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Objeto y Sujeto de la parapsicología -Entrevista al Prof. Willem H.C. Tenhaeff.

Por  Vintila  Horia

Camino a lo largo del canal y de las casitas pintadas, bajo el sol que logra apenas agujerear la niebla. Las aguas parecen estancadas, como en Venecia, pero son las de un río. Grandes árboles reflejan su cara de invierno en este espejo holandés, donde hace no tantos siglos que Rubens y Rembrandt imaginaron su mundo más real que el de la realidad. Es un sitio de claroscuros, de complementariedades, una tierra misteriosa donde vivió Spinoza en conflicto con los suyos, donde Erasmo pensó una nueva relación entre el hombre y Dios, donde vinieron a refugiarse y a publicar los perseguidos de toda Europa, donde nació la gran pintura flamenca. Donde los mejores joyeros del mundo siguen almacenando riquezas y puliendo el reflejo del sol en la piedra diamantina traída desde muy lejos.

Un sitio donde el mar penetra en las casas y en los corazones, donde las escaleras interiores son tan empinadas como las de los barcos, donde el contacto con el exterior no excluye el otro contacto con el horizonte interior. No es quizá pura casualidad el hecho de que Utrecht haya sido la primera ciudad europea donde la Universidad se haya decidido a crear una cátedra de Parapsicología. Nada es fruto del azar. Holanda es un país donde abundan las personas con dones de clarividencia, telepatía, poderes ocultos. Y es el profesor Willem Tenhaeff el que las estudia, clasifica, interpreta. Hace cincuenta años que está inclinado sobre ese extraño mundo. Y su conclusión me parece digna de darse a conocer, puesto que es más original que otras y, de alguna manera, linda con las últimas conclusiones de los físicos: para llegar al fondo del problema es preciso partir desde el punto de vista de lo cualitativo. No de lo cuantitativo y estadístico, como otros parapsicólogos, entre ellos Rhine, cuyo método es parecido al de las ciencias de la materia. Tenhaeff se interesa no sólo por el cómo sino por el porqué.

Tomemos un ejemplo, mientras paseamos juntos, el lector y yo, a lo largo del canal, dentro de la magia discreta del sol y de la niebla, y nos acercamos, a través del patio de la catedral, al laboratorio de Tenhaeff. Un paragnosta, es decir, un clarividente, alguien que logra conocer con medios situados al lado del conocimiento común y corriente, no es capaz de detectar y explicar todos los tipos de problemas o de preguntas que se le presentan. Uno puede descubrir al autor de un robo, otro puede ver dónde se esconde el cadáver de un niño engullido por las aguas, o leer en el porvenir. Ninguno es capaz de ver todas estas cosas, no tiene el don de ser un clarividente total. ¿Por qué? Sencillamente porque —y en eso la Psiquiatría y la Psicología modernas han sido de una gran ayuda— un vidente o paragnosta es lo que es, en general, porque en su infancia ha sufrido un traumatismo peculiar que ha orientado o abierto su sexto sentido hacia un tipo de problemática estrictamente relacionado con su caso. Por ejemplo: uno de los videntes estudiados por el profesor Tenhaeff había sido acusado, por su padre, en su infancia, de haber robado algo. El hecho dejó en él una huella imborrable, y, poco a poco, esta injusticia le orientó inconscientemente hacia el deseo de descubrir a los ladrones, para evitar así que los inocentes como él caigan en la trampa de las falsas sospechas. Croiset, el médium con el que el profesor Tenhaeff trabaja desde hace muchos años, puede ver los cadáveres de los niños que caen, con cierta frecuencia, en los canales de Holanda. La misma Policía holandesa y los padres acuden a él y en seguida se descubre el lugar. Porque a la edad de ocho años Croiset cayó a un canal y aquel acontecimiento traumático produjo en él esta posibilidad de ver, pero dirigida hacia una determinada clase de hechos. Aunque Croiset es mucho más complejo y logra descubrir escondrijos de todo tipo o proyectar su mente hacia el futuro; pero su, digamos, especialidad, está más bien relacionada con el agua.

No se trata, pues, de clasificar una serie de datos y personas, sino de llegar más hondo, tocar el aspecto cualitativo del problema. Sin excluir lo parapsicológico en sí; es decir, lo situado al lado de la Psicología, lo que la Ciencia oficial no acepta en cuanto objeto de estudio.

Paso cerca de la catedral, embestida y abatida por un huracán hace ya mucho tiempo y de la que sólo queda en pie una torre gigantesca, dando cuenta de la grandeza del antiguo edificio gótico, y una parte del mismo. Luego, por calles alegres, llenas de colores, me acerco al Instituto de Parapsicología, que el profesor Tenhaeff dirige desde 1933, cuando fue nombrado profesor agregado de la Universidad de Utrecht, para conseguir en 1953 la cátedra de dicha disciplina. Hace diez años que tenía que haberse jubilado, pero el Gobierno promulgó un decreto especial que le permitió continuar sus estudios, sus clases y sus investigaciones más allá del límite de edad.

—He estudiado muchos casos y muchos seres —me dice el profesor Tenhaeff en su despacho— y he llegado a la conclusión de que la Parapsicología está obligada a abandonar el método cuantitativo. Hacer estadística no tiene ya ningún sentido. El parapsicólogo tiene que ocuparse de la personalidad del ser humano superdotado, por así decirlo, con dones paranormales. Es así como he llegado a la creación de una parapsicología antropológica, que no se propone estudiar únicamente los fenómenos, sino a dichos fenómenos en estricta relación con la personalidad humana que los produce.

