RSS

Influencia mental sobre dados.

13 Abr

Por José María Feola 

El proyecto incluía la construcción de un aparato similar al que había utilizado en el laboratorio de Rhine, para arrojar los dados sobre un plano inclinado mediante un control eléctrico. La idea era aplicar los mismos métodos que mencioné antes, en que la imaginación y la concentración son los medios por los cuales se ponen en acción las fuerzas de PK. Los sujetos, entre los que me contaba yo mismo, debían familiarizarse con los dados y ser capaces de visualizar, a voluntad, cualquiera de sus seis caras de manera fácil y rápida. La máquina tenía un pequeño dispositivo gráfico para registrar los datos, con dos plumas; una marcaba cada vez que se soltaban los dados; la otra sólo hacía una marca cuando el sujeto presionaba un botón. Esto tenía por objeto registrar los casos en que el sujeto sentía que su proceso de imaginación y visualización había sido bueno, de modo que al final de una serie de ensayos se podía fácilmente comparar estos ensayos con los otros en que el sujeto no creía haber tenido buena visualización y concentración.

Probé este método durante 1962, 63 y parte del 64, con unos 25 sujetos. Se suponía que los sujetos se ejercitaban en su casa, así que yo no tenía mucho control en ese aspecto.
Ellos decían haber tratado de hacer ejercicios de visualización en su casa, pero yo no tenía manera de saber si los habían hecho bien. Los resultados generales no fueron buenos; sólo dos de los sujetos obtuvieron resultados significativos debajo del nivel de 0,01. Era muy difícil hacer más experimentos con ellos. A fines de 1964 decidí continuar experimentando sobre mí mismo. Lo había intentado al principio, pero no resultó. Esta vez estaba convencido de que el entrenamiento mental no era lo único importante, sino que había algo más. Decidí hacer una serie sin importar el tiempo que me llevara; pero para cada ensayo (que consistía en tirar seis dados) hacía concentración mental y al mismo tiempo respiración pranayama, más contracción de antebrazos al modo que le había visto hacer a Fernando inconscientemente durante nuestras reuniones. Con este procedimiento, obtuve sólo un nivel de significación de 0,01. Comprendí que la motivación desempeñaba su parte, y que siempre es difícil determinar con precisión cuál o cuáles son las variables importantes. Informé al respecto al Dr. Rhine, y se interesó mucho en el tema.

Probé hacer el mismo experimento sin mucha preparación con tres de los miembros del Instituto Argentino de Parapsicología. Uno de ellos dio resultados muy interesantes.
En general no fue significativo, pero surgieron algunas cosas reveladoras. Ocurrió que durante el experimento nos interrumpió alguien que a mi sujeto no le agradaba. Se enojó, y cuando resumimos el experimento dijo: “Voy a poner toda mi bronca en conseguir que salgan los dados como yo quiero”.
Cuando lanzó los dados, obtuvo cinco objetivos; mientras fue capaz de sostener esta actitud sacaba al menos dos; pero luego su enojo cedió por haberse vuelto consciente. Creo que conviene tener en cuenta este hecho porque muestra que el motor de las fuerzas de PK parece estar en el sistema emocional, relacionado tal vez con nuestra agresividad.
1962 fue uno de los peores años de mi vida y uno de los peores para la Argentina.En enero intenté un experimento de telepatía con Julio.

Es el mismo Julio que acostumbraba ir a nuestras reuniones en La Plata, pero su vida había sufrido muchos cambios. Acababa de regresar de un viaje de cinco meses a la India, durante los cuales escuchó las enseñanzas de Krishna Menon. Era el único maestro que podía “dar” una experiencia de comunión con la verdad, o Dios, o “Lo que fuere”, en muy pocas semanas. Muchas personas en Buenos Aires fueron a escuchar a este gurú. Todos sus discípulos tomaban luego el nombre de “chelas” y acostumbraban reunirse en Buenos Aires una vez por mes. Conocí a cuatro chelas y traté de comprender cuál había sido la experiencia que tuvieron en la India. No era nada fácil. Una de ellos, una profesora de física y matemáticas, mujer muy inteligente, no podía siquiera tratar de describirla. En efecto, decía que era indescriptible. Lo que quedaba era un amor infinito hacia el gurú: cada tarde los chelas se volvían hacia el este y se concentraban en el Maestro. Julio fue el único que realmente intentó describirme su experiencia. Dijo que cuando uno ha estado Allá, después todo le parece bien, todo tiene sentido, todo es perfecto.
Refuté esta idea muchas veces durante un paseo por las calles céntricas de Buenos Aires, pero no pude sacarlo de su felicidad. Decidí que, ya que estaba contento y era un buen amigo mío, mejor lo dejaba ser feliz todo el tiempo que pudiera; aunque estuvo bien que de todos modos quisiera hacer algunos experimentos.
A fines de enero me reuní con un ingeniero amigo mío para planificar la máquina_de PK; comencé de nuevo a entrenar mi mente.

