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Entrevista a Rupert Sheldrake.

23 Oct

Por Sabine Leitner

Biólogo y escritor inglés, Rupert Sheldrake ha desarrollado el concepto de “resonancia mórfica” basándose en los campos morfogenéticos. También ha investigado en animales, descubriendo su “telepatía”. Su trabajo como biólogo en el área de Biología del Desarrollo en la Universidad de Cambridge le llevó a pensar que no era posible explicar la biología sólo en términos de moléculas y genes, como se hacía antes, sino que parecía necesaria una visión más holística.

Rupert Sheldrake: En torno a 1920 ya existía la idea de los campos que forman la biología, llamados campos morfogenéticos. Nadie sabe lo que son estos campos, pero la mayoría de los biólogos dicen que algún día serán aceptados como componentes comunes de la física y la química. Yo llegué a la conclusión de que se trataba de un nuevo tipo de campo, y dado que son campos biológicos y que los organismos evolucionan, esos mismos campos debían contener en su interior una memoria, y este es el concepto de resonancia mórfica. La resonancia mórfica es la idea de que las cosas idénticas afectan a otras cosas idénticas a través del espacio y el tiempo. Todos los sistemas que se organizan tienen una especie de memoria inherente. Por sistemas autoorganizados, me refiero a átomos, moléculas, cristales, células, tejidos, órganos, organismos, animales, ecosistemas y sociedades. No incluyo las máquinas o los fragmentos de roca, ni las sillas, porque son agregados de materia, pero no se organizan por sí mismos. La idea básica es que cada especie tiene algo así como una “memoria colectiva” dada por la resonancia mórfica, donde cada individuo contribuye y está conectado a la misma fuente. Los grupos sociales también tienen campos mórficos: una bandada de pájaros, un banco de peces o una colonia de termitas están organizados por campos mórficos. Estas ideas han aparecido en mis dos libros teóricos principales: Una nueva ciencia de la vida y La memoria del universo, que desarrolla estas ideas con un fondo histórico.

Sabine Leitner: Usted también ha realizado investigaciones sobre telepatía. ¿Es una prolongación de su trabajo sobre la resonancia mórfica o es un campo completamente diferente?

RS: La primera fase de mi estudio se centró en la resonancia y los campos mórficos, y parte de mi trabajo consiste en poner a prueba estas hipótesis. La segunda fase consistía en encontrar la manera en que los campos mórficos sociales (campos grupales) permiten a los organismos comunicarse entre ellos de forma remota. Reflexionando sobre esto, me di cuenta de que la teoría del campo mórfico predice la existencia de la telepatía como un medio normal de comunicación entre los animales. La telepatía es, por supuesto, un tema tabú en los círculos académicos. Como consecuencia, se ha investigado muy poco sobre esto, y menos aún sobre la telepatía en los animales, pero resulta que la telepatía es común entre ellos, incluyendo perros, gatos y otros animales domésticos, y también en la naturaleza, entre los lobos y otros animales.

SL: ¿Cómo llevó a cabo esta investigación?

RS: Empecé a observar a la gente y elaboré una clasificación de experiencias y casos. A continuación hice algunos experimentos con perros, gatos, caballos, loros y otros animales… y los resultados mostraron que parecen tener comunicación telepática con sus dueños, así como con otros animales. Esta teoría es, obviamente, controvertida, especialmente en los círculos académicos, pero no para la mayoría de la gente. A veces, cuando hago presentaciones de esta investigación me preguntan: “¿Por qué estás perdiendo el tiempo tratando de demostrar lo que todos saben?”. Sin embargo, la ciencia lo rechaza o ignora.

SL: En su página web, descubrí que recientemente ha lanzado una apuesta sobre el genoma. ¿De qué se trata?

RS: Es una apuesta sobre el poder predictivo del genoma, y un ejemplo sobre las diferentes concepciones del mundo. El proyecto del genoma es el último grito de la biología mecanicista. Pero, en lugar de ser el triunfo que conduce a una comprensión de nuestra naturaleza y de la naturaleza de la vida, como nos habían dicho en los años 80 y 90, no parece necesario. Las compañías de biotecnología han perdido millones de dólares de los inversores sin obtener prácticamente ningún resultado.

Volviendo al tema de la apuesta, la he hecho con Lewis Wolpert, un distinguido biólogo británico. Él ha apostado que el 1 de mayo de 2029 será posible predecir todos los detalles de un organismo basándonos en el genoma de un óvulo de un animal o de una planta. Yo apuesto a que ese no será el caso. Ya está claro que esto no va a suceder, y la llamada “heredabilidad perdida ” es una crisis dentro de la ciencia moderna, porque los genes no explican todo lo que se supone que deben explicar. Siempre he dicho que se exageró la importancia de los genes; creo que la mayor parte de la herencia depende de la resonancia mórfica y no de los genes. Por eso no me sorprende la existencia de este problema de heredabilidad y, de hecho, creo que el nivel de heredabilidad que falta, que es alrededor del 90%, es una medida de la contribución de la resonancia mórfica.

SL: ¿Cómo cree usted que interactúan los campos mórficos y el ADN?

