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Apariciones en la cima del Montseny.

24 Ago

Jaume (Jacques) Bordas Bley fue durante algunos años titular del antíguo observatorio metereorológico situado en el macizo del Montseny (Barcelona). En el libro titulado  “Jacques B. Bley” (Eds. Telstar) se relatan, entre otros (ya pusimos el de Ángela Bley), dos casos  de misteriosas apariciones que vivió de primera mano nombrado meteorólogo.

Una noche, aparentemente tranquila, llamaron a la puerta del refugio. Al abrirla, Jaume no vio a nadie, y tampoco en los alrededores. Volviendo a su litera escuchó como si arañaran suavemente los postigos de la ventana. Se acercó cautelosamente y la abrió con rapidez con la intención de sorprender al fantasmal visitante.

“Ante sus ojos apareció de nuevo la estelada noche, pero esta vez, sobre el fondo oscuro se distinguía una forma densa que tenía apariencia humana, dándole la espalda, caminando ingrávido y huyendo… hacia el abismo.
A Jacques le dio un terrible vuelco el corazón y estuvo a punto de perder la serenidad.
Aquel desconocido iba a despeñarse irremisiblemente.
La opaca silueta siguió avanzando horizontalmente,deslizante sobre el aire, sobre el vacío, sin caer en el abismo, hasta que desapareció en el horizonte nocturno, esfumándose para no volver nunca más”.

La siguiente aparición ocurrió en pleno día.

“Viniendo de Sant Marçal y cuando se disponía a tomar el atajo de las Agudas -que comienza en el mismo pie de esta cumbre- para efectuar la escalada de la pared por este lado, Jacques percibió unos pasos, experimentando la sensación que lo seguían a lo largo del sendero.
Aquello lo puso en guardia, aquel sendero no era frecuentado por excursionistas.
Extraordinario era quien fuera pudiera aguantar su rápido paso de montaña.
Dándose la vuelta de pronto se encontró delante un individuo rubio, de aspecto típicamente germánico, en shorts y calzando una especie de botas que rememoraban las de un patinador, cordadas por el centro hasta media pierna.
Era joven, de unos 28 a 30 años de edad. Jacques decidió continuar su camino sin darle más importancia al encuentro. Podría tratarse de una mera casualidad. (…)
De pronto dejó de sentir sus pasos … se giró: no encontró a nadie.
Rehizo retrocediendo una parte del camino. Dio voces, pero no obtuvo ninguna respuesta “.

Fuente.

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Publicado por en agosto 24, 2014 en Artículos

 

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