El 3 de marzo el Dr. Musso llamó para invitarnos a ir a una casa “encantada”, de la que habíamos hablado en nuestra última reunión. Esa noche era Martes de Carnaval; por la calle nos cruzábamos con gentes disfrazadas en medio de un loco bullicio. La casa, aunque situada en una zona densamente poblada, como en realidad todo Buenos Aires lo es, estaba un tanto aislada; ello se debía a su ubicación en una calle sin salida. Había en ella tres personajes de aspecto muy extraño;uno era abogado, y los otros lo ayudaban con una especie de administración de propiedades. La casa misma tenía algo de raro y misterioso. Inspeccionamos detalladamente el primer piso, luego fuimos al segundo, que tenía varias habitaciones y un viejo dormitorio; revisamos la terraza, Ricardo selló con cinta adhesiva todas las puertas y ventanas que pudieran ser abiertas desde afuera, y bajamos para realizar una sesión. Nos sentamos, y el abogado hizo, a manera de introducción, una reseña de los hechos que habían ocurrido. Se oían ruidos extraños, y se habían producido fenómenos de tipo poltergeist.

Algunas piedras de una colección habían volado a más de un metro de distancia después de un sonido explosivo; un llavero de metal había caído de una mesa de manera extraña, porque describió una suerte de parábola y fue a parar justo debajo de la misma mesa.
La posibilidad de fraude estaba presente, de todos modos. El Dr. Musso había visitado antes la casa, y me contó que mientras realizaban una minuciosa inspección encontraron en uno de los placares un cigarrillo encendido, preparado de tal manera que cuando estuviese a medio quemar soltaría una banda elástica que a su vez pegaría en un trocito de metal produciendo un ruido. La explicación que le dio el abogado al Dr. Musso fue que quería hacerle una broma a un amigo, pero, naturalmente, no lo convenció, así que aquella noche estábamos muy alerta. A la media hora, más o menos, de haber comenzado la sesión, hubo algunos ruidos raros, pero no consideramos que fueran verdaderos raps. La habitación estaba débilmente iluminada por las lámparas de una araña muy antigua. En ese punto de la sesión, la araña comenzó a oscilar, moviéndose hasta unos treinta grados a ambos lados de la vertical. Inmediatamente buscamos alambres ocultos, pero no encontramos ninguno. Y eso fue todo. Nunca volví a la casa, y todo el asunto permaneció en las sombras. Hubo otra cosa que nos hizo sospechar. El abogado atribuía todos aquellos fenómenos a una de sus antiguas amantes que había fallecido tres años atrás. Sostenía que lo había llamado por teléfono varias veces. En realidad, antes de iniciar la sesión, sonó el teléfono. Él dijo: “Es ella”, se dirigió al aparato y habló con una mujer. Sostenía el teléfono de tal manera que pudimos oír una voz femenina; pero también ¿cómo podíamos saber si no lo había arreglado con alguna amiga? Mi conclusión de las conversaciones con estos hombres fue que pertenecían a alguna institución de salud mental; aunque quizá sea esta la clase de locos que pueden producir fenómenos de poltergeist.

En marzo reanudé mis estudios interrumpidos, ya que debía dar exámenes para mi licenciatura en física. Estaba bastante ocupado, y teníamos muchos problemas, especialmente de tipo financiero. Había una posibilidad de obtener algún dinero del Consejo Nacional de Investigaciones para investigaciones en parapsicología. Por cierto, querían previamente alguna prueba; pensamos que nuestro viejo amigo y sensitivo Fernando sería capaz de dar esa demostración.
La situación política era turbulenta en esa época. Sería difícil explicar la clase de vida que uno tiene que llevar en un país donde a la inestabilidad del gobierno se añade la inestabilidad de la moneda. Esto se traduce en una inflación que crece día a día y en la angustia cotidiana por conseguir alimentos, transporte y trabajo. Los argentinos estamos acostumbrados a esto, y sin embargo, es difícil trabajar en esas condiciones.
La actitud de los físicos hacia la investigación psíquica había cambiado un poco. Todos mis amigos físicos se interesaban ahora seriamente en la materia. Incluso el jefe del departamento de física de la Comisión de Energía Atómica, viejo amigo mío, estaba ahora más abierto a la idea. Esto era interesante, porque después fue director de la Escuela de Física de Bariloche y, un año después, iba a ayudarme en un experimento grupal de ESP.

