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Las caras de Bélmez. ¿Fenómeno físico fraudulento o fenómeno parapsicológico?.

23 Ago

Dr Antonio Sánchez Arjona 

Extracto del artículo publicado originalmente en la revista Telepsiquia, nº1 Febrero de 1977.

 

caras de Belmez 2011

Se nombró una comisión para su estudio previo.

Hasta Febrero de 1972, yo no había tenido la menor noticia del asunto de Bélmez. Fue en esta fecha cuando la llamada de un hombre tan inquieto por estas cuestiones como ampliamente informado, Jordán Peña, me sorprendió con la información y, aún más, con la gentileza de invitarme a formar parte de una comisión que se había organizado para su estudio. Acepté, y mi actuación quedó, por tanto, dentro de la del equipo; cuyo informe, en su primera fase; a saber, la del estudio físico del fenómeno, corrió a cargo del mismo Jordán Peña, como presidente de dicha comisión, y en su segunda fase, a saber, la del aspecto psico-social y parapsicológico, aún espera la decisión que haya que tomar respecto a él el referido presidente.

Por consiguiente, si ahora yo he de dar una opinión del caso, quiero que sea al margen de lo que en esta comisión se haya tratado y sin convertirme en juez de la misma. Hay, sin embargo, dos aspectos que yo no 0uedo eludir y a los que puedo referirme sin que ello desdiga mi fidelidad como comisionado. Uno es el de mi responsabilidad en la comisión y otro el de lo objetivamente hecho por ésta y públicamente manifestado por los medios informativos o por el mismo presidente. Del primer aspecto hablaré cuando trate en general mi responsabilidad en el caso Bélmez. Del segundo trataré según vaya surgiendo la necesidad al referirme a ello en la exposición de mi opinión personal.

Impresiones de uno de sus miembros sobre la fenomenología.

El 19 de febrero, después de unas reuniones previas de la comisión, en las que yo había explicado la posibilidad del fenómeno y lo complicado de la metodología, relegando para más adelante la consideración parapsicológica propiamente dicha, de acuerdo con el mismo presidente, nos presentamos en Bélmez los miembros de dicha comisión y con este motivo tuve ocasión de ver e inspeccionar lo que allí había, entrevistando principalmente a la dueña de la casa, María Gómez Cámara. Aunque de dicha entrevista no debo manifestar aquí lo más mínimo, creo que sí podré decir que si bien mi primera impresión fue realmente desfavorable al ver el pavimento –quizá por la misma prevención que llevaba más que contra el fraude contra la sugestión popular-, la impresión que me produjo la simple observación de la señora aludida me iba dejando cada vez más perplejo sobre el asunto. Sí era descorazonador que hubiera de hacer cierto esfuerzo para ver en el suelo las “caras” tan nítidamente como en las fotografías, era forzoso reconocer que se trataba de efectos propios de la técnica (acaso podríamos decir igual de la psicofonía o de otras psicopercepciones que pudieran algún día obtenerse) y, una vez aceptado, por consiguiente, el enriquecimiento de la misma nos permitía de nuestra simple visión ocular, se hacía más obvio cada vez el relacionar las imágenes aparecidas entonces (el niño y los adultos) con aquella constelación familiar (ella, él y el niño), a pesar de tener las imágenes una cierta expresión de rostro desencajado por la muerte más que de gesto de terror o angustia en persona viva. Hasta incluso se sentía uno tentado de ver un trasfondo religioso a través de un tipo de crucificado, lo cual no quiere decir, precisamente, que pensemos en una intervención divina, sino que el poder de expresión de esas fuerzas haya captado la imagen de dolor que tenían más arraigadas en su conciencia de cristianos, fundiéndola con la suya propia.

Con ocasión de nuestra visita a Bélmez di a un periódico español mi versión de los hechos, autorizándolo a que hiciese suyo el comentario que yo a título personal, le daba, y no como miembro de la comisión, en torno a la que el fenómeno podía significar que en el orden de las fuerzas psicoquinéticas y el transconciente. Pero creo que puesto que este informe debe ser lo más objetivo posible no debo repetir aquí dicho comentario, ni, en honor a mi compromiso con el periodista, descubrir aquí su paternidad.

La explicación mía me parecía tan congruente con lo que de más cierto aún ya hoy puede ofrecernos la parapsicología; y, por otra parte, el proceso me parecía tan profundo y las imágenes tan especialmente expresivas y en tanta conexión, que suponía que de haber sido un fraude lo hubiese tenido que hacer o por lo menos dirigir un parapsicólogo muy bien enterado del asunto y ayudado de buenos actores y mejores artistas. Y me refiero sólo a estos fenómenos, pues por falta de suficiente experiencia no puedo entrar en los concomitantes de la psicología, ectoplasmas (aunque de éste sólo se empezó a hablar más tarde), etc.

