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Las Levitaciones de Home.

30 Oct

Esas levitaciones fueron constatadas por un gran número de testimonios y sobre todo por el Sr. Crookes, que cita estos detalles a este respecto en sus “Investigaciones sobre el Espiritismo:“Estos hechos se produjeron cuatro veces en la oscuridad en mi presencia. Las condiciones de verificación en que se realizaron fueron enteramente satisfactorias, tanto como se puede juzgar, pero la comprobación por nuestros propios ojos de semejante hecho es tan necesaria para destruir nuestras ideas preconcebidas sobre lo que es o no posible, que me limitaré a mencionar aquí únicamente los casos en que las deducciones de la razón fueron confirmadas por el sentido de la vista.En una ocasión vi a una señora sentada en una silla, elevarse algunas pulgadas del suelo. En otra ocasión, en que la misma señora se elevó cerca de tres pulgadas, quedó suspendida durante diez segundos más o menos, y enseguida descendió vigorosamente. Se arrodilló para apartar cualquier sospecha de que la elevación hubiese sido producida por ella misma encima de la silla, de tal forma que le veíamos los pies.Dos niños también se elevaron del suelo con sus sillas en dos ocasiones diferentes, en pleno día y en las condiciones más satisfactorias para mí, porque yo estaba de rodillas y no perdía de vista los pies de la silla, notando bien que nadie podía tocarle.Los casos más sorprendentes de levitación, de los que fui testigo, se dieron con el Sr. Home. En tres circunstancias diferentes, le vi elevarse completamente encima del suelo del aposento. En la primera, estaba sentado en una tumbona, en la segunda, estaba de rodillas encima de una silla, en la tercera, estaba de pie. En cada una de esas ocasiones, tuve todo el tiempo posible para observar el hecho en el momento en que se produjo.Hay por lo menos cien casos bien constatados de elevación del Sr. Home, que se produjeron en presencia de muchas personas diferentes, habiéndoles yo oído de boca de tres testigos: el conde de Dunraven, Lord Lindsay y el capitán C. Wynne, con la narración de los más sorprendentes hechos de este género, acompañada de los menores detalles de lo que pasó. Rechazar la evidencia de estas manifestaciones equivale a rechazar todo el testimonio humano, sea cual sea, porque no hay hecho, en la his-toria sagrada o en la profana, que esté apoyado por pruebas más impo-nentes.La acumulación de testimonios que avalan la realidad de las elevaciones del Sr. Home es enorme. Sería mucho desear que alguien, cuyo testimonio fuese reconocido como concluyente por el mundo científico (si acaso existe una persona cuyo testimonio en favor de semejantes fenómenos pueda ser admitido), quisiese estudiar pacientemente esta clase de hechos. Muchos testigos oculares de esas elevaciones viven todavía, y ciertamente, se prestarían a dar su testimonio.Los mejores casos de levitación del Sr. Home se dieron en mi casa. En una ocasión, se colocó en la parte más visible de la sala, y pasado un minuto, dijo que se sentía levantar. Le vi elevarse vigorosamente, en un movimiento continuo y oblicuo, y quedarse, durante algunos segundos, cerca de seis pulgadas encima del suelo para, inmediatamente, descender lentamente. Ninguno de los asistentes salió de su lugar. El poder de elevarse casi nunca se comunica a las personas próximas al médium. No obstante, mi mujer fue levantada una vez junto con la silla en la que esta-ba sentada”.Crookes escribió al Sr. Home el 12 de abril de 1871:“Podéis, sin ningún problema, citarme como uno de vuestros testimonios más firmes. Media docena de sesiones del género de las de anoche, con algunos hombres de ciencia bien cualificados, bastarían para hacer admitir científicamente esas verdades que, entonces, se volverían tan incontestables como los hechos de la electricidad”.La narración de la levitación que se realizó el 16 de diciembre de 1868, en Londres, en una sesión oscura, en presencia de Lord Lindsay, Lord Adare y el capitán Wynne, fue redirigida por Lord Lindsay para la Sociedad Dialéctica, en los términos siguientes:Home, que estaba en trance hacía algún tiempo, después de haber pa-seado por el cuarto, se dirigió a la sala vecina. En ese momento, me asustó una comunicación. Oí una voz murmurarme al oído: “El va a salir por una ventana y entrar por la otra”.Completamente aturdido con el pensamiento de una experiencia tan peligrosa, comuniqué a mis amigos lo que acababa de oír, y esperamos su vuelta con ansiedad. Notamos entonces que se levantaba la vidriera de la ventana del otro cuarto, y casi inmediatamente vimos a Home flotar en el aire, por la parte de fuera de nuestra ventana.La luna daba de lleno en el cuarto y, como yo estaba de espaldas a la luz, el alféizar de la ventana proyectaba sombra en la pared que estaba a mi lado. Vi entonces los pies de Home por encima, suspendidos a una distancia de seis pulgadas. Después de estar en esta posición durante algunos segundos, levantó la vidriera, se deslizó hacia el cuarto con los pies por delante y fue a sentarse.Lord Adare pasó entonces hacia el otro aposento y, notando que la vidriera de la ventana, por la que acababa de salir, estaba levantada, solo hasta dieciocho pulgadas de altura, expresó su sorpresa de que Home hubiese podido pasar por esa abertura. El médium, siempre en trance, respondió: “Voy a demostrárselo”. Volviendo la espalda hacia la ventana, se inclinó hacia atrás y fue proyectado hacia fuera con la cabeza por delante con el cuerpo enteramente rígido y después volvió a su lugar. La ventana estaba a setenta pulgadas del suelo. La distancia entre las dos ventanas era de siete pies y seis pulgadas, y cada una tenía sólo un alféizar de doce pulgadas que servía para depositar tiestos.Destacaré algunos testimonios recientemente publicados:Home fue levantado de la silla, y le cogí los pies mientras flotaba por encima de nuestras cabezas. (Carta del conde Tolstoi a su mujer ,17 de junio de 1866).Después, el propio Sr. Home anunció que se sentía levantado. Su cuerpo toma la posición horizontal y es transportado, con los brazos cruzados sobre el pecho, hasta la mitad de la sala. Después de permanecer allí cuatro o cinco minutos, es reconducido a su lugar, transportado de la misma forma (Acta efectuada por el Dr. Karpovitch, de una sesión realizada en San Petersburgo, en casa de la baronesa Taoubi, en presencia del general Philosophoff y de la princesa Havanschky).La misma noche, habiéndose Home sentado al piano, comenzó a tocar. Como nos había invitado a aproximarnos, me coloqué a su lado. Yo tenía una de mis manos en su silla y otra en el piano. Mientras tocaba, la silla y el piano se elevaron a una altura de tres pulgadas, después, volvie-ron a su lugar. (Confirmado por Lord Crawford, luego Lord Lindsay, en 1869).Un célebre médico inglés, el Dr. Hawksley, que trataba en 1862 a la primera mujer de Home, refiere que un día Home hizo, en su presencia, subir consigo a un visitante que deseaba ver algún fenómeno, en una fuerte y pesada mesa que se elevó inmediatamente, con su carga, a ocho pulgadas de altura. El doctor Hawksley se agachó y pasó fácilmente la mano entre las patas de la mesa y la alfombra, después, terminado ese examen, la mesa descendió y el visitante la abandonó.Veamos como el propio Douglas Home describe sus impresiones :

