RSS

El caso de Bert Reese

28 Oct

Bert Reese, judío polaco establecido en los Estados Unidos, Schrenck-Notzing, drakulés, director de un diario de Atenas, Edison, H. Carrington, J. Maxwell, procurador general de la Corte de Bordeaux, todos ellos personas de indiscutible idoneidad, efectuaron una serie de notables experimentos.

En marzo de 1913, Reese le dice a Schrenck: «Coja cinco pedazos de papel. En uno de ellos escriba el nombre de su madre. En los otros cuatro, escriba una pregunta y doble bien los cinco. Mientras lo hace yo dejaré la habitación y no regresaré hasta que me llame.»«Estábamos separados por dos puertas, cuenta Schrenck, y yo permanecía solo en la habitación.

En el primer papel escribí el nombre de mi madre, Meta.

En el segundo: ¿Cuándo irá usted a Alemania?

En el tercero: ¿Tendrá éxito el libro en el que está trabajando actualmente?

En el cuarto una pregunta de carácter personal.

En el quinto: ¿Cómo se llama mi hijo mayor?»

«Los cinco pedazos de papel fueron debidamente doblados como lo hacemos con una carta; estaban delante de mí cuando Reese entró. Me pidió que los mezclara. Tomó al azar uno de los papeles, encendió un fósforo y lo quemó sin haberlo abierto, mientras yo distribuía tres de ellos en los bolsillos de mi chaleco, quedándome con el ultimo en la mano derecha. Yo ignoraba por completo dónde se hallaba tal o cual de los cuatro papeles. En ese momento, Reese puso en mi frente el puño derecho donde tenía el papel, y escribió: “Estaré en Alemania el 16 de marzo.” Perfecto. Luego, ya sin tocarme y sin que yo sacara el papel de mi chaleco: “El libro tendrá más éxito que el esperado.” Mi asombro aumentó cuando respondió fácilmente a la pregunta íntima, que consistía en diez palabras. Lo hizo sin esfuerzo alguno, como alguien que lee una frase en un libro. No pudo responder a la cuarta pregunta, porque alguien vino a interrumpirnos. Dijo mientras se levantaba: “Su madre se llama Meta.” Más tarde comprobé que el papel quemado era el que contenía este nombre.»Todo eso duró apenas un cuarto de hora.J. Maxwell nos refiere lo siguiente: «Conocí a Reese en casa de M. B., en mayo de 1912. Me pidió que escribiese siete frases en siete pedazos cuadrados que él mismo recortó de una hoja de papel de luto que tomó del escritorio de la señora B. Mientras yo escribía, Reese se marchó a una pieza vecina, alejada unos 5 o 6 metros. Las puertas quedaron abiertas; podía verme, pero naturalmente no habría podido ver lo que yo estaba escribiendo. Además, se hallaba conversando con algunas personas. Me había recomendado que anotase el nombre y el apellido de mi padre, el apellido de uno de mis profesores y cinco preguntas a mi elección. Yo escribí: «1. Marie-Angéline Mougenot; 2. Eveline; 3. ¿encontraré un editor para mi novela?; 4. ¿tendrán éxito mis libros de criminología?; 5. ¿cuál es mi mayor defecto?; 6. ¿se producirá algo que deseo?; 7. ¿volveré a vivir en mi casa antes de jubilarme?»Acto seguido doblé cada uno de los recortes cuadrados de papel y los guardé conmigo. Reese no los tocó en absoluto. Me pidió que pusiera una pregunta en cada uno de los bolsillos laterales de mi pantalón, otra en cada bolsillo inferior del chaleco. Me dijo de apoyar un papel en mi frente, luego que lo pusiera en la silla y me sentara encima. En cada una de mis manos, tenía dos preguntas. Luego me hizo apoyar el pedazo de papel que tenía en mi mano derecha sobre su frente, tras lo cual cerré la mano guardando dentro dicho papel. De inmediato, escribió en inglés: Dentro de ochenta y ocho días encontrará un editor. Después escribió: Seguramente se realizará el acontecimiento que usted desea. Usted irá a vivir a su casa antes de lo que cree. Llegará a jubilarse. Luego escribió: Su madre —Eveline— tuvo cuatro hijos, de los que usted es el primogénito. Es verdad, le dije, yo soy el primogénito y mi madre tuvo cuatro hijos. Al llegar al nombre de Eveline, se levanta y me dice que lo reemplace por el de Marie-Angeline. Cuando a mi vez me levanté para reunirme con mis amigos, escribe bruscamente Mouguenot, que reproduce (con un leve error) Mougenot.»Maxwell añade: «Reese no tocó en ningún momento los pedazos de papel. No salieron ni de mis manos ni de mis bolsillos. Mis facultades de observación estaban bien alertas.»

Hereward Carrington, que estudió muy especialmente la prestidigita-ción, efectuó el mismo experimento con idénticos resultados; quedó plenamente convencido de que se trataba de auténtico caso de clarividencia y no de un truco, por perfecto que fuera.Edison ha hecho referencia a experimentos que le parecieron concluyen-tes. Va a una pieza alejada de la habitación donde se hallaba Reese y escribe: «¿ Hay algo mejor que el hidróxido de níquel para una batería de materias alcalinas?» Luego entró en la habitación donde estaba Reese, quien le dijo de inmediato : «No hay nada mejor que el hidróxido de níquel para una batería de materias alcalinas.»Dos años más tarde anuncian a Edison la visita —inesperada— de Reese. Entonces Edison escribe en letra microscópica el vocablo Kemo y se lo guarda en un bolsillo: «¿Qué acabo de escribir?» le pregunta a Reese, y éste responde sin vacilar: «Kemo.»El Dr. Thomson, médico alienista y escéptico confeso, quedó absolutamente convencido de la lucidez de Reese después de haber tenido una entrevista con el clarividente.A raíz de una denuncia, Reese fue arrestado en los Estados Unidos por disorderly conduct. Reese apeló y compareció ante el juez Rosalsky, quien estaba asistido por dos miembros del ministerio público, Flint y Boswich. También se hallaban presentes dos reporteros. Ante estas cinco personas, evidentemente es-cépticas y probablemente muy prevenidas contra Reese, éste demostró rotundamente su clarividencia. Le pidió al juez Rosalsky que escribiera algo en tres pedacitos de papel, los doblase y los guardara en tres bolsillos diferentes, mezclándolos para que no pudiese reconocerlos. Luego el juez sacó de sus bolsillos uno de los papeles y lo apoyó contra la frente de Reese. «Usted me pregunta, dijo el clarividente, cuánto dinero tiene en determinado banco; usted tiene quince dólares.» La respuesta era exacta. En cuanto al segundo papel, siempre cerrado: «En este papel está escrito el nombre de una de sus exmaestras, miss O’Oconnor.» También leyó la tercera frase.En definitiva, el juez Rosalsky absolvió a Reese.La conclusión que podemos sacar de todos estos experimentos, aun cuando Reese sea una persona de moralidad poco clara, es que su clarividencia es innegable.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en octubre 28, 2010 en Casuística

 

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: