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ESTRUCTURACIÓN DE LA MENTE

02 Oct

El definir que es la mente o la conciencia, es harto difícil y complejo. No olvidemos que la psicología clásica se encargaba del estudio del alma y sus facultades normales: inteligencia, sensibilidad y voluntad, pero actualmente el concepto ha variado y la psicología estudia los diferentes estados anímicos de hombre, el porqué y el cómo de sus propias reacciones.

Como decía H. Smith: “La conciencia es una superestructura psicológica, donde por medio del yo tratamos de adquirir el conocimiento real de nosotros mismos, capturando o reteniendo, por decirlo de alguna forma más clara y convincente, los fenómenos externos que nos rodean y valorando nuestro propio comportamiento”.

La conciencia es un sentimiento interior que todos poseemos, en mayor o menor grado, para a preciar nuestras acciones y juzgarlas posteriormente.

Siguiendo los estudios de Bergson podemos distinguir, por decirlo de alguna forma, tres zonas o áreas poco definidas que forman la conciencia, la mente.

a) Zona consciente:

Es aquella donde se plasman todas las impresiones, la más conocida por nosotros mismo y la que se utiliza normalmente; nos informa sobre lo útil, lo practico y lo necesario para nuestra vida de relación. La información a esta zona le llega por vía sensorial, por medio de las conducciones nerviosas de los diferentes sentidos (vista, oído,etc.).

Lo consciente es lo superficial y la atención y concentración son cualidades principales que encontramos en esta zona.

Podríamos decir que lo consciente, dentro de nuestra mente, abarca una parcela del conocimiento, es exterior y es lo que rige el estado de vigilia habitual.

b) Zona subconsciente:

Si lo consciente es lo conocido, lo superficial, el subconsciente es todo lo contrario, lo desconocido y lo profundo.

En esta zona se encuentra una realidad del conocimiento más extensa, más rica y más verdadera. Es el yo con toda su capacidad, con todos sus instintos; según estudios efectuados últimamente, parece ser que en el subconsciente se acumula todo el pasado vivido y todas las experiencias adquiridas.

Según William Hamilton, psicólogo escocés: “El subconsciente es el lado nocturno del alma; la conciencia está en el lado luminoso”.

Para entender de una forma práctica lo que queremos decir, veamos un ejemplo:

Muchas veces nos interesa recordar un nombre, una dirección, un hecho; por mucho que hagamos esfuerzos conscientes para memorizarlo nos será imposible; por el contrario si dejamos reposar al subconsciente, al cabo de un rato y de una forma sorpresiva, aquel nombre que no podíamos recordar se nos hará consciente. este hecho nos indica que ha habido una transferencia de la zona subconsciente a la consciente.

c) Zona inconsciente:

El inconsciente siempre se manifiesta de una forma automática y fuera de todo control, consciente o subconsciente; hacemos cosas que no nos explicamos porqué las efectuamos y no podemos encontrar una causa lógica a nuestro comportamiento.

S.Freud creador del psicoanálisis, afirmaba que todos los seres humanos tienen, “una vida anímica inconsciente que inexplicablemente rige gran parte de las reacciones de nuestra mente y personalidad verdadera”.

En algunas personas su inconsciente, zona indeterminada de nuestra mente, les manifiesta el futuro; en la Universidad de Duke se han efectuado estudios al respecto y los resultados han sido positivos. Uno de los experimentos se trataba de adivinar, con mucha anticipación, el orden en que iban a salir las cartas de una baraja, empleando máquinas que permiten barajar las cartas mecánicamente. Después de múltiples estudios se ha llegado a la conclusión que existen personas que presentan facultades sorprendentes.

Se ha dicho que el inconsciente es una facultad espiritual del hombre, para él no existe ni el tiempo ni el espacio. Es cierto que la mayoría de parapsicólogos creen en la existencia del inconsciente pero no existe ninguno que haya profundizado científicamente sobre el tema.

Existen una serie de fenómenos paranormales que se atribuyen al inconsciente, como la xenoglosia(locución de lenguas extranjeras que nunca fueron aprendidas) o la criptomnesia (memoria del inconsciente, memoria de cosos ocultas). Todos estos fenómenos ya los estudiaremos posteriormente.

