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Historia de la Parapsicología (Por J. Roca Muntañola)

23 Feb

El ser humano, desde la más remota antigüedad, sintió la necesidad de creer en la existencia de seres que pudieran adivinar el futuro, curar los maleficios y dar solución extraterrena a sus angustias terrenas.
Los principios de la humanidad se pierden en la noche de los tiempos y, con ellos, los mitos, creencias y supersticiones que, fenómenos desconocidos del mundo circundante, despertaron en la mente del hombre primitivo. La imaginación, el terror a las fuerzas de la naturaleza, a lo desconocido y la necesidad de encontrar elementales explicaciones a misterios tan insondables como el origen de la vida o el abismo de la muerte, fueron asateando la personalidad, cada vez más cultivada, del “homo sapiens”,el cual cada día daba un nuevo paso que le alejaba de las cavernas. Pero, aunque las primeras civilizaciones conocidas dieron muestras de conocimientos sorprendentemente avanzados en muchas temáticas —cosa que creo no se ha estudiado detenidamente—, no bastaban para dar respuesta a tanto hecho ignoto.
Sabemos que necesitaron, pues, de hombres semidivinos a los que se atribuyeron la posesión de poderes extra-naturales para que sirvieran de intérprestes de lo “oculto y misterioso” y dieran satisfacción a las necesidades emocionales de un ser humano todavía en la niñez de su evolución. Conocemos así la fantástica adivinación de Babilonia, como también de sus espíritus maléficos; las tradiciones míticas, y las prácticas esotéricas del antiguo Egipto; la historia del oráculo de Delfos, en la Grecia clásica y maravillosa, con sus cultivadores de la adivinación, la magia negra y la nigromancia, arte supersticiosos de adivinar el futuro por la evocación de los difuntos. (Adivinos fueron principalmente los “Selos” de quienes Homero ya hizo cumplido elogio en la Miada y la Odisea, aunque otros dicen de ella, que fue como una locura que impulsaba a algunos alienados a visitar los cementerios para la profanación de cadáveres.

EN LAS CULTURAS CLASICAS

Los Augures romanos, las prácticas míticas, y toda clase de supersticiones, fueron pasando así de un pueblo a otro, pues las creencias etruscas constituyeron un politeísmo antropomorfo similar al de los griegos, pero dominado por la ¡dea base del infierno, y el temor a las “furias” o ángeles malos…
Y vino el Cristianismo. Todos sabemos que desde sus comienzos se vio obligado el ser humano a adoptar una posición distinta contra muchísimas supersticiones que amenazaban introducirse en la doctrina predicada por Cristo. Más aún, debió hacer frente al agnosticismo, toda
una doctrina filosófico-religiosa en los primeros Siglos de la Iglesia, que mezcló creencias cristianas con ritos orientales y judaicos, que pretendían tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas. Con el tiempo el agnosticismo se dividió en infinidad de sectas, decayendo poco a poco hasta desaparecer.
Adelantando varias centurias en la Historia nos encontramos de golpe en la Europa Medieval, infestada por el ambiente de “brujería” y en la que, aun en pleno Siglo XVII, la difusión de las prácticas de hechicería continuaba siendo uno de los mayores problemas de la época. Todos conocemos las terribles persecuciones de la Inquisición contra las brujas, que revistió un carácter extremadamente sangriento. Resumiendo a más de diez autores, el padre Heredia, S.J., afirmaba que sólo en Escocia, en el corto período que va desde la ejecución de María Estuardo (1587) hasta la coronación de su hijo Jacobo, o sea, en 32 años escasos, fueron ejecutadas 1.700 brujas. A su vez en Ginebra (Suiza) sólo en tres meses fueron quemadas 7.000 y en Alemania la brujería (?) costó cien mil vidas a groso modo y, ¿cuántas en España?

Entre procesos, debates, y más procesos, poco a poco fueron extinguiéndose las hogueras contra brujas y endemoniados. Se empezaba a comprender; la ciencia oficial y responsable de los tiempos medievales, renacentistas y aun modernos, ignoraban e ignoraron después, muchos de los fenómenos paranormales a los que se consideraban leyendas. Sólo de vez en cuando aparecieron algunos investigadores aislados llamados “ocultistas”, que hacían brillar pequeñas claridades de la verdad, aunque mezcladas con errores, supersticiones y creencias absurdas.

