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Experimentos de precognición con ratas.

Por J.M. Feola

En septiembre de 1968 el Journal of Parapsychology publicó un trabajo de autoría de Pierre Duval y Evelyn Montredon, nombres supuestos de dos investigadores franceses. Poco después se supo que Pierre Duval era el conocido doctor Rémy Chauvin, de la Sorbonne (Journal of Parapsychology, June 1971, “An interview with Dr. Remy Chauvin”, por J. B. Rhine). El trabajo en cuestión, “Experimentos de ESP con ratas”, introdujo el concepto de “conducta aleatoria”, que en mi opinión conducía a incrementar la confusión ya existente, es por eso que lo llamo “el pecado original”. Ahora veremos por qué.

Los experimentos fueron diseñados para evaluar la capacidad de las ratas de evitar un shock eléctrico. Las ratas eran colocadas en una jaula experimental, dividida en el centro por una barrera que los animales podían saltar fácilmente. El fondo o piso de las dos mitades de la jaula se componía de alambres de cobre por los que se podía enviar una corriente eléctrica. En una habitación separada, un selector electrónico enviaba el shock a un lado u otro de manera aleatoria. El animal, que era libre de quedarse en un lado o saltar hacia el otro, recibía el shock si estaba del lado de la jaula elegido por el aparato, o lo evitaba si estaba en el lado opuesto. Un sistema de registro automático permitía a los experimentadores saber con posterioridad en qué lado de la jaula estaba la rata cuando recibió el shock, y calcular el número de shocks y el de no-shocks. Esos números no diferirían significativamente si los resultados fueran puramente debidos al azar, ya que la
probabilidad de recibir un shock era del 50%.

El análisis no mostró ninguna diferencia, desde que, como explicaron los autores, el animal se comportaba en la mayoría de los casos mecánicamente: se quedaba de un lado de la jaula hasta que recibía un shock, luego saltaba al otro lado hasta que un nuevo shock lo hacía volver a saltar. Esta conducta fue llamada “mecánica” y la hipótesis de los autores era que bajo este tipo de comportamiento la posibilidad de una manifestación de aptitudes psi quedaría sumergida bajo un “ruido de fondo” muy grande, compuesto de esos saltos que hacían meramente para escapar al shock del momento.
Una segunda conducta que los autores consideraron inadecuada para la manifestación de la sensibilidad psíquica de las ratas era la “conducta estática”. En este caso, la rata se quedaba siempre en el mismo lado de la jaula, fuese porque no sentía la estimulación eléctrica, o porque estaba demasiado asustada o cansada para saltar la barrera.

Un tercer tipo de conducta, llamada (creo que inadecuadamente) “conducta aleatoria”, sería la única que permitiría la manifestación de psi por las ratas. En esta situación la rata salta de un lado a otro de la jaula sin razón aparente, aunque uno puede suponer que lo hace porque oye un ruido que la asusta, o porque tiene necesidad de hacer un poco de ejercicio, etc. (Esta es la razón por la que objeté la denominación “aleatoria”; siempre hay una causa para la conducta de un animal). En los saltos aleatorios, por supuesto, el animal puede ocupar la parte de la jaula que recibe el shock, en cuyo caso la conducta se llamaba “negativa”, o la parte de la jaula que no recibe el shock, conducta “positiva”.
Cuando los autores compararon esos saltos aleatorios, vieron que los saltos “positivos”, esto es, los que evitaban el shock, ocurrían con mayor frecuencia que los negativos, dando una diferencia estadísticamente significativa. Para las cuatro ratas estudiadas (tres silvestres y una doméstica) la probabilidad de que esos resultados se hubieran producido por azar era menor de 0,001.

Cada una de las cuatro ratas completó 25 series, y cada serie constaba de 100 – 140 intentos. El informe no da detalles acerca del orden de los ensayos o cuánto duraba cada uno.
Solamente dice que el shock o no-shock se decidía dentro de un centésimo de segundo, según que la rata estuviese o no en la parte electrificada de la jaula. Si estaba en ella, entonces recibía el shock por cinco segundos como máximo, y esto lo registraba el mismo contador. Si el animal no estaba en esa parte de la jaula, este hecho quedaba registrado como no-shock aún cuando, dentro del intervalo de 5 segundos la rata hubiera saltado a esa parte de la jaula y hubiera recibido el shock.
La conclusión de los autores fue que, en vista de que se había eliminado la influencia del experimentador, los resultados podían ser atribuidos a clarividencia o más probablemente a precognición en esas ratas.

OTRAS SERIES DE EXPERIMENTOS

En el XI Encuentro Anual de la Asociación Parapsicológica (1968), Duval y Montredon informaron acerca de una nueva serie de experimentos realizados con diez ratas y con un diseño factorial. Las ratas mostraron una “conducta aleatoria” en 1.195 ensayos, de los cuales 704 fueron correctos, es decir, evitaron el shock eléctrico. La diferencia es significativa a nivel de p < 0,001. Los autores relataron también que cuando el experimentador trató de informar a la rata por telepatía cuál era el lado de la jaula donde se iba a producir el shock, los resultados fueron mejores que cuando no se intentó la comunicación telepática. Las mismas objeciones formuladas arriba valen para este experimento.

En el encuentro de invierno del Instituto de Parapsicología de la FRNM, de 1969, los mismos autores informaron sobre un experimento con 10 ratas y un total de 37.500 intentos, de los cuales 3.416 fueron de “conducta aleatoria”. Las ratas evitaron el shock 1.797 veces, dando un resultado significativo con p < 0,001. Los autores interpretaron estos resultados como una confirmación de los trabajos anteriores. En el encuentro de primavera del mismo año, Evelyn Montredon y Andrew Robinson informaron sobre 10 ratas que efectuaron 100 pruebas de 150 ensayos cada una.
Se observó “conducta aleatoria” 8.314 veces y el desvío positivo fue de +235, lo que da nuevamente p < 0,001.
Debo decir en este punto que la regularidad de los resultados fue la mayor causa de sospecha de mi parte, así como de parte de algunos científicos amigos a quienes consulté. El problema era entonces calcular cómo podía producirse ese desvío positivo por alguna causa más normal que la precognición. En ese momento se había formulado otra objeción: que el momento del shock también debería determinarse al azar.

El primer informe completo de W. J. Levy et al. apareció en el Journal of Parapsychology, de marzo 1971, anunciando en el título que era una repetición de los experimentos de precognición en ratas de los investigadores franceses. Las técnicas utilizadas eran similares, pero las series experimentales fueron más cortas. “En total hubo 140 juegos de 25 ensayos cada uno, o sea un total de 3.500 ensayos. En 416 ocasiones hubo que anular el ensayo, o falló la fuente de luz y no se pudo monitorear la posición del animal. Así, resta un total de 3.084 ensayos, de los cuales 1.154 fueron de conducta aleatoria. Evaluados por chi cuadrado, los resultados no fueron significativos”. Continúan los autores: “Sin embargo, los experimentadores estaban interesados en descubrir si había alguna evidencia de que la ESP estuviera presente u operase de alguna manera en estas series. Por lo tanto, se calculó la CR general. [CR = razón crítica. Es la relación del desvío (aciertos obtenidos menos aciertos esperados por azar) dividido por el desvío standard]. En los 1.154 ensayos de conducta aleatoria las ratas evitaron el shock 612 veces, lo que da p < 0,05.
Es interesante observar que los autores dijeron que éste era sólo un intento exploratorio de repetir los resultados obtenidos por Duval y Montredon. Y añaden, “éste es, en efecto, un estudio piloto en el cual el método en sí fue usado por primera vez, y las decisiones concernientes a determinados puntos tuvieron que tomarse con cierta arbitrariedad”. En efecto, los experimentos se interrumpieron cuando Levy tuvo que volver a sus estudios de medicina.

A pesar de estos y otros detalles que hicieron a este informe realmente problemático, en el mismo número del Journal of Parapsychology, J. B. Rhine, citando el informe de Levy y otros, dijo que el trabajo de Duval y Montredon había sido confirmado por estos autores en el Instituto de Parapsicología.
En el número del Journal de junio 1971, se publicó otro trabajo de Levy y A. McRae sobre precognición en ratas y gerbillos; en la introducción se reconoce que los trabajos anteriores no pueden considerarse una réplica independiente del de los investigadores franceses, y que la presente investigación era para completar una confirmación del trabajo de los franceses. En una nota al pie, Levy y McRae reconocen “el valioso consejo y estímulo de los doctores J. B. Rhine y R.
L. Morris”. Un observador atento concluiría que tanto Rhine como Morris estarían alerta a la posibilidad de que los resultados positivos fueran resultado de un sesgo experimental y no debidos a precognición ni psicokinesia alguna de parte de los animales. Los resultados obtenidos en los experimentos fueron los siguientes:


Los autores consideraron que habían confirmado el trabajo de los investigadores franceses, así como sus propios trabajos anteriores.

 
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Publicado por en abril 16, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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Las mesas levitadoras de J.M . Feola ( II )-Más fenómenos físicos.

En el año 1950 Jose María Feola ,físico y matemático argentino , inició unas  conversaciones con su amigo Octavio con el arduo deseo de hacer algo con la cuestión del movimiento de las mesas, poco después iniciaron varias  sesiones con no mucho éxito. El procedimiento consistía en sentarse alrededor de una pequeña mesa de madera, de 65 centímetros por 65, y unos 75 centímetros de altura, que pesaba unos 12 kilos.
Dejában las manos en reposo sobre la mesa, tocándose por los meñiques con las manos del resto de participantes . Si las manos además  se tocaban por los pulgares, a esta disposición le llamaban “cadena cerrada”, de lo contrario, era la “cadena abierta”; si las manos no se tocaban de ninguna manera –lo que pocas veces se hacía– eso le llamaban “sin cadena”.

 

 

El propio J.M. Feola  relata    en primera persona lo ocurrido en  las reuniones con mesas y todo lo concerniente a ello:

Reunión N° 19. Marzo 27 de 1953.(Serafín, Octavio, Fernando y yo).

Apenas comenzamos vino M, de nuevo haciéndose pasar por el Guía Número Ocho. Le volví a plantear preguntas sobre la distancia en años luz desde el lugar donde él supuestamente habitaba. Alguien le pidió que golpeara con la mesa ocho veces, cosa que hizo.
Luego la mesa golpeó cincuenta y dos veces, lo que daba las iniciales D. F. y decía, con el método del alfabeto: “mi identificación”.

– ¿Quiere decir que es Sarmiento?

– Así es. Y estoy enojado contigo porque no has colgado mi retrato.

Me levanté, traje su retrato y lo colgué.

– ¿Qué piensa de la masonería? (Sarmiento era masón).

No respondió.
– Aunque sabemos que 52 es el número de libros que ha escrito, nos preguntamos si ese número tiene alguna significación cabalística.

No respondió. Tampoco contestó algunas preguntas de carácter político, y abandonó la mesa.

Pocos segundos después, la mesa hizo lo que yo llamaba “mesa llorona”. Se acercaba a cada uno de nosotros, se inclinaba sobre nuestro pecho y se balanceaba suavemente hacia atrás y hacia delante, como una persona que sollozara angustiada. Lo hizo con cada uno de nosotros a su turno, y luego nos dio el siguiente mensaje: “Muchas lágrimas debajo de la mesa”. Entonces ocurrió un impresionante fenómeno luminoso. Todos vimos lo mismo. Yo tenía sobre la pared un cuadro bastante grande, y debajo del cuadro apareció una luz cónica, de unos siete centímetros y medio de altura, de color
blanco grisáceo y muy brillante, con un hermoso fulgor. Era lo que yo llamo un fenómeno luminoso objetivo, porque todos los presentes lo vieron y lo describieron de manera idéntica. Al mismo tiempo, Fernando vio una espiral luminosa cerca de la puerta del pasillo, pero ninguno de nosotros la vio. Esto es lo que llamo una visión subjetiva.

Reunión N° 20. Marzo 20. (Fernando y yo, y más tarde Octavio).

Enseguida vino M. Como era habitual, hubo una cantidad de golpes y cierta confusión. Hubo ocho golpes, y luego diez.
Nada nuevo que informar.

Reunión N° 21. Abril.

Tuvimos dos o tres reuniones similares a la N° 20, de las cuales no tomé notas, salvo una cosa. Le aseguraron a Olga que su hijo iba a ser varón, como efectivamente lo fue cuando nació en octubre.

Reunión N° 22. Abril 30. Serafín, Olga y yo.

También un invitado, un ingeniero electrónico amigo nuestro a quien llamaré Alberto. Observen que Fernando no estaba presente.
Hubo fenómenos luminosos. Alberto vio una especie de aura detrás y encima de mi cabeza, luego hubo algunas luces y discos luminosos. Por medio de las manos de Olga obtuvimos algunos mensajes. Uno de ellos era muy extraño. Aún no lo he descifrado: “Pruduti posu gok”. También hubo una manifestación escrita:

“Ángel, ángel, ángel”, lo que interpretamos como un mensaje del abuelo de Olga. Ángel era el nombre del padre de Olga.

Reunión N° 23. Mayo 8 de 1953. Octavio, Fernando, Olga y yo.

Vino M con su fuerza habitual. Tomamos algunas fotos.
Otra entidad dio su nombre, “Manuel Giordano”. Dijo que había muerto en 1905. Le pregunté si era pariente de un amigo mío, cuya madre tenía ese apellido. Identifiqué a mi amigo por su sobrenombre, y entonces la entidad comenzó a deletrear su verdadero nombre. Dijo “Rápido” y de pronto abandonó la mesa, como si una entidad más fuerte la hubiera sacado.
Luego obtuvimos un mensaje largo, muy difícil de descifrar porque contenía muchos errores. Parecía como si hubiera varias entidades, porque cuando los mensajes venían de una sola “personalidad” eran siempre fuertes y claros, pero en este caso parecía como si diferentes personalidades, inteligencias, o incluso estados mentales estuviesen presentes al mismo tiempo.
El mensaje decía. “Soy una mujer asesinada, y no se ha hecho justicia”. Al pedirle más detalles, dijo que la habían asesinado siete meses atrás, y dio la intersección de calles, en el centro de La Plata, donde esto había ocurrido. No lo pudimos verificar.

Reunión N° 24. Mayo 15. Octavio, Serafín, Olga y yo.

