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El Caso de Douglas Deens (“La casa del diablo”)

22 Ene

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El exorcista ha sido una de las pocas películas del cine de terror en lograr una excelente acogida de crítica y de público, hasta el extremo de convertirse en un clásico de la cinematografía mundial y en un fenómeno cultural. Presentada en 1973 y basada en la novela  de William Peter Blatty viene  a reflejar un caso ocurrido en el año 1949 aunque algo distorsionado  de la  realidad ocurrida.

A Douglas Deens de 13 años e hijo único, solía  visitarle frecuentemente una tía de Saint Louis, esta creía firmemente que la ouija era un instrumento de comunicación con los muertos. Viéndose Douglas interesado por ello, de inmediato empezó a hacerse  un practicante fiel.
Tras una visita de su tía, en la vivienda comenzaron a suceder fenómenos paranormales:
Los cuadros con imágenes religiosas temblaban sin explicación y llegaban a desprenderse de las paredes, así como las frutas de la mesa volaban solas. En el colchón en que dormía el joven comenzaron a aparecer arañazos, motivo por el cual, sus padres pensando era  a causa de ratones, contrataron una  empresa de exterminadores, los cuales no encontraron tales  roedores.

El 26 de abril de 1949 falleció la tía de Douglas, este, trató de comunicarse con ella por medio de la tabla, con la consecuencia de que empezó a cambiarle su modo de actuar y personalidad, durante el día era un niño normal, sin embargo, al caer la noche se convertía en una persona de extrema agresividad. Esto les llevó a sus progenitores a llamar a un pastor luterano, el reverendo Schulzer. El reverendo tuvo al pequeño en su casa a lo largo de varios días y quedó impresionado por los fenómenos que provocaba.

El 21 de mayo de 1949, Schulzer informó al doctor Drine, un psicólogo de la universidad de Durham (Carolina del Norte) que el chico presentaba síntomas alarmantes y desencadenaba poltergeist. Los objetos se movían sin explicación aparente, una silla lo derribó, e incluso, hubo la vez que después de acostar a Douglas, el colchón se deslizó al suelo, metiéndose  bajo la cama. El Dr. Drine reunió a los padres del muchacho ,comunicándoles que lo mejor era someter al niño a tratamiento psicológico, cosa a la que  se negaron rotundamente estos  y buscaron la ayuda de la iglesia.
El reverendo que había visto al muchacho desde el inicio, pensó en una posible posesión demoníaca, por lo que llamó a un exorcista de la iglesia de Saint James llamado padre Hughes, y este  a su vez al padre Frank Hoper.

Cuando Hughes fue por vez primera a ver al chico, éste se molestó y lo insultó, a la vez que decía que él era el mismísimo demonio. El cura, tomó la decisión de exorcizar con el viejo Rituale Romanum, comentándolo anteriormente con el  arzobispo, quien le ordenó que se ocupara del asunto. Hughes, sin embargo, no se preparó como lo exigía el ritual. Para exorcizarlo internó a Douglas e hizo que lo ataran en la cama de su habitación, en este ritual sólo estaban el muchacho, el sacerdote y un asistente. Durante el exorcismo el padre en  mitad de  sus oraciones, las cosas empezaron a volar sin explicación alguna -en ese momento Hughes dudo de su fe y dejo que el miedo lo invadiera, sin embargo no dejo de leer sin pausa la Biblia, la temperatura bajó dramáticamente y el chico no paró de maldecir y escupir al sacerdote. Después de un par de horas Douglas logró desprender un resorte de acero del colchón e hirió al padre en un brazo, le cortó y desgarró desde el hombro a la muñeca, era una lesión grande y sangraba abundantemente, Hughes al momento de la herida arrojó la Biblia y se hincó al pie de la cama, el dolor era inmenso, y el momento era confuso y de temos, no podía creer lo que estaba viviendo. El chico, en tanto, reía sin parar, con rostro diabólico y con  mirada desafiante.

Después del fallido acto de exorcismo, el muchacho volvió a su casa donde cierto día, cuando se quitó la camisa para meterse a la ducha, noto algo extraño en su piel y al mirarse al espejo vio como en su pecho aparecieron unos arañazos que mostraban la palabra “LOUIS”.
Alarmada la madre , le preguntó:que pasaba,a lo que respondió:que nada.
La madre observó la palabra que se dibujaba en el pecho del muchacho, y no pudo evitar dar un paso hacia atrás ya que le dio miedo, la palabra desapareció y apareció al momento, diciendo lo mismo “Louis”.
-¿Quieres ir a Saint Louis?
Y en el pecho del chico se dibujó la palabra “YES”. Sin pensarlo más, se dirigieron a aquella población.

