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Breves consideraciones sobre algunos fenómenos médico-místicos.

18 Abr

Dr Guillermo Murillo-Godínez

Existen varios fenómenos médico-místicos también llamados fenómenos sobrenaturales o fenómenos divinos los cuales, a pesar de su evidencia incuestionable, han merecido poca o nula atención por parte de los investigadores médicos. Entre tales fenómenos se encuentran los siguientes:

– De orden cognoscitivo, las visiones: visiones externas o apariciones, visiones imaginativas o sueños proféticos y visiones intelectuales; las locuciones, las revelaciones, conocimiento del interior de otro, la hierognosis (conocimiento de lo sagrado), y la ciencia infusa universal.

– De orden corporal, la estigmatización religiosa, el sudor de sangre (hematidrosis), las lágrimas de sangre (hemolacrimia), el ayuno absoluto y prolongado sin repercusiones adversas (inedia), la vigilia o privación prolongada del sueño, la agilidad, la bilocación, las levitaciones (éxtasis ascensional, vuelo extático y marcha estática), la sutileza, los esplendores, la osmogénesis o clariesencia (percepción injustificada de olores), la invisibilidad, la incorruptibilidad, la incombustibilidad, el discernimiento de espíritus, la telestesia (percepción extrasensorial de objetos o situaciones) religiosa, el profetismo.

– De orden afectivo, éxtasis místico, incendios de amor .

Las ciencias médicas, pueden constituir una valiosa herramienta, aportando la parte que les corresponde, en algunos casos de éstos fenómenos . Sin embargo, sobre los fenómenos de la inedia y el de la incorruptibilidad, no parece haber alguna publicación médica al respecto, ni tampoco parece haber alguna propuesta teórica científica sobre su fisiopatología.

A continuación se hará un breve análisis de algunos de estos fenómenos, tales como: la hematidrosis, la estigmatización, la inedia, y la incorruptibilidad. Sería prudente que hubiera mayor interés por parte de la medicina científica para éste tipo de hechos, aunque, seguramente, se vieran cuestionados los investigadores en sus creencias religiosas personales.

Hematidrosis

«En medio de la angustia, Él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo»
                                                                                                                                               Lc 22,44

La hematidrosis en general, se ha clasificado por sus causas en: como un componente de enfermedad sistémica, menstruación vicariante (cuando se presenta sangrado no uterino concordante con el ciclo menstrual), por ejercicio excesivo, psicogénica (púrpura psicógena o sensibilización autoeritrocítica o síndrome de Gardner-Diamond *), y de causa desconocida (mística?).

(*) Gardner FM, Diamond LK. Auto-erythrocyte sensitization. A form of purpura producing painful bruising following autosensitization to red blood cells in certain women. Blood 1955;10:675-690

El sudor de sangre (hemodiapédesis o efidrosis cruenta ) es un fenómeno que lo presentó Jesucristo, de forma no milagrosa, producto del máximo estrés durante la oración en Getsemaní, por el conocimiento sobrenatural de su próxima Pasión. Según el médico Frederick Zugibe (ex jefe examinador médico del Condado de Rockland, Nueva York), «ha habido muchos casos»; aunque, la mayoría de autores opina, que es un fenómeno raro . Un caso concreto de hematidrosis ocurrida hace varios siglos, sería el de Passidée Crogi, de Sena (1564-1615). Se ha tratado de explicar racionalmente éste fenómeno por medio de la hemofilia; sin embargo, en dichos casos, no hay sangrado por la piel intacta . La hematidrosis debe ser diferenciada de la cromhidrosis roja . La etiología precisa de la hematidrosis, no se conoce, aunque, la asociación del fenómeno con estrés, ha dado pie para el uso terapéutico de betabloqueadores y de benzodiazepinas, con buenos resultados . El sustrato histológico de este proceso, no se ha podido determinar con precisión uniforme, en los pocos casos en que se han realizado biopsias cutáneas , en un caso en particular , dados los hallazgos histopatológicos, los autores proponen el nombre de hematofoliculohidrosis; otros en cambio, han encontrado vasculitis .