¿Qué método ha utilizado usted en sus investigaciones psicológicas? ¿El de Freud o el de Jung?

—No soy dogmático. He utilizado todo lo que la Psicología contemporánea podía brindarme con el fin de mejor esclarecer mis investigaciones. Como usted sabe, mi convicción es que todos nosotros poseemos alguna que otra posibilidad paranormal desde el mismo momento en que nacemos. Algunos en mayor, otros en menor grado. Se trata sólo de saber desarrollarla. Por esto, me parece imprescindible que la actual investigación se desarrolle en un plan universal, con el fin de poner en común todos nuestros conocimientos, organizar en todas partes centros de investigación parapsicológica, estudiar todos los datos posibles y llegar juntos a una conclusión, con el fin de transformar esta ciencia en algo útil para el hombre. Hace mucho tiempo que filósofos y científicos se están ocupando de este tipo de fenomenología, como Francis Bacon en el siglo XVII o Swedenborg y Kant en el XVIII, y la conclusión de todos ellos fue que los fenómenos paranormales se habían manifestado siempre, a lo largo de la historia. William James, Charles Richet y Lombroso, en el siglo pasado, se han acercado a ella desde un punto de vista más riguroso, y fue así como hoy la Parapsicología puede ser considerada como una ciencia. El profesor Rhine, de la Duke University, siguiendo un método únicamente cuantitativo, complementario del mío, ha sido el primero, por ejemplo, en estudiar científicamente el fenómeno de la telepatía. Yo lo he estudiado también, pero con los niños y utilizando no las cartas Zener (las que utiliza Rhine), sino con cartas en las que habíamos dibujado símbolos que podían apasionar a los niños, relacionados con los cuentos infantiles y haciendo jugar a sus maestras el papel del hada buena. Fue así como, a través de 1180 niños y 88 profesoras y durante más de tres años de experimentos, he podido averiguar este hecho notable de que el niño tiene más posibilidad que el adulto de adivinar, ver y describir un objeto a distancia sin utilizar su vista normal. El hecho psicológico interesante es que hubo más acierto entre los niños que lograban confundir a la institutriz con el símbolo de la figura de la madre. Es curioso, ¿verdad? La relación entre lo paranormal y la psique es íntima y permanente. Según Carus, el médico de Goethe, el ser humano primitivo, de alguna manera parecido al niño de hoy, tenía desarrollada al máximo la posibilidad telepática y las demás. Nosotros la hemos perdido a lo largo del tiempo, desarrollando la percepción directa de los sentidos.

Sus estudios y experimentos más famosos están relacionados con la precognición o proscopia, como la suelen llamar los parapsicólogos.

—Sí; y es uno de los fenómenos más apasionantes y más difíciles de interpretar. Mire, me sucedió hace años lo siguiente: estaba haciendo unos experimentos en una clínica de Amsterdam y uno de los sujetos con el que yo experimentaba me dijo un día (era en 1937) que dentro de algún tiempo iba a tener la visita de la reina Guillermina, del príncipe Bernardo y de la princesa Juliana, hoy reina de Holanda. Me pareció absurda aquella predicción. Sin embargo, poco tiempo después, un psiquiatra me puso en relación con una señora que empezó en seguida a enviarme cartas proféticas. En una de ellas me decía que había soñado con un puente, por debajo del cual pasaba una carretera, que ésta se encontraba en reparación y que veía al príncipe Bernardo chocar con un camión en aquel mismo sitio. Veía incluso al príncipe caído debajo de su pequeño coche. Dos días después la predicción se cumplió con una exactitud escalofriante, y al príncipe, mal herido, lo trajeron a la clínica donde yo me encontraba. En seguida se trasladaron a la misma reina y la princesa Juliana, para atender al herido. Tengo muchas pruebas de precognición, cosas que me han sucedido o que me han contado. Freud sostiene que el pasado próximo aparece con frecuencia en los sueños. Yo diría que también el futuro próximo.

¿Cómo llega usted a explicar un fenómeno tan extraño?

—Nada es extraño. Basta escudriñar un poco, enfocar el fondo psicológico del problema. El caso de la señora que sueña con el accidente del príncipe Bernardo es sencillo: lo he indagado detenidamente. Ella misma padecía de lo que en la psiquiatría freudiana se llama un complejo paterno negativo, llegando éste a un nivel obsesivo. Como usted sabe, el concepto de príncipe en casos así llega a confundirse con el de padre; el símbolo del príncipe es el del padre. Aquella señora no hubiera nunca soñado con el accidente proscópico, o profético, del príncipe Bernardo, si no hubiese padecido de su complejo. Es como Croiset con las visiones de los niños ahogados, relacionados directamente con el accidente que ha sufrido en su infancia. Pero pasemos a otro tema, tan curioso y elocuente como el precedente: una señora me dijo un día, en 1938, que yo iba a emprender un viaje a Estados Unidos, que el viaje de ida iba a durar seis días, y el de vuelta, de cuatro a cinco semanas. Todo aquello me pareció irreal y absurdo. Pero en 1939 fui invitado a dictar unas conferencias a Estados Unidos y el viaje de ida duró, en efecto, seis días. Pero a la vuelta estalló la guerra, los ingleses bloquearon nuestro barco y tuvimos que esperar cinco semanas en un puerto del Canal de la Mancha.

