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Más allá de la realidad compartida.

12 Jun

Por Stanislav Grof

Existe un tipo de experiencias transpersonales que parecen hallarse más allá del «continuum» espacio-temporal en el que discurre nuestra realidad cotidiana, un tipo de experiencias -que no suelen ser aceptadas ni estudiadas por la moderna metodología científica- que nos permite acceder al mundo de los mitos, las apariciones, la comunicación con los muertos y la facultad de ver el aura, los chakras y otras energías sutiles. En esos dominios también podemos experimentar encuentros con guías espirituales, «animales de poder» y diversas entidades infrahumanas y sobrehumanas o efectuar viajes fantásticos a universos extraordinarios.
Según Aldous Huxley, no deberíamos precipitarnos en desdeñar esta dimensión insólita como si se tratara de una mera fantasía carente de propósito. Según sus propias palabras:

Al igual que la jirafa o el ornitorrinco, las criaturas que moran en las regiones más apartadas de la mente parecen sumamente improbables. Sin embargo, existen y pueden ser observadas y, como tales, no pueden ser ignoradas por nadie que trate de comprender honestamente el mundo en que vivimos.

En el presente artículo exploraremos minuciosamente las regiones más remotas de la conciencia basándonos en las descripciones que nos han aportado personas que participaron en sesiones de psicoterapia experiencial. Comenzaremos con una de las áreas más controvertidas de este campo, la comunicación con los muertos.

Experiencias mediúmnicas y espiritistas

Dentro de este apartado incluimos las sesiones espiritistas, la investigación de la posible supervivencia de la conciencia después de la muerte, la comunicación telepática con parientes y amigos muertos, los contactos con entidades desencarnadas y las experiencias en el plano astral. En su vertiente más común, la gente puede ver apariciones de personas fallecidas y recibir sus mensajes. Un día después de la muerte de su esposo, por ejemplo, una mujer vio a su marido sentado en su sillón favorito de la sala de estar, quien la saludó y le preguntó cómo estaba.
La mujer respondió que se encontraba bien. Él le dijo entonces dónde podría encontrar los documentos legales que necesitaba para ultimar ciertos detalles de la herencia. Esta información le resultó muy útil y le ahorró varias horas de búsqueda ya que la mujer ignoraba su paradero. Este tipo de experiencias no es infrecuente en quienes han atravesado por una experiencia cercana a la muerte (ECM), en clientes sometidos a terapia experiencia) y a sesiones psicodélicas o en el trabajo de los videntes.
Existe una vertiente más compleja de estas experiencias en la que el médium entra en un estado de trance profundo y sufre transformaciones radicales en su apariencia física. En tal caso, las posturas, los gestos y las expresiones faciales del médium adoptan formas muy extrañas, al tiempo que se producen cambios en el tono, la inflexión, el acento y la cadencia en su voz.
He visto a personas en estado de trance que hablaban idiomas que desconocían y que jamás habían escuchado en su estado ordinario de conciencia. He oído a personas que hablaban en varias lenguas extrañas, les he visto escribir, pintar laboriosos cuadros y dibujar extraños signos jeroglíficos de manera automática.
La iglesia espiritista de Filipinas y Brasil, inspirada en las enseñanzas de Allan Kardec, nos brinda numerosos ejemplos de este tipo de misteriosos fenómenos.
El psicólogo y psíquico brasileño Luis Antonio Gasparetto, por ejemplo, estrechamente vinculado a la iglesia espiritista, es capaz de pintar en estado de trance ligero con el estilo de numerosos pintores de todo el mundo. Hace años tuve la oportunidad de observar cómo trabajaba durante un seminario mensual que tuvo lugar en el Esalen Institute y me quedé muy impresionado tanto por su habilidad para imitar el estilo de los grandes maestros de la pintura como por la tremenda velocidad con la que trabajaba cuando «canalizaba» a los pintores difuntos. En cada sesión de trabajo llegaba a pintar un promedio de unos veinticinco lienzos.
Gasparetto puede pintar en la oscuridad más absoluta o con una luz roja que imposibilita casi por completo la distinción de los colores. En numerosas ocasiones le he visto trabajar en dos cuadros a la vez -uno con cada mano- y, ocasionalmente, también le he visto pintar con el pie un cuadro que se hallaba bajo la mesa oculto de su propia visión. En cualquiera de los casos, no obstante, todos sus cuadros resultan estéticamente bellos y reproducen la sutileza, el color, el estilo, la forma y la composición propios del maestro fallecido.
Si las comunicaciones con entidades desencarnadas se limitaran exclusivamente a visiones y a sensaciones subjetivas y difusas no tendríamos grandes dificultades en desestimarlas como un simple producto de la imaginación o el fraude. Sin embargo, la situación suele ser bastante más compleja ya que, con frecuencia, la información que proporciona el «ser desencarnado» puede ser verificada posteriormente. Veamos, en este sentido, el siguiente ejemplo, procedente de la transcripción de una sesión experiencial de Richard, un paciente que sufría de depresión a quien ya hemos citado en el capítulo octavo.
Richard dijo que se hallaba en un espacio que tenía todas las características del plano astral. Habló de una misteriosa luminiscencia poblada de seres desencarnados que intentaban comunicarse desesperadamente con él. Aunque Richard no podía verlos ni oírlos, sentía claramente su presencia y recibía continuamente sus mensajes telepáticos. Yo tomé nota de uno de
esos mensajes, uno concreto que no parecía difícil de verificar a posteriori.
Se trataba de una petición para que Richard estableciera contacto con un matrimonio que vivía en la ciudad moravia de Kromeriz y les dijera que su hijo Ladislav se encontraba perfectamente y que no necesitaba nada. El mensaje incluía el nombre del matrimonio, su dirección y su número de teléfono, datos, todos ellos, desconocidos para mí y para mi paciente. La experiencia resultó muy extraña porque no tenía absolutamente nada que ver con Richard y estaba completamente desvinculada de sus problemas habituales y de su tratamiento.
Después de ciertas dudas decidí llevar a cabo algo que me convertiría en el objeto de la burla de mis colegas si llegaran a enterarse. Marqué entonces el número de teléfono y pregunté por Ladislav pero, para mi sorpresa, la mujer que atendió la llamada rompió a llorar y, después de calmarse, me dijo con la voz quebrada por la emoción:

«Nuestro hijo ya no está con nosotros. Murió hace tres semanas».