EN LA EDAD MEDIA

Y encontramos así fantásticas historias, precisamente de la mano de Bacón y Paracelso. Bacón consideró la religión, la teología, la filosofía, la alquimia, la astrología, las matemáticas, la jurisprudencia y la medicina, como ramas consanguíneas de una misma ciencia: el “Hermetismo”. También trató de racionalizar los fenómenos, aprovechando todos los conocimientos que permitía la época, con lo que se anticipó en siglos a la aptitud científica que tendrían los metapsiquistas del siglo XIX. Por ello no es exagerado calificarlo, como lo han hecho algunos autores reconocidos, de ser verdaderamente el “padre” de la Metapsíquica.
Entre los estudiosos de la Edad Media y primeros años de los tiempos modernos, muchos mezclaban su ciencia con la superchería, manifestada a menudo en la falsa alquimia, con su primera piedra filosofal. Destacaron, entre otros muchos, Valentín Basilio Agripa, de Nerkesheim y, sobre todo, Paracelso (1493 1541) seudónimo famoso de Félix Aurelio Teofrasto Bombasto, de Mohen-heim, médico, alquimista y “mago”, todo en una pieza. El suizo-alemán Paracelso, justo es reconocer que efectuó importantes aportes a la ciencia de la época, primero en sustentar la doctrina de que los procesos de la vida son químicos. Pero sus mayores esfuerzos los consagró precisamente al estudio del Ocultismo.

HACIA EL RENACIMIENTO

En pleno Siglo XVIII nos encontramos con una mezcla de genio, investigador y charlatán como fue el célebre doctor Franz Antón Mesmei, que asombró a Europa con sus prodigios, pues infinidad de personas, algunas locas o neuróticas, paralíticos, ciegos y mudos, o bien reumáticos o alérgicos, eran misteriosamente curados por la imposición de las manos de Mesmer, quien llamó a dicho poder “magnetismo animal”, a la extraña fuerza liberada. Paralelamente a los primeros investigadores propiamente científicos de los fenómenos paranormales, surgió la escuela del neocultismo, encabezada por Eliphas Levi (Alphonse Louis Constant), Stanislas de Gualta, Papus, y otros que intentaron renacer o reconstruir ciertos conocimientos de los antiguos iniciados.

Pero sus esfuerzos, hemos de reconocer, fueron muy poco provechosos, aunque tuvieron su gran mérito para la auténtica ciencia, pues solían estar mezclados, sin criterio diferencial suficiente, la superstición con la razón y la lógica. Y al igual que los antiguos, creyeron en la tentación de encubrir sus secretos con expresiones que sólo eran desci frables por los “iniciados”, ya que son muchos los que opinan hoy, que tal vez estos fueron los últimos herederos del espíritu de aquel mundo antiguo, esotérico; fantástico por sus oráculos, augures, brujas, endemoniados y piedra filosofal…
Misterio, hechicería y creencia, fueron los elementos que configuraron el mundo antiguo de lo desconocido y lo paranormal; un calidoscopio de fantasía y realidad, velado ya por la bruma del tiempo, lo contrario de la moderna investigación fenomenológica de la ciencia metapsíquica, antecesora de la metodología cualitativa y cuantitativa de la ciencia Parapsicológica, que hoy se estudia en infinidad de universidades del mundo entero.
Antes de entrar de lleno en el estudio de la Metapsíquica y el controvertido mundo del Espiritismo, digamos que antes del Siglo XIX hubo algunos intentos esporádicos para examinar objetivamente fenómenos que al pare cer tenían causas sobrenaturales. Estos intentos se encontraron principalmente en el magnetismo animal de Mesmer. En 1784, cuando las teorías de Mesmer se habían popularizado y estaban “de moda” en toda Europa, el Rey Luis XVI de Francia estableció dos comisiones investigadoras. Estas informaron haber hallado buenas razones para el es ceptismo. A través de todo el resto del siglo XVIII, y durante los primeros años del Siglo XIX, hubo otros investigadores que estudiaron más detenidamente el mesmerismo, convenciéndose que algunos de los que habían sido “mesmerizados” demostraban habilidades “supernormales” o bien, como diríamos ahora, poderes telepáticos y clarividentes, dignos de estudio.