Usted cita a Swedenborg en algunos de sus escritos. Es una de las personalidades más fascinantes en la historia de la Parapsicología. Fue de los primeros en hablar de precognición. De viajes en el tiempo y en el espacio, de espiritismo. ¿Cuál es su opinión sobre todo esto? Yo me apasiono, al mismo tiempo, por la parapsicología y el esoterismo, con el fin de mejor comprender estos fenómenos, pero me resulta sumamente difícil hacer coincidir las dos tesis. La una contradice a la otra.

—Yo soy científico. No me ocupo de religión y metafísica. Trato de encontrar explicaciones científicas, y nada más. En cuanto a Swedenborg, usted, si lo ha leído, recordará la famosa prueba que le fue impuesta por la reina de Suecia, Ulrica, hermana del rey Federico de Prusia. La reina se había enterado de los dotes de Swedemborg, de aquella visión que había tenido del incendio de Estocolmo, encontrándose el mago a kilómetros de distancia (en Upsala, si no me equivoco), y entonces lo llamó a palacio y le dijo que mientras el rey Federico se estaba muriendo en Potsdam, un año antes, ella y su hermano habían hablado de algunas cosas de las que sólo ellos estaban enterados. ¿Cuáles eran aquellas cosas? Que si Swedenborg podía ponerse en contacto con el mundo de los espíritus, que llamase al rey difunto y se lo preguntase. Una semana después, Swedenborg volvió con la respuesta, que era exacta. Ahora bien, yo no creo que en este caso se trate de espiritismo y de contacto con los difuntos, sino de un contacto vivo, telepático, entre el inconsciente de Swedenborg y el de la reina Ulrica. ¿No le parece a usted? Nuestros pensamientos tienen una forma y se ponen a veces en contacto telepático como los cuerpos. Yo he tenido un gato llamado Leo al que llegué a querer mucho. Después de perderlo, mucha gente seguía viéndolo en mi derredor. Hay formas de pensamiento que se pueden fotografiar. El médium norteamericano Ted Serios logra concentrarse de tal manera que un día lograron fotografiar un cuadro situado en un museo lejano, pero al que Serios reprodujo con claridad en su memoria. La máquina enfocó la cabeza de Ted Serios y logró captar perfectamente la imagen allí depositada. El profesor Bender se ocupó también de este caso y reprodujo en uno de sus libros* la fotografía con el cuadro, fotografiado no en la sala del museo donde está colgado, sino en la memoria del médium. No me parece imposible el contacto telepático entre vivos y muertos, pero hasta el momento, a pesar de todas las pruebas, yo me inclino a creer que se trata más bien de un contacto entre el médium y la persona que le consulta. Repito: esto no excluye la posibilidad espiritista basada en otro tipo de contacto. He asistido a experimentos interesantes que parecen contradecir mi tesis; he visto un médium atado a una silla cayendo en trance hipnótico y una niebla formándose alrededor de su cuerpo, luego tomando formas precisas de miembros y caras humanos, luego desplazándose en el espacio para mover unos objetos situados a cierta distancia del médium, que seguía atado a su silla y a su trance. Lo que se movía era su cuerpo astral. Pero, ¿qué es este cuerpo astral? ¿Era del médium o de otra persona fallecida? El día en que descubramos, desde el punto de vista científico, lo que es el cuerpo astral, estaremos muy avanzados y podremos enfocar la posibilidad de conocer mejor lo que sucede después de la muerte. Por el momento, sin que yo excluya la vida después de la muerte, no hemos logrado tener pruebas científicas del llamado cuerpo astral.

Pero entonces, ¿cuál es la causa de la visión que usted acaba de describir? ¿Cómo, a través de fenómenos parecidos, aparentemente materiales, los médiums ven en el futuro y no sólo en el pasado de las personas?

—Es posible que nosotros, seres hechos de materia, poseyéramos una segunda materia, fundamental e invisible, algo en lo que estuviéramos como sumergidos. Un campo de fuerzas, al que un científico holandés, Poortman, llamó “pluralismo ílico” o ilético (del griego hylos, que significa materia). Esto corresponde a lo que Platón llamaba “cuerpo astral”. La Parapsicología posee una serie infinita de pruebas que dan cuenta de la existencia de dicho cuerpo astral, de este pluralismo ilético, que no es más que una de las posibilidades de aquel alma cósmica o universal, a la que los neoplatónicos conocieron también. De este modo, nuestros psiquismos individuales serían algo así como interdependientes. Fuera de nuestros sentidos, estaríamos como guiados por una realidad suprasensible superior a nosotros. De cualquier manera, el antiguo concepto que científicos y filósofos tenían de la materia ha dejado de tener vigencia. La materia es muy distinta de la manera en que ellos la enfocaban hace pocos decenios. El materialismo en sí, en cuanto doctrina y filosofía, no tiene ya ninguna razón de ser. Nos encaminamos, y esto es debido también a la investigación parapsicológica, hacia un nuevo concepto de la materia, lo que nos facilitará descubrir caminos y espacios inimaginables.