Veamos otro ejemplo de este tipo de experiencias que tiene que ver con mi antiguo amigo y colega Walter N. Pahnke. En 1971, Walter marchó de vacaciones a una cabaña frente al mar, en Maine, con su esposa Eva y sus hijos. Cierto día cogió su equipo de buceo pero jamás regresó del océano. El equipo de rescate organizado para buscarlo no logró encontrar rastro alguno de Walter. Para Eva resultó muy difícil aceptar e integrar la muerte de su esposo. Su último recuerdo era la imagen de Walter alejándose de la cabaña pletórico de salud y vitalidad. Le resultaba muy duro hacerse a la idea de que Walter ya no formaba parte de su vida y que debía comenzar un nuevo capítulo de su existencia con la sensación de no haber concluido el precedente.
Eva era psicóloga y se inscribió en un taller de formación en el uso terapéutico del LSD para profesionales de la salud mental organizado por nuestro instituto. Tomó esa decisión con la intención de tener una experiencia psicodélica que le permitiera hallar algunas respuestas y me pidió que yo fuera su guía.
Durante la segunda parte de la sesión tuvo una visión muy clara de Walter y mantuvo un diálogo en el curso del cual recibió instrucciones muy precisas con respecto a cada uno de sus tres hijos y se sintió liberada para emprender una nueva vida, ajena
a cualquier tipo de compromiso con la memoria de Walter. Fue una experiencia muy profunda y liberadora.
En el mismo momento en que Eva comenzaba a poner en duda todo el episodio como una simple maquinación de su mente, Walter reapareció para pedirle algo que ella ignoraba previamente.

«A propósito -le dijo-. He olvidado una cosa.

¿Querrías hacerme el favor de devolver un libro que me prestó un amigo? Está en mi estudio del ático.»

Luego le dio el nombre del amigo, el título del libro, el anaquel en el que se encontraba y el orden secuencial que ocupaba.

Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Walter, Eva no tuvo el menor problema en localizar el libro y devolverlo. El trabajo experiencial realizado por Eva en este estado transpersonal le permitió atravesar el duelo de la muerte de su marido de un modo que sólo hubiera logrado parcialmente tras meses y meses de una terapia exclusivamente biográfica.
Pensando posteriormente consideré que era muy propio de Walter proporcionar a Eva algún modo de verificar la veracidad de su experiencia. Durante su vida Walter había acordado con Eileen Garret, una conocida vidente que era presidenta de la American Parapsychological Association, que después de morir intentaría darle una prueba incuestionable de la existencia del más allá.
Uno de los psicólogos que participaron en nuestro seminario de formación de tres años de duración fue testigo y también sujeto de muchas experiencias transpersonales en las sesiones de Respiración Holotrópica.` No obstante, a pesar de ello, seguía siendo muy escéptico con respecto a la autenticidad de esos fenómenos y continuamente se cuestionaba si realmente merecían o no una consideración especial. Cierto día, sin embargo, durante una de las sesiones holotrópicas, experimentó una sincronicidad inusual que le llevó a concluir que su anterior enfoque sobre la conciencia humana pecaba de ser excesivamente conservador.
Durante esa sesión se encontró con su abuela, que había fallecido muchos años atrás. En su niñez había estado muy unido a ella y se sintió profundamente conmovido ante la posibilidad de volver a comunicarse con ella. Pero a pesar de las profundas implicaciones emocionales de la experiencia, nuestro amigo siguió manteniendo una actitud profesionalmente escéptica.
Sabía que había compartido muchas experiencias con su abuela y suponía que los antiguos recuerdos hubieran podido proporcionar la materia prima para ese encuentro imaginario.
Sin embargo, el encuentro con su abuela fallecida resultó tan emocionalmente profundo y convincente que no pudo desecharlo como un mero producto de su fantasía. Decidió entonces buscar alguna evidencia de que la experiencia no era fruto de su imaginación. Luego le pidió a su abuela una prueba de la realidad de la experiencia y recibió el siguiente mensaje:

«Ve a casa de tía Anna y mira las rosas cortadas».

Cuando el fin de semana visitó a su tía Anna y la encontró cortando rosas se quedó completamente estupefacto. Ése había sido el único día del año en el que su tía se había dedicado a cortar las rosas de su jardín.’
Obviamente, este tipo de experiencias no nos aportan pruebas concluyentes sobre la existencia del plano astral y los seres desencarnados, pero sugieren claramente la necesidad de que los investigadores de la conciencia les presten una atención mucho más cuidadosa.

