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El contacto en Ouija del fantasma del vuelo 401

23 Mar

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El viernes 29 de diciembre de 1972 el vuelo 401 de Eastern Air Lines, un Lockheed L-1011-1 Tristar con 163 pasajeros y trece tripulantes a bordo, partió del Aeropuerto John F. Kennedy en Nueva York con destino al Aeropuerto Internacional de Miami. El comandante del vuelo era el Capitán Robert Loft, acompañado por el Primer Oficial Albert Stockstill y por el Segundo Oficial Donald Repo. Un cuarto integrante, el técnico oficial Angelo Donadeo acompañó a la tripulación durante el vuelo. Las diez tripulantes de cabina de pasajeros del vuelo 401 incluían a: Mercedes Ruiz, Sue Tebbs, Adrienne Hamilton, Trudy Smith, Dorothy Warnock, Pat Ghyssels, Beverly Raposa, Patty Georgia, Stephanie Stanich y Sharon Transue. Pat Ghyssels y Stephanie Stanich fallecieron en el accidente.

El vuelo antes de llegar a su destino se estrelló en los pantanos (Everglades) de Florida , falleciendo además de los anteriormente citados , 101 pasajeros.

 

El escritor John G. Fuller como parte de su investigación sobre el caso ,y empujado por unos rumores que  corrían que en algunos vuelos se aparecía parte de la tripulación del fatídico vuelo, optó por hacer un contacto con la Ouija, dejándolo así reflejado en su libro “El fantasma del vuelo 401” y siendo el siguiente relato:

“El vuelo fue rutinario hasta las 11:32 p.m., cuando comenzó a acercarse al Aeropuerto Internacional de Miami. Después de bajar el tren de aterrizaje, el Primer Oficial Stockstill notó que el indicador de que éste estaba bajo, una luz verde que debía encenderse cuando el tren estuviese asegurado correctamente, no estaba activo. La causa, descubierta después de mucha investigación, fue que el bombillo estaba quemado: el tren de aterrizaje podría haber sido utilizado normalmente. Los pilotos manipularon el indicador de la posición del tren de aterrizaje pero no consiguieron que la luz funcionara. Loft, quien se estaba comunicando por radio a esta altura del vuelo, comunicó que debían abortar el aterrizaje y pidió instrucciones para rodear el aeropuerto. Los controladores le dieron permiso para suspender el descenso, por lo que el avión se elevó a 610 m y luego voló hacia Occidente, sobre la oscura zona de los Everglades.”Pusimos nuestras manos sobre el indicador que se supone que se desliza sobre las letras del alfabeto, prominentemente grabadas en el tablero, junto con un SI y un NO y una serie de números del 1 al 9 y el cero. El indicador tenía que detenerse cuando llegaba a la letra correcta. Me sentí estúpido.—Si alguien mirara por la ventana y nos viera, pensaría que estamos chiflados.

Elizabeth soltó una carcajada.

—Prometo no contárselo a ninguno de sus amigos —dijo.

Nos habían dicho que las preguntas debían ser hechas en voz alta, y esperar entonces que se moviera el indicador. Las letras tenían que leerse a través de la abertura redondead vidrio que tenía el indicador. Como no había nadie para anotar las letras, encendimos un grabador de cinta. Después de aproximadamente un minuto, el indicador empezó a moverse muy débilmente, muy lentamente. No había dudas de que no era yo quien lo movía; se movía por fuerza propia, no de Elizabeth.

— Está moviéndolo usted —dije.

—Juro por Dios que no —repuso ella.

El indicador se movía en círculos lentos e irregulares, deslizándose sobre las puntas de fieltro de sus patitas de diez centímetros.

— ¿Hay alguien aquí en el tablero? — preguntó Elizabeth.

El indicador siguió moviéndose en círculos y después, lentamente, se dirigió hacia el rincón donde estaba impresa la palabra SI. Mientras se movía, estudié los dedos de Elizabeth. Se apoyaban ligeramente sobre el indicador, apenas tocándolo, igual que los míos.

— ¿Está segura de que no lo está moviendo? -pregunté.

—Completamente —dijo ella.

El indicador llegó a la palabra SI, hizo tres o cuatro círculos pequeños a su alrededor y después se detuvo claramente sobre la palabra.

— ¿Tienes un mensaje para nosotros? —preguntó Elizabeth.

El indicador movióse lentamente hacia las letras del alfabeto. Parecía ganar en velocidad y fuerza. Después empezó a moverse con una firmeza muy positiva, recorriendo el alfabeto y deteniéndose sobre series de letras. Era una sensación muy extraña. Ahora le tocó a Elizabeth.

—Usted lo está moviendo —dijo.

—Mis dedos apenas lo tocan —dije.

Era verdad. Ahora las letras aparecían en series, una después de otra. Pero el problema era que no tenían ningún sentido. Dijimos el nombre de las letras en voz alta para que las registrara el grabador y después escuchamos la grabación. Decía:

TGRATWEBYSWGRSNW

—No te entendemos —dijo Elizabeth

— ¿Querrías probar otra vez?

Nuestras instrucciones decían que teníamos que hacer las preguntas en voz alta.

TWA URVPTMITNXNY

Tampoco tenía ningún sentido. Era inútil tratar de separar las letras. Era una jerigonza total.

—Todavía no renunciaremos —dijo Elizabeth

— Sigue, quienquiera que seas.

Si bien las letras carecían de significado, el movimiento del indicador seguía haciéndose más fuerte. Giraba en un amplio círculo, como si estuviera generando energía, y después iba hacia las letras y se detenía muy clara y deliberadamente en cada una.

TNGRDIOIOIO.

Nada discernible aún. Mi espalda estaba cansada y me sentía con deseos de abandonar.

—Sigamos, por favor —dijo Elizabeth al tablero.

Entonces, súbitamente, las letras empezaron a decir algo.

TWACONOZCOREPO

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Donald  Repo

Detuvimos la cinta, escuchamos nuevamente las letras, las anotamos y las separamos.

TWA CONOZCO REPO

Inmediatamente me pregunte si podría tratarse de una selección de letras fruto del azar. Julián Huxley postuló una vez que si seis monos se sentaban ante seis máquinas de escribir y tecleaban al azar hasta el infinito, eventualmente escribirían todos los clásicos de la literatura en orden correcto. Nuestras letras podían ser una completa coincidencia.

— ¿Quién está con nosotros? —Preguntó Elizabeth—.

Deletree el apellido, por favor. Hubo más jerigonza indescifrable, que reforzó mi teoría de que la única secuencia que tenía sentido era producto de un disparo en la oscuridad. Entonces Elizabeth preguntó:

—Mencionaste a “Repo”. ¿Es correcto?

El indicador fue hasta SI y se detuvo.

Después regresó a las letras y siguió deletreando. En cada serie, deteníamos el grabador, anotábamos las letras y tratábamos de separarlas en palabras.

GPNE TO TO UN POSNTN

Nuevamente no tenía sentido.

— ¿Se trata de un lugar? —preguntó Elizabeth.

El indicador se deslizó rápidamente hasta SI.

— ¿En esta tierra? —preguntó Elizabeth.

Ahora el indicador fue hasta NO.

— ¿Dónde? —preguntó ella.

INFUTE INFINITO

Empezaba a ponerse más interesante.

— ¿Qué más puedes decirnos? —preguntó Elizabeth.

TWA 727 CHICAGO

Entonces las preguntas y respuestas empezaron a salir rápidamente, una tras otra:

— ¿Eres miembro de tripulación de TWA? SI.

— ¿Estás muerto? SI.

— ¿Has muerto en un accidente? SI CONOZCO A REPO

— ¿Cómo te llamas? REPO

— ¿Cuál es tu nombre de pila? DON

— ¿Estás hablando directamente? NO

— ¿A través de quién estás hablando? TWA

— ¿Tienes un mensaje? SI

— ¿Para quién es el mensaje? JOHN

—El apellido, por favor.

FULLER Empezaba a sentirme incómodo. Mientras sucedía todo esto, vigilaba las manos de Elizabeth. Sus dedos seguían tocando el indicador con el más leve de los contactos. Estaba seguro de que yo no movía el indicador. Constantemente podía sentir cómo se alejaba de mí, de modo que tenía que mover mis dedos para que no se me escapara. Elizabeth quiso seguir con el interrogatorio.

— ¿Cuál es el mensaje? —preguntó al tablero.

—QUE DEJE DE PREOCUPARSE

— ¿Que deje de preocuparse de qué?

—NOMBRES

Al planificar la redacción del libro, constantemente me preocupaban los nombres de las personas que me habían dado tanta información. Lo último que deseaba era poner a alguien en peligro de perder su empleo. Mucho material me había sido proporcionado en forma confidencial. Esta era una verdadera preocupación. ¿Pero cómo sabía eso el inanimado tablero Ouija… o si se trataba de Repo, cómo lo sabía él? ¿Y cómo sabía él llegar al tablero, directa o indirectamente? Necesitaría mucha más confirmación para creer.

— ¿De veras Don Repo está en el tablero? —pregunté.

—SI —Deletrea tu nombre, por favor.

DON REPO

— ¿En qué clase de avión te encontrabas cuando sufriste el accidente? —continué.

1011.

Esto era interesante. Sabía que los miembros de las tripulaciones de cabina se referían al avión como el L-1011, y que los miembros de las tripulaciones de vuelo usaban solamente la forma abreviada de 1011. Estaba decidido a insistir.

— ¿Cuál era el número del L-1011 que se estrelló? —pregunté.

— ¿Número de vuelo?

401

Todo eso era correcto. Para entonces me había convencido de que ni Elizabeth ni yo estábamos moviendo conscientemente el indicador, que el instrumento estaba deletreando palabras articuladas que provenían presuntamente de Don Repo, y que mucho de la información era exacto. Más tarde tendríamos que explorar quién era el miembro de tripulación de TWA. Además, tendría que obtener información que acerca de la cual ni Elizabeth ni yo supiéramos nada, si quería descartar nuestras mentes inconscientes como motivadoras de los mensajes que aparecían en el tablero. En ese momento, deseaba obtener toda la información que fuera posible, mientras las letras siguieran fluyendo tan libremente.

— ¿Puedes nombrar a los otros que estaban en la cabina de mando la noche del accidente? —pregunté.

BOB Y STOCKSTILL

— ¿Qué compañía?

— EAL

Esa era la denominación oficial de la Eastern. Los nombres de los miembros de la tripulación eran correctos, excepto que usaba el nombre de pila de Loft y el apellido del copiloto.

— ¿Quién estaba en el asiento rebatible de la cabina?

DONADEAO

Aquí había un ligero error, pero no había dudas de a quién se refería, y eso era correcto. Ahora era el momento de ir a los hechos que la entidad que se identificaba como Repo tenía que conocer, pero que fueran ignorados por Elizabeth y por mí. Por lo menos, la información que estábamos obteniendo era clara y correcta. Cómo la estábamos obteniendo era otra cuestión. Parecía totalmente absurdo que un juguete pudiera proporcionar información que podía penetrar el muro entre lo conocido y lo desconocido. Tenía plena conciencia de lo ridículo que podría parecer esto en letra de imprenta, y dudaba si continuar con el procedimiento. Recordé las palabras del profesor Hyslop que había leído: Los hechos deben probar que la fuente del fenómeno es lo que dice ser, y esta identidad personal del desencarnado significa que la persona difunta relatará hechos de su conocimiento personal y que los relatará en tal cantidad y con una cualidad tal que no queden de su existencia más dudas que las que quedarían si hubiéramos recibido noticias del mismo incidente por medio del telégrafo o del teléfono. Solamente de esta manera podemos demostrar que la inteligencia involucrada es ajena al médium a través de quien llegan los hechos. Todavía no habíamos llegado a ese punto, de ningún modo. Pero era imposible resistirse a continuar.

Mi decisión de seguir adelante con más experimentos sobre el tablero Ouija fue tomada con renuencia. Tendría que soportar bromas de mis colegas y amigos, y sabía que las habría, y muchas. Cualquier información que surgiera tendría que ajustarse a los términos rígidos c inflexibles del profesor Hyslop. Los hechos tenían que ser tan concretos como los que llegan por teléfono o telégrafo. Hechos que pudieran ser verificados. Esto no sería fácil con las dudas que yo tenía. Antes de que Elizabeth y- yo siguiéramos adelante, llamé a Nueva York para hablar con Rich Craig y su esposa a fin de pedirles más detalles de lo que podíamos esperar. El volvió a decirme que aunque podía surgir información precisa, mucho material falso confundía frecuentemente las cosas. Por lo tanto, el proceso de clasificación era muy importante. La interferencia de la estática, teorizó él, podía venir de entidades deseosas de disfrazarse de fuentes legítimas y que eran muy hábiles para hacer eso. La única forma de asegurarse era una verificación constante. También sugirió que quistas Elizabeth pudiera trabajar sola en el tablero, en vista de su marcada sensitividad psíquica. Desechando los peligros, seguimos adelante, pero pusimos cuidado de cerrar las cortinas a fin de que un visitante o alguien que pasaba no pensaran que nos habíamos vuelto locos. En la sesión siguiente, pregunté al supuesto Don Repo si estaba deseoso de comunicarse. Obtuvimos respuesta afirmativa. Después de pedirle que deletreara su nombre como confirmación, continuamos. El indicador movióse rápidamente y con firmeza, pasando sobre las letras del alfabeto v haciendo círculos pequeños sobre la letra o el número elegido, para detenerse en seguida por completo.

¿Cuál fue la causa básica del accidente? -pregunté.

TREN DE ATERRIZAJE DELANTERO

¿Cuál fue la comprobación básica de la Oficina de Seguridad en el Transporte?

CAP NU STRUT ERROR DEL PILOTO

La primera parte estaba enredada, pero parecía hallarse en la pista. La primera respuesta sobre el tren de aterrizaje era básicamente correcta. Pero, por supuesto, se trataba de información que yo ya conocía. Y aunque me hallaba totalmente convencido de que ni Elizabeth ni yo estábamos moviendo el indicador, información de ese tipo no resultaba aceptable según las condiciones de Hyslop. Sin embargo, quedé impresionado.

— ¿Puedes aclarar?