Durante algunos momentos hablamos de Croiset, del primer encuentro que el profesor Tenhaeff había tenido con él en 1946, poco después de la guerra. Le pregunto si puede facilitarme un encuentro con él. Descuelga el teléfono, habla con Croiset en holandés, luego me dice que el adivino, o el clarividente, o el curandero –porque Croiset es todo esto junto–, me espera a las tres de la tarde en su casa. Me habla de los congresos a los que ha asistido en el extranjero, de sus publicaciones, de las que me regala algunas; de su colaboración con Eisenbud, en los Estados Unidos, y con otros científicos que se interesan por la Parapsicología. Es curioso, pero muchos físicos actuales, como Oberth, el creador de la “V-2″ y el colaborador de Wernher von Braun en el programa espacial norteamericano, se dejan tentar por la fenomenología paranormal. El físico nuclear holandés Kistenmaker, me dice, está estudiando el carácter pluralista de la materia en el sentido parapsicológico de la palabra. Le comento el libro de Arthur Ford**, un famoso médium norteamericano, libro que acabo de comprar en una traducción alemana y que revela todo un horizonte desconocido. En fin, el nombre del profesor Ripi sale a colación. Y era inevitable. Acabo de estar con él, en Italia y sus revelaciones me han impresionado sobremanera. El profesor Ripi, seudónimo detrás del que se esconde el nombre de uno de los psiquiatras italianos más famosos, ha escrito un libro bajo el dictado de un espíritu, según la técnica conocida como escritura automática.

Mientras vuelvo hacia el centro, a lo largo del mismo canal, en el que el sol se refleja con más fuerza detrás de unas nubes bajas, sutiles y grises, como teatrales y espiritualizadas, pienso en todo aquello con una intensidad que me obliga a detenerme. La ciudad misma me parece irreal. Todo lo que he visto y oído en estos últimos meses, también. Durante un momento, la niebla se levanta completamente y aparece un trozo de cielo azul. Las casas se ríen con sus colores y ventanas de juguete. Los globos y las guirnaldas de Navidad que la brisa mueve por encima de las calles, reflejan la alegría del cielo. Es como un contacto, brevemente consentido. Luego vuelve la niebla, la clara oscuridad septentrional. Una gaviota vuela por encima del canal y sus alas no logran reflejarse en las aguas. Y estoy solo. Hace frío y hago un esfuerzo físico para no tener miedo.

Fuente:”Encuesta detrás de lo visible”

 
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Publicado por en octubre 25, 2014 en Entrevistas, parapsicologia

 

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Contacte a mi hija en el otro mundo.

Cuando sonó el teléfono, me embargó una extraña sensación de desasosiego. Un hombre desconocido, que se identificó como agente del ministerio público, fue el portador de la peor noticia de mi vida. Karine, mi amada hija, había fallecido en un aparatoso accidente automovilístico. Mis gritos desesperados se convirtieron en alaridos. En ese momento, llegó mi esposo y, al enterarse de lo sucedido, empezó a golpear con los puños en la pared. Aquello no podía estar pasando. Tan sólo unas horas antes, nuestra vida era simplemente maravillosa.

Me llamo Maryvonne Dray. Soy francesa de nacimiento y provengo de una familia sencilla. De jovencita entré a trabajar a una empresa en la que conocí a Yvon, un hombre bueno y trabajador de quien me enamoré enseguida. Comenzamos nuestra relación y decidimos buscar nuevos horizontes. Tuvimos que mudarnos ¡18 veces! antes de descubrir el lugar en el que quisimos echar raíces. México era el sitio idóneo para darle un buen futuro a nuestra hija única.

En aquel diciembre de 1995, no podíamos pedir nada más. Yvon era un alto ejecutivo de una importante empresa de telecomunicaciones y yo estaba iniciando un exitoso negocio. Teníamos una casa hermosa, excelente salud y buenos amigos. Lo mejor era el orgullo de ver florecer a Karine. A sus 21 años, era una jovencita hermosa y vivaz que estaba a punto de graduarse en una prestigiada universidad, hablaba cinco idiomas y tenía grandes planes para el futuro.
Pero en un momento todo cambió. Al regresar del DF, el conductor del auto en el que ella viajaba perdió el control y se impactaron contra un árbol. La muerte la sorprendió instantáneamente y con ella, también nosotros nos sentimos morir.
Nunca sabremos cómo es que sobrevivimos a su sepelio, al enorme vacío de la casa, a la sensación de injusticia e impotencia que nos asaltaba, a ese dolor profundo y sin tregua que nos carcomía. Nos metíamos a su cuarto para llorar por horas enteras y luego, salíamos a caminar una y otra vez el trayecto de la carretera en dónde ocurrió el accidente.
Nos sentíamos en el límite de nuestra resistencia cuando cayó en nuestras manos un libro maravilloso.
La muerte, un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross, fue un rayo de luz en medio de la oscuridad. A partir de sus experiencias como doctora asistiendo a cientos de moribundos en su momento final, la autora plantea la inquietante posibilidad de que la muerte sólo es el paso hacia otra etapa de nuestra evolución espiritual en la cual seguimos viviendo, pero de diferente manera.
Si esto era verdad, ¿seria posible comunicarse con esa otra dimensión? Con cierta timidez, porque la razón se empeñaba en oponerse, empezamos a investigar las formas en que podría ser posible. Con asombro, descubrimos una técnica a la que podría atribuirse un sustento científico: la TCI (transcomunicación instrumental).

