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La elaboración de un fantasma.

05 Abr

Por Iris Owen (1975)

¿Qué es un fantasma? Esta pregunta daba vueltas por las mentes de los miembros de un grupo de la Sociedad para la Investigación Psíquica de Toronto (Toronto Society for Psychical Research), una tarde de 1972. La mayoría de nosotros admitía la existencia, desde ya, de algo como la “percepción de los fantasmas”. Coincidíamos en que ver un fantasma es: un fenómeno raro, un fraude deliberado o un producto de la imaginación.

La persona que dice haber visto un fantasma, realmente tiene una experiencia. ¿Pero qué es aquello que vio o experimentó? ¿Es un fantasma, como tanta gente cree, el espíritu o el cuerpo astral de una persona muerta? ¿O es una alucinación, una imagen mental que parece tan real como cualquier otro objeto? Si es sólo una alucinación, ¿por qué algunos fantasmas son vistos por mucha gente y, en algunos casos, durante generaciones? Aun más enigmático es aquel fantasma que puede ser visto simultáneamente por varias personas. ¿Comparten estas personas la misma imagen mental? Al haber discutido entre nosotros las diversas posibilidades, comenzamos a inclinarnos por la teoría de la alucinación. Encontrábamos difícil creer que todos los fantasmas eran los espíritus de los que habían pasado al otro lado.

Si un fantasma, es entonces una forma de alucinación, ¿bajo qué circunstancias se produce? Y más interesante, ¿puede uno “crear” deliberadamente su propio fantasma, en la forma de una alucinación colectiva? Decidimos que sería útil hacer el experimento, y comenzamos a argumentar la manera de crear nuestra propia “alucinación colectiva”. Para asegurarnos que no fuera un “fantasma verdadero”, el personaje a visualizar tendría que ser completamente imaginario e inventado por nosotros mismos. Como investigadores, establecimos que los miembros que tomaran parte en este experimento deberían ser personas sin ninguna clase de pretensiones psíquicas, y que, en lo posible, el experimento debería conducirse con suficiente luz para grabarlo en video.

Aceptamos encontrarnos una vez a la semana, en la misma noche, y a la misma hora, y estuvimos dispuestos a continuar por lo menos durante un año, y más si fuese necesario. Sabíamos que los demás grupos que se habían reunido, para este mismo tipo de propósito, tuvieron que esperar un tiempo considerable antes de obtener resultados.

Entonces, nos percatamos en inventar el personaje que esperábamos “evocar”. Uno de nuestros miembros, Sue, utilizó su gran inventiva para escribir la historia inicial de “Philip”. Resumidamente, la historia es como se indica a continuación:

Philip fue un aristócrata inglés, que vivió a mediados del siglo XVII en la época de Oliver Cromwell. Había sido partidario del Rey, y católico. Estuvo casado; su esposa, Dorothea, hija de un noble vecino, era hermosa pero fría y frígida. Un día, viajando por las afueras, en los lindes de su hacienda, Philip pasó por un campamento gitano y vio allí una hermosa joven zíngara, de ojos oscuros y cabello negro brillante, Margó; y se enamoró instantáneamente de ella. Amparándola secretamente, la llevó a vivir cerca de los establos, en la aldea de Diddington, el hogar de su familia. Mantuvo su nido de amor en secreto por un tiempo, pero finalmente, Dorothea se dio cuenta que mantenía a otra persona allí, encontró a Margó, y la acusó de brujería y de quitarle a su esposo. Ante la posibilidad de perder su reputación y sus posesiones Philip se asustó, y no intervino en el juicio contra Margó. Fue condenada por brujería y quemada en la hoguera. Más tarde, Philip cayó víctima del remordimiento, por no haber tratado de defender a Margó, y marchó hacia las murallas de Diddington sumido en la desesperación. Finalmente, una mañana, su cuerpo se encontró al pie del muro de piedra, desde el que se arrojó, presa de un ataque de angustia y remordimiento.