Para finalizar este punto y de una manera gráfica, podemos decir que el inconsciente se asemeja a un iceberg; la superficie que podemos ver (el consciente), es apenas la centésima parte de lo que permanece oculto bajo el agua (el inconsciente).

En resumen: sabemos muy poco sobre esta fuerza interior que llamamos subconsciente, pero prácticamente nada sobre el inconsciente. Todo junto forma el extraño y fascinante mundo de la mente, de la psiquis.

LA HIPNOSIS (hechos más significativos)

Con este apartado no pretendemos profundizar sobre el tema de la hipnosis, ya que existen numerosos tratados y magníficas publicaciones, tan solo queremos señalar algunas ideas y clarificar conceptos.

La hipnosis o sueño artificial, es un procedimiento que se emplea para producir el sueño por fascinación, mediante influjo o mediante sugestión personal.

El hipnotismo, será pues, aquella ciencia que se encarga de estudiar los fenómenos de la hipnosis.

La medicina, la psicología utilizan frecuentemente la hipnosis como arma terapéutica, lo que denominamos hipnoterapia, con resultados altamente positivos; puede aplicarse a gran número de pacientes y a una amplia variedad de dolencias.

Haciendo un poco de historia, se atribuye al Dr. J. Braid (1.795-1.860), de nacionalidad inglesa, el descubrimiento de la hipnosis y de la sugestión. De todas formas poseemos escritos y relatos de que la sugestión existe, prácticamente, desde el nacimiento del hombre.

A primeros y hasta la mitad del siglo XIX, habían numerosos magnetizadores que empleaban frecuentemente la sugestión, pero sin emplear la palabra. en sus publicaciones reseñan que es posible provocar a voluntad anestesias, contracciones, trastornos psicobasculares …. etc.

Fue en 1.845 cuando Braid en ocasión de unos experimentos efectuados por Lafontaine, comprobó que se podía adormecer a determinadas personas haciéndoles fijar la mirada en un punto brillante, un tapón de garrafa de cristal, por ejemplo, y al sueño así producido lo llamó hipnotismo (del griego hipnos = sueño).

A todo lo largo del siglo XIX las técnicas hipnóticas van cobrando, poco a poco, un prestigio científico y será en 1.882 cuando la Academia de Ciencias Francesa las acepta sin ningún tipo de reparo, gracias a la presentación de las mismas por el profesor Charcot. A partir de ese momento se fundan revistas especializadas sobre el tema, se crean sociedades y hasta 1.895 se considera la edad de oro del hipnotismo.

Se quiere ver que gracias a la sugestión y a la hipnosis se puede curar, prácticamente todo, todo tipo de dolencias y que se ha encontrado la piedra filosofal del problema.

Debido al abuso y al exceso de los hipnotizadores, al fracaso de alguno de ellos, y a la incomprensión de la gente, los métodos hipnóticos y la hipnosis van perdiendo adeptos, los médicos no la utilizan como arma terapéutica y se vive un período más positivista, más materialista.

Sin embargo, en la actualidad, la hipnosis va recobrando el papel que le corresponde, es un arma terapéutica muy útil y se utiliza por psicólogos, médicos y psiquiatras.

Podríamos decir que la medicina psicosomática, que está en pleno desarrollo, utiliza la sugestión y sus métodos para curar muchas de las dolencias actuales, principalmente, aquéllas que están motivadas por el estrés nervioso, tan habitual en nuestro mundo occidental.

Sugestión e hipnotismo

Si la sugestión consiste en una implantación de una idea cualquiera en el cerebro, la autosugestión es una sugestión hecha por el propio operador sobre su persona.

Según E. Coué la autosugestión “es una fuerza dotada de un poder nunca visto, incalculable, que según las circunstancias, produce los mejores o peores resultados. Para practicarla, es absolutamente necesario que la voluntad no intervenga, porque esta facultad cede siempre ante la imaginación”.

Vamos a poner un ejemplo, del mismo Coué, para ilustrar mejor la anterior definición.

