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El concepto de muerte en un nuevo paradigma.

16 May

Por Guillermo Agudelo Murguía y José Guillermo Alcalá Rivero.

 

La Vida es una lucha contra la entropía, comparable con la del héroe griego que muere luchando contra el rayo. Él sabe que éste lo acabará fulminando, sin embargo, muere con el brazo en alto y amenazándolo con el puño, sin rendirse, porque, aunque no esté conciente de ello, su lucha y su muerte son su contribución al Conocimiento Universal.

Para entender cómo funciona la Vida es necesario buscar el significado de la muerte de los organismos y aceptar que no es privativa de lo biológico. En todo proceso, parte de la energía del sistema “muere”, se entropiza. En los albores del siglo XXI, parece vivirse una nueva revolución del pensamiento, comparable con las otras dos grandes revoluciones científicas de los últimos 300 años.

  • En el siglo XVII, se da la comprensión de la absoluta magnitud tridimensional del espacio y el lugar excéntrico del planeta Tierra.
  • En el siglo XIX y principios del XX, surgen la concepción darvinista de la evolución, del tiempo con la teoría de la Relatividad y del espacio con base en la física cuántica.
  • Finales del siglo XX e inicio del XXI, se descubre que los procesos de la naturaleza son dinámicos y no lineales, lo que cuestiona el paradigma darvinista.

Duración: la cuarta dimensión

En el siglo XX, se inicia la comprensión de las implicaciones reales de lo que significa descubrir que el continuum espacio-tiempo no es una serie de estados sino de procesos, en los cuales aparece una clara dicotomía entre procesos de la materia y procesos abstractos de la Información, aunque entre ellos existe una interacción íntima y directa. Todos los procesos de la materia, desde los que se dan en partículas elementales hasta el del propio Universo, funcionan en cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal. La cuarta dimensión es la cantidad de tiempo en que los sistemas funcionan como tales. Así se dice que la duración es al tiempo, lo que el lugar que ocupan los sistemas es al espacio.

La muerte es el final de la duración de la interacción de los elementos de un sistema que lo definen como tal. Al ocurrir la muerte, la Información fisiológica definitoria del sistema, orgánico en este caso, cesa su función y se libera uniéndose con la Información abstracta que el sistema ha liberado a lo largo de su Vida útil. Ésta propiedad ontológica de todo lo material no significa un fin, sino un cambio dentro de un proceso más Complejo, en el cual debe permanecer hasta que éste a su vez llegue a su fin y en turno se integre de manera fractal en otro sistema.

La materia de un sistema biológico está obligada a luchar contra la entropía. Sin embargo, finalmente se somete a la segunda ley de la termodinámica, por lo que al cumplir su duración el sistema termina en el equilibrio y sus elementos tienden al desorden, la ignorancia y la mínima complejidad. No así la Información del sistema, que alcanza la máxima complejidad y accede a los campos cuánticos correspondientes.

Se insiste sobre el hecho de que en los sistemas biológicos, la Información, al tener que equilibrar la ecuación energética, debe alcanzar su máximo potencial y llevar al orden y a una creciente complejidad las estructuras emergentes. Así se llega a la conclusión de que la Vida tiene en el proceso de la muerte una vía para transmitir su Información fisiológica, aumentando así el Conocimiento y Complejidad del Universo. La muerte tiene un papel biológico muy importante al completar los ciclos vitales y generar nueva Vida. Sin embargo, es aún más importante la participación que la muerte tiene en el aumento del Conocimiento. Al morir, los organismos liberan toda la Información adquirida en su interactuar con el medio.

Más allá de la muerte biológica

A lo largo de su historia, el ser humano se ha cuestionado sobre su trascendencia ¿Qué pasa más allá de su muerte biológica? El instinto de conservación siempre le ha sugerido que de alguna manera “algo” trasciende al morir, reencarnado, viajando a regiones ignotas o en una especie de letargo, esperando el momento en que resucitase. Quizá estás fueron las formas más generalizadas de una reflexión que llevó a la sabiduría y al incremento de una conciencia de pertenencia a una determinada cultura. Sin embargo, de esta necesidad de respuesta a esta pregunta ontológica, hubo quien se aprovechó para beneficio de sus propios intereses, iniciando culturas de simulación y engaño que han trascendido hasta el mundo contemporáneo.