Utilizando la mano derecha de Olga, M escribió mensajes y contestó preguntas. Un primer mensaje dirigido a mí decía:

“¡Qué tonto, qué tonto!”.

Reunión N° 25. Mayo 22. Serafín, Octavio, Olga, yo, y tambiénAlberto y otro amigo, Dionisio.

De nuevo vino M, pero esta vez usó la mano de Olga ¡para abofetear a todos! Al mismo tiempo hubo fenómenos luminosos todo alrededor, y mi esposa estaba semidormida. Fíjense que en ese momento estaba embarazada de cuatro meses.

Reunión N° 26. Mayo 29.

No anoté quiénes estaban presentes, pero Fernando no lo estaba, porque cuando estaba él la mesa se movía, en cambio esta vez hubo dibujos producidos a través de Olga.
Vino don Juan F., abuelo de Olga. Escribiendo con la mano de Olga, nos dijo algo acerca de una deuda a un carnicero. Luego (él u Olga) escribió muy claramente “querido ángel ángel ángel”.

A continuación, otra entidad escribió su nombre, “Defeo”.
Dio un mensaje para un amigo mío: “Folino debe seguir con su almacén, porque con el otro negocio no va a andar bien”. A esa hora, la habitación estaba totalmente a oscuras, a pesar de lo cual la escritura era muy clara. El mensaje era pertinente de acuerdo a la situación de Folino en ese momento.
Durante una pausa, mientras conversábamos con las luces encendidas, la mano de Olga comenzó a moverse. Hizo un dibujo y escribió más mensajes. Siguieron algunas preguntas y respuestas. Por la manera en que sucedían las cosas, pensé que la entidad podía utilizar el cerebro o las manos de Olga.

– ¿Ya estás desencarnado?

– Sí.

– ¿A qué edad has partido?

– No lo sé.

– ¿Te gustaría volver?

– Puede ser.

Olga dijo después que las respuestas parecían venirle a la mente en el momento exacto en que la mano se movía, y no antes.
En ese momento le preguntamos a M por un gato que se nos había perdido. Nos dio una dirección, pero agregó: “No molesten, idiotas”.
Esta respuesta era bastante acorde a la personalidad de M y opuesta al sentir de Olga. Si bien no era un punto muy fuerte a favor de la existencia real de una entidad independiente, capaz de usar las manos como en la escritura automática, es un dato que conviene recordar. El caso de Folino también fue interesante, porque nosotros no conocíamos a ningún Defeo muerto y amigo de Folino, pero él sí, y tampoco sabíamos que pensaba cambiar de negocio. De manera que si uno rechaza la hipótesis de la supervivencia después de la muerte, tiene que admitir la idea de una super ESP, y ello sobre temas totalmente ajenos al interés del grupo.
Le pedimos a M que dibujara un vaso, y se produjeron dos dibujos bastante exactos, uno mayor y otro más pequeño.

Olga no miraba el papel, como hacía siempre, tenía la cabeza vuelta casi 180 grados. Esta vez M firmó sus dibujos.

Reunión N° 27. Junio 5. Serafín, Octavio, Olga y yo.

1) Una entidad escribió con la mano de Olga: “Querida Olga, ten cuidado. Juan”.

2) Vino M y contestó preguntas por escrito. A la pregunta “¿Qué son años luz?” la mano escribió rápidamente una respuesta: “El tiempo que tarda la luz en llegar desde una estrella”. No es una mala respuesta. Olga dijo que no recordaba, conscientemente al menos, la definición correcta.
(Es la distancia que recorre la luz en un año, que es alrededor de 9,45 billones de kilómetros).

– ¿Hay más entidades en el cementerio?

– A veces.

– ¿Podemos comunicarnos con Platón o algún otro gran espíritu?

– No.

– ¿Y si utilizamos un médium?

– No sé.

Firmó otra vez con su nombre, y, lo que es bastante interesante, la firma aparece exactamente igual a la de la reunión anterior.

– ¿A qué distancia en años luz estás habitualmente?

– Veinticinco.

– ¿Estás bromeando, te divertís con nosotros?

– ¡Sí!

Octavio dibujó varios signos destinados a hacer enojar a M, y éste contestó:

– Estúpido. Imbécil.

Luego las manos de Olga doblaron un papel haciendo un sombrero y ella lo colocó en la cabeza de Serafín. Todo esto sucedía a plena luz.

3) Lo más importante que ocurrió en esta reunión: hubo un intento para hacer levitar a Olga. Sus piernas y brazos se pusieron rígidos, sin que ella pudiera controlarse. Esta parte del experimento se hacía en la oscuridad. Encendí la luz de pronto, y Olga estaba a casi cinco centímetros del piso, reclinada hacia Octavio, pero en una posición tal que parecía físicamente imposible que pudiera hacerlo por sí misma. Tuvimos que detener el experimento debido al embarazo de Olga.

4) Un mensaje escrito declaró que el bebé ya se movía, que era un varón y que su nombre sería Miguel Ángel. Todo lo cual resultó cierto. Por supuesto, Olga sabía que el bebé se estaba moviendo. El dato de que era un varón ya había sido repetido varias veces, sin ninguna duda, y como ustedes recordarán, incluso antes de que Olga quedara embarazada. El nombre, Miguel Ángel, lo habíamos considerado pero todavía no habíamos tomado decisión al respecto.

Reunión N° 28. Junio 12 de 1953.

De nuestro grupo estábamos presentes Octavio, Serafín, Olga y yo. Habíamos invitado a una pareja, Babe y Frank, su marido. Tengo que decir algunas palabras sobre Babe. Era una sensitiva excepcional, lo había sido durante dos años, desde que tenía quince años de edad. Había tenido una cantidad de manifestaciones espontáneas. Por ejemplo, durante un picnic su marido estaba jugando a las cartas con Octavio. Ella cebaba mate (una bebida sudamericana), y entonces le dijo a Octavio – que se hallaba al lado opuesto de donde ella estaba parada– que podía ver claramente sus cartas. Octavio dijo, “Bueno, decí cuáles son”. Lo hizo, y era correcto. (Era un juego que se jugaba con 40 cartas, 10 de cada uno de los 4 palos. Cada jugador tenía tres cartas en la mano).
A los dieciséis años, Babe solía estar en su casa con una criada que tenía aproximadamente su misma edad. En una oportunidad, a eso de las once de la mañana, vio que una silla se elevaba a casi un metro ochenta y volvía a bajar. Se asustó y llamó a la criada, pero antes de que la chica llegara la silla volvió a levantarse, entonces entró en pánico y salió corriendo a la calle donde casi la atropella un auto. La criada, que venía justo antes de que pudiera hacer nada, también había visto la silla en movimiento esta segunda vez.

Poco después de su casamiento con Frank, falleció su madre, y Babe comenzó a “comunicarse” con ella. Si era o no una comunicación real, no lo sabíamos, pero Frank se hizo espiritista y no permitía que ella trabajara con nadie más que él.
Mi sensación fue que la parapsicología había perdido uno de sus más promisorios sujetos, a causa del marido. De modo que era un hecho excepcional que vinieran a nuestras reuniones. Empezamos tomando café. Mientras lo estaba tomando, entró en lo que parecía ser un trance. Vino su suegra y dijo que ella iba a cuidar a Babe. Luego Babe comenzó a hablar con
cierta dificultad. Dijo que teníamos que tener mucho cuidado, especialmente con Olga. Luego las manos de Olga comenzaron a moverse y tomaron las manos de Babe. Entonces M tomó posesión de Babe, y comenzó a luchar –esta es la verdadera palabra– con Frank, el cual lo tomó tan en serio que se trabó realmente en lucha con el cuerpo de su propia esposa. Esto me pareció una locura y una pesadilla, así que lo detuve, y salimos a tomar un poco de aire fresco.
Por supuesto, mi espíritu científico superó la situación.
Volvimos al trabajo, separados en dos grupos: en una habitación Serafín con Babe y Frank, y en mi estudio Octavio, Olga y yo. Había dos puertas entre ambos grupos, y las dos estaban cerradas. La distancia real entre las dos mesas era de unos siete metros y medio. Nuestra mesa se movió, y M dijo, “Hace mucho tiempo….”. Le pidió a Octavio que tomara el lápiz, pero no agregó nada más. Señaló un libro, y yo lo tomé.
Olga escribió, “Deseo leerlo”. El dedo índice de Olga recorrió una página. Le pregunté a M si quería escribir alguna de las palabras que estaba “leyendo” con el dedo de Olga. Escribió “Il Mare”.
Esas palabras no estaban en la página señalada, pero el libro, de D’Annunzio, llevaba ese título. Olga estaba dormida, su mano derecha se apoyó sobre su estómago, como si se fuera a descomponer.
La llevamos al baño, donde perdió el conocimiento.
La reviví con agua fría y unas palmadas en las mejillas.
Volvió en sí, pero estaba muy descompuesta y temimos por ella y por el bebé. Después de diez minutos que nos parecieron meses, se recuperó, pero se enojó muchísimo con todos  nosotros. Dijo que había visto un lugar de increíble belleza, lleno de flores, perfumes, un cielo azul maravilloso, unos colores que no eran de este mundo y, sobre todo, no quería volver. Las otras tres personas que se hallaban en el cuarto contiguo nos dijeron que M había estado también con ellos, pero no pudimos establecer si había sido o no simultáneo con su presencia en nuestra habitación. Decidimos hacer una pausa en nuestras reuniones, debido al daño causado a Olga. Además, unas dos semanas después, el padre de Octavio falleció repentinamente en Córdoba.

Reunión N° 29. Agosto 18 de 1953.

Serafín vino a hablar conmigo. Mientras analizábamos nuestras experiencias pasadas, decidimos hacer algunos experimentos de tipo radiestesia. Tomamos un anillo de oro y un trozo de hilo. Estábamos por hacer el intento, cuando tuve la misma sensación que ya había experimentado en varias de nuestras reuniones, de que había algo que estaba a punto de
producir una manifestación. Olga decidió arriesgarse y tomó el péndulo. Su mano comenzó a moverse fuera de su control.
Entonces hicimos una cadena con las luces encendidas. Las manos de Olga comenzaron a hacer los movimientos típicos de un sacerdote. Primero las cerró delante de su pecho, luego sobre el lado izquierdo, después las extendió con las palmas
hacia arriba, primero hacia adelante y luego hacia arriba y después sobre mis hombros. Finalmente, juntó sus manos e hizo la señal de la cruz sobre su propio cuerpo.
Pregunté si había alguna entidad presente, y si era él el que iba a reencarnar en mi hijo por nacer. No hubo respuesta.
Pregunté de nuevo sobre el sexo de la criatura, y la mano de Olga –sin que ella la mirase– tomó un trozo de cinta celeste y la pasó delante de mis ojos. Dije que tal vez era sólo la personalidad de Olga la que producía esas acciones, ella tomó un lápiz y escribió “No dudes”.
Hice algunas preguntas más, y, ya fuese la mente
subconsciente de Olga o una entidad, el lápiz escribió “Ella sabe”.

– ¿Lo sabe con el corazón?

– Sí.

Entonces su mano tocó su cabeza.

– ¿Con el cerebro también?

– Sí.

Después de esto hubo una nueva serie de gestos, como de plegaria. Pregunté si esto era para algo bueno, pero no hubo respuesta. Las manos de Olga cayeron a sus costados, y volvió en sí, aunque algo adormecida. Al empezar a comentar lo que había sucedido, Olga quedó dormida y lloró, sin decir nada. La despertamos y cesó su llanto.
Nota. Hay que recordar que Olga en ese tiempo estaba ya en sus siete meses de gestación, y que había estado en cama durante varias semanas, debido a que corría el riesgo de perder la criatura. De modo que su estado psicológico pudo haber sido la razón de esa conducta. Sin embargo, ella tenía ya aptitudes psíquicas antes de quedar embarazada.
Respecto de mis preguntas y el lenguaje que yo utilizaba en nuestros experimentos, el lector debe saber que siempre traté de dirigirme a los demás miembros del grupo, y a quienquiera que fuesen las fuerzas presentes, de una manera tal que las alentara a manifestarse. El hecho de que yo preguntara si la entidad presente iba a reencarnar en mi hijo, por ejemplo, no quiere decir que yo creyera realmente en la reencarnación. Sólo era una manera posible de provocar una respuesta. Estaba, y estoy, totalmente abierto a todo, pero muy consciente de lo que veo, oigo, toco, etcétera, y de lo que es la naturaleza de la ciencia y de las creencias. El lector debe suspender todo juicio sobre mi propio enfoque e ideas hasta que lleguemos a los capítulos finales, en los que voy a discutir las teorías de otras personas así como las mías propias.

Reunión N° 30. Agosto 26.

Nuevamente una especie de experiencia espontánea.
Teníamos una cama grande, y cuando esto ocurrió estábamos acostados. Olga ya dormía, y yo estaba revisando las tareas de mis alumnos y escuchando la radio. De pronto, su mano comenzó a moverse como si dirigiera la música que transmitía la radio, con gran precisión. La miré para cerciorarme de que estaba dormida, entonces se echó a reír. Luego su mano tomó
mi lapicera y continuó “dirigiendo”. Le pedí a la mano que escribiera algo, escribió “No”. Comencé a hacerle preguntas. El código para las respuestas era un golpeteo con la mano, tres veces para indicar sí, y dos veces, no. Obtuve la información de que era el abuelo de Olga, y no tenía ningún mensaje en especial.
Dijo nuevamente, por sexta vez, que nuestro hijo sería un varón, con absoluta seguridad. Después de algunos comentarios sobre problemas de familia, de pronto la mano señaló hacia la puerta y luego fue a los ojos de Olga. Oí ruidos en la habitación, y pregunté si iba a tener una aparición. Dijo que sí. Esperé mientras la mano seguía tapando los ojos de Olga. Al rato, su mano se movió en círculos y señaló hacia arriba, indicando que la “otra cosa” se había ido. Pregunté por qué, la respuesta fue que no había suficiente fuerza. La mano de Olga nos acarició a los dos, y la “entidad” se fue.

Reunión N° 31. Agosto 27.