Para los propósitos del experimento decidimos que Philip había reencarnado varias veces desde aquel entonces, más o menos una vez cada siglo, pudiendo verse su fantasma en las murallas de Diddington. Tomamos el año 1972 como uno de los años en que nuevamente podía verse su fantasma, trataríamos de materializarlo y tranquilizarlo ya que Margó estaba, por cierto, “en el otro lado” y además lo había perdonado, así él ya podría descansar. Tengo que señalar que aunque la aldea de Diddington es un lugar real -en Warwickshire, Inglaterra -no existió ningún personaje como Philip, ni existe tradición alguna relacionada con la historia de la aldea misma. Se eligió Diddington sólo porque alguien del grupo pasó una temporada allí, en el Servicio de Enfermeras de las Fuerzas Canadienses, y por lo tanto estaba familiarizada con el lugar. El campo mismo se presta para contar la historia, es hermoso recorrer el parque, que se ha mantenido sin cambios en siglos.
Tuvimos una larga conversación alrededor de la historia y la personalidad de Philip, el fantasma propuesto; hasta que todos estuvimos familiarizados con sus antecedentes. Hablamos de sus características físicas: el color de sus ojos y su pelo, su altura, su temperamento, las cosas que eran de su agrado y las que no, el tipo de comportamiento que tendría, su vestimenta, la clase de alimentos que tomaba, y especialmente sus sentimientos hacia Dorothea y Margó; hasta que tuvimos un cuadro mental completo de él, y lo aprobamos. Para fijar más firmemente el cuadro, Andy, un artista miembro del grupo, dibujó un retrato de Philip, que colocamos delante nuestro cada vez que pensábamos en él.

Comenzaríamos nuestro experimento adoptando el método milenario de la meditación, con el fin de evocar a Philip. Ocho de nosotros, cinco mujeres y tres hombres, sentados en círculo, y meditando en silencio por períodos de diez minutos más o menos. Más tarde aumentamos los períodos hasta media hora por vez. Al final de estos períodos, comentamos nuestros sentimientos durante la meditación, y cualquier pensamiento o experiencia que hubiéramos tenido, y también sobre la historia y la personalidad de Philip, sin perder nunca de vista nuestro objetivo principal. Esa fue una época de disciplina para el grupo. Una cosa que tuvimos que aprender, fue evitar que cualquiera de nosotros “produjera” a Philip en forma individual. Llegado este punto, existía en varios miembros la tendencia a “sentir” que a veces Philip trataba de decir algo a través de ellos, o quería aparecer especialmente para ellos. Tuvimos que reiterar que esta sería una experiencia en grupo, y Philip debería aparecer para todos al mismo tiempo. En medio del círculo se colocó el cuadro de Philip, y nos enfocamos a nosotros mismos esperando que él se materializara en el centro del grupo. Al mismo tiempo, también teníamos a una observadora fuera del círculo, quien a veces informaba de auras alrededor de las cabezas de los miembros del grupo, y de vez en cuando, ciertas neblinas parecieron estar presente en la habitación o alrededor del centro de la mesa.

Pero ninguna materialización apareció. Philip no fue conjurado todo lo necesario. Nos sentamos fiel y regularmente cada semana por todo un año sin resultados claros. Sin embargo, durante este período, veníamos relacionándonos unos a otros sumamente bien, y había crecido entre nosotros un vínculo cercano al afecto y la amistad. Elegimos continuar y terminar el experimento. Hasta ahora la meditación no parecía producir resultados. Quizás probar algún otro método resultara más conveniente. Por fortuna descubrimos el trabajo de Batcheldor, Brookes-Smith, y Hunt en las publicaciones de la Sociedad Británica para la Investigación Psíquica [Journals of the British Society for Psychical Research]. Trabajo que comenzó en Inglaterra en el año 1964 y continuó con algunas interrupciones hasta 1972. El grupo inglés había sido capaz de producir efectos físicos y golpes en la mesa -generando una atmósfera animada como la de lasseances espiritistas victorianas. En vez de meditar en silencio y solemnidad se debía fomentar una atmósfera placentera y relajada; cantar, decir bromas, y exhortar a la mesa a obedecer. Al por qué de este método de trabajó, ellos le dieron una razón filosófica. Básicamente, uno necesita estar motivado, debe desear mucho que ocurra. Segundo, hay que tener una fe absoluta en que es posible y que se producirá, y entonces crear una atmósfera de relajación en la que podría ocurrir el esperado suceso paranormal.

