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El caso poltergeist de Andover.

20 Dic

 

Por Dora Ivnisky

El Journal of the Society for Psychical Research, de Londres, publicó en su número de enero 2008, un estudio de BARRIE G. COLVIN, bajo el título “The Andover Case: a Responsive Rapping Poltergeist”, acerca de un caso de presunta actividad de poltergeist ocurrido en Andover, Hampshire (Inglaterra). 

Se trata de una investigación realizada en 1974, que hasta ahora no había sido publicada en su totalidad, habiéndose dado sólo un breve resumen en 1977. El trabajo permaneció inédito debido al compromiso asumido ante la familia de no darlo a publicidad. Hoy, transcurridos más de treinta años, y cuando ya la familia no reside en la zona, se consideró que era tiempo de dar a conocer los detalles del caso, aunque encubriendo los verdaderos nombres bajo seudónimos.
Los principales fenómenos referidos consistían en raps, sonidos o ruidos que, mediante un código, pueden ser interpretados de manera inteligible.

El lugar en que ocurrieron los hechos era una casa edificada hacia 1960 en la localidad de Andover, en Hampshire. La casa estaba ocupada por la familia Andrews, compuesta por ocho personas –padre, madre, y seis hijos de edades entre 20 y 10 años (dos mujeres y cuatro varones)– que había vivido en ella durante cinco años sin que hubiera ocurrido ningún hecho extraño hasta los sucesos que se produjeron en 1974.

Los fenómenos fueron atestiguados por todos los miembros de la familia, quienes aseguraron que una “entidad” había dado correctamente las edades de las hijas y había predicho los resultados de dos importantes partidos de fútbol.
El investigador entrevistó personalmente a la familia, y desde el principio tuvo la impresión de que se trataba de una familia feliz, que se sentía contenta con su hogar y se preocupaba por mantenerlo agradablemente decorado, limpio y brillante.
Todo comenzó durante la madrugada del Viernes Santo, y las primeras en percibir los fenómenos fueron las dos hijas, María y Teresa. Al principio eran leves golpeteos que se hacían oír mientras ellas descansaban en sus camas. Pronto se dieron cuenta de que mediante los golpes obtenían respuestas a preguntas que Teresa susurraba en voz tan baja que su hermana, acostada en la cama de al lado, apenas las oía. En tales circunstancias pensaban que nadie más en la casa podía oírlas hablar. No estaban asustadas, al contrario, disfrutaban de esas
experiencias nocturnas, y hasta aguardaban ansiosas la hora de acostarse cada noche.

Enseguida establecieron códigos de comunicación, primero elementales (por ejemplo, un golpe significaba sí, dos golpes no, tres golpes no sabe), y no tardó mucho en estar la familia entera haciendo preguntas. Los códigos se hicieron más complejos, para poder representar palabras y frases, y las comunicaciones eran en general de buen ánimo. Especialmente los más jóvenes las encontraban divertidas, mientras que a sus padres les inquietaba no poder explicar el fenómeno.
Más tarde adoptaron el procedimiento de sentarse todos en el dormitorio mientras que Teresa permanecía acostada en su cama. Esto parecía ser esencial en la comunicación, ya que si Teresa estaba levantada los raps no se producían. Estas sesiones pasaron a ser como un juego, interesante y entretenido, aunque inexplicable, y no había en ellas ningún elemento oculto o siniestro. Pronto se hizo costumbre que las dos chicas, al retirarse a su dormitorio, establecieran contacto con la entidad, cuyo nombre reveló como Eric Waters, entablándose entre ellos  una relación amistosa y jovial.

Teresa ocupaba la cama situada junto a la pared medianera de la propiedad. Era una jovencita amable y atractiva, aunque un poco solitaria, y no tenía tantos amigos como su hermana mayor, María.
En la primera entrevista, la familia se mostró un tanto reacia a dar detalles de los hechos, en parte por no entenderlos, y el investigador se preocupó por hacerles saber cuáles eran sus objetivos: en principio, tratar de hallar, si la hubiese, alguna explicación normal y razonable que diera cuenta de los fenómenos; luego, tratar de determinar la verdadera naturaleza de los mismos, y de ser conveniente o necesario, solicitar la ayuda de especialistas con experiencia en el tema.
Los procedimientos utilizados por los jóvenes en estas comunicaciones eran los conocidos en las llamadas sesiones espiritistas: una conversación en base a preguntas y respuestas acerca de las circunstancias atinentes a la entidad durante su  vida terrenal. En general, todas las preguntas eran respondidas, y toda la familia comprendía las respuestas.

Se invitó a vecinos, al cura párroco y a la policía a presenciar las sesiones, a ver si podían ayudar a la familia a establecer la causa de los extraños fenómenos. Una medium de la Iglesia Espiritualista de Andover les dijo que la casa estaba tomada por el espíritu de un chico cuyo cuerpo había sido sepultado debajo del piso y que, según ella, estaba tratando de apoderarse de la personalidad de Teresa. Se roció la habitación con agua bendita y a la joven le dijeron que tenía que tratar de mantenerse mentalmente fuerte para resistir el efecto del espíritu indeseado.
Estas revelaciones inquietaron a la familia, y por un tiempo las sesiones se volvieron menos alegres y juguetonas. Pocos días después, el investigador recibió un llamado telefónico de la señora Andrews. La noche anterior los golpes habían sido mucho más fuertes y habían perturbado el sueño de todos los integrantes de la familia. Era la primera vez que Eric trataba de asustarlos. El investigador se hizo presente en la casa, y esta vez solicitaron y obtuvieron de Eric su conformidad para que él pudiera presenciar la sesión.
Ya en contacto más directo con los acontecimientos, el investigador procuró descartar fuentes normales de los golpes, como ser, teniendo en cuenta que la cama de Teresa daba a la pared medianera, que provinieran de los vecinos de la casa contigua. Para ello, solicitó a la entidad que golpeara el respaldo de la cama, de madera, y así lo hizo. Además, el investigador colocó su mano sobre el lugar en donde se oían los golpes, y pudo sentir las vibraciones en coincidencia con el sonido.

Siguió un período de turbulencia, cuando intervino Kevin, uno de los hijos varones y le habló a la entidad con cierta rudeza. El intercambio se volvió un tanto violento, con fuertes golpes, aunque en ningún momento se lastimó a nadie.
En este punto, todos estuvieron de acuerdo en que Eric era un típico poltergeist, que había hecho algunas travesuras y que seguramente acabaría por retirarse por sí mismo. Restablecida la armonía en las relaciones con Eric, el siguiente paso fue realizar algunos tests. Uno de ellos fue similar al realizado en el caso Derrygonnelly , y la decisión de realizarlo se debió a las informaciones correctas dadas por la entidad en varias oportunidades. El test consistía en un mazo de 40 cartas aleatorizadas, cada una con un número del 1 al 10 (4 juegos). El procedimiento era el siguiente: con Teresa acostada boca abajo, la cabeza ligeramente vuelta hacia la pared, la señora Andrews y Kevin sentados en la cama de María y el investigador parado cerca de la ventana de frente a Teresa, ése extraía una carta al azar y la mostraba a todos, inclusive a Teresa, sin decir el número en voz alta, la sostenía en alto de cara a la pared y pedía a Eric que indicara mediante golpes el número impreso en la carta. Luego se hicieron algunas variaciones en el procedimiento. En una serie de 7 tests, todas las respuestas fueron correctas. En otra serie de 10 tests, hubo dos respuestas erróneas, por una diferencia de uno menos que el valor correcto.

Sin embargo, cuando se le pedían datos de su vida terrenal – nombres, lugares, fechas – contestaba con tres golpes (no sé) o daba respuestas ininteligibles.
En este punto, el investigador determinó que, a fin de considerar la hipótesis de una entidad desencarnada, era necesario tratar de obtener informaciones que pudieran ser verificadas mediante registros históricos.
Pero todas las búsquedas de un Eric Waters fueron infructuosas. Se reconstruyó el árbol genealógico de las dos o tres familias Waters de la zona, remontándose hasta el siglo XVII, sin hallar constancias de ningún Eric. Se revisó el Registro de Nacimientos y Defunciones de la localidad desde 1837 en adelante, sin que apareciera ninguna referencia a Eric Waters. Lo que sí, figuraban dos niños nacidos de sendos matrimonios Waters, uno en 1878 y otro en 1897, que en el momento de ser anotados aún no tenían nombre.
Según estas investigaciones, la conclusión fue que no existía referencia alguna a Eric Waters en la zona de Andover.