El 21 de abril fuimos a La Plata con el Dr. Musso y hablamos con Fernando. De vuelta en Buenos Aires, todavía tuvimos una sesión para probar con otro sensitivo. Obtuvimos algunos movimientos interesantes de la mesa, luego consideramos la posibilidad de conseguir fondos del Consejo Nacional de Investigaciones. Al día siguiente vino un buen amigo mío de Córdoba; tuvimos una discusión filosófica sobre la PK. Él pensaba, y yo estaba de acuerdo, que, puesto que la PK estaba probada, no tenía objeto seguir haciendo el mismo tipo de experimento una y otra vez, sino que había que reunir toda la información y tratar de elaborar una teoría de la PK. No era una tarea fácil. Lo habíamos intentado con ayuda de varios amigos físicos, químicos, físicoquímicos, profesores altamente capacitados en termodinámica, pero resultó demasiado difícil.

El 3 de Mayo, vino el Dr. Musso con una de las fotos tomadas en la sesión, donde se veía una de las manos de Fernando empujando la mesa. Esta foto nos produjo gran preocupación. ¿Era Fernando otro sensitivo como Eusapia Palladino? ¿Hacía esos movimientos de manera inconsciente? ¿Estaba “calentando” la mesa? ¿Cuántas veces lo habría hecho antes sin que nos diéramos cuenta? Era difícil saberlo. Repasé mis notas, de las que he dado cuenta aquí, revisé todas las reuniones una por una, y llegué a la conclusión de que en su gran mayoría no hubo oportunidad para hacer ninguna trampa. Además, las levitaciones más notables se habían producido a plena luz y sin contacto con la mesa. Sin embargo, teniendo en cuenta nuestra intención de obtener dinero del Consejo Nacional de Investigaciones, no resultaba factible emplear a Fernando con este propósito, a menos que pudiera empezar de nuevo y obtener algunos fenómenos físicos a distancia. Sería muy embarazoso que nos descubrieran en algo parecido a lo que vimos en la foto.

El 26 de mayo tuvimos una sesión con Alfredo en la casa del Dr. Musso. Para mi sorpresa, no pasó nada, siendo que Alfredo siempre había tenido éxito. Me pregunté si estaría perdiendo ya sus poderes. Al día siguiente, domingo, fuimos a visitar a Fernando; hablamos francamente con él. Admitíamos que sus movimientos fueron inconscientes, aunque era muy difícil estar totalmente seguros de ello. Sin embargo, en unas pocas ocasiones durante nuestros experimentos, cuando él sentía la necesidad de hacer que la mesa se moviera, nos decía, “déjenme dar vuelta a esta mesa para que empiece a moverse”. “Adelante”, y después de esto comenzaban los fenómenos. El problema era que esta vez no había dicho nada. El lunes tuvimos una reunión en el Instituto en Buenos Aires para discutir la situación. Mi diente seguía causándome problemas; ahora el dolor se extendía al ojo y el oído derecho.

Se programó una reunión para el sábado 2 de junio, pero Fernando no apareció, lo que nos dio qué pensar.

El 26 de julio anoté una entrada en mi diario que dice:

Ahora empiezo a hacer mis planes para irme cuando sea el momento”.

El 5 de agosto llegó a Buenos Aires el Dr. Ian Stevenson; al día siguiente el Dr. Musso, el sensitivo R. W. y yo cenamos con él en el Plaza Hotel. Stevenson viajaba alrededor del mundo recogiendo informaciones sobre casos de reencarnación (o que él pudiera explicar por una teoría de la reencarnación), e iba a visitar a una niña en Mendoza (junto a los Andes) que podía ser un caso interesante. Musso y yo criticamos la hipótesis de la reencarnación porque la aceptación de las aptitudes de ESP, ya probadas, explicarían la mayor parte de los casos de reencarnación. Stevenson replicó que debíamos esperar que  se publicara su libro para juzgar las evidencias que presentaba en él. Decía que no todos los experimentos de ESP podían ser aceptados como válidos, pues la mayoría de ellos tenían serias fallas, y creía que la teoría de la reencarnación, especialmente si se consideraban ciertos casos selectos, podía sostenerse tan bien como la de la ESP. Sin duda, tenía su opinión.

Fuente: Extracto del libro Científico y psíquico.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en abril 13, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

Etiquetas: , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: