RSS

El proyecto SILA y un caso de mediumnidad.

26 Sep

Por Francisco Máñez  

Según Jung, “existe un orden en el universo capaz de producir casualidades impresionantes, sin que, aparentemente, existiera una relación entre causa y efecto, y cuya única  unión era su significado”.

Estando llevando a cabo una experimentación clásica con cartas Zener y dados un amigo y participante en la investigación, J.Máyquez, me dijo en cierta ocasión que aquellos resultados se debían a la mera suerte. Aunque argumenté en ese momento las tradicionales exposiciones sobre la teoría de las probabilidades en mi interior quedó la duda. De ahí nació el proyecto SILA (sincronicidad en laboratorio), bajo el paradigma general de que la psique humana produce coincidencias fuera de lo común.

En el verano de 1.991 cuando dispuse las bases del trabajo, todavía no había tomado consistencia sólida la teoría del colapso. Mi mente se debatía en un sinfín de ideas, intentos de comprensión y reflexiones espinosas. No podía solventar el polémico punto de la influencia ejercida por los controladores. Decidí incluir el tema en la investigación, y verificar si era cierto el efecto producido por su intervención.
En la experimentación con cartas Zener, cada uno de los participantes manejaba un mazo. Ambos se barajaban, y después, tras anotar el orden en que habían quedado los naipes, pasábamos a comprobar las coincidencias existentes. Las pruebas con dados fueron también sencillas. Se lanzaba un dado oculto a los sentidos físicos de los participantes, seguidamente los voluntarios arrojaban los suyos en 60 ocasiones por prueba, anotando las caras que quedaban hacia arriba. Una vez terminada la prueba se destapaba el dado oculto y los sujetos cotejaban sus anotaciones resaltando las coincidencias de sus tiradas.
Se trabajó con la pretensión de que los aciertos no fueran el producto de intentar adivinar o influir, sino que nacieran de la propia voluntad, del deseo de producir coincidencias. Después de 2.888 pruebas Zener, 70.440 tiradas de dados y un año de trabajo (desde septiembre de 1.991 a octubre del año siguiente), el azar fue superado. En esta primera fase del proyecto los encargados del control no fueron aislados en el momento de repasar los test, pero la influencia que aparentemente ejercieron fue decisiva. Concretamente yo me crié fama de imbatible, y ya participara como controlador o como voluntario, si mis compañeros se encontraban realizando al mismo tiempo una prueba estaban seguros de que sus resultados no superarían a los de mi grupo.
Aquella experiencia piloto ha dado paso a una segunda parte sobre la que todavía me encuentro trabajando mientras escribo estas páginas, así todo puedo adelantar algunos resultados y conclusiones.


Las primitivas pruebas de dados y cartas se siguen realizando, y pese al aumento de los controles se continua superando a lo esperado por el azar. Se han incluido experimentos con  dibujos, intentos por modificar la generación de números aleatorios por parte de un sujeto sobre un programa informático, y lo que fue en un  principio el proyecto COPA (colapso en pantalla), en el que se investigaba el tema de las psicoimágenes (extrañas figuras que aparecen en los monitores de televisión), fue separado de SILA dadas las características especiales descubiertas en principio, aunque en la actualidad estoy convencido, como ya veremos, de que su origen es atribuible al mismo fenómeno que ha sido confundido con la percepción extrasensorial y la psicokinesis.

Resultados de Laboratorio.

Una de las características incomprensibles de la telepatía, si la queremos comparar con una percepción, es que los receptores no «escuchan» al emisor. Si alguien intenta trasmitir, por ejemplo, el símbolo de la estrella Zener pensando en la palabra estrella, en la mente del receptor no aparece ese vocablo de ninguna forma, y lo mismo ocurre con los dibujos pues tampoco son «vistos». Es incoherente con nuestros conocimientos actuales comprobar como los sujetos «saben» algo sin que sean capaces de describir la sensación que les ha permitido intuir un suceso.
Se han avanzado varias hipótesis interesantes para dar explicación a esto. La más usual ha sido presentada como una actuación receptora del inconsciente que pasaría la información al consciente, el cual recibiría el mensaje sin percatarse de ello. Y algunas han sido verdaderamente audaces como la del ruido interno, según la cual las personas con una actividad psíquica acelerada dificultarían en exceso la recepción de la señal, o la enmascararían dentro de su propio dinamismo interno. También ha sido planteada la posibilidad de que en realidad se influencia al sistema nervioso o al propio cerebro del receptor mediante la psicokinesis haciendo de esta manera aparecer el mensaje concreto sin que el sujeto se percate de cómo ha sido. Sin embargo la teoría del colapso plantea el origen del fenómeno desde un paradigma radicalmente distinto al negar la existencia de ninguna transmisión.
Los investigadores hemos supuesto que cuando un resultado se aleja significativamente de lo esperado por la teoría de las probabilidades es prácticamente imposible que se dé en la naturaleza, y por lo tanto debe producirse una nueva causa generadora del efecto que estamos observando. Si es una prueba Zener hablamos de percepción extrasensorial, si es de dados hablamos de psicokinesis, cuando en realidad lo único que tenemos delante de nosotros es una sene de acontecimientos aleatorios. Al mismo tiempo pensamos que los resultados positivos de cualquier sistema van a igualar a los negativos para que el total se aproxime a la media esperada por la teoría de las probabilidades. Pero esto es lo que esperamos, no lo que sucede: como decía antes hemos idealizado la naturaleza.

Los sucesos fuera de lo esperado ocurren en el mundo físico mucho más de lo que solemos creer (Kostler dio con que el rojo había salido 28 veces seguidas en 1 una ruleta, Pratt con que un perro había acertado 104 veces). Los detractores, como en el caso del matemático Warren Weaver, en sus intentos por negar la existencia de la percepción extrasensorial se han visto obligados a reconocer que acontecimientos impracticables según la teoría de las probabilidades llegan a ocurrir en la vida diaria. Se nos ha creado una ficticia sensación de cómo deben actuar los  fenómenos naturales. El mejor ejemplo puede ser el de los juegos y sorteos. En los sorteos de la Lotería Primitiva que se realizan todas las semanas la naturaleza nos  muestra que la teoría no corresponde a realidad.


Si utilizamos como atractor del sistema el resultado de dividir el valor de todas las bolas por las que participan en la lotería nos dará el valor medio hacía el que debería tender cada uno de los sorteos (1+2+3+4+5…/49=25), y así en sus múltiples combinaciones, en cada ocasión que se celebre un sorteo los valores girarían entorno al veinticinco. Sin embargo no es así y la diferencia con el atractor se mantiene durante una gran cantidad de sorteos, mostrándonos una gráfica  sorprendente (figura 1). Podemos sustituir la línea de la auténtica Lotería Primitiva  por cualquier valor o agrupación que deseemos (pruebas Zener, de dados,  resultados obtenidos por un solo investigador, por un grupo de ellos, ovejas, introvertidos), y llegaríamos a la conclusión de que ese colectivo obtiene resultados continuados por encima del azar. Los resultados inferiores o superiores se dan en la vida práctica, de nosotros dependerá considerarlos según si los equiparamos con otra cosa o no. Así si comparamos los sorteos de la Lotería Primitiva con los generados en este caso mediante ordenador (figura 2), las grandes diferencias desaparecen y el resultado medio entra dentro de lo esperado por el azar, no obstante si ambas líneas pertenecieran a la experimentación que estamos realizando, podríamos llegar a la deducción de que el colectivo «lotería primitiva» obtienen más y mejores resultados que el colectivo «generado por ordenador».

Cualquier punto comprendido en las líneas de estos gráficos es el resultado de una generación natural de números aleatorios. También podrían representar las investigaciones efectuadas por un parapsicólogo a lo largo de toda su vida (si cada punto fuera un mes serían 60 años de investigación), ya que resultarían ser los números aleatorios recogidos por él, y parecerían mostrar su predisposición a favoreces los resultados por encima o por debajo del azar.
En la vida práctica el efecto es sorprendente como se desprende de las pruebas más complejas y de los casos espontáneos. Pero de momento podemos centrarnos en que cuando un parapsicólogo en concreto participa en una experimentación, puede llegar a variar los resultados con su mera intervención. En la línea del voluntario (colectivo «generado por ordenador») aparecerían resultados por encima del azar, debido a que se ha cruzado con la del investigador (colectivo «lotería primitiva»), y ello ocurriría aunque este último estuviera controlando las pruebas aislado en un despacho o a 1.000 kms. de distancia. Para comprender bien esto debemos concienciarnos de que según don e enfoquemos nuestra atención obtendremos los datos para confeccionar los gráficos. Los elementos que componen cualquier sistema complejo en el que existe grupos y subgrupos (voluntarios, consoladores, investigadores, extravertidos) pueden ser aislados y analizados.

Centrarme en la Lotería Primitiva en lugar de experimentaciones como el proyecto SILA, ha sido debido a que cualquier persona puede comprobarlos resultados, utilizando un ordenador, una hoja de cálculo sencilla y armándose de paciencia.

la importancia del Atractor.

