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Las caras de Belmez -primeras pruebas comisión diario Pueblo

18 Sep

Por Manuel Gómez Ruiz

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Según las crónicas periodísticas realizadas a fines de 1971 y principios de 1972, desde un primer momento se intenta explicar el fenómeno bajo un prisma científico. Así, según refleja Martín Semprún en su crónica para el Diario Pueblo de fecha 31 de enero de 1972, míos días después de ser recortada del suelo la cara que ocupa la hornacina, dos Licenciadas en Filosofía y Letras rasparon la figura para analizar si se trataba de pintura o de cualquier otro producto químico. El resultado del análisis (del que no ofrece ningún dato técnico que lo identifique), refleja en composición del rostro sólo partículas de cemento, arena y arcilla.
Este análisis se vería ratificado por otros peritos en la materia tal y como afirma Semprún en dicha crónica (aunque sigue sin mencionar datos suficientes para poder identificar ni autores ni tipo de análisis), que constatan la no-existencia en las caras de componentes artificiales ni en su composición ni en su confección. En definitiva, sólo conjeturas. Sin embargo, el interés despertado en el territorio nacional español por estas primeras crónicas de Martín Semprún, lleva al Diario Pueblo a crear una Comisión de Investigación del fenómeno. Dicha Comisión estuvo integrada por Uttama Sitkari (Joaquín Grau. parapsicólogo), el Sr. Laguna (arqueólogo), Ángel Viñas (químico) y Antonio Casado (periodista).
De la lectura de las crónicas realizadas por este último se podría pensar que la investigación fue bastante exhaustiva, ya que, en el relato recogido en el diario de fecha 14 de febrero de 1972 se indica que ”antes de iniciar el viaje nos hemos puesto en contacto con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y otros Organismos relacionados con la investigación y la arqueología.” Esos contactos mencionados se reflejarían en las siguientes pruebas realizadas a instancia del equipo:

– Detección radiactiva.
– Análisis de elementos-trazas (impurezas de la materia prima).
– Examen al microscopio.
– Estudio con rayos X (Difracción de rayos X).
– Análisis orgánico.
– Espectrometría gamma (detectores de íoduro sódico o germanio-litio).
– Fotografías con rayos infrarrojos y ultravioletas.
– Pruebas acústicas.
– Impresión de placas radio y fotográficas.
– Investigación histórica.
– Estudio psicológico de los protagonistas

Sin embargo en las crónicas del acontecer diario publicadas por Pueblo, no se detallan en ningún momento en qué consistieron ni los resultados de la mayoría de las citadas pruebas, ni tampoco en qué consistía el asesoramiento prestado por instituciones como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En este diario sólo fueron detalladas las siguientes pruebas (Jordán Peña, 1982, p.l39ss):

– Colocación en la cara más grande de una película virgen sin impresionar entre dos láminas de papel especial de color oscuro, de acuerdo con las instrucciones dadas por Germán de Argumosa. Con esta prueba se pretendía comprobar si el fenómeno estaba producido por radiaciones, hecho que quedaría demostrado según el Sr. Casado, si la película se velaba. La envoltura de la película se retiró al amanecer después de siete horas encima del rostro sin que la película quedara velada.

– Recolección de muestras de las “caras”, tierra y huesos de los allí encontrados, para su análisis por la Junta de Energía Nuclear por si se tratase de un fenómeno producido por la existencia de radioactividad en la zona. La Junta de Energía Nuclear sometió a análisis químico-isotópicos (prueba consistente en bombardear con neutrones los átomos contenidos en la muestra) el material enviado, pero las muestras puestas en el detector marcaron 340, cifra característica de los materiales no radiactivos, por lo que las autoridades en materia de energía nuclear españolas descartaron que los rostros pudieran estar motivados por una proyección de radioactividad.

– Colocación de una cámara fotográfica con un gran angular que recogía todo el ámbito de la cocina. La prueba consistía en dejar la estancia completamente a oscuras y colocar el objetivo de la cámara en exposición continua en espacios que iban de media a una hora. No se dio a conocer el resultado.

– Cubrimiento con láminas de estaño de un trozo de cemento que aún conservaba parte de un rostro aparecido con anterioridad a la excavación llevada a cabo en la cocina. Dicho precinto de estaño seria retirado al mes. De esta prueba tampoco se publicó su resultado.

– Observación al miscroscopio de los restos de tierra y huesos efectuada por el Sr. Lagunas. En dicha observación no halló nada de particular.

– Del análisis estratigrafía) de la capa de cemento, el Sr. Lagunas llegó a la conclusión que la impregnación del mismo se produce en la última película del cemento. Esta película impregnada es de 2 mm.

– Observación visual de un trozo de cemento por el Sr. Viñas. En dicha observación advirtió bandas de tonalidades grises del más claro al más oscuro que se ordenan en forma de rostro sin que exista acción de sales (teflorescencia). En cuanto a las vetas superpuestas no hay nada más que arena y cemento.