Decidimos hacer el intento. En nuestra siguiente reunión, en vez de sentarnos a meditar solemnemente, tratamos de crear la clase de atmósfera recomendada por los investigadores ingleses. Sin embargo, existía una leve diferencia porque nosotros elegimos continuar con muy buena luz. Algunas de las experiencias inglesas se habían hecho en la oscuridad, o con muy poca luz, lo cual los llevó a desarrollar elaborados dispositivos de medición para descubrir qué pasaba. Estábamos seguros que cualquier cosa que pudiéramos producir sería a plena luz. Así, aunque frecuentemente hayamos utilizado luz coloreada para descansar los ojos, siempre tuvimos una iluminación muy adecuada para poder ver claramente qué sucedía. Esto nos parecía muy importante.

Al pasar un año trabajando, llegamos a ser muy buenos amigos, de verdad. No era fácil relajarse de la forma sugerida por Batcheldor y Brookes-Smith. Y, por supuesto, una vez más, nada sucedió. Pero perseveramos. A la semana siguiente fuimos armados de bromas y canciones. Tratamos de crear una atmósfera de hilaridad y relajación, manteniendo en mente, al mismo tiempo, nuestro objetivo principal. Repentinamente, en medio de todo el ruido y las risas, algunos sentimos vibraciones que parecían provenir desde adentro de la madera de la mesa, del lado superior derecho. Las vibraciones fueron sentidas en vez de oídas, porque había bastante ruido en ese momento. En efecto, luego descubrimos que muchos de los golpes que se produjeron no eran suficientemente fuertes para ser oídos, aunque podía sentirse claramente la vibración. Este progreso nos sorprendió: no esperábamos esta clase de fenómeno, aunque sabíamos que el trabajo inglés estaba dirigido hacia la producción de fenómenos físicos. Nuestras intenciones seguían firmes en la producción de una aparición o una alucinación. No obstante, continuamos.

La siguiente cosa que ocurrió, para sorpresa, fue que la mesa comenzaba a deslizarce sobre el piso. Se movía bastante rápidamente, de manera aleatoria, y sin un propósito claro. Naturalmente, la primera tendencia fue de acusarnos mutuamente de estar empujándola, pero poco a poco, se hizo evidente que nadie lo hacía ni en forma individual, ni grupal. A veces la mesa se deslizaba repentinamente desde nuestras manos, tan rápido que habría sido imposible que alguien la empujara sin que todos los demás lo advirtieran.

Mientras especulábamos sobre la causa de este fenómeno uno de nosotros dijo en voz alta:

“¿me pregunto si, por casualidad, Philip esta haciendo esto?”.

Inmediatamente se produjo un golpe muy fuerte arriba de la mesa. Así, apareció Philip. Rápidamente establecimos que un golpe significaba “sí” y que dos golpes significaban “no”. Teníamos que establecer un código. Procedimos interrogando a la mesa sobre Philip. Claro que podríamos haber adoptado el procedimiento tradicional de asignar un número a cada letra del abecedario, y pedirle a “Philip” que deletree sus respuestas golpeando el número necesario de veces para cada letra. Pero esto es laborioso y aburrido. Estábamos demasiado impacientes para un método de operación tan lento, y nos decidimos por preguntas que sólo requirieran como respuesta “sí” o “no”. Asumimos también que era Philip el que respondía a todas las preguntas. Las sesiones a veces eran bastantes divertidas, aun cuando sabíamos que estábamos llevando a cabo un experimento serio.

Generalmente comenzamos cada sesión sentándonos alrededor de la mesa, que es una mesa común, con la parte superior de plástico, tipo tabla, y de patas plegables. Y uno por vez decimos:

“Hola, Philip”, y claramente viene como respuesta un golpe firme bajo cada mano. Le hacemos entonces algunas preguntas a Philip, generalmente con respecto a su vida, las cosas que le agradan y las que no, historias de su época y cosas así; preguntas que requieren una respuesta definida, afirmativa o negativa. Pronto descubrimos que si Philip no estaba seguro de la respuesta correcta, sus golpes se volvían suaves y vacilantes, o a veces parecían extraños sonidos de rasguños.

