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El caso de Esther Cox.

15 Jun

Era el año 1878 en la calle Princess en Amherst, una ciudad de Nueva Escocia (ahora Canadá). Esther Cox, de 19 años, vivía en una pequeña casa alquilada con su hermana casada Olive Teed, su esposo Daniel Teed, y sus dos hijos pequeños. En la casa  también residían los hermanos de Esther, Jennie y William, así como el hermano de Daniel, John.

Esther fue casi violada por un conocido llamado Bob MacNeal, un zapatero con una reputación mas que desdeñosa del que la chica tenía conocimiento. A pesar de que escapó del ataque del zapatero (con heridas leves), la violencia contra ella pareció de alguna manera  abrir una puerta a unos nuevos ataques – esta vez de una entidad o entidades no visibles.

Una noche, Esther despertó a su hermana Jennie gritando que había un ratón en su cama, pues se escucharon ruidos procedentes de una caja ubicada debajo de la cama, la cual empezó a saltar. Pero el roedor no se encontró por ningún lado. Al día siguiente, se fue temprano a dormir, pues decía sentirse indispuesta y bajo un estado febril, sus gritos irrumpieron nuevamente en la noche despertando a toda la familia, quienes corrieron a auxilio encontrándola en el centro de la habitación con su ropa desgarrada y gritando:

“¡Dios mío! ¿Qué me está pasando? ¡Me muero!”

Jennie fue la primera en verla al dormir junto a ella, encendió una lámpara y miró a su hermana quedándose totalmente horrorizada, al ver que su piel era de color anaranjado y parecía tener un hinchazón poco natural. Olive se lanzó junto con Jennie en conseguir que su hermana volviera a la cama, daba la impresión de estar ahogándose o con dificultades para respirar. El resto de la familia observaron con incredulidad como todo el cuerpo de Esther, que estaba muy caliente al tacto, se hinchaba y enrojecía. Literalmente parecía que la  joven iba a estallar a través de su piel estirada. Tras todo esto. de debajo de la cama se oyó un estruendo ensordecedor -como un trueno- que sacudió toda la habitación. Otros tres sonidos fuertes también detonaron de debajo de la cama, después de lo cual ,la hinchazón de Esther mermó, desplomándose esta  y cayendo en un sueño profundo.

La escena se repitió cuatro noches después,llamando al médico local el Dr. Carritte. Mientras este examinaba a Esther, la almohada se elevó  para golpear en el rostro del facultativo. Luego oyó que arañaban la pared y vio el mensaje:

“¡Esther Cox! ¡Eres mía y te mataré!”

Como ya era por costumbre, se oyeron los estallidos pero esta vez empezó a caer yeso del techo. En días sucesivos aparecieron otros escritos en la pared de la cabaña, que a menudo, dando la impresión de lo que parecía ser una firma que ponía: “Bob”.

Esther decidió temporalmente dejar a su familia y en consecuencia la paz volvió a la cabaña, pero cuando regresó el tal “Bob” amenazó con quemar la casa. Hubo pequeños incendios inexplicables, y aunque los bomberos sospecharon que eran premeditados nunca pudieron probarlo.

Se empezaron a barajar conjeturas sobre lo ocurrido , entre ellas , algunas tan curiosas como esta:

La electricidad era la novedad científica de la época y un religioso bautista, el reverendo Dr. Edwin Clay, concluyó que el cuerpo de Esther, de algún modo, estaba cargado de electricidad y que los estallidos con pequeños relámpagos los originaban su “batería” orgánica.

El  empresario W.Hubbell llevó a Esther a los escenarios circenses, esperanzado con obtener ganancias presentando al espíritu, pero “Bob” nunca se hizo patente y los espectadores, engañados, pusieron en más de un aprieto a Hubbel.

Después de más incendios, Esther de nuevo decidió marchar. Un granero de su nueva casa ardió y fue sentenciada a cuatro meses de prisión como autora del fuego.Según lo observado, en parapsicología hay quien concluye que: los sentimientos reprimidos de Esther quizá la convirtieron involuntariamente en un foco de energía psicocinética. El hogar tan lleno de gente pudo causar mucha tensión emocional y sexual; pues tenía la edad en la que se asocia  tales trastornos paranormales. Finalmente, Esther se casó y “Bob” tal como apareció, se desvaneció.

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Publicado por en junio 15, 2014 en Casuística

 

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