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REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIAS ANÓMALAS : Percepción Extrasensorial y Sanación Mental.

29 Mar

Por Stanley Krippner

Percepción Extrasensorial

Los parapsicólogos contemporáneos están de acuerdo en que los estudios de casos anómalo/paranormales son susceptibles de confundirse con variables tales como coincidencias, errores de la memoria, o fabulación. Por lo tanto, los casos anecdóticos deben estar contrabalanceados con los resultados de los estudios experimentales y con nuevas investigaciones.

Desde tiempos remotos, las personas han comunicado experiencias psíquicas; imágenes que parecen transmitir los pensamientos de otra persona a distancia, sueños que parecen anunciar eventos lejanos, rituales en los cuales aparentemente se predicen acontecimientos futuros, y procesos mentales que producen una acción directa sobre objetos físicos. Estas ocurrencias pudieron ser fenómenos que ahora los parapsicólogos conocen como telepatía, clarividencia, precognición, y psicoquinesis. Colectivamente, nos referimos a éstos como “psi,” que comprenden interacciones entre los organismos y su entorno (incluyendo a otros organismos) en el cuál la información o la influencia han tenido lugar y en donde, tales interacciones, no pueden ser explicadas a través de los canales sensorio-motores conocidos por la ciencia moderna. En otras palabras, estas experiencias son anómalas porque parecen desafiar los límites del tiempo, el espacio, y la energía.

El término “psi” incluye una variedad de experiencias, pero lo que tienen en común es que su existencia es improbable desde el punto de vista de la física y de la comprensión científica contemporánea. Los parapsicólogos utilizan el término “psi” para incluir a la asi llamada “percepción extrasensorial”, la “psicoquinesis,” y la presunta evidencia de la supervivencia de la personalidad después de la muerte. El término mismo sugiere que el mecanismo de estas experiencias y casos es hasta ahora desconocido -puede ser sensorial, extrasensorial, o algo actualmente inconcebible, como una forma de energía aún no descubierta.

“Telepatía” es una expresión usada para describir información supuestamente obtenida a través de un intercambio “mente-a-mente”. Etimológicamente, proviene de dos raíces; “tele,” que significa “a distancia” y “pathos,” que significa sentimiento o sensación. Los resultados del Dr. Rhine eran coherentes con la idea de Sigmund Freud según la cual el dormir y los sueños crean las condiciones favorables para la telepatía. Carl G. Jung integró el concepto de sueños telepáticos a la psicoterapia, utilizando el término “crisis telepática” para referirse a casos en los que un sueño contiene información “anómala” sobre un ser querido cuya muerte es inminente, o alguien que ha sufrido un accidente, un asalto, o cualquier otra situación amenazante.

Los casos anecdóticos de telepatía en sueños, sin embargo, no son confiables desde el punto de vista científico porque es casi imposible excluir la coincidencia, la mentira deliberada, el auto-engaño, u otros indicios lógicos o sensoriales que el soñador ignoraba. Aunque la coincidencia es una explicación más plausible para la telepatía, no creo que todos los casos sean falsos o engañosos respecto a episodios telepáticos, pero la ciencia tiende a buscar siempre la explicación más sencilla posible a estos extraños eventos. El método experimental es una manera de excluir la coincidencia y el fraude.

El primer estudio experimental de sueños telepáticos proviene del médico O.B. Ermácora, en 1895, que trabajó con un medium italiano que intentaba influir telepáticamente sobre los sueños de un niño. La investigación de Ermácora produjo algunos resultados notablemente positivos, pero carecía de los controles apropiados; por ejemplo, el niño que tomaba parte en el experimento era el primo del médium. No obstante, fue ésta la primera investigación seria de sueños telepáticos.

No fue sino hasta 1966, cuando los estudios de telepatía en sueños emplearon el monitoreo electroencefalográfico (EEG) del sueño. Diseñado por el Dr. Montague Ullman en el Maimónides Medical Center de Brooklyn, en New York, se comparó a un voluntario con otra persona que funcionaba como “emisor telepático”. Por lo general, cenaban juntos y tenían una conversación informal; luego se separaban y pasaban la noche en cuartos separados. Un experimentador seleccionaba al azar una ilustración (por ejemplo, una obra de arte de una gran colección -o “pool”- de imágenes impresas) y le daba una ilustración al emisor en un sobre opaco para abrirlo después que el emisor entraba a su cuarto. El experimentador despertaba al sujeto casi hacia el final del período de movimiento rápido de ojos (fase REM), que es el inicio de la actividad del onírica. Entonces el experimentador le pedía al soñante una descripción de las imágenes del sueño, las cuales eran transcriptas y enviadas a jueces independientes entre si, quienes comparaban la narración del sueño con cuatro ilustraciones potenciales de las cuales se había seleccionado al azar la ilustración “objetivo”. La evaluación estadística estaba basada en el promedio de estas comparaciones, así como también las propias comparaciones de los sujetos al final del experimento. El Dr. Ullman y sus colaboradores dijeron que los indicios sensoriales, o el fraude, entre el emisor/receptor no pudieron haber influido en las narraciones del sueño ni en los resultados estadísticos, los cuales mostraron un patrón global estadísticamente significativo que confirmaba la hipótesis telepática.