CAPITÁN NO VERIFICO PSA SEGUNDO TREN DI-ATERRIZAJEPESTOELSPUAL LA RUEDA

Esto también estaba mezclado, como si estuviera irrumpiendo una señal de radio o “se fuera la onda”. Tal vez nos estábamos perdiendo algunas letras, o quizás leíamos mal algunas. Cualquiera que fuera la situación, el mensaje era sólo parcialmente articulado.

— ¿Fuiste visto con claridad por los miembros de las tripulaciones y los pasajeros cuando reapareciste en los L-1.011?

ALGUNOS ME VIERON OTROS NO.

— ¿Apareciste ante miembros de tripulaciones que conocías antes del accidente?

HABITUALMENTE

Ahora las palabras eran claras, sin debilitamiento aparente de la señal, cualquiera que fuera la fuerza de esta extraña energía. Traté de pensar en algunas preguntas cuyas respuestas no conociéramos ni Elizabeth ni yo, y que sin embargo pudieran ser rápidamente verificadas.

— ¿Puedes darnos el nombre de pila de tu esposa?

SASSY

Era un nombre extraño:

Sássy. — ¿De veras es ese?—pregunté.

Podía ser un apodo. NO

— ¿Cuál es el nombre correcto? ANICE

—Deletrea nuevamente, por favor.

ALICE

Estaba seguro de que en alguna parte de mi material de investigación había información sobre la familia de Repo que todavía no había verificado. Pasé cerca de media hora revisándola, y finalmente encontré un recorte de diario con esa información. El nombre era Alice, y se lo llevé a Elizabeth.

— Esto es una evidencia bastante buena —dijo ella.

—Sé que no lo sabía de antes —dije—, pero el bueno y viejo profesor Hyslop probablemente diría que lo había notado antes y que lo olvidé.

—Sí —dijo Elizabeth —, pero usted no estaba guiando el indicador, ¿verdad?

No lo estaba guiando y así se lo dije.

—Sea una buena evidencia o no —dijo ella—, indica que estamos en comunicación con Don Repo. Sigamos.

El recorte tenía los nombres de otros parientes de Repo, y decidimos verificar algunos, aunque eso no serviría como evidencia en vista de que ahora podíamos ver conscientemente cuáles eran los nombres.

— ¿Puedes darnos los nombres de una de tus hijas?

DONNA

Era correcto. Donna era ella misma auxiliar de a bordo en la Eastern, decía el recorte.

— ¿Puedes darnos el nombre de pila de una de tus hermanas?

—Había cuatro en la lista. El tablero deletreó correctamente los nombres de dos.

MARY ANN

Había dos más, y yo quise obtener más verificación.

— ¿Puedes nombrar a las otras dos? —pregunté.

Sin vacilación, el indicador deletreó rápida y firmemente: MIRA EL RECORTE QUE TIENES EN LA MANO

Esto fue sorprendente inesperado. Empezaba a parecerme que cualquier cosa que fuera esta energía o inteligencia, era alerta y perceptiva, y también dueña de cierto sentido del humor.

— ¿Tienes algún mensaje general para nosotros? —preguntó Elizabeth.

TELEFONEAR A DONNA

Este mensaje planteaba un punto que me había estado inquietando durante toda la investigación del asunto. Había pensado que sin tener en cuenta si este resultaba ser una leyenda o una realidad, tenía que ser escrita como una alegoría impersonal Quería evitar las personas en todo lo posible, y profundizar en las cuestiones más amplias de la fragilidad de la vida, como quedaba en evidencia en el accidente del avión, y en la cuestión de si vivimos después de la muerte. Parecía que el libro sería una seria investigación filosófica o metafísica sobre estas cuestiones, ilustrada por una historia de la era del jet que provocaba preguntas que aún carecían de respuesta científica. Pero los incidentes de los L-1011, servirían solamente como trampolín esclarecedor. En realidad, no importaba qué línea aérea o avión o tripulaciones estuvieran involucrados. Eastern, o Repo, o Loft, o los demás no estaban involucrados como personalidades. Para mí, la cuestión era que en esta época moderna podía haber una leyenda, basada en hechos, que podría afectar nuestras perspectivas y formas de pensar, para hacerlas menos limitadas, menos constreñidas por un chaleco de fuerza. Si el material resultaba verdadero, entonces mucho mejor. El mismo provocaría reflexión e interés sobre la gran pregunta de si vivimos después de la muerte. Ahora, con la respuesta que presuntamente provenía de Don Repo, no podía evitar entrar en una historia personal si seguía la indicación claramente deletreada:

TELEFONEAR ADONNA

Vacilaba en hacerlo por otras razones. No había forma de saber cómo la había afectado el accidente. Quería molestar lo menos posible. En circunstancias ordinarias de periodismo, lo primero que habría hecho era comunicarme y enfocar la historia desde ese ángulo. Pero desde el comienzo se hizo evidente que esto no era periodismo ordinario. La naturaleza del asunto exigía que llegara más lejos, manteniendo al mismo tiempo una perspectiva racional.Por primera vez, empezaba a sentirme un poco intimidado por los extraños mensajesque surgían del tablero Ouija. Había en las palabras un críptico sentido de mando. No podía saberse cuál sería la próxima letra en aparecer. Cuando esperábamos una cosa, resultaba otra. La mayor parte del tiempo teníamos que esperar hasta escuchar las letras en el grabador, para saber cuál era la secuencia de palabras. Muchas preguntas estaban en nuestra mente: ¿Por qué la primera media hora en el tablero había proporcionado solamente una jerigonza? ¿Por qué algunas frases coherentes se interrumpían en la mitad? Si se trataba actualmente de un Don Repo desencarnado, ¿cómo sabía cuando presentarse? ¿Qué método de propulsión movía al indicador, ya fuera incoherente o coherente el mensaje? ¿Cómo era que parecía conocer nuestros nombres? Decidimos seguir adelante.

— ¿Tienes algún mensaje para Donna, si la llamamos? —preguntó Elizabeth.

QUE OLVIDE A PAPA JOHN DEBE LLAMARLA POR TELEFONO DECIRLEQUE ESTOY BIEN TRABAJANDO MUCHO

— ¿Algún otro mensaje para ella? —preguntó nuevamente Elizabeth.

QUE SEA BUENA CHICA LA AMO MUCHO

Los dos experimentamos una intensa y conmovedora sensación. Seguía tratando de evitar ubicarme en una situación personal. Sentía que lo que hacía falta era más información probatoria. Como confirmación, Don, menciona tres cosas que verificaste en la recorrida previa al vuelo —dije. Me sorprendí usando el nombre “Don”. Me sorprendí a mí mismo con la guardia baja pues no había aún suficiente evidencia de que estábamos realizando una verdadera comunicación. Elizabeth inclinábase a aceptar la idea más que yo.En respuesta a mi pregunta, fueron formándose las palabras:

RUEDASINSPECCIÓN VISUAL TREN DE ATERRIZAJE DELANTERO NEUMÁTICOS

— ¿Alguna otra información?—pregunté.

CAPITÁN MANO PANEL LUCESCERCA INGENIERO DE VUELO

No pude entender esto, pero su respuesta sobre la “recorrida” estaba de acuerdo con los hechos. Insistí pidiendo más detalles técnicos.