Durante esas elevaciones o levitaciones, nada siento de particular en mí, excepto la sensación de costumbre, cuya causa atribuyo a una gran abundancia de electricidad en mis pies. No siento mano alguna que me sostenga, y, desde mi primera ascensión citada más adelante ,  dejé de tener miedo, puesto que si me hubiese caído de algunos techos hacia los que fui elevado, me hubiese herido gravemente. En general, soy levantado perpendicularmente, con los brazos tiesos y erguidos por encima de la cabeza, como si quisiese agarrar al ser invisible que me levanta suavemente del suelo. Cuando llego al techo, los pies son llevados hasta el nivel de la cabeza y me encuentro como en una posición de descanso. He estado muchas veces así suspendido durante cuatro o cinco minutos.

Se encuentra un ejemplo de esto en un acta de sesiones que se reali-zaron en 1857, en un castillo cerca de Burdeos. Una sola vez mi ascen-sión se realizó en pleno día. Fue en América. Fui levantado en un aposento en Londres, calle Sloane, en el que había cuatro lámparas de gas y en presencia de cinco caballeros que podrán confirmar lo que vieron, sin contar el gran número de testimonios que puedo publicar después. En algunas ocasiones, habiendo disminuido la rigidez de mis brazos, hice con un lápiz letras y señales en el techo, que la mayor parte todavía existen en Londres.Home atribuía las levitaciones y la mayor parte de los otros fenómenos que producía, a seres inteligentes e invisibles que se apoderaban de su fuerza nerviosa para manifestarse. Tal era también la opinión del Dr. Hawksley, que se expresó así en un artículo pedido por una sociedad científica de Londres:“Una vez que consentí en realizar este artículo, me reservé la libertad de expresar mi opinión sobre la causa de estos fenómenos, que no es la que suelen tener generalmente. Después de un serio examen, llegué a la conclusión de que esas manifestaciones eran producidas por un espíritu inteligente, que se apoderaba del cuerpo de mi amigo y podía dejarle para operar a distancia ciertos actos, por ejemplo, tocar un instrumento, levantar y proyectar objetos materiales, leer el pensamiento o responder con inteligencia por medio de golpes a las preguntas que le eran hechas.”Los casos de posesión que hablan las Escrituras, dan lugar a creer que esos fenómenos son idénticos a los que sucedían en tiempos de Cristo. Esas posesiones, según el Evangelio, no constituían un castigo ni prueba de culpabilidad de los que eran sus víctimas. Antes habría que ver en ellas una prueba o un infortunio que debe tener su razón de ser, aunque hasta ahora han resultado totalmente incomprensibles para nosotros. En cuanto a lo que dije respecto al Sr. Home, aunque fuese llevado a creer que estaba poseído, al conocer su vida y sus cualidades, estoy absolutamente convencido de su honestidad, benevolencia y de la nobleza de su carácter (Gardy, “El médium D. Home” pág. 142).

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Publicado por en octubre 30, 2010 en Casuística

 

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