Como hemos podido comprobar, en ninguno de los citados análisis se detecta que hayan podido encontrar la causa del fenómeno. Es más, de la lista inicial de las pruebas que querían realizar a las efectivamente realizadas hemos podido observar que media un abismo. Sin embargo su conclusión final no puede ser más sorprendente: sales de plata que al incidir sobre ella una luz ultravioleta producen mía reacción de fotosíntesis que traería como resultado final la aparición de las caras. ¿En qué prueba analítica de las mencionadas, han detectado las sales de plata?. Por lo publicado en ninguna.
Según el propio Diario esta conclusión es resultado del análisis en laboratorio de dos ampliaciones de 30×40 correspondientes a dos fotografías de los rostros en ese momento visibles. Es decir, han demostrado la existencia de sales de plata no a través de analítica, sino a través de observación fotográfica… ¿por qué no detectaron las sales de plata en ninguno de los supuestos análisis solicitados, si como parecen querer demostrar, era fácilmente detectable en una fotografía
ampliada? . Para dar más consistencia a su hipótesis utilizan un argumento “irrefutable”: “De no haber pigmentos, no tenía que haber ocurrido ese desdibujamiento en los rasgos de la cara protegida en la hornacina” (?).
La verdad sin embargo no parece estar en esta extraña explicación. El cambio de rumbo en el tratamiento informativo de este caso comienza a partir de las apreciaciones que el Sr. Julio Camarero (enviado especial del Diario), realiza en el artículo publicado el 21 de febrero de 1972.

Estas  apreciaciones ,textualmente, fueron las  siguientes:

a) Los  controles no han sido para nada rigurosos.

b) ¿Por que no se precinta habitación para controlar el fenómeno? (Hasta este momento dicha prueba no había sido realizada).

c) Las caras han surgido, han sido demolidas y han vuelto a aparecer, ¿qué garantía existe de que nadie haya entrado allí para aplicar sobre la superficie cualquier sustancia corrosiva y dibujar esas rudimentarias caras? Por las noches, los habitantes de la casa quedan solos. Es volver a incidir sobre la falta de controles

d) Por otra parte me he tomado el trabajo de averiguar que en el mercado existen toda una gama de productos que se emplean domésticamente para limpiar los residuos después de una obra de albañilería. No olvidemos que las caras empezaron a “salir” a raíz de una de estas obras. (Esta afirmación no es correcta ya que fue el picado de la primera cara lo que produjo la primera obra. De acuerdo con los testimonios obtenidos, el suelo era de cemento al menos 10 años antes de la aparición de la primera cara…además, ¿qué quería demostrar con esta afirmación?)

e) Las autoridades en materia nuclear, descartan que pueda estar motivado por una proyección de radiactividad (¿Y es que si no es radiactivo, sólo puede ser un fraude?)

f) Así comentan por el pueblo que la familia ha ingresado más de un cuarto de millón de pesetas en la Caja de Ahorros.

g) También existen beneficios entre los pequeños industriales del pueblo.

Sus apreciaciones no pueden terminar de una manera más aclarativa de la posición de Julio Camarero, “…hay suficientes bellezas naturales como para que no necesitemos de fraudes de la estampita aderezados con voces de ultratumba”. Sin embargo, si leemos detenidamente no podemos encontrar ninguna prueba científica que avale toda una sene de opiniones subjetivas. Lo cierto es que este artículo cambió por completo la línea de trabajo de la Comisión del Diario. En el diario de fecha 22 de febrero el Sr. Casado indica algunos apuntes para el fraude, que curiosamente, hasta ese día no habían tenido en cuenta:

– Sospechosos codazos que los familiares de la casa se daban entre sí cuando mantenían conversaciones con Casado o con los miembros del equipo. (Una prueba muy “objetiva” como podemos comprobar).

– El testimonio del marido de la maestra del pueblo quien afirma que pasando la mano por el trazo que asemeja el bigote de la cara que está en la hornacina, (a mediados de septiembre), su dedo se manchó. (Y los restantes miles de curiosos que pasaron por la cocina y tocaron las caras…¿ninguno de ellos se manchó?. Y qué decir del rostro que fotogramétricamente detectaron al analizar la superficie del fogón? (Jordán Peña, 1982, p.144) ¿Por qué no comprobaron ellos mismos si manchaba?).

– En cuanto a las voces extrañas, la gran acústica de la casa hace que conversaciones en la calle produzcan ecos en su ulterior. Don Antonio, el cura de la localidad, utilizó el mismo casette que Germán y obtuvo “esas voces” que no eran otra cosa que los ruidos de las gentes que habitan en las casas de los contornos. (Este apunte no merece mayor comentario por la “objetividad” de la prueba).

– La conducta poco corriente de una diferencia sobre la posible sobrenaturalidad del fenómeno, teniendo en cuenta la conducta de las gentes del agro español.

Pero ¿en qué quedamos?, ¿No fueron ellos los que manifestaban que “hay que dejar bien sentado que aquí no hay brujas, ni demonios, ni espíritus quitasueños”?. Según escribía el Sr. Casado en la crónica de 19 de febrero de 1972, “Creo interpretar la opinión de todo el equipo si reafirmo mi parecer de que en Bélmez todo está ocurriendo en un contexto de leyes y mecanismos de continente científico que no actúan caprichosamente (…) Pero queda bien claro que el desconocimiento da lugar al misterio, pero el misterio no tiene que dar lugar a desvaríos totalmente gratuitos. De una vez por todas, éste es un campo de estudio para los científicos, por supuesto incluyo la parapsicología, no para los visionarios. Estas opiniones vertidas por Julio Camarero y Antonio Casado son sin embargo una simple “cortina de humo” que oculta una realidad más siniestra, alejada de cualquier posible prueba analítica.

Germán de Argumosa habla de las Caras de Bélmez from Juankar on Vimeo.

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Publicado por en septiembre 18, 2014 en Artículos, parapsicologia

 

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