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El inconsciente, la razón y la intuición-Diálogos entre Amold J. Toynbee y Daisaku Ikeda

17 Sep

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Amold J. Toynbee, ilustre historiador británico, mundialmente conocido por su monumental Estudio de la Historia y otros trabajos fundamentales y Daisaku Ikeda, eminente filósofo japonés que desarrolla una destacada labor en defensa de la paz mundial, sostuvieron poco antes de la muerte del profesor Toynbee, verbalmente y por correspondencia, este importante diálogo sobre algunos problemas esenciales de la vida contemporánea. Los dos pensadores se reunieron en Londres y su conversación duró varios días. 

El inconsciente

Ikeda: En el estudio de la psique humana los procesos mentales conscientes -la percepción, el pensar, los procesos volitivos- fueron desde hace mucho objeto de la consideración filosófica. A mi juicio, todas las filosofías occidentales se han concentrado en el estudio de la conciencia. Pero la conciencia no es la única parte de la vida psíquica humana.

Toynbee: Sí, estoy de acuerdo; la conciencia es tan sólo la superficie manifiesta de la psique. Es como la parte visible de un iceberg cuyo grueso está sumergido.

Ikeda: Por eso creo que una imagen total de la vida y de la psique humanas es imposible si no se presta atención a la esfera del inconsciente que se extiende detrás de todos los actos, pensamientos y deseos del hombre.

Toynbee: El inconsciente es la fuente de intuiciones que pueden inspirar al pensamiento racional; pero el espíritu no puede llegar a esas intuiciones si limita su actividad al nivel consciente. Se reconoce que algunos descubrimientos científicos que pueden expresarse en términos lógicos y verificarse mediante el experimento tuvieron su origen en intuiciones no lógicas e inverificadas que emergieron a la conciencia desde el inconsciente.

Ikeda: Sí, grandes descubrimientos científicos, lo mismo que las creaciones de grandes artistas, son el fruto de tales intuiciones.

Toynbee: El inconsciente es indudablemente la fuente de la poesía y de las concepciones religiosas. Es también la fuente de todas las emociones e impulsos. Los juicios éticos que formulamos en el plano de la conciencia distinguen las emociones e impulsos buenos y malos. Cuanto más profundo sea el grado en que logremos llevar nuestra conciencia hacia el inconsciente, tanto mayor es nuestro control consciente sobre nuestras emociones e impulsos. El control consciente nos permite someter aquellos productos del inconsciente que juzgamos malos y nos permite desarrollar los que juzgamos buenos.
Por eso creo que es sumamente importante que exploremos las profundidades inconscientes de la psique humana para reducir al mayor control consciente posible esas emociones y esos impulsos. Es esta una actividad espiritual provechosa aunque difícil de realizar. El inconsciente es como aquel mítico dios marino de los griegos, Proteo. El inconsciente trata de evadir todo control, se esfuerza por sacudirse ese yugo cuando se lo ha sometido a control y dispone de sutiles medios para vengarse de la conciencia cuando ésta lo ha dominado y para desatarse de nuevo si logra evadir ese control.

Ikeda: El primer hombre que aplicó los métodos de las ciencias naturales para explorar el inconsciente fue el psicólogo Sigmund Freud. Naturalmente, estimo que su obra es muy valiosa como la de otros hombres de ciencia de fines del siglo XIX. Pero ya en tiempos muy antiguos, estudiosos budistas de la India habían penetrado en las profundidades de la psique humana por debajo del plano de la conciencia.

Toynbee: Convengo en que el descubrimiento y exploración de las profundidades inconscientes de la psique, que en el Occidente comenzó sólo en la generación de Freud, se iniciaron en la India, por lo menos en época tan temprana como la de la generación de Buda y sus contemporáneos hindúes, es decir, por lo menos dos mil cuatrocientos años antes que Freud. El intento occidental modemo de indagar y dominar el inconsciente no ha progresado aún más allá de una fase temprana e ingenua. Los hindúes y los budistas estuvieron llevando a cabo esta indagación durante un tiempo mucho más prolongado y, avanzaron mucho más que los occidentales. Éstos tienen mucho que aprender de la experiencia india y asiático oriental en este terreno. En mis libros y artículos procuré repetidas veces llamar la atención de mis lectores occidentales sobre este hecho, como parte del intento de toda mi vida de contribuir a que el hombre modemo se despoje de su creencia ridículamente errónea de que la civilización occidental modema es superior a todas las otras y que las ha aventajado en todo.

