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PSICOIMÁGENES, una ventana abierta a la dimensión desconocida.

19 Ago

Por José Luís Tajada

Desde que saltó a la luz el fenómeno de la video-transcomunicación han sido muchos los investigadores que han intentado perfilar el procedimiento que da origen a los rostros y figuras obtenidas por el método que propusiera -en mitad de los años ochenta- el técnico Klaus Schreiber. Para ello se han elaborado todo tipo de hipótesis, la mayoría sin la más mínima relación con la ciencia. Teorías exobiológicas, animistas, espíritas y transcendentales, no han hecho, junto con la difusión de imágenes espectaculares de dudosa procedencia, otra cosa que desprestigiar y enturbiar la credibilidad de un fenómeno -para mí- real, inexplicado, y que seguramente esconde una llave que permitirá abrir la puerta a nuevas formas de comprender el Universo que nos rodea.No es pretensión a lo largo de estas líneas sentar las bases para acercar Ciencia y Conciencia. Mi labor es mucho más humilde: resumir y exponer la experiencia personal que durante años he logrado adquirir en el estudio de un fenómeno que, para deleite de unos y mal que le pese a otros, está ahí.

El procedimiento más simple para obtener lo que se denomina psicoimágen es sencillo: consiste en apuntar con una cámara de vídeo a un monitor que, a su vez, está conectado a la propia cámara. De esa manera obtendremos un bucle de retroalimentación luminosa –y en su componente hardware, eléctrica- que mostrará como resultado una mancha en movimiento sobre la pantalla. Este “flameado”, que aparece distorsionado y multiplicando infinitamente su propia imagen es el portador de las imágenes que buscamos. La secuencia en movimiento al ser grabada y analizada fotograma a fotograma, muestra en alguno de los cuadros (frames) que la compo>nen –en mi caso en torno al uno por mil- imágenes que no deberían estar ahí. El procedimiento,rudimentario y –aparentemente- carente de lógica no puede ser más simple. Sin embargo, funciona.Las primeras experiencias que efectué en este campo, allá por la mitad de 1990, despertaron en mí la curiosidad. Dentro del improvisado laboratorio en el que durante horas recopilaba grabaciones por este procedimiento -y que a posteriori me llevarían varios días revisar- comencé a vislumbrar una forma de obtener información de“algo que no debía estar ahí”. Rostros de personas, escenas, formas geométricas e incluso animales, se sucedían en el monitor de vídeo mientras me afanaba por encontrar una explicación al por qué de su aparición. Dediqué varios meses a buscar el error que generaba, durante una fracción de segundo y no más, esas imágenes que no tenían razón de existir. Ahí nació mi necesidad de dar una explicación a este insólito suceso, al no encontrar ningún error en el sistema. A diferencia de otras prácticas y experimentos que se pueden realizar dentro del basto, mal documentado y a veces surrealista “mundo de la parapsicología”, el fenómeno de la psicoimagen –al menos en mi caso- ofrece un porcentaje de resultados positivos que invita al estudio empleando metodología científica. Invito, antes de prejuzgarlo aquí expuesto, que cualquiera que sienta curio-sidad por el proceso, lo experimente. Pero para ello deberá tener en cuenta una serie de consideraciones que no muchos investigadores conocen–y si conocen no divulgan- y sin las cuales, se reducirían considerablemente las posibilidades de éxito. Escuetamente expongo los materiales y protocolos empleados en mi caso.


El equipamiento a Emplear.

El material necesario es muy simple, aunque he de reconocer que no siempre se encuentra al alcance de todos en base a que muchos de los elementos necesarios pueden estar obsoletos en el mercado de consumo.