Alrededor de las seis y media de la tarde, mientras Olga estaba sola, su mano comenzó a moverse. Preguntó si era realmente una entidad, algo exterior a ella misma, y si quería escribir algo para que ella supiese la razón de este hecho.
Quería saber si se trataba de algo psicológico propio de ella o algo diferente. Su mano derecha escribió “No es necesario”.
Pero ella no podía recordar todas las preguntas que había hecho, así que, cuando llegué, me fue difícil establecer si las respuestas tenían sentido. Pero entonces la mano de Olga comenzó de nuevo a moverse, como si dirigiera, y dijo que era la misma entidad que había venido la noche anterior, y que había estado muy cerca de materializarse. También dijo que no era el abuelo de Olga.
A la pregunta “¿Es algo que viene de adentro de mí?”, la respuesta fue “No es nada tuyo”. Otro mensaje decía “Soy yo quien me comunico contigo” “Soy un amigo”.

Reunión N° 32. Agosto 27. Alberto, Serafín, Olga y yo.

Una de las piernas de Olga comenzó a moverse y golpear el piso. Olga dijo que veía moverse la cortina que estaba detrás de mí. Luego su mano indicó algo que se movía alrededor, y se cubrió los ojos. Creímos que algo se iba a materializar.
Pero escribió “No ahora”. Preguntamos quién era. No hubo respuesta. Me puse a silbar y su mano comenzó a dirigir. Silbaba “La Marsellesa” para ver si era M, pero no pasó nada. La mano tomó el lápiz, hizo un dibujo y lo firmó “I….astral”. También puso la fecha.
Serafín preguntó:

“¿Qué hora es?”.

La mano escribió “2251”, pero estaba mal (era media hora más tarde).

Alberto, a quien habíamos invitado antes, tenía aptitudes de videncia. Dijo que había visto un globo encima de la mano de Olga. También hubo algunos raps, uno sobre el soporte de la cortina, otro en el piso.

Reunión N° 33. Septiembre 3. Otra manifestación espontánea.

Estábamos ya en la cama, con la luz apagada, cuando Olga me dijo que su mano se movía. Encendí la luz, y traje papel y lápiz. La mano escribió “Era yo”. Pedí a la entidad que lo repitiera, porque no había entendido. La segunda vez fue más clara. Supuse que era la madre de Octavio, porque, mediante preguntas y respuestas, dijo que fue a Córdoba pero no pudo comunicarse con Octavio.
La mano señaló hacia arriba y escribió “Cristo”.
Pregunté por el significado de esto, tratando de obtener una explicación, pero la mano escribió “Ella está con él” (refiriéndose a Cristo). De esto tampoco obtuve explicación.
Luego la mano estrechó la mía, y la entidad se fue.
Vino otra “entidad”, movió las manos de Olga y una de sus piernas. Ante mi asombro, ella se dio una cachetada en su propia mejilla, ante lo cual me enojé, dije “Fuera de aquí” y suspendí la reunión.

Todo esto es muy dudoso y no prueba nada, especialmente teniendo en cuenta que Olga estaba ya a cuarenta y tres días del parto.

Reunión N° 34. Noviembre 18.

Esto ocurrió un mes y dos días después de que Olga diera a luz a un niño, confirmando todas las predicciones que nos habían hecho, algunas de ellas aun antes de que estuviera embarazada. No hice ningún comentario sobre esta reunión,
sólo que vino M; hubo preguntas y respuestas, pero nada nuevo.

Reunión N° 35. Diciembre…

Lo mismo, nada fuera de lo habitual. Ahora entramos en 1954.

Reunión N° 36. Enero 2 de 1954.

Observen que Olga ya no está esperando un bebé, y esto sucedió a las tres y media de tarde. En primer lugar, hubo algunos raps. Después, Olga dijo que todo su brazo derecho estaba adormecido. El brazo señaló un Cristo que teníamos sobre la pared, luego tocó la cabeza de Olga. Pregunté, naturalmente, recordando una experiencia anterior, si esa entidad era la madre o el padre de Octavio. A mí me pareció que ambas respuestas fueron “no”. Sin embargo, Olga dijo que cuando pregunté si era el padre de Octavio la respuesta fue “sí”. Luego pregunté si era M, ya que tenía tendencia a bromear con nosotros. No hubo respuesta y la manifestación terminó.
Olga describió algunos colores que había visto justo antes de los ruidos del comienzo. Mientras hablábamos, se
produjeron algunos raps.

Estas manifestaciones espontáneas nos intrigaban mucho. En primer lugar, uno podía suponer que todo ello era parte de una escena armada por Olga. Tal vez se sentía frustrada, necesitaba más atención y –aunque inconscientemente– la obtenía de esta manera. Esta u otras razones psicológicamente aceptables podían explicar los movimientos de su mano, las referencias a Cristo, las alusiones a los padres de Octavio. Pero los raps eran una cuestión aparte, porque ella nunca antes había producido raps inconscientemente, ni siquiera durante su embarazo, que es cuando hubiera podido demandar más atención o tener mayor necesidad de compañía. No hay respuestas fáciles en la investigación psi.

Reunión N° 37. Enero 20. Fernando y yo.

Fernando quería saber el sexo de su hijo por nacer. A los cinco minutos la mesa le dijo que iba a ser un varón. Primero los movimientos fueron suaves, luego se hicieron mucho más fuertes, como si fuera una entidad distinta. Esta entidad más fuerte dijo que era M, y que en ese mismo momento “Estoy viendo que es un varón”.

Reunión N° 38. Enero 22.

Durante el verano, Olga y yo salíamos a trabajar a la mañana muy temprano, luego volvíamos a casa y hacíamos una siesta. Nuevamente, la mano de Olga señaló hacia el Cristo que teníamos en la pared. Me dirigí a la “entidad” directamente como si fuera la madre de Octavio. Olga estaba dormida desde el comienzo de la experiencia. Su mano comenzó a acariciar a nuestro hijo, que estaba en la cuna al lado de Olga. Le pregunté si le gustaba el niño. Contestó “Sí”.
La mano señaló de nuevo hacia el Cristo, pregunté si esto significaba algo. La mano de Olga se colocó sobre su corazón.
En ese momento Olga se despertó y la mano cubrió sus ojos.
Luego fue hacia Miguel Ángel, tomó una de sus manos y después de esto la entidad se retiró.

6 de febrero. Nació el hijo de Fernando. ¡Es un varón!

Reunión N° 39. Febrero 7.

Olga, nuestro hijo y yo fuimos a la casa de mis padres.
Antes de cenar, Olga no se sentía bien. Se sentía “liviana”, así lo expresó. Mientras tomábamos el postre, volvió a experimentar esa sensación de salirse, de escapar, de flotar (¿salirse del cuerpo?). Sospeché que se iba a producir algún tipo de manifestación, y preparamos una mesita.
A los pocos segundos, su mano derecha se movió. Pregunté quién era. Dijo ser don Juan, el abuelo de Olga. Entonces fui a apagar la luz. Cuando volví, la mano de Olga estaba “dirigiendo”. Hice algunas preguntas sobre nuestro hijo Miguel Ángel. “¿Qué instrumento convendrá enseñarle a tocar?”. Respondió que antes él había sido organista. Pregunté si había sido en tiempos de Juan Sebastián Bach, pero no me lo pudo decir. La entidad dijo que él iba a dirigir una orquesta sinfónica. Entonces la mano tomó un lápiz y escribió. Como no entendí lo que había escrito, la mano hizo un gesto hacia el corazón de Olga, hacia nosotros, y luego hacia arriba.
Entonces escribió de nuevo, esta vez con mucha claridad, “Olga va a llorar”. Pedí una explicación, pero no hubo respuesta. En este punto paramos. Como hacía calor, nos sentamos afuera, en dos bancos de piedra en el patio.
Estábamos hablando de apariciones y comunicaciones, y mi madre decía que nunca había visto una, ni siquiera a su propia
madre después de su muerte, cuando Olga de nuevo se sintió rara. Nuevamente nos comunicamos por medio de su mano, y después de algunas preguntas, la entidad dijo que iba a haber una aparición ahí mismo en ese momento, y que sólo mi madre iba a verla.
Sea que esto actuara como una poderosa sugestión, o no, el hecho es que todos nosotros sentimos una fuerte sensación de frío. Luego la mano izquierda de Olga señaló hacia el jardín. Mi madre miró en esa dirección, dijo que veía una forma blanca, como la parte superior de un cuerpo, pero la cara no tenía una forma o una definición precisa. La aparición tuvo lugar entre algunos de los árboles del jardín, a unos seis metros de distancia. La mano de Olga indicaba que mi madre debía aproximarse a ese lugar, y así lo hizo, junto con mi padre. Yo pregunté “¿Quién es la aparición?”. Dijo que era el padre de mi madre, pero mi madre dijo que no sabría decir quién era. Al cabo de unos cinco minutos, la mano de Olga indicó con un fuerte movimiento hacia arriba que la aparición debía irse, y la forma blanca desapareció. Yo creí haber visto también esa forma blanca, pero no podría decir qué era.

Reunión N° 40. Marzo 11, a las 22 horas.

Hubo una manifestación espontánea. Olga se hallaba sentada en un sofá y yo estaba leyendo. La mano de Olga se movió hacia un libro; el autor era Torres Río Seco, y el título de la obra, La literatura iberoamericana. Abrió el libro en la página 22, donde yo había leído unos sugestivos poemas de Ercilla.
Después, tomó un diario que tenía en la tapa la cabeza de Almafuerte (un poeta famoso que había vivido en La Plata).
Pregunté si él estaba presente. No hubo respuesta. Luego pedí a la mano que escribiera algún poema, ya que era conocida su facilidad para improvisar. La mano escribió: “Ya no puedo”.
Hablé en mi entonces precario inglés. La mano tomó un diccionario. Olga lo hacía sin mirar, y eso que había toda una pared cubierta con libros. Después la mano tomó una hoja de la agenda, y la puso entre dos libros de inglés. La mano escribió: “Adiós”. Le pregunté si se iba, pero la mano señaló hacia mí. No comprendí lo que esto quería decir, y no hubo explicación alguna.
En este punto, Olga estaba completamente dormida. Hice un gesto como quien despierta a una persona hipnotizada. La mano derecha de Olga, que estaba en el aire, cayó, la mano izquierda palmeó su cara y el fenómeno terminó.
Nota: Es interesante observar que esta experiencia no tuvo sentido para mí hasta mucho más adelante, cuando me di cuenta de que había sido premonitoria, ya que comencé realmente a aprender inglés en 1957, vine a los EE.UU. en 1959 y estuve aquí solo unos seis meses, cuando Olga, Miguel Ángel y la hermana de Octavio vinieron a reunirse conmigo.

Reunión N° 41. Abril 19.

Manifestación espontánea. En la cama, como había sucedido otras veces. Una de las manos de Olga nos palmeó a los dos, como si quisiera despertarnos. Pregunté si era M.

Ninguna respuesta.

“¿Es don Juan?”. Dijo que sí. Le pedí que me diera la fecha exacta de su muerte, y me dio correctamente el día y el mes. (Naturalmente, Olga lo sabía). Pregunté si le gustaba nuestro hijo, dijo que sí.

– ¿Cree que va a ser músico?

– Sí.

– ¿A qué edad?

– A los cuatro años.

– ¿Aquí?

– No.

En ese momento Olga dijo que le dolía la mano. Cambió de posición y el fenómeno cesó.
Comentario. En realidad, cuando mi hijo Miguel Ángel tenía cinco años, vivíamos en Buenos Aires. Una amiga nuestra, Brunilda, la hermana de Octavio, vino a pasar una temporada con nosotros, y trajo su piano consigo. Miguel comenzó a aprender muy rápidamente, pero no continuó sus estudios.

Reunión N° 42. Abril 25.

En casa de mis padres. Las manos de Olga comenzaron
a “dirigir” una orquesta invisible. Luego señaló hacia el lugar
donde estaba nuestro hijo durmiendo. Pregunté si iba a ser
director.
– Sí.
– ¿Va a estudiar piano?
– No.
– ¿Fue organista antes?
– Sí.
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– Dame su inicial.
– B.
Luego dijo que iba a empezar a los cuatro años en el órgano de una pequeña ciudad cerca de La Plata. Le pregunté si, por alguna casualidad, él estaba en alguna parte del cuerpo de Olga.

– No. Absolutamente no.

Entonces los brazos de Olga hicieron los gestos de un sacerdote, o de un obispo que se dispone a bendecir a una multitud. Dije que eso no lo comprendía. Entonces la mano hizo un movimiento circular sobre la cabeza de Olga. Pregunté si  ella iba a serlo, o lo era ya, y dijo que sí. Dije:

“Bueno, tiene que mostrar algunos milagros”.

Entonces la mano dijo que iba a producir algunos. Hizo un movimiento en espiral en el aire, aumentando el diámetro a medida que ascendía, y dijo que era la antigua imagen filosófica. Luego la mano hizo unos movimientos extraños, algunos de ellos como si estuviera tratando de elevarse, pero nada de eso sucedió.

Espero que el lector tenga paciencia con todos estos fenómenos, que parecen ser una mezcla de rasgos de personalidad y manifestaciones psi. Creo que es interesante reproducirlos, de manera tal que el futuro explorador tenga una idea de lo que puede llegar a suceder, y en todo caso, decidir si desea o no asumir el riesgo. Mi propia experiencia ha sido que valió la pena correr toda clase de riesgos. Largas horas de trabajo, y algunas experiencias repetitivas y tediosas, tal fue el módico precio que tuvimos que pagar por los “grandes fenómenos” que nos tocó ver.

Reunión N° 43. Mayo 7. Raúl, Olga y yo.

Las manos de Olga se movieron. Formulé las preguntas acostumbradas. Dijo que era un pariente mío. Las manos “dirigían”.

– Escuchá, ¿podés traer aquí al padre de Raúl?

– No.

Una mano señaló la cabeza de Olga. Pregunté si ella podía. Respondió por escrito: “Como ella crea”. Luego hubo un rap sobre la mesa, y la mano derecha de Olga se dirigió hacia mí, como si tratara de hipnotizarme. La mano persistió en esta actitud durante un rato. Dije: “No estoy asustado”. Sin embargo, Olga y yo sentimos una sensación de hormigueo. Pasaron
algunos minutos, y luego Olga dijo que veía otra cara en lugar de la mía, con cejas gruesas y blancas. La cara era muchos
años mayor y más alargada que la mía, con una barba blanca.
Los ojos eran más grandes y redondos. Olga dijo que la transformación comenzaba del lado derecho y se corría hacia el izquierdo, y que todo el tiempo me veía sin el bigote, que en esa época era completo. (Más tarde lo reduje a la mitad, afeitando la parte superior). Esta visión la impresionó de tal manera que tuvimos que suspender el experimento.

Reunión N° 44. Junio 10.

La mañana del 10 de junio se hizo realidad un sueño que había tenido tiempo atrás. Había sido exactamente un mes antes. A las tres y media de la mañana, desperté de una especie de pesadilla. Mi mujer me preguntó de qué se trataba, y le conté que había soñado que se me rompía el incisivo inferior, y que tenía en la boca el diente roto. En el sueño me desesperaba con la sensación de que me lo iba a tragar, y en  eso me desperté. Le mostré a Olga qué diente era, y cómo se rompía en mi sueño.
Ahora, esa madrugada, un mes más tarde, me desperté exactamente a las tres y media, y vi que, en efecto, ese mismo diente estaba roto exactamente de la misma manera y que tenía en la boca la pieza rota.
Tres años después tuvimos una larga discusión sobre este sueño con los miembros del Instituto Argentino de Parapsicología.

Uno de los directores, un odontólogo, dijo que de alguna manera mi mente inconsciente tenía conocimiento de que ese diente se iba a romper. Esta explicación le parecía más económica que la idea de la precognición, no obstante el hecho de que no hay terminaciones nerviosas en el esmalte de un diente. La segunda idea era que pudo haber sido psicokinesia, y que yo mismo, mediante mi propia PK, pude haber roto el diente. Esta explicación nos ahorraba la hipótesis de la precognición, uno de los problemas más peliagudos de la parapsicología.

Reunión N° 45. Julio 22.

A eso de las 19 horas, me hallaba en mi estudio leyendo. Estaba sentado ante mi escritorio, y detrás de mí la pared estaba toda cubierta de libros, del piso al techo. Oí algunos raps en la habitación, y luego unos golpes justo detrás de mi cabeza. Era realmente como si alguien golpeara violentamente con el pulgar un trozo de madera. Pensé en mi tío Luis, que tenía las manos muy fuertes. Llamé a mi esposa, que estaba preparando la cena, y le puse papel y lápiz en las manos.
Pocos minutos después, escribió una palabra que no entendí.
Pedí que la repitieran, luego pretendí no haber entendido esta vez tampoco. La palabra fue escrita dos veces más, y entonces de manera clara e inequívoca. Decía “choca” palabra española que generalmente se usa en relación con un accidente automovilístico. Pregunté “¿Quién choca?” pero no obtuve respuesta. Enseguida escribí algunos comentarios, que
reproduzco aquí.

“Hay dos clases de escritura automática; en la primera, el lápiz y el papel están colocados en las manos de la persona que la va a realizar, y la persona no tiene mucho control sobre lo que se escribe. En el segundo tipo, las manos actúan con gran seguridad, aun cuando la escritura se haga en completa oscuridad, y la escritura es clara y perfectamente trazada”. En este caso, se trataba del primer tipo. Esa noche, tal vez a causa de la poderosa sugestión, soñé con personas que tenían auto, entre ellos un viejo ingeniero que me había llevado una vez a dar un paseo, y me pregunté si él iría a sufrir un accidente. También soñé con mi padre, pero fue un sueño muy breve.

Tres días después de esto, el día 25, mi padre vino a visitarnos, y antes de que abriera la boca para decir cualquier cosa, le pregunté:

“¿Tuviste un accidente el día 22?”

Se sorprendió mucho, y me dijo “¿Cómo lo sabés?”.

Se lo expliqué, y descubrí que, en efecto, había tenido un accidente menor casi exactamente al mismo tiempo que nosotros tuvimos nuestra experiencia, aunque no pudimos verificar la hora exacta.

Si se compara esta experiencia con todas las demás que he referido en que Olga era el sujeto, se ve una diferencia muy notable. Esta era una experiencia realmente complicada de explicar, aun si se aceptan las aptitudes parapsicológicas cuya
existencia está más o menos bien probada, como la clarividencia, la telepatía y la psicokinesia. ¿Por qué esta complicación del ruido como de un pulgar que golpeteara, hacer que Olga transitara su rutina y tuviera que escribir varias veces una palabra, cuando bien podía haber recibido cualquiera de los dos un mensaje telepático o clarividente exacto? Parece abrirse una puerta para la participación de una entidad ajena a nosotros.

Desde 1950 había trabajado fulltime en un laboratorio de investigación y tecnología, en la sección de conductividad térmica, de la cual estaba a cargo. Un día me enviaron a Buenos Aires para obtener información acerca de algunos productos de la compañía NN, que tenía sus oficinas en un barrio que yo conocía bien.
Los trenes de La Plata a Buenos Aires salían cada 45 minutos.
Como mi esposa quería comprar algo de ropa en Buenos Aires, viajamos en el tren siguiente al que yo había planeado tomar. En Buenos Aires, había que tomar el subterráneo. Yo tenía que bajar en la segunda estación, y mi esposa debía seguir hasta la cuarta. Decidí seguir hasta la tercera estación a fin de estar con ella un rato más, siendo que la distancia a
recorrer a pie hasta el lugar adonde debía llegar era más o menos la misma. He aquí lo que sucedió.

Apenas salimos de la primera estación, me vino a la mente con claridad la imagen de mi amigo Pedro. Era un ingeniero industrial que trabajaba por entonces en la ciudad de Córdoba. Recordé que, en su época de estudiante, vivía no lejos de esa estación. Lo había visitado varias veces antes de que se graduara, luego lo perdí de vista por unos cinco años.
Me pareció natural que su imagen me viniera a la mente en ese momento en el subterráneo. Cuando salí y estaba subiendo las escaleras, la imagen de Pedro se me presentó otra vez vivamente, al punto que me parecía tenerlo frente a mí. Si bien ya antes había tenido muchas experiencias psi, ésta era diferente. Estaba seguro de que iba a encontrarme con mi amigo. Aunque no tenía ninguna lógica, pensé que si me dirigía zigzagueando a la esquina deseada tendría más probabilidades de encontrarlo en caso de que hubiera salido del departamento de su madre y justo estuviera caminando hacia el centro.

Caminé a mi paso normal mirando a mi alrededor todo el tiempo. No pasó nada. Cuando ya estaba cerca de la compañía NN, pensando que todo había sido producto de mi imaginación, y me disponía a entrar al edificio, ¡casi tropecé con mi amigo! Él no me había visto, y por sólo un par de segundos pudimos habernos desencontrado. A los dos nos excitó muchísimo esta coincidencia, él me explicó que era encargado de compras de una fábrica de aviones y tenía que ver a varias personas esa mañana. Nos encontramos por la tarde en el famoso café Tortoni, uno de los lugares típicos de Buenos Aires, sobre la Avenida de Mayo, que es la que lleva a la Casa Rosada y la Plaza de Mayo. Me contó que no se había acordado de mí durante su caminata. Se hallaba en Buenos Aires en uno de sus habituales viajes. Supe que viajaba aproximadamente una vez por mes y se quedaba dos días en esta ciudad. Yo también viajaba a Buenos Aires una vez por mes, pero habitualmente en sábados y no en días de semana.
Alrededor de un año más tarde, el famoso físico Luis Álvarez, que posteriormente ganó el Premio Nobel, publicó cálculos de probabilidades relacionados con este tipo de encuentros, tratando de mostrar que las probabilidades de esos casos no eran tan bajas como para probar alguna forma de intervención de psi. Yo creo que el profesor Álvarez nunca comprendió la calidad de la experiencia y la virtual certeza que  implica. Tendré oportunidad más adelante de comentar algo acerca del Dr. Álvarez, pues me encontré con él y discutimos estos temas cuando fui a trabajar al Laboratorio de Radiación Lawrence, en Berkeley, California.

Reunión N° 46. Julio 23 de 1954.

Tana vino a visitarnos. Era una de las tres personas que habitaban en la vieja casa donde vivía Olga cuando tuvimos la experiencia del fantasma invisible que abría y cerraba las dos puertas del gran salón donde estábamos sentados. Tana era médica, y se interesaba vivamente en los fenómenos psíquicos.
Era una espiritista convencida. Conversamos un largo rato sobre lo que habíamos estado haciendo. Curiosamente, vino Fernando porque había oído dos golpes en la pared (recuerden que éramos vecinos y teníamos una pared común entre nuestras casas). Mi inferencia fue que “alguien” tenía interés en que hiciéramos una reunión. (Ninguna presunción acerca de
quién sería ese alguien. Podía serlo el subconsciente de Tana, o el de Fernando, o ambos). Mi predicción se cumplió, porque el padre de Fernando nos habló a través de la mediumnidad de Tana. Parecía, o mejor dicho, sonaba incómodo. No sabía qué le había pasado. Lo explicamos: le sorprendía verse vestido con ropas de mujer. Luego “él” abrazó a Fernando, diciendo “Hijo mío”. Preguntó por qué nadie le contestaba cuando les hablaba. Le gustaba mucho Fernandito, su nieto mayor. Dijo que había tratado de mostrarle sus juguetes y jugar con él.
Luego “él/Tana” pareció estar viéndose a sí mismo en su ataúd, y dijo “¿Este soy yo? ¡Qué cosa horrible!”, y entonces, como si por fin se le hubiera aclarado su situación, se fue.
La mesa comenzó a moverse: había venido una entidad conocida de Tana.
Nos felicitó porque había escuchado nuestra conversación con el padre de Fernando.

– Ustedes no se pueden imaginar cómo es vivir aquí donde estamos.

– ¿Qué quiere decir?

– Hay muchos otros mundos habitados, mucho más felices que el de ustedes.

– ¿Esto es parte de nuestro proceso de perfeccionamiento, como creen algunos?

– Por supuesto.

– ¿Para qué es todo eso?

– Es necesario para estar más cerca de Dios, pero sin llegar a ser uno con Él.

Yo no creía que esta entidad –quienquiera que fuese– supiera lo que decía. Aunque existan en otro plano de la realidad, ¿por qué tendrían ellos mejor idea que nosotros de lo que es “lo real”? Pensaba que esto escapaba a su comprensión lo mismo que a la nuestra.
Se tocaron otros temas en esa conversación, como la imposibilidad de la paz mundial y el lento avance de la espiritualidad. El saludo final fue esta frase: “Les dejo un ramillete de violetas, y pronto los veré”.
No sé si esto formaba parte de la personalidad de Tana, pero ese saludo me recordaba un poema del hermoso libro Gaspard de la Nuit, de Aloysius Bertrand. En su poema “Le marchand de tulipes” hay un hombre, refinado pero pobre, que
se pasea sonriendo aquí y allá, contemplativo y hambriento. No tiene dinero para comer, pero compra un ramillete de violetas.

Reunión N° 47. Julio 26.

Esta reunión se realizó en la casa del señor Lanusol, con Tana, Olga y yo. Lanusol era un hombre fuera de lo común, muy interesante. Tenía entonces unos cincuenta años, era bajo y robusto, y su cabellera blanca y abundante le daba un aire distinguido. Poseía, además, una agradable voz de barítono, y siempre decía cosas apropiadas en el momento oportuno. Era un espiritualista convencido, pero trataba de separar lo que es propio del mundo espiritual de aquellos fenómenos psíquicos que pertenecen a la esfera de las capacidades del ser humano, como la clarividencia y la telepatía.
A causa de estas tendencias científicas, lo habían echado de la sociedad espiritista en la que había sido un miembro destacado. A la sazón trabajaba como curador del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata.

La primera manifestación fue la presencia de M a través de las manos de Olga. Estaba molesto, y no le agradaba la
idea de “usar” a Tana para hablar, como le pedimos. Pero finalmente accedió.

– ¡Te voy a matar! –me dijo.

– ¿Por qué? Yo no te hice nada.

– Es que yo en realidad quiero verte feliz.

Tratamos de calmarlo, pero él se burlaba de todos nosotros.Lanusol tenía mucha paciencia con él, y le habló mucho, hasta que M pareció avergonzarse y se quiso ir.

– No te podés ir, te ordeno que te quedes –dijo Lanusol.

– ¡No podés hacerme esto! –dijo M.

– Sí que puedo. Te estoy mostrando que puedo.

– ¿Por qué me hacen esto? Quiero irme.

– Sólo para mostrarte que hay fuerzas mucho más poderosas que la tuya. Ahora te podés ir.

Y M (o lo que fuese) nos dejó.

Tana describió algunas visiones que había tenido. Vio colores, manchas blancas, una efigie de Buda, luego Buda con un niño. Después vio un rayo de luz que tomó la forma de una sombrilla y se le acercó, y finalmente “tomó” posesión de ella.
Comenzó a murmurar incoherencias y se puso a hablar en un idioma muy extraño. Pensamos que era algún dialecto de la India. Entonces Lanusol se dirigió a la entidad.

– Sólo debería sugerirle ideas a este cuerpo, así ella podría hablar.

– Está agradable y cálido aquí. Vengo de un lugar muy frío.

– ¿De dónde es usted?

– Soy indio. Mi país es hermoso, y yo vivía cerca de un gran río.

– ¿Era el Ganges?

– Sí.

– ¿Ha muerto joven?

– Sí. Tenía treinta y cinco años.

– ¿De qué vivía?

– Trabajaba con sauces. También tocaba la flauta.

– ¿Ha oído algo acerca de alguno de los grandes yoguis?

– Oí hablar de Ramakrishna, pero mucho más de Vivekananda. Y sobre todo, de Gandhi.

Cada vez que mencionaba a Gandhi se reía de una manera muy rara.

– ¿Por qué ha venido aquí?

– Ustedes son buenas personas. Además, estuve en la casa de José.

– ¿Qué estuviste haciendo allí?

– Jugando con Miguel Ángel. ¡Siempre le tocaba la nariz!

Agregó que le gustaría mucho trabajar con nosotros, y que si íbamos a la India él sería nuestro guía.

– ¿Cuál es su nombre?

Hubo un silencio. Apareció la voz de Tana –con un acento extraño– y dijo:

– Yamoara.

Antes de que pudiéramos preguntarle por el significado de ese nombre bello y poético, había partido.

Reunión N° 48. Agosto 9. Octavio, Serafín, Alfredo, Olga y yo.

Movimientos de la mesa y un mensaje de una sola palabra (en inglés): “Cry”3. Olga se quedó dormida sin perder la conciencia. Dijo unas pocas palabras en inglés. Alfredo le habló en inglés y Olga se puso a llorar. Después dijo “No me hagan preguntas”. Me di vuelta hacia Alfredo y le dije qué debía preguntar, y dije: “Please”4. La cabeza de Olga se volvió hacia mí y dijo: “No, please”. Al mismo tiempo, la mesa se movió en forma oscilante. En general, la experiencia fue bastante confusa, y recibimos el consejo de suspenderla, lo cual hicimos.

Cuatro días después de esta reunión, falleció la madre de Alfredo. Entonces tuvo sentido el mensaje de una sola palabra, el llanto de Olga y el porqué no quiso decirnos nada.

Reunión N° 49. Agosto 17.

En casa de Lanusol, con Tana y Olga. Tana vio algunas cosas, luego Olga oyó ruido de pasos, y se asustó mucho.
Tana vio unas “ondas” que salían de nuestras rodillas (excepto las de Lanusol), y sintió como si la señora Lanusol estuviera
presente. Tana entró en trance y habló como la señora Lanusol.

– Hola, querido.

– Hola, querida. ¿Cómo estás por ahí?

– Bien. Te estoy esperando. ¿Estás listo para venir?

– Lo estoy. En cualquier momento. Me pregunto si nos podrías ayudar con estos experimentos.

– Por supuesto.

Entonces vino el abuelo de Olga, y dijo que deseaba abrazarla, y que nuestro hijo, Miguel Ángel, le gustaba mucho.
Estaba muy emocionado, y agregó que la próxima vez hablaría más largamente. Dijo “adiós” y terminamos la reunión.

Reunión N° 50. Agosto 29. Otra vez en casa de Lanusol, con él, Tana, Perlita (una médium), Serafín y yo.

Vino el guía de Perlita. Lanusol preguntó si podíamos obtener ayuda para estos experimentos a fin de producir fenómenos físicos.

– Si sus intenciones son honestas, tendrán ayuda.

– ¿Puede decirnos algo sobre los poderes de Fernando?

Perlita tomó mis manos y me pidió que pensara en Fernando.

– Él puede producir muchas cosas hermosas, pero también cosas muy malas. Tiene mal carácter y esto puede ser peligroso. Sin embargo creo que vale la pena continuar con él.

Entonces habló el guía.

– Tú vas a lograr cosas importantes. Sabes, puedes hacerte médium en el momento en que lo desees. Lanusol, dale el libro de los médiums. Va a ser muy útil para los estudios de José. Eso sí, José, no dejes que tus poderes se te suban a la cabeza. Sé bueno con todos.
Luego el guía dijo que alguien del otro lado, que todavía no tenía conciencia de su estado, vendría a visitarnos, que esto era necesario, y que un ser superior así lo disponía. La médium actuó entonces como una persona bebida, con todos los síntomas del caso, incluso hipo y vómitos. Otra entidad dijo que estaba borracho porque su madre había muerto y él no podía olvidarla. Lanusol le habló, le hizo ver toda la situación. La madre del ebrio vino y se lo llevó.
Perlita tuvo que irse, y seguimos con Tana como médium.
Vino una personalidad “arrepentida”, lloró, dijo que sabía bien dónde estaba porque había practicado todo esto durante su vida. Dijo que había hecho cosas muy malas a muchas personas. Al mismo tiempo, Tana tenía la visión de un ejército,
con personas que corrían y luchaban, una especie de escena revolucionaria. Lanusol pensó que esto tenía que ver con Getulio Vargas, el famoso dictador brasileño. En cambio, Tana y yo tuvimos la impresión de que la acción se desarrollaba en Buenos Aires.

Reunión N° 51. Septiembre 10 de 1954.

Yo había conocido al Dr. J. Ricardo Musso, presidente del Instituto Argentino de Parapsicología. Era autor de un libro sobre parapsicología y estaba interesado en nuestros experimentos. Algunos de nosotros fuimos a Buenos Aires, a su casa. Estaban presentes el Dr. Musso, su esposa Elvira, Guillermo, Alfredo, el Dr. X, el Dr. N y yo. La señora Musso era una psicómetra muy buena, y nos dio una demostración con tres objetos de algunos de nosotros. En uno de los casos, el porcentaje de aciertos fue muy elevado. Decidimos intentar un experimento con una mesa, sentándonos alrededor y poniendo sobre ella las manos. Tras un largo rato, unos 45 minutos, obtuvimos algunos movimientos, pero no hubo respuestas inteligentes a nuestras preguntas.

Reunión N° 52. Septiembre11. Olga, Fernando y yo.

Esta vez tardamos un poco más de lo habitual en obtener algún fenómeno. Finalmente, M movió la mesa. Olga resistió los intentos de mover sus manos. Tuvimos la sensación de que había mucha energía en la mesa, sin embargo no obtuvimos ninguna levitación. Llegó un mensaje: “Olga, tu madre está enferma”.
Después de algunas preguntas, supimos que se trataba de una afección reumática, y que no era nada grave. Aquí tengo que decir que Olga sabía algo de esto por una conversación que tuvo con su padre.
Apareció otra clase de información.

– ¿De dónde saca su energía? ¿De nosotros?

– No, no tomo energía de ustedes. Su voluntad es suficiente. El hecho de que ustedes hagan una cadena con sus manos es una indicación para mí de manifestarme.

– ¿Es realmente un espíritu, un alma o algo independiente de nosotros, y no parte de nosotros?

– Claro que sí, ¡soy un espíritu independiente!

Por supuesto.

Reunión N° 53. Septiembre 29. Tana, Olga, Lanusol, Serafín y yo.

Aunque lo intentamos, ni Tana ni Olga pudieron producir sus fenómenos.
Tana dijo ver discos, rayos de luz. Luego comenzó a hablar, medio en trance, pero no dio identificación alguna.

Hablaba del futuro de todos los presentes, pero no me pareció que fuera relevante. Parecía más bien un deseo suyo de darnos algo, en vista de la falta de fenómenos verdaderos.

Reunión N° 54. Octubre 6. Olga y yo solos.

En completa oscuridad, hizo unos dibujos que parecían un perfil simplificado de un hombre con barba. No había explicación, y ella tenía miedo de caer en trance, entonces paramos. Me pareció que el dibujo era bastante interesante.

Reunión N° 55. Octubre 16. Olga, Tana, Serafín, Octavio y yo.

Luego, mis padres. Obtuvimos algunos mensajes con la mesa, no muchos. Lo más interesante fue que obtuvimos tres levitaciones completas de la mesa. Tana estaba en un estado de semitrance, y le hablaba a la mesa. La mesa contestaba con el método habitual. Al mismo tiempo, las manos de Olga se movían de acuerdo con la conversación. Por ejemplo, Tana, como médium, le decía a la mesa que los físicos y los químicos deberían juntarse para investigar estos fenómenos. La mesa dijo que sí (con tres golpes en el piso), y las manos de Olga unieron la mano de Octavio con la mía (es decir, un químico y un físico).
En este momento llegó un amigo de mi padre; cuando estábamos tratando de hablar con la entidad presente se produjo un fenómeno luminoso en un rincón del cuarto.
Todos vimos lo mismo, excepto Tana, que miraba hacia otra dirección. Aunque habíamos comenzado la sesión a plena luz, en este momento las luces estaban apagadas. Al principio se vio sólo un foco de luz, luego varios, aunque no nos pusimos de acuerdo en la cantidad, porque se movían todo el tiempo. Comenzamos a discutir sobre la posibilidad de que se tratara de luciérnagas, o de luces del exterior, y queríamos estar seguros, así que prendí las luces. Entonces verificamos que no había luciérnagas y que no había ninguna luz que viniera del exterior. Hasta el día de hoy estoy convencido de que arruinamos uno de nuestros mejores experimentos, porque después de esto no obtuvimos más fenómenos, ni  ni de otro tipo, y tuvimos que parar.

Reunión N° 56, Octubre 31. Lanusol, Fernando y yo.

Esta fue una de las reuniones más sobresalientes que tuvimos, y los fenómenos estuvieron entre los más impresionantes y claramente definidos que jamás vi.
En esta oportunidad utilizamos dos luces rojas. Una vez adaptada la vista a estas condiciones de iluminación, se puede ver con claridad todo lo que hay en la habitación. Obtuvimos tres levitaciones completas de la mesa, a una altura de unos sesenta centímetros. La última comenzó sin que Fernando ni yo tocáramos la mesa en absoluto. Cuando esto sucedió, Fernando y yo estábamos practicando respiración profunda sincronizada. Después, yo me senté en el hall, Fernando cerca
de la ventana del living, donde estábamos haciendo el experimento, y Lanusol a la mesa solo. Sucedió lo siguiente: una silla se movió; la mesa del comedor, que era bastante grande y pesada, también se movió. Al ocurrir esto, fui a la mesa pequeña a la que estaba sentado Lanusol y puse las manos encima. Le pedí a Fernando que se concentrara en mover la mesa.
En el centro de la mesa grande teníamos una bandeja de metal con una base, y sobre ella un florero con agua y algunas flores. Cuando le pedí a Fernando que se concentrara en la mesa chica oímos tres golpes en la bandeja de metal. Estaba yo tratando de obtener una repetición de este fenómeno cuando Olga entró en la habitación. Vio colores por todas partes. En este punto paramos. Al tratar de reproducir los golpes con la bandeja de metal, llegamos a la conclusión de que, si hubieran sido hechos por medios normales, el florero tendría que haberse caído de la bandeja. Cualquiera que fuese la fuerza, tendría que haber sostenido juntos la bandeja y el florero (y también el agua) mientras se producían los movimientos.

Reunión N° 57. Noviembre 6.

He mencionado antes al Dr. J. Ricardo Musso. En agosto había publicado su libro En los límites de la psicología (Periplo, Buenos Aires, 1954). Este libro era principalmente una revisión de toda clase de fenómenos psíquicos. El libro incluía, como
apéndice, algunos experimentos realizados en la Argentina.
Musso era un hombre muy difícil de convencer de la objetividad de los fenómenos psíquicos, especialmente la clase de fuerzas con que operábamos en nuestros experimentos. Así que vino a esta reunión con algunos aparatos eléctricos para controlar la separación entre las patas de la mesa y el piso.
Cada pata tenía puesta una pieza de metal, que al levitar algo menos de un centímetro y medio, caería y cerraría un circuito
eléctrico para encender una luz. Si se prendían las cuatro  luces, la mesa habría levitado completamente. Obtuvimos algunos movimientos de la mesa, y algunos de los sonidos usuales, pero no una levitación completa.
Fernando estaba evidentemente nervioso, porque cuando la mesa se movía, deslizándose sobre el piso, los contactos hacían mucho ruido. Musso estuvo todo el tiempo controlando a Fernando. No obtuvimos ningún movimiento a distancia.

Reunión N° 58. Noviembre 13. Lanusol, Fernando y yo.

Es interesante observar que cada vez que teníamos una reunión con Lanusol, era todo diferente. Era una persona muy amable, nunca tenía apuro, y sin embargo poseía una especie de fuerza que todo el mundo percibía, tenía autoridad sobre los fenómenos mismos. Esta vez, como antes, vimos una levitación completa de la mesa. También hubo algunos mensajes. Ocurrió algo inusitado: estábamos sentados a la mesa chica cuando la mesa grande –a la que en ese momento estaba sentado yo solo– comenzó a moverse. Después de unos segundos, la mesa se movió bajo mis manos. Estoy seguro de no haber ejercido la menor presión sobre la mesa. Sólo la tocaba con mis dedos.

Reunión N° 59. Noviembre 24.

Una vez que el Dr. Musso se convenció de la existencia de estos fenómenos al verlos por primera vez (hecho que reconoció al ser entrevistado por una revista argentina), se propuso conseguir en Buenos Aires alguna persona capaz de producir esos fenómenos físicos. Alguien trajo a una joven de quien se decía que era capaz de obtener el mismo tipo de movimientos, y me invitaron a concurrir ese día al Instituto Argentino de Parapsicología.

Estaban presentes el Dr. Musso y su esposa, el Dr. Oscar Andrieu, filósofo y crítico de arte (ya fallecido), la joven y un amigo suyo, fotógrafo, y yo. El Dr. Andrieu, que era también miembro del instituto, había hecho algunos experimentos con esa joven, Andrea. Consideraron estar preparados para tomar algunas fotografías. Hubo movimientos de la mesa, y se tomaron fotos. Para mí fue interesante que la única levitación completa de la mesa se produjo cuando estaba yo a la mesa con Andrea. Hubo raps muy fuertes, como dedos que golpearan sobre y debajo de la mesa.

Reunión N° 60. Diciembre 20. Mischa y su esposa, Beltrán, Elvira Musso, Olga y yo.

Al rato llegó Fernando. Esta vez obtuvimos movimientos muy fuertes sin que Fernando estuviera presente. Seguimos un procedimiento que el Dr. Musso pensó que daría buenos resultados. Se trataba de repetir una frase en una especie de cántico, como “Mueva la mesa, mueva la mesa, etc.”. Pero no estoy seguro si fue el procedimiento o la presencia de Mischa lo que produjo el resultado. Cuando llegó Fernando, los movimientos y los golpes se hicieron más fuertes, pero no mucho.

Reunión N° 61. Enero 22 de 1955. Dr. Musso, Fernando y yo.

Musso llegó con un equipo fotográfico completo, pero no pudimos obtener la mesa en completa levitación. Es decir, no pudimos obtener una foto en que la mesa volara por el aire. En efecto, por la forma en que sucedieron las cosas, parecía que Fernando, consciente o inconscientemente, o ambos, harían cualquier cosa para arruinar los fenómenos o burlarse de Musso y su equipo.

Tratábamos de obtener los movimientos con las luces apagadas, así que en el momento de la levitación debíamos manejar la máquina fotográfica por control remoto. Pero el mecanismo estaba fallado, entonces decidimos que, entre Musso y yo, uno de los dos manejara la cámara y el otro controlara a Fernando. Nos turnábamos en la tarea, ya que era bastante aburrido estar sentado con la cámara en la oscuridad.
Sucedió lo siguiente. En el preciso momento en que Musso cambiaba posiciones conmigo y no tenía la cámara preparada, ocurrió una levitación increíble. La mesa desapareció literalmente en el aire, empujó mis brazos y los de Fernando, se elevó en el aire y cayó inmediatamente rompiendo una de las patas._Por suerte yo tenía otra mesa, de aproximadamente un metro ochenta de largo y uno veinte de ancho, y unos dieciocho o veinte kilos de peso. Continuamos con ésta.
Obtuvimos fuertes movimientos, incluso con uno de nosotros sentado encima de la mesa.
La foto fue tomada por Musso en el momento en que yo sentí que la mesa se movía violentamente. Yo estaba sosteniendo las manos de Fernando, y las solté para sentarme Fernando y José Feola, durante la levitación de la mesa.

Reunión N° 62. Marzo 4 de 1955. Dr. Canavesio, Tana, Olga y yo.

Permítanme decir algunas palabras acerca de Orlando Canavesio. Era un médico que había obtenido su doctorado (título equivalente a PhD) con una tesis sobre la electroencefalografía de los estados mediúmnicos. Fue la primera, y creo que hasta ahora la única tesis sobre la materia en la Argentina y probablemente en el mundo. Debido a esa tesis fue invitado al Simposio de Parapsicología realizado en Utrecht en 1953, y se pueden leer referencias a este trabajo en La Parapsicología, de Robert Amadou (Editorial Paidos, Buenos Aires, 1964). Canavesio viajó a través de Europa en busca de la clase de fenómenos que obteníamos en La Plata, pero no encontró a nadie que pudiera mostrarle ese tipo de cosas, no sólo en aquel primer viaje sino también después de una invitación a la primera reunión organizada por la Parapsychology Foundation en St. Paul de Vence. Supo de nuestros trabajos por medio de Tana, porque habían trabajado juntos con algunos pacientes mentales. Logramos esta vez obtener levitaciones pero como Canavesio todavía dudaba, mi esposa y Tana salieron de la habitación y continuamos nosotros tres. Para nuestro agrado y sorpresa, obtuvimos una de las levitaciones más impresionantes que yo jamás haya visto.
No habíamos encendido ninguna luz porque todavía era de tarde y entraba suficiente luz por la ventana y por una puerta de vidrio que daba al pequeño hall de entrada. Había suficiente luz natural como para ver con toda claridad.
Fernando se sentó en la esquina opuesta a la puerta de vidrio, con las manos sobre las rodillas. La mesa estaba más o menos a un metro y medio de Fernando, hacia el centro de la habitación (estábamos usando la mesa más grande) y Canavesio y yo nos sentamos juntos cerca de la puerta de vidrio, también a un metro y medio de la mesa. Canavesio sospechaba más de mí que de Fernando, por eso prefirió sentarse al lado mío, y no cerca de Fernando. Después de cosa de un minuto de pedir movimientos, la mesa comenzó a moverse y de pronto se levantó en dirección a Canavesio y a mí. Venía hacia nosotros con tal rapidez y fuerza que los dos reaccionamos poniéndonos a la defensiva para evitar ser golpeados por la mesa. Todo este tiempo Fernando no se había movido de su silla. Era imposible que hubiera movido la mesa a puntapiés, por ejemplo. Estaba demasiado lejos de su alcance, y lo hubiéramos visto, ya que lo mirábamos todo el tiempo. Después de este experimento, las dudas de Canavesio desaparecieron.

Reunión N° 65, Marzo 11.

Para este momento, ya había pasado otra vez por la contrariedad de enfrentar al carpintero que arregló nuevamente la mesa. Me miró con curiosidad, y dijo, “¿Cómo hizo esta vez para romper la mesa?”. Contesté “Bueno, de nuevo se quemó un fusible y me subí a la mesa para arreglarlo”.
El carpintero era una persona interesante. Tenía una mente inquisitiva y siempre buscaba explicaciones racionales, especialmente cuando el caso tenía que ver con su profesión.
Me miró a los ojos y replicó, “Mire, yo conozco mi oficio, y arreglé esta mesa de manera que no sólo podía soportarlo a usted sino a diez como usted sin romperse”.
Le respondí “Sin embargo, esto es exactamente lo que sucedió” y no dije nada más, pero tomé buena nota de la evaluación por parte de un experto de la fuerza que se requería para romper la mesa. Entonces en esta reunión teníamos de nuevo la mesa, y estábamos presentes Tana, Olga, Lanusol, Fernando y yo.
Obtuvimos tres levitaciones sobresalientes. La última fue de unos setenta y cinco centímetros de altura, y casi tocó el velador. Lamentablemente, esta vez Canavesio llegó tarde.

Reuniones N° 64-67. Marzo-abril 1955.

Canavesio vino a todas las reuniones, y probó su propio equipo para tomar fotos de las levitaciones, pero no pudo hacerlo. En una de las reuniones estábamos esperando una levitación cuando Canavesio decidió regresar a su auto para buscar unos accesorios que se había olvidado. Justo en el momento que él comenzaba a caminar hacia la puerta, la mesa se levantó, flotó en el aire y bajó. De nuevo, lo atribuí a la mente inconsciente de Fernando. Durante la reunión N° 67 obtuvimos otra levitación de unos setenta y cinco centímetros, y la mesa cayó con tanta fuerza que volvió a romperse. Esta vez la arreglé yo mismo lo mejor que pude y se la di a mi suegra.
Pensé que debería haber ido a un museo, pero la ciencia oficial –al menos públicamente– no estaba al tanto de estos
fenómenos.

Reunión N° 68, Abril 23. 

Probamos trabajar con un cajón de madera, y funcionó.

Reunión N° 69. Abril 30.

Los doctores Musso y Canavesio llegaron juntos esta vez, y trabajamos con el cajón de madera. La idea de esta reunión era grabar una cinta simultáneamente en La Plata, donde estábamos nosotros, y en Buenos Aires, donde Musso había dejado a su mujer y algunas otras personas con otro grabador, y habíamos sincronizado la hora para empezar al mismo tiempo. Logramos hacer un acuerdo con la “entidad” comunicante por medio de la mesa. Se iban a producir fenómenos tanto en La Plata como en Buenos Aires. Sin embargo, nada sucedió en Buenos Aires, aunque hubo raps en el cajón de madera. Lo interesante con este cajón fue que todos sentimos, al tocarlo, que el cajón empujaba nuestras manos al mismo tiempo que crujía. Lo tocábamos apenas, y ninguno de nosotros tuvo la impresión de que fuera sólo una ilusión o efecto de la ligera presión de nuestros dedos. De hecho, nuestro control fue tratar de reproducir los raps ejerciendo un poco más de presión sobre el cajón. Pero no obtuvimos los efectos que habíamos observado.

Reunión N° 70. Mayo 3.

Fui a Buenos Aires, a la casa del Dr. Musso, donde conocí a una famosa clarividente argentina, Iris Cazaux. Había colaborado con la policía para resolver algunos casos, siempre con notable éxito. En uno de los casos, trabajó junto con Elvira Musso, quien, como dije antes, era una muy buena psicómetra.
No sólo lograron describir la manera en que un ladrón había delinquido, sino que ambas, independientemente, dieron una descripción muy exacta de los dos hombres que lo habían hecho, de modo que a la policía sólo le tomó unas pocas horas detenerlos.
Una semana antes de encontrarme con ella, había habido un crimen en un hospital psiquiátrico cerca de La Plata, de lo cual me enteré por Tana, quien a la sazón trabajaba en ese
hospital.
Le pregunté a Iris si podía dar algún indicio sobre ese caso. Entró en un ligero trance y dio los siguientes detalles: la policía ya tenía a la asesina. Sufría palpitaciones, fumaba mucho, usaba anteojos, tenía una pulsera de identificación, un anillo de matrimonio, y constantemente jugaba con él. Iris dijo que veía humo alrededor del rostro de ella, pelo enrulado y que trabajaba ahí. Tenía tendencia a hacer gestos nerviosos y retorcerse las manos. Tenía piel trigueña. Usaba un apodo. Un profesional, cirujano, también estaba implicado. Seguí el caso a través de los diarios locales y de Tana, pero pocas semanas después no se hablaba más de ello. Por las informaciones de Tana tuve la firme sospecha de que Iris estaba en lo cierto, y que, por ser el cirujano hombre de gran influencia, la policía había “olvidado” todo. La víctima era una paciente mental, mujer de gran belleza, sin familia.

Reunión N° 71, Mayo 7. Canavesio, Fernando, Serafín, Olga y yo.

Continuamos nuestro trabajo con el cajón de madera.
Ahora realizábamos las reuniones al modo espiritista, dirigiéndonos a las entidades como si fueran espíritus. Obtuvimos una comunicación para el doctor Canavesio, de un miembro de su familia. Pero el único resultado interesante de esta reunión fue una levitación completa del cajón. El papel que le habíamos pegado alrededor había literalmente explotado.

Reunión N° 72. Mayo 14. Doctores Musso y Canavesio, Octavio, Serafín, Fernando, Olga y yo.

Escuchamos la grabación que habían hecho en Buenos Aires simultáneamente con nuestra reunión N° 69. Había algunos ruidos muy extraños, como si hubieran sido hechos mediante golpes directos al micrófono._Tratamos de obtener el mismo efecto en esta reunión. Primero, tres raps, y luego cinco.
A través del cajón, la entidad dijo que era lo mismo que habían hecho en Buenos Aires.
No pudimos obtener ninguna levitación ni tomamos fotografías. Probamos con la mesa grande del comedor, y lo interesante fue que la mesa empujó a Fernando fuera del grupo, y sólo se movió estando Octavio, Olga y Canavesio junto a ella.
Después de que se fueron los doctores Musso y Canavesio, invitamos a la chica que trabajaba en casa, una joven de unos dieciséis años, a que participara, porque sospechábamos que pudiera tener aptitudes psíquicas.
Obtuvimos un mensaje, e instrucciones para ir al patio trasero a buscar un aporte, pero no encontramos nada.

Reunión N° 73. Mayo 21. Canavesio, Olga y yo.

Obtuvimos movimientos del cajón de madera, aunque no tan fuertes como cuando Fernando estaba presente.

Reunión N° 74. Julio 14. Fernando, Lanusol y yo.

Fue una reunión muy interesante. Nos pusimos de acuerdo con la mesa para trabajar juntos. Lanusol se dirigió a la mesa en estos términos: “No importa lo que seas, espíritu desencarnado o fuerza desconocida, queremos que nos ayudes a obtener la levitación de esta mesa. ¿Nos ayudarás?”.
Después de decir que sí, obtuvimos una levitación de unos diez segundos, hecha con suavidad. Durante toda esta reunión trabajamos con luz roja. A continuación obtuvimos otra levitación con un desplazamiento lateral de la mesa de unos noventa centímetros, la mesa se movía como si flotara sobre pequeñas ondas.

Finalmente, obtuvimos otra levitación, estando los tres de pie tomándonos las manos._La mesa levitó como siguiendo nuestras manos sin tocarlas. La distancia entre la mesa y las manos era de unos veinte centímetros. Tan pronto como comenzó la levitación, Lanusol empezó a contar, y contó hasta 120 para la levitación completa, que duró alrededor de un minuto y veinte segundos. Todo el tiempo la mesa estaba en el aire y otra vez parecía flotar en una especie de ondas. Antes de descender, una de las patas se apoyó muy suavemente en el respaldo de una silla, luego volvió a subir y bajó al piso. Fue una de las levitaciones más impresionantes y claras que he visto.

Reunión N° 75. Julio 21. Lanusol, señorita X, Fernando, Olga y yo.

Comenzamos sin Fernando. Olga escribió la palabra “imposible” sin mayor explicación. Permítanme decir aquí que una semana más tarde pedí a Olga que escribiera esta misma palabra en la misma hoja de papel, doblada, y que esta vez la escritura fue totalmente distinta.
Cuando llegó Fernando, obtuvimos algunas comunicaciones con la mesa. La influencia de Fernando era clara. Se dio el nombre de un amigo de la señorita X, y un mensaje dijo que esta persona estaba enferma (al día siguiente se comprobó que no era cierto). Hubo un mensaje acerca del hermano de A, pero posteriormente mi esposa me dijo que esa mañana la mujer de Fernando le había hablado de esa persona. Luego la mesa habló del hermano menor de la señorita X y dio correctamente el nombre.
Esta fue una típica reunión en que la mente inconsciente del sensitivo juega con hechos ya conocidos por él, o hechos tomados, tal vez telepáticamente, de una o más de las personas presentes. Bien puede ser que esta fuerza se haga accesible a la mesa, y entonces de alguna manera las mentes de las personas presentes pueden transmitir esa información a la mesa. Desde luego, esto vale para aquellos movimientos de la mesa en que no sea posible el manejo inconsciente (o deliberado) del peso. Si las manos de los participantes descansan sobre la mesa, siempre existe la posibilidad de que esos movimientos sean producidos por uno o más de los participantes, lo que fue probado hace mucho por el brillante físico Michael Faraday. Pero aún si este es el caso, uno puede indagar dentro de la información y ver cuál puede ser producto de clarividencia y telepatía (percepción extrasensorial general, GESP).

Reunión N° 76. Julio 30. Dr. Musso y su esposa, Olga, Julio, Dr. Luis Boschi, Serafín y yo. (Observen que Fernando no estaba presente).

Al principio no obtuvimos movimientos, entonces decidimos poner en práctica el método del Dr. Musso, consistente en cantar rítmicamente “Mueva la mesa” palmeando nuestras rodillas al mismo ritmo. Obtuvimos algunos movimientos. Parecía que la mesa no quería moverse cuando todos estaban tensos, esperando que se moviera; este método era bueno para aliviar esa tensión. Yo probé otra cosa: producir fatiga en mis brazos frotando mis manos una con otra vigorosamente, y en el momento tuve que dejar de hacerlo, hubo un movimiento muy fuerte de la mesa. Después de esto, decidimos que cada cual hiciera lo que quisiera. Así Julio y yo hicimos respiración yoga, el Dr. Boschi se puso a imitar a un borracho, llorando. El Dr. Musso le hablaba a la mesa, Serafín palmeaba sus rodillas y cantaba “Mueva la mesa”. Obtuvimos varias levitaciones, todas ellas con luz roja. La última alcanzó poco menos de un metro
de altura. Cuando la mesa bajó, una de las patas se rompió y ese fue el final de la reunión.