Los sistemas simples dependientes del azar que hemos examinado hasta ahora se encuentran limitados tanto «hacia arriba como hacia abajo» En el caso de la Lotería Primitiva las sumas de las seis bolas extraídas durante cada sorteo (marcado por los límites superior e inferior: 44+45+46+47+48+49=279; y 1+2+3+4+5+6=21) aunque permitan una inmensa cantidad de combinaciones diferentes mantienen al sistema dentro de unos confines determinados, y el hecho de que cada una de ellas tenga las mismas posibilidades de aparecer en los sorteos determina que a la larga esperamos verlo aproximarse al atractor.
Lo más interesante es comprobar como puede mantenerse alejado de la media esperada durante un gran número de sorteos, incluso no llegar a regresar a ella jamás. He utilizado en este libro 720 sorteos celebrados entre 1.985 y 1.995, que se han mantenido apartados de la media durante diez años, pero según las simulaciones por ordenador de 16.384 sorteos (cerca de 157 años celebrándose dos sorteos por semana) en muchas ocasiones el sistema se mantiene separado no mostrando ninguna indicación de que la media regrese a la línea esperada (figura 3).

Todo esto traducido a pruebas Zener o de dados (métodos para generar números aleatorios), significa que los resultados alcanzados en los laboratorios de parapsicología pueden encontrarse durante un increíble largo tiempo por encima o por debajo del azar sin la intervención de la percepción extrasensorial o la psicokinesis.
Benoít Mandelbrot llamó fractales a estos sistemas. Se encontraba ocupado analizando una serie de errores telefónicos cuando leyó un veterano manual sobre el azar (Feller 1.950) en donde se incluía el clásico ejemplo de lanzar una moneda al aire. El matemático se percató de que aunque el número de caras y de cruces tendía a igualarse, su distribución por encima o por bajo del azar parecía «como sus posiciones estuvieran agrupadas según ráfagas jerarquizadas bien diferenciadas» y recordaban a«las secciones verticales del relieve terrestre». Mandelbrot bautizó como dimensión fractal a lo que yo he estado nombrando hasta ahora como atractor (en el caso de la moneda sería 1+2=3/2 =1,5).

Investigación de un médium moderno.

El 15 de septiembre de 1.992, acudió al local de la Asociación Valenciana de Investigaciones Parapsicologías y Ovnilógicas (A.V.I.P.O.), un hombre que aseguraba padecer problemas relacionados con una presunta posesión de tipo espiritista. Luego de una larga entrevista, y ante los aspectos posiblemente paranormales del caso, decidimos organizar una investigación para esclarecer si eran ciertas algunas de sus afirmaciones.
El sujeto, al que citaré por sus iniciales, tenía 23 años de edad, y sufría una lucha interna con varias identidades intrusas capaces de llevarle a realizar actos en contra de su voluntad consciente, al mismo tiempo que generaban en él recuerdos y sensaciones sumamente desagradables e irritantes, incitándole a la violencia tanto contra los demás como contra sí mismo.
Aquello había comenzado tras unas vacaciones en la isla de Ibiza en las que abusó del alcohol y de ciertas drogas, siendo a la vuelta en barco cuando empezó a oír voces en su interior. A continuación de pasar por diversas etapas de mayor o menor manifestación del fenómeno, M. R. dejó el tratamiento farmacológico psiquiátrico, pasando a pedir ayuda a diversos grupos y personas espiritualistas negaron a dársela, al mismo tiempo que confirmaban su seguridad sobre encontrarse poseído por un espíritu. Sólo logró el apoyo en una curandera y de un ocultista el cual le aconsejó acostumbrarse a la situación, pues de intervenir con objeto de expulsar al espíritu otro ocuparía su lugar por tener «el campo demasiado abierto».
La personalidad ajena principal era la de una chica de alrededor de los trece años. La joven solía atormentarlo destapando sus «vergüenza», mezclándose en su mente para comunicarle los pensamientos de otras personas. Sentía molestias físicas producidas por ella, que se solían limitar a pequeños toques en diversas partes del cuerpo. Utilizando una variedad de la mediumnidad los seres eran capaces de manifestarse a través de él.
El tema principal para M. R. era el de los sueños. En el momento de dormir aseguraba salir de su cuerpo viajando a las más extrañas dimensiones en donde se encontraba con entidades de todas las clases, llegando a dialogar con ellos y realizar diferentes actividades, entre las que se encontraba la de «crear» el futuro. Las experiencias le llevaron hasta tal punto de terror que en diferentes ocasiones intentó no dormir durante varios días. Además, existían toda una serie de efectos que iban desde imágenes en la televisión hasta la influencia física del espíritu intruso en objetos y en el medioambiente.
Cuando se presentó ante nosotros, M. R. se encontraba en una etapa que se podía considerar estable. Vino acompañado de su madre (más tarde estaría presente en algunas sesiones), lo que facilitó momentáneamente el dialogo, y la indagación sobre el pasado de M. R. y su familia. Siendo niño padeció experiencias similares dejándolas en el olvido hasta el momento de producirse el conflicto. Su padre, al poco tiempo de casarse había pasado por una época que recordaba mucho a la del hijo.
Sin ser profesionales de la psicología clínica, no resultó difícil sospechar que M. R. padecía una psicosis delirante. Un sujeto joven que había comenzado a pasar por una intensa vivencia delirante provocada por un episodio tóxico, que se adhería completamente a su delirio, hasta el punto de vivir y actuar de acuerdo con él. Se encontraban presentes el insomnio, los trastornos digestivos, el rechazo de aumentos, así como una ruptura con su vida anterior a nivel de dejar los estudios, el trabajo, los amigos y la familia, decisiones de las cuales se lamentaba una vez superada la crisis.
Su conversación presentaba una estructura por completo lógica, y la personalidad se mantenía conservada relativamente. El delirio (delirar significa salir del surco) de M. R. le apartaba de las creencias y las ideas habituales, llevándole a realizar juicios dobles sobre sí mismo y sobre la realidad.

