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El caso de J.C (Telerradiestesia)

24 Oct

Por  J.Roca Muntañola

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Por gentileza de la sección de parapsicología del Museo Nacional de Badalona, donde se habían dado unas conferencias sobre radiestesia, me visitó una tarde el señor J.C ,residente en Badalona, y con un negocio en la misma ciudad ,el cual me expuso con toda clase de detalles que habían perdido en su propia casa un paquete conteniendo joyas y otros  efectos de gran valor, el cual igual podía haberse perdido en el piso que habitaban ellos (matrimonio e hijos), que en el piso de sus padres y demás familia, situado en la misma finca.

Resulta que esta indicada finca se compone en total de planta y piso; casa grande y muy antigua, con infinidad de habitaciones en cada piso. El paquete, por lo que supe más tarde, se había estado buscando durante mucho tiempo y siempre inútilmente. La particularidad del caso era que la madre del señor J.C había escondido el paquete «en alguna parte» de ambos pisos poco antes de emprender un imprevisto viaje que todos juntos efectuaron a Francia. Pero resultó que en el curso del mismo, dicha señora sufrió una repentina y muy grave enfermedad, perdiendo totalmente la memoria que todavía, a pesar del tiempo transcurrido, no ha recuperado. Durante la visita del señor J.C a mi despacho, una vez en conocimiento de todo lo sucedido y lo que se deseaba de nosotros, recabé me mandaran un plano por duplicado de ambos pisos, efectuado por él mismo, en papel «milimétrico» y ajustándose a medidas y con detalle de las habitaciones que debía enumerarlas, pero sin detallar para nada la utilidad o función que podía tener cada una de ellas. Necesitaba también que en dichos planos constara el Norte magnético. Y por último, me precisaba una nota del contenido verdad de dicho paquete, y que el interesado nos indicara, con todo detalle, lo que nosotros tendríamos que buscar. Y hay un dato importante que tengo que hacer constar: a nuestro grupo de trabajo no nos interesaba para nada la dirección de dicha casa, o sea la calle, ni conocer personalmente la casa y tampoco la familia. Sólo nos interesaban los planos.Al día siguiente mandamos el plano de cada piso, por cierto muy bien hechos, y la nota de lo que se tenía que buscar, al radies-tesista señor José Cabané Sin, industrial establecido en Barcelona y socio en activo de la Asociación de Radiestesistas.Al poco tiempo (tenemos registrado el tiempo invertido en dicho trabajo radiestésico) dicho radiestesista «sabía» dónde se encontraba el indicado paquete. Telefónicamente me dio muchos detalles: piso y número de la habitación; lugar exacto del «escondrijo», así como altura en que se encontraba el mismo y su profundidad (Altura a nueve centímetros del suelo, y profundidad a seis centímetros aproximadamente.) También ciertos detalles de aquella habitación que todos ignorábamos, como, por ejemplo, cierto mueble con cajones… y ropas…, etc.

Y así fue. El paquete se encontró escondido en el lugar que se había indicado, sitio totalmente secreto e ignorado por toda la familia, excepto, por lo visto, de la madre enferma y sin memoria. La familia supuso que posiblemente los abuelos, ya fallecidos, hicieron construir aquella trampilla en lugar tan disimulado y precisamente a la altura indicada por nosotros, que un chiffonier estilo mallorquín, ayudaba a que pasara desapercibida de cualquiera. También se comprobó que las patas de dicho mueble, que tenía siete cajones sobrepuestos, cajones con ropa usada, tenían 9 centímetros justos de altura, y que la profundidad del «escondrijo» en total era de 16 centímetros, pero el paquete fue encontrado entre los 6 y 7 centímetros de aquella cavidad construida ex profeso.Creo necesario hacer constar nuevamente que la indicada casa de Badalona no había sido visitada por ninguno de nosotros (carecíamos de la dirección y el lector comprenderá el porqué). Por otra parte, el radiestesista no llegó a conocer al señor J. C. en ningún momento.En el estudio de este caso, entre telerradiestesistas, cabrían muchas preguntas que desgraciadamente quedan todavía sin respuesta. Por ejemplo:

¿Es nuestra mente «la que viaja en el tiempo» y descubre lo que busca?

En el caso anterior, no había ningún estímulo físico que entrara en juego. Y descartada totalmente la telepatía, ya que no conocimos a la madre del señor J. C, a no ser que… «viajando en el tiempo», y a través del inconsciente de la enferma conociéramos la realidad objetivamente…Alexis Carrel, en su inmortal obra La incógnita del hombre, dice lo siguiente sobre la «clarividencia precognitiva»:

«Ella nos conduce a nuestra meta, aun cuando, por desgracia, no sabemos alcanzarla de verdad y ni siquiera sabemos dónde está. Y cuando la conseguimos a veces nos asustamos y tenemos miedo de nosotros mismos.»«Si en verdad pensáramos en todo lo que podríamos ser —decía William James, el gran filósofo—, reconoceríamos que estamos despiertos a medias; sólo aprovechamos una pequeña parte de nuestros recursos mentales.»

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Publicado por en octubre 24, 2010 en Casuística

 

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