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Casos de Leonora E. Piper y Pascal Forthuny.

07 Nov

La clarividencia de  Leonora E. Piper:La educación espiritista de la señora de Piper la impulsaba sobre todo a reconstruir personalidades. En ese arte tuvo sus debilidades, pero no fue superada por nadie. Su metagnomia era intuitiva y muy poco perceptiva. Fracasaba casi completamente en la lectura de cartas cerradas, como lo comprobó Lodge repetidamente. Pero cuando le traían una persona, o le ponían en las manos un objeto de otra persona, captaba maravillosamente la vida de esas personas y sus características individuales. En los primeros tiempos de su carrera en la época de Phinuit, le presentaban gente desconocida y ella les hablaba de su pasado, de sus relaciones y de sus más secretos sentimientos. Hodgson dirigijó una investigación con la ayuda de pesquisantes particulares, sin encontrar nada de sospechoso; hubo que admitir la realidad de la clarividencia. Las sesiones que Lodge realizó con ella, en 1889 y 1890, fueron sumamente interesantes. “A veces nos decía cosas, a mí o a los otros, tan alejadas de nuestro pensamiento consciente, que al principio nos parecían inexactas, o no las reconocíamos; el sentido de sus palabras se iba aclarando poco a poco, o por medio de una explicación posterior.”Lodge le entregó un día el reloj de un tío que había muerto veinte años antes y a quien nunca había visto. La señora de Piper encontró inmediatamente su nombre, lo mismo que el de un hermano a quien quería mucho. La mujer se refirió detalladamente a su infancia, recordó episodios, como el de la travesía a nado de un río, el de un gato que mataron, el de la posesión de una piel de serpiente, de los cuales el tío sobreviviente apenas si se acordaba y de los que tuvo que pedir confirmación a otro hermano. Lodge afirma que, aun admitiendo la existencia de una actividad telepática debida a inteligencias separadas, sería todavía ineficaz para explicar los actos de clarividencia de la señora de Piper. Las facultades de la sujeto se volvieron más asombrosas aún después de la muerte de Hodgson, por quien se declaró inspirada en lo sucesivo. William James le dedicó un famoso estudio, en el que comprometió su reputación de sabiduría o de locura con la afirmación de que la vidente de Boston “sabía, estando en trance, cosas que no podía haber conocido en estado de vigilia”.

La clarividencia de Pascal Forthuny: Frente a la facultad de la señora de Piper, que tenía forma espiritista, ponemos la de otro gran clarividente, un francés llamado Pascal Forthuny, que nunca se creyó en la necesidad de evocar a los espíritus. Debemos aclarar que se trata de un escritor muy culto y un artista cabal, que no presenta ningún síntoma neuropático. No es menos notable la gran permeabilidad de su subconsciente. Una antigua y sólida amistad nos permitió seguir el nacimiento y la evolución de su clarividencia y verificar su autenticidad.Aunque es excelente en las sesiones particulares, la presencia de un público estimula su facultad, habiendo hecho sus mejores adivinaciones en las reuniones del Instituto de metapsíquica, a las que concurrían numerosas personas desconocidas para él y que se renovaban constantemente. El auditorio permanecía sentado y él circulaba entre las sillas; se detenía ante una persona más atrayente y le decía lo que descubría espontáneamente de ella en el pasado, el presente y a veces en el porvenir. Nombres y apellidos eran lo primero que le venía a la boca, y cuando acertaba, la precisión constituía el incentivo de una verdadera “lectura del pensamiento”, tanto telepática como metagnómica. Algunas personas eran muy accesibles; otras no, y con éstas el rapport psíquico no se podía establecer. Las revelaciones, arrancadas de a fragmentos desordenados, se volvían a veces indiscretas; el sujeto trataba entonces de eludirlas, dejando de responder o negando su exactitud. Por otra parte Forthuny empleaba alusiones y sabía detenerse a tiempo, dando un raro ejemplo de control de las intuiciones subliminales por el espíritu crítico. En él la censura no actuaba en el umbral inconsciente, sino en la cima de la conciencia.La viva imaginación del sujeto y el estado de vigilia de su conciencia, conservado con la apariencia de un trance liviano, a veces lo inducían en error y lo desviaban hacia pistas equivocadas. Pedía que lo detuvieran cuando se descarrilara, pero era de una perfecta lealtad y jamás se entregaba a los múltiples sondeos de los que tanto abusan los sujetos mediocres. Al contrario, rechazaba los indicios que se apresuraban a ofrecerle los consultantes inexpertos.

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Publicado por en noviembre 7, 2010 en Casuística

 

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