Después que me incorporé al Maimonides Medical Center con el Dr. Ullman, yo mismo colaboré en el diseño de algunos de los experimentos. Pero surgieron muchos problemas inesperados: Recuerdo una mañana cuando el proceso se retrasó porque el voluntario, o “receptor telepático,” se le había perdido un electrodo del cuero cabelludo. Otra noche, el experimentador había leído un artículo en la revista Life que había publicado fotos de sacerdotisas semidesnudas de la antigua Grecia. El receptor telepático, que era psicólogo, tuvo muchos sueños de mujeres desnudas, pero ninguno relacionado con la ilustración-objetivo. Como resultado de ello… prohibimos leer revistas en el laboratorio durante las sesiones experimentales!

Un psicoanalista de Nueva York actuó como receptor en varios estudios, los cuales obtuvieron resultados estadísticamente significativos. En una de las noches experimentales, la ilustración elegida al azar fue la imagen “Escuela del Baile” de Degas, que muestra una clase de baile con varias mujeres jóvenes. El sueño del participante del experimento contenía frases como éstas: “Estaba en una clase donde había -quizá- una docena de personas; sentía como que era una escuela”. “Había una chica que trataba de bailar conmigo”. Una evaluación de este sueño puso de relieve que había una parte de esa ilustración que de alguna manera se había “inyectado” en el contenido del sueño. A veces el material onírico correspondía a las ilustraciones-objetivo, pero de manera intrusiva (por ejemplo, “había una niña que trataba de bailar conmigo”), y a veces se mezclaba fácilmente en la narrativa (por ejemplo, “sentía como que era una escuela”).

Aunque estos sueños tenían características telepáticas, su construcción y descripción no parecían diferir demasiado de los sueños no telepáticos de los estudios de laboratorio que emplean estímulos subliminales. En estos estudios, alguien se sienta frente a la pantalla de una computadora que flashea imágenes a tal velocidad que el observador no es consciente de éstas. No obstante, a veces en sueños aparecen como elementos intrusos, material que se mezcla fácilmente con la historia del sueño. Antes de comenzar nuestros estudios en el Maimónides, dos conocidos psicólogos, Herman A. Witkin y Helen Block Lewis, que trabajaban en el Downstate Medical Center de Nueva York, realizaron un experimento en donde les mostraban a los participantes una película emocionalmente amenazante antes de dormirse. Por ejemplo, a algunos de los participantes se les mostraba un documental de un mono que alza a su cría muerta. Otro mostraba un ritual aborígen de Australia donde se practica una incisión superficial en el pene de un púber con un pedazo de piedra. Los investigadores observaron que no había incorporaciones directas en el sueño del contenido cinematográfico, pero los jueces que evaluaron su contenido encontraron elementos de la película en estos sueños, a veces bajo una forma disfrazada y simbólica.

De haber sido un estudio “parapsicológico”, los investigadores nunca lo hubiera tomado en cuenta; de hecho, hubieran sido acusados de inducir las respuestas de los participantes del estudio, o de proyectar sus expectativas al reunir los sueños, o de “interpretar” a gusto los símbolos del contenido del sueño (en ese estudio no se emplearon “juicios a ciegas”, como en los nuestros). Estos investigadores tampoco estudiaban fenómenos anómalos.

En el caso de la parapsicología, se dice que “a fenómenos extraordinarios, pruebas extraordinarias.” Para que los estudios parapsicológicos puedan ser tomados en serio, sus datos deben ser minuciosa y cuidadosamente evaluados.

En otro estudio importante, se coleccionaron los sueños de pacientes que estaban a punto de pasar por una intervención quirúrgica; los investigadores decían que la inminente operación se representaba simbólicamente en los sueños de los pacientes. Sin embargo, los investigadores que reunieron los sueños sabían bien el tipo de cirugía que cada paciente requería, y en consecuencia bien podrían haber proyectado las conexiones del contenido de los sueños de operación quirúrgica, dada la ambigüedad y variedad de tanto material onírico. Nuevamente, esto no fue un experimento parapsicológico, pero se criticaron las fallas en el diseño de este estudio.

Para evaluar si las correspondencias entre nuestras narraciones de sueños y las ilustraciones-objetivo en los experimentos del Maimonides eran debidas al azar, enviamos copias escritas a máquina de los sueños a tres jueces que trabajaron a “ciegas” y en forma independiente. Todos estos jueces ya habían trabajado anteriormente con sueños. Cada juez recibió “copias” o duplicados de las ilustraciones empleadas en el estudio, pero ninguno recibió la ilustración original que se había empleado ya que quizá podría haber sido borroneada o escrita, y éstas marcas dejan un indicio al evaluador que puede inducir a concentrar más su juicio sobre esa imagen en particular. Los promedios de las evaluaciones de los jueces -consultores que aparentemente no tenían sesgos a favor o en contra de la telepatía en sueños- se ingresaron como puntajes para su análisis estadístico. Nuestros procedimientos establecieron un modelo de evaluación rigurosa que otros investigadores a posteriori integraron en sus programas de investigación. Los resultados, como mencioné anteriormente, fueron estadísticamente significativos, sugiriendo que la telepatía ocurrió y fue verificada científicamente.