A pesar de todo esto, la fe en el presidente de la comisión, que aseguraba el fraude por vías inasequibles a la comisión misma, me hicieron desistir en dar más vueltas al asunto ni plantearlo siquiera a autoridades extranjeras, si bien seguía preocupándome la personalidad de María Gómez Cámara.

Pero ¡cuál no sería mi sorpresa al saber que alguien –concretamente para De Argumosa- el fenómeno había seguido mereciendo atención sin límites y, gracias al tesón y a las posibilidades y preparación de dicho estudioso, había llegado a atraer la curiosidad de autoridades en la materia como Hans Bender!.

He aquí mi gran perplejidad: ¿Qué había de seguro en la firme actitud de nuestro presidente?, ¿qué había de seguro en la no menos firme actitud del profesor De Argumosa, avalada ahora por una opinión internacional, que si bien estaba representada por personas que no habían estado en Bélmez, tenía a su favor el testimonio, tras la presencia en Bélmez, de Hans Bender nada menos?.

Fue esta perplejidad la que nos llevó a volver sobre nuestros pasos y recordar la falta de objetividad que en toda esta investigación habíamos echado de menos. Quizás en este caso, como en tantos otros, por falta de coordinación y exceso de individualismo, del que todos tenemos un poco de culpa.

Impresiones sobre la metodología.

En primer lugar, hemos de advertir como cuestión previa que ciencia tan trascendental como la parapsicología no puede emplear en la investigación métodos científicos hasta ahora conocidos si no es como vía negativa o, en todo caso, como vía de “servicio” o “emergencia” (en este caso sólo interesa la vía negativa, no la otra).

Por otra parte, la parapsicología no tiene todavía métodos propiamente parapsicológicos. Los que aparecen como tales deben reducirse por ahora a los mismos físicos o a los morales. Usar el hipnotismo o la mediumnidad, o cualquier tipo de adivinación es partir de la misma base que estamos estudiando, sin garantía de aciertos –entre otras cosas, por la posible influencia subsconciente del inductor- y válidos sólo en un plano esotérico, en el cual cabe todo. Usar la psicofonía tiene el carácter de búsqueda de fenómeno concomitante más que de método, si bien el estudio de estos fenómenos, incluido también entonces con ese carácter la mediumnidad, ectoplasmia, etc, puede considerarse como parte de una metodología de tipo fenomenológico más que ontológico, a la que nosotros añadiríamos por nuestra cuenta, como ya indicamos en su día a cierto periodista, la incidencia local de otros fenómenos parapsicologicos por esa zona de Cazorla. Si por ambos caminos el fenómeno hubiese resultado inexplicable, habría que haberle buscado su puesto en la fenomenología parapsicológica, estudiando su analogía con otros, puesto que este, por otra parte, resulta siempre provisional hasta tanto el progreso de la teoría humana amplíe las dos vías descartados o encuentre métodos propios en parapsicología. Si por la vía física se hubiese encontrado una explicación suficiente del fenómeno, habría que haberse preguntado si también lo había por la vía moral. Porque si aún explicado suficientemente desde el punto de vista físico no se puede explicar moralmente, el fenómeno sigue siendo misterioso. Sólo si también moralmente tiene explicación suficiente, la investigación parapsicológica huelga y el fraude es manifiesto.

Ahora bien, ¿se ha seguido en el caso de Bélmez este proceso?. Realmente creemos que se han tocado todos los resortes que en él se enumeran. Pero no en conjunto. En efecto, mientras unos han hecho unas partes, otros, escépticos de las mismas, han hecho otras. Como el lector sabe ya la parte que a cada uno corresponde, él mismo podrá juzgar donde está el fallo de la investigación en conjunto. Pero antes queremos advertir lo siguiente:

Primero: Que al referirnos a la falta de objetividad no hablamos aquí, ni mucho menos, de escrupulosidad en la realización de las pruebas o en la elección del testimonio, sino simplemente de la confrontación entre sí de los contendientes y de sus aportaciones. Por lo demás, bien sabemos de la seriedad con que tanto Jordán Peña como De Argumosa han realizado su investigación. Pero mientras Jordán Peña tiene que callar la parte decisiva, por ser totalmente confidencial, según nos lo comunicó, De Argumosa, persuadido por su investigación personal de que no hay tal fraude de hecho, y no satisfaciéndole la investigación física llevada a cabo, por una parte, y entendiéndose, por otra, que aún no dando ésta por resultado ninguna especificidad o inexplicabilidad del fenómeno, no impedía la posibilidad de trascenderla, se instala y a decididamente en la perspectiva parapsicológica.

Segundo: Que, en efecto, aún suponiendo bien hecha la investigación física, que diera como resultado la posibilidad de hacer aquellas mismas caras y su expresión en un simple laboratorio o mejor en varios, tenía que saberse si se ha investigado suficientemente la aparición de las mismas en unas circunstancias tan distintas, por una parte, de las de los laboratorios y tan especiales, por otra parte, como las de aquella cocina y su ambiente y subsuelo, cosa que nos imaginamos no hayan podido repetir ese o esos laboratorios.

Tercero: Que si había de recurrirse a la pesquisa moral o policial, sus conclusiones tenían que ponerse a salvo de cualquier subjetividad, incluida hasta la posibilidad de una confesión falsa. Ahora bien, esto no era posible si se había conseguido en un plano el todo confidencial y, por tanto, por mucha seguridad que para el investigador afortunado con esta confesión existiese y la confianza que él personalmente nos mereciese, la decisión sería puramente subjetiva.

Cuarto: La observación de los fenómenos concomitantes podía crear un clima de conjunto que fuese apto para admitir el misterio del fenómeno, aúna pesar de una posibilidad de explicación física del fundamental o primario. Pero, ¿se habrían hecho las investigaciones sobre el concomitante psicofónico, ectoplasmático, etc -se preguntan algunos investigadores- con la garantía de objetividad por ellos deseada? .

Por tanto, en resumen, en el análisis final del fenómeno de Bélmez se encuentran dos posturas subjetivas y antitéticas: la explicación físico-moral, que afirma el fraude, y la explicación parapsicológica, que afirma el hecho paranormal. Si hay motivo fundado para afirmar policialmente que hubo fraude, y que lo hubo desde el principio y en todo, hará falta revisar la psicofonía, la mediumnidad y las demás circunstancias misteriosas del caso como posibles sugestiones del investigador mismo, aún admitida, por supuesto, su más sana intención y honradez científica. Pero si se descarta esta posibilidad de sugestión, habrá que revisar las condiciones de la investigación policial, que –aún admitida también por supuesto la más sana intención y honradez científica del correspondiente investigador- podría quedar invalidada ante cualquier información precipitada o incluso ante la misma confesión más o menos secretamente forzada, parcial o fraudulenta. Cualquier empeño en mantener su postura cada una es subjetiva y no ofrece más garantía que la veracidad y honradez de los contendientes, lo cual no excluye la posibilidad de error por muy seguro que cada uno esté de sí mismo.

No olvidemos lo que ya Gulat-Wellengurb –en su “Grundlagen des physikalichen mediumnismus”, Berlín, 1925- escribía en su capítulo acerca de los métodos: “Cuando el investigador busca llegar a un objetivo con toda ansiedad, rechazará instintivamente todo aquello que pueda convertir en ilusión la esperanza de ver confirmada su tesis”.

Culpa y disculpa por haber reservado hasta ahora esta opinión.

En cuanto a mi responsabilidad, tanto por lo que toca a la debida información de la opinión publica como en lo que toca a la información del reducido sector de esta investigación, he de advertir que dicha responsabilidad estaba constreñida por las circunstancias siguientes; primero, porque aceptada la invitación para formar parte de esta comisión, me sentí relevado de plantearme siquiera la posibilidad de una gestión personal, cosa para la que, por otra parte, no me hubiese encontrado en ese momento con los medios necesarios. Segundo, porque dentro ya de esta comisión no llegué a sentirme con la suficiente autonomía y capacidad material de acción, debido a que según entendimos al mismo presidente, su actuación personal encontró pronto, por la vía de información privada y confidencial, fehacientes datos morales para no seguir adelante, y yo tenía toda mi fe en él.

Esperemos que la confrontación de los resultados bis a bis –para lo que nos consta la buena disposición de ánimo de las dos figuras centrales, valientes y decididas a cual más en este asunto, don José Luís Jordán Peña y don Germán de Argumosa, representantes cada uno por su parte, de las dos posturas antitéticas aludidas- y el feliz acierto de este último de presentar el caso a los medios científicos extranjeros –a consecuencia de lo cual vino a tomar cartas en el asunto nada menos que Hans Bender-, den luz suficiente sobre los hechos y preparen así el camino para emitir luego nosotros –conmigo creo que estará también el profesor García Carbajo- una explicación y una hipótesis que por ahora nos permitimos silenciar o, para simplemente, sumarnos a ellos en su tarea esclarecedora de la verdad viva en un fecundo empeño noble y leal de todos.

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Publicado por en agosto 23, 2014 en Artículos

 

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