Al llegar a St. Louis la familia de Douglas se alojó con una prima que estudiaba en la universidad. La prima, al ver que en su casa comenzaban a suscitarse cosas extrañas, pidió a la madre de Douglas que le revelara qué estaba pasando, y una vez enterada dijo que lo mejor sería hablar con el padre Bishop, jesuita y  profesor en la universidad. El religioso tras escuchar a los padres de Douglas, acudió a la iglesia de San Francisco Javier, donde habló con el padre Bowdern. Luego, los dos visitaron al muchacho en su casa, donde fueron testigos de una serie de inusitados acontecimientos a los que no lograron darle una explicación lógica. El fenómeno, lo que fuera, mostraba un gran repudio a todo lo religioso y a los religiosos, de modo que los eclesiásticos fueron agredidos física y verbalmente entonces tomaron “riendas al asunto”, poniendo  Douglas en constante observación y comenzaron a escribir la bitácora hallada años después por William Peter Blatty. (En su libro, Blatty no habla del primer exorcismo, ni la herida causada al padre Hugues, ni dijo que la ciencia ya había agotado todas sus expectativas de investigación).

Libro  de bitácora del padre Bishop

Miércoles 9 de marzo, visitamos (Bishop y Browdern) al muchacho, quien parecía haber recibido un fuerte golpe en el estómago. Al desvestirlo vimos como se presentaban rasguños en zigzag en su cuerpo y no hallaron explicación alguna.

Viernes 11 de marzo, el muchacho dormía cuando el agua bendita salió volando frente a nuestros ojos. Luego, observamos como la vitrina y una silla del cuarto se levantaban, y en ese momento un crucifijo fue a estrellarse en el muro y se rompió en mil pedazos.
Los padres del muchacho llamaron nuevamente a los religiosos Browdern y Bishop y estos dijeron que no había nada que investigar, el niño estaba poseído y pedían autorización para un exorcismo.

Martes 15 de marzo, el rosario de Margarita María, al serle colocado al muchacho, fue arrojado hacia sus rostros; ese mismo día, el colchón permaneció un par de horas azotándose contra la estructura de la cama, fue imposible pararlo.
Para realizar el exorcismo en la forma en que el ritual católico lo ordenaba, los curas pidieron permiso al arzobispo Ritter, quien al conocer las evidencias lo autorizó. El padre Browdern le pidió que él mismo se encargara del exorcismo, pero el arzobispo se negó con una serie de argumentos absurdos. Sin embargo, por orden superior los tres sacerdotes fueron señalados para exorcizar a los demonios de Douglas Deens.

El exorcismo comenzaría el miércoles 16 de marzo. Ese día el joven jesuita Walter Halloran, chofer del padre Browdern, llevó a éste a la casa del muchacho. Encontraron a la familia cenando y al cabo de un rato subieron todos a rezar en la habitación del muchacho. Al entrar a ella, Douglas comenzó a azotarse contra la cama, después una botella de agua bendita salió disparada y en todo ese tiempo la cama no dejó de saltar, se sentía un gran frío en la habitación.
Pronto, los presentes observaron claramente cómo unos arañazos que salían de la nada se dibujaban en el pecho del muchacho. Pero lo más impresionante fue la cara de diablo que se dibujó en forma tan clara que no podía achacarse a la imaginación. Era evidente que Douglas se hallaba poseído.

Jueves 17 de marzo, pareció que los rezos del ritual comenzaban a surtir efecto, pues la agresividad del muchacho (es decir, del demonio que lo poseía) iba en aumento, al grado de que se tuvo que amarrar a Douglas a la cama y él se defendió escupiendo con una puntería tremenda, así tuviera los ojos cerrados.

Viernes 18 de marzo, en un ambiente aparentemente más tranquilo, se creyó que los ataques empezaban a ceder al exorcismo, pero durante el rezo del rosario el muchacho comenzó a azotarse y varios objetos se pusieron en movimiento.

Sábado 19 de marzo, la situación provocó una gran crisis en la madre de Douglas, así que tuvimos que internarla en esa ciudad.
Los sacerdotes, entonces, decidieron internar al muchacho en el hospital de los hermanos salesianos de St. Louis. Continuaron el exorcismo en el área de enfermos mentales, y allí el poseído no cesó de maldecir a todos, dijo que morirían y lo acompañarían en el infierno.