— ¿Que hizo el piloto antes del accidente? —pregunté.

LIBERO CONTROLESACCIDENTALMENTE

Esto también era correcto. Seguí con una serie de preguntas:

— ¿Quién está aquí en el tablero?

DON REPO

— ¿Puedes confirmar el nombre del piloto en aquel momento?

STOCKSTILL

Esto era correcto, porque él había asumido los controles.

— ¿Alguna otra cosa que puedas decirnos?

EL PILOTO AMIGO DE EVERGLADESTIENE MAS HERIDAS PARA NOSOTROS PILOTOS EN TRIPULACIÓNEASTERN EN AQUELLA CASA LAS MUCHACHAS ME VEN EN HORNO DECOCINA SALIERON LOS RATONES DE ESE ARMARIO DE LA FAMILIA

Este mensaje era incoherente, pero había ciertas afirmaciones claramente evidentes. La más importante era el mensaje sobre haber sido visto en los hornos de las cocinas. La referencia a “amigo de Everglades” podía corresponder a algún guardia costero de los que intervinieron en el rescate. Lo más desconcertante y aparentemente ridículo era la pregunta: ” ¿Salieron los ratones de ese armario de la familia?” Eso no significaba nada para Elizabeth ni para mí, y descartamos la idea de tratar de hallarle algún sentido. Sólo más tarde comprobamos que estuvimos muy equivocados al hacerlo. Tampoco la secuencia siguiente tuvo en el momento ningún sentido para nosotros. Se relacionaba con una moneda que había que buscar, pero no le hayamos sentido. La secuencia terminaba con:

IR AL CESTO DE PAPELES MONEDAS ALLÍHABITACIÓN DE LOS MUCHACHOS

Nuevamente quedamos perplejos y desconcertados. Algo de la información parecía muy cerca de proporcionar elementos probatorios. Y sin embargo, todavía no se ajustaba al cartabón que había indicado Hyslop. Hasta recibimos un mensaje sobre la afición de Don por la cerveza. Pero súbitamente, el tono cambió y en el tablero salieron varias respuestas que nada tenían que ver con las preguntas que hacíamos:

IR A TRABAJAR EN LA HISTORIA TELEFONEAR HOY A DONNAVUELVE A TRABAJAR HAY QUE ESCRIBIR LA HISTORIAESTAS PERDIENDO TIEMPO EMPIEZA A ESCRIBIR VE A TRABAJAR VE ALA MAQUINA DE ESCRIBIR PARA VER LLAMA A DONNAHOY NO USEN MAS EL TABLERO WIJI ESCRIBE LA HISTORIA HASTAMAÑANA REPO ADIÓS

Elizabeth y yo habíamos estado una hora ante el tablero. Nos sentíamos exhaustos. Me interesó la forma en que deletreó tablero “wiji”. Ni Elizabeth ni yo lo deletreábamos en esa forma. Esto me pareció una pista bastante interesante para verificar la validez. Pero lo que me inquietaba era la aparente insistencia en que me comunicara con Donna. Ello provocaría un cambio marcado en la dirección del asunto; de lo impersonal a lo personal. No tenía idea de si Donna se mostraría receptiva a la idea de compartir su información. Sería totalmente ridículo decirle que había estado en comunicación con su padre. Y sin embargo, más pensaba en ello y más empezaba a sentir que era necesario ponerme en contacto con Donna y con la señora Repo, sin tener en cuenta los mensajes que habían surgido a través del tablero. Por impulso, me senté y escribí una carta a Donna, después de telefonear a un amigo en Miami para que buscara la dirección en la guía. Era una situación delicada y yo no sabía cómo enfocar el tema.

Finalmente escribí:

Estimada Donna Repo: Estoy en el proceso de escribir un relato sobre la tragedia del L-1011, que en ningún modo hará quedar mal a la tripulación de vuelo de la Eastern Airlines. El tema subyacente en la historia es muy simple: la fragilidad de la vida, y la importancia de la vida después de la muerte. En la investigación previa que he realizado, por supuesto que he encontrado una enorme cantidad de material sobre las apariciones de la tripulación del Vuelo 401 en las cocinas y otras partes del Avión 318, y varios otros. Este material, a su vez, relacionase estrechamente con el tema. Parte del mismo podría interesarle Me gustaría mucho compartir con usted algo del material que he reunido en muchos meses de investigación, la mayoría reunido por Elizabeth Manzione, mi asistente investigadora, quien ha sido auxiliar de a bordo en la Northwest Orient Air Lines durante los últimos siete años. A los dos nos gustaría conocerla, y tenerla como nuestra huésped para cenar cuando vayamos a Miami en las próximas semanas…Elizabeth y yo nos liemos encontrado con muchos amigos suyos durante la investigación, de modo que sentimos casi como si la conociéramos. Gracias por adelantado por su interés, y mis mejores saludos, Cordialmente, John G. Fuller.

Despache la carta. Elizabeth y yo hicimos varias sesiones más con el tablero Ouija. Los mensajes fueron similares a los de nuestros primeros intentos y resultaron básicamente correctos y coherentes en lo relativo a los aspectos técnicos del avión. También demostraban el sentido del humor de Don Repo. Todos aquellos con quienes hablé sobre él. Acentuaban esta característica de su personalidad, que parecía ser su característica dominante. Yo todavía andaba en pos de más información directa que pudiera ser verificada. En una sesión con el tablero, pregunté:

¿De qué Estado eras antes de venir a Florida?

Las letras se movieron nuevamente con rapidez:

NUEVA YORK TEXAS KANSAS ISLÁND MAINE CALIFORNIA BOSTONATLANTA GEORGIA DIFICIL DE VERIFICAR

– Por favor, sé serio. Don -dijo Elisabeth.

El indicador siguió moviéndose.

VER ST. LOUIS EN VEZ DE CAROLINA DEL SUR A VECES ERA LOUISIANA

— ¿Por qué haces esto, Don? —Preguntó Elizabeth—.

No eres serio.

ME DIVIERTE BROMEAR CONTIGO

Debió estar refiriéndose a la variada cantidad de lugares donde debió haber estado durante el servicio.

— ¿Cuáles son las principales secciones del avión donde tú apareciste? —pregunté

SECCIÓN CLASE TURISTA HORNO COCINA

Elizabeth preguntó al tablero:

— ¿Cuáles son las razones para que hayas vuelto, Don?

HOY QUIERO JUGAR

—Se serio, Don —continuó Elizabeth—.

¿Cuáles son tus razones para volver?

A DON LE GUSTA BROMEAR AQUÍ EN ESPÍRITU VEN QUE ME GUSTAHACER BROMAS

Cualquier cosa que estaba sucediendo, de las letras ordenadas estaba surgiendo una personalidad. Elizabeth y yo empezamos a sentir un auténtico afecto hacia él, pese a lo confuso que era todo. Esperamos pacientemente noticias de Donna Repo, pero durante una semana no llegó ninguna carta. Finalmente, mi carta vino de vuelta, con un sello: “Devolver al remitente no existe esa dirección”. Finalmente pude localizar la dirección de la señora Repo, y le envié a ella la carta para Donna. Nuevamente esperamos, pero cuatro días después de despachar la carta recibí una llamada telefónica. Era de Donna Repo, que llamaba desde Miami. Me alivió comprobar que se mostraba cordial y receptiva.