Ikeda: Comprendo y respeto sus sinceros esfuerzos en este sentido. Dos de los principales pensadores de la escuela india de filosofía conocida como Vijnanavada, Asanga y Vasubandhu (ambos del siglo IV de la era cristiana), agregaron nuevos conceptos a los seis sentidos que se reconocían en esa época. Los seis sentidos tradicionales eran la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y un sexto que controla y unifíca las funciones de los otros cinco. Los conceptos que agregaron estos grandes pensadores fueron la facultad de entendimiento en el pensamiento profundo (manas -vijnana-) y una facultad que permite penetrar más profundamente en la naturaleza de la vida (alaya-vijnana). El séptimo sentido, la facultad de entendimiento o de razón, supone la especulación profunda; cae dentro de esta categoría el yo de Descartes en su “Pienso; luego existo”. En general los filósofos occidentales siguieron esta línea de pensamiento; pero Vasubandhu fue algo más lejos y descubrió el octavo sentido, en virtud del cual logró penetrar más profundamente y sin ilusiones en la naturaleza de la vida humana. Chih-i de China (siglo VI de la era cristiana), apoyándose en el pensamiento de Vasubandliti, descubrió un noveno sentido (amala-vijnana) con el cual el hombre llega a la entidad espiritual última que activa todas las otras operaciones psíquicas, El pensamiento de Chih-i fue la simiente de la cual brotó el budismo Tien-tai. Me he referido brevemente a estos pensadores para hacer notar que desde épocas antiguas los budistas intentaron comprender esas zonas profundas de la vida que se extienden más allá del -mundo de la conciencia.

Toynbee: Claro está que los esfuerzos de esos hombres produjeron importantes resultados, pero creo que ni siquiera la superficie consciente de la psique (que es relativamente comprensible) puede com-prenderse plena y realmente si no se la considera como una mera parte de un todo psíquico indivisible, en el que las profundidades del inconsciente dominan la superficie consciente, aunque se ignoran o no se, perciben esas profundidades inconscientes. El valor de llevar a la conciencia las profundidades inconscientes o por Io menos sus estratos superiores radica en que al adquirir conciencia de esas profundidades, podemos controlamos en lugar de ser controlados por ellas sin que lo advirtamos.
Creo que el filósofo budista hindú Vasubandhia y el filósofo budista chino Chih-i penetraron en los estratos inferiores del inconsciente (el vocablo espacial inferior es inapropiado y podría, confundir, pero el vocabulario espacial usado metafóricamente es el único vocabulario de que disponemos para describir fenómenos psíquicos). También creo que el estrato último de, abismo inconsciente de la psique humana es idéntico a la realidad última que alienta detrás de todas las manifestaciones del universo.

Ikeda: Sospecho, que lo que usted llama la realidad última que alienta en todo el universo corresponde a lo que el pensamiento budista llama la fuerza, vital universal, que es la fuente de todos los fenómenos del universo. Pero vayamos a un plano más concreto: me gustaría conocer su opinión sobre los métodos empleados en la exploración de los fenómenos psíquicos. La indagación de este especial terreno del espíritu humano se vio estimulada por el desarrollo del psicoanálisis freudiano y de la psicología profunda.
Las numerosas ramas de la psicología pueden clasificarse en dos grupos principales. Uno está representado por la psicología de lo consciente que estudia el nivel consciente de la psique humana. El otro es la psicología profunda que estudia tanto el nivel consciente como el nivel inconsciente de la psique, pero que excluye todos los fenómenos que no son susceptibles de ser verificados objetivamente.

