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Entrevista a Hans Bender

03 Nov

Por  Vintila Horia

Prof. Hans Bender junto a G.Croiset (a la izquierda )- 1972

—¿Cómo ha llegado a interesarse por la Parapsicología? ¿Qué es lo que le ha impulsado a investigar esta fenomenología?

—Fueron mis primeros contactos con el inconsciente. Era muy joven, me dedicaba a cruzar a pie Inglaterra de un lado a otro y me interesó en seguida el juego del vaso que se mueve y habla. El juego de las mesas que hablan. El espiritismo, en una palabra. Pero me di cuenta de que en aquel fenómeno no había nada de espiritismo, en el sentido que se suele dar a esta palabra. Había una serie de preguntas, formuladas por los que participaban en el juego, y unas respuestas que nada tenían que ver con la voluntad y la razón de los presentes. Las respuestas provenían de otro sitio. Pero, ¿de dónde? Lo que yo lograba entonces intuir era que dentro de la personalidad humana había unos strata o capas que no están controlados por la consciencia. Poco tiempo después, encontrándome en París, donde preparaba mi tesis doctoral, llegué a interesarme por el surrealismo y por la escritura automática, fenómeno en relación directa con lo que Pierre Janet llamaba el automatismo psicológico. Luego, en Bonn, donde presenté mi tesis, conocí a una serie de personas, una estudiante sobre todo, que recibía información directa, es decir, por encima y más allá del control de los sentidos normales. A través de esta persona pude enterarme desde un principio, y de la manera más insoportable posible, del fenómeno de la telepatía, ya que ella leía cartas que yo recibía, sin abrirlas y sin siquiera tocarlas. Me di cuenta entonces de que la telepatía no es algo existencial, sino un fenómeno relacionado con un circuito cerrado, que puede volverse inaguantable para los que le sirven de instrumento, como era mi caso y el de la estudiante en aquel momento.

— ¿Esta joven conocía el contenido de aquellas cartas antes o después de que usted las había leído?

—Después. Ella conocía el contenido de las cartas a través de mí. Era yo quien se lo transmitía. Mire, tomemos otro ejemplo. Una señora está enferma de cáncer, y el marido, por piedad y amor por ella, no se lo dice. Pero el pensamiento de él, la conciencia que él tiene de la enfermedad de la mujer, aparece en los sueños de ella. Es una transmisión inconsciente también, un fenómeno de telepatía a través, en este caso, del inconsciente. Fue en aquella época, más o menos, cuando llamé a la región en la que se producen tales fenómenos, «zona fronteriza de la psicología», ya que el concepto de parapsicología me parece demasiado estrecho. A lo largo de esta actividad pude realizar, en 1950, mi Instituto de Friburgo; en 1954 crean para mí una cátedra en la Universidad de aquí, que amplían en 1967, añadiéndose al Instituto de Psicología un departamento para zonas fronterizas de la psicología. Esto quiere decir que la Parapsicología ha sido completamente incorporada al marco de la Universidad, de manera que los estudiantes puedan asistir a conferencias e incluso especializarse en temas de parapsicología, como en cualquier otra disciplina científica.

—¿Y cuál es su método, su sistema?

—Empecemos por las fuentes de la parapsicología, que son tres: en primer lugar, los casos espontáneos, la gente que acude a mí para contar lo que les ha ocurrido, y hay una cantidad enorme de personas que pretenden haber tenido experiencias de tipo parapsicológico. Nosotros estudiamos los casos, averiguamos, clasificamos: sueños profetices anunciando acontecimientos, premoniciones, sueños telepáticos, visiones, apariciones, casas con fantasmas o encantadas. La segunda fuente serían los experimentos en el laboratorio, cuestionarios, estadísticas cuantitativas con personas o sujetos cualesquiera, alumnos, estudiantes sometidos a procedimientos más o menos estandardizados. Ahora poseemos también varias clases de experimentos. La tercera fuente es el experimento con el médium, es decir, con personas que tienen una capacidad parapsicológica notable. Como el famoso Gérard Croiset, de Utrecht, que trabaja con el profesor Tenhaeff, creador de la primera cátedra de parapsicología en el marco de aquella Universidad. Antes de seguir adelante quiero decirle que uno de los fenómenos más curiosos de la parapsicología es el del influjo de la psique sobre la materia, que ninguna ley física actual puede explicar. A esta fenomenología, incontrolable desde el punto de vista científico actual, pertenecen también los casos de materialización.