Hasta aquí la descripción de los hechos. Luego el autor entra en el análisis o discusión del caso. Señala que cuando inició la investigación no tenía ideas preconcebidas, pero era plenamente consciente de la posibilidad de producir este tipo de efectos por medios normales. Se ha dicho que los fenómenos de poltergeist se pueden explicar por una de tres causas conocidas: error de observación, fuerzas mecánicas impersonales o engaño29. De éstas, considera el autor que las dos primeras pueden ser descartadas inmediatamente, por las siguientes razones: los fenómenos fueron observados muy de cerca, por un lapso de tiempo significativo, a plena luz y por observadores en un principio muy escépticos respecto de los reclamos de paranormalidad. Si los efectos referidos se hubieran producido en penumbra o a una distancia significativa de los observadores, hubiera sido posible alegar error de observación, pero no fue así. La teoría de las fuerzas mecánicas impersonales incluye efectos provenientes de vibraciones causadas por movimientos de agua subterránea. En algunos casos de poltergeist también se han presentado como posibles explicaciones las zonas con hundimientos del terreno, o las ondas de choque producidas por operaciones de demolición con explosivos. En el caso de Andover, está claro que no hubo movimientos inexplicables de objetos dentro de la casa, sino una larga serie de golpeteos capaces de dar mensajes inteligibles mediante el uso de un código. La existencia de tales respuestas torna imposible la suposición de que hayan actuado fuerzas mecánicas impersonales. La única explicación normal que restaría considerar es la del engaño, y aún así, sólo durante las fases iniciales de la investigación. Durante el período en que los ruidos provenían solamente de la pared medianera, se pudo tener en cuenta la posibilidad del engaño, no porque hubiera indicios en tal sentido, sino simplemente porque en esa instancia aún no podía ser excluido. Es por esta razón que fue importante y decisivo que se hubiera hecho emanar los raps de otros objetos que de la pared que separaba la casa de los Andrews de la casa contigua. Es este aspecto lo que diferencia este caso de otros que han sido estudiados. A pesar de sus cambios de humor, Eric se mostró dispuesto a colaborar, como cuando produjo raps en los lugares en que se le solicitó. El autor declara haber reflexionado a menudo sobre el hecho de haber podido percibir las vibraciones producidas por los golpes al colocar su mano en el lugar de donde provenía el sonido, todo ello a plena luz del día, lo cual lo convence de que este efecto no pudo ser producido por medios normales por nadie que estuviera presente en la habitación en ese momento. Esas vibraciones, y la sincronización entre el ruido y la vibración, lo llevan a la conclusión de que los raps fueron producidos de una manera que no podría explicar por medios normales.

En otros aspectos, los efectos fueron similares a los hallados en los casos tradicionales de poltergeist. Así, sólo se producían en presencia de Teresa, en concordancia con los casos registrados en la literatura que generalmente implican a jóvenes de menos de 20 años. El autor considera evidente que Teresa no tenía control consciente sobre Eric o los raps, aunque aclara que no se hizo nunca una evaluación psicológica en profundidad de la situación. De haberse hecho, tal vez hubiera mostrado tensiones emocionales dentro de la familia, tales como las que habitualmente aparecen como pre-requisitos para este tipo de fenómenos. Pero, por otra parte, señala también que el nivel de ansiedad está en relación con el tipo y la intensidad de los  fenómenos observados. En este caso, en que los efectos eran de moderada intensidad en comparación con otros casos estudiados, en los que aparecen movimientos de objetos grandes, hubiera sido difícil encontrar las tensiones reprimidas sin un estudio psicológico completo.

La otra interpretación que se plantea para estos fenómenos es la de una ‘entidad desencarnada’. El autor señala que, si bien no hay evidencias de una ‘tensión reprimida’ que apoye la hipótesis de la intervención de personas vivientes, tampoco hay evidencias significativas a favor de la hipótesis de una entidad desencarnada. No se obtuvo de Eric ninguna información verificable que sugiera la existencia de una personalidad fuera de los límites de la mente de Teresa. Añade que esta conclusión debería ser revisada si alguna vez llegaran a encontrarse restos humanos debajo de la casa en cuestión. Por el momento es sólo una conjetura. Por otra parte, opina, a diferencia de otros autores, que el hecho de que los golpes dieran mensajes con sentido no afecta la probabilidad de que alguna de las teorías sea más aplicable que las demás.
Después de señalar similitudes y diferencias con otros casos parecidos, el autor expresa, como conclusión, que no se ha podido hallar una causa natural que explique los ruidos producidos en este caso, en especial por las vibraciones que los acompañaban y por la relativa facilidad con que se produjeron los sonidos en distintas partes del mobiliario y a plena luz del día. Los hechos no volvieron a repetirse después de la última visita que el investigador efectuó a la casa de los Andrews.

Fuente.

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Publicado por en diciembre 20, 2014 en Casuística

 

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