Monitor de Vídeo: Lo ideal es utilizar un monitor de fósforo (CRT), nunca una pantalla LED,TFT o LCD, y si es posible que trabaje con tecnología de válvulas –no por la tecnología en sí, si no porque es buen indicador de que el diseño de dicho monitor muy posiblemente sea anterior a los años ochenta, evitando filtros y ecualizaciones en sus circuitos de barrido que curiosamente dificultan la captura de psicoimágenes- los monitores que emplean estos dispositivos electrónicos de conmutación y amplificación al vacío, trabajan con tensiones muy elevadas, y que en mi caso,han demostrado ser ideales, obteniendo con ellos un mayor índice de capturas. En su defecto, cualquier monitor en B/N –Blanco y Negro- puede servirnos. Maticemos algo.Diferencias entre monitor y televisor. Un error muy difundido es no conocer la diferencia existente entre un televisor y un monitor. Un monitor es una pantalla de Cristal al vacío –en nuestro caso- en la cual queda reflejada la imagen que llega de manera analógica a la entrada del dispositivo. Carece de receptores de señales radioeléctricas, y la señal que llega a él se encuentra modulada en Baja Frecuencia, es decir, es menos susceptible a captar, mezclar o incluir señales indeseadas. En cambio, un televisor es un monitoral cual se ha colocado un receptor. Es decir, como los televisores que todos conocemos en el salón de casa, tenemos que sintonizar el receptor para poder ver la emisión del “canal” deseado. Un monitor no tiene sintonizador  que capte una señal modulada con una portadora de radio.El tipo de monitor deseado para nuestras experiencias podremos encontrarlo en distribuido-res de sistemas de video-vigilancia o, en su defecto, anulando el circuito receptor en antiguos televisores domésticos, para ello simplemente utilizaremos la entrada de Video Compuesto, no la de antena. En mi caso siempre he utilizado monitores y antiguos aparatos de televisión a válvulas a los cuales suprimía el circuito receptor e inyectaba la señal de vídeo tras el circuito de Frecuencia Intermedia.
Cámara de Vídeo:Varias experiencias con videocámaras domésticas del tipo HandyCam me hicieron desistir de su empleo. Este tipo de cámaras suelen poseer todo tipo de sistemas para evitar precisamente lo que intentamos capturar, decir, imágenes de muy poca duración y que muestran como una “anomalía” de la secuencia registrada. Para ello, aconsejo cámaras del tipo empleado en los circuitos cerrados de televisión(CCTV), con una óptica manual, diafragma manual y un focal que permita encuadrar la pantalla del monitor a una distancia no superior a dos metros. Personalmente los mejores resultados lo he obtenido con cámaras en B/N e Infrarrojo.

Video-Grabador:Será el dispositivo empleado para almacenar las secuencias de vídeo que grabaremos y que más tarde analizaremos cuadro a cuadro. Puede ser digital o analógico, preferiblemente lo primero, capaz de aceptar la señal que es enviada eléctricamente desde la cámara de vídeo y de entregar una señal inteligible al monitor. Un error muy frecuente es emplear sistemas de grabación que puedan grabar a mucha velocidad. En nuestro caso resulta irrelevante, ya que a velocidad de grabación deberá venir determinada por la cantidad de imágenes capaz de capturar por la cámara y de representar por el monitor de vídeo. En resumen, el sistema debe estar sincronizado y trabajando a la misma resolución en cuadros por segundo, esto, si se emplean elementos de uso común como los aquí propuestos surge por defecto.El video-grabador será empleado, además,para visualizar el vídeo grabado, imagen a imagen, por lo que deberá tener una perfecta pausa, y la posibilidad de avance y retrocesos cuadro a cuadro, es por ello que se aconseje el empleo de equipos analógicos con pausa digital .

Una cámara fotográfica:Aunque una vez detectada una imagen sobre la pantalla del monitor podremos contemplarla o almacenarla en la memoria de nuestro vídeo digital, aconsejo el empleo de una cámara fotográfica para poder guardar una imagen del resultado obtenido y como veremos más adelante, para mejorar los resultados, fotografiando la pantalla a alta velocidad.

 

Dos trípodes:Uno para la cámara de vídeo y otro para la cámara fotográfica. Deben ser de buena calidad para evitar movimientos, oscilaciones y desenfoques.

