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El caso de Héléne Smith

29 Ene

A T. Flournoy, el conocido psicólogo de Gínebra , le corresponde el mérito de haber descubierto el papel de la división de la personalidad en los fenómenos espiritistas, en un admirable trabajo sobre la médium Héléne Smith. Esta sujeto, educada con la creencia en los espíritus y en su reencarnación, no fue nunca hipnotizada y sentía aversión hacia las prácticas del magnetismo. “Pero no se da cuenta”, dice Flournoy, “de que evita la palabra y acepta el hecho, porque sus ejercicios espiritistas constituyen en realidad para ella una autohipnotización, la que inevitablemente degenera en heterohipnotización por la influencia especial que recibe de tal o cual de los presentes”. De buena salud en el estado de vigilia, durante el trance Héléne presentaba todos los signos del sonambulismo (letargía, catalepsia, anestesia, aloquiria, etcétera). Tenía alucinaciones y realizaba las sugestiones poshipnóticas”.Como todos los “médium”, Héléne tenía un “guía”, un “control”. Personaje importante del mundo espiritual, el guía es a la vez el protector, el consejero y el director de escena de las evocaciones; es él quien introduce a las entidades y las despide, aunque a veces los espíritus brutales y sin educación lo atrepellan y lo echan. El guía de Héléne era Léopold, una reencarnación de José Bálsamo(Famoso ocultista italiano (1743-95), que se hacía llamar conde de Cagliostro).Hablaba por su boca con una gruesa voz de hombre y acento italiano que no tenía “nada de común con el claro y hermoso timbre de su voz femenina” Tenía una individualidad muy marcada y a veces estaba en desacuerdo con su médium. Escribía con una letra muy distinta y una ortografía que era indudablemente del siglo XVIII. Sostenía el lápiz de otra manera y a veces se peleaba con ella por ese detalle. Comenzaba por limitarse a tomar posesión de un dedo para transmitir un mensaje, o de la mano para escribirlo, y luego se encarnaba totalmente. La encarnación era progresiva y terminaba con una especie de transfiguración que no olvidaba la papada de Cagliostro ni sus gestos masónicos. Adoptaba una actitud grave, imponente, casi sacerdotal; Flournoy cree que así era la figura de José Bálsamo concebida por la imaginación subconsciente de Héléne y que ésta componía por autosugestión.Las personalidades de Héléne y Léopold no eran coextensivas; se sobrepasaban recíprocamente en ciertos puntos, siendo su dominio común los intereses vitales de Héléne. Parecían simultáneas, pero en realidad presentaban una alternación muy rápida. Había entre ambas intercambios osmóticos.Lóopold no fue la única creación sonámbula de Héléne Smith.Creó muchas otras figuras en el transcurso de sus tres “novelas”, la “marciana”, la “hindú” y la “real”. Encarnó principalmente a la princesa india Simandini y a la reina francesa María Antonieta, que eran dos de sus existencias anteriores. Estas prosopopesis eran igualmente notables por la perfección de los personajes reconstruidos. Sin embargo la escritura de la verdadera reina de Francia había sido muy distinta de la que Héléne le otorgaba. Asimismo, se deslizaban numerosos anacronismos en sus relatos teatrales. Flournoy concluye que “los ejemplos más famosos de automatismo ambulatorio y doble conciencia se destacan e impresionan en una forma muy distinta” de la que ofrecía su sujeto.

 

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Publicado por en enero 29, 2011 en Casuística

 

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