Se ha postulado la existencia de una energía directriz, la Información, que se inició con el cosmos y ha evolucionado hacia la Complejidad hasta llegar a constituir la conciencia. Literalmente, “inmortalidad” significa inmunidad a la muerte. Algunos filósofos y religiones apocalípticas han sugerido la posibilidad de Vida después de la muerte. Tal concepto implica mucho más que un tipo de existencia reciclada, ya sea que se identifique con la creencia en la reencarnación, la resurrección o teorías cibernéticas o tecnologías criónicas. En lugar de esto, y sin involucrar discusiones de la naturaleza que tal Vida pudiera tener, se tratará de arrojar alguna luz en la confusión causada por la colisión de viejos paradigmas, explorando la posibilidad de concebir una post-vida en términos que tengan más sentido dentro de un marco de visión evolucionista.

Paradigmas sobre de la muerte

De acuerdo con el filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn, un paradigma es “una constelación completa de creencias, valores, técnicas, etc., compartidas por una comunidad entera.” De esta aseveración se deduce que la constelación social determina la manera de pensar de los grupos inmersos en determinadas culturas y los hace resistentes a cualquier cambio en su modo de ver las cosas. Históricamente hablando, la creencia de vida después de la muerte se ha dado desde dos perspectivas diferentes. Cada uno de ellas se asocia con una distinta visión del mundo o paradigma de la realidad, que no por ingeniosas dejan de ser confusas. Aunque junto con sus combinaciones, ambos tipos de creencias han perdurado y coexistido.

Creencia en el alma

La primera aproximación que, según Kropf, podría llamarse “creencia en el alma” (soul-belief), ha sido generalmente asociada con una visión cíclica del tiempo. Esta visión es usualmente entendida como un fluir constante dentro de un universo eterno y finalmente espiritual. Esta aproximación proporciona un permanente punto de referencia en este mundo del “eterno retorno”, donde el “alma” humana o “espíritu”, después de habitar y animar sucesivos cuerpos, alcanza la existencia en un plano separado, inmaterial. Aparentemente, esta creencia tuvo su origen en antiguas prácticas chamanísticas, quizá las más antiguas y universales formas de pensamiento en cuanto a la posibilidad de la trascendencia ontológica. Un alma inmortal e inmaterial es elemento fundamental del modo filosófico de pensamiento conocido como “platonismo”, derivado de los relatos de Platón sobre las enseñanzas de Sócrates. Esta corriente filosófica ha sufrido múltiples variaciones en formas de pensamiento “idealista”. En las religiones gnósticas, las ideas, formas, patrones o espíritu son vistos como una realidad más permanente y fundamental que los fenómenos físicos. Adaptada, al menos parcialmente por muchos pensadores Cristianos, esta postura filosófica penetró la espiritualidad New Age y la mayoría de los conceptos contemporáneos de “paraiso” o de algún tipo de post-vida por vía del pensamiento religioso Oriental.