Reunión N° 77. Agosto 6. Estaban a la mesa el Dr. Musso, el Dr. Boschi, Julio, Serafín, Olga y yo. Sentados en un sofá,Guillermo y Alfredo.

Obtuvimos unas pocas levitaciones rápidas. Musso tomó fotos, pero no eran buenas. Alguien tiró una moneda, que subió hasta el cielorraso y cayó sobre la mesa sin rebotar en absoluto. Originalmente era una broma (del Dr. Boschi), pero no pudimos reproducirla después aunque lo intentamos muchas veces. Entonces pusimos una moneda de veinte centavos en una caja. Pocos minutos después, encendimos las luces y cuando abrimos la caja encontramos dos monedas, la nuestra de veinte centavos y una de cincuenta centavos.

Decidimos sellar la caja y probar de nuevo en la oscuridad. La caja cayó dos veces. La segunda vez la dejamos en el suelo.
Cuando nos relajamos, la caja apareció de nuevo encima de la mesa. El Dr. Musso intentó agarrarla, pero se alejó y terminó de nuevo en el suelo. Cuando quisimos asirla en el piso se nos escapó de las manos.
Por supuesto, estos fenómenos tienen poco que ver con las claras levitaciones producidas por Fernando. En la oscuridad, nuestros propios nervios, deseos inconscientes y cosas similares, desempeñan un papel importante, imposible de describir exactamente. Esta reunión nos enseñó mucho al respecto, y si antes no confiábamos en ningún fenómeno producido en la oscuridad, desde ahora los descartamos totalmente. No obstante, Boschi y otros siguieron pensando y hasta diseñaron un dispositivo muy caro que nos permitiría controlar perfectamente experimentos hechos en la oscuridad. Pero nunca tuvimos dinero para construirlo.

Reunión N° 78. Agosto 10. En Buenos Aires. Julio Beltrán, Musso y su esposa, Olga y yo.

Obtuvimos sólo pequeños movimientos de una mesa.

Reunión N° 79. Agosto 13. Musso, Julio, Serafín, Olga y yo.

Sólo unos pocos movimientos.

Reunión N° 80. Agosto 19.

Musso, en Buenos Aires, con el Dr. Boschi, obtuvieron un aporte; le tomaron una fotografía y al día siguiente desapareció.

Reunión N° 81. Agosto 20. En Buenos Aires. El Dr. Musso y su esposa, el Dr. Boschi, el Dr. Frumento (biofísico), el Dr. Rosso (economista), Julio, Olga y yo.

Nada sucedió al principio, luego cayeron dos botones sobre la mesa. Estos botones habían desaparecido la noche anterior, según me contaron. Tenían unas marcas rojas.
También apareció una cruz de cuero, de aproximadamente dos centímetros y medio por cinco. Cuando examinamos esta cruz de cerca, vimos las iniciales A.F. que eran las del Dr. Antonio Frumento, aunque también tenía otra inicial por su segundo nombre. Paramos por cerca de una hora, y el Dr. Musso colocó la cruz en parafina, y los botones en una cápsula especial que se selló. Luego continuamos, y apareció un trozo de alambre de cobre, con un trozo de hilo negro encima. Al final obtuvimos algunos movimientos de la mesa sin ningún contacto. En uno de esos movimientos, la mesa cayó sobre las rodillas del Dr. Rosso. En este punto paramos.
Comentarios. Ustedes recordarán que después de que mi mesa pequeña se rompió por tercera vez, utilizamos un cajón y también una mesa más grande. Posteriormente, adquirí una mesa redonda sostenida sólo por una columna en el centro, que terminaba en tres patas pequeñas en su base. Con esta mesa redonda hicimos varias reuniones con el Dr. Boschi. Tomé algunas fotos por medio de un aparato de control remoto.
Examiné ahora cuidadosamente esas fotos, porque me resultaban sospechosos esos “aportes” producidos en presencia del Dr. Boschi. En una de las fotos, el pie izquierdo del Dr. Boschi aparece claramente tocando una de las patas de la mesa. Se lo dije al Dr. Musso por teléfono, pero no me creyó porque confiaba en el Dr. Boschi,_que era un científico muy bien conocido._Le pedí que hablara seria y francamente con el Dr. Boschi, porque estaba seguro de que eran trampas que nos estaba haciendo. El Dr. Musso depuso su resistencia cuando le dije que tenía que aclarar el asunto, de otro modo no volvería a invitarlos a nuestras reuniones. Cuando se planteó la cuestión de la foto, el Dr. Boschi hizo una amplia confesión, diciendo que lo único que quería era averiguar cuán cuidadosos éramos en nuestros experimentos. Dijo también que los fenómenos psíquicos eran tan contrarios a sus convicciones científicas, que destruirían la bella estructura que se había construido y que lo guiaba en su vida. Dijo además que algunos de los movimientos no fueron hechos por él, que estaba intrigado y realmente interesado, y que colaboraría con nosotros para idear toda clase de controles. Se hizo miembro del Instituto Argentino de Parapsicología y fue muy útil en el diseño de experimentos muy inteligentes y seguros.

Serafín había sufrido un accidente mientras conducía su motocicleta, en el que resultó con una pierna fracturada. Esto marcó el comienzo de la disolución del grupo.
En 1956 hubo varias reuniones, pero sólo tengo notas de dos de ellas.

Reunión N° 82. Enero. Estuvieron presentes el Dr. Musso y su esposa, Fernando, Octavio, Olga y yo.

Obtuvimos violentos movimientos de la mesa grande, y dos o tres levitaciones con un aterrizaje suave. Elvira Musso De izq. a derecha: J. Ricardo Musso, X, Luis Boschi, Olga, X, Ing. Chavasse. “vio” algunas cosas singulares, por ejemplo, una caja y un cuchillo sin mango que la atravesaba.

Reunión N° 83. Febrero 4. El Dr. Musso, el profesor E. Butelman, Fernando, Octavio, Olga y yo.

Al principio no teníamos ninguna luz encendida porque todavía entraba suficiente luz por la ventana cuando comenzamos. Obtuvimos varias levitaciones extraordinarias.
Una de ellas fue de cerca de setenta y cinco centímetros, y estábamos tocando la mesa, pero hubo una levitación producida sin ningún contacto ni de manos ni de pies con la mesa. Vi muy claramente el perfil de la mesa contra la ventana.
Teníamos perfecto control de nuestras manos y veíamos nuestros pies. Mi sensación fue que esta levitación no pudo haber sido hecha por ninguna clase de truco.
Como estábamos obteniendo fenómenos tan fuertes, decidimos ensayar algo realmente desafiante y dificultoso. Con todas las luces encendidas, Musso y Butelman se sentaron sobre la mesa grande (de más o menos un metro diez por noventa centímetros, y más de quince kilos de peso). Ambos eran muy corpulentos en ese tiempo, pesaban cerca de noventa kilos cada uno. Fernando se sentó a uno de los lados de la mesa, Octavio y yo estábamos de pie, y los tres formamos una cadena teniéndonos de las manos. Dijimos que esperábamos que ambos fueran arrojados de la mesa de alguna manera. Transcurrido cosa de un minuto, la mesa se levantó de pronto sobre un costado, y arrojó a los dos violentamente. Estábamos estupefactos. Fernando había sido observado por Octavio y por mí: no hizo ningún movimiento en absoluto. Después de que él se fue el Dr. Musso se sentó en su misma posición, Butelman se sentó sobre la mesa, Octavio y yo tomamos a Musso de las manos, y le permitimos mover sus piernas, tratando de mover la mesa y arrojar de ella a Butelman. A pesar de que Musso era un hombre muy fuerte, y mucho más alto que Fernando, no pudo mover la mesa de ninguna manera en esas condiciones.
He dejado para el final de esta sección dos raros fenómenos que tuvieron lugar durante nuestros experimentos.
Mis amigos y yo los consideramos una de las mejores pruebas que hayamos visto de los efectos de la mente sobre la materia a distancia.

El primero tuvo lugar en presencia de nueve de nosotros, incluyendo a Guillermo, Julio, Mischa y Alfredo. Hicimos un acuerdo con la mesa, y cualquiera podía comunicarse por medio de ella. Pedimos si era posible para la mesa venir desde cierta distancia a un círculo formado por nosotros teniéndonos de las manos y tocando nuestros pies. Dijo “sí” mediante tres golpes en el piso. Pusimos la mesa a unos tres metros de distancia de nosotros y, en plena luz, la mesa se deslizó sobre el piso y entró en el círculo.
El segundo fenómeno tuvo lugar como sigue. Después de una o dos horas de trabajo, acostumbrábamos tomar té y unos sandwiches y conversar sobre lo que estábamos haciendo.
Mientras esto sucedía, Julio y yo estábamos sentados a un metro y medio más o menos uno de otro, y Fernando a mi derecha, aproximadamente a la misma distancia. La mesa con que trabajábamos en ese momento era la más pequeña, y estaba en el centro del triángulo formado por nosotros tres.
Julio y yo habíamos entablado una discusión que llegó al punto en que yo decía “Sí, es así” y él decía “No”. Mientras yo decía “sí” y Julio “no”, Fernando escuchaba y sonreía._Los tres teníamos las tazas de té en las manos y todavía estábamos
comiendo los sandwiches. De pronto, la mesa comenzó a saltar de arriba abajo y, en nuestro código, se puso del lado de Julio levitando y saltando en el piso en una serie de a dos golpes, que traducido significaba “no, no, no, no”.
Mi interpretación de este estallido inesperado –y hermosa prueba de levitación a distancia– era que Fernando había tomado la posición de Julio en esa discusión, pero como no se sentía calificado para intervenir en ella, de alguna manera hizo conocer su posición por medio de la mesa. Estas levitaciones (ocho de ellas en rápida sucesión) fueron tan asombrosamente claras, que si ésta hubiera sido la única vez que hubiera visto moverse una mesa, estaría absolutamente convencido de la existencia de estas fuerzas. Esto ocurrió justo frente a nosotros, a plena luz, y nadie había hecho ningún movimiento que pudiera ni remotamente estar conectado con las levitaciones.

Qué fuerzas son ésas, todavía no lo sabemos, pero que son parte de la naturaleza, ninguna duda.

Interludio con mezcalina – 1956

Mi amigo el Dr. J. Ricardo Musso y su amigo el profesor Enrique Butelman, psicólogo, habían estado experimentando con mezcalina, tratando de ver si esta droga aumentaba la ESP. Trataron de convencerme de que participara en sus experimentos, pero me negué varias veces, por ser enemigo de toda experiencia que sea producida artificialmente. De alguna manera terminaron por convencerme de que esa experiencia me sería útil, cualesquiera fueran los resultados de los tests de ESP que pensaban realizar, y acepté participar al menos una vez. Sin duda, el interés de Butelman había sido despertado por las experiencias de Aldous Huxley descriptas en Las puertas de la percepción (The Doors of Perception, London.
Chatto & Windus, 1954), y el de Musso por una frase que dice Huxley en la página 19: “En algunos casos puede haber percepciones extrasensoriales”.
El experimento tuvo lugar en el departamento de Butelman, en el piso trece (evidentemente, no era supersticioso) de un gran edificio en el elegante barrio Norte de Buenos Aires. Estaba presente el profesor Butelman y su esposa, Ida, también psicóloga, Ricardo y Elvira Musso, Olga y yo. Tomé la primera dosis a las 19:30 y la segunda a las 20:30. Las primeras sensaciones fueron de contracciones musculares en la pierna izquierda justo encima de la rodilla.
Era una especie de contracción espasmódica, una doble sacudida que me hacía recordar los mordentes que tocaba en el violín. Pronto estos mordentes se extendieron a todos los músculos de mi cuerpo. Sentí los globos oculares moverse de igual manera, lateralmente.
Cuando me estaba poniendo un poco impaciente, porque no sucedía nada de verdadero interés, noté que mi oído se volvía cada vez más sensible. La música que estaban tocando en el grabador se me hacía más y más atractiva, pero ciertos ruidos la interrumpían y no me permitían seguirla. Estaba acostado en una cama cerca de una gran ventana, con los ojos cerrados. Cuando los abrí, lo que vi parecía bastante irreal. Las pocas estrellas que podía ver eran más grandes que en cualquier otra noche, y el cielo oscuro era de una profundidad tremenda que hubiera podido seguir hasta el punto de perderme en ella.

