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Los experimentos del Dr. Montague Ullman

17 Oct

Al psiquiatra neoyorquino Montague Ullman le inquietó el asunto de la telepatía onírica desde los años cuarenta. Le intrigó la frecuencia con que sus pacientes le contaban sueños que parecían referirse a cosas que le habían pasado a él, y de las que esos pacientes no podían tener conocimiento. ¿No sería, se cuestionaba Ullman, que él mismo estaba enviando inconscientemente mensajes telepáticos que sus pacientes receptaban en sueños?

En 1953,  Ullman se determinó a probar su teoría. Con la colaboración de Laura A. Dale, de la Sociedad Americana de Investigaciones Psíquicas, llevó a cabo un experimento de dos años, en el que tanto él como Laura trataron de soñar telepáticamente con acontecimientos de la vida o los sueños del otro. El experimento no tenía suficiente rigor, pero sus resultados convencieron a Ullman de que allí había algo más que casualidad: y eso, aunque no probó nada, lo movió a investigar seriamente la telepatía onírica.

Afortunadamente, comezaban a surgir nuevos medios para realizar tales investigaciones. En el mismo año en que Ullman realizó sus experimentos iniciales sobre los sueños, los doctores Nathaniel Kleitman y Eugene Aserinsky, de la Universidad de Chicago, informaron que, cuando rastreaban las ondas cerebrales con un electroencefalógrafo, habían descubierto unos rápidos movimientos oculares (REM) que indicaban con exactitud los períodos en que el sujeto dormido estaba teniendo sueños, de modo que, si se lo despertaba en esas fases de rápidos movimientos oculares, diría que estaba soñando y recordaría con precisión lo soñado.

En 1962,  logró montar un laboratorio de sueños a gran escala, en el Departamento de Psiquiatría del Centro Médico Maimónides de Brooklyn.

En junio de 1964 se iniciaron los experimentos en la clínica Maimonides usando monitoreo encefalográfico, probablemente los más citados en la literatura médica. A grandes rasgos el diseño del experimento es el siguiente: un grupo de 12 voluntarios  es conectado a unos electrodos para medir su entrada al sueño R.E.M; una vez que esto sucede un agente, que sólo ha tenido contacto con los voluntarios al momento de colocarles los electrodos, empieza a transmitir una imagen (una de 12 pinturas seleccionadas al azar) pensando en ella y dibujándola. Después los voluntarios comunican al agente el contenido de su sueño, narrando lo sucedido y haciendo asociación libre. Un grupo de tres jueces externos recibe las transcripciones de los reportes y copias de las 12 pinturas usadas en tarjetas postales. Los jueces realizan una evaluación siguiendo el método de análisis de Schaffé.

Los resultados de los experimentos Maimonides no siempre fueron significativos, pero en el caso de algunos sujetos se registró una extraordinaria correspondencia telepática entre la emisión y la recepción.

En  1965, con la colaboración del Dr. Stanley Krippner, se realizó la más célebre serie de experimentos. Los jueces de los experimentos serían tres profesionales escogidos por su amplio saber en parapsicología y psicología. Las imágenes que iban a servir de “estímulo” se escogieron por su “intensidad emocional, viveza, color y sencillez”, y todos los sujetos reclutados tenían una actitud positiva hacia la investigación parapsicológica. Las noches en que se efectuaban experimentos, un emisor se concentraba en una imagen que se escogía al azar, cada vez que el receptor entraba en fase REM, y posteriormente, cuando acababan de soñar y cada mañana, se les preguntaba a los receptores qué recordaban de sus sueños. Después los jueces comparaban las imágenes empleadas con cada una de las imágenes contenidas en lo que los perceptores informaban de sus sueños, calificando cada imagen desde 1 (máxima correspondencia) hasta 12 (mínima correspondencia). Gran parte de los resultados no fueron concluyentes, y en otros no había nada que sugiriese telepatía; pero también se dieron aciertos tan sugestivos que convencieron a Ullman de que la telepatía onírica existía.

Por ejemplo, cuando cierto emisor se concentró en una copia del cuadro de Millard Sheets, Noche mágica, que muestra a un grupo de mujeres efectuando un rito esotérico entre árboles y cimas verdeazuladas, el receptor, una mujer, tuvo sueños sucesivos en que reportó: “estar con un grupo de personas… participando en algo” (sueño uno); “muchas montañas y árboles” (sueño dos); “seguía viendo azul” (sueño tres); “otra vez árboles y verde, y campo” (sueño cuatro). Y después, por la mañana dijo que sintió “que había algo con un aire primitivo… una especie de rito tribal en la selva”.

Cuando se empleó como “estímulo” el cuadro Dempsey y Firpo, que muestra una pelea en el Madison Square Garden de Nueva York, el sujeto perceptor dijo: “Tenía una impresión como de movimiento… algo del Madison Square Garden y un combate de boxeo…” Por su parte, el cuadro Interior de la Sinagoga, de Alex Katz, indujo esta descripción: “Una impresión como de una escuela… Algo como de una sinagoga…” Mientras, Violinista verde, un cuadro de Marc Chagall, suscitó esta otra descripción: “Tiene algo que ver con la música”, y el cuadro Pantera atacada por un león, de Henri Rousseau, esta descripción: “Había dos cachorros… Parecía como si hubiesen estado peleándose. Tenían las mandíbulas abiertas y enseñaban los dientes”.

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Publicado por en octubre 17, 2013 en Casuística

 

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