Karine Dray

En ese entonces no entendíamos con exactitud cómo funcionaba. Ahora sabemos que nuestros seres queridos, al ser despojados de su envoltura corpórea, no pueden emitir voces como lo hacían en esta vida. Por ello, es necesario proporcionarles un sonido de apoyo o soporte para que puedan materializar sus ideas y pensamientos. Esto se logra de una manera muy simple: con la ayuda de la estática o ruido de fondo de algunos aparatos electrónicos. En nuestro caso, elegimos usar una grabadora común, en la que insertamos un cassette de tipo común con el que grabábamos unos diez minutos haciendo unas preguntas. Se suponía que al reproducir los silencios entre cada pregunta, hallaríamos también la voz de Karine, que sería imperceptible por otros medios…
La Transimagen de Karine Dray en Luxemburgo…

Transimagen de Karine Dray que apareció en la computadora de Maggy y Jules Harsch-Fischbach el 4 de Julio de 1997, en Luxemburgo.

Es interesante notar que en esa época Yvon y Maryvonne Dray no conocían aún al matrimonio Harsch-Fischbach. Solamente mantenían correspondencia con ellos en previsión del 1er. Congreso TCI en México. Karine “proyectó” el rostro que tenía a la edad de 19 años, idéntico al de la foto con su gata. Entre otros signos de reconocimiento, en el texto puso: Palabra clave: Magna (¡el nombre de su gata!). También, en el fax que los Harsch-Fischbach enviaron al matrimonio Dray a México, se perciben dos gatos y un perro ¡que en la transimagen original no estaban! Curiosamente se parecen a los 3 animales que los Sres. Dray tienen en su casa.
En el caso de Karine, existen varios elementos que llaman la atención en particular:
1.-Un mensaje para la humanidad con varios signos de reconocimiento.
2.-Su rostro a la edad de 19 años.
3.-Un castillo tipo medieval.
4.-Se utilizaron 4 idiomas.
…Pasaron muchos días haciendo el intento. Pero al reproducir la cinta no hallábamos nada. Sin embargo, algo nos decía que lo siguiéramos intentando. En ese entonces, ignorábamos el esfuerzo que implica para los seres queridos que se han adelantado, poder articular palabras. Además de que no usan la sintaxis o las reglas gramaticales que nosotros empleamos.
Hasta que un día, en medio de un sobresalto que nos haría llorar de emoción y felicidad, pudimos escuchar claramente: “maman (mamá), Karine, Magna” (el nombre de su mascota, una gata que de inmediato comenzó a maullar).

No nos cabía la menor duda. Nuestra hija estaba tratando de comunicarse con nosotros. Entonces redoblamos nuestros esfuerzos y en medio de una enorme dicha, empezamos a recibir frases cada vez más largas y mejor articuladas. Por fin, después de tanto tiempo, volvíamos a reencontrar la paz.
¡La esencia de Karine estaba viva y no en un hoyo bajo la tierra!
Así, comenzamos una aventura maravillosa y singular. Hasta donde le era permitido, ella nos contaba cómo era la vida en esa otra dimensión en la que cuando llegue nuestro momento, volveremos a reencontrar a quienes se han ido, y en la que hay que seguir trabajando para nuestra evolución espiritual. Ella nos dijo que Dios es una energía amorosa que no castiga; todas las pruebas terrestres son una oportunidad para ejercer nuestro libre albedrío y asumir las buenas o malas consecuencias que de ellas se desprendan. La verdadera vida es la espiritual, y no ésta. Cuando llegamos al otro lado, lejos de “descansar en paz”, nos tocará realizar muchas labores de ayuda para la humanidad.
La TCI no es una herramienta nueva. Ya en 1921 Thomas Alva Edison había diseñado una máquina que sería su antecedente. Luego, en 1964, el Instituto de Física de Northeim, analizó unas grabaciones de voces del más allá y determinó que habían sido producidas por seres sin cuerdas vocales; las voces humanas miden en promedio 100 y 200 hertz, mientras las paranormales alcanzaban un rango de 1,400 hertz.
Junto con otras prácticas como la “mediumnidad” o la escritura automática, la TCI es un medio que se nos ha otorgado para aminorar el sufrimiento de la pérdida. Pero es necesario tener la mente abierta y no perseguir ningún fin innoble al querer contactar a nuestros seres de luz. También, hay que tener muy presente que estamos abriendo una puerta a lo desconocido. Por ello, siempre que se intente un contacto, hay que hacerlo con un ánimo muy positivo y pidiendo la protección divina.
La comunicación con Karine nos salvó la vida. Su destino era convertirse en nuestra guía espiritual, nos ha apoyado y orientado de mil maneras, y el nuestro transmitir este mensaje de esperanza a quienes sufren la muerte de un ser amado. Con ese ánimo, creamos una fundación que primero tuvo su sede en México. Actualmente vivimos de nuevo en Francia, desde aquí tratamos de llevar esperanza y ayudar a quienes lo necesiten.
Aunque desde luego la extrañaremos, ya no tenemos miedo porque estamos ciertos que la convicción de que la volveremos a encontrar, nos ayudará a evitar el dolor. Cuando la nostalgia nos invade, nos reconforta recordar uno de los mensajes más entrañables de nuestra pequeña mariposa, que abandonaría su cuerpo como una crisálida de la que se tuvo que desprender para dejarla surgir en todo su esplendor: porque vivimos, estamos libres, estamos bien… Y a ello nos aferramos.

 

Fuente :Revista  MC

 
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Publicado por en octubre 24, 2014 en Artículos

 

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Entrevista a Rupert Sheldrake.

Por Sabine Leitner

Biólogo y escritor inglés, Rupert Sheldrake ha desarrollado el concepto de “resonancia mórfica” basándose en los campos morfogenéticos. También ha investigado en animales, descubriendo su “telepatía”. Su trabajo como biólogo en el área de Biología del Desarrollo en la Universidad de Cambridge le llevó a pensar que no era posible explicar la biología sólo en términos de moléculas y genes, como se hacía antes, sino que parecía necesaria una visión más holística.

Rupert Sheldrake: En torno a 1920 ya existía la idea de los campos que forman la biología, llamados campos morfogenéticos. Nadie sabe lo que son estos campos, pero la mayoría de los biólogos dicen que algún día serán aceptados como componentes comunes de la física y la química. Yo llegué a la conclusión de que se trataba de un nuevo tipo de campo, y dado que son campos biológicos y que los organismos evolucionan, esos mismos campos debían contener en su interior una memoria, y este es el concepto de resonancia mórfica. La resonancia mórfica es la idea de que las cosas idénticas afectan a otras cosas idénticas a través del espacio y el tiempo. Todos los sistemas que se organizan tienen una especie de memoria inherente. Por sistemas autoorganizados, me refiero a átomos, moléculas, cristales, células, tejidos, órganos, organismos, animales, ecosistemas y sociedades. No incluyo las máquinas o los fragmentos de roca, ni las sillas, porque son agregados de materia, pero no se organizan por sí mismos. La idea básica es que cada especie tiene algo así como una “memoria colectiva” dada por la resonancia mórfica, donde cada individuo contribuye y está conectado a la misma fuente. Los grupos sociales también tienen campos mórficos: una bandada de pájaros, un banco de peces o una colonia de termitas están organizados por campos mórficos. Estas ideas han aparecido en mis dos libros teóricos principales: Una nueva ciencia de la vida y La memoria del universo, que desarrolla estas ideas con un fondo histórico.

Sabine Leitner: Usted también ha realizado investigaciones sobre telepatía. ¿Es una prolongación de su trabajo sobre la resonancia mórfica o es un campo completamente diferente?

RS: La primera fase de mi estudio se centró en la resonancia y los campos mórficos, y parte de mi trabajo consiste en poner a prueba estas hipótesis. La segunda fase consistía en encontrar la manera en que los campos mórficos sociales (campos grupales) permiten a los organismos comunicarse entre ellos de forma remota. Reflexionando sobre esto, me di cuenta de que la teoría del campo mórfico predice la existencia de la telepatía como un medio normal de comunicación entre los animales. La telepatía es, por supuesto, un tema tabú en los círculos académicos. Como consecuencia, se ha investigado muy poco sobre esto, y menos aún sobre la telepatía en los animales, pero resulta que la telepatía es común entre ellos, incluyendo perros, gatos y otros animales domésticos, y también en la naturaleza, entre los lobos y otros animales.

SL: ¿Cómo llevó a cabo esta investigación?

RS: Empecé a observar a la gente y elaboré una clasificación de experiencias y casos. A continuación hice algunos experimentos con perros, gatos, caballos, loros y otros animales… y los resultados mostraron que parecen tener comunicación telepática con sus dueños, así como con otros animales. Esta teoría es, obviamente, controvertida, especialmente en los círculos académicos, pero no para la mayoría de la gente. A veces, cuando hago presentaciones de esta investigación me preguntan: “¿Por qué estás perdiendo el tiempo tratando de demostrar lo que todos saben?”. Sin embargo, la ciencia lo rechaza o ignora.

SL: En su página web, descubrí que recientemente ha lanzado una apuesta sobre el genoma. ¿De qué se trata?

RS: Es una apuesta sobre el poder predictivo del genoma, y un ejemplo sobre las diferentes concepciones del mundo. El proyecto del genoma es el último grito de la biología mecanicista. Pero, en lugar de ser el triunfo que conduce a una comprensión de nuestra naturaleza y de la naturaleza de la vida, como nos habían dicho en los años 80 y 90, no parece necesario. Las compañías de biotecnología han perdido millones de dólares de los inversores sin obtener prácticamente ningún resultado.

Volviendo al tema de la apuesta, la he hecho con Lewis Wolpert, un distinguido biólogo británico. Él ha apostado que el 1 de mayo de 2029 será posible predecir todos los detalles de un organismo basándonos en el genoma de un óvulo de un animal o de una planta. Yo apuesto a que ese no será el caso. Ya está claro que esto no va a suceder, y la llamada “heredabilidad perdida ” es una crisis dentro de la ciencia moderna, porque los genes no explican todo lo que se supone que deben explicar. Siempre he dicho que se exageró la importancia de los genes; creo que la mayor parte de la herencia depende de la resonancia mórfica y no de los genes. Por eso no me sorprende la existencia de este problema de heredabilidad y, de hecho, creo que el nivel de heredabilidad que falta, que es alrededor del 90%, es una medida de la contribución de la resonancia mórfica.

SL: ¿Cómo cree usted que interactúan los campos mórficos y el ADN?

RS: Voy a intentar abordar este asunto brevemente. Los genes producen proteínas. Se trata de un código de la estructura primaria de las proteínas, pero la forma en que se pliegan las proteínas es el primer problema para la teoría genética, porque no se puede predecir la estructura tridimensional de la proteína únicamente a partir de la secuencia de aminoácidos. Si usted trata de calcularla, terminará con cientos de formas posibles, y solo se necesita una de estas formas. La resonancia y los campos mórficos juegan, creo yo, un papel en el plegamiento de la proteína . Ayudan a organizar la forma en que las proteínas interaccionan y en que la célula se organiza. Los campos mórficos interactúan con los genes, ya que estos proporcionan los materiales de construcción; una analogía muy burda sería la forma en que los hilos de cobre y los chips de memoria interactúan con el funcionamiento de un ordenador. Un ordenador que no funciona demasiado bien, presenta algunas deficiencias. Es como una mutación, pero los programas, el software, el diseño de los circuitos, todas estas cosas no están integradas en el ordenador. Así que hay una interacción: los genes defectuosos pueden originar un organismo defectuoso, pero esto no prueba que todo en el organismo se codifique o programe en los genes. La herencia es genética solamente en parte.

Los campos mórficos y la energía

SL: Los campos mórficos ¿son solamente formales y abstractos, o son una forma de energía?

RS: En cierto sentido, son teleológicos . Contienen atractores que atraen hacia ellos a los organismos en fase de desarrollo. Ellos organizan la energía. Todos los campos organizan la energía. Tome usted el campo de un electrón en la teoría cuántica de campos: el campo electrónico organiza la energía, y un electrón es una vibración en un campo electrónico. El campo electrónico, ¿es la energía? En realidad, no; es un campo que contiene u organiza la energía. Los campos mórficos contienen la energía, mi campo mórfico contiene y organiza la energía en el interior de mi cuerpo. La energía proviene de los alimentos, del desayuno, por ejemplo. En la ciencia, se hace en todas partes la distinción entre campos y energía. Karl Raimund Popper, filósofo de la ciencia, ha dicho que a través de la ciencia moderna, el materialismo ha sido trascendido, porque la materia ya no es el principio fundamental de la explicación, son los campos y la energía. Los campos y la energía pueden tomar cualquier forma, y la forma que adopten depende de los campos en los que se encuentra. Por lo tanto, estos campos no son puramente formales, sino que hay una distinción mental entre los campos y la energía. La energía contenida en un trozo de pan tostado ayuda al instante a mi cerebro a funcionar, pero si ese mismo trozo de pan tostado ha sido expulsado, o bien se pudrirá y ayudará a proporcionar combustible para el crecimiento de los hongos, o será comido por las aves y suministrará energía para el vuelo de un pájaro; sin embargo, es la misma pieza de pan tostado.

La energía es una mezcla heterogénea, puede tomar cualquier aspecto, cualquier forma. Puede pasar a través de cualquier organismo, pero su forma está dada por los campos, y los campos organizan la energía. Ellos no son en sí mismos la energía, son los contenedores o los organizadores de la energía. El campo mórfico de un perro, especialmente de un perro hambriento, organiza su comportamiento de modo que trata de encontrar el alimento; así que si hay un perro hambriento y hay un hueso con carne a pocos metros, él tratará de llegar al hueso. Si pones un resorte en su correa, podrás medir su fuerza y obtendrás una medida de la fuerza de este campo.

SL: ¿Piensa usted que algún día será posible medir los campos mórficos con una máquina?

RS: No hay ninguna razón para que se mida con una máquina. Los campos eléctricos se miden con máquinas eléctricas; los campos magnéticos, con máquinas magnéticas; los campos gravitacionales, con péndulos y otros fenómenos gravitacionales; los campos mórficos se miden a través de sus efectos: todos los campos se miden a través de sus efectos. Yo propongo experimentos que consisten en entrenar a las ratas para aprender algo nuevo y ver si las ratas pueden hacerlo mejor en otro lugar. Esto implica la medición de campos mórficos a través de sus efectos, y si el campo es más fuerte, el efecto será más fuerte. Debemos medir todos los campos a través de los efectos correspondientes. No hay ninguna razón para que puedan ser medidos a través de un dispositivo electromagnético. Después de todo, uno no puede medir la gravedad con un aparato electromagnético.

La posición de la ciencia oficial

SL: ¿Por qué es tan difícil para la ciencia aceptar esto?

RS: La dificultad proviene del paradigma mecanicista, según el cual la naturaleza es algo mecánico y la mente no es otra cosa que el cerebro. Cree que la actividad cerebral es el resultado de procesos físicos y químicos y que la mente está confinada dentro de la cabeza. En consecuencia, los pensamientos y las intenciones de la gente no deberían ser capaces de afectar a los animales a muchos kilómetros de distancia. La telepatía debería ser imposible. Pero si creemos que la telepatía es imposible, no nos molestamos en investigar sobre esto. Y si alguien lo hace y obtiene resultados positivos, como yo, entonces está loco o equivocado; o ha hecho una mala investigación. Sabemos por la filosofía de la ciencia y por trabajos como los de Thomas Samuel Kuhn, que la ciencia es un paradigma social. Ofrece un modelo de realidad que no es más que un simple modelo intelectual. Se trata de un modelo compartido por toda la sociedad que crea una especie de presión de grupo. Y las normas actuales de la biología en particular, son las de la visión mecanicista del mundo. Si usted habla en su contra, las reacciones serán a menudo hostiles.

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Publicado por en octubre 23, 2014 en Entrevistas

 

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No son fantasmas, son sólo ondas infrasónicas

Por Glenys Álvarez

El escenario es conocido. La persona entra a una gran iglesia, catedral o templo y al escuchar las notas musicales del órgano experimenta ciertos sentimientos extraños que se manifiestan en curiosas reacciones del organismo. El individuo registra estas impresiones y, al no encontrar una explicación disponible, le atribuye a Dios y a la espiritualidad del lugar estas sensaciones peculiares.