La resurrección

La segunda forma básica de posibilidad de Vida después de la muerte es la “creencia en la resurrección” y tiene sus orígenes en una perspectiva de la realidad completamente diferente, generalmente asociada con una visión más “lineal” del tiempo. Muchos especialistas creen que esta visión se originó en el pensamiento persa (especialmente el zoroastrismo), pasando de allí al relato bíblico de la creación. Esta visión toma al mundo físico como valor primordial y sostiene que la función biológica del cuerpo humano es condición básica para las actividades psicológicas de la existencia humana. Cuando tal vida física o biológica cesa, cesa todo lo demás. Por lo que este modo de pensamiento tiene gran dificultad para aceptar la idea de la existencia de una “alma” naturalmente inmortal y consiguientemente las ideas de vida después de la muerte. Cada vida humana es vista con un inconfundible inicio en el tiempo, y por implicación, con un categórico final. De acuerdo con este patrón de pensamiento, si los humanos tienen “alma” ésta es solamente una figura retórica o una descripción de la suma de los procesos mentales, carentes de cualidades naturales para sobrevivir. Pese a su origen religioso, se puede ver en esta visión algo más afín a la moderna mentalidad científico-materialista, en la cual la mente humana o conciencia está caracterizada como “un manojo de sensaciones”, según el filósofo David Hume. Esta visión es testificada por la anatta o doctrina de la negación del alma entendida por la más antigua forma de Budismo, el theraveda. Aunque esta visión también ha tenido su contraparte entre los filósofos “atomistas” del antiguo mundo griego.

Desde un punto de vista “terrenal”, no es sorprendente que cuando las ideas judías sobre alguna posibilidad de Vida después de la muerte empezaron a cristalizarse tomaron la diferente y radical forma de una creencia en una resurrección física. Estas ideas en las que sólo el “espíritu o soplo Divino” es capaz de alentar nueva Vida en un cadáver, permitiéndole trascender a un paraíso, hacen imposible tener un concepto “natural” de Vida después de la muerte,

El Cristianismo se dispersó tempranamente hacia un mundo no Judío donde el pensamiento de Platón estaba ampliamente difundido. De alguna manera, esta teología trató de combinar la creencia en la resurrección con la perspectiva del pensador griego, con la consecuente confusión entre los paradigmas al tratar de reinterpretar lo anterior en términos de lo posterior, la resurrección en términos de la perspectiva griega. El hecho de que el Nuevo Testamento se escribiese originalmente en griego fue determinante para tratar de llevar a cabo esta combinación, tratando así de espiritualizar el concepto de la resurrección. Téngase presente que el término griego psyche es usado comúnmente para referirse al alma. No obstante que la mayoría de las creencias Cristianas se movieron en esta dirección de espiritualización, paradójicamente, su resultado fue la sobre valoración de su propio empeño en la importancia de la resurrección corporal de Jesús. Este dogma no sólo se dio como prueba o justificación de la fe en Él, sino también en la resurrección futura de todo lo susceptible de ser “salvado” como componente esencial del destino eterno de la naturaleza humana, entendida ésta como un todo. Eventualmente, esta misma ambivalencia condujo a un tipo de dualismo radical, así como a varias reacciones de la filosofía moderna. Por ejemplo, Descartes considera el alma como “un fantasma en una maquina”. No es sorprendente que a la luz de esta situación, la duda, franca o contenida, sea endémica en cuanto a la probabilidad de post-vida.

Un concepto nuevo

Si Kuhn está en lo correcto acerca del paradigma que implica toda una “constelación” de creencias, valores, etc., entonces es urgente repensar la forma de abordar el tema. Las revoluciones científicas se dan cuando en una sociedad determinada el paradigma vigente se ve cuestionado en forma creciente, hasta que el desafío origina una revolución científica y ésta a su vez un cambio de paradigma. Esto es un evento crítico en la evolución del pensamiento. Ninguno de los antiguos paradigmas, basados en visiones pre-científicas del mundo, ni sus ideas asociadas con una post-vida, pueden seguir teniendo sentido. En su lugar, este trabajo propone otra alternativa, apoyada en el nuevo paradigma del siglo XXI, que ofrece la posibilidad de una reconceptualización radical y una revaloración de la trascendencia.

En vez de pensar en términos de meros arreglos de “átomos” o pedacitos de “materia” como lo propone el concepto atomista, es en las relaciones o patrones dinámicos o alternativamente en losquanta de Información donde es más probable encontrar la explicación, tanto de la existencia de la materia como del fenómeno de la conciencia ¿Por qué no pensar que electrones y protones son Información pura y sólo se convierten en materia cuando se unen a través de la partícula de Higos? Es necesario repensar íntegramente el concepto “atomista” de la naturaleza, tanto en su estructura como en su desarrollo. Si se ha postulado que en el fondo de todo se encuentra la Información, entonces materia y energía no solamente son lo mismo, sino que ambos son Información en estados diferentes.