“colocad en el suelo una plancha de diez metros de largo por veinticinco centímetros de ancho. Todo el mundo será capaz de ir de un extremo a otro sin poner el pie fuera de la plancha; pero supongamos que esta plancha esta situada a la altura de las torres de una catedral: nadie -excepto los habituados- será capaz de avanzar ni un metro sobre el estrecho camino, cualesquiera que sean los esfuerzos de la voluntad. En el primer caso, os imagináis que es fácil ir de un extremo a otro de la plancha; en el segundo, os imagináis que no podéis hacerlo. El vértigo no tiene otra causa que la imagen de la posible caída; esta imagen a pesar de todos nuestro esfuerzos de voluntad, se transforma inmediatamente en acto”.

Siguiendo las observaciones anteriores, Emile Coué presenta una técnica, un método particular y muy personal.

Método Coué:

Este método se enseña en muchas instituciones; se basa en repetir una serie de frases, de una forma continua, como si se recitaran letanías, hasta que la idea penetra en nuestro subconsciente, entonces es cuando actúa. Ejemplo:

“Cuando uno sufre un dolor más o menos vivo, por cualquier causa que sea, basta para mitigarlo o hacerlo desaparecer, con repetir, rápidamente y sin tomar aliento: Ya pasa, ya pasa, ya pasa…”

Como todo método o técnica la relajación será útil para muchas personas y se puede aplicar a gran cantidad de dolencias y problemas, si bien el resultado no será siempre positivo, los diagnósticos no importan y según dice el propio Coué: “Es mejor no saber de dónde viene el mal y hacer que desaparezca, que saberlo y conservarlo”.

Método Durville:

Este sistema es completamente opuesto al anterior, si en el primero se trataba de potenciar de una forma pasiva, maquinal al subconsciente, en este método se trata de utilizar los elementos superiores de nuestro espíritu de una forma consciente, nos queremos curar y nos curamos. En unos escritos de los hermanos Durville recogemos los siguientes párrafos:

“Para conseguir algo más que esta mejora transitoria, lo que precisa es tener fe en su propio poder, desarrollar sus fuerzas innatas mediante un entrenamiento apropiado, tener confianza en el éxito final, que debe aparecérsenos innegable. Es necesario decirse: Quiero curar, y quererlo de verdad, sabiendo que la fuerza está en nosotros. es imperioso imaginarse ser ya la persona que uno será, una vez curado. La voluntad de vivir es un poderoso revivificante”.

Este método es eficaz en aquellos pacientes que se prestan a seguirlo y que normalmente la voluntad es la cualidad más deficitaria, con lo que se les imprime una fuerte dosis de confianza en sí mismos, reafirmando su voluntad.

Hasta aquí hemos hablado de la sugestión y de la autosugestión, sin decir prácticamente nada de la hipnosis. De una manera gráfica podríamos decir que la hipnosis representa un paso más, aflorar al consciente una serie de vivencias que están acumuladas en el subconsciente, que el individuo no conoce y que son la causa de su alteración.

Para llegar al estado hipnótico se han empleado diversas técnicas, desde los fármacos, pasando por los métodos clásicos de sugestión, hasta el coma insulínico (provocar una falta de azúcar en la sangre hasta alcanzar un grado de semi- inconsciencia) y la utilización de diversos anestésicos más o menos potentes.

En la actualidad se está volviendo a las técnicas habituales, que sea el propio individuo quien coopere de una forma activa con el hipnotizador. Si la gravedad del cuadro es importante y se requiere de una hipnosis, se recomienda la utilización de algún anestésico menor.

El campo de utilización de la hipnosis como terapia es importante, y es una técnica muy útil (no es la única) que todo médico tendría que dominar y utilizar en su consulta diaria; cualquier enfermo, tenga la dolencia que tenga, posee una carga afectiva muy importante que muchas veces le bloquea y no le deja comunicarse con su médico.

En el Congreso Internacional de la Hipnosis que se celebró en París, en Abril de 1.965, se presentaron un centenar de trabajos, donde se utilizó el hipnotismo en gran número de trastornos patológicos con resultados sorprendentes. Como posteriormente dijo el eminente psicoanalista italiano Emilio Sevadio en el Congreso:

“La extraordinaria variedad de aplicaciones hipnóticas se ha reflejado en el conjunto de las exposiciones que han tratado prácticamente todos los temas, desde la jaqueca hasta los tics, desde los pronósticos de poliomielitis, hasta la obesidad, desde el alcoholismo hasta la colitis ulcerosa, desde la dermatología hasta la criminalidad”.

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Publicado por en octubre 2, 2010 en Tratado Parapsicológico

 

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