A la izq. “Descenso de la Cruz” fue una pintura empleada como estímulo telepático. Un receptor no tuvo sueños acerca la crucifixión, sin embargo, esa noche soñó con la idea de “sacrificio”, algo sobre la “autoridad de Dios” y la “admiración a Dios”. A la der. “Escuela del Baile” de Degas, muestra una clase de baile con varias mujeres jóvenes. El sueño contenía frases como: “Estaba en una clase donde había -quizá- una docena de personas; sentía como que era una escuela”.

A veces las comparaciones entre el sueño y la ilustración-objetivo eran bien directas, por ejemplo, el psicoanalista de Nueva York soñó con “El Cuarto Francés” la noche en que la ilustración elegida al azar llevaba por título “París desde una ventana”. Este fue un acierto directo, como lo fueron sus sueños en torno a “el sombrero de un policía francés” y “un traje francés”. Otra noche, sin embargo, la imagen que se seleccionó al azar fue “Descenso de la Cruz”, pero el psicoanalista no tuvo sueños acerca de Cristo ni de la crucifixión. Sin embargo, soñó con la idea de un “sacrificio” de víctimas, algo sobre la “autoridad de Dios” y la “admiración a Dios”. Había tenido incluso un sueño con Winston Churchill, y el juez lo comparó con el lugar de la crucifixión, al cambiar el nombre propio de “Chur” y “Hill (“colina de la iglesia”, en inglés). Tengamos en cuenta que cuando los jueces hacían sus evaluaciones, no tenían la menor idea del objetivo utilizado cada noche; de ahí que los objetivos incorrectos servían como controles contra los objetivos correctos.

En 1985, Irvin Child, un conocido psicólogo, llevó a cabo un análisis estadístico de todos los experimentos del Maimónides. Child encontró que seis de nuestros 15 estudios habían obtenido resultados estadísticamente significativos y que los datos de otro estudio habían sido marginalmente significativos. Incluso el último estudio, tuvo una significación estadística variable de un nivel de probabilidad de 0,06 (sólo seis posibilidades en 100 de que el azar fuera la responsable de los resultados) a un nivel de 0,000002 (menos de uno al azar en varios miles en donde las comparaciones entre el sueño y la ilustración dieran por pura coincidencias). Por otro lado, varios ironizaron diciendo que había errores graves en el procedimiento. En respuesta a ésto, Child defendió el estudio diciendo que algunas de estas críticas no eran pertinentes, y que otras reflejaban tergiversaciones y malinterpretaciones de los experimentos originales. En mi opinión, debo decir que la falta de réplica por parte de otros investigadores es la crítica más importante que se puede hacer a nuestros estudios de telepatía de sueño.

En 1989, el neurocientífico canadiense Michael Persinger y yo examinamos la primera noche de que cada uno de los 62 participantes en los experimentos de telepatía en sueños en el laboratorio del Maimonides. Encontramos una diferencia significativa entre las noches “de puntajes elevados” de psi y las noches de “puntajes bajos”. Los puntajes altos ocurrían más en ausencia de tormentas eléctricas y manchas solares. Estos datos podrían indicar que la capacidad telepática del cerebro es “sensible a la interrupción” a causa de la actividad geomagnética. En 1993, hicimos un análisis de todas las sesiones del psicoanalista que había tenido el sueño de la “chica que trataba de bailar conmigo”. Una vez más, sus noches de “altos puntajes psi” tendían a ocurrir en las noches de actividad geomagnética baja, mientras que sus sueños con “puntajes bajos” estaban asociados con la actividad de manchas solares y tormentas eléctricas. Quizá estas conclusiones puedan ayudar a los parapsicólogos a identificar las regiones cerebrales implicadas en la actividad psi, y las condiciones ambientales que la facilitan. Entonces psi podría ser una capacidad humana interesante, y no tendría que ser más llamada “anómala”.

“Clarividencia” es un término que describe una información que supuestamente se obtiene por otros medios además de los mecanismos sensoriales conocidos. Proviene del francés “claire vision” o visión clara; la clarividencia implica observar algo real y actual -no sólo imaginario- de forma mental. Es el poder de discernir cosas no presentes a los sentidos, y que incluye la percepción anómala de acontecimientos distantes u objetos ocultos. La clarividencia es una forma de “percepción extrasensorial”.

Distinguir telepatía de clarividencia a veces resulta una tarea difícil. Por ejemplo, Carlos soñó con un regalo que su amiga Maria, que vive en el extranjero, había decidido comprarle para su cumpleaños. ¿Es esto un ejemplo de telepatía? ¿O Carlos podría haber tenido el conocimiento por clarividencia del regalo? ¿O entre el sueño de Carlos y el regalo hubo simplemente una coincidencia fortuita? El parapsicólogo Rex Stanford, que ha realizado algunos de los experimentos más rigurosos en parapsicología, comentó que ningún término en la jerga parapsicológica es tan confuso como el de “clarividencia.”