De acuerdo con la cosmología contemporánea, el universo puede llegar a su fin de acuerdo con dos opciones principales.

  • El universo se colapsa en sí mismo en un gigantesco agujero negro, en el evento conocido como Big Crunch. Para nosotros, al suceder este evento toda la materia con su inherente Información, se transforma en conocimiento puro.
  • El universo se sigue expandiendo indefinidamente. Sin embargo, nosotros consideramos que al hacerlo, la materia decaerá, con lo que eventualmente, la Información inherente se convertirá en conocimiento puro tal y como sucede en el Big Crunch.

Ambas alternativas garantizan la trascendencia de la Información y su correspondiente conciencia, considerada ésta como el producto más evolucionado de la Información.

De acuerdo con nuestra interpretación de la física de partículas y la teoría de los sistemas dinámicos no lineales, el pensamiento debe verse como campos de Información auto-reflexiva que una vez emergida de quanta elementales, se extiende y complejifica a partir de un evento inicial en el cual tuvo su origen, el Big Bang.
Desde esta perspectiva, lo que la filosofía y la teología por mucho tiempo han tomado como “espíritu” no debe seguir considerándose como un opuesto a la materia sino como su dimensión energética complementaria, la Información, en la cual se enraíza la naturaleza de la energía y la materia misma. El dualismo filosófico, la dicotomía entre la interpretación espiritual y material de la realidad debe ser radicalmente suprimido.

Mayor complejidad biológica conlleva infraestructura apropiada para más altos niveles de conciencia y por lo tanto mayor grado de libertad. Pese a las pretensiones neodarvinistas de que la evolución es ciega y fruto del azar, se puede dar una definición de evolución biológica de acuerdo con el paradigma propuesto.
La evolución es el proceso universal por excelencia, con propósito y dirección irreversible hacia la Complejidad, generando novedad, diversidad, y altos niveles de organización. La “irreversibilidad”, cuestionada por los neo-darwinistas, se explica en términos de la teoría de los sistemas dinámicos no lineales. De ella se deduce que la mayor complejidad de la Información del ser humano llega a su cúspide con la muerte, evento en el cual los campos cuánticos de Información de los sistemas orgánicos se unen con los campos de Información mentales. La fractalidad indica que este fenómeno se da en la muerte de toda una especie, que permite que sus características den lugar a nuevas combinaciones en formas de Vida más complejas. Por lo que se puede decir que la muerte de un individuo o de una especie es un evento crítico que utiliza la Información que se libera para integrarse en una conciencia más compleja. Así, se ve que la Información se auto-organiza, no sólo en términos de sus estados físicos fundamentales, sino en términos de sus estructuras mentales y de la retroalimentación que recibe de todos los sistemas que integran su contexto.

De acuerdo con las leyes del Caos, parece que lo más aleatorio de la naturaleza, el “juego de la oportunidad”, es en sí mismo un prerrequisito teleológico para el incremento de la libertad que se da en el ser humano. Libertad que a su vez explica lo necesario e inevitable de la muerte, pese a ser considerada lo más malo o trágico que le ocurre. Visto así, la muerte es prerrequisito para la reorganización de los campos de la Información humana, conduciéndolos no sólo a su prolongación sino a estados de Información más complejos con el consecuente incremento de los grados de libertad. Por lo que, en lugar de representar su aniquilación, en la muerte, aunque el individuo (el “yo” cuerpo-mente) desaparece, a nivel global, su Información no lo hace, y se integra en una estructura cognitiva de mayor grado de conciencia…

A primera vista, esto parece ser un asunto de cuestionable probabilidad, especialmente en vista de la perspectiva contemporánea sobre la evolución biológica, la cual inclusive enfatiza los viejos dogmas darvinianos de “la supervivencia del más apto”, del concepto completo del “avance” evolucionista, etc. Sin embargo, las evidencias científicas, analizadas imparcialmente, apoyarán la teoría que señala a la Información como una energía, la cual, retro-alimentándose en un proceso evolutivo, se ha hecho más compleja y ha propiciado la aparición de la Conciencia. Por otro lado, el incremento de la duda de que nada podría sobrevivir al colapso del proceso evolutivo, hace que el enfoque que se presenta se considere viable.