El período en que las preguntas se hacían se iba alternado con el de contar bromas, o con el recitado de poesía dramática -que Philip amaba- y con el canto, particularmente canciones repetitivas o infantiles. En las canciones preferidas por Philip, descubrimos que los golpes se producían a tempo mientras cantábamos. Y al unísono, la mayoría de las veces la mesa se movía de un lado a otro de la habitación, y el grupo tenía que estar de pie y seguirla por alrededor, esperando a que se detuviera para reanudar las preguntas.

En las semanas siguientes la mesa desarrolló una personalidad completamente propia, y era difícil darse cuenta que en verdad no había una novena persona en el grupo. No era solamente el hecho de responder a las preguntas, sino el desarrollo de toda una personalidad. Él puede demostrar de forma sutil qué le agrada y qué no, impaciencia, picardía, e igualmente puede malhumorarse. Si alguien se retrasa, cuando entra en la habitación, aun mientras estamos en medio de una pregunta, la mesa es capaz de salirse y literalmente “whoosh” , va hacia el recién llegado como diciendo:

“Hola”. Cosa que recuerda un pequeño perro abalanzándose sobre un amigo.

En otra ocasión, mi hijo Robin Owen, que había entrado a la habitación durante un descanso para el café, fue invitado a quedarse y mirar. Sería el primer visitante en encontrarse con Philip. Se paró en una esquina de la habitación cuando retomamos nuestras posiciones alrededor de la mesa.

“Permitimos una visita. Robin ha venido a verte”, dijo Dorothy.

Después de esto, la mesa se deslizó a través de la habitación hasta donde él estaba, y lo tocó como si fuera con la nariz .

“¿Puede unírsenos?” preguntamos.

Y se escuchó un fuerte golpe afirmativo.

Así, Robin se sumó al círculo y puso sus manos en la mesa.

“Hola Philip”.

Nuevamente un fuerte golpe. Robin hizo algunas preguntas y la respuesta se oyó como si viniera del lado derecho debajo de sus manos. Así descubrimos, que podríamos incluir visitas que pasarían a formar parte del grupo inmediatamente. Luego invitamos gradualmente a otras personas, y encontramos que eventualmente podríamos tener tanto como cuatro o cinco visitas, tomando parte al mismo tiempo, obteniendo respuestas a sus preguntas.

De vez en cuando Philip mostraba preferencia por cierta gente y era cariñoso, especialmente con Bernice. Una tarde que Bernice tuvo que salir temprano, dijo “Buenas noches” y atrajo una respuesta resonante y malhumorada de Philip. Ella salió, y entonces volvió, porque había olvidado su chaqueta, alejada en una esquina de la habitación. La mesa corrió hacia su chaqueta, parecía tratar de impedirle que la tomara. Entonces cuando ella lo consiguió, la mesa la persiguió y se detuvo clavándose en la puerta. Para ese entonces, todos nosotros habíamos sido dejados de lado.

Quizás llegado este punto debería describir los métodos que utilizamos contra la posibilidad de fraude, o contra la acusación de sufrir una alucinación colectiva, como era nuestro objetivo original. Primero, todas las cosas ahora sucedían con la más nítida iluminación. Las sesiones se filmaron en video, y cuentan con los testimonios independientes de innumerables personas. Los movimientos de la mesa y los golpes no eran alucinaciones. Los movimientos de la mesa son muy difíciles de evaluar. Debe tenerse siempre en cuenta la posibilidad del movimiento subliminal de los músculos, pero desde luego que algunas cosas son muy difíciles de explicar.

En una tarde de verano muy calurosa, la mesa estuvo corriendo por la habitación durante algún tiempo; todo el mundo estaba muy cansado y listo para una bebida fresca, Dorothy dijo, “Bien, Philip, si no estas cansado, yo sí. Por qué no te lanzas con tus patas por el aire, y nosotros tomamos un descanso y bebemos algo de limonada”. Y la mesa simplemente lo hizo. Estábamos todos rodeándola cuando ella lo dijo, con nuestras manos ligeramente apoyadas, la mesa se inclinó lenta y lateralmente, y entonces se levantó veloz y verticalmente hacia arriba con sus patas en el aire. Nadie tenía las manos en una posición que le permitiera haberla levantado. Las manos estaban todas encima y en el medio de la mesa.