Toynbee: El estudio occidental moderno de la psique humana es mucho más reciente que el estudio occidental del aspecto físico e inanimado del universo fenoménico. El método científico occidental que se elaboró para estudiar el aspecto físico de los fenómenos alcanzó extraordinario éxito en su campo de acción propia. El método adquirió un prestigio tal que se lo aplicó sin reservas al estudio del aspecto psíquico de los fenómenos cuando por fin el Occidente también comenzó a estudiar este aspecto. Como ya dijimos, los budistas y los hindúes comenzaron a estudiar la psique en la India unos dos mil cuatrocientos años antes que los europeos, y en la India ese estudio no se llevó a cabo de acuerdo con un método anteriormente bien establecido en el estudio del aspecto físico de los fenómenos. El enfoque hindú, no físico, de los fenómenos psíquicos me parece más promisorio. El intento occidental moderno de establecer una ciencia de lo psíquico según el modelo de una ciencia física ya existente puede hacer que la ciencia psíquica corra el peligro de extraviarse por obra de una falsa analogía, Es probable que el estudio de los fenómenos psíquicos se aproxime más a la verdad si se analizan, a la manera hindú, de acuerdo con una orientación propia e independiente que contenga a la naturaleza del objeto de estudio.

Ikeda: Así es en efecto. Los planos profundos de la vida humana son fundamentalmente diferentes, por su naturaleza, de las manifestaciones que se dan en la superficie, Esos planos profundos trascienden el tiempo y el espacio y, por eso, los intentos de medirlos mediante los ordinarios criterios espaciales y temporales probablemente no nos aproximen a la verdadera naturaleza de la fuerza vital misma. En consecuencia y como usted dice, parece que el método hindú de introspección puede llegar a un conocimiento más correcto que los intentos de conjeturar sobre los fenómenos psíquicos profundos empleando los métodos que se usan para analizar los fenómenos conscientes.
Me referí brevemente a las dos corrientes principales de la psicología moderna pero en años recientes se han desarrollado varias nuevas escuelas de pensamiento que tratan de ir más allá de los límites de la psicología tradicional. Una de esas corrientes es la parapsicología, que se concentra en la indagación de fenómenos supranormales: la telepatía, la clarividencia, la psicokinesis y el preconocimiento. Si bien varios experimentos realizados en este terreno resistieron las pruebas a que los sometieron concienzudos hombres de ciencia, muchos experimentos no fueron otra cosa que fraudes. Algunos fenómenos supranormales pueden explicarse enteramente por acción de estratos profundos del inconsciente, sin que sea necesario atribuirlos a funciones perceptivas supuestamente extrasensoriales.
Toynbee: Por cierto que hubo bastante fraude en algunos experimentos occidentales modernos en lo tocante a la exposición y observación fenómenos psíquicos. Probablemente el fraude sea más fácil de practicar en las investigaciones psíquicas que en las investigaciones físicas; sin embargo, creo que la mayor parte de los actores y observadores de tales fenómenos obró de buena fe, aun en casos en que las explicaciones de los fenómenos no resultaron convincentes. Creo que esto puede decirse no sólo de la exploración Occidental moderna del inconsciente, sino que también puede decirse del yoga hindú y del chamanismo siberiano.

Ikeda: Aparte de los casos fraudulentos o carentes de significación, se han dado fenómenos que no pueden explicarse sino con referencia a algo supranormal. Sería un error desechar la parapsicología en su totalidad. El hipnotismo, que era considerado antes un fraude, no una ciencia, ha llegado a establecerse ahora como un vigoroso método de psicoterapia. Desde luego, las teorías parapsicológicas deben someterse siempre a severas pruebas de verificación.
Otra escuela de pensamiento que va aun mucho más lejos que la parapsicología en el terreno de la investigación psicológica es el espiritismo, que estudia la supuesta existencia de las almas. Sin guardar la menor relación con la ciencia positiva, el espiritismo ha llegado a convertirse en lo que podría llamarse un credo religioso. ¿Qué opina usted sobre estos enfoques de la psicología humana?

Toynbee: Creo que todos los fenómenos observables son fenómenos normales. A mi juicio, los llamados fenómenos supranormales, que constituyen el objeto de estudio de la parapsicología, son en verdad fenómenos normales de un tipo raro o bien son fenómenos comunes que se han pasado por alto y descuidado hasta recientemente en el mundo occidental. Yo mismo fui testigo directo de una comunicación telepática que, lo sé, fue genuina. Supongo que todos los seres vivos se comunicaron siempre entre sí telepáticamente y que aun después de haberse inventado el habla humana, los hombres continuaron comunicándose entre sí telepáticamente, además de hacerlo por la palabra oral o escrita.