La muerte y la termodinámica

Si se está convencido que, pese a ocasionales retrocesos, la evolución es irreversible a la larga, la única alternativa lógica debe ser el considerar una energía en un estado de Conciencia permanente que trascienda el espacio-tiempo. Para nosotros, esta energía sólo puede ser el conocimiento potenciado, la Información, que deberá permanecer de acuerdo con la primera ley de la termodinámica, la cual postula que la energía ni se crea ni se destruye, sólo cambia de forma. De otra manera nada, al menos nada de importancia para el ser humano sobrevivirá, tampoco se podrá explicar la génesis del universo, cuando menos racionalmente. Entendida a la luz del paradigma aquí propuesto, la irreversibilidad de la creciente Complejidad de la Información conduce a una forma de inmortalidad de la Información de todo organismo viviente. Las propuestas opuestas sólo caen en un “nihilismo” filosófico exacerbado.

Como ya se dijo, la vida es una lucha permanente contra la entropía, concepto enunciado en la segunda ley de la termodinámica. A pesar de las afirmaciones hechas por los científicos positivistas en el sentido de que esta ley es inflexible, nosotros sostenemos que si bien a largo plazo ésta es determinista y conduce a la muerte de los organismos y extinción de los sistemas, ofrece igualmente grados de libertad por lo que puede ser infringida en los eventos críticos.
Sin embargo, es necesario apuntar que esta ley rige sólo la materia, no la Información. Cuando parece que la Información, se desordena, es decir se sujeta a la entropía, en realidad quien sufre los efectos de la segunda ley es el emisor y/o el medio y/o el receptor de la Información.

Conclusión.

Al morir un organismo de forma natural, los sistemas que lo integran decaen con su propio ritmo, ya que la naturaleza tiene sus tiempos. La Información que como energía liberan estos sistemas se va uniendo para que a la desaparición del último sistema, la Información total del organismo se integre fractalmente en otro nivel energético con otras Informaciones, las cuales a su vez llevarán a cabo el mismo proceso. De esta manera la muerte no significa destruir sino desarmar para que así la Información liberada, eventualmente, adquiera la potencialidad para integrarse en sistemas más globales y poder ser utilizada por ciertos sistemas en los eventos críticos. Algo que se debe tener presente es que la Información permanece como tal y que aquello que los sistemas que evolucionan adquieren es una réplica. Como en todo, el agente que posee la Información al emitirla no la pierde, como sucede con su contraparte, la materia. Este es un argumento empleado por aquellos que se oponen a la cremación, justificando que tal vez ésta acelere el ritmo natural de destrucción del cuerpo, provocando la dispersión de la Información, ya que la cremación interrumpe el ritmo natural de decaimiento y destruye el organismo, con la consecuente imposibilidad de que la Información de sus sistemas se una.

Es cierto que cualquier cambio inquieta y frecuentemente atemoriza en diferente grado al sujeto que lo vive. Un cambio de trabajo, de domicilio, de pareja, de amistades, etc. no deja de causar inquietud y estrés. Sin embargo, de acuerdo con la teoría de los sistemas dinámicos no lineales, el ser humano normal supera con éxito todos estos cambios. Por lo que respecta al cambio ontológico que significa el cese de las funciones biológicas, el ser humano como organismo físico es incapaz de superarlo por lo que el temor y la duda son ineludibles. Pero de acuerdo con el paradigma propuesto su Información y conciencia trascenderán, por lo que es importante aprender a morir.

Fuente.

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Publicado por en mayo 16, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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