—Tengo que contarle una cosa extraña —dijo—.

Su carta llegó a casa de mi madre y ella me la trajo. Mencionó que su nombre le sonaba familiar, pero no podía recordar dónde lo había oído. Abrí la carta y la leí después que ella se marchó. Francamente, no quería hablar sobre los hechos. Muchas veces había oído mencionar los incidentes de las apariciones, pero las tripulaciones de vuelo no querían hablar directamente conmigo. Creo que se sentían embarazados. Creo que yo no hubiera podido creerles a menos que me hubiera sucedido a mí.”De todos modos, estaba por arrojar su carta al canasto cuando mi madre me llamó por teléfono. Ella había ido a su casa, tratando de pensar dónde había visto el nombre de usted. Entonces recordó. Pocos días antes un amigo habíale prestado el ejemplar de un libro. El amigo dijo que el libro era muy interesante. Resultó uno de sus libros .Arigó:El cirujano del cuchillo oxidado.

Mi madre lo leyó y lo encontró tal como le había dicho su amigo.”Fue solamente cuando llegó a su casa después de traerme su carta, que miró la tapa del libro y advirtió que el nombre del remitente del sobre era el suyo. Me llamó y me dijo que estaba muy interesada en hablar con usted. También dijo que le gustaría compartir con usted algunas experiencias que ha tenido desde la época del accidente. De modo que nos sentiremos felices de aceptar su invitación”. Quedé complacido y aliviado, aunque ello haría que la historia pasara de lo impersonal a lo personal. Elizabeth estaba ocupada en arreglar más entrevistas, pero cuando más tarde la vi, quedó muy contenta.

— ¿Ve alguna especie de señal cósmica aquí? -me preguntó.

Su tono era travieso.

— ¿Qué quiere decir? —dije.

—Si su carta hubiera llegado la primera vez, habría sido arrojada a la basura.

— Eso es ridículo —dije.

— ¿No es eso lo que le dijo Donna Repo?

—Bueno, tal vez.

—Usted es imposible —dijo Elizabeth—.

Si la carta hubiera llegado antes de que la señora Repo leyera el libro, Donna la habría arrojado a la basura. ¿Qué hace falta para convencerlo? ¿No cree que este es un aspecto importante?

—Si podemos verificarlo —dije — .

Muy importante.

— Pero está verificándose.

¿Cuántas pruebas más necesita usted?

Parece que está resistiéndose a todo lo que le cae en sus manos.

—Tal vez sea por eso que me resisto —dije — .Como dije antes, parece demasiado fortuito.

-Tiene que tener más fe —dijo ella.

—Muy bien —dije—.

Probemos el tablero ahora mismo. Si es verdad, Don debe saberlo. Veamos qué tiene que decir. Sacamos el tablero. Elizabeth hizo la pregunta habitual:

— ¿Estás aquí, Don?

SI

— ¿De modo que sabes lo que ha sucedido hoy?

LLAMADA DE DONNA

— ¿Qué sientes sobre eso?

CONTENTO SU PADRE ES BUENO CON LA HIJITA MI SEÑORA SABE QUE LAAMO

— ¿Qué pensamos hacer cuando nos encontremos con ella?—pregunté.

Mi escepticismo, que era benévolo pero insistente, empezaba a desvanecerse. Llegó entonces la respuesta:

LLEVARLAS A CENAR

— ¿Cómo sabes eso, Don? —pregunté al tablero.

VEN QUE DON ES LISTO

—Veo que tienes sentido del humor —dije.

SI HAGAN FELIZ A MI ESPOSA DÍGANLE HOLADE PARTE DE DON.

La cena fue convenida para el domingo 7 de marzo de 1976, en el Marriott Hotel, cerca del Aeropuerto Internacional de Miami. Esperé la ocasión con cierto recelo. El cambio de historia teórica a una profundamente personal era importante. Me sentía muy reacio a contarles a Donna y Alice, Repo de los extraños mensajes que habíamos recibido por el tablero, que había empezado casi como un experimento clínico. Ahora tendríamos quetratar con seres humanos muy reales y con una ecuación humana desconocida.Y el tema iba más allá de las personalidades individuales. Relacionábase con una cuestión que toda la humanidad enfrentaba, lo quisiera o no. Don Repo estaba surgiendo de una sombra hacia la realidad. También estaba convirtiéndose en un símbolo muy real. Cualquiera que fuera el resultado de nuestra reunión, sabía que yo respetaría los sentimientos de los Repo, y seguiría sus deseos en todos los sentidos. Donna Repo era alta, esbelta, atractiva hasta ser hermosa. Su madre era agraciada, afable y juvenil. Casi desde el momento en que entraron en la habitación del hotel, no hubo nada de la tensión que yo había temido. Alice Repo era serena y segura. Parecía admirablemente capaz de ¡sobrellevar su pena. Su inmediata reacción a la larga serie de informes acerca de las apariciones de su marido en los L-1011, fue que ella no las descartaría de ningún modo. Hablaba de Don con un afecto profundo y simple. Obviamente, habían sido muy unidos. También era obvio que Donna adoraba a su padre. Ninguna mostrábase morbosamente sentimental hacia él. Sus recuerdos eran frescos y espontáneos, suavizados por los tres años transcurridos desde el accidente, que habían levantado el velo del duelo sin destruir la nitidez de los recuerdos. Alice Repo esbozó vividamente la personalidad de Don. El disfrutaba auténticamente de cada día de vida, dijo. Le encantaba la vida al aire libre y tenía una profunda afición a los pájaros. Su vida estuvo señalada por la acción. Nunca quería hacer las cosas; simplemente las hacía. Cuando lo acometía un impulso y tenía varios días libres, llevaba a Alice y los niños a Canadá en un viaje de campamento. Cuando volaba en transportes militares a Alemania, insistía en que Alice y los niños fueran allí de vacaciones con él. Cuando esto era imposible, traía generosos regalos del extranjero para familiares y amigos. Era desprendido y generoso hasta la exageración. Una vez trajo un juego completo de neumáticos Michelin para su hijo John, cargándolos personalmente a través de varios cambios de aeropuerto. Su característica más marcada era su chispeante sentido del humor. Nunca dejaba de hacer un chiste o una broma. Eran su marca de fábrica. Era querido, popular, apuesto. Pero nunca dejaba su alegría en la puerta; su alegría y amor por la vida los llevaba consigo hasta dentro del hogar. Donna Repo reveló que estaba perpleja y desconcertada por los constantes informes sobre sus reapariciones. Su reacción inicial fue de escepticismo, pero la insistencia de las versiones la hizo dudar. Sabía que otros miembros de tripulaciones no querían hablar con ella de los incidentes, por consideración hacia ella. En un sentido, era una pena. Ella habría hablado libremente para tratar de llegar al fondo de la cuestión. Todavía no sabía qué hacer con eso. Afirmaba que no creía ni dejaba de creer y que mantenía la mente completamente abierta. Pensaba que sus colegas se mostraban sobreprotectores. Había otras cosas que habían estado pasando en relación con Alice Repo y que eran desconcertantes. Ella se las había mencionado solamente a amigos íntimos y familiares. El primer incidente sucedió alrededor de un año antes del accidente del Vuelo 401. Ella recibió una llamada telefónica de Don, quien acababa de llegar de un viaje. Siempre llamaba a Alice al regresar, y esta no fue una excepción. Preguntó si podía llevar algo a casa desde el supermercado, pero Alice le dijo que no hacía falta nada por el momento. Cortaron la comunicación. Pero a los pocos segundos el teléfono sonó nuevamente. Era una voz masculina desconocida. Anunció una cosa: su esposo Don acababa de morir en un accidente. Al principio Alice quedó conmocionada, y después comprendió que Don no había podido llegar todavía a su automóvil desde el aeropuerto. La despreció como una broma macabra de pésimo gusto, y no entendió cómo alguien podía ser tan depravado para hacer una cosa así. Cuando Don llegó en la próxima media hora, ella selo contó. Ninguno pudo imaginar por qué alguien contaría una historia tan descabellada. Se encogieron de hombros y olvidaron el asunto. Alrededor de un .mes antes de la tragedia del Vuelo 401, Don llegó a casa de un viaje dando muestras de un humor reflexivo. Le dijo que no había visto la hora de llegar a casa y que quería decirle lo mucho que ella significaba para él y lo mucho que ella amaba. — Fue mucho más intenso de lo habitual —recordó Alice . Pensé mucho en ello. Finalmente le dije a mi amiga Elsie que me sentía asustada. Las cosas que me dijo Don. Era casi como si estuviera tratando de decirme más de lo que debiera. Cuando llegó la temporada de las fiestas de 1972, los pensamientos y dudas desaparecieron de la mente de Alice. Pero la mañana del viaje de Don en el Vuelo 401,sonó el teléfono y contestó Alice. Eran los de programación de tripulaciones con la llamada de rutina para la misión. Alice dejó el auricular y fue a buscar a Don, quien estaba en el garaje. Cuando iba hacia el garaje, la acometió una impresión súbita. Era una voz idéntica a la que le había hecho la macabra broma hacía casi un año. Alice se estremeció, pero llamó a Don al teléfono y trató de sacarse esa sensación de la mente. Don terminó su conversación telefónica. Alice no dijo nada de lo relativo a la voz.

— ¿Qué te parece? —Dijo Don — .¿Debo ir en este viaje? No tengo obligación, porque no es mi turno regular. Pero sí voy estaré de regreso para la víspera de Año Nuevo. ¿Qué te parece? Como siempre, Alice dejó la decisión a Don. No tenían planes especiales para las fiestas, de modo que no importaba la decisión que tomara. Don decidió viajar. Era un viaje de ida y vuelta, de modo que esa misma noche estaría de regreso. Después que él partió, Alice no podía sacarse esa voz de su mente. Don se marchó alrededor del mediodía para el viaje hasta Nueva York, y a eso de las 20, del 29 de diciembre de 1972, llamó a Alice desde el aeropuerto Kennedy. Estaba animado y alegre. Parecía que el Vuelo 401 partiría a horario, y que él estaría de regreso poco después de medianoche. Estaba contento de haber aceptado el viaje porque quedaría libre para las fiestas.Esa fue la última vez que Alice habló con Don antes del desastre. Esa noche se acostó temprano y durmió hasta las 4 de la mañana siguiente. Mientras ella dormía, su hijo John estaba mirando el noticiero de la TV, pues se hallaba en casa de vacaciones de la Universidad de Florida, en Gainsville. En el momento en que dieron la noticia, John corrió al teléfono y llamó a Donna a su departamento. Ella vino inmediatamente. Fueron al hospital y les dieron la información de que Don estaba con vida y que parecía que la única herida que tenía era una pierna fracturada. Despertaron a Alice para contárselo y fueron precipitadamente al hospital. Cuando llegaron fue evidente que las lesiones eran considerablemente más graves que una pierna fracturada. Pero Don era un luchador. Después de una larga operación, todavía estaba consciente. Cuando Alice entró en la habitación, él la reconoció inmediatamente y le apretó la mano. Llegó un sacerdote y Don lo llamó por su nombre. Típicamente, se revelaba contra el tratamiento y la rutina del hospital. Le molestaban los tubos en su nariz y quiso que Alice se los quitara. —Don amaba a los pájaros —nos contó Alice Repo a Elizabeth y a mí cuando estábamos en la habitación del hotel—. Teníamos en nuestro patio un alimentador para pájaros. El tomaba café y observaba como comían los pájaros. El día que Don murió, llegamos a casa del hospital alrededor de las ocho y media de la mañana. Mi madre estaba en la cocina. Me llamó, y dijo: “Alice, ven a ver esto”.

Fui a la cocina y miré hacia el patio cerrado con tela metálica. Había por lo menos treinta pájaros allí, volando de un lado a otro. Habitualmente mantengo la puerta de tela metálica ligeramente abierta para que entren y salgan nuestros perros. Y muy de tanto en tanto, un pájaro, o tal vez dos, se meten por allí. Cuando lo hacen, tomo la escoba para guiarlos hacia afuera. Tal vez había visto uno o dos pájaros entrar allí antes, pero esto era extraño. Me pregunté qué tenía que hacer porque nunca antes habían encontrado la salida sin ayuda de la escoba. Pero aquel día, salieron súbitamente por la angosta abertura de la puerta como habían entrado, los treinta. Nadie tuvo que guiarlos. Me dije que bueno, que habían venido a despedirse de Don. Lo supe porque él amaba tanto a los pájaros. Sé que cuando el dolor la golpea a una, se hacen todas clases de interpretaciones de cosas que pueden ser nada más que imaginación. Pero aún hoy estoy convencida de que esa fue una especie de señal de que Don iba a dejarnos. Mientras seguíamos hablando largamente aquella tarde en Miami, se hizo evidente que ni Donna ni Alice eran propensas a la exageración o la inestabilidad. Recordaban que no les permitieron verlo durante sus últimas horas de vida. Exactamente a las 31 horas del accidente, murió. En el funeral, el ataúd estuvo cerrado. La pena y la angustia fueron casi insoportables para Alice. La familia, muy unida, la consolaba y la rodeaba de amor. Hubo varias cosas que siguieron durante el largo período de duelo, tanto desconcertantes como vividamente reales. Alice recordaba que una noche despertó sintiendo un fuerte olor a Vitalis en la almohada junto a ella. Don siempre había usado Vitalis, pero cuando esto sucedió hacía más de un año que no había ese perfume en la casa. Las almohadas eran nuevas y limpias. Pero el olor era tan fuerte que la despertó. Dio vuelta la almohada con la esperanza de que se desvaneciera; el recuerdo era demasiado doloroso. Pero no desapareció hasta el día siguiente. Otra noche, un tiempo después de eso, se despertó y sintió a Don a su lado en la cama. No era un sueño. Estiró el brazo y sintió inequívocamente la mano de él. Durante mucho tiempo, el anillo de casamiento de él había tenido una melladura claramente discernible. Cuidadosamente, ella deslizó la mano hasta el anular de él. El anillo estaba allí. Deslizó los dedos sobre su superficie; la melladura también estaba. El incidente no la asustó. Solo sintió paz y amor. Después hubo otras señales de que Don estaba tratando de comunicarse de algún modo con ella. Durante algunos de sus momentos de dolor, un pájaro aparecía en su ventana como tratando de consolarla. Una monja le llevó un pequeño obsequio; cuando ella lo abrió, resultó ser una paloma de cerámica blanca, uno de los pájaros favoritos de Don. La monja dijo que no tenía idea de por qué la había elegido; no tenía idea de la predilección de Don por ese pájaro. Estaba acercándose la hora de cenar. Fuera de las ventanas de la habitación del hotel, encendieron las luces del patio. Elizabeth y yo temíamos cansar a Alice y Donna con nuestras preguntas, pero ellas nos aseguraron que no las molestábamos. Ella y Donna habían aprendido a vivir con su pena. Compartimos con ellas algunos de los informes que habíamos reunido. Se mostraron interesadas, y hablaron del interés y amor de Don por los aviones en que volaba. Estaban convencidas de que si los informes eran verdaderos, era muy probable que a Don le hubiera gustado andar por allí sólo para asegurarse de que los aviones estaban en buenas condiciones. No sabía cómo sacar el tema de parte de la información que habíamos obtenido en nuestros experimentos con el tablero Ouija. Si alguien me hubiera dicho que había estado en comunicación con un amigo o pariente mío fallecido por este medio, yo habría quedado convencido de que esa persona había perdido la razón. Empero, nosotros teníamos alguna información desconcertante que, si resultaba verificada, crearía sólidas evidencias de verdad.

Cautelosamente mencioné uno de los mensajes que habían parecido tan desconcertantes en el tablero, sin revelar la forma en que Elizabeth y yo lo habíamos obtenido.

—Dígame —pregunté a Alice Repo—.Esta puede parecerle una pregunta de locos, ¿pero tuvo alguna vez problemas con ratones en lo que ustedes llaman el “armario de la familia”?

Donna y Alice parecieron sorprendidas.

— ¿Cómo supo eso? —preguntó Alice.

—Sé que parece una pregunta tonta —dije.

—De ningún modo es tonta -dijo Alice—.

Hace un par de meses, unos ratones hicieron un nido en el ático, sobre lo que nosotros llamamos nuestro cuarto de la familia. Durante un tiempo no pudimos librarnos de ellos. Finalmente John puso unas cuantas trampas. En realidad, no era el armario de la familia sino el cuarto de la familia; y la única forma en que podíamos entrar al ático era pasando por el armario del cuarto de la familia. ¿Cómo se enteró de eso?

Creo que Elizabeth y yo quedamos tan sorprendidos como las Repo. Una aparente tontería adquiría súbitamente sentido. Dije a Alice que le respondería después de hacerle otra pregunta tonta. Ella rio y dijo que estaría complacida en contestarla.

— ¿Puede decirme algo sobre esto? —Dije, sintiéndome todavía estúpido, pero alentado por los resultados de la primera pregunta-. ¿Tuvo Don algo que ver en relación con unas monedas en el cesto de papeles de la habitación de su hijo?.

-Esto es sorprendente -dijo Alice-. Tiene que decirme dónde se enteró de esas cosas. Don solía coleccionar monedas de un centavo con la cabeza de indio. En la habitación de mi hijo hay un barrilito lleno de ellas. ¿Pero quién se lo contó? Siento curiosidad.

Finalmente confesé que Elizabeth y yo habíamos estado experimentando con el tablero Ouija, y que habíamos recibido estos crípticos mensajes, entre otros.

-No he jugado con una de esas cosas desde niña -dijo Alice-. ¿De veras obtuvieron esa información por ese medio?.

Le aseguramos que era así, entre muchas otras cosas. Finalmente le mostré una transcripción del material que habíamos reunido durante nuestras semanas de experimentación. Tanto Alice como Donna quedaron fascinadas. Admitieron que las respuestas, las bromas, eran típicas de Don. Pregunté sobre el nombre “Sassy”. Pero Alice no pudo relacionarlo con nada. Preguntaron si teníamos el tablero con nosotros. Lo teníamos, pero lo habíamos dejado en el automóvil. Yo vacilaba. Temía que pudiera no funcionar delante de ellas, y que pudiera producirse alguna interferencia que haría que el procedimiento careciera de sentido. Sin embargo, bajé y volví con el tablero. Donna y Alice estaban serenas y dispuestas, y yo me aseguré de eso antes de comenzar. Decidimos hacer una prueba objetiva y probatoria. Alice sugirió que Elizabeth y yo preguntáramos al tablero la marca de una cerveza que a Don le gustaba. También pediríamos al tablero que identificara por su nombre al que supuestamente estaba comunicándose, y que deletreara el nombre de Alice como confirmación. Estábamos un poco tensos cuando Elizabeth y yo nos sentamos ante el tablero. También estábamos un poco cansados y hambrientos. Elizabeth preguntó:

—¿Estás aquí, Don? Si estás, deletrea tu nombre, por favor.

El indicador movióse rápidamente y deletreó:

DON.

Me sentí aliviado. Por lo menos, parecía que estábamos obteniendo resultados desde el comienzo.

—Don, ¿quiénes están aquí con nosotros ahora?

Sin vacilación, las letras formaron un nombre:

ALICE.

-¿Cuál es tu cerveza preferida, Don? —preguntó Elizabeth.

BUDWEISER ES BUENA PARA CENAR

Alice y Donna rieron.

—Suena tal como Don —dijo Alice-, pero no es la marca correcta.

Preguntamos si había algún mensaje especial, y las letras formaron:

ALICE ESTA AQUÍ LA AMO ALICE MI ESPOSA

Para tratar de eliminar errores, pregunté a Alice si quería probar el tablero con Elizabeth. Así lo hizo, y el indicador siguió moviéndose rápidamente. Le pedimos que apartara la vista del tablero para que no influyera sobre el movimiento, y que hiciera preguntas cuyas respuestas Elizabeth no pudiera conocer. Ella accedió, y el tablero deletreó correctamente las respuestas a varias preguntas personales. Donna estaba atónita.-No puedo permanecer escéptica después de esto —dijo—.Estoy realmente convencida —. Después preguntó al tablero:

—Papá, ¿sabes que recientemente me casé?

SI YO SE TRABAJA MUCHO AMA A ALICE COMOTE AMA TU ESPOSO

Donna preguntó si podía actuar en el tablero con su madre, y reemplazó a Elizabeth. El indicador se movió lentamente al principio, ganando en velocidad a medida que* Donna se fue acostumbrando a sentir el indicador bajo sus dedos. Las primeras letras formaron nuevamente una jerigonza, y después:

TE AMO TE AMO MAS ALICE AMO TAMBIÉN ADONALYN CASADA

“Donalyn” era el nombre formal de Donna, que raramente usaba.

— ¿Tienes algún mensaje para mi hermana? —dijo Donna.

COMO ESTAS MI HIJA ESPECIAL BESA A ALISON DE PARTE MÍA MIQUERIDA ALICE TE AMO

—Es curioso como deletreó Alison —dijo Donna—. Así lo deletreábamos nosotras. Alice estaba interesada en otras verificaciones.

—Don, ¿hay algún otro mensaje?

ALICE NORKO REPO TE AMO NO LO OLVIDES POR FAVOR TE AMOBUENAS NOCHES

Había lágrimas en los ojos de Alice, pero ella se mantenía serena.

—Norko. Era mi apellido de soltera —dijo—.

Es un apellido checoslovaco. Ahora no me quedan dudas.

— ¿Se siente inquieta acerca de la comunicación? —pregunté.

—En lo más mínimo —dijo Alice—.

En realidad, siento consuelo. Fuimos a cenar al restaurante en el último piso del hotel. A la distancia veíamos el Aeropuerto Internacional de Miami. Todos estábamos pensativos. Donna, especialmente conmovida y emocionada. Dijo que había perdido completamente las reservas que tenía respecto de la validez de las comunicaciones. Nosotros insistimos en que no siempre se podía contar con eso, que a menudo se producían interferencias y se obtenían mensajes falsos, que solamente el material que podía ser verificado debía ser considerado válido. Le conté de mis dudas y reservas, pero que con los resultados las mismas se estaban disipando. Después de cenar nos despedimos de las Repo. Sentíamos que habíamos llegado a conocerlas íntimamente en un tiempo muy corto. También sentíamos que conocíamos a Don Repo, con su travieso sentido del humor y su profundo afecto por su familia y su esposa. Cuando nos despedíamos, Alice Repo dijo: —Sin embargo, hay una cosa que no surgió. ¡El no les dijo cuál era la cerveza que prefería beber!.

Cuando volvimos a la habitación del hotel, no pudimos resistir y tratamos de conseguir más información. Don estaba allí, dispuesto a hablar, como siempre parecía estarlo. Le pedimos que identificara da marca y el indicador deletreó:

MEISTER BRAU.

Ninguno de los dos habíamos oído mencionar esa marca. Más tarde telefoneamos a Alice Repo. Al principio dijo que no, que no era la marca especial que ella tenía en la mente. Después nos pidió que esperáramos un momento. Cuando volvió al teléfono, dijo que estaba verificando en unos jarros de cerveza que tenía como souvenirs. Don los había traído de Alemania. Su cerveza favorita de allí, recordaba ahora, estaba mencionada en los jarros:

MARTIN’S BRAU.

Todos reímos y convinimos en que estaba bastante acertado. Elizabeth y yo bajamos para tomar una copa antes de dormir. El día había sido tan pleno, tan extraño. Toda la historia era aún tan increíble, tan difícil de asimilar. Todavía me encontraba alternando entre creer y no creer. Ni siquiera estaba seguro de que habíamos cumplido las exigencias del profesor Hyslop, de una rígida confirmación de que habíamos estado en contacto con Don Repo, donde quiera que él estuviere. De una cosa estaba seguro: habíamos llegado muy cerca de cumplir con esas exigencias. Elizabeth sentíase más confiada que yo al respecto. Más tarde le pedí que resumiera sus impresiones resultantes de todas las entrevistas y de la investigación. Lo hizo:

1. Los pilotos involucrados son ciudadanos lúcidos, con los pies en la tierra. He volado con pilotos diferentes en la Northwest durante siete años, y prácticamente todos ellos son excelentes observadores, y en lo más mínimo inclinados a exagerar.

2. Hay demasiadas personas involucradas en esta historia. Todas verificables.

3. Las descripciones que hemos recibido de fuentes ampliamente separadas son todas similares, y en muchos casos idénticas. La mayoría de las partes involucradas no se conocían entre sí, de modo que no hubo posibilidad de connivencia.

4. ¿Por qué tres miembros de tripulaciones en dos momentos diferentes,desconocidos entre ellos, se tomaron toda la molestia de exorcizar al avión?

5. ¿Por qué no se ha informado de más apariciones después de esos exorcismos?

6. Grupos de personas, incluidos pasajeros, dicen haber visto las apariciones. No todos debieron sufrir alucinaciones.7. ¿Por qué algunos miembros de tripulaciones tratan de evitar volar en el avión N°318, mientras que otros prefieren volar en los L-1011, porque creen que Repo está allí para ayudar?8 ¿Por qué se da la misma situación en lo concerniente a las auxiliares de a bordo y en relación con la cocina inferior?9. ¿Qué hubo en el incidente de Ciudad de México?10. ¿Por qué todos los miembros de tripulaciones entrevistados habrían inventado esta historia?

¡NO ES UNA BUENA BROMA!

Elizabeth tenía razón. No era una buena broma. Y algo aparentemente trivial sucedió pocas semanas después de que vimos a Donna y Alice Repo. Fue más sorprendente que una broma, porque pareció poner un punto final a los extraños mensajes como telegramas que habíamos estado recibiendo a través del tablero Ouija. Alice llamó una noche por teléfono para decir que finalmente había recordado lo que significaba la palabra “Sassy”. Se le había borrado completamente de la mente cuando estuvo hablando con nosotros en Miami. Parecía que en una época Don le había hecho bromas porque ella había aumentado un poco de peso, y había empezado a llamarla, afectuosamente, “mi amor gordita y Sassy (alocada)”. Especialmente, había acentuadola palabra “Sassy”. Ella no sabía por qué lo había olvidado cuando yo se lo mencioné. Fue extraño como un pequeño fragmento trivial como ese pudo afectar mi forma de pensar, pero así fue. El incidente pareció reflejar, fuera de dudas, que el mensaje no incluía la palabra “sassy” no pudo ser parte de las mentes conscientes de Elizabeth o mía. Era una palabra demasiado personal para ser coincidencia. Las monedas en el cesto de papeles y los ratones en el armario eran de la misma naturaleza. Juntas, las tres piezas de evidencia, carentes de significado cuando las recibimos, terminaron de convencerme de que habíamos satisfecho las rígidas exigencias establecidas por el profesor Hyslop. Fue como si hubiéramos recibido los mismos incidentes por telégrafo o teléfono”. Pero cualquiera que fuere la historia, cualquier cosa que uno quisiera creer o no creer, para mí resultó profundamente absorbente, con intimaciones definidas de inmortalidad ocultas en ella. Y realmente, una historia optimista. Don Repo parece descansar en paz. Los Whisperliners L-1011, siguen estando técnicamente entre los mejores aviones. Pese a los temores de la Eastern sobre su imagen en las relaciones públicas, estos son infundados. Don Repo y Bob Loft, si aparecieron tantas veces como se dijo, son fantasmas benévolos, tan serviciales como miembros adicionales de la tripulación. No puedo dejar de pensar que en algún lugar Don Repo, con su delicioso sentido del humor, está riéndose con nosotros, no de nosotros. Que hasta puede estar enseñándonos que en nuestra existencia hay mucho más de lo que a la ciencia materialista le gustaría que creyéramos. Y que él se convertirá en una” leyenda amable y benigna que circulará amablemente por las rutas aéreas durante mucho tiempo por venir.

Extracto  del libro “El Fantasma del  vuelo 401″ John G. Fuller (1976)
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Publicado por en marzo 23, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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