Cableado para interconectar los equipos del sistema: Deben ser de buena calidad. Desaconsejo los cables autofabricados, la experiencia me ha demostrado que aunque son mucho más económicos a la larga son impredecibles. Falsas conexiones, ruidos, desacoples, etc. serán factores que nos robarán un tiempo precioso y mermaran la calidad de los resultados obtenidos.

El montaje del sistema propuesto es el mostrado en la siguiente ilustración:

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El procedimiento.

Las primeras experiencias que efectué en este campo, allá por la mitad de 1990, despertaron mi curiosidad. Dentro del improvisado laboratorio, en el cual durante horas recopilé grabaciones empleando el procedimiento aquí descrito, llegué a conocer la desesperación. Prevengo al investigador de que cada segundo de grabación le dotará de no menos de 12 fotogramas útiles para analizar: por lo que una simple grabación de 5 minutos dará como resultado unas 3600 imágenes que habrá que analizar una a una.
Pero no se desanime, el intento merece la pena.
Una de las dudas que pueden plantearse cuando la impaciencia y el agotamiento llegan al laboratorio es la eterna pregunta: ¿Estaré haciendo algo mal?. Y el peor medio para encontrar la solución a esta puede ser buscar la respuesta dentro de la extensa bibliografía pseudo-técnica existente. Iluminar con luz negra, roja, o infrarroja el laboratorio personalmente no me ha ayudado a obtener mejores resultados. “Encontrarse en paz con uno mismo” o “realizar sesiones espíritas invocando a quién sabe quién”, no sirven de nada. Un buen enfoque, paciencia, y un correcto posicionamiento de los elementos sí.
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Teniendo la paciencia necesaria y el equipo adecuado el resultado no tardará en plasmarse en el interior de nuestras grabaciones. Eso sí, de manera no tan espectacular como unos creen y muchos divulgan. Obtendremos imágenes difusas, poco perfilada y borrosas pero que rápidamente distinguiremos como difícilmente aleatorias. Ante la pregunta de: “¿no se tratará de un efecto similar al producido al buscar imágenes en las nubes?, mi respuesta es  no, y es fácil de comprobar, ,porque cuando obtenemos una grabación con información ésta aparece en múltiples cuadros diferentes, con imágenes diversas, y cuando no obtenemos información en una grabación, no hay ningún cuadro con información alguna. Cuando el proceso es el correcto, la información es capturada, si no lo es no obtendremos nada.
Los primeros resultados tardaron en llegar, pero lo hicieron. Tras ajustar, cambiar la distancia y ángulo de inclinación de la cámara, y probar diferentes niveles de brillo y luminosidad, obtuve las primeras imágenes. En una misma grabación de dos minutos de duración aparecieron fotogramas portando información justo cuando ya empezaba a dudar que alguien hubiera podido obtener realmente algo por este método.
Las muestras que guardo de esta primera experiencia en el campo de la psicoimagen –término que empleo pero con el que no estoy en absoluto de acuerdo- no son de gran calidad. El equipo empleado para su procesado y grabación sólo me permitía obtener una copia de baja resolución en disquete y copias gracias a una impresora matricial de papel continuo. Adjunto algunas de estas imágenes para que el lector se pueda hacer una idea de la calidad de las mismas.
Aún dentro de su escasa nitidez, y siendo conocedor de la imposibilidad técnica de su hallazgo, me parecieron de valor suficiente como para emprender una larga serie de experiencias, investigaciones y estudios que se prolongarían durante más de una década.
Con el paso del tiempo y la experiencia acumulada se obtuvieron imágenes más complejas. Desde las primeras “siluetas poco definidas” aparecidas al inicio de la investigación, poco a poco, se fueron captando imágenes más enrevesadas y una cosa parecía estar clara, a mayor complejidad de la imagen éstas parecían tener menor definición. Las primeras, que eran prácticamente visibles a primer golpe de vista, dieron paso a imágenes que requerían de una observación más minuciosa. Era como si la cantidad de detalles mermara la resolución, el efecto era similar a lo que en telecomunicaciones sucede al emplear un mismo ancho de banda y aumentar el ratio de información transmitida. A mayor tráfico de información se requiere un mayor rango de posibles valores para representarla, si éste no es posible, la información se degenera.
Quedaba claro –al menos para mí- que con el sistema que estaba empleando no podría lograr imágenes más definidas. El empleo de una cámara fotográfica acoplada a un dispositivo piezoeléctrico con velocidades de obturación superiores a 1/8000 segundos, sería la solución para iniciar la obtención de imágenes nítidas y con mucho más detalle.
Pero, cuál es él origen de estas imágenes?. Teoricemos un poco.
La física clásica, postulada por Isaac Newton en el siglo XVII, sirvió al hombre para entender y justificar el funcionamiento del Universo en el cual se encontraba inmerso.
Con el transcurso de los años y la aparición de nuevos descubrimientos, el concepto teórico newtoniano, que servía para predecir comportamientos de la materia a nivel macroscópico, se fue quedando anticuado. Un universo tridimensional quedaba pequeño para explicar, por ejemplo, desarrollos sencillos como el de las partículas que componían la materia. El hallazgo de nuevas partículas, cada vez más diminutas, requería del empleo de una nueva dimensión. Por ello, pioneros en su día como Heisemberg, Maxwell, Rosen y un largo etcétera fueron añadiendo e intuyendo nuevas dimensiones o formas de interactuar entre estas a sus modelos de universo; Universo que al contrario que sus teorías, siempre ha estado ahí, comportándose según unas pautas que, como dijese Einstein, no se han obtenido “jugando a los dados”. No cambia el Universo, sólo nuestra forma de explicarlo.
Sin ir más lejos, para las necesidades de su Teoría de la Relatividad, el propio Einstein definió un espacio de cuatro dimensiones. A las tres clásicas, – alto largo y ancho- añadió una cuarta, el tiempo.
Igualmente el desarrollo de la Física Teórica actual está conforme en la necesidad de varias dimensiones más para poder definir un modelo de Universo acorde con el conocimiento que tenemos de él actualmente. A estas “abstracciones matemáticas”, se las ha denominado hipervolúmenes e hipersuperficies y encuentran su aplicación práctica en las modernas teorías relativas a la mecánica cuántica (base del comportamiento de toda partícula elemental que compone la materia) o en las complejas teorías sobre el origen y expansión del Universo conocido, en el que se llegan a relacionar hasta 11 dimensiones.
El concepto de Fractal y la Teoría de la Fractalización del Tiempo.
Si seguimos un planteamiento lógico, ante la realidad de que incluso cuatro dimensiones no basten para describir todo nuestro Universo, aparece irremediablemente la siguiente pregunta, ¿Cómo deberíamos estructurar esas otras supuestas dimensiones para llegar a conocerlo?. Según el concepto de “dimensión generalizada” postulado por el matemático alemán Hausdorf en 1919, no se trataría de ir añadiendo una, dos o más dimensiones suplementarias a las ya conocidas, sino de tomar todos los valores posibles –incluso fraccionarios e irracionales- dentro de una misma. Deberíamos por lo tanto, trabajar con variables que responden a una estructura matemática hoy conocida como fractal.
Un simple ejemplo: supongamos que debemos medir el perímetro de un parque y que, al ser una comprobación lineal tenemos que encontrar el valor de la medida de una única dimensión. Parece sencillo, basta con una cinta métrica y algo de paciencia. Si suponemos que las divisiones del instrumento de medida son los centímetros, podremos calcular su longitud, pero, ¿Sería la misma longitud si pudiésemos hacerlo a nivel molecular?. Deberíamos en este caso medir todas y cada una de las moléculas que forman la parte exterior de nuestro parque, cada uno de los recovecos, cada una de las grietas; y seguramente nos encontraríamos con que el resultado es un número infinitamente más grande. Tal número sin embargo, no puede ser más grande que el resultado obtenido de calcular su superficie (ancho por largo). Luego… ¿qué sucede?:  nos encontramos con una medición que no puede describirse con una única cifra (un solo número no bastaría para definirlo), pero que es menos grande que una superficie: el número de dimensiones es Mayor que 1, pero es menor que 2. He aquí una dimensión fractal. De ahí viene su nombre: existen cosas cuyo número de dimensiones no tiene porque ser un número entero, puede ser fraccionario e incluso complejo.