Sin embargo, un nuevo experimento realizado en Inglaterra ha encontrado una explicación más terrenal para estas percepciones: el infrasonido. Estas ondas imperceptibles al oído humano son las responsables de muchas sensaciones curiosas que hasta el momento nadie había podido explicar. Según  un interesante estudio realizado por el doctor Richard Wiseman, psicólogo de la Universidad de Hertfordshire y experto en investigaciones paranormales,  descubrió que las casas encantadas y embrujadas de Inglaterra en realidad estaban poseídas por estas ondas de baja frecuencia que son percibidas por el organismo humano como vibraciones puras y no como un sonido continuo. El investigador descubrió que los lugares más embrujados estaban asediados por ráfagas de viento y ondas bajas de infrasonido.

En un nuevo experimento controlado y realizado en Londres, un equipo de científicos ha corroborado los resultados de Wiseman. Una de las investigadoras en el proyecto, la ingeniera y compositora Sarah Angliss supervisó la construcción de un tubo, como los que utilizan los órganos para producir notas musicales, de siete metros de longitud.

“Los tubos largos producen notas bajas y algunas mucho más bajas de los 20 hertz que es la frecuencia que comenzamos a escuchar los seres humanos. Los organistas han estado utilizando estos tubos productores de infrasonido por más de 500 años así que es probable que no seamos la primera generación adicta al bajo”, explicó la investigadora.

El equipo llevó el tubo a la parte trasera del salón de conciertos Purcell en el sur de Londres. Luego invitaron a 750 personas para que escucharan algunas piezas contemporáneas y en medio de los temas mezclaban el infrasonido del tubo que producía ondas en una frecuencia de 17 hertz, a niveles de 6 a 8 decibeles. El equipo le pidió a la audiencia que escribiera cualquier sentimiento extraño o curioso en cualquier momento del concierto.

“Luego de analizar los resultados descubrimos que durante la introducción del infrasonido los reportes de experiencias extrañas y sensaciones raras aumentaron en un 22 por ciento. Teníamos personas que decían haber sentido sus muñecas temblar incontrolablemente, otros sintieron un escalofrío recorrerle la columna vertebral, hubo reportes de ansiedad, una terrible pena y un sentimiento extremo de nostalgia. Definitivamente, hemos confirmado que el infrasonido, aunque no lo podemos detectar de manera consciente, sí es capaz de hacer reaccionar al organismo de distintas formas”, explicó el doctor Richard Lord, científico acústico del Laboratorio Físico Nacional de Inglaterra y otro miembro de la investigación.

Los estudios y experimentos con infrasonido no son nuevos. De hecho, desde 1950 se han estado desarrollando armas, militares y no militares, que utilizan estas vibraciones para debilitar al oponente. Una de estas armas produce ondas tan bajas que los órganos internos de la persona comienzan a vibrar y la víctima no puede moverse por horas, días y a veces hasta mueren del ataque. Algunas de estas armas se quieren utilizar para controlar multitudes y para protección personal pero aún es difícil dirigir las ondas a un punto específico.

Por otro lado, la naturaleza también emite y utiliza el infrasonido. Tanto los elefantes como las ballenas usan ondas de frecuencias bajas para comunicarse. Estas ondas pueden viajar decenas de kilómetros por tierra y miles por mar, lo que hace más fácil la comunicación a larga distancia.

“Las vibraciones en el aire alrededor de un establecimiento de elefantes siempre me han recordado a las extrañas sensaciones que sentía cuando cantaba en el coro de la iglesia cuando era niña”, dijo para la BBC la doctora Katy Payne de la Universidad de Cornell en Nueva York y quien ha estudiado la comunicación entre elefantes por más de quince años.

Las catástrofes naturales y las condiciones climáticas extremas también producen ondas de infrasonido. Los volcanes, las avalanchas y los terremotos son unos cuantos ejemplos. De hecho, los científicos quieren utilizar la detección de estas ondas como una forma de predecir estos desastres.

Por el momento, el experimento demuestra que el infrasonido es responsable de sensaciones extrañas que antes carecían de explicación. “El infrasonido posee un impacto real en las personas y tiene implicaciones en contextos religiosos y para explicar ciertas sensaciones que hasta ahora parecían derivarse de experiencias paranormales. Pero no todo lo imperceptible por nuestros sentidos procede necesariamente de otro mundo, simplemente nos afecta en un nivel subconsciente pero definitivamente real”, concluyó Angliss.

Los efectos del infrasonido

Las personas en el experimento relataron ciertas sensaciones raras en el momento en que las ondas de infrasonido eran producidas en el salón de conciertos donde se realizó el experimento controlado. Entre los efectos y las emociones se reportaron:

  • Sentimiento extremo de pena y tristeza.
  • Frío desmesurado.
  • Ansiedad inexplicable.
  • Escalofríos que le recorrían la espina dorsal.
  • Temblores incontrolables en las muñecas.
  • Sensación extraña en el estómago.
  • Incremento en los latidos del corazón.
  • Pérdida repentina de la memoria.
  • Paz y calma exageradas y sublimes.
  • Euforia.
 
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Publicado por en octubre 20, 2014 en Artículos, parapsicologia

 

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