—¿Cuáles han sido los casos más convincentes o más curiosos que haya estudiado recientemente?

—Es el de un abogado de Rosenheim, sucedido en 1967. Las bombillas estallaban, los objetos se desplazaban por sí solos en la casa, se oían voces y el sistema telefónico estaba funcionando mal, las comunicaciones se cortaban. El abogado creyó, en un primer momento, que había anormalidades en la corriente eléctrica y se dirigió al servicio eléctrico local, que empezó en seguida a realizar una serie de investigaciones con aparatos especiales que medían la corriente. Se dieron cuenta de que las variaciones registradas eran enormes. Los técnicos no comprendían nada. Lo curioso es que en una sola hora alguien llamaba sesenta veces al servicio que da la hora exacta en la central de Rosenheim, sin llegar nadie a saber quién era, quién lo hacía. Alguien marcaba siempre el 01, número del reloj automático de la central telefónica. Y esto duró semanas seguidas. La central, enloquecida, sostenía que alguien, desde la oficina del abogado, formaba continuamente aquel número. Pero no había nadie, esto se pudo averiguar. Nadie formaba aquel número. Piense usted: sesenta veces en una hora, es decir, una vez cada minuto.

—¿Y cómo se llegó a esclarecer este asunto?

—Acudieron a mí y fui a Ronsenheim a principios de diciembre de 1967. Lo que pude comprobar en seguida fue que todos aquellos fenómenos se producían únicamente cuando cierta persona se encontraba en la casa. Una muchacha de diecinueve años. Cuando pasaba por los pasillos de la casa se veía claramente cómo oscilaban las lámparas, como empujadas por el viento. Los cuadros en las paredes empezaban a moverse, como durante un terremoto, y se caían de sus clavos. Dos especialistas del «Instituto de Física Max Planck», de Munich, estaban conmigo y, después de cuatro días de investigaciones, llegamos a la conclusión de que toda causa de tipo físico estaba excluida. ¿Cuál fue mi conclusión personal? Pues que la persona o la fuerza que producía aquellos fenómenos, llegando a actuar directamente sobre los aparatos, debía de poseer lo que se llama una percepción extrasensorial y el poder de impresionar directamente el micrófono del teléfono y todos los aparatos que registraban su intervención a distancia. Era un fenómeno de psicocine-sia. ¿Cómo ocurre todo esto? De la misma manera que, durante nuestro comportamiento normal, recibimos las informaciones a través de los sentidos, reaccionamos y actuamos a través de nuestro sistema motor, hay una analogía con lo paranormal: recibimos la información fuera de los sentidos y actuamos sobre la materia sin pasar por el sistema sensorial y motor normales.

—El problema se complica en este sentido: la joven que actuaba sobre los objetos en Rosenheim, ¿quería actuar conscientemente sobre ellos o no?

—De ninguna manera. Ella no sabía nada, no se enteraba de nada.

—Entonces, ¿cuál era la finalidad de esta actividad?

—¿La finalidad? Lo que hemos podido averiguar hasta ahora es que, en casos parecidos, las personas que actuaban sobre los objetos eran siempre de una edad situada en plena pubertad, un poco antes o un poco después, en plena tensión nerviosa, cuando los conflictos sexuales llegan a un punto máximo. Esto se puede interpretar como una explosión.

—Una descarga.

—Exactamente, una descarga que toma siempre aspectos violentos y destructores.

—¿Es posible que esta violencia, y siempre en estos casos, pueda llegar al crimen?

—No — contesta el profesor Bender—. Diría que, al contrario, en casos, por ejemplo, muy estudiados, cuando trozos de piedra que penetraban por los techos y caían en sitios habitados, nunca las personas que allí se encontraban fueron alcanzadas seriamente por estos proyectiles. Es como si, en el último segundo, la piedra, antes de alcanzar a un ser viviente, fuese como detenida por algo.

—Entonces, ¿quién detiene a la piedra? ¿Una especie de consciencia moral?

—Una fuerza moral que proviene del inconsciente del que provoca dichos fenómenos.

—Una censura moral.

—Así es. Uno de los fenómenos más interesantes es, precisamente, el de la penetración, cuando la materia atraviesa la materia. En todas las civilizaciones y espacios de la Tierra hay informes sobre la manera en que trozos de piedra o guijarros se introducían en habitaciones cerradas. El fenómeno se vuelve visible en el momento en que las piedras se encuentran ya a unos veinte centímetros del techo, a través del que han pasado y luego se clavan en el suelo. No resbalan, ni brincan, sino que se quedan, de repente, clavadas. Y cuando se las toca, están calientes.