Viernes primero de abril, decidimos convertir al niño en católico, con la pretensión de fortalecer su fe y ayudar así a la expulsión del demonio.
Llevaron a Douglas en auto a la iglesia donde lo bautizarían. Al principio se mostró tranquilo, pero cuando se acercaban al templo comenzó a burlarse.
Así que piensan bautizarme -dijo-. ¡Estúpidos!
Se apoderó entonces del volante e intentó estrellar el auto. Uno de los religiosos que esperaban en la iglesia, escuchó el rechinar de las llantas, salió y halló al muchacho en una de sus peores crisis, por lo que decidió bautizarlo en el hospital, para no profanar la iglesia. Así, por la tarde Douglas fue bautizado. Y sólo el 2 de abril, tras repetidos intentos -que consumieron muchas horas-, aceptó a dios como su protector.
Al terminar decidieron llevarlo a una casa de retiro que pertenecía a los jesuitas, llamada la Casa Blanca, ubicada en una colina en las afueras de St. Louis, sobre el río Mississippi. Un día, estando ya en esta casa, Walter Halloran al ver a Douglas más tranquilo decidió salir a caminar a los alrededores, en la decoración del jardín destacaba un camino empedrado donde con una escultura se representaba la vida, pasión y resurrección de Jesús. Al estar caminando, respirando un poco de paz y tranquilidad que gran falta les hacía, Douglas vio la figura de mármol e inmediatamente echó a correr sin dirección alguna, tal parecía que trataba de huir de algo, se cubría los ojos y gritaba palabras que Walter Halloran no comprendía, sin embargo él en ese momento era responsable del muchacho, así que corrió lo más rápido que pudo para tratar de alcanzarlo, Douglas llegó a un precipicio e intento arrojarse y cegar su vida. Por fortuna el padre Halloran logró alcanzarlo, lo derribó al borde del precipicio. Douglas, entonces, recuperó la conciencia y preguntó ¿qué pasó?, no recordaba nada en absoluto.

Llegó la Semana Santa y los rasguños volvieron a presentarse. Los padres Browdern y Bishop se mostraban desconcertados, pues los avances tan penosamente logrados de golpe entraban en retroceso, como si alguien hubiese estado jugando con todos ellos.

El 14, 15 y 16 de abril, jueves, viernes y sábado de esa semana, los sacerdotes intensificaron las presiones. De hecho, empeñados en el exorcismo, casi no dormían. El sábado, uno de los ayudantes del padre Bishop llevó la imagen de san Miguel Arcángel, señalado para luchar contra el demonio. La imagen fue colocada en el buró, junto a la cama del muchacho.

Lunes 18 de abril, el muchacho amenazó con matarse si continuaba el exorcismo. Y esa noche, exactamente a las diez, emitió una voz ronca, seca, metálica, que anuncio:
No me iré hasta que el muchacho pronuncie las palabras. Pero nunca las dirá.
Y se echo a reír con una voz ronca y una mirada retadora. A las once de la noche, después de un lapso de terrible agresividad, el muchacho se levantó y, con una voz muy diferente de la que los padres se habían acostumbrado a escuchar, dijo:
-Satanás, soy San Miguel y en nombre del Dominus te ordeno que dejes este cuerpo ahora. Ahora!!!.
En el momento culminante del exorcismo pudo escucharse en el hospital un fuerte estallido, como un disparo (y esto lo recordaron algunas personas que nada sabían del exorcismo), al tiempo que en el templo de San Francisco Javier varios sacerdotes jesuitas vieron claramente una luz enorme que iluminó el altar dibujándose en ella la imagen de san Miguel Arcángel, se mantuvo una cuestión de segundos, era como ver una lucha entre el bien y el mal.
El último registro de la bitácora señala que:

29 de agosto de 1950, Douglas Deens visitó a los sacerdotes que lo ayudaron, se veía tranquilo, no recordaba nada, su comportamiento era el de un muchacho normal.
La casa donde comenzaron los acontecimientos actualmente se encuentra abandonada y es conocida como “La casa del diablo”.
El padre Hughes rompió su silencio y refirió todo lo que sabía al padre Hoper. Hughes, murió en 1980.
El padre Browdern investigo más de 200 casos posteriores y ninguno resultó verídico. Murió en 1983, a la edad de 86 años.

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Publicado por en enero 22, 2013 en Casuística

 

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