A fin de reducir la posibilidad de haber estado empujando, a veces pusimos unas servilletas enceradas sobre la mesa (que además era de plástico pulido), y nuestras manos en las servilletas. Si usted empuja, la servilleta simplemente se desliza a lo largo y la mesa no se mueve. Pero durante las sesiones con Philip, la mesa se movió con igual facilidad bajo las servilletas, probando así para nuestra propia satisfacción que nosotros no la empujábamos.

De nuevo, los golpes son un aspecto diferente. Son fuertes y claros, y frecuentemente pueden oírse en la habitación contigua. Puesto que ocurren con buena luz puede observarse que todos alrededor de la mesa están en silencio absoluto mientras se producen. Aun más llamativo fue cuando la mesa se levantó y los miembros del grupo se arrodillaron alrededor de ella poniendo sus manos en el lado de abajo de la misma: los golpes se produjeron muy fuertemente.

Para ese entonces ya habíamos olvidado nuestra intención original de producir una imagen visual de Philip, y estábamos fascinados por la “personalidad de la mesa” que parecíamos haber creado. Continuamos experimentando con los golpes y los movimientos, y también nos empeñamos en persuadir a Philip para que levitara completamente la mesa. Hemos podido hacerlo una única vez, cuando la levitación fue sólo de una pulgada sobre el piso. La mesa se deslizó una distancia de algunos pies horizontalmente, pero siendo tan ligera al levantarse desde el piso no estaba en una posición buena para la fotografía, aunque teníamos un cameraman muy práctico. Un fenómeno interesante que ocurrió varias veces, fue la elevación de sólo una esquina de la mesa mientras las otras tres patas estaban firmemente sobre el piso. Pudimos ver claramente que se deformó la parte superior de la mesa. Además, el peso de varias personas para empujar esa pata hacia abajo fracasó, hasta que repentinamente se liberó a sí misma. En verdad, éste es un hecho curioso, y comprender cómo opera es muy difícil. Han ocurrido otras cosas extrañas. Una noche, en que le pedimos a Philip que hiciera algo diferente, parpadearon las luces de la habitación varias veces.

Es para mi, absolutamente fascinante pensar que un enfoque enteramente psicológico de la clase que utilizaron los investigadores británicos pueda producir fenómenos físicos del tipo que obtuvimos. Tres puntos básicos son importantes. Primero, la gente interesada debe estar motivada para producir resultados, debe realmente querer hacerlo. Segundo, se debe tener una fe absoluta en que se pueden producir resultados. En tercer lugar, se debe practicar la técnica psicológica de relajar la mente y la conciencia, para que los fenómenos puedan producirse. La sorpresa y el temor inhiben la producción de los fenómenos físicos; pero el humor, la actividad y la aceptación parecen jugar un papel importante en la creación.

Para mí la adquisición de esta técnica psicológica es muy parecida a la situación en la que uno trata de recordar un hecho olvidado, o un nombre, y lo pone en el fondo de la mente con una nota para recordarlo, y entonces lo olvida. Luego, la memoria fluye desde el fondo. Vimos que la repetición ayuda a adquirir este estado de relajación.

Algunas de las canciones que llegaron a ser favoritas nuestras y de Philip fueron Lloyd George knew my father cantado con la tonada de Onward Christian Soldiers, que se transformó en nuestra tonada favorita. Nos encontramos con que el volumen del ruido hecho por los golpes aumentaba después de cantar una canción animada, o al contar una buena broma que provocara risas, o también al recitar un poema muy dramático. No podemos comprender por qué esto es así, pero sólo podemos decir que así era. Igualmente notable era también, que si llegábamos a estar demasiado tensionados o éramos persistentes en nuestras preguntas, los golpes se hacían más débiles y llegaban a apagarse totalmente. El método ideal parece ser cantar un par de canciones, hacer una o dos preguntas de paso, cambiar inmediatamente a una broma o dos, e introducir otra pregunta. En otras palabras, comportarnos exactamente como si Philip fuera un miembro del grupo, incluido en la conversación, pero sin estar “atormentándolo” todo el tiempo. Es bastante interesante, que si a veces olvidamos considerarlo o hacerle una pregunta, simplemente como un niño, él es capaz de golpear llamando la atención, o la mesa puede salir repentinamente en un “whoosh” como diciendo, “Hey, no me olviden. Yo también estoy aquí”.