EN NUESTROS DÍAS

A mediados del Siglo XIX, investigadores británicos, tales como el doctor James Braid y el físico William Barret empezaron a estudiar el mesmerismo y el hipnotismo, al igual que lo hiciera en Francia el fisiólogo Charles Richet y el psicólogo Pierre Janet. Entonces el estudio científico del hipnotismo estaba empezando a impulsar a los investigadores a inquirir en asuntos más tradicionalmente “ocultistas” —como se consideraba entonces a la telepatía, la clarividencia, las preconiciones, etc.— En la década de 1850/60 las hermanas de Fox en América, empezaron a cobrar fama en espiritismo también. Estas eran entonces las fronteras a las que quedaban limitadas las investigaciones psíquicas, pero en 1851 unos cuantos jóvenes estu diantes de Cambridge, tomaron en serio el asunto y formaron la primera Sociedad para el estudio de los “fantasmas” y de todo lo supranormal. (paranormal)
Pero si bien aquellos seriosos jóvenes no eran unos auténticos científicos, al pronto empezaron a trabajar como tales. De allí precisamente nacería la Sociedad Dialéctica de Londres y la Sociedad Británica de Investigaciones Psíquicas (1869 y 1882 respectivamente) aunque en algunos viejos tratados hay un año de diferencia en la segunda de las sociedades.
A grandes rasgos, estos son los principios de nuestra antecesora la Metapsíquica científica, y que gracias a la misma, la ciencia que empezó a estudiar lo paranormal tuvo científicos como; Charles Richet, célebre fisiólogo, profesor de la Universidad parisina y posterior Premio Nobel; Teissier, profesor de la Facultad de Medicina de Lyon;A. de Gramont, miembro del Instituto; Jules Roche, ex-ministro; Calmette, medido e. Inspector General; Santoliquido. Consejero de Estado; Metchnikof, director del Instituto Pasteur; Berthelot, de la Academia de Ciencias de Francia; Perrier, director del Museo de Ciencias Naturales, Mme. Curie, descubridora del radio; Bergson, profesor del Colegio de Francia, etc., etc. por parte de Francia. Pero por parte inglesa: Lorge, rector de la Universidad de Bir-mingham; W. James, profesor de la Universidad de Harvard; Thomson, profesor de la Universidad de Cambridge; Myers, famoso psicólogo; A. Conan Doyle, novelista inglés; y desde luego el gran pionero, como Richet, fue el célebre físico y químico, miembro de la Sociedad Real, el eminente William Crookes, primer presidente de la Society for Psychical Research (Sociedad de Investigaciones Psíquicas) residente en Londres y que todavía existe.

También en Alemania por aquellas fechas había sido fundada la Deutsche Okkulttistiche Geselischeft. Esta sociedad pasó por diferentes altos y bajos quedando establecida definitivamente, años más tarde, dedicada como las descritas, francesa e inglesa, al estudio de los fenómenos metapsíquicos, con domicilio en Berlín.
La Metapsíquica fue en todo el mundo una auténtica apertura científica hacia lo desconocido. Tras años de superstición, mitos, y ocultismos, destacados hombres de ciencia —como iremos viendo en una serie de artículos o capítulos que seguirán a esta somera introducción— incursionaron por este mundo irreal, sentando los principios de la moderna Parapsicología. Desde estas páginas recordemos a aquellos científicos que investigaron las manifestaciones anímicas soportando la burla de sus propios cama-radas, hasta que en el mes de Octubre de 1911 se reunieron en Weimar para evaluar sus progresos por vez primera. Entre ellos se encontraban S. Freud y sus discípulo disidente, Cari Gustav Jung; por cierto que al principio ninguno de ellos miraba con especial interés -sea dicho de paso— los extraños hechos, que luego dieron forma a la actual Parapsicología científica y universitaria.

              J. ROCA MUNTAÑOLA

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Publicado por en febrero 23, 2014 en Artículos

 

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