Cuando se diseñan experimentos de telepatía en laboratorio, siempre existe la posibilidad de que el participante de la investigación también utilice clarividencia, centrada en el objeto “objetivo” o imagen, a diferencia de la telepatía, que se centra en los pensamientos de la persona en otro cuarto, en otro edificio, o en otra ciudad. Como resultado de ello, muchos investigadores que realizan este tipo de experimentos dicen que investigan la “percepción extrasensorial general” (o GESP), admitiendo así que algún resultado significativo podría deberse a la telepatía, a la clarividencia, o a una combinación entre ambas. En realidad, los resultados podrían haber sido causados, incluso, por una precognición del participante acerca de un conocimiento anticipado del objetivo.

Actualmente, en lugar de GESP se emplea el término “visión remota”, y en los años setenta, varias agencias del gobierno norteamericano iniciaron un programa para investigar su posible utilidad para el espionaje. Se pensaba que la visión remota podría ayudar al gobierno norteamericano a ahorrar una considerable cantidad de dinero, pero las agencias concluyeron que la visión remota no era suficientemente confiable como para justificar tanto gasto. Sin embargo, algunos de los resultados de los experimentos de visión remota fueron impresionantes, a pesar de haber sido hechos bloqueando a los sujetos mediante estructuras blindadas. Un físico que trabajó en el proyecto, Edwin May, me dijo cómo un “vidente remoto” pudo describir exitosamente un objetivo acerca del cual sólo se le había dicho que era un dispositivo situado en algún lugar de los Estados Unidos. El vidente dibujó y describió un objeto parecido a un generador de microondas, describiendo también, aproximadamente, su función y su tamaño, y que tenía un “ángulo de diferencia de sólo 30 grados”. El verdadero objetivo era un generador de microondas en el sudoeste de los EE.UU.; el vidente había indicado correctamente su función, su tamaño, y esa diferencia de radio con una coincidencia sorprendente.

Recuerdo una situación que ocurrió en una conferencia internacional de parapsicología en el sur de Francia, cuando fui invitado a participar, en 1968. Esperando que pudiera ser la oportunidad para una demostración con la medium y psíquica norteamericana Eileen J. Garrett, llevé conmigo un sobre cerrado, en el que había insertado una fotografía, desconocida para mi, preparada por un estudiante. Cuando Garrett entró en trance, uno de los ‘espíritus controles’ de la médium describió correctamente la imagen de un hombre arrodillado bajo una lámpara eléctrica… La fotografía era un musulmán de rodillas orando bajo un candelabro eléctrico!” Y eso no fue todo. El ‘espíritu control’ le decía que la persona que había preparado el sobre se encontraba entre nosotros en la conferencia, “una persona al que el Dr. Krippner aprecia mucho” -dijo. El espíritu seguía diciendo que ‘la imagen no me interesa tanto como la persona que la preparó… es un joven brillante… interesado en la ciencia… antes de fin de mes aparecerá en los periódicos, y antes de fin de año habrá un nuevo miembro en su familia.” A mi regreso a los Estados Unidos, me enteré que en los periódicos neoyorkinos se había publicado su nombre como ganador de un premio para estudiantes. Cuando le comenté sobre la otra predicción de Garrett, el estudiante me dijo que su hermana esperaba un bebé, pero no era sino hasta Enero. Sin embargo, el bebé se adelantó y nació el 28 de Diciembre, justo a tiempo para confirmar la otra predicción de Garrett.

En otras pruebas de clarividencia, cuando utilizaba imágenes-objetivo, yo usaba dos sobres de color opacos, colocando la imagen en el sobre más pequeño, y luego ese sobre en otro más grande. Este procedimiento siempre es necesario porque a veces un participante puede vislumbrar deliberada o accidentalmente, la imagen-objetivo en un sólo sobre blanco. Dos psicólogos, David Marks y Richard Kammann, demostraron que cualquier persona astuta podría percibir a trasluz el dibujo en un papel doblado si se le permitía ponérselo en la frente. Cuando el artista israelí Uri Geller visitó Nueva Zelanda, Marks y su colega pusieron a prueba a Geller en la habitación de su hotel. Ambos psicólogos habían preparado el dibujo de un velero, lo colocaron en un sobre común y después se lo dieron a Geller. Marks y su colega quedaron sorprendidos cuando Geller pudo duplicar la imagen. Más tarde, Marks recuperó el sobre pero descartó la prueba diciendo que se había abierto el sobre cuando Marks había estado fuera de la habitación, y su colega se había distraído. Quizá la sospecha de Marks sea correcta. Pero si las condiciones en las cuales las pruebas se habían concebido eran deficientes; ¿Porqué los experimentadores se permitieron distraerse durante la prueba, y dejaron la habitación de Geller, y a Geller solo?

