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El chalet del lago Saint- Point

02 Oct

Agosto 1983. Un pequeño grupo de espíritas se prepara a pasar algunos días de vacaciones en un chalet cerca del lago Saint-Point también conocido como lago de Malbuisson, en el departamento del Doubs (Francia). Entre las personas presentes, Michel, médium y Karina que recientemente había desarrollado la escritura automática.

Durante una conversación, Michèle, la amiga que les acoge en el chalet de sus padres, recuerda el caso de un niño difícil sometido a tratamiento psiquiátrico. Presentándoles la foto del niño describiendo los síntomas de sus dificultades: fuertes crisis de agresividad, pulsiones violentas y deseo irrefrenable de encender fuegos cada vez que tiene oportunidad. Como espíritas estaban divididos entre dos hipótesis: ¿se trataba de una patología de carácter histérico, o bien de una agresión obsesiva provocada por un espíritu malvado?

Inicialmente, no había la intención de realizar sesiones espíritas durante esos días de vacaciones, pero ya que el caso fue planteado, Michel decidió referirse a los espíritus para tener su punto de vista. Se manifiesta entonces el espíritu Gabriel Delanne mediante la escritura automática y nos indica sin titubeos que se trata de un caso grave de posesión ocasionado por varios espíritus particularmente virulentos. Agrega que ese niño, de gran sensibilidad, vive en un clima familiar muy malsano, lo cual ha atraído sobre él las entidades que le persiguen.

El simple hecho de abordar el asunto y obtener respuesta de un espíritu guía, pone en alerta a los espíritus obsesores involucrados, que aprovechan la presencia de nuestros dos médiums y la manifestación de su descontento no se hace esperar. Irrumpen en nuestro entorno. Los días que siguen los fenómenos físicos se multiplican, se encuentran sobre las camas cuadros, botellas, bolígrafos, destornilladores y otros objetos extraños que, para llegar allí, han atravesado paredes, armarios trancados y gavetas cerradas. El asunto tomó el aspecto de un verdadero cataclismo: una cama atascada en el estrecho espacio de una escalera, un armario abierto, vaciado, cuyo contenido estaba esparcido por todo el cuarto, un pequeño ropero que se desplomó con gran estrépito, cuchillos clavados en la puerta de un armario, etc. Los objetos de uso cambian de lugar o simplemente desaparecen; las llaves se pierden en varias oportunidades y una vez hasta tuvimos que buscar una escalera para entrar por una ventana abierta en el primer piso. Los objetos más insignificantes o más voluminosos son transportados de una pieza a otra o de un piso a otro, con frecuencia sin ruido alguno, aun cuando las puertas estén cerradas.

En cuanto a las noches, eran particularmente agitadas: las sábanas son levantadas por fuerzas invisibles, a veces sábanas y cobertores son halados con tal fuerza que apenas pueden mantenerlos sobre la cama. Los médiums son los más permeables a esas acciones invisibles, en varias ocasiones son molestados durante la noche, pinchados con la punta de estilográficas que se encuentran en sus camas.

En la oscuridad, al final de la tarde, entraron en la casa y uno de ellos apretó maquinalmente el interruptor. “No hay luz. No, no es una falla eléctrica, ¡las bombillas de la lámpara han desaparecido! Tras  una hora de búsqueda descubrieron las ocho bombillas en un estante del armario, delicadamente dispuestos, cada una debajo de un vaso volteado. Con frecuencia las luces se encendían o se apagan solas y los fusibles desaparecían dejandoles momentáneamente en la oscuridad, lo cual obligaba a largas búsquedas para luego hallarlos debajo de un mueble o dentro de cualquier escondite.
Un día el fuego se encendió espontáneamente en la chimenea sin usarse . Les  vino entonces a la mente el comportamiento del niño de quien hubieron captado los espíritus obsesores, él tenía irresistibles impulsos piromaniacos, estimulados por esos mismos espíritus que venían a embrujar  días y noches y, esa vez, tratando de incendiar.

Afuera había una mesa de ping-pong, durante el intercambio de pelotas entre una pareja de jugadores, luego de un rebote la pelota desapareció, ¡volatilizada! Cinco minutos más tarde, mientras comentaban lo ocurrido, la pelota rebotó súbitamente sobre la mesa, como caída del cielo.

Durante una de esas jornadas jalonadas de tantos hechos insólitos, tres de elos, estando en un bar de un pueblo vecino encontraron debajo de una mesa el juego de llaves de la casa que habían buscado por todas partes.

Todos estos incidentes, que duraron unos quince días, estuvieron acompañados de trastornos y malestares para los médiums, cuya energía fluídica era requerida a sus expensas. Y, más allá de los fenómenos físicos la obsesión les alcanzó directamente. Los entes terminaron por imponerse a través de la mediumnidad de Michel. La obsesión devino en la incorporación de un espíritu del mal que les dominó físicamente. Uno de ellos se encontró espontáneamente con un cuchillo en la mano, que un hábil participante logró quitarle luego de un gran susto. De regreso a Nancy, los espíritus en cuestión fueron liberados de su estado, uno por uno, en arduas sesiones de incorporación.

Se enteraron posteriormente, de que el niño obsesado por esos mismos espíritus, recuperaba un comportamiento casi normal, aunque siempre debilitado por el desequilibrio de su entorno familiar.

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Publicado por en octubre 2, 2013 en Casuística, parapsicologia

 

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