Un caso relacionado con la hematidrosis, es el de las lágrimas de sangre (hemolacrimia) , como las que presentaba Teresa Neumann ; se ha propuesto la sensibilización autoeritrocítica como causa de la hemolacrimia . Cabe señalar que también, se ha documentado hemolacrimia en estatuas religiosas, para lo cual, se han argüido explicaciones racionalistas y se han encontrado casos falsos , llegando estos últimos hasta toparse con casas que chorrean sangre .

Estigmatización

«Las ulceraciones persistentes de la piel, no son raras en los trastornos del sistema nervioso, como lo demuestran los estigmas de San Francisco de Asís y las úlceras de Luisa de Lateau»
                                                                                                             Jean-Martin Charcot (1825-1893)

La guerisón par la foi

La palabra estigma proviene del latín stigma y significa picadura, marca o señal. Las marcas o incisiones que los paganos se hacían en su cuerpo en honor de alguna divinidad, constituían una acción prohibida al pueblo hebreo. Uno de los preceptos del Levítico dice textualmente «Ni sajaréis vuestra carne por causa de un muerto ni haréis algunas figuras o estigma sobre vosotros» (XIX, 28). Tolomeo Filopator mandó imprimir una hoja de hiedra, planta consagrada a Baco, sobre los judíos que habían dejado su religión para aceptar el paganismo, y a esta costumbre alude Juan en el Apocalipsis, cuando dice que la bestia ha impreso su carácter en la mano derecha y sobre la frente de aquellos que son suyos, y que no permite vender o comprar sino sólo a aquellos que llevan la marca de la bestia o su nombre. Procopio de Gaza hace notar que era una antigua costumbre de los cristianos hacerse en los brazos estigmas que representaban la Cruz o el monograma de Cristo, para diferenciarse así de los paganos y de los ceftos de Egipto. Se dice también que imprimían con un hierro candente la señal de la Cruz en la frente de los niños para impedir a los mahometanos los robasen para hacerlos esclavos . En la Edad Media, se denominaban con la palabra estigma, las marcas a fuego que se aplicaban en las manos y en la frente de los traidores, malhechores y esclavos.

La Teología trata de los estigmas no naturales, y distingue los diabólicos o estigmas mágicos (proeter naturalia) y los milagrosos (supra naturalia); los primeros, se atribuyen a un pacto con el demonio, del que son señales evidentes las marcas por él mismo impresas; los sitios en donde se decía se podían hallar dichos estigmas, eran: los ojos, el pecho, la espalda, la planta de los pies, etc., y la forma de los mismos, era variable: una araña, un sapo, una salamandra, un lagarto, una liebre, un gato negro, o el casco de un caballo; a veces se decía que el estigma consistía en una excrecencia de carne, como una lenteja o un guisante; para explicar que el estigma impreso por el diablo no podía ser borrado (según dice Eberlé), se admitía que la parte del cuerpo en donde se hallaba estaba muerta y desecada, y se sostenía que el diablo no tenía poder para reanimar lo que estaba muerto (aunque lo anterior, se ponía en contradicción con la ley fisiológica, ya entonces conocida, según la cual, ninguna parte muerta puede subsistir en un organismo vivo). Según los teólogos, los estigmas milagrosos deben su origen a la acción inmediata de Dios, ya para servir de castigo, ya como gracia; ejemplo de lo primero, fue la señal que el Señor impuso a Caín (Gén. IV,15). La estigmatización religiosa, es un fenómeno no exclusivo de los católicos, y el creyente presenta heridas en los sitios en donde las sufrió el personaje de su veneración, aunque, también pueden ser sólo subjetivos (o en órganos internos). Ha habido estigmatizados católicos (más de 400 casos, hasta 1973; la mayoría mujeres); repartidos entre Bélgica, Brasil, Alemania, Inglaterra y Norteamérica , protestantes (Como los casos de Helena Stewart y de Cloretta Robertson, bautista, y no cristianos (musulmanes) ; de los estigmatizados católicos, más de 60 han sido declarados santos.