Ikeda: Las conclusiones sobre estos fenómenos supranormales son importantes y, por lo tanto, es necesario llegar a ellas. Pero estimarlos excesivamente y considerarlos como el resultado místico de alguna fuerza sobrenatural puede tener nefastas consecuencias. Primero, puede hacer nacer conceptos erróneos y fomentar prácticas fraudulentas. Segundo, y esto es más grave, puede obstruir el camino que conduzca al descubrimiento de conocimientos exactos y seguros sobre tales fenómenos. Pero, por otro lado, si las conclusiones sobre estos fenómenos son sometidas a una crítica excesivamente severa, quedarán desalentados todos los esfuerzos para penetrar en esos fenómenos. Y esto a su vez podría sofocar capacidades y posibilidades humanas hasta ahora inexploradas.
Dice usted que los llamados fenómenos supranormales son en verdad normales. Coincido con usted en este punto. Cuando se descubra el nexo de causa y efecto que relaciona a las cosas que hoy se consideran supranormales atendiendo a los resultados de los experimentos parapsicológicos, esas cosas mismas, probablemente serán consideradas como normales. El mundo de los animales ofrece numerosos ejemplos de facultades aparentemente sapranormales -el instinto de orientación de algunas aves y la capacidad de recorrer enormes distancias en sus migraciones- que hoy la ciencia explica con toda claridad. Si fueran sometidos a cuidadosas observaciones y experimentaciones, los fenómenos supranormales también podrían ser quizá igualmente explicables.
Muchas intenciones e ideas de los seres humanos se comunican mediante palabras, pero hay casos en que no se usan las palabras. Los pueblos orientales asignan gran importancia a la comunicación que tienen entre sí los aspectos espirituales de los seres humanos. Este tipo de comunicación (llamado ishindenshin en japonés) se realiza sin necesidad de palabras. Presumo que corresponde a lo que ustedes llaman telepatía. Me parece que equivocadas maneras de desarrollar esta oculta capacidad humana -o de no desarrollarla en modo alguno y despreciarla, lo cual da ocasión a que se atrofie- han impedido que se manifestase de la manera comprensible en que podría haberlo hecho.
Algo muy parecido ha ocurrido con la intuición. En general la intuición suele apreciarse algo menos que la razón, y la intuición misma se ha ido desacreditando a medida que se revelaron como erróneas ciertas conjeturas intuitivas. Como no resulta claro su modo de operar, la intuición suele condenarse apresuradamente por considerársela no científica. Pero esa actitud que condena a la intuición entraña el peligro de que el hombre se apoye exclusivamente en la razón y sacrifique así su facultad de intuir.
La conciencia de nivel profundo trasciende la razón y puede obrar con gran agudeza, rapidez y exactitud. Aunque esta, capacidad es inherente a la vida misma, el desarrollo de la civilización humana la ha debilitado. Como consecuencia de este proceso el hombre ha llegado a creer que puede obrar satisfactoriamente aun cuando permanezcan inactivas sus capacidades conscientes profundas. En otras palabras, la conciencia humana superficial, especialmente la razón, sofocó a la conciencia humana profunda.

Toynbee: Hay una tendencia a que una facultad más antigua se atrofie cuando otra nueva la complementa. Y esta es una circunstancia desdichada, porque la nueva facultad rara vez cumple todas las funciones de la vieja aunque puede llevar a cabo más eficazmente algunas de las funciones de ésta y aunque también pueda cumplir nuevas funciones que la facultad más antigua nunca desempeñó ni podría desempeñar. Por ejemplo, entre las personas que han aprendido a leer y a escribir, se debilitó la facultad de la memoria, y quizá la facuItad de leer y escribir a su vez sufra por la influencia de la radiotelefonía y la televisión, usadas como medios de comunicación. De manera parecida creo yo que el subconsciente queda parcialmente atrofiado en los seres humanos por obra de los logros de la consciencia que aportaron la razón y la cultura.
Podemos observar el mismo proceso en la esfera de la técnica de las comunicaciones en general. Los canales fueron puestos fuera de acción por los ferrocarriles, los ferrocarriles por las grandes carreteras de alta velocidad, los buques por los aviones, los servicios postales por los teléfonos. Sin embargo, los nuevos instrumentos no cumplen todas las funciones de los viejos a los que han arruinado. En la esfera material y en la esfera espiritual los progresos parecen adquirirse al precio de pérdidas que tal vez no podamos permitimos.