La clarividencia, la GESP, y la visión remota parecen trascender las formas ordinarias de percibir de las personas. Recuerdo lo que la renombrada antropóloga Margaret Mead me dijo cierta vez: “¿Por qué llama a esta capacidad percepción extrasensorial? Quizá sea una percepción supersensorial. Algunas personas podrían tener capacidades sensoriales hiperestésicas que todavía no han sido descubiertas”.

Curación Anómala

La sanación no-médica facilitada por la intención de una persona para con otra tampoco se puede explicar mediante los procesos médicos convencionales, y es una variante del diagnóstico biomédico, la prognosis, y el tratamiento. Por definición, la curación anómala es significativa, sustancial, inesperada, e inexplicable desde el punto de vista de la ciencia convencional.

La mayoría de los sanadores utilizan imaginería mental y se absorben en el proceso, a veces al punto de lograr un sentimiento de “unidad” con el paciente. Esta imaginería incluye símbolos míticos (por ejemplo, “tiburones de Dios”) que refuerzan los sistemas de creencia del sanador, el diagnóstico, y el tratamiento.

Según un estudio, los practicantes de la sanación anómala que tratan a sus pacientes mediante contacto o “toque” tienden a mostrar “expansividad, grandiosidad, y creencia en posibilidades ilimitadas”. Estos sanadores gozan de ser “el centro de atención” y tienen gran confianza en sus capacidades. Además, “tienen mucha autoconfianza… y se consideran -realmente o en sus fantasías- el centro de la escena”. Algunos de estos sanadores dicen que ellos son los representantes “del poder curativo de Dios,” mientras que otros dicen que sólo son los canales para “transferir energía a sus pacientes.”

Tuve lo que se podría considerar una experiencia de sanación anómala en 1965, cuando me hospitalizaron de urgencia por una hemorragia interna. Ese mismo día, Shirley Harrison, una amiga mía que es “psíquica” y que vivía en Maine, le dijo a sus hijas que tenía que volar a New York “porque el Dr. Krippner me necesitaba”, y agregó: “Creo que está gravemente enfermo. Tiene úlceras sangrantes y lo van a operar el lunes por la tarde.”

La cirugía de úlcera duodenal se llevó a cabo el lunes por la mañana y fue exitosa, pero mis problemas no terminaron ahí porque una incisión en el costado derecho del abdomen no cicatrizó bien y drenaba mucho líquido. Harrison me visitó en el hospital y cuando supo de mi condición, observó espontáneamente que los cuatro puntos no estaban bien cerrados, se habían abierto antes que la incisión pudiera cicatrizar, y me predijo que esto ocurriría dentro de esos tres días. Haciendo caso a las palabras de Harrison, utilicé mi imáginería mental para evocar estos puntos, y al segundo día dos dobles puntos rezumaron. Al día siguiente, la herida había quedado definitivamente cicatrizada.

Howard Mickel, profesor emérito de estudios religiosos en Wichita State University, investigó y autenticó para su satisfacción el caso de Ralph Duncan, un paciente que padecía leucemia. Mientras estaba hospitalizado, y consideraba que estaba en la etapa terminal de su enfermedad, Duncan tuvo una experiencia cercana a la muerte durante la cual se encontró con un ser luminoso a quién consideró Jesucristo. Los ojos de esta figura “echaban fuego” mientras iban diciendo: “Es suficiente. Está muerto. Se ha ido”. Estas palabras todavía resonaban en sus oídos cuando regresó a su cuerpo con la convicción de que la imagen de Cristo le había curado su enfermedad, lo cual confirmaron luego sus médicos. Diez años después, Mickel descubrió que Duncan no tenía signo alguno de leucemia y estaba bien”.

Estos son ejemplos que la biomedicina occidental debería considerar “anómalos”; esto es, diferentes del diagnóstico, pronóstico, y tratamiento biomédico. En verdad, la palabra “sanación” en si misma rara vez es mencionada dentro del contexto médico. Sin embargo, las experiencias de sanación anómala se ajustan a los criterios de “experiencia de sanación excepcional” de Rhea White, en el sentido de que son significativas, sustanciales, inesperadas, e inexplicables de acuerdo al criterio de la ciencia convencional, tomados en serio por la persona, incluso del menosprecio de los médicos. Además, a veces contienen una cualidad trascendental capaz de cambiar el sentido de identidad y cosmovisión de la experiencia en la persona.

A veces son las personas mismas, quienes han pasado por el tratamiento biomédico convencional, que se dan cuenta de estas experiencias de sanación anómala. Otras, practican procedimientos considerados como “complementarios” (es decir, un tratamiento biomédico “complementario”) o “alternativo” (es decir, un tratamiento usado como una “alternativa” a la biomedicina).

Tales términos indican que estos tratamientos no adhieren a la estructura política, económica y legal de una sociedad en particular, de un período histórico determinado. Desde este punto de vista, por ejemplo, las prácticas de la Ciencia Cristiana entran en la categoría de tratamiento “alternativo”, porque trabajan específicamente fuera del sistema biomédico, en lugar de utilizar sus servicios como un “complemento” al tratamiento médico convencional.