El verdadero mecanismo por el que los golpes y los movimientos se generan como un fenómeno físico es un enigma total. Todavía no tenemos ninguna idea de cómo un pensamiento telepático de un grupo de gente común puede transformarse en un suceso físico. Hemos discutido esto ad infinitum. Nosotros mismos no nos sentimos diferente de lo normal cuando se producen los golpes. No estamos conscientes de dirigirlos y, de hecho, frecuentemente nos sorprenden cuando ocurren. Pero comenzamos a reconocer dentro de nosotros mismos cuando podemos alcanzar o no el estado psicológico para que las cosas ocurran, y generalmente podemos, por decirlo de alguna forma, encenderlo y apagarlo. Nos encontramos regularmente, una vez por semana, a la misma hora del día, y rara vez fallamos en conseguir resultados. Y por supuesto, hemos obtenido resultados en muchos lugares, en diferentes momentos, y con muchas mesas.

Una vez, después de una reunión, fuimos a cenar a un restaurante chino, con otras personas. Nos sentamos alrededor de la mesa, y uno de nuestros miembros, preocupado por su niño, quien había estado enfermo, dijo casualmente, aunque ligeramente preocupada, “me pregunto cómo se siente D”. Inmediatamente un fuerte golpe se produjo en el medio de la mesa. Consideramos que esto significaba que el niño estaba bien, y de hecho lo razonamos como que todos nosotros éramos un medio para decirle a ella “no hay por qué preocuparce, está perfecto”. Pareció como que estábamos desparramados alrededor de la mesa, y no podíamos hablar en seguida, así usamos nuestra “voz conjunta”: Philip.

Por supuesto que esto me lleva al contenido de los temas que comunican los golpes.

¿Es Philip, realmente, una entidad separada e independiente? Para nosotros, la respuesta es “No, definitivamente no!”.

Él es el producto de la conjunción de nuestros pensamientos, sentimientos, y experiencias. Así que Philip, a duras penas va más allá de lo limitado a aquello que nosotros proyectamos sobre su vida y su época en los primeros meses de las meditaciones.

Una pregunta que nos hacen continuamente nuestros amigos espiritistas es, “¿cómo saben que Philip no es en verdad un fantasma ‘real’, el espíritu de alguna persona difunta, o algún otro espíritu que ha tomado el mando de la personalidad de Philip?”. Nuestra respuesta es que Philip permanece dentro de la historia que inventamos. Deliveradamente pusimos algunas anomalías históricas en la historia, y Philip “habla” como si fueran ciertas. Además, ninguno de nosotros conoce detalles de este período de la historia inglesa, igualmente hemos agregado algunos errores sin proponérnoslo. Las convicciones religiosas de Philip son algo nebulosas; una vez afirmó que era Anglo-Católico, aunque esa posición religiosa no existía en su tiempo. También dice que algunos de los lugares favoritos que frecuentaba eran las casas donde se servía chocolate, que no existieron hasta un tiempo después en la historia.

De vez en cuando él niega haber amado a Margó; la primera vez que lo dijo nos sorprendimos, porque era una parte fundamental de la historia original. Pero obviamente que nos juega alguna clase de “broma”; en una ocasión, declaró que era judío, complaciendo a uno de los miembros del grupo.

Una vez Philip hizo una declaración que no era conocida por los miembros del grupo. Estando en la habitación mi esposo George Owen, aunque no alrededor de la mesa, el grupo preguntó a Philip sobre sus viajes por Europa. Él había dicho, en las respuestas previas a las preguntas sobre su papel en la guerra civil, que no conoció al príncipe Rupert de Bohemia. En este momento, cuando dio una lista de los países que visitó, dijo que había estado en Bohemia.

“Pregúntele si él conoció a Elizabeth, la Reina Invernal [the Winter Queen]”, dijo George.

“Sí”, golpeó Philip.

“Es extraño que diga que conoció a Elizabeth, y que sin embargo nunca conoció a Rupert, su cuñado”, comentó George.

Inmediatamente se produjeron dos fuertes golpes negándolo.

“Él dice que no lo conoció”, dijo alguien del grupo.

Otros dos golpes más fuertes.

“¿Qué quieres decir?” se le preguntó.

“Él esta diciendo que Rupert no era su cuñado”, dijo otro miembro.

Dos golpes más.

“Bien, sí lo era,” afirmó George.

“No”, dijo Philip.

“Yo estoy seguro que lo era”, dijo George.

Nadie del grupo recordaba haber oído de Rupert y de Elizabeth de Bohemia, y George estaba seguro que Rupert había sido el cuñado de Elizabeth. De cualquier modo, él se fijó en la enciclopedia, la única manera de averiguar que Rupert no era, en realidad, su cuñado, sino su hijo.¡Así, Philip tenía razón, pero esto puede haber sido una simple coincidencia o que el grupo en conjunto se divertía contradiciendo a George! Por otra parte Philip ha permanecido, como ya he dicho, estrictamente dentro de los límites del conocimiento inventado para él, y no contestará preguntas que estén fuera de la capacidad y del conocimiento general del grupo.

En Diciembre de 1974 el grupo Phílip fue invitado a Cleveland, Ohio, para una demostración ante algunos científicos. Y fue capaz de dar una magnífica demostración. La mesa usada era antigua, una pesada mesa de madera para jugar ajedrez, con ruedas. Una de las ruedas estaba rota y las otras tres necesitaban lubricación y chirriaban cuando se la empujaba. No obstante la mesa se deslizaba por alrededor del piso alfombrado sin chirriar y sin dejar huellas. En dos ocasiones un científico se sentó sobre la mesa y esta lo tiró hacia afuera, con violencia.

En Enero de 1975 recibimos la visita de un periodista del National Enquirer, el Sr. Bill Dampier. Fue una visita muy agradable y se relacionó muy bien con el grupo y con Philip. Habló sobre el doblado de metales, y pidió, “¿puedes intentar doblar la llave de mi casa?”. Un fotógrafo profesional tomó fotos continuamente. Después de entre treinta minutos y una hora, la llave se dobló muy ligeramente, pero de forma bastante clara. El Sr. Dampier se llevó la llave y telefoneó al día siguiente, diciendo que había tenido dificultad para conseguir abrir su casa. Pero él dejó la llave por allí durante el día, y ahora se había doblado considerablemente más, tanto que había llamado al fotógrafo para tomar otra foto en el estado actual.

Un panorama psicológico completo de la experiencia del grupo y la historia de Philip será publicado por Fitzhenry y Whiteside de Toronto, y Harper and Row de Nueva York. Una película corta, Philip -The Imaginary Ghost, está disponible en George Ritter Films, 38 Yorkeville Avenue, Toronto 5, Ontario.

Animados por el éxito del experimento, en la Sociedad se decidió comenzar otro grupo sobre el mismo principio para ver si los resultados podrían repetirse. Se inventó una nueva personalidad: “Lilith”, una heroína de la Resistencia Francesa de la segunda guerra mundial, quien fuera traicionada por sus camaradas y que encontrara su muerte en manos de un pelotón de fusilamiento. Este grupo comenzó sin las sesiones de meditación, y tuvo éxito después de seis encuentros. Con resultados muy similares a los nuestros, pero por supuesto, la “personalidad de su mesa” responde a Lilith. Hasta ahora sus resultados son también un poco más erráticos, posiblemente porque aún están en la etapa de construcción de una relación armoniosa del grupo, cosa que nosotros logramos durante el año que practicamos las técnicas de meditación.

Estamos seguros que cualquier grupo de gente suficientemente interesada y motivada puede autoentrenarse para producir fenómenos físicos. Quisiéramos, por supuesto, encontrar algún medio para descubrir cómo funciona en realidad, y para este fin continuaremos con este y otros experimentos similares. A menos que podamos conseguirlo, esto se convierte, para gran sorpresa, en ¡un ejercicio aburrido!

Sin embargo, todos los miembros del grupo están de acuerdo que, en efecto, desde muchos puntos de vista, ha sido un experimento útil. Algunas personas han sentido un beneficio especial en su aptitud para relacionarse con otros, señalando así un efecto de terapia de grupo; y pienso que todos han salido beneficiados disfrutando y descansando durante las sesiones, y con los lazos de amistad formados durante este período. El experimento ha interesado a psicólogos, físicos, y filósofos por igual, y puede proveer pistas importantes al viejo problema de cómo se construyen los fantasmas.

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Publicado por en abril 5, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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