—-Calientes porque acaban de atravesar la materia.

—Sí; pero dígaselo usted a un físico. Aceptamos la idea de que esto sea posible, le contestará, Pero no entra en nuestro esquema, es algo completamente inexplicable para nosotros. Se trata, en el fondo, de un fenómeno de desmaterialización, seguido por una rematerialización. Para conseguir este pasaje y esta transformación se necesita una cantidad de energía igual a la de una bomba de hidrógeno. Es curioso, ¿verdad?, coro-probar cómo dicha penetración sucede dentro de lo físico y fuera de ello. En efecto, se trata de algo provocado por la materia inanimada, pero los físicos no lo aceptan así, o sólo en parte, en la parte precisamente en que el fenómeno coincide con las leyes físicas. Lo importante para nosotros sería provocar un fenómeno así, con el fin de estudiarlo en laboratorio, lo que es sumamente difícil, porque la penetración de que hablamos está relacionada con el inconsciente. ¿Cómo provocar un fenómeno así? Habría una posibilidad, la de hipnotizar a un médium y darle una sugestión post-hipnótica, en el sentido que nos interesa.

—¿Qué es lo que ha sucedido con Anne-Marie, la empleada del abogado de Ronsenheim? ¿Estaba considerada como una persona enferma o normal?

—Completamente normal. Poco después se casó, y ninguno de los fenómenos que habían causado su celebridad, porque la Prensa habló mucho de ella, ninguno de los fenómenos volvió a producirse.

—¿Y cómo se dio usted cuenta de que ella era la causa de dichos fenómenos?

—Porque dejaban de producirse cuando ella no estaba presente. Y esto se producía a veces allí mismo donde ella se encontraba, en su familia, por ejemplo. Pero era menos frecuente. Era en el despacho donde Anne-Marie provocaba aquel terremoto.

—¿Y cuál era la causa? ¿Habría quizás un hombre, inconscientemente colocado en aquel espacio digamos privilegiado?

—Tiene usted razón de preguntar esto, Anne-Marie mantenía buenas relaciones con el abogado, pero menos buenas con su padre, que era una persona autoritaria. ¿Se da cuenta? De cualquier manera, la posición de varios especialistas, en lo que al caso de Rosenheim se refiere, ha sido de las más curiosas. Hubo incluso un profesor de Universidad que publicó un artículo atacando fuertemente a la parapsicología, poniéndola en relación directa con la brujería y afirmando que, al llegar a tanta publicidad y a tanto ruido en relación con fenómenos de este tipo, podría perfectamente sostenerse el punto de vista de que «el sol de la ilustración se había levantado en vano sobre la Humanidad».

—Entonces, ¿cómo explicaría lo sucedido en Bélmez? A mí lo de las caras de Bélmez me parece mucho más complicado, mucho más difícil de explicar.

—Y, en efecto, lo es. Lo que le puedo decir es que no hay sólo personas hechizadas, sino también sitios hechizados, donde este tipo de fenómenos se suelen producir. Lo de Bélmez es un caso único y muy importante; sólo que hay que demostrar la objetividad científica del mismo. Otro fenómeno parecido acaba de producirse en Alemania…

Hablamos de Bélmez, de lo que allí se hizo y lo que se pudo hacer. Unos meses después de mi entrevista con el profesor Bender, una emisora de televisión alemana fue a Bélmez y se ocupó del asunto. Hablamos de las voces del espacio. La opinión del profesor difiere de la del profesor Ráudive. Mientras, para éste, las voces son mensajes provenientes del más allá y representan el deseo de los muertos de comunicar con los vivos, para el profesor Bender dichas voces no son más que la expresión del inconsciente de una o varias personas que «contestan» desde el interior y no desde lo exterior. Lo mismo sucede en los casos llamados «aportes» (las piedras que vienen desde lejos y cruzan el techo de una habitación, donde, siempre, se encuentra la persona cuyo inconsciente provoca el fenómeno). Se trata siempre de una presencia que está ahí y que, sin darse cuenta, mueve objetos a distancia, como Anne-Marie o como María. La primera lo que produce, es un desorden en la materia; la otra, al contrario, es un orden de tipo estético, las caras pintadas de Bélmez, inconsciente quizá contra superconsciencia.

Fuente:Encuesta  detrás de lo visible

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Publicado por en noviembre 3, 2014 en Entrevistas

 

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