Razón e intuición

Ikeda: La razón y la intuición se complementan recíprocamente, por cuanto la razón presupone la función de la intuición, y ésta es rectificada y clarificada por la razón, El repetido ejercicio de la facultad de la razón puede sistematizar y clarificar el saber adquirido a través de la intuición. Mientras la razón adopta generalmente el enfoque analítico y resuelve complicadas cuestiones analizándolas en sus simples elementos constitutivos, la intuición aprehende un objeto como totalidad y penetra directamente en su naturaleza esencial. Aunque parezca que estos dos aspectos se oponen el uno al otro, yo pienso que están estrechamente relacionados y que los dos ejercen poderoso efecto en el saber humano,

Toynbee: Los datos de la percepción sensorial constituyen la materia prima de las hipótesis científicas. Una hipótesis es un intento de explicar tales datos. A la hipótesis debe seguir la verificación. Hay dos pruebas de verificación que deben aplicarse a la hipótesis. Una de ellas es racional. ¿Es compatible la hipótesis que se está considerando con otras hipótesis y, en general, compatible con el conjunto total de conocimientos provisionalmente aceptados? La segunda prueba de verificación consiste en cotejar la serie de fenómenos en virtud de los cuales se ha sugerido la hipótesis. ¿Explica satisfactoriamente la hipótesis estos fenómenos? ¿O hay algunos fenómenos que son incompatibles con ella? Por cierto que una hipótesis nunca puede llegar a demostrarse como correcta de una manera concluyente y definitiva. En efecto, nunca podemos estar seguros de que sea completo nuestro inventario de todos los fenómenos. En cualquier momento del futuro, podemos descubrir un fenómeno que no hubiera sido observado antes por nosotros. Y el fenómeno recién observado podría no ser compatible con la explicación hipotética aceptada hasta entonces de la determinada serie de fenómenos. Un solo caso que no se ajustara a la explicación bastaría para desacreditar la hipotética explicación de toda la serie de, fenómenos a que pertenece.
¿Cuál es la fuente de las hipótesis? Los datos de la percepción sensorial no nos ofrecen hipótesis. Las hipótesis no son datos, son explicaciones de datos. Tampoco es la razón la que nos ofrece las hipótesis. Nuestra facultad de razonar examina y critica las hipótesis, pero no las engendra. La razón no puede entrar en acción hasta que no tenga una hipótesis en la cual ejercitarse. La razón y la percepción sensorial obran en el nivel consciente de la psique. Las hipótesis nos son presentadas por la intuición que aflora a la conciencia desde las profundidades inconscientes. La conciencia recibe las intuiciones del inconsciente. La razón y la percepción sensorial no son facultades creadoras. La actividad creadora de la psique humana corresponde a la intuición cuya fuente es el inconsciente.

lkeda: Lo que usted acaba de decir explica muy claramente las actividades de los grandes creadores espirituales del mundo, tanto de los hombres de ciencia como de las figuras religiosas. Sólo la intuición puede aprehender esferas en las que la razón no es capaz de penetrar. Pero, posiblemente a causa de su naturaleza subjetiva, una intuición errónea puede conducir a la complacencia. Es menester verificar con medios racionales la validez de cosas percibidas intuitivamente. Si damos un paso más adelante en este proceso, comprobamos que tenemos necesidad de un saber que se da en un nuevo plano en el cual la razón y la intuición se complementan recíprocamente. Ese saber podría llamarse intuición racional o razón, intuitiva.
Los casos de algunos de los grandes innovadores en el terreno de la física ilustran bien lo que digo. La teoría de la relatividad de Einstein y el descubrimiento de las leyes de la gravedad de, Newton fueron el fruto de la intuición de dos genios. Pero en ambos casos una inmensa meditación racional precedió al momento intuitivo. No es posible considerar las grandes visiones de esos hombres como semejantes a las ideas fortuitamente brillantes que todos nosotros concebimos de cuando en cuando, Desde el punto de vista de una tercera parte, una verdad a la que se llegó a través de la intuición es una hipótesis que hay que demostrar. Pero evidentemente no es éste el caso del hombre que llegó a una verdad intuitiva como resultado de un intenso trabajo de meditación racional. Lo que quiero decir es esto: la intuición que se da en casos de esta índole no es una intuición fortuita, sino que es lo que he llamado intuición racional.

Toynbee: Comprendo su punto de vista y creo que está bien fundado. Pero debemos recordar que tanto el nivel consciente como el nivel inconsciente se extienden en un piano horizontal entro, seres humanos y hasta en enteras sociedades humanas. Como la percepción sensorial y la razón obran en el nivel consciente, diferentes seres humanos pueden comparar las anotaciones que han hecho sobre lo que perciben y sobre la manera en que razonan. Esos hombres pueden llegar a descripciones comunes de los fenómenos y a conclusiones comunes en su modo de pensar. Llamamos objetivas a. estas descripciones y conclusiones comunes, con lo que queremos significar que no son opiniones privadas ni pensamientos peculiares de un individuó solitario. Pero no tenemos manera de saber si esos contenidos comunes de la conciencia son objetivos en el sentido de ser genuinos y exactos reflejos mentales de la realidad en sí. Podrían ser tan sólo alucinaciones en masa.
Algunas intuiciones son subjetivas en el sentido de ser peculiares de un determinado individuo, de suerte que esas intuiciones individuales pueden no ser convincentes para otras personas. Tales intuiciones no son evidentes por sí mismas para todos los espíritus y, sin embargo, pueden conquistar adeptos. Las intuiciones individuales de los hombres de ciencia, de los poetas y de los profetas religiosos son de este género. En la medida en que se lo ha explorado hasta ahora, el inconsciente parece estar compuesto de una serie de diferentes estratos psíquicos. Parece que existe un estrato por debajo del nivel de la intuición individual, en el cual el inconsciente engendra mitos de la clase de lo que C. G. Jung llamó “imágenes primordiales”. Lo mismo que nuestras operaciones mentales del nivel consciente, estos mitos son comunes a todos los seres humanos. Idénticas imágenes primordiales se manifiestan en los ritos y en el folklore de muchos pueblos muy diferentes, así como se manifiestan en refinadas novelas y piezas de teatro escritas por representantes de diferentes civilizaciones de diferentes lugares y tiempos. Esas imágenes primordiales llevan una gran carga de energía psíquica y tienen fuerza arrolladora. A veces se imponen a la voluntad consciente y hacen que las personas obren de maneras contrarias a sus intenciones deliberadas.

Ikeda: Presumo que las imágenes primordiales de Jung son lo que a veces se llama espíritu colectivo, lo cual significa que en las partes íntimas y profundas del espíritu de cada individuo tiene su asiento el depósito de experiencias que se han transmitido de generación en generación desde que el hombre apareció en la tierra. Esas experiencias son comunes a todos los pueblos, aunque en general permanecen sumergidas.
Si bien es lícito asignar la religión a la esfera de las intuiciones, la religión que se apoye tan sólo en la intuición no será una religión convincente. Sólo iluminado por la luz de la razón puede tener verdadera vida el conocimiento intuitivo de la religión, En este sentido, insisto en que la intuición debe ser intuición racional, y análogamente, porque creo que la razón debe contar con el apoyo de la intuición, insisto en que es necesaria una razón de tipo intuitivo.