Los fenómenos energéticos del cuerpo sutil

En los estados no ordinarios de conciencia también es posible contemplar y experimentar campos de energía que, si bien han sido descritos por las tradiciones místicas orientales, no han sido, en cambio, constatados objetivamente por la ciencia occidental. Nos estamos refiriendo a las «auras», el «cuerpo sutil», los «meridianos de la acupuntura», los «nadis», los «chakras», etcétera.
Es importante recordar, a este respecto, que las tradiciones en las que se originaron estos conceptos siempre han afirmado que no se trata de experiencias propias del mundo físico sino del mundo sutil.
Hace ya muchos años que me sorprendí de que muchos occidentales, totalmente ajenos a estos sistemas filosóficos, describieran con todo hijo de detalles ese tipo de fenómenos energéticos sutiles. Hay quienes perciben campos energéticos, luminiscencias de color en torno a las personas, que coinciden con las descripciones de las auras mencionadas en los antiguos textos esotéricos. Otros experimentan en sus cuerpos el flujo de una corriente energética que discurre por conductos que se corresponden exactamente con los diagramas de los nadis y de los chakras descritos por las antiguas escrituras tántricas de la India y con los meridianos de la acupuntura de los que nos hablan los antiguos textos de medicina china.
Desde hace miles de años el ser humano ha utilizado la facultad para ver el aura como un instrumento para diagnosticar el estado general de la persona. Del mismo modo, el trabajo con las energías sutiles del cuerpo constituye una antigua tradición terapéutica. En diversas ocasiones he visto trabajar en nuestro país a Jack Schwarz, quien es capaz de «leer» en el aura el historial médico del paciente y diagnosticar adecuadamente sus enfermedades.
El historial de Schwarz resulta sumamente convincente porque ha sido constatado y verificado reiteradamente bajo rigurosas condiciones de laboratorio.
El concepto de Poder Serpentino o kundalini constituye también un elemento habitual en aquellos sistemas que hacen uso de las energías sutiles. Desde el punto de vista del hinduismo y del budismo tántrico, por ejemplo, kundalini es la energía creativa del universo que, según se dice, dormita aletargada en la base de la espina dorsal y puede ser activada mediante la práctica espiritual, el contacto con un maestro o ciertas situaciones espontáneas. Cuando kundalini despierta se convierte en una energía activa, o shakti, que asciende a través de ciertos conductos sutiles (nadis) y va abriendo y activando, a su paso, los siete centros psíquicos del cuerpo sutil (chakras) que se hallan  ubicados desde la base de la espina dorsal hasta la coronilla.
Esta experiencia suele ir acompañada de intensas sensaciones de calor y energía que parecen recorrer la columna vertebral. Al mismo tiempo que se produce este ascenso de la energía la persona experimenta emociones, temblores, espasmos, sacudidas, contorsiones y un amplio espectro de fenómenos transpersonales.
Durante el nacimiento del hijo de su primer matrimonio, mi esposa Christina tuvo una experiencia de este tipo que determinó decisivamente su búsqueda de sentido en el dominio transpersonal. En su preparación para el parto natural había aprendido el método respiratorio de Lamaze y, en la última fase del parto, tuvo la siguiente experiencia:

Sentí un chasquido brusco dentro de mí que pareció liberar poderosas y extrañas energías que recorrieron todo mi cuerpo. Luego comencé a temblar descontroladamente. Sentía como si la corriente eléctrica ascendiera desde la punta de los pies y atravesara mis piernas y mi columna vertebral hasta llegar a la cabeza, en cuyo interior parecía estallar en deslumbrantes mosaicos de luz blanca. Al mismo tiempo, la respiración jadeante de Lamaze fue sustituida por un extraño e involuntario ritmo respiratorio.
Fue como si me viese arrastrada por una fuerza milagrosa y terrorífica. Estaba asustada y maravillada al mismo tiempo. El temblor, las visiones y la respiración espontánea no tenían nada que ver con lo que yo esperaba después de meses de preparación al parto.

Durante el nacimiento de su segunda hija, Sarah, Christina también tuvo sensaciones y experiencias similares pero, en esta ocasión, los médicos le administraron tranquilizantes para suprimirlas.
Años después, un amigo la invitó a conocer a swami Muktananda y, aunque por aquel entonces no tenía muchas inquietudes espirituales, aprovechó, sin embargo, la ocasión para tomarse un fin de semana y poder descansar durante unos días de sus responsabilidades como esposa y madre.
Durante ese retiro Christina aprendió a meditar. De tanto en tanto, swami Muktananda les daba algunas charlas que tuvieron un profundo efecto sobre ella. Durante su segundo día de retiro tuvo la siguiente experiencia:

En una de las sesiones de meditación, Muktananda me miró y luego me presionó el entrecejo varias veces con el dedo. El impacto de ese gesto, en apariencia tan sencillo, abrió de golpe lapuerta a todas las experiencias, emociones y energías que había estado reprimiendo desde el nacimiento de Sarah.
De pronto me sentí conectada a una red de alto voltaje y comencé a temblar descontroladamente. La respiración dejó de estar bajo mi control y se hizo más automática y rápida que de costumbre. Las visiones comenzaron entonces a aflorar en mi conciencia. Lloraba a lágrima viva mientras me sentía nacer y morir al mismo tiempo. Me sumí en el dolor y el éxtasis, en la fortaleza y la ternura, en el amor y el miedo, en lo más profundo y en lo más elevado. Me hallaba en una especie de montaña rusa vivencial sabiendo que el genio había salido de la botella y no podría volver a meterlo dentro de ella.

En este tipo de experiencias kundalínicas, la persona puede romper a reír o a llorar involuntariamente, puede entonar cánticos o mantras, hablar lenguas desconocidas, emitir sonidos animales o asumir espontáneamente posturas o gestos yóguicos. El observador no iniciado puede llegar a creer que la persona se ha vuelto completamente loca y lo mismo puede parecerle a quien atraviesa esta experiencia sin una preparación adecuada.
Sin embargo, cuando nos aproximamos a la experiencia del despertar de kundalini en el contexto de las tradiciones yóguicas, podemos asistir a una apertura dramática de la vida espiritual y a una expansión y ampliación de la conciencia de lo que hemos denominado el nivel transpersonal.

El contacto con espíritus animales

En nuestra exposición anterior sobre la conciencia animal ya hemos pasado revista a una serie de experiencias transpersonales que implican una completa identificación con las formas físicas de animales pertenecientes a diversas especies. Sin embargo, también es posible experimentar la faceta espiritual o la esencia arquetípica de una determinada especie.

La experiencia de identificación con espíritus animales, o «animales de poder», desempeña un papel fundamental en el chamanismo, la religión y el sistema curativo más antiguo de la humanidad. En estados no ordinarios de conciencia, alcanzados espontáneamente o provocados mediante el uso deliberado de ciertas técnicas inductoras del trance, los chamanes de las diferentes tradiciones aborígenes entran en contacto con distintos espíritus animales y utilizan esa conexión para propósitos que van desde la localización de presas animales para los cazadores de la tribu hasta el diagnóstico y la curación de enfermedades. A través del contacto con su espíritu guardián o con su animal de poder, el chamán puede conectar con los poderes del mundo animal y otras fuerzas de la naturaleza.

En las tradiciones chamánicas, la guía del espíritu del animal representa el poder de toda una especie de la que el chamán extrae el conocimiento o la energía para la curación, la caza o provocar un cambio en las condiciones de vida de la tribu. Las técnicas utilizadas para conectar con estos espíritus y poderes varían de una cultura a otra. Los zuni (ashiwi) de Nuevo Méjico, por ejemplo, utilizan figurillas de piedra -«fetiches» que representan a los animales- y se sirven de ellos para invocar al espíritu del animal, conectar con él o usarlo como mediador entre los humanos y las formas espirituales más elevadas del mundo natural. Las culturas chamánicas consideran que los animales de poder constituyen una fuente de vitalidad, salud y poder personal para vivir en armonía con la naturaleza. La mayor parte de las danzas, cantos, plegarias y otros aspectos de la vida ritual de muchas culturas aborígenes giran en torno a los poderes animales y son utilizados para comunicarse con ellos, conjurar su sabiduría y su poder o restablecer los vínculos quebrantados por la negligencia, la falta de respeto o el agravio hacia los espíritus animales o hacia algún espíritu superior del mundo natural. Pero la investigación sobre la conciencia me ha llevado a descubrir que la experiencia de identificación con espíritus animales no se halla circunscrita a las culturas aborígenes sino que también suele presentarse en miembros de sociedades urbanas más modernas y sofisticadas tecnológicamente en estados no ordinarios de conciencia.

En las sesiones holotrópicas y psicodélicas, en los talleres de chamanismo y en las crisis psicoespirituales espontáneas (crisis de emergencia espiritual), por ejemplo, también suelen tener lugar experiencias de identificación y comunicación con el mundo animal. Con mucha frecuencia he sido testigo de experiencias tan convincentes que terminaron despertando un profundo y genuino interés por el chamanismo en occidentales previamente escépticos. No son pocos los casos en los que las personas han experimentado una importante transformación que les ha impulsado a estudiar sistemáticamente el chamanismo con antropólogos y chamanes experimentados. Este tipo de experiencias puede adoptar formas muy diversas. A veces, cuando el animal aparece en un sueño o en una visión, puede ser simplemente una expresión simbólica del lenguaje de la mente inconsciente. En tal caso, su significado debe ser descifrado mediante un proceso de análisis similar a la psicoterapia freudiana. En estos sueños y visiones, los animales pueden representar mensajes crípticos reveladores de algunos sentimientos y cualidades personales del que sueña. Así, por ejemplo, la imagen de una pantera o de un tigre quizás pudieran simbolizar los sentimientos de agresividad del soñador mientras que un caballo, un toro o una cabra, por su parte, pueden constituir una representación del deseo sexual de la persona. Sin embargo, debemos distinguir la simple representación simbólica de la identificación transpersonal con diferentes animales. Quienes han atravesado este último tipo de experiencias refieren que se trata de algo tan inusitadamente intenso y genuino que no existe la menor duda de que el animal posee una identidad perfectamente diferenciada de la persona que lo percibe.

En cualquiera de los casos, lo cierto es que la experiencia revela una serie de datos sobre el animal que la persona en cuestión desconocía previamente. Por lo general, las personas que atraviesan una experiencia transpersonal con una presencia animal se resisten a atribuirle un sentido meramente simbólico e insisten en que no existe nada que analizar o interpretar ya que, para ellos, se trata de una verdadera experiencia de comunicación con el animal en cuestión. Además de este tipo de identificación con un animal concreto, la persona también puede identificarse con el «alma», con el «depósito» de las experiencias de todos los miembros de esa especie. La existencia de una entidad de estas características ha sido investigada seriamente por el biólogo Rupert Sheldrake, quien sostiene que la memoria y la sabiduría de las distintas especies se almacena en lo que él denomina «campos morfogenéticos», una dimensión inaccesible a la metodología de la ciencia contemporánea pero a la que puede accederse mediante las técnicas chamánicas. Gregory Bateson, por su parte, también se ha ocupado de este tema en su investigación sobre el papel que desempeña la mente en el mundo natural. La experiencia con los espíritus animales y con los animales de poder es notablemente diferente de la experiencia simbólica de animales o de la identificación transpersonal con individuos o con especies enteras. Las experiencias simbólicas son creaciones de la mente inconsciente mientras que la identificación con los animales individuales -o con el alma de una determinada especie- tiene que ver con fenómenos que son un reflejo del mundo físico. Por su parte, los animales de poder pertenecen al dominio de la realidad arquetípica y poseen atributos extraordinarios que los diferencian completamente de los animales con los que podemos encontrarnos en el mundo natural. Los espíritus animales irradian una energía inusual, poseen la capacidad de utilizar el lenguaje de los seres humanos y pueden manifestarse asumiendo forma animal o forma humana. A veces, incluso, se mueven en entornos inhabituales para ellos. Así, por ejemplo, una serpiente puede volar por los aires con o sin la ayuda de alas, demostrando que ese espíritu del animal trasciende el papel que suele desempeñar en la naturaleza.

El ejemplo que veremos a continuación -relatado por Hal Zina Bennett, quien inició un trabajo pionero con los fetiches zuni hace ya veinte años- constituye una excelente muestra de la experiencia de la conciencia animal y de la comunicación con los espíritus animales. En este sistema indígena americano, el chamán se comunica con el animal sirviéndose de una pequeña figura de piedra que representa al animal en cuestión. Tal como me había instruido mi guía sostuve en la mano derecha la pequeña figurilla (un puma tallado en piedra) y me dirigí a él con la denominación que recibe en la tradición zuni, «Guardián del Norte». De inmediato sentí una comunicación muy poderosa y directa. Podría incluso decir que se trataba de algo más visceral que verbal, como si hubiera conectado con cada una de las células del cuerpo del animal y, en lugar de observarlo, me hubiera convertido, de algún modo, en él. En un determinado momento percibí la imagen mental diáfana de una hermosa, impecable y digna leona de montaña que se hallaba medio oculta entre los matorrales altos que se alzaban al borde del cañón. El animal se acercó cautelosamente, avanzando y retrocediendo en un zigzagueante y tranquilo movimiento. Sus ojos parecían observarme con cierta indolencia pero yo podía percibir la existencia de una fuerte conexión energética entre nosotros. Si me movía, o incluso si tenía algún pensamiento o sentimiento agresivo hacia ella, nuestra conexión desaparecía de inmediato. Sentía una mezcla de reverencia y temor, pero algo en mi interior me decía que si mantenía la atención, no tenía nada que temer y podría aprender muchas cosas de ella. Cuando el animal llegó a unos pocos metros de Hal se detuvo, lo miró de frente y tensó súbitamente todos los músculos de su cuerpo en una posición de alerta. Hal dijo que parecía como si estuviera «apuntando al centro de mi alma». Durante más de un minuto se quedó paralizado, temiendo que, en cualquier momento, pudiera saltar sobre él y despedazarlo con sus afiladas garras. El relato de Hal prosigue del siguiente modo:

De pronto extendió su cuello hacia adelante, me mostró los dientes y lanzó un rugido sordo y estremecedor que provocó un escalofrío hormigueante en mi espina dorsal. Luego se quedó quieta y todos mis temores se desvanecieron y me sentí embargado por un sentimiento de amor y respeto. Entonces la leona se sacudió, se recostó y giró su cabeza como si hubiera perdido todo interés en ni¡ presencia. Luego escuché un rumor que procedía de lo más profundo de mi cuerpo y tardé unos instantes en darme cuenta de que era el mismo ronroneo profundo y monótono propio de un gato doméstico, un sonido cuya intensidad recorría sensualmente la totalidad de mi cuerpo. Como ya he dicho, no hubo ningún tipo de comunicación verbal entre nosotros. Sin embargo, en los breves instantes que compartimos descubrí la forma de mantener la frontera y el territorio del individuo, así como un profundo sentimiento de reverencia hacia la caza y un respeto sagrado por el espíritu de la presa. El puma, en definitiva, tiene una comprensión íntima de la naturaleza y no se relaciona con ella como si fuera un espacio meramente físico sino como una fuerza imponente de la que participan los cazadores, las presas y el resto de las criaturas.

Los días siguientes Hal volvió mentalmente a ese lugar para seguir aprendiendo nuevas cosas sobre el puma y su visión de la vida. A partir de ese momento, el puma se convirtió en una especie de espíritu guía ante cualquier situación relacionada con los límites personales o el uso correcto del poder.

Encuentros con guías espirituales y seres sobrehumanos

Una de las experiencias más reconfortantes del nivel transpersonal es el encuentro con guías espirituales, entidades que son percibidas como seres sobrehumanos que habitan en planos de conciencia y en niveles energéticamente superiores. Estos guías espirituales pueden adoptar formas humanas reconocibles y comunicarse con nosotros del mismo modo que lo hace una persona en sueños, pero también pueden aparecer bajo la forma de una luz radiante o de un poderoso campo energético. En contadas ocasiones se comunican verbalmente y, en su lugar, parecen utilizar canales extrasensoriales o telepáticos para transmitir la información. La mayor parte de las personas que disponen de un guía espiritual que les orienta afirman que éste apareció de manera espontánea. No obstante, estos guías también pueden aparecer súbitamente en un período de crisis interna, durante una enfermedad grave, después de una lesión física o mediante cualquier tipo de práctica espiritual. Hay algunos guías espirituales que se presentan con su nombre mientras que otros, en cambio, prefieren permanecer en el anonimato. Estos guías espirituales pueden ofrecer diversos tipos de ayuda. Pueden intervenir para advertirnos de algún peligro inminente o brindarnos su consejo cuando afrontamos períodos difíciles de crecimiento psicológico o espiritual. Sin embargo, después de ayudarnos en una crisis o una situación de emergencia pueden desaparecer para siempre o continuar orientándonos en los asuntos cotidianos. En su libro Memorias, sueños y pensamientos, C.G. Jung nos ofrece una extraordinaria historia sobre guías espirituales. Cierto día, Jung recibió la visita de un líder espiritual hindú con el que mantuvo una larga conversación y, cuando Jung le preguntó el nombre de su maestro espiritual, el visitante respondió que se trataba de «Shankaracharya». El nombre le resultó familiar porque Shankaracharya es el comentarista más famoso de los Vedas. Sin embargo, Jung pensó que no era posible que su visitante pudiera tener como maestro a un hombre muerto hacía varios siglos. Esperando aclarar esta duda, Jung le preguntó si se trataba del mismo Shankaracharya.

«Sí, me refiero a él», replicó, para su sorpresa.

«¿Entonces, se está usted refiriendo a un espíritu?», insistió Jung.

«Sí, a un espíritu -respondió-. También existen maestros en el plano espiritual. La mayor parte de las personas tienen maestros vivos pero siempre hay alguien que tiene a un espíritu por maestro. »

A lo largo de los tiempos, las personas han recibido información procedente de entidades sobrehumanas y de guías espirituales. A veces los receptores guardan los mensajes recibidos para sí mismos mientras que, en otras ocasiones, actúan como simples intermediarios que deben compartir la información con los demás. En algunos casos, este tipo de comunicación -que, en la actualidad se denomina «canalización»- está destinada a millones de personas. Suele aceptarse, por ejemplo, que los Vedas, quizás las escrituras más antiguas del mundo, se basan en revelaciones canalizadas por antiguos sabios y videntes de la India.

Del mismo modo, según la fe musulmana, el Corán fue también canalizado por Mahoma en un estado visionario. En Estados Unidos, la influyente Iglesia de los Santos de los últimos Días (los mormones) se basa en las revelaciones canalizadas por Joseph Smith a principios del siglo XIX. Quienes hayan leído los libros de Alice Bailey sabrán que la misma Bailey reconoce que el verdadero autor de los textos firmados con su nombre es, en realidad, una entidad que se llama a sí misma «el Tibetano». Por otra parte, el conocido psicólogo Roberto Assaglioli afirma que comunicó con la misma entidad y que ésta le confió los principios fundamentales del sistema de desarrollo personal denominado «psicosíntesis». En algunos casos, el guía espiritual proporciona un servicio muy útil y práctico al dirigir la atención de la persona que sirve de canal sobre ciertos pasajes de textos muy diversos que proporcionan información sobre un determinado tema.

En el curso de su vida, C.G. Jung experimentó muchas y poderosas experiencias transpersonales. Ya hemos mencionado el dramático episodio en el que sirvió de canal para que una entidad, que se presentó como Basilides el Gnóstico, le transmitiera su famoso texto Septena Sermones ad Mortuos. Jung también conectó con otro guía espiritual llamado Filemon, de quien aprendió muchas cosas sobre la dinámica del psiquismo humano. En la última época de su vida, Jung afirmó que la mayor parte de su obra estaba basada en información recibida por esos medios y llegó a dudar de que sus logros personales en el estudio del psiquismo humano hubieran sido posibles si se hubiera limitado a la información recogida por medios habituales. En las dos últimas décadas la canalización se ha popularizado y ha atraído la atención de un público cada vez más numeroso. La popular serie de escritos firmados por Jane Roberts y recibidos de una entidad llamada «Seth» es uno de los muchos libros basados en información procedente de guías espirituales. También podemos citar, en este sentido, el Emmanuel k Book, de Pat Rodegast, los Messages from Michael de Yarbo y el New Age Transformations: Revelations de David Spangler. Uno de los textos canalizados más famosos es el bestseller conocido como Un curso de milagros, un libro aclamado por numerosos profesionales de reconocido prestigio, como los doctores Hugh Prather y Gerald G. Jampolsky, por ejemplo, quienes lo utilizan como base de sus conferencias y seminarios. El texto original fue canalizado por Helen Schucman, una psicóloga convencional, atea y poco dada a creer en lo paranormal que gozaba de una sólida posición en la universidad y de un excelente historial profesional. El chanelling, o contacto con guías espirituales, se encuadra en el amplio espectro de experiencias transpersonales que pueden acaecer en estados no ordinarios de conciencia. Veamos a continuación el relato de las experiencias de un profesor de filosofía en estado no ordinario de conciencia con todo un grupo de guías espirituales a los que percibió como un consejo cósmico de ancianos.

La inteligencia que ha dado lugar a la existencia de nuestro universo es enormemente sofisticada y su actividad trasciende, con mucho, la comprensión del ser humano. Pero si queremos acceder a este conocimiento, esta inteligencia nos enseñará cómo hacerlo. En el fondo, esta inteligencia no es otra cosa más que nuestro propio ser; por consiguiente, deberemos aprender a despertar cada vez más niveles de «nuestro» propio ser, del Ser. Hoy he tenido la oportunidad de conectar con un consejo de ancianos que me han ofrecido diversas visiones sobre el universo y me han enseñado la forma de entrar en contacto con ellas. Los ancianos son los custodios del conocimiento de lo que ha ocurrido en el universo desde hace miles de millones de años. Yo buscaba este conocimiento y, por ello, fui conducido ante el consejo de ancianos. Pero este conocimiento no es algo que simplemente se nos conceda sino que debemos hacer algo para lograrlo. Primero tenemos que acceder a ese nivel de conciencia y luego debemos mantener la concentración necesaria para recibir el conocimiento que puedan ofrecernos. Yo me hallaba sentado con el consejo de ancianos en el mismo centro del universo, en las entrañas de la tierra, donde los guardianes de la existencia física conjuraban y ponían en movimiento a todo el universo. Cuando en mi mente aparecía el deseo de aprender algo el consejo se daba cuenta de inmediato y lo consideraba como una pregunta. Entonces el jefe del consejo entonaba un canto atronador «Quiere saber tal cosa» y el resto se sumaba al canto y comenzaba entonces una invocación. Cantaban para reunir el poder suficiente para acceder al conocimiento.

Según este sujeto, el consejo de ancianos le concedió el acceso a un tipo de «conocimiento experiencial» que le permitió «ver cómo operaba el universo». Sentía que «podía saber todo» lo que quisiera si tenía la suficiente fortaleza como para soportarlo. Sin embargo, para ello, debía «ponerme al mismo nivel de la existencia», es decir, debía expandirse hasta alcanzar el mismo tamaño que la realidad que deseaba conocer. Ser capaz de percibir el universo de este modo respondía a un anhelo tan profundo «que me había estado guiando a lo largo de miles y miles de años». Nuestro sujeto prosigue su relato del siguiente modo:

A veces me confundía o me distraía mientras los ancianos cantaban. Cuando esto ocurría, algo me cogía de los mismos huesos y me decía: «¡Escucha! ¡Escucha! ¿Quieres crecer? ¡Escucha! Eso no es lo que deberías estar haciendo. ¡Presta atención!». Entonces los grandes monjes se acercaban y me repetían: «¡Escucha! Todas las cosas tienen su lugar, pero si quieres comprender la estructura del universo deberás ser capaz de asimilarlo en los niveles más profundos. ¡Tendrás que ser capaz de experimentarlo!»

Viajes a otras dimensiones y universos paralelos

En ocasiones, las experiencias transpersonales parecen discurrir en entornos extraños, en mundos cuya realidad es muy diferente de la nuestra y que parecen estar ubicados en planos paralelos y coexistentes con nuestra realidad. Por regla general, las entidades que habitan esos mundos poseen formas extrañas, formas completamente diferentes a lo que conocemos en nuestra realidad física y suelen funcionar de acuerdo a leyes que nos resultan ajenas. Aunque muchas de ellas son criaturas inteligentes pueden mostrar, no obstante, procesos emocionales e intelectuales que tienen poca o ninguna similitud con los nuestros.

Los viajes a estos universos paralelos suelen semejarse a las ingeniosas historias de ciencia ficción a que nos tienen acostumbrados las películas de la saga de La Guerra de las Galaxias, de George Lucas, o algunas escenas de la serie televisiva Star Treck. En ocasiones, este tipo de aventuras pueden ser peligrosas debido a la naturaleza hostil de las criaturas implicadas o al temor y la incertidumbre que nos suscita lo desconocido. Cuando la situación parece peligrosa es porque el visitante se encuentra en un entorno que le es completamente ajeno, un mundo en el que cualquier paso en falso puede abocarle al desastre. Este tipo de experiencias transpersonales difumina los lí- mites existentes entre la realidad objetiva y el dominio mítico del inconsciente colectivo. En ellas, el sujeto nunca tiene la seguridad de que la experiencia constituya una visita real a un remoto planeta de nuestro cosmos, un viaje interdimensional a un universo paralelo o un estado visionario que se origina en el inconsciente colectivo. Las experiencias relacionadas con ovnis procedentes de otros mundos y los encuentros con inteligencias alienígenas también suscitan el mismo problema de interpretación. Como veremos en el análisis del fenómeno ovni, este tipo de experiencias comparten la extraña particularidad de estar situadas en una zona crepuscular ubicada entre la realidad consensual y el mundo de la conciencia y los arquetipos.

Viajes a las realidades míticas

La mayor parte de nosotros creemos que los mitos son ficciones inventadas sobre héroes imaginarios en lugares inexistentes, productos, en suma, de la fantasía y la imaginación. Sin embargo, el trabajo pionero de C.G. Jung y del mitólogo Joseph Campbell -por citar tan sólo a dos autores- ha demostrado que esta visión de la mitología es superficial e inexacta y que los auténticos mitos (a los que Jung denominó arquetipos) son manifestaciones de los principios cósmicos que gobiernan nuestras vidas.
Aunque estos arquetipos encuentran su expresión en el psiquismo individual no son, sin embargo, una creación humana.
En cierto sentido, los arquetipos están supraordenados con respecto a nuestro psiquismo ya que representan los principios universales que rigen la actividad de nuestra vida individual. Según Jung, el poder de los arquetipos se expresa tanto en los procesos individuales como en los grandes acontecimientos culturales e históricos. Los arquetipos son universales y, por consiguiente, trascienden las fronteras culturales, geográficas e históricas, aunque pueden aparecer con denominaciones diferentes o mostrar variaciones de matiz entre una cultura y otra. Puesto que los mitos implican a los arquetipos podemos afirmar que aquéllos también poseen cierto grado de autonomía y existencia más allá del ser humano. Los mitos descansan en ese vasto océano de conocimiento al que Jung denominara «inconsciente colectivo» y tienen el mismo grado de realidad que las aves que surcan los cielos o los peces que moran en el océano.

Por su parte, la investigación moderna sobre los estados no ordinarios de conciencia no sólo ha confirmado la visión junguiana de los arquetipos sino que también le ha añadido una nueva e importante dimensión ya que, en esos estados, tiende a desdibujarse la frontera que separa el mundo mitológico del mundo material. En el momento en que la consistencia del mundo material se descompone en pautas dinámicas de energía aumenta la realidad y tangibilidad del mundo arquetípico. En tal caso, las figuras mitológicas y los paisajes que configuran el mundo de los mitos cobran vida y asumen una existencia independiente.
En estas circunstancias, la experiencia del mundo mítico resulta, como mínimo, tan palpable y convincente como la propia realidad cotidiana.
En su aspecto más esencial y más profundo, los arquetipos constituyen principios cósmicos abstractos que se hallan más allá del mundo de nuestros sentidos. Sin embargo, en ciertos estados no ordinarios de conciencia pueden presentarse en forma perceptible a nuestros sentidos internos o manifestarse como una presencia casi palpable. Existen arquetipos universales que asumen aspectos diferentes en función del contexto cultural en el que se manifiestan pero también los hay que adoptan características mucho más individualizadas. Así, por ejemplo, los arquetipos universales de la Madre o del Padre sintetizan todos los atributos fundamentales propios de estos roles al margen de la raza, el color, la cultura o las circunstancias concretas del caso. Otros ejemplos de arquetipos universales son el Anciano/a Sabio/a, el Amante, el Mártir, el Tramposo y el Marginado mientras que el Dios Padre y la Diosa Madre, o sus contrapartidas negativas, el Padre Tiránico y la Madre Terrible, constituyen ejemplos de arquetipos más particulares y limitados. El estudio de la conducta y la personalidad humana condujo a Jung a formular la existencia de tres arquetipos fundamentales:

1) el Ánima, la personificación de los aspectos femeninos en el inconsciente del hombre

2) el Animus, la personificación de los elementos masculinos en el inconsciente de la mujer

 3) la Sombra, la faceta oscura, no reconocida y reprimida de nuestra personalidad.

Mientras no seamos conscientes de ellos y los reconozcamos, estos tres aspectos, aunque ocultos e ignorados, determinarán poderosamente nuestras decisiones vitales y condicionarán nuestra conducta y nuestra experiencia. Durante una sesión psicodélica llevada a cabo hace ya tiempo tuve la oportunidad de establecer un contacto directo con los arquetipos. Esta experiencia personal contribuyó, en gran medida, a aumentar mi comprensión de esta fascinante faceta de nuestro psiquismo:

Hacia el final de una sesión en la que había experimentado visiones extraordinarias relacionadas con el Apocalipsis, me encontré de pronto ante un gran escenario que parecía estar situado en medio de ninguna parte, suspendido en el espacio cósmico y fuera del tiempo. Por ese escenario discurrían las personificaciones de los principios cósmicos (arquetipos) que crean la ilusión del mundo fenoménico, un juego divino de la conciencia cósmica que los hindúes denominan lila. Esta escena poseía una majestad y grandeza que superaba ampliamente mi capacidad de descripción. Pude contemplar figuras proteicas que mostraban multitud de facetas, niveles y sentidos diferentes. Me resultaba imposible limitarme a un sólo aspecto ya que, mientras los observaba, cambiaban de continuo como si se tratara de una compleja representación holográfica.

Cada uno de los arquetipos parecía representar, al mismo tiempo, su propia esencia y todas las manifestaciones concretas que adopta ese principio en el mundo fenoménico. Si bien se trataba de entidades claramente individualizadas también abarcaban seres y situaciones procedentes de todos los lugares y épocas históricas. Pude contemplar a Maya, el principio sutil y misterioso que simboliza la ilusión que origina el mundo material. Era una figura similar al Anima, la personificación de la fuerza o del principio del eterno femenino. Vi una figura terrible que se asemejaba al dios Marte y que parecía ser el responsable de todas las guerras que han asolado la historia de la humanidad. También vi a las figuras del Rey, del Eremita, del Tramposo y de los Amantes que encarnan las historias amorosas de todas las épocas. Todos se inclinaron hacia mí, como si esperaran mi aplauso por su representación estelar en la Obra Divina del universo y realmente parecían disfrutar con mi aprobación.

Aunque existen figuras universales arquetípicas, como las que acabamos de mencionar, también existen motivos o temas arquetípicos propios de los estados transpersonales de conciencia. En tal caso, se trata de argumentos, alegorías e historias en cuyo planteamiento y desenlace también existen figuras arquetípicas.

Muchos de estos temas se expresan en la vida social y sexual de la humanidad. Estas experiencias internas constituyen el fundamento de nuestros problemas biográficos, es decir, delos conflictos emocionales que se activan desde nuestra más temprana infancia. Un excelente ejemplo de este tipo es el desprecio que el hijo siente hacia el padre y la atracción que experimenta hacia su madre, un tema -inspirado en la obra bimilenaria de Sófocles, Edipo Rey- que Sigmund Freud terminó popularizando en su conocido concepto del complejo de Edipo, cuya contrapartida arquetípica es el complejo de Electra, el amor que la hija siente por su padre y el odio que experimenta hacia su madre. Otro famoso tema arquetípico es el de los hermanos bueno y malo, inmortalizado por la leyenda bíblica de Caín y Abel.

Por su parte, las fábulas y los cuentos de hadas también suelen expresar este tipo de motivos arquetípicos. « Blancanieves» y «Cenicienta», por ejemplo, describen el doloroso conflicto entre la niña y la madre malvada o la madrastra y «Hansel y Gretel», por su parte, refleja el drama de los hermanos amenazados por la figura de una madre malévola. Asimismo, en la literatura universal existen numerosas versiones sobre el tema de los amantes como, por ejemplo, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta y Abelardo y Eloísa. El tema del conflicto, por su parte, puede adoptar la forma arquetípica de lucha entre la víctima y el verdugo, el asesino y el asesinado, el tirano y el oprimido o el esclavo y el libertador. Según Freud, todos estos mitos se originan en los conflictos biosociales que experimentamos en nuestra vida cotidiana. Desde este punto de vista, el mito de Edipo es una recreación inspirada en un conflicto psicológico universal que los jóvenes experimentan en una determinada época de su vida. La investigación de los estados no ordinarios de conciencia parece avalar la tesis de Jung de que el mundo arquetípico goza de una existencia independiente, se halla supraordenado con respecto a nuestra vida cotidiana y constituye su motor fundamental.

Desde el punto de vista de Jung, el conflicto actual con nuestro padre (en el caso de ser varones) arraiga en un dominio universal de la existencia y expresa un mito -el mito de Edipo- que existe independientemente de nosotros y de nuestra realidad cotidiana. En su libro Los mitos por los que vivimos, Joseph Campbell insiste reiteradamente sobre este particular, y Jean Shinoda Bolen, por su parte, se hace eco de la misma idea en sus libros Las diosas de cada mujer y Gods in Every Man. Resulta extraordinariamente difícil tratar de explicar a alguien que nunca ha experimentado estados extraordinarios de conciencia cómo es posible que una persona se experimente como el arquetipo de la Gran Madre, corno la esencia de la maternidad y de todas las características de todas las madres que han existido en el mundo a lo largo de la historia de la humanidad. Quizás el mejor modo de aproximarnos a esa experiencia sea la de imaginar una figura tridimensional a la que podemos contemplar desde ángulos diferentes y llegar a apreciar, de este modo, todas sus facetas.

La holografía también nos proporciona un buen modelo explicativo al respecto. Hace algunos años se expuso en Hawai un holograma compuesto -que recibió el nombre de «Niño de Hawai»- consistente en un conjunto de numerosos rostros superpuestos que, pese a parecer una sola figura, mostraba, sin embargo, un rostro diferente cada vez que el espectador variaba su posición o su ángulo visual. También existen temas y motivos mitológicos que, a pesar de ser universales, son propios de una cultura o de una religión determinada. Jesucristo y la virgen María, por ejemplo, son figuras específicamente cristianas mientras que los bodhisattvas Avalokiteshvara y Kuan Yin son inequívocamente budistas, y la Serpiente del Arcoiris pertenece al mundo de la Época del Sue- ño propio de los aborígenes australianos. En cualquier caso, lo cierto es que, independientemente de su universalidad o su especificidad, los mitos que aparecen en el dominio transpersonal pueden encuadrarse en dos grandes categorías: la primera de ellas se halla asociada a las fuerzas de la luz y el bien como, por ejemplo, Apolo, Cristo, Isis o Krishna, mientras que la segunda, por el contrario, está relacionada con las fuerzas del mal y la oscuridad, como ocurre con Satán, Hades, Set y Ahriman. A diferencia de la mitología occidental, que tiende a presentar arquetipos claramente dicotómicos, en la mitología oriental, en cambio, existen algunos mitos que trascienden esa polaridad y una única deidad asume los atributos de la luz y la oscuridad al mismo tiempo, como, por ejemplo, el hindú Brahma y los cinco Budas descritos en El Libro Tibetano de los Muertos.

El Vacío Supracósmico y Metacósmico

Una de las experiencias transpersonales más misteriosas es la experiencia del Vacío y el descubrimiento de la Vacuidad, la Nada y el Silencio primordial. Esta extraordinaria experiencia espiritual posee cualidades sumamente paradójicas. El Vacío existe más allá de cualquier forma, se halla más allá del espacio y del tiempo y, aunque es la fuente de todo, no procede de ninguna parte. Se trata de un estado en el que no podemos percibir nada en concreto pero en el cual 1xiste la profunda certeza de que lo contiene todo. Así pues, la Vacuidad Absoluta está pre- ñada potencialmente de todo lo existente. El Vacío trasciende cualquier concepto ordinario de causalidad. Quienes han experimentado este estado se tornan agudamente conscientes de que todas las formas emergen de este Vacío y asumen la forma de un arquetipo o de una realidad fenoménica sin que exista ninguna razón o causa aparente para ello. La idea de que algo puede suceder o tomar forma sin razón alguna quizás parezca incomprensible desde el punto de vista de nuestro estado ordinario de conciencia pero resulta plenamente comprensible cuando experimentamos el Vacío. La analogía que nos proporciona la teoría cuántica ondicular de la física moderna puede ayudarnos a comprender, por un lado, que el Vacío está constituido por un número infinito de «quantos», es decir, de fragmentos que establecen la probabilidad de existencia de un determinado evento y, por el otro, que al elegir una determinada realidad concreta, terminamos creándola en nuestra conciencia.

Fuente: La mente Holotrópica.

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Publicado por en junio 12, 2015 en Artículos

 

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