Esta teoría matemática sobre “monstruos de dimensiones poco definidas” no es nueva. Ya Apolonio de Perga en el S.III A.D.C. hizo referencia a ella en sus escritos, al igual que el sueco Helgue Von Koch en 1904, el italiano Giuseppe Peano en 1890, o el polaco Sierpinski en 1916, quienes también se toparon con extrañas formas geométricas de dimensiones no reales. Fue sin embargo el ingeniero francés Mandelbrot quien dio el nombre de fractales a estos espacios “monstruosos” para subrayar bien el carácter fragmentario de sus dimensiones. Los cursos que recibió del también francés Paul Lévy -quien dedicó parte de su vida a investigar estos volúmenes poco definidos-, la ayuda proporcionada por el Centro de Investigaciones IBM de Nueva York y largos años de dedicación y trabajo, dieron como resultado esta nueva rama de la ciencia.
Así pues, si introducimos el concepto de fractal en la manera de concebir las dimensiones que conforman un Universo podríamos resolver de alguna forma la comprensión del mismo. Ahora bien, ¿qué variable sería la más idónea a la hora de aplicar la definición de fractal?. ¿Qué ocurriría si en vez de tomar como referencia longitudes, superficies o volúmenes aplicáramos la idea de fractal a la dimensión (t) Tiempo?.
Si definimos Tiempo (t), como la medición del transcurso de un mismo suceso periódico para de esta forma, por comparación, marcar una unidad relativa de medida, ¿no podríamos hablar de “fractalización del tiempo”?., ¿no podría esta dimensión ser irracional o compleja como un fractal matemático como sucede con las dimensiones espaciales?.
Al principio el hombre midió el tiempo transcurrido por el paso de las estaciones. Más tarde, esta medida se fue sofisticando y ganando en precisión gracias a la observación de las fases de la luna, de la oscilación de péndulos, de las vibraciones de isótopos de atómicos o del giro de púlsares. Pero, ¿es realmente el tiempo algo cuantificable en una única dimensión real?. Teorías como el principio de incertidumbre de Heisemberg parecen demostrar lo contario. Según este postulado, nuestro concepto actual de Tiempo (t) sería incapaz de determinar la posición y la aceleración de una partícula subatómica en un momento determinado. ¿Sucedería lo mismo empleando una visión fractal del Tiempo (t)?.
Problemas como éste hacen razonable plantear la necesidad de un cambio en nuestra actual concepción del tiempo como algo lineal por otra variable que disponga de más dimensiones. De esta manera, y si tal concepción fuera verdaderamente factible, nos encontraríamos con la posibilidad de que, paralelas a las que conocemos, o infinitamente próximas, existan infinitas dimensiones relacionadas con cada una de esas porciones fractales del tiempo.
La Fractalización del Tiempo y el Fenómeno de la Psicoimagen.
A estas alturas el lector podría preguntarse sobre la aplicación real de esta teoría al campo de la transcomunicación en general y de las psicoimágenes en particular. Pues bien, como mencionamos al principio de este texto, hoy por hoy, es necesario el empleo de sistemas capaces de capturar imágenes en fracciones muy pequeñas de tiempo para obtener los mejores resultados. A espacios de tiempo más cortos, mejores resultados. Actualmente trabajando con imágenes obtenidas con grabaciones de 24 cuadros (frames) por segundo, los resultados son buenos, aunque aún les falta nitidez y en muchos casos aparecen desenfocados. Trabajando a velocidades mayores –y hablamos siempre de la velocidad de captura de la imagen y no la de reproducción del bucle vídeo-monitor- los resultados son mejores. Esto parece mostrarnos que, ante nuestros ojos y con una cadencia muy corta, de forma cíclica, van apareciendo retazos de información coherente entre el aparente caos que invade la pantalla, como si fuera fruto de una distribución ordenada de la energía.