Toynbee: Creo que la ciencia y la religión toman sus intuiciones tanto del estrato individual como del estrato universal del inconsciente. En este sentido, las hipótesis del hombre de ciencia son afines a las visiones del profeta religioso, sólo que los hombres de ciencia son más rigurosos que los profetas en cuanto a someter a prueba sus intuiciones en el terreno de la conciencia. Los profetas religiosos se inclinan a dar respuestas dogmáticas a las cuestiones fundamentales sobre la naturaleza del universo y sobre la significación de la vida humana. Esas cuestiones fundamentales, que se plantean los más de los seres humanos en una u otra fase de su vida, no pueden recibir respuestas verificables, pues esta posibilidad está más allá de la capacidad del espíritu humano. Sin embargo, esas cuestiones fundamentales se presentan a nuestro espíritu de manera sumamente apremiante y exigen insistentemente respuestas. Las respuestas que dan los profetas religiosos son dogmáticas por cuanto son inverificables. (La significación original de la voz griega dogma es la de opinión, a diferencia de verdad universalmente reconocida.) Los hombres de ciencia limitan sus actividades a observar fenómenos, buscarles una explicación racional y someter a prueba las conclusiones a que llegaron. A diferencia de la ciencia, la religión ofrece al hombre un mapa completo del mundo misterioso en que despertamos a la conciencia y en el que pasamos nuestra vida. Si bien ese mapa es conjetural, no podemos pasamos sin él. Es una necesidad de la vida. Para nosotros tiene una importancia práctica mucho mayor que los resultados probados a que llegó la ciencia sobre la diminuta fracción del universo que es accesible a la indagación científica. Por supuesto que también la ciencia es una necesidad de la vida, pero la ciencia que nos es indispensable es una ciencia elemental. Fueron necesarios la observación científica y el razonamiento para construir las primeras herramientas paleolíticas, Esa ciencia elemental bastaba para asegurar la supervivencia de nuestra especie. Los enormes progresos científicos posteriores fueron superfluos a los efectos de la supervivencia y hasta podrían determinar que la humanidad llegara a destruirse a sí misma.

Ikeda: En la fase actual de la historia humana, la religión y la ciencia son, como usted dice, necesidades de la vida. Como necesitamos de las dos, ellas no deberían oponerse la una a la otra. En realidad, la ciencia debería fundarse en la religión y la religión debería comprender la racionalidad científica. Creo firmemente que si se estableciera una armonía entre la ciencia y la religión este hecho tendría un efecto revelador en toda la humanidad. En este sentido considero que las palabras de Albert Einstein -”La ciencia sin religión es coja y la religión sin ciencia, es ciega”- tienen aun mayor importancia hoy que cuando él las dijo.

Toynbee: La ciencia y la religión no tienen por qué estar en conflicto, ni deberían estarlo. Son dos maneras complementarias de enfocar mentalmente el universo y habérselas con él. A la ciencia no le es lícito invadir el campo de la religión. No podría invadirlo sin formular pronunciamientos dogmáticos e inverificables, con lo cual se anularía a sí misma, pues ello supondría abandonar sus procedimientos propios de verificación. La religión invadió a veces el campo de la ciencia, pero tuvo que retirarse cuando la ciencia reclamó la posesión de su campo propio. Sin embargo, esas retiradas dejaron intacto el campo mismo de la religión.

Ikeda: La religión y el enfoque intuitivo del universo aspiran al bien de la humanidad. Debemos esforzamos por hacer que todos los seres humanos comprendan el valor de tal enfoque. Si asumimos esta responsabilidad, podemos explorar las relaciones complementarias de ciencia y religión para encontrar una manera de que la religión resulte más accesible a todos los hombres.
Como usted dijo, los profetas religiosos se inclinan a apoyarse exclusivamente en la intuición y a dar respuestas dogmáticas a las cuestiones fundamentales. En cambio, los hombres de ciencia se limitan a las explicaciones racionales y a someter a prueba todas las conclusiones derivadas de esas explicaciones. Para llegar a explicaciones inteligibles se valen de la razón humana.
Después de haber reconocido que la naturaleza y el valor de la intuición y la razón tienen un carácter diferente, estaríamos en condiciones de construir un puente entre la ciencia y la religión, y de esta manera el hombre moderno aceptaría más fácilmente, esta última. En otras palabras; tanto la ciencia como la religión deberían dejar de aferrarse exclusivamente a sus respectivos campos y deberían aproximarse la una a la otra. Con esto no quiero decir que una invada la esfera de la otra; por el contrario, cada cual debe respetar a la otra a medida que se verifique la aproximación, sin embargo, por más que se acerquen, los métodos de la ciencia nunca podrán invadir la esfera de la religión.
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Publicado por en septiembre 17, 2014 en Entrevistas, parapsicologia

 

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