo así y hasta no han tenido reparo en manifestarse más o menos abiertamente, en contra de la frialdad y la inhumanidad del cientificismo, inclinándose a cooperar con otras formas del saber como las que propugna la parapsicología. Es natural que esta nueva disciplina aspire no sólo a que sus descubrimientos sean aceptados por investigadores de otras ramas, sino que espere también de ellos su colaboración —tanto en el intercambio de información como de participación activa— en una problemática que atañe a todos, a psicólogos, filósofos, médicos, físicos y biólogos, por citar sólo aquellas áreas más frecuentemente representadas en la parapsicología.
En el estado actual de la investigación paranormal, nadie puede poner en duda que, para llegar a conclusiones positivas, se requiere el esfuerzo profesional y la máxima dedicación de toda clase de especialistas. Sólo así los valores de otros campos científicos podrán tomar conciencia de la fuerza que domina actualmente esta materia.

Por otro lado, «un campo de la ciencia —afirma J. G. Pratt— es importante tan sólo hasta el punto en que llega a ser conocido más allá de sus propias fronteras y este objetivo se alcanza, principalmente, por medio de las publicaciones científicas. Casi todas las ramas de la ciencia crean finalmente sus propias publicaciones especializadas y la parapsicología no ha constituido una excepción. Algunas revistas se han dedicado a la publicación de informes sobre la investigación, así como a artículos especializados en este campo. Algunas de estas publicaciones se han editado continuamente durante muchas décadas, con lo que las revistas parapsicológicas han demostrado ser no menos resistentes que las de otras ramas de la ciencia».
En este momento actual de revolución científica, el parapsicólogo empieza a encontrar reforzada la razón de ser de su ciencia, al percibir el apoyo que necesitaba para afrontar la complejidad de sus problemas. Y aunque «los únicos límites a sus especulaciones —escribía Mangenau— son la necesidad de verificar empíricamente los obvios principios metafísicos que regulan todas las ciencias» , existen fundadas esperanzas de que aquéllos empiecen a superarse merced a la convicción de que cada investigación honesta y sincera es útil al progreso de la humanidad.

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Publicado por en diciembre 10, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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