Tras deliberar los miembros de la sección de parapsicología planteamos los siguientes puntos básicos para llevara cabo la investigación:

-M.R. debía comprender y asimilar por completo el hecho de que no éramos psicólogos, psiquiatras; ni sanadores físicos o espiritualistas, aunque como había acudido con esa intención, procuraríamos ayudarlo en la medida de nuestras posibilidades (siempre asesorados por un psicólogo clínico)

-Conseguir datos, normalmente no tenidos en cuenta, sobre sus razonamientos opiniones, conjeturas e ideas en general que nos pudieran hacer comprender mejor el fenómeno de la «posesión» desde la perspectiva de la parapsicología, al mismo tiempo que se comparaban con el de la mediumnidad.

-Comprobar sus afirmaciones relativas a la utilización de la percepción extrasensorial y la psicokinesis.

-En relación con la teoría del colapso, indagar en la posible producción de coincidencias más allá del azar por parte de M. R., utilizando los métodos del proyecto SILA.

Se acordó que el sujeto debía encontrarse en todo momento dentro de un ambiente cómodo y familiar. En ningún caso se le trataría como un mero «conejillo de indias», aunque, dada la necesidad de largas conversaciones, la investigación no se desarrollase a la velocidad deseada.

Durante seis semanas (del 22-09 al 27-10-1.992), M. R. colaboró en intentar puntualizar las cuestiones explicadas. Antes de cada sesión (cada una duraba de a 5 horas), se llevaba a cabo una charla. Al principio la tertulia trató exclusivamente de su problema, pasando con los días a temas tan dispares como la informática, la política o los deportes. Seguidamente le preguntaba sobre los últimos acontecimientos que le habían ocurrido, para terminar hablando de sus sueños.
En el terreno de la psicokinesis, M. R. intentó dejar que la personalidad intrusa se manifestara influyendo en diversos objetos (la llama de una vela, las interferencias en un monitor de televisión), pero no consiguió efectos observables.
Con las cartas Zener no se pudo encontrar rastros claros del uso de la percepción extrasensorial. Sin embargo, en las 129 pruebas efectuadas dentro del proyecto SILA, las coincidencias sobrepasaron a lo esperado por el azar. De las 645 marcadas por la ley de probabilidades, se obtuvieron 671 simultaneidades, lo que se traduce en cerca de una posibilidad contra dos mil de que aquello se debiera a la mera suerte.

Donde M. R. llevó a término una demostración sorprendente fue en las pruebas de psicometría. En algunas ocasiones, en su conversación, advertí como de forma reiterada; si bien aislada, aseguraba que la identidad interina le hablaba sobre los objetos de otras personas.