¿Qué es entonces lo que podría estar sucediendo en esos precisos instantes en los cuales parece que “abrimos” una ventana a “otra dimensión”?. Si descartamos explicaciones del tipo “captación de imágenes por filtración de señales de televisión” o “remanencia del substrato fotosensible de la pantalla”, podríamos entrever la posibilidad de que las psicoimágenes –y vuelvo a recordad mi discordancia con este nombre- se tratan en  realidad de escenas rescatadas de forma –por ahora- inexplicable y aleatoria dentro de un tiempo que coexiste con el nuestro, pero que somos incapaces de percibir. Las escenas captadas tendrían pues como contexto un fractal temporal. Con ello, muchas de las teorías explicativas que hoy a día se dan sobre la fuente emisora de tan inquietantes rostros e imágenes deberían ser revisadas.
Ahora bien, aceptando este planteamiento, resulta necesario elaborar ciertas premisas teóricas que nos permitan explicar la forma en que la utilización de un simple monitor de televisión y una cámara de video son capaces de “entrar dentro de esas dimensiones de tiempo fractal y recoger sobre un magnetoscopio o celuloide las formas e imágenes que aparentemente allí se encuentran. Aventuremos, pues, una hipótesis que a buen seguro hará sonreír a los más escépticos.
Desde que Einstein dio a conocer su Teoría de la Relatividad especulamos con la posibilidad de que exista una forma de viajar en el tiempo. La quinta esencia de esta teoría se encuentra en que ya no se considera a la Fuerza de la Gravedad como una fuerza, sino como el efecto de que el tiempo espacial esté retorcido. Probar esto nos llevaría varias hojas y complejos cálculos físicos y matemáticos, pero parece demostrado gracias a experimentos como el llevado a cabo por astrónomo Sir Arthur Edington, quien en 1919 pudo comprobar que durante un eclipse de sol las estrellas fijas situadas en las proximidades del sol no se encontraban exactamente en el lugar calculado: su luz llegaba a la tierra mediante una trayectoria curva.
La gravitación sin embargo no solo distorsiona el espacio sino que cambia incluso el ritmo del tiempo. Por ejemplo, en los márgenes de una estrella como el Sol, donde la fuerza de la gravitación es mucho mayor, se observa que la vibración natural de los átomos resulta frenada, lo cual da como resultado un ligero enrojecimiento de la luz solar. Es decir en velocidades próximas a la luz, el tiempo transcurriría muy lentamente.
Todos conocemos la paradoja de los dos hermanos gemelos. Uno de ellos se queda en la Tierra mientras el otro parte en dirección al espacio exterior a una velocidad próxima a la de la luz. Mientras para el viajero pasan solo unas fracciones de segundo, para el que ha quedado en tierra esperando han pasado varias decenas de años. ¿Podría suceder esto con las imágenes que nos rodean?. ¿Podría esta información, viajando codificada -de alguna forma que desconocemos- sobre partículas subatómicas cuya velocidad -próxima a la de la luz- esta siendo rescatada por el procedimiento aquí descrito?; ¿Tendríamos así la posibilidad de abrir una ventana para capturar las imágenes de un tiempo fractal?.
¿El tubo de Rayos Catódicos retroalimentado como diminuta máquina del tiempo?
La hipótesis hará sonreír –como lo hicieron otras en la antigüedad- a científicos ortodoxos.
En el campo que nos ocupa, la obtención de estas “imágenes imposibles”, el proceso básicamente está basado en la captura de partículas de energía que son lanzadas desde el interior del tubo de rayos catódicos sobre la superficie fotosensible del monitor, a su vez estas son despedidas al exterior para ser recapturadas por la cámara de vídeo quien, óptica y electrónicamente, magnifica su señal para volver a lanzarla de nuevo a la pantalla del monitor.
En el proceso la energía que se transmite pasa por diferentes fases y estados, electrones y fotones –recordemos que el fotón es la partícula elemental responsable de las manifestaciones cuánticas del fenómeno electromagnético, y portadora de todas las formas conocidas de radiación electromagnética (rayos gamma, rayos X, luz en todos los espectros, microondas y ondas de radio)- crean un bucle retroalimentado muy complejo en el cual la ganancia del sistema tiende a infinito.
Aún siendo el fotón (una de las fases de la energía retroalimentada en nuestro experimento) uno de los pilares básicos de la ciencia y que Albert Einstein denominó “Quanto de Luz”, aún no se conocen todas las propiedades de esta partícula elemental. Según la Ciencia actual no posee masa ni carga eléctrica lo que le permite viajar a la Velocidad de la Luz (de hecho este término recibe su nombre precisamente de la máxima velocidad alcanzable por un fotón en el vacío).
Supongamos, y es un mero supuesto -por favor que nadie se lleva las manos a la cabeza, se trata de un ejemplo- que pudiéramos situar una cámara sobre la superficie de un fotón.
Tal y como hemos se visto en la paradoja de los hermanos gemelos, esta cámara grabaría el presente mientras fuera de él (fotón) ya sería futuro. Pero… vayamos más allá. ¿Y si la velocidad fuera infinitesimalmente superior a la Luz?. ¿Grabaríamos el pasado?. ¿O estaríamos recuperando imágenes de él?.
Al nivel al que hablamos dentro del campo de la psicoimagen –vuelvo a repetir mi desacuerdo con esta denominación del fenómeno- estaríamos obteniendo imágenes del pasado, algo muy acorde con la teoría del cronovisor, del que ya postuló su existencia, empleando un método muy similar, el Padre Pellegrino Ernetti. Puedo asegurarles que no todo lo divulgado respecto a sus teorías es fraude, exagerado tal vez, pero no desacertado.
La idea en la actualidad resulta descabellada, incluso para teorizar sobre ella y postular un esbozo de explicación científica. La posibilidad de que sobre una partícula subatómica –o conjunto de ellas- se pueda quedar plasmada información –congelada en el tiempo, como nuestro gemelo viajero a ojos de su hermano- susceptible de ser “decodificada” por un procedimiento tan rudo como el aquí propuesto, es difícil de concebir. No obstante recordemos que en las últimas décadas la Ciencia ha descubierto numerosas partículas subatómicas, cada vez más pequeñas, como tauones, quarks, hadrones, y el aún por descubrir bosón de Higgs. ¿Quién sabe si el fotón pueda estar a su vez compuesto de nuevos elementos capaces de portar mayor información?
Conclusión.
Sea como fuere, por la opinión que a mí respecta, el fenómeno práctico es real y brinda  una serie de posibilidades, éticas, científicas y humanas que van mucho más allá de ser una “simple ventana al más allá” o mera curiosidad en manos de parapsicólogos.
El procedimiento aquí descrito es simplemente una “poco evolucionada máquina de vapor” frente a la complejidad que requeriría un buen estudio realizado sobre este fenómeno empleando los recursos técnicos, científicos y económicos que un humilde curioso del mundo que le rodea como yo pueda destinar a este menester. Recordemos por último, que algo que somos capaces de comprobar pero no sabemos explicar, es sólo señal de que no hemos alcanzado el nivel evolutivo suficiente para entenderlo. Espero que algún día contemos con los medios e inteligencia suficientes para poder mejorar esta “poco evolucionada máquina de vapor” por un buen sistema capaz de sintetizar y mostrar unos resultados que, a buen seguro, ni la más portentosa imaginación podría preveer.
Quién sabe si algún día no seremos capaces de ver no solo el pasado, sino el origen de nuestro propio Universo, la verdadera cara de Dios.

Fuente: Avalón

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1 comentario

Publicado por en agosto 19, 2014 en Artículos

 

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Una respuesta a “PSICOIMÁGENES, una ventana abierta a la dimensión desconocida.

  1. Daniel Martinez

    enero 27, 2016 at 2:31 am

    Excelente artículo. Muy esclarecedor y para nada improbable lo que describe.

     

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