Hay muchas epistemologías posibles, y no es común combinarlas, dependiendo de su grado de autoridad, o cuando deben tomar una decisión moral, cuando están emocionalmente preparados para elegir a su pareja, o para los negocios y las decisiones financieras. Además, existen epistemologías basadas en la “intuición,” y otras basadas en el sentido común y la experiencia directa. Finalmente, hay personas que toman decisiones basadas en el conocimiento de la investigación de datos empíricos, el sello de la ciencia occidental. Algunos investigadores que operan desde una epistemología empírica, han diseñado estudios experimentales para probar la eficacia de la “sanación remota”, el “toque terapéutico,” u otras prácticas.

Sybo A. Schouten dice que “existen pocos estudios experimentales sobre el efecto de la curación psíquica… que cumplan con los requisitos básicos, tales como comparaciones con grupos control y un diseño a doble ciegas”; en cuanto a historias clínicas, “apenas si existe un caso que esté bien documentado”. Sin embargo, después de examinar toda la evidencia, Daniel J. Benor concluyó que “hay evidencia sumamente significativa del efecto de la sanación sobre enzimas, cultivo de células en laboratorio, bacterias, levadura, plantas, animales y humanos.” Jerry Solfvin dice que “hay estudios que muestran una tasa bastante alta de éxito, con variado grado de control, acerca de la influencia sobre objetivos vivos en contextos de sanación mental. Esto es muy estimulante porque representa un sólido primer paso hacia la construcción de una ciencia de basada en la sanación mental, o la intención mental para sanar. Es claro, también, que es sólo un primer paso”.

Otros científicos han hecho intentos por proporcionar lineamientos útiles para el estudio de las prácticas de la sanación complementaria y alternativa. En 1995, un equipo convocado por la Office of Alternative Medicine de los Institutos Nacionales de Salud identificaron 13 parámetros que se consideran necesarios para comprender la infraestructura teórica de los sistemas de medicina complementaria y alternativa (MCA) y para diseñar protocolos experimentales apropiados. Los parámetros incluyen la epistemología del sistema, las clasificaciones y el vocabulario utilizados por el sistema, sus teorías, sus objetivos respecto al tratamiento de las intervenciones, la medición de sus resultados, el contexto de su organización social, sus actividades específicas de tratamiento y sustancias (por ejemplo, hierbas y medicinas), el alcance del sistema, un análisis de sus beneficios y obstáculos, sus puntos de vista acerca del sufrimiento y de la muerte, una comparación con el sistema médico dominante en su cultura, y cómo ve las responsabilidades del paciente, el practicante, y de otros actores en el desempeño del tratamiento recomendado.

La medicina complementaria y alternativa (MCA) es un amplio dominio de recursos curativos que abarca todos sistemas de la salud, modalidades, prácticas y sus teorías y creencias asociadas, además de las intrínsecas al sistema de salud políticamente dominante en una sociedad -o cultura- particulares, y en un período histórico determinado. La MCA incluye todas las prácticas e ideas auto-definidas por sus actores para prevenir o tratar la enfermedad o promocionar la salud y el bienestar. Los límites dentro de las MCAs y entre el dominio de las MCAs y el del sistema dominante no son siempre estáticos y fijos… En los Estados Unidos, en el siglo XX, el sistema dominante de la asistencia sanitaria es -a falta de un mejor término- la biomedicina.

Muchos sistemas de intervención rechazan las categorías causales de la biomedicina occidental (por ejemplo, accidentes, infecciones, deterioro orgánico). Varios estudios han encontrado explicaciones alternativas a la biomedicina occidental en la mayoría de las sociedades. Al conducir una investigación con estos recursos, el equipo planteó que lo que primero debemos responder es “¿Cuáles son los objetivos primarios del sistema en cuestión?”

Los objetivos de la biomedicina a veces difieren de los objetivos de un tratamiento alternativo o complementario, por ejemplo, los investigadores biomédicos rara vez se preguntan cosas tales como “¿hay una personalidad propensa a la recuperación?” Además, no existe en la biomedicina occidental un diagnóstico que incluya al medioambiente natural, aunque para la mayoría de las culturas indígenas sea un signo de desequilibrio y disfunción que influye en la salud de un paciente.

Hay muchos casos de recuperaciones espontáneas de enfermedades graves que tienen poca o ninguna base explicativa en el contexto de la biomedicina occidental. Por tan solo describir (mucho menos explicar!) estos casos, los investigadores occidentales con frecuencia toman la nomenclatura médica con la cual están versados… y la superponen en situaciones que no comprenden, o en culturas con las que no están familiarizados, por ejemplo, “médico brujo,” “hechizo vudú,” o “pensamiento mágico”. Términos tales como “recuperación impresionante” y “remisión espontánea” son menos objetables porque dejan la puerta abierta para otras explicaciones no-convencionales.

Cuándo se emplea el término “remisión espontánea”, se comprende implícitamente que la cura no es “espontánea”, en el sentido de que carece de un agente causal pero, en lugar de ello, la supuesta causa es desconocida. Verdaderamente, se sabe relativamente poco acerca del curso de muchas enfermedades, y las tasas de remisión de enfermedades “sin tratamiento” son inciertas. Uno nunca puede estar seguro de lo que podría constituir intervenciones activas, especialmente cuando se utiliza una variedad de tratamientos simultáneos.

Carl Simonton, Stephanie Matthews-Simonton, y James L. Creighton irónicamente comentaron que cuando una enfermedad no cursa de manera que pueda ser fácilmente explicada, se llama a este resultado “espontáneo” del mismo modo que el término “generación espontánea” trataba de sublimar la ignorancia médica durante la Edad Media. En aquellos tiempos, no había ninguna explicación acerca de por qué los gusanos podrían crecer de comida podrida, de modo que se argumentaba que estos organismos crecían “espontáneamente”. De la misma manera, la “remisión espontánea” es un mecanismo que todavía no está totalmente comprendido”.

Otros términos son igualmente problemáticos. ¿Cuáles son los parámetros que separan lo “normal” de lo “paranormal,” lo “físico” de lo “parafísico,” lo “no milagroso y lo no sorprendente” de lo “milagroso y lo sorprendente”? Por definición, un “milagro” es un acontecimiento que puede ser percibido por los sentidos, pero que opera por algún poder fuera de las leyes naturales. Si estos acontecimientos ocurren, hay un límite extensible para que puedan ser estudiados científicamente, porque la ciencia empírica exige que las afirmaciones de un investigador sean, al menos en principio, falseables.

Por ejemplo, la Comisión Médica Internacional del santuario de Lourdes, en Francia, establece que para que un caso sea considerado resultado de una intervención divina, en lugar de un procesos biológico natural, la supuesta “curación” del peregrino en un estado terminal debe ocurrir con una rapidez “sobrenatural”, y debe ser total y definitiva, esto es, sin reincidencia. D.J. West examinó once “curaciones milagrosas” entre 1946 y 1956 recogidas por la Comisión Médica del santuario de Lourdes, y concluyó que las recuperaciones estaban bien documentadas. Pero West también observó que la carencia de historiales médicos pre-Lourdes hacían imposible una evaluación completa, en la mayor parte de los casos.” Como resultado de ello, estoy de acuerdo con los practicantes de la Ciencia Cristiana de que los así llamados “milagros” son completamente “naturales,” incluso si estoy en desacuerdo con los procesos explicativos propuestos por la Ciencia Cristiana.

Es importante diferenciar “casos de sanación” (recuperación con resultados de un tratamiento) de “experiencias de sanación” (los aspectos subjetivos del tratamiento, incluyendo los significados que atribuye el paciente, su contexto ritual, y sus sentimientos). El Dr. Kierulff describió varios aparentes “eventos de sanación,” pero también describió “experiencias de sanación” asociadas a éstos. Si más investigadores siguieran este procedimiento, nuestra comprensión de estos casos sería más rica y completa, con un aumento en la habilidad de la ciencia para describir y comprender estos fenómenos.

Posibles ejemplos de lo que la biomedicina consideraría “eventos de sanación anómala” pueden ser: el crecimiento de un pedazo grande de un hueso (en Gran Bretaña),” la reaparición de dientes permanentes perdidos (en Estados Unidos), “la desaparición de espuelas de hueso después de la intervención de un “cirujano psíquico” (en Filipinas), el alivio de un antiguo dolor lumbar crónico en un antropólogo después de beber un té amazónico psicotrópico, y una remisión de nefritis de lupus después del tratamiento de un sanador filipino.

Respecto a este último caso, una joven filipino-norteamericana diagnosticada con lupus, particularmente resistente al tratamiento, fracasó al procedimiento biomédico convencional. En su desesperación, regresó a su pueblo natal reapareciendo con un diagnóstico “normal” tres semanas después. Esta mujer dijo que el sanador de la aldea le había quitado una maldición echada por un pretendiente despechado; casi un año meses después dio a luz a una bebé totalmente sana. En el análisis de este caso publicado en el Journal of the American Medical Association, R.A. Kirkpatrick descarta la posibilidad de que el lupus se haya “disuelto,” y se pregunta “¿mediante qué mecanismos el curandero asiático curó a esta mujer de una nefritis de lupus?

Al mismo tiempo, siempre está el riesgo de personas crédulas que gastan tiempo y pierden dinero con “sanadores” de dudosa moralidad y eficacia, en lugar de buscar pronta atención médica. C. French alerta acerca de que no hay argumento alguno que justifique la resistencia de algunos grupos religiosos a permitir que los hijos de los miembros de estos grupos reciban tratamiento médico. Seth Asser y Rita Swan estudiaron las historias clínicas de 172 niños en los Estados Unidos que murieron después de que sus padres les negaran tratamiento médico por razones religiosas. En 140 casos analizados, había un 90% de posibilidad de que el tratamiento biomédico garantice su supervivencia, y para el 18 de ellos, un 50% de posibilidad. W. R. Simpson indicó que las tasas de mortalidad entre los estudiantes de una escuela confesional de la Ciencia Cristiana eran más altas que los de un colegio secular no confesional.

