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El caso de la calle del Toboso.

22 Abr

El 7 de febrero de 1977, apareció una noticia en la página de «Sucesos» del diario Informaciones:

«Extraños ruidos en algunos pisos de la calle del Toboso (Carabanchel Bajo).»

A partir de entonces, toda la prensa nacional, especialmente los periódicos ABC, Diario 16 y el propio Informaciones, se hacían eco de esta noticia y aparecieron reportajes y opiniones en todos los medios de comunicación. Intervinieron, entre otros muchos organismos y personas: la Sociedad Española de Parapsicología, sobre todo a través de quien por entonces era el presidente de su Comisión de Control experimental y de Laboratorio, don José Luis Jordán  Peña, el padre Oscar González Quevedo, S.I., director del Centro Latinoamericano de Parapsicología (CLAP) de la Universidad Anchieta de Sao Paulo en Brasil.

La gerencia municipal de urbanismo hizo un reconocimiento de la finca, que había sido construida, así como las otras colindantes, por el Instituto Nacional de la Vivienda, en calidad de provisionales para unos diez años, hasta que se construyesen las nuevas en proyecto. Los vecinos llevaban viviendo en ellas unos quince años y temían que los cimientos de las fincas estuvieran en malas condiciones.
Los extraños ruidos se percibían con toda claridad en la planta tercera del número 73 de la calle del Toboso, pero también afectaban a las fincas colindantes aunque con menos intensidad. Lógicamente, las opiniones que se vertieron fueron de todo tipo y la que, al parecer, tuvo mayor eco en los medios de comunicación fue que los ruidos procedían de alguna obra cercana; en concreto se atribuyeron a unas obras del metro en la Avenida de Oporto en su confluencia con la de General Ricardos, situadas a más de 500 metros y transmitidos por galerías subterráneas o tuberías.
El padre González Quevedo opinó en su momento que los fenómenos tenían una causa meramente física y que no estaban relacionados con la fenomenología paranormal. Para afirmar esto se basaba en los siguientes puntos:

1. Se realizaron tests entre los habitantes de los pisos primero, segundo y tercero. No se detectó a nadie dotado de facultades paranormales.

2. Lo que ocurrió en la calle del Toboso no tenía relación con la tiponomía parapsicológica (ruidos que tienen origen en la mente de una persona habitante del inmueble).

3.Golpeando en un casa distante del mismo bloque se observa que, con diferencia de nueve a diez segundos,se escuchan
los ruidos dentro de «la casa de los ruidos» .También, cuando  se golpea en los muros del tercer piso y se mueven los cuadros.Estos ruidos se escuchaban en la calle.

No obstante,Gonzalez Quevedo  no encontró la causa de los golpes, pues afirmaba qui filo era obligación de los técnicos, dada la proximidad del metro y el hecho de que las paredes del inmueble y el techo determinaban una acústica especial.

El miércoles 9 de febrero Jose  Mª Pilón realizó su primera visita al inmueble, conocido ya como «la casa de los ruidos». El piso tercero estaba habitado por un matrimonio y su hijo: don Luis Antúnez de las Heras, de sesenta y tres años, obrero de la construcción en paro; su esposa, doña María Delgado Baena, de sesenta y seis, y un joven mulato de dieciséis años, Mauricio Antúnez Delgado, adoptado desde muy niño por el matrimonio.
Mauricio, en contra de lo que por entonces se afirmó en algunos medios, no era un chico «subnormal», sino, en todo caso, un «deficiente mental», por falta de una adecuada educación y una alimentación insuficiente.
Por entonces se publicó en algunos reportajes y crónicas de prensa que Mauricio había producido una serie de fenómenos físicos como el que describe el relato «Cuando Mauricio se aburre, la casa tiembla», de Pérez Abellán (Diario 16, viernes 25 de febrero, página 16),:

Cuando Mauricio se aburre, la casa tiembla. Según afirmaciones de los padres de Mauricio a los expertos que estudian los fenómenos paranormales, el muchacho produjo en la noche de ayer una levitación. Es decir, se levantó durante varios segundos del suelo y flotó en el aire. Sin embargo, este fenómeno sólo ha sido presenciado por los padres del muchacho, aunque lo que han podido comprobar los parapsicólogos es que una piedra que había en la habitación flotó durante bastantes segundos delante de Mauricio. 

Hasta aquí lo que publicaba el reportaje. También es cierto que cuando Pilón llegó por primera vez a «la casa  de los ruidos», un armario ropero y el televisor se encontraban volcados en el suelo. Según los padres del muchacho, esto acababa de suceder hacía poco tiempo.  De lo anterior Pilón no  fue  testigo presencial, pero si  el ver cómo un sillón pequeño flotaba en el aire durante varios segundos.

Jose María Pilón lo relata así :

“Estábamos presentes los padres del muchacho, el propio Mauricio —que se había quedado traspuesto en un sofá—, el profesor Germán de Argumosa y yo, que me encontraba de pie junto a la mesa del comedor, en torno a la cual se situaban unos pequeños silloncitos de brazos curvos, por debajo del tablero. En un momento dado, uno de los silloncitos se movió de su posición arrastrando las patas por el suelo y, de un saltito, colocó uno de sus brazos por encima del tablero. Lo tomé en mis manos y lo observé detenidamente para ver si había imanes o algún artilugio que lo pudiera haber movido. En absoluto. Lo volví a colocar en su sitio. Me encontraba a unos centímetros de él. De repente, se volvió a arrastrar por el suelo, fuera de la mesa y, lentamente, «levita» durante varios segundos, elevándose en el aire hasta la altura de mi pecho. De forma repentina, cayó al suelo con estrépito”.

También pudo escuchar, en varias de las visitas que se  hicieron a la casa en cuestión, los famosos «ruidos».

“Se trataba de golpes fuertes, que parecían producidos por un gran mazo acolchado, puesto que eran sordos y retumbaban en el ambiente. Tan pronto procedían del suelo como del techo o de las paredes. Y una de ellas no era una pared medianera con otro piso, sino que se trataba del muro exterior de una tercera planta. Al otro lado no había nada, el aire”.

Hay que advertir que los fenómenos se producían únicamente en los momentos en que Mauricio se encontraba como traspuesto o relajado. Si estaba consciente y en actividad, la fenomenología no se producía. En una ocasión en que se encontraba  un estudioso de parapsicología, que se había desplazado desde Córdoba para presenciar el fenómeno acompañado de su novia, una muchacha joven y  agradable. Mauricio se interesó por ella y trataba de «ligársela»…

En aquella ocasión no hubo manera de que se produjese ningún tipo de fenomenología…

Mauricio, días más tarde del comienzo de los fenómenos, fue trasladado por un grupo perteneciente a la Sociedad Española de Parapsicología a un lugar, que siempre  se mantuvo en secreto, con el fin de que fuera estudiado.

La última visita que Jose María Pilón realizó a «la casa de los ruidos» coincidió con el momento en que la dueña de la casa, María Delgado Baena, fue trasladada a un hospital, víctima de un ataque al corazón. De Mauricio se volvió a tener más noticias…

Según la opinión de  Pilón  , así como las personas que estudiaron el caso,Mauricio era la causa de aquella fenomenología.

Y Concluye:

Quizás por su primitivismo y su falta de desarrollo cultural y humano, se le puede atribuir la causalidad de esos fenómenos que se producen, no es una manera exclusiva y se da con bastante frecuencia, en ambientes y por personas de estas características.

Fuente: Extracto del libro :Lo paranormal ¿Existe?

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Publicado por en abril 22, 2014 en Casuística

 

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