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El caso de Klaus-Dieter Klinicke

20 Abr

El 4 de septiembre de 1994, el Sr. Klaus-Dieter Klinicke y su esposa, Mary, participaban en un congreso anual en Büdingen organizado por Hans-Otto König. Como era de costumbre, König realizó delante del público algunas experiencias de TCI. Durante las pruebas de psicoimagen aparecieron durante un minuto -más o menos- el rostro y, de vez en cuando, las manos de un hombre mayor, en aquellos momentos absolutamente desconocido por todos los asistentes. El sonido de su voz era recibido al mismo tiempo -con un ligero retardo entre el sonido y la imagen. Un estudio riguroso permitió luego comprobar que las palabras pronunciadas coincidían con el movimiento de los labios.

En otro congreso, en Freising, cerca de Munich, el profesor Werner Schiebeler presentó una copia de esta secuencia en videocassette, el rostro de aquel hombre llenaba toda la pantalla, por lo que en la imagen se reconocían  fácilmente las facciones  de ese enigmático hombre.

Nueve meses más tarde, el 27 de mayo de 1995, entre las 11 y las 12 de la noche, el Sr. Klinicke y su mujer miraban un documental televisivo sobre “La vida en Varsovia”. Una hora tan tardía no entraba en absoluto en sus costumbres, porque los dos eran madrugadores. Además, la película no les interesaba especialmente, pero algo les decía que tenían que seguir allí y visionarlo.

El film trataba de la ocupación de Polonia por el ejército alemán y de las transformaciones que los nazis querían realizar en Varsovia para hacer de ella una verdadera ciudad alemana.

De repente, apareció en la pantalla el rostro del hombre que habían visto en Büdingen. El Sr. Klinicke se precipitó para introducir un videocassette en el magnetoscopio y grabarlo. El discurso del hombre coincidía también en gran parte con lo que habían oído durante el congreso. Así fue como se enteraron de que se trataba del Sr. Hubert Gross, arquitecto y urbanista de Würzburg (1896-1992). Él había sido encargado de trazar los nuevos planos de Varsovia. Después de la guerra, los polacos habían tratado de encontrar algunos testigos de aquella época, o al menos a sus descendientes, pero en este caso, habían tenido la grata sorpresa de encontrar directamente al número uno de aquellos insensatos proyectos. Encontrándose en Varsovia, ante las cámaras, trataba de disculparse y de afirmar que él no había sido más que un ejecutor segundón. Pero los documentos de los archivos alemanes lo señalaban como el principal artífice.

Los polacos, sin duda alguna, no daban crédito a sus desmentidos y explicaban los fallos de su memoria por su vejez.

Pero el Sr. Gross no parecía senil a pesar de su edad, y muy afectado -al parecer- por estas acusaciones murió poco después a la edad de 96 años.

A raíz de este documental el Sr. Klinicke comenzó una minuciosa comparación de los dos documentos, la película transmitida por la televisión alemana (SW 3) y las imágenes con la voz recibidas durante el congreso de Büdingen. De su investigación resultaron las siguientes observaciones:

1) Las imágenes paranormales son claramente mayores que las de la película, de tal manera que, a veces se encuentra cortada la frente y a veces el mentón.

2) Una parte de las palabras de la película no se encuentran en la transmisión paranormal.

3) A causa de esto, aparece una diferencia creciente en la transmisión paranormal entre la voz y las imágenes.

4) Entre las palabras recibidas en la transcomunicación, hay una que presenta un efecto de tartamudeo. El análisis realizado mediante el oscilógrafo sobre la misma palabra pronunciada, tanto en la película como durante el congreso, permitió comprobar que este tartamudeo no se encontraba en la película.

Las cosas se complicaban todavía un poco mas. Mary, la señora de Klinicke era médium. Durante este trabajo minucioso de estudio, imagen por imagen y palabra por palabra de los dos documentos para analizar sus diferencias y semejanzas, la Sra. Klinicke entraba con frecuencia en trance y recibía indicaciones directamente de Hubert Gross. Fue él quien le hizo observar ese pequeño defecto, ese tartamudeo, destacando que lo había hecho a propósito.

Fue él también, con la ayuda de muchos otros difuntos  -afirmó- el que se las arregló para que el matrimonio Klinicke se encontrase delante de su aparato de televisión, en la hora exacta y en la cadena precisa. Él se sentía todavía muy afectado ante aquello de que le acusaban. Yo no hice nada reprobable, explicaba a través de la Sra. Klinicke. He sido siempre un hombre recto. Todo esto me ha hecho mucho mal y me ha herido. Una gran pena. Una vez terminado el trabajo de Klinicke, se mostró aliviado y agradecido pero siguió insistiendo en que se dijese a los vivos de este mundo hasta qué punto es importante actuar siempre con rectitud .

El trabajo riguroso realizado por Klinicke hace pensar que se tratan  las imágenes la captación de ondas remanentes. Ésta es por otra parte la opinión del profesor Senkowski. Las imágenes de los dos documentos no sólo son parecidas. Son absolutamente idénticas, hasta en los mas mínimos detalles. Pero, por otra parte, el efecto de tartamudeo sobre una palabra del documento de Büdingen -efecto que no se encuentra en la película- demuestra que al menos esta palabra fue pronunciada de nuevo o trabajada de alguna manera. Ha habido aquí por tanto una forma de transcomunicación instrumental. Sin embargo, la prueba que estaba inscrita en los mismos documentos sólo ha sido reconocida gracias al recurso más antiguo y clásico de mediumnidad.

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Publicado por en abril 20, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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