Si tomamos seriamente cualquier modelo de intervención, también debemos considerar el efecto placebo. Cuanto mucho, es un método simple, no tóxico, no invasivo, que facilita el proceso curativo intrínseco del paciente. Técnicamente hablando, es una sustancia administrada biomédicamente de tal manera que produce un alivio, y su efecto resultante en el paciente se lo llama “efecto placebo”. Es decir, el efecto es una respuesta al acto de estar siendo tratado, no al tratamiento administrado en si mismo.

J. Frank y J. Frank sostienen que “el efecto placebo es tan fuerte que a veces produce efectos salutógeno, aún cuándo a los pacientes se les dice que la sustancia que están tomando es una píldora de azúcar”, y que el estado de ánimo del paciente es una variable crítica.

H. Rehder le pidió a un conocido curandero que realizara curaciones a distancia con tres pacientes gravemente enfermos, pero a quienes no se les dijo nada acerca de su intervención; no se observó ningún cambio en la condición de estos pacientes. Después se les dijo de la intervención del curandero y durante un tiempo sabían que estaban siendo “tratados a distancia”, pero se le dijo al curador hacer algo más en ese momento. A pesar de ello, un paciente se curó totalmente, y los otros dos mejoraron drásticamente.

El astronauta y autor Edgar Mitchell recuerda la reacción de su madre a la actuación del sanador tibetano Norbu Chen, que vivía en California. La madre de Mitchell tenía la vista tan deteriorada que sin anteojos era literalmente ciega. Después del tratamiento de Norbu Chen, al día siguiente, la Sra. Mitchell descubrió que su vista había mejorado a tal grado que pisoteó sus anteojos con el tacón de sus zapatos. Después de continuar con su rutina durante varios días sin virtualmente ninguna dificultad visual, la Sra. Mitchell llamó a su hijo para preguntarle si Norbu Chen era cristiano. Cuándo le dijo que no, ella pensó que su curación había sido producto de la intervención fuerzas demoníacas. En pocas horas, la mayor parte de su visión se disolvió y se vio obligada a llevar nuevamente sus anteojos.

Un comité conjunto de la British Medical Association y el Comité de Sanación integrado por arzobispos anglicanos señalaron que “hay múltiples factores -mentales y físicos- que… contribuyen a la recuperación de la salud.” Pero debido a que el ser humano “es una unidad y la salud una condición de funcionamiento pleno, no podemos permitirnos descartar, especialmente en el caso de enfermedades graves, ninguno de los medios de que disponemos para la recuperación de… la salud, ya que todas nuestras funciones psicológicas interactuan entre si”. Son precisamente estos medios “a nuestra disposición” los que merecen nuestra atención, no solamente en el estudio de las características de la experiencia de la sanación anómala sino también en otras experiencias excepcionales.

Quizá sería bueno señalar que los beneficios de la sanación anómala no se limitan solamente a los seres humanos. El investigador canadiense Bernard Grad, estudiando a un sanador especialmente dotado, investigó cómo una muestra de ratones heridos se curaban más rápido cuando el sanador enviaba “energía” mediante sus manos en comparación con una muestra de ratones que se curaban por si solos. La mayoría de los sanadores dicen trascender la esfera de sus preocupaciones, esperanzas, y deseos de curar. Hay en el sanador una sustancial “rendición” del Yo por encima de la mera “voluntad” del sanado, en otras palabras, la empatía, el amor desinteresado, la simpatía, y la compasión son esenciales para la curación. Los sanadores sienten que su actuación a distancia es posible porque su mente individual está conectada a otros organismos vivos, así como a un poder superior.

En septiembre del 2003, visité el santuario de Madonna dello Scoglio, en el sur de Italia, y tuve dos conversaciones con el Hermano Cosimo Fragomeni, cuyas visiones de la Virgen María lo inspiraron a erigir el santuario en esa ciudad. Se le han atribuido varias curaciones anómalas al santuario y/o a las oraciones del Hermano Cosimo. Encontré a una mujer que decía haber sido curada de un cáncer terminal, y otra que dijo que su parálisis había desaparecido. Preguntando, encontré que había sólo un caso médicamente documentado, con un “antes” y un “después” de análisis clínicos; el de un joven que había tocado la piedra donde se dice que la Virgen se le había aparecido por primera vez al Hermano Cosimo.

La tecnología médica actual es suficiente sofisticada como para hacer investigaciones de estos fenómenos en tiempo y forma efectiva. Definitivamente, urge que los devotos del santuario se tomen el tiempo para documentar los acontecimientos que ocurren en esta región.

El presente artículo es un resumen del libro “Becoming Psychic: Spiritual lessons for focusing your hidden abilities”, escrito en cooperacion con Stephen Kierulf (New Page Books, 2004). Traducido por Jorge Villanueva.

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Publicado por en marzo 29, 2014 en Artículos

 

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