RS: Voy a intentar abordar este asunto brevemente. Los genes producen proteínas. Se trata de un código de la estructura primaria de las proteínas, pero la forma en que se pliegan las proteínas es el primer problema para la teoría genética, porque no se puede predecir la estructura tridimensional de la proteína únicamente a partir de la secuencia de aminoácidos. Si usted trata de calcularla, terminará con cientos de formas posibles, y solo se necesita una de estas formas. La resonancia y los campos mórficos juegan, creo yo, un papel en el plegamiento de la proteína . Ayudan a organizar la forma en que las proteínas interaccionan y en que la célula se organiza. Los campos mórficos interactúan con los genes, ya que estos proporcionan los materiales de construcción; una analogía muy burda sería la forma en que los hilos de cobre y los chips de memoria interactúan con el funcionamiento de un ordenador. Un ordenador que no funciona demasiado bien, presenta algunas deficiencias. Es como una mutación, pero los programas, el software, el diseño de los circuitos, todas estas cosas no están integradas en el ordenador. Así que hay una interacción: los genes defectuosos pueden originar un organismo defectuoso, pero esto no prueba que todo en el organismo se codifique o programe en los genes. La herencia es genética solamente en parte.

Los campos mórficos y la energía

SL: Los campos mórficos ¿son solamente formales y abstractos, o son una forma de energía?

RS: En cierto sentido, son teleológicos . Contienen atractores que atraen hacia ellos a los organismos en fase de desarrollo. Ellos organizan la energía. Todos los campos organizan la energía. Tome usted el campo de un electrón en la teoría cuántica de campos: el campo electrónico organiza la energía, y un electrón es una vibración en un campo electrónico. El campo electrónico, ¿es la energía? En realidad, no; es un campo que contiene u organiza la energía. Los campos mórficos contienen la energía, mi campo mórfico contiene y organiza la energía en el interior de mi cuerpo. La energía proviene de los alimentos, del desayuno, por ejemplo. En la ciencia, se hace en todas partes la distinción entre campos y energía. Karl Raimund Popper, filósofo de la ciencia, ha dicho que a través de la ciencia moderna, el materialismo ha sido trascendido, porque la materia ya no es el principio fundamental de la explicación, son los campos y la energía. Los campos y la energía pueden tomar cualquier forma, y la forma que adopten depende de los campos en los que se encuentra. Por lo tanto, estos campos no son puramente formales, sino que hay una distinción mental entre los campos y la energía. La energía contenida en un trozo de pan tostado ayuda al instante a mi cerebro a funcionar, pero si ese mismo trozo de pan tostado ha sido expulsado, o bien se pudrirá y ayudará a proporcionar combustible para el crecimiento de los hongos, o será comido por las aves y suministrará energía para el vuelo de un pájaro; sin embargo, es la misma pieza de pan tostado.

La energía es una mezcla heterogénea, puede tomar cualquier aspecto, cualquier forma. Puede pasar a través de cualquier organismo, pero su forma está dada por los campos, y los campos organizan la energía. Ellos no son en sí mismos la energía, son los contenedores o los organizadores de la energía. El campo mórfico de un perro, especialmente de un perro hambriento, organiza su comportamiento de modo que trata de encontrar el alimento; así que si hay un perro hambriento y hay un hueso con carne a pocos metros, él tratará de llegar al hueso. Si pones un resorte en su correa, podrás medir su fuerza y obtendrás una medida de la fuerza de este campo.

SL: ¿Piensa usted que algún día será posible medir los campos mórficos con una máquina?

RS: No hay ninguna razón para que se mida con una máquina. Los campos eléctricos se miden con máquinas eléctricas; los campos magnéticos, con máquinas magnéticas; los campos gravitacionales, con péndulos y otros fenómenos gravitacionales; los campos mórficos se miden a través de sus efectos: todos los campos se miden a través de sus efectos. Yo propongo experimentos que consisten en entrenar a las ratas para aprender algo nuevo y ver si las ratas pueden hacerlo mejor en otro lugar. Esto implica la medición de campos mórficos a través de sus efectos, y si el campo es más fuerte, el efecto será más fuerte. Debemos medir todos los campos a través de los efectos correspondientes. No hay ninguna razón para que puedan ser medidos a través de un dispositivo electromagnético. Después de todo, uno no puede medir la gravedad con un aparato electromagnético.

La posición de la ciencia oficial

SL: ¿Por qué es tan difícil para la ciencia aceptar esto?

RS: La dificultad proviene del paradigma mecanicista, según el cual la naturaleza es algo mecánico y la mente no es otra cosa que el cerebro. Cree que la actividad cerebral es el resultado de procesos físicos y químicos y que la mente está confinada dentro de la cabeza. En consecuencia, los pensamientos y las intenciones de la gente no deberían ser capaces de afectar a los animales a muchos kilómetros de distancia. La telepatía debería ser imposible. Pero si creemos que la telepatía es imposible, no nos molestamos en investigar sobre esto. Y si alguien lo hace y obtiene resultados positivos, como yo, entonces está loco o equivocado; o ha hecho una mala investigación. Sabemos por la filosofía de la ciencia y por trabajos como los de Thomas Samuel Kuhn, que la ciencia es un paradigma social. Ofrece un modelo de realidad que no es más que un simple modelo intelectual. Se trata de un modelo compartido por toda la sociedad que crea una especie de presión de grupo. Y las normas actuales de la biología en particular, son las de la visión mecanicista del mundo. Si usted habla en su contra, las reacciones serán a menudo hostiles.

Fuente.

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Publicado por en octubre 23, 2014 en Entrevistas

 

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