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El poltergeist de Sao Paolo

30 Oct

El 12 de abril de 1959 se confirmó una extraña situación visionada por numerosos testigos en una vivienda en el centro de Sao Paolo (Brasil) , granizos y otros objetos atemorizaban a familia de don Cid de Ulhoa .

Esa tarde/noche de Domingo, justo antes de cenar, el señor Cid estaba leyendo el periódico, su esposa, doña Regina y la sirvienta Francesca estaban en la cocina, y en el pasillo jugando, se encontraban sus tres hijos. De repente sonaron dos fuertes explosiones y Don se levantó acudiendo al lugar de dónde creía proceder tremendo estruendo, aproximándose, los  niños le comentaron que alguien había lanzado dos piedras a la casa.
Minutos más tarde, un gran aluvión de piedras comenzó a caer sobre toda la hacienda. Habían piedras en todas las habitaciones, excepto en la que los niños se habían escondieron. A pesar de la lluvia pétrea nadie resultó herido. Observaron que varias de las piedras que rebotaban en las paredes acababan arremolinándose en el suelo y botando como si hubiesen sido lanzadas.

Cid trató de emular la caída de las rocas trazando su trayectoria, pero su intento fue en vano. Entonces llamó a sus vecinos quienes también quedaron impresionados por lo que vieron.

En las 48 horas posteriores aparecieron otros fenómenos, mientras que los de las piedras cesaron. En la casa comenzaron a volar otros artículos: platos, ollas, sartenes, utensilios de cocina y alimentos.

Finalmente y desesperado, Cid llamó a un sacerdote, el padre Henrique de Morais Matos, rogándole que practicara un exorcismo.

En primer lugar, el padre Matos realizó un experimento: Midió un huevo que le dijeron girar sólo en el aire y posteriormente lo metió en el refrigerador. Al rato, vio como otro huevo golpeó la pared de la despensa, y sin romperse, fue a caer rodando por el suelo. El sacerdote al cogerlo percibió que estaba muy frío y al abrir la nevera, el huevo que había depositado en su interior había desaparecido.
Matos optó por realizar la lectura de una oración para ahuyentar a los espíritus malignos, e inexplicablemente los fenómenos cesaron temporalmente. Dos intentos más se hicieron para exorcizar los malos espíritus pero fracasaron.

La sospecha principal recayó en la joven sirvienta, Francesca, quien bajo una lluvia de piedras dispuso de una notable calma, aludiendo que ella “sabía” que no le dañarían. Negó cualquier implicación con los disturbios, sin embargo, al dejar la casa de la familia Ulhoa poco después, los incidentes cesaron para no volver.

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Publicado por en octubre 30, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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