Dialogué con él al respecto y se mostró conforme en realizar algunos intentos, algo que le agradecí puesto que conocía su miedo a permitir dejar libre a la otra personalidad (escritura automática, hipnosis). En la primera ocasión utilicé un encendedor comente de mi propiedad. Lo lavé con gel de baño, y lo perfumé con agua de colonia para mujer. Habíamos descubierto por parte de M. R. un uso de la hiperestesia (extremada sensibilidad de los sentidos), unida a una gran retentiva y agilidad mental, por lo tanto en la experimentación se debía proceder con extremada cautela.
Al principio M. R. dijo cosas asociadas con la figura de un hombre, cuya imagen coincidía conmigo, pasando seguidamente a asociarme con el encendedor, y comenzando a describir lo que de manera clara le dictaba la lógica común, pero cuando empezó a delinear el pasado me resultaron chocantes sus aciertos en situaciones y pensamientos casi olvidados por mi consciente, especialmente los relacionados a hechos concretos de mi niñez de la cual me había asegurado de no hablarle.
Pese a todo, podía estar usando la hiperestesia o la telepatía, así que en la siguiente vez utilicé una pelota de ping-pong con un número marcado (una bola de bingo). Pertenecía a Rocío, una compañera de la cual M. R. ignoraba por completo su existencia. De estar utilizando una u otra facultad, tan sólo podría obtener la información que yo conocía sobre la mujer.
Al principio M. R. se comportó dentro de lo esperado; el objeto pertenecía a una mujer más o menos de las características y costumbres de Rocío. Continuó hablando de un joven, quizás un niño, una mesa de oficina y una «cesta» en donde la pelota solía estar. En aquel momento creí que comenzaba a fantasear y que la prueba no mostraba nada extraño. Más tarde hice escuchar la grabación de la sesión a Rocío, por si existían datos que se me hubieran pasado por alto: entonces vino lo inesperado. La pelota pertenecía de verdad a su hijo, y éste la había guardado mucho tiempo en el escritorio, concretamente en un recipiente para lápices y bolígrafos de diseño enrejado. En lo sucesivo extremé todavía más las precauciones.

Me facilitaron un objeto sin que yo conociera a su propietario. Se trataba de un anillo de mujer. No faltaron las clásicas descripciones generales y las ambigüedades, sin embargo los aciertos fueron notables; por ejemplo, al describir un mono muy querido por la propietaria de la sortija. Su dueña, Esther poseía el muñeco de un gorila en su cama, un regalo de antiguos compañeros de trabajo al que tenía en gran estima.
El psicólogo clínico que nos aconsejaba nos recomendó no potenciar su psicosis, así que nuestro proceder se basó en escuchar a M. R. sin negarle ninguna de sus afirmaciones, pero sin confirmarlas o apoyarlas, lo que se tradujo en un gradual reconocimiento inducido por nuestra actitud de que aquello era producto exclusivo de su mente. El sujeto volvió al trabajo y restableció una vida social y familiar altamente deteriorada.

¿Qué hubiera pasado si llegamos a favorecer sus creencias?, ¿y si hubiéramos insistido en que dejara manifestarse a la joven a través de él?, ¿se habría transformado en un médium clásico?. Pienso sinceramente que la respuesta a esta última pregunta es afirmativa. El complejo de ser considerado un enfermo mental no permitía a M. R. mostrar un fuerte carácter que se advertía en las relaciones con su madre y en algunas de sus contestaciones, aunque la relación cordial siempre existió con el grupo de trabajo, pues desde un principio nos vio como amigos que deseaban ayudarle y no como simples investigadores a la caza de datos. Ese mismo carácter era un arma de doble filo que utilizamos para que refutar la idea de la supuesta personalidad intrusa, pero si se hubiera decantado por la atrayente explicación espiritista nada le hubiera hecho retroceder.
Los resultados positivos de las pruebas sólo le eran comunicados parcialmente, y únicamente cuando se le vio con capacidad para aceptarlos sin lanzarse a especulaciones carentes de base. La intención era no llevarle a la creencia de que la identidad foránea poseía fuertes capacidades sobrehumanas, que le hubieran hecho pensar en que se trataba de un ente espiritual imposible de ser alejado según le habían afirmado curanderos y brujas.
Los aciertos de M. R. no se producían en estado de trance, limitándose a sujetar los objetos con las manos mientras decía lo que le pasaba por la cabeza, o las sensaciones que sentía relacionadas con él. En algún momento pareció ensimismarse mirando el objeto, pero un rápido comentario impedía que avanzara en su listamiento mental. Hasta dónde habría llegado es algo que ahora sólo cabe suponer.
Los mal llamados médiums, en su sentido de mediadores entre el Más Allá y el mundo de los vivos no son la única prueba que induce a pensar en que nuestros conceptos sobre la personalidad y la memoria deben ser variados radicalmente. Otros sujetos han «recordado» vidas anteriores, y la parapsicología investigó los pasos bajo el paradigma de la reencarnación, pero lo hallado consiguió que incluso los mayores partidarios de la hipótesis vieran tambalear sus opiniones predeterminadas.

Fuente: Cuando la Razón Duerme- F. Máñez (extractos)

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en septiembre 26, 2015 en Casuística

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: