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El «efecto del campo a»

11 Jun

Por Ervin Laszlo

Tenemos un conjunto de enigmas ante nosotros y una serie de fábulas que intentan explicarlos. Incluso aunque estén formuladas dentro de distintos marcos teóricos, todas las fábulas comparten una conclusión fundamental: las cosas, en el mundo real, no están totalmente separadas unas de otras. No sólo es que estén unidas por flujos de energía, sino que también están enlazadas por flujos de información. ¿Cómo se establece realmente este vínculo? Ésta es la cuestión relativa al efecto del campo A sobre el mundo y es la cuestión que vamos a abordar ahora.

LOS DISTINTOS EFECTOS DEL CAMPO A.

Que el campo A informa todas las cosas con todas las demás, se deduce como la explicación más simple y más significativa de la no-localidad y el enmarañamiento que hemos encontrado en la física y en la cosmología, así como también en la biología y en la investigación de la conciencia. Pero en sí misma, ésta también es una «fábula», aunque sea una muy posible, y no (o no solamente) una teoría científica. Necesitamos explicar también cómo funciona el campo A. Explorar el funcionamiento del campo A no es nada sencillo, ya que el campo A no puede percibirse. Sin embargo, este campo no es un fantasma imaginario, ya que produce un efecto y este efecto sí puede percibirse. Ésta es la regla y no la excepción en relación con los otros campos postulados en la ciencia. Por ejemplo, el campo gravitatorio no puede percibirse: cuando dejamos caer un objeto al suelo, lo vemos caer, pero no vemos el campo que lo hace caer, es decir, vemos el efecto del «campo G», pero no el campo G en sí mismo. El efecto del campo G es la fuerza gravitatoria entre masas separadas, el efecto del campo EM es la transmisión de las ondas electromagnéticas y el efecto de las fuerzas nucleares fuerte y débil es la atracción o repulsión entre masas extremadamente próximas unas de otras.

¿Pero cuál es, con precisión, el efecto del campo A?

Hemos dicho que sabemos qué es lo que produce el efecto del campo A: es el vacío cuántico. La cuestión es cómo el campo A del vacío afecta a las partículas y a las cosas más complejas que son conjuntos integrados de partículas, los átomos y las moléculas, las células y los organismos, y las estrellas y galaxias, que existen en el espacio y en el tiempo.
El efecto del campo A transmite información a todas las cosas con todas las otras cosas. Es universal, pero no es universalmente intenso y evidente. La información universal en la naturaleza no significa una información uniforme.
El campo A transmite la información más directa, intensa y, por consiguiente, evidente, entre las cosas que son muy similares entre sí (es decir, que son «isomórficas», poseen la misma forma básica). Esto es debido a que la información contenida en el campo A lo es a través de las figuras de interferencia superpuestas de las ondas del vacío y que son equivalentes a los hologramas. Sabemos que en un holograma cada elemento concuerda con los elementos que son isomórficos: con aquellos que son similares a él. Los científicos denominan a dicha concordancia con el término «conjugación», una figura holográfica similar es conjugada con figuras similares en cualquier colección de las mismas, aunque su número sea muy grande.

La experiencia práctica nos confirma lo anterior. Empleando la figura conjugada como la «clave», podemos identificar cualquier otra figura individual en la figura compleja ondulatoria de un holograma. Sólo necesitamos insertar la figura ondulatoria dada en el maremágnum de figuras del holograma y ésta se asociará con sus correspondientes conjugadas. Esto es lo mismo que sucede también cuando elegimos de entre los millones y millones de páginas web en Internet la que nosotros necesitamos.
Lo que hacemos es introducir el código de la página, su URL, y el sistema busca su identificación exacta con el sitio al que corresponde el código. Con ello conseguimos abrir el acceso que queremos de entre la enorme multitud de accesos que se encuentran en la Web.
Cuando aplicamos el principio de la conjugada a las figuras de interferencia en el campo A, lo que obtenemos es una imagen simple y lógica. Los objetos son «informados» de forma directa por los otros objetos que muestran un mayor parecido. Por ejemplo, una ameba es informada directamente por las otras amebas. Pero esto no significa que entre las cosas que son muy diferentes entre sí no exista una vía de información mutua. También intercambian información, pero el efecto no es tan evidente en todos los casos. Las amebas son informadas por otros organismos unicelulares, y también lo son por entidades mucho más simples como las moléculas, o mucho más complejas como los organismos multicelulares. Pero la información recibida de los objetos que pertenecen a otros niveles es menos intensa y evidente que la que se comparte con los objetos que se corresponden con el mismo nivel. Lo mismo sucede con los seres humanos. Recibimos una información directa de nuestros propios congéneres, aunque seamos también informados, de forma menos directa, por los animales, las plantas, y por toda la naturaleza. La información a través de las trazas holográficas en el campo A sintoniza de forma sutil con todas las otras cosas y da cuenta de la coherencia que encontramos en la naturaleza viviente, así como en el cosmos como un todo.

El efecto del campo A en el cosmos.

El campo A relaciona cosas y sucesos del universo a través de las ondas de torsión en el vacío a velocidades asombrosas, más de mil millones de veces superiores a la velocidad de la luz. Las figuras de interferencia de las ondas de torsión crean hologramas de escala cósmica, los hologramas de las estrellas y de los sistemas estelares enteros. Estos hologramas se extienden a través de todo nuestro universo correlacionando sus galaxias y las otras macroestructuras.

Las figuras de interferencias de las ondas de torsión de las estrellas y de los sistemas estelares crean el holograma de toda la galaxia, y las interferencias de las ondas de torsión de la metagalaxia (el conjunto de todas las galaxias) generan el holograma del universo. Este último holograma es conjugado con el holograma de las galaxias, de modo que este holograma integrador crea la coherencia entre todas ellas, consigue correlacionar los caminos de su evolución. Este efecto del campo A es extremadamente sutil aunque efectivo: las estrellas y las galaxias evolucionan de manera coherente a lo largo de todo el universo, incluso a través de distancias que podrían no haber sido recorridas por ninguna luz o señal conocida por la física moderna. El «ajuste fino de las constantes universales», el por qué los parámetros fundamentales del universo se encuentran coordinados de una forma tan sorprendente de modo que los sistemas complejos como nosotros mismos pueden aparecer en él, es asimismo un efecto del campo A. Sabemos que el Big Bang fue increíblemente preciso en relación a sus parámetros, y que la
densidad-energía del vacío fue también la precisa para que las partículas creadas en la explosión no volaran distanciándose antes de que pudieran condensarse en galaxias y en estrellas, y en una variedad de planetas con la potencialidad de albergar vida en ellos. En un universo con un ajuste menos fino, no habríamos podido estar aquí para maravillarnos con estas precisiones. Con sólo una minúscula desviación (tan pequeña como una milmillonésima del valor de una de las fuerzas universales como el electromagnetismo o la gravedad, o un diminuto exceso en la energía-densidad del espacio), el universo habría sido incapaz de producir las condiciones para que los organismos vivientes pudieran emerger y evolucionar.

En la teoría del Big Bang no se ofrece una explicación convincente del ajuste fino de las constantes: la corriente dominante en la cosmología sólo es capaz de asumir que el preespacio del universo tuvo una naturaleza aleatoria, con fluctuaciones de las probabilidades en el vacío. Sin embargo, es muy improbable que las fluctuaciones de probabilidad hubieran resultado precisamente en las figuras de fluctuación que pudieron dar lugar a un ajuste fino de universo como el nuestro.

Los teóricos de las cuerdas ofrecen una explicación para el ajuste fino de nuestro universo. Leonard Susskind sugiere que la densidad de energía del vacío varía de región a región. Existen muchas «vacuidades» localmente diferentes, quizá del orden de 10.500, en las que se puede encontrar, con una certeza razonable, al menos una de las propiedades que estamos buscando. Ya que estamos aquí para dicha búsqueda, es evidente que lo hemos encontrado: es nuestro «vacío local» particular, nuestra región del cosmos.
Sin embargo, existe una explicación más simple. El «Bang» que originó el nacimiento de nuestro universo, y el vacío en el que ocurrió, fueron informados por un universo anterior, un ciclo previo del metaverso. Ya sea el universo infinito o finito en el espacio (algo que no está claro todavía en la actualidad), se puede afirmar con toda probabilidad que no es finito en el tiempo: el cosmos no está limitado a un único universo. En un metaverso multicíclico, todos los universos locales aparecen en el vacío cuántico. Las partículas que dan lugar a la aparición de un universo determinado surgen del vacío, y al final del ciclo de vida del universo caen de nuevo en él. El vacío cuántico existe antes de que cualquier universo vea la luz, y seguirá existiendo después de que toda la materia de cada universo desaparezca en los agujeros negros. En el devenir de una vasta serie de universos, el vacío llega a ajustarse, de forma progresiva, a los procesos que tienen lugar en los universos que se suceden unos tras otros.
El efecto del campo A nos proporciona una explicación simple y lógica de las propiedades del ajuste fino de nuestro propio universo. Cuando este universo nació, el Bang que lo creó y el vacío en el cual el evento tuvo lugar no se configuraron de forma aleatoria. Fueron informados por universos anteriores, bajo una concepción muy parecida a la de un cigoto cuyo código genético es informado por el código genético de los padres. Esta explicación es mucho más verosímil que la proporcionada por una selección aleatoria entre un número astronómicamente grande de universos sin conexión, o entre un número inconcebible similar de «vacíos» en un mismo y único universo.

El efecto del campo A en el mundo de los seres vivos

Hay un efecto del campo A a través de la naturaleza, ya que el campo A también afecta a los organismos. En el mundo de los seres vivos los hologramas individuales de las moléculas y de las células que constituyen un organismo concuerdan (se conjugan) con el holograma que engloba al organismo completo. Existe, en consecuencia, una correlación sutil pero efectiva entre las moléculas, las células y los órganos de un organismo, produciendo una coherencia casi instantánea dentro del mismo. Esta relación de conjugación existe tanto si las moléculas y las células se encuentran próximas entre sí como si están distantes. Tal y como hemos visto, los experimentos muestran cómo las células que una vez pertenecieron a un determinado organismo permanecen conectadas con él incluso cuando se encuentran a kilómetros de distancia del mismo.
La información a través del campo A justifica no sólo la coherencia cuasiinstantánea existente entre todas las partes de un organismo, sino también la correlación sutil pero efectiva entre los diversos organismos y su entorno. Los hologramas de las colonias, grupos y comunidades enteras de organismos son conjugados con el holograma de la ecología del cual forman parte.

Este último, en el cual los organismos se encuentran integrados, consigue la correlación de todos ellos en dicha ecología llegando hasta la estructura de su genoma. De ese modo, la variación continua del genoma es informada de forma sutil,
aumentando las probabilidades de que, cuando el medio cambie, el genoma aparecerá con mutaciones que serán viables dentro del nuevo entorno. El mismo principio da cuenta de la evolución sorprendentemente rápida de la vida en los mares primigenios en los comienzos de la Tierra. Se ha comprobado que las rocas más antiguas datan desde hace cuatro mil millones
de años, aproximadamente, mientras que las primeras y ya muy complejas formas de vida —las algas azul-verdosas y las bacterias— tienen su origen hace algo más de 3,5 miles de millones de años. La creación de estas formas de vida requiere de una serie coordinada de reacciones complejas, en donde la pérdida de un simple paso conduce a un final fatal. Es improbable que una mezcla aleatoria de la «sopa molecular» en los mares primigenios poco profundos haya sido capaz de esta hazaña en el lapso de tiempo disponible. Pero la mezcla de moléculas sobre la superficie de la Tierra primigenia no fue del todo aleatoria: ¡recibió la información de las trazas de la vida ya evolucionada!
Evidentemente, estas trazas no se correspondían con aquéllas de la vida en la Tierra ya que estamos hablando de los comienzos más remotos de la evolución biológica en este planeta. Fueron las trazas de la vida en otros planetas.
La «siembra informativa» de la evolución biológica sobre la tierra es totalmente verosímil. El campo del punto cero del vacío se extiende a través de todo el universo y transporta las figuras de interferencia de las ondas de torsión de las partículas y de los sistemas de partículas a todos los puntos del espacio. En donde quiera que los hologramas del vacío penetran, traen consigo información de las formas de vida que han evolucionado en esa región del universo. Ya que la vida en nuestra galaxia debe haber evolucionado con toda probabilidad en otros planetas antes de su evolución en la Tierra, las trazas holográficas de otras biosferas deben haber estado presentes en el vacío al mismo tiempo que aparecían las primeras formas de vida en este planeta.
Estas trazas fueron suficientemente conjugadas con las formas de vida que emergieron en las primeras etapas de la Tierra para producir un efecto sutil pero decisivo sobre ellas. Asimismo, consiguieron acelerar los procesos de prueba y error de la evolución, aumentando las oportunidades de que la mezcla turbulenta de la sopa molecular diera con las combinaciones estables y autosuficientes.
La vida en la Tierra fue informada por la vida en otras partes del universo, del mismo modo en que la vida terrestre informa ahora a otros planetas en donde exista vida, ya pertenezcan a esta galaxia o se encuentren más allá.

EN CONCLUSIÓN. 

Más allá de un mundo inundado por los enigmas a los que nos tienen acostumbrados las ciencias dominantes, está emergiendo un nuevo concepto del universo, que trasciende las ideas establecidas; en lugar de ellas aparece un concepto nuevo y viejo al mismo tiempo: el universo informado, que tiene sus raíces en el redescubrimiento de la tradición ancestral del Campo Akasha como holocampo basado en el vacío. Dentro de este concepto, el universo es un sistema coherente con un grado alto de integración, asemejándose a un organismo vivo. Su propiedad más importante es que la información es generada, conservada y transmitida por y entre todas sus partes. Esta característica es totalmente fundamental. Es capaz de transformar un universo, que se dirige a ciegas desde una fase de su evolución a la siguiente, en un sistema estrechamente interconectado que se construye a partir de la información que ya ha sido generada.
El universo informado es de una coherencia extraordinaria. Todo lo que sucede en un lugar, acontece también en otros lugares; todo lo que sucedió una vez, vuelve a suceder también muchas veces después. Nada en este mundo es «local», limitado a donde y cuando sucedió. Todas las cosas son globales, en efecto cósmicas, para que la memoria de todas ellas se extienda a todos los lugares y en todos los momentos. Esta es la sustancia del universo informado, la visión del mundo que será la seña de identidad de la ciencia y, a la postre, de la sociedad, en el transcurso del siglo XXI.
Un campo cósmico que subyace y conecta a todas las cosas en el mundo constituye una intuición perenne, que está presente en la metafísica y en las cosmologías tradicionales. Los antiguos ya sabían que el espacio no está vacío: lo que existe y ha existido siempre es el origen y la memoria de todas las cosas. Pero este conocimiento estaba basado en una percepción mística o filosófica, producto de una experiencia personal e irrepetible. A partir de ahora, este no va a ser el caso. Se redescubre de nuevo el campo de información de la naturaleza como la vanguardia de la ciencia contemporánea. Ha emergido primero como una fábula poderosa y, a partir de ahí, tras una investigación continua que especifica y profundiza en la teoría del campo A, se constituye en el concepto del universo de la ciencia del siglo XXI.

El redescubrimiento actual del campo Akásico es un desarrollo importante: consigue reforzar la aparentemente indudable experiencia humana cualitativa con los datos cuantitativos generados por el método científico experimental. La combinación entre la percepción única personal y la experiencia observable y repetible interpersonal nos proporciona la mayor seguridad posible de que vamos por el camino correcto: que un campo cósmico de información consigue conectar a los organismos y las mentes en la biosfera, y las partículas, estrellas y galaxias a través de todo el cosmos.

Fuente.

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Publicado por en junio 11, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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