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No somos sólo nuestro cerebro.

14 Nov

Por Alva Noë

Desde hace tiempo soy escéptico acerca de la neurociencia de la conciencia. No tanto porque dude que la conciencia se vea afectada por los estados y los procesos neuronales, pero si debido a la persistente tendencia por parte de algunos neurocientíficos a pensar en la conciencia como un fenómeno neuronal.

Nada ejemplifica esta tendencia mejor que la famosa afirmación de Francis Crick -que llamó “hipótesis asombrosa”- sobre que es el cerebro. En una conferencia interdisciplinar en Brown no hace mucho, escuché a un prominente neurocientífico afirmar, como si fuese un hecho científico bien establecido, que los pensamientos, sentimientos y creencias son constelaciones específicas de la materia que se encuentra (como es el caso) dentro de la cabeza.
En mi opinión -algo que expuse en un libro que escribí hace unos años llamado Out of Our Heads- es que el cerebro es sólo parte de la historia, y que sólo podemos empezar a entender cómo el cerebro realiza nuestra conciencia en el contexto de nuestro cuerpo y nuestra más amplia asociación en el medio ambiente (incluida la social y cultural).

El cráneo no es una membrana mágica,como mi difunta colaboradora, amiga y maestra Susan Hurley solía decir. Y no hay ninguna razón para pensar que los procesos de apoyo a la conciencia se limiten a lo que sucede en un solo lugar (el interior), de dicho límite. En una entrevista a Anil Seth -editor de la revista Neuroscience of Consciousness-este hace el valioso apunte que el estudio de la conciencia es interdisciplinar. Como él mismo dice:

“La ciencia de la conciencia es fundamentalmente interdisciplinar. Hoy en día, es una empresa floreciente que engancha a neurocientíficos, psicólogos, informáticos, médicos, matemáticos y físicos, con sociólogos y antropólogos que también quieren unirse a la “fiesta”. La conciencia es estudiada en pacientes psiquiátricos y neurológicos, en la animales y en voluntarios humanos sanos (incluyendo niños), con experimentos que implementan metodologías cada vez más potentes para la adquisición, el análisis y la conexión de datos de muchas formas diferentes, todos reunidos por poderosas nuevas teorías y modelos computacionales”.

Seth acierta cuando comenta que:

“Es difícil llegar a una definición científica rigurosa de la conciencia que goce de un amplio consenso.”

Y continúa diciendo:

En pocas palabras, para que un organismo sea consciente, tiene “que tener algo que sea como” ese organismo”. Vale la pena señalar esta caracterización de lo que es para un organismo el ser consciente -de que hay algo que se siente al ser ese organismo – siendo esto ya referido en los años 70 por el filósofo Thomas Nagel.

No tengo intención que esta observación se tome como una crítica. Por el contrario, aplaudo a Seth para llevar a cabo el proyecto de dirigir esta revista de investigación y enfatizar, desde el principio, con que la ciencia de la conciencia no puede ser tratada sólo por la neurociencia.

Fuente.

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Publicado por en noviembre 14, 2015 en Artículos

 

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