En el catolicismo, se considera como el primer estigmatizado a Francisco de Asís (1182-1226), el cual experimentó éste fenómeno el 14 de septiembre de 1222 (12); previamente, Saulo (Pablo), de Tarso, en Gálatas 6,17, había ya escrito «…yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús…» ; sin embargo, se considera que aquí se refiere el escritor a las señales de los castigos que sufrió por predicar el Evangelio .

Se ha tratado de dar una explicación racional al fenómeno arguyendo varias ideas: unos, como Tholuch y de Steffen, los consideran como consecuencias naturales de la supresión del flujo menstrual, cuya opinión resulta peregrina aplicada a los hombres (*); otros afirman que los extáticos, perdiendo la conciencia de sí mismos, hacen nacer sus estigmas, rascándose, y sangrando en los sitios donde aparecieron las llagas; siguiendo a Petrarca y a Pomponacio, algunos los creen producidos por la fuerza de la imaginación; Möehler, los explica como efecto de la electricidad producida en los místicos (24); otras explicaciones que se han argüido son: el histerismo (23), el autografismo o dermografismo, la urticaria transitoria o evanida (según William), la urticaria ficticia (según Gull) y la púrpura psicógena (15,18).

(*): Debe tomarse en cuenta que en la literatura, se ha llamado menstruación vicariante (vide supra) a un sangrado axilar, ocurrido en un hombre (33, 37)

Cabe señalar que en los estigmas religiosos no se desarrolla inflamación ni supuración alguna, y no pueden ser cerrados ni curados por medios naturales (24). Algunos casos han merecido la atención de la medicina científica: T. Neumann, quien recibió los estigmas el 8 de abril de 1898 (28), fue analizada por más de 1,000 médicos, realizándole unas 6,000 exploraciones (25); Luisa (de) Lateau (1850-1883), lo fue por la Academia Real de Medicina de Bruselas (12), en concreto, por los médicos Gerald Molloy y Warloment, incluso, este último, introdujo el brazo de la estigmatizada en un recipiente de cristal cerrado, excluyendo así la posibilidad de una presión intencionada (28); Elena Ajelio (1901), fue vista por el médico Turano. La localización y la forma de los estigmas ha sido variable, por ejemplo, Lateau, tenía uno en el hemitórax izquierdo, mientras que Anna Katharina Emmerich (1774-1824), tenía lo mismo, pero, en el lado derecho; la «monja de Dülmen», presentaba en el pecho una cruz en forma de “Y”, similar a la de la Iglesia de St. Lambert zu Coesfeld (28).

Algunas estigmatizadas han presentado también otros fenómenos médicamente inexplicables, por ejemplo, Catalina de Génova (1447-1510), y María Magdalena de Pazzi (1566-1607), presentaban también incendios de amor; a Pío, de Pietrelcina (Francesco Forgione) (1887-1968), le llegaron a registrar temperaturas de 45°C (28). En el caso particular de Pío, tanto autoridades eclesiásticas como médicas, pusieron en duda la autenticidad de sus estigmas, los primeros (monseñor Gagliardi, y el arzobispo de Manfredonia), llegaron a asegurar que el místico se provocaba los estigmas con ácido nítrico; por su parte los segundos (médico Amico Bignami, profesor de Patología General de la Universidad Central italiana), el 26 de julio de 1919, dijo: «el estado fisiológico del enfermo es normal. Las heridas que muestra en el tórax, manos y pies, han podido empezar por necrosis neurótica múltiple de la piel. Han podido completarse por un inconsciente fenómeno de sugestión y pueden ser mantenidas artificialmente por el ácido yodhídrico de la tintura de yodo que se da al enfermo y que con el tiempo llega a ser, aunque algunos médicos lo ignoren, fuertemente irritante y cáustico» (25).

Aún cuando la Iglesia Católica haya reconocido el carácter milagroso de determinados estigmas, no pretende declarar con esto que su aparición implique la santidad de la persona que los ostenta, sino, que recomienda las mayores precauciones en el juicio de estos hechos, en vista de que la experiencia ha demostrado hasta qué punto el fraude y la mentira pueden explotar estas señales (24).

Inedia

«El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»
Mt 4,4

«… La influencia de los procesos psíquicos sobre el metabolismo humano es indiscutible, pero por muy intensa que sea la autosugestión es casi imposible que una persona pueda permanecer sin alimentarse unos cuantos días»

                                                                                                                                       Antonio Vallejo -Nájera

El caso de Teresa Neumann a la luz de la ciencia médica (1937)

El término inedia (del lat. In = no y, edo = comer), se refiere al fenómeno descrito en algunas personas, que durante un tiempo mayor al esperado (más de 15 días), se mantienen sin tomar alimentos líquidos u sólidos (en ayuno), y sin que su salud sufra deterioro (inanición); en el caso de los católicos, dichos individuos se han alimentado sólo con la Eucaristía. La inedia, no debe ser confundida con el bretharianismo, fenómeno en el cual los no católicos, particularmente hindúes, dicen poder alimentarse sólo del prana (energía o fuerza vital), de la luz, y del aire. La inedia, tampoco tiene relación con la condición patológica conocida como anorexia nerviosa, en la cual, la pobre ingesta alimentaria, motivada por una imagen corporal distorsionada, lleva a un deterioro físico. En general, el ayuno voluntario religioso, ha sido y es practicado por numerosos creyentes, variando su tipo y duración, para purificar el cuerpo (24); también por ejemplo, en sentido religioso, el término hebreo relacionado con la palabra ayuno, es להטות את הנשמה, que significa inclinar o afligir el alma. Además de los casos que se referirán enseguida, en la Biblia se consignan los ayunos, por 40 días, de Moisés en Sinaí (Éx. 34,28), de Elías en su viaje a Horeb (1 R 19,8) y de Jesucristo en el desierto (Mt. 4,2); sin embargo, dichos casos algunos los interpretan, más que por motivos voluntarios religiosos, por la imposibilidad de conseguir alimentos en dichos lugares (38,39), aunque, de cualquier manera, llama la atención la duración de los ayunos dichos, y la ausencia de repercusiones adversas en los individuos.

Algunos casos de inedia, y la duración del fenómeno, son como se detalla a continuación:
Caso – Duración

Marta Robin (*)(1902-1981) – 53 años
Teresa Neumann, de Konnersreuth (**) – 36 años
Ludovina, de Schiedam (1380-1433) – 28 años
Nicolás, de Flue (1417-1487) – 19 años
Alejandrina María da Costa (1904-1955) (***) – 13 años
Caterina, de Raconigi – 10 años
Catalina, de Siena (1347-1380) – 8 años

(*) Caso en que, además, se presentaba estigmatización, hemolacrimia y vigilia (ésta por 49 años) (1)
(**) Caso que también presentaba, además de la inedia (20) (con ausencia de excretas acompañante) (25), hemolacrimia y estigmatización (vide supra), visiones externas, e incluso, xenoglosia (hablaba arameo durante los éxtasis) (25,26); aunque, hay quien refiere que, «todos -negritas en el original – los fenómenos de T.N., se pueden explicar naturalmente» (22) (Cf. Albert VA. Therese Neumann. Mística y estigmatizada, 1898-1962. Tan Books & Publishers, Inc., Rockford, IL, 1987)
(***) Caso observado clínicamente (en un hospital de Oporto, Portugal), por 40 días.

Otros casos de inedia han sido los de: Imelda Lambertini (1322-1333), Luisa Lateau, Luisa Piccarreta (1865-1947), Alpais, de Cudot (-1211), Helen Enselmini (-1242) (durante meses), y el de Mariana de Jesús de Paredes y Flores (1618-1645) (30 g. de pan c/8-10 días). En el caso particular de Teresa Neumann, Rels (como la llamaba su familia), en junio de 1927, durante una investigación clínica controlada dirigida por el médico Seidl, de Waldsassen, se pudo comprobar lo siguiente: durante 14 días, Teresa sólo ingirió 0.39 g de hostias, y aproximadamente, 55 ml de agua; excretó 10 ml de heces, y 525 ml de orina; su peso corporal, sin embargo, fue de 55 kg al inicio de la observación, 51 kg, 54 kg y 52.5 kg a los 3,7 y 10 días después, respectivamente, y nuevamente 55 kg, al final del estudio; a partir de 1929 y hasta su muerte, ocurrida en 1962, cesaron las evacuaciones intestinales, y la excreción de orina (25).

Incorruptibilidad

En la Iglesia Católica, durante el proceso de beatificación-canonización, los cuerpos son exhumados, no para comprobar un posible estado de incorruptibilidad, sino, para demostrar que el cadáver pertenece a la persona que se pretende santificar; a diferencia de otras iglesias, como la rusa ortodoxa, la católica romana no considera un cuerpo incorrupto como señal inequívoca de santidad, aunque, sí ayude en la causa de ésta, ya que la incorrupción, al no tener una explicación médica, se considera sobrenatural y por tanto, milagrosa. En el siglo XIX, Herbert Thurston, en su El fenómeno físico del misticismo, describió cinco fenómenos, algunos de ellos a veces, asociados a la incorruptibilidad:

1. Emisión de sangre por heridas sufridas en martirio o estigmas,
2. Mantenimiento de la temperatura,
3. Ausencia de rigidez cadavérica (*),
4. Emisión de una fragancia persistente, y
5. Movimientos rituales de los miembros (se puede agregar la emisión de luces, como en el caso de Charbel Makhlouf [1828-1898]).

(*) Tómese en cuenta que el desarrollo de la rigidez cadavérica pasa por 4 etapas (cronotanatología): cuerpo caliente y relajado, caliente y rígido, frío y rígido, frío y relajado (Villalaín JD. Estudio de la rigidez cadavérica que presenta la Síndone de Turín. Cuad Med Forense 2010 ene.-jun.;16(1-2):109-123

Puede haber revelación del lugar secreto u olvidado de enterramiento del santo, por medio de hechos fuera de lo común, como visiones o sueños revelando el lugar secreto, u olvidado de enterramiento. El primer documento que hace referencia a un cuerpo incorrupto, es el escrito por Eugippius, que habla acerca del cuerpo de Severino, el cual fue hallado incorrupto en el año 490, seis años después de su muerte (25). Hasta el presente, se cuentan ya varias decenas de incorruptos (25,26,27); sin embargo, como dice el médico José Alcántara Herrera (27), «es increíble que ninguna sociedad o academia de medicina haya emprendido la investigación de estos hechos, cuyas consecuencias filosóficas, son incalculables para la humanidad».

Conclusiones

Es indudable que los fenómenos médico-místicos, sobrepasan las explicaciones racionales; pero, no por ello dejan de ser auténticos; además, han estado y están, en varios casos, dispuestos al escrutinio científico. Lamentablemente, el racionalismo en estos casos, sólo hace afirmaciones descalificadoras, pero, no las demuestra (11,34), y sobre ciertos fenómenos como la inedia o la incorruptibilidad, no sólo no hace propuestas sobre su posible mecanismo de producción, ni siquiera se ocupa de mencionarlos, como fenómenos inexplicables.

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Referencias.

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Publicado por en abril 18, 2015 en Artículos, parapsicologia

 

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