La charla de mis amigos, que estaban cenando en la habitación contigua me hizo volver de mi breve pero profundo viaje.
Luego la conversación me aburrió totalmente. El Dr. Musso hablaba mientras comía, y aunque esto normalmente no me hubiera fastidiado, bajo los efectos de la mezcalina casi me enfureció.
Butelman estaba hablando de una mujer loca. Olga se reía, y supuse que lo hacía porque estaba bebida. Pero lo que más me molestaba eran las frases de la señora Butelman, porque sentía que cada frase que decía era con la intención de herirme. Realmente sentía sus palabras como flechas que se clavaran en mi cuerpo.
Lenta pero seguramente, la música comenzó a “entrar” en mí. Mi mano derecha comenzó a moverse por sí misma, como si quisiera acariciar la música. Apenas tomé conciencia de que mi mano se movía sola, la mano cayó. No dudo de que mi mente racional interfería con la emoción primitiva de mi deseo de acariciar la música, como diciendo “¡Qué idiota, querer tocar lo intocable!”.
Había llevado conmigo intencionalmente mi cortaplumas, porque lo tenía desde que era chico, y pensé que ese objeto me ayudaría a explorar mi niñez. Tal vez encontraría algún trauma psíquico, algunos indicios que me ayudaran en mi búsqueda. Nada sucedió al respecto, al menos durante la primera parte de la experiencia.
El reloj pulsera me molestaba. Era una incomodidad física, o eso me parecía, y me lo quité. Pero debía de haber otro componente. Toda la experiencia me parecía transcurrir fuera del tiempo, aunque conservaba la noción de la secuencia de los acontecimientos que ocurrían. Puede ser que a la sensación de incomodidad se haya agregado este impulso a verme libre del tiempo. Al cesar la sensación de tironeo, comencé a sentir una euforia creciente, tan grande que me quité el abrigo y me sentí muy bien. Alguien entró con una vela y la dejó sobre el piso. Yo la veía en tecnicolor, con la sutileza de los tonos de la llama y las sombras en el piso, pero no me interesaba. Lo mismo me sucedió con una lámpara que estaba encendida. El físico que

hay en mí explicó el fenómeno muy fácilmente: la dilatación de mis pupilas debió producir ese efecto de aberración cromática.
Pero la cuestión era que yo quería escapar con la música, y esto es lo que realmente sucedió.
En este punto mi yo había desaparecido. Sentía que la belleza en verdad existía, y que uno puede realmente volverse uno con ella. Las lágrimas acudieron a mis ojos, lágrimas de auténtica felicidad. Sentí lástima por las demás personas, porque estaban escuchando la misma bella Sinfonía Concertante en mi bemol de Mozart, pero no podían penetrar en el mundo en que yo me hallaba en ese momento. Llamé a  Olga y traté de transmitirle mis visiones; creí que dos personas podían transitar juntas ese mundo de sentimientos y belleza, pero me equivocaba. Olga pensó que yo estaba en un estado lamentable, como en una borrachera total, o detrás de un grueso cristal que no podía atravesar para llegar a mí y hacerme volver a su mundo. En cambio, desde mi punto de vista, era un estado de felicidad total, tan cerca del cielo como uno puede sentirse sin estar realmente en él.
El otro sentimiento indescriptible que tuve, y en el que nada ni nadie podía interferir, era el de verme absolutamente puro y limpio.
A partir de este punto, ya no recuerdo mucho.
Visualmente, eran sólo unas imágenes geométricas, color violeta pálido. No había colores fuertes o brillantes; las diversas formas y tonos eran concordantes con la música. A ratos, brevemente, de modo casi fugaz, aparecían colores como en la paleta de un pintor. Luego, en una transición mágica, perdí mi ego, y atravesé un río negro y profundo, siguiendo la música.
Yo estaba ahí, era parte del río que fluía con la música, pero José, y Feola, madre, padre, esposa e hijo se habían perdido junto con el resto de mi ego. Yo era pura conciencia, fluyendo con el allegro de Mozart.

Cuánto duró esto, no lo sé. Lo siguiente que supe es que estaba vomitando, parado cerca de una estantería de libros no lejos de la cama. ¿Qué había pasado? ¿Qué había estado mal? Me había olvidado de que años atrás había tenido ciertos problemas con el hígado, y no se lo había dicho a Butelman o a Musso. Mi descompostura llegó en mal momento, en el momento en que estaba tratando de recuperar mi ego.
Mi impresión a la hora de escribir este relato, que fue al día siguiente, fue que “esta especie de ansiedad de la muerte y del no ser” se produce realmente cuando se dan esos “raptos de conciencia”. Es interesante, porque esta idea es totalmente opuesta a lo que yo pensaba antes de la experiencia. El yo que siente esa ansiedad es el ego consciente en el momento en que cree que va a desaparecer.
El otro yo, el que sentí más real que cualquier otra cosa, no tiene los atributos de un ego, luego no puede temer. Es como un vaso de agua que se funde con un río fundamental, se vuelve parte de algo mucho mayor y fundamental.
Cuando se regresa de esta experiencia, es como si se tocara el mundo “real”. Estos toques con el mundo real son esfuerzos desesperados del ego para ser de nuevo él mismo.
Descubrí que lo importante no era mi nombre, sino la finitud de tener un cuerpo, esto es lo que deseaba aquel ego.
Los factores psicológicos que intervinieron en el momento en que me sentí descompuesto son interesantes de describir.
Sentí absoluta fe y confianza en Olga, y pensé que ella nunca me mentiría ni me dejaría solo. El segundo lugar en este “ranking” de las personas presentes, le corresponde al Dr. Musso, aunque no me agradó el hecho de que en cierto momento hiciera chistes en lugar de ayudarme a alcanzar otros estados de conciencia. Le sigue Elvira Musso, aunque la había sentido no del todo convincente y un poquito distante.
Butelman me pareció semejante a un chico jugando, y de hecho, en los breves momentos en que regresé a la conciencia, vi que jugaba al sátiro. Sin embargo, cuando vino a ayudarme en mi descompostura, tuve la fuerte sensación de que sabía lo que estaba haciendo. Acerca de la señora de Butelman, tuve muy variados sentimientos en diferentes momentos. Cuando escribí este relato, pensé que su voz me llegó en todo momento con simpatía, y al día siguiente sentí como si la hubiera conocido desde hacia mucho tiempo, lo que no era el caso. En cierto momento hubo una imagen muy extraña, de la que tomé conciencia cuando Olga me preguntó por nuestro hijo Miguel Ángel. Yo lo había “sentido”, y en este caso la palabra es muy importante, porque el centro emocional es supersensible durante la experiencia. Lo que yo había visto era  a una máscara egipcia en un gran medallón; esto era muy sombrío, y debí indagar en el campo de mi visión interna. Ese medallón era mi hijo. Él era independiente, tenía su propia vida. Más adelante esta visión, que a veces interpretaba con horror como si él fuera a morir, se volvió verdadera en la fugacidad de la visión: en 1965 dejé la Argentina en busca de una mejor situación, y en treinta años, sólo vi a Miguel Ángel en tres oportunidades por unos pocos días cada vez. O sea que, al menos físicamente, se fue de mi vida.

Recuerdo los desesperados esfuerzos de Musso y Butelman para hacerme volver a la conciencia. Me hacían preguntas aritméticas que yo contestaba automáticamente. Luego Musso intentó hacer un experimento de clarividencia, preguntándome qué tenía en su mano cerrada, pero no me interesaba. Me habían mostrado un retrato de Jung cuando yo estaba en estado de sopor, y ahora, al tratar de hacerme volver, me lo mostraron de nuevo y yo contesté correctamente quién era.
En un momento en que estaba tratando de regresar, vi a Musso, que estaba cerca de mí, y le pregunté, “¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué me están haciendo?” y luego volví a la música, y al mundo de la conciencia donde no existe ningún ego. Las dos primeras preguntas muestran muy claramente el fuerte deseo de ser alguien otra vez, de estar en alguna parte y tener un cuerpo. Hubo algunas otras expresiones de este deseo. Por ejemplo, empecé a golpear el piso con el pie, sólo para sentir de nuevo mi pierna. Luego me puse a batir palmas violentamente, porque no podía creer que tenía manos, y tuve que convencerme de que esas eran mis manos. Después me quedé mirando un cuadro, como si nunca hubiera visto uno. O fui a buscar un libro, o a pedirle a Olga que buscara un libro que tenía en casa, uno que pudiera reconocer.
También hubo cierta ansiedad porque creí que la experiencia había fracasado, que no había hecho “lo que se esperaba de mí”. Esto me llevó a la convicción de que la idea de que uno tiene una misión que cumplir no es más que vanidad y es sólo una ansiedad del ego consciente. (Toda vez que se habla del “ego” o el “yo” para mí significa sólo el uno consciente. Lo que está detrás de éste no es un ego propiamente dicho, sino lo que uno esencialmente es, aunque esté incorporado a una corriente, o flujo, mucho más grande).
Acerca de Dios, nada hubo en esta experiencia.
Se me ocurrió, a partir de esta experiencia, que se podría explicar la idea de la reencarnación muy fácilmente. Cuando “eso” regresa, busca un “yo”, un ego, algo en que sostenerse.
Cuando se vuelve a sentir el mundo y los procesos mentales, uno siente que es algo, no alguien sino algo. Luego sobreviene una gran ansiedad porque ese ego todavía no está “fijado”. Es muy fácil volver a aquel río negro, pero al ego consciente no le gusta desaparecer, y al otro ego, el ego sin forma, no le gusta asumirlo.
En el caso del ego limitado, o_”yo”, hay una especie de tensión superficial que mantiene su forma. En cambio, al ego sin forma sería muy difícil ponerlo en un contenedor. Es como si se quisiera tomar gas del aire y meterlo en una botella.
Sentí una gran compasión por Ricardo (Musso), más que nada porque pensaba que él no había tocado fondo en sus experiencias.
La segunda parte de la experiencia tuvo lugar después de que mi hígado se calmó. Mi conciencia era capaz de trabajar con sus propios problemas. Vi con mucha claridad algunos de mis problemas. Me sentía culpable por el niño que mi esposa había perdido, y me acusaba de cobardía respecto de algunas cuestiones. Había algunas fallas en mi conducta, y las veía con gran claridad. El peso de los temores de mi madre había sido muy gravoso para mí, y le reprochaba algunos de mis propios miedos.

Era muy tarde cuando volvimos a casa, mi mente estaba muy activa, incluso después de un largo rato de estar acostado.
Veía ahora, con diáfana claridad, el conflicto que afronté a mis diecisiete años cuando tuve que elegir entre la música y la física. Con la música, el futuro era inseguro: o se llega a ser uno de los “grandes” o, de lo contrario, no queda más que tomarla como una profesión y resignarse a la mediocridad.
Durante la parte profunda de la experiencia de la mezcalina, sentí que realmente me fundía en la música, y que hubiera podido ser uno de los grandes.
Poco a poco, mi ego se consolidó. El tañido de la campana al dar las tres me sacudió. Sentí las tres campanadas directamente en el corazón, con una sensación de calidez. El tañido de las campanas llama al despertar. Pensé que la experiencia de Lázaro debió ser semejante a ésta.
Uno siente que si una pequeña parte de sí mismo permanece, esa parte es algo esencial, algo propio de la sinceridad de su experiencia.
Respecto del sexo, quedó totalmente excluido. En un momento dado pensé que yo era “masculino” a causa de esa lucha por la posesión de la verdad, por la posesión de la música, pero, pensándolo mejor, mi conclusión fue que una mujer pudo haber tenido la misma experiencia profunda. Cuando uno se abandona a sí mismo, hay un componente emocional muy parecido a la relajación durante y después del acto sexual. Sólo me recuperé totalmente a las 3 de la tarde del lunes. Quise tocar el violín, y repetí la única frase que persistía en mi memoria del Andante de la Sinfonía Concertante para viola y violín de Mozart. Después de repetir esta frase muchas veces, comencé a improvisar, y recuerdo que era un tema que parecía subir tres escalones y bajar dos, arriba y abajo, y así sucesivamente.
¿Qué pasó con la experiencia del tiempo durante el experimento con mezcalina? Entre las 21:30 y las 22 horas perdí completamente la noción del tiempo, el tiempo dejó de existir. A las 12:10 del domingo miré mi reloj, pero inmediatamente perdí conciencia de la hora, y me asombré cuando volví a mirar el reloj dos minutos después, porque tenía la sensación de que había pasado una eternidad desde mi anterior mirada al reloj.

En cierto momento abrieron una ventana, y yo sentí muy claramente cómo ese agradable aire fresco entraba por mi nariz y garganta hasta mis pulmones, y pude sentirlo realmente en los alvéolos.
Otra sensación que tuve fue la de ser tocado por una boca enorme. Escribí luego que era tan enorme que entre un diente y la encía había un surco, y esto debe haber sido lo que vi, aunque ahora es difícil de comprender.
Cuando comenzó el experimento me dolía la garganta, y esto fue perjudicial durante todo el proceso. Creo que para este experimento es muy importante estar en perfecta salud.
También pensé que es posible lanzarse en determinada dirección o camino de exploración, con tal de haberse preparado de manera intensiva antes de la experiencia.
Creo que mi experiencia cumplió una serie de objetivos, pero sobre todo, me ayudó a desentrañar el problema de la muerte; de hecho, esa noche “morí” al menos una docena de veces. Fluctuaba como un cuerpo con la cabeza emergiendo y sumergiéndose en el agua de la existencia. En cada inmersión, olvidas todo lo que viste cuando tenías la cabeza afuera. Era realmente como un mar de olvido.
Algunas frases me parecieron muy significativas durante la experiencia. Una de ellas era “sé puro en tu corazón”.
Al día siguiente sentí que realmente estaba centrado, podía discriminar una cantidad de cosas que antes no podía.
Recuerdo que sentí que no podía ir solo a ninguna parte, entonces le pedí a mi mujer que me acompañara. Ya habíamos vivido en Buenos Aires algunos meses, tomamos el subterráneo y entramos en un coche que no estaba muy lleno.
Había unas veinte personas. Las miré una por una y le dije a Olga, “mirá, de toda esa gente ninguno tiene nada adentro, excepto ése”, y señalé un hombre del cual sentía que tenía la calidad humana que yo apreciaba en una persona.
Algo que ha persistido a través de todos estos años es una comprensión más profunda de la música. No sólo incrementé mi capacidad de distinguir los diversos planos en que el compositor desarrolla su obra, sino que puedo decir siempre qué frases son producto de verdadera y profunda inspiración, y cuáles sirven simplemente para llenar espacios.
Nunca más intenté repetir la experiencia con mezcalina ni con ninguna otra droga.

Al menos para mí, con una vez basta.

Fuente: Extracto del libro Científico y Psíquico.

 
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Publicado por en abril 14, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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Las mesas levitadoras de J.M . Feola ( I )

En el año 1950 Jose María Feola ,físico y matemático argentino , inició unas  conversaciones con su amigo Octavio con el arduo deseo de hacer algo con la cuestión del movimiento de las mesas, poco después iniciaron varias  sesiones con no mucho éxito. El procedimiento consistía en sentarse alrededor de una pequeña mesa de madera, de 65 centímetros por 65, y unos 75 centímetros de altura, que pesaba unos 12 kilos.
Dejában las manos en reposo sobre la mesa, tocándose por los meñiques con las manos del resto de participantes . Si las manos además  se tocaban por los pulgares, a esta disposición le llamaban “cadena cerrada”, de lo contrario, era la “cadena abierta”; si las manos no se tocaban de ninguna manera –lo que pocas veces se hacía– eso le llamaban “sin cadena”.

El propio J.M. Feola  relata    en primera persona lo ocurrido en  las reuniones con mesas y todo lo concerniente a ello:

Por lo general empezábamos escuchando música que nos pareciera apropiada; César Frank era uno de nuestros favoritos. También quemábamos incienso. Después de cinco o diez minutos de esta especie de meditación-relajación, durante la cual tratábamos de mantener la mente en blanco, enunciábamos nuestro propósito: “Estamos aquí para tratar de ver si esta mesa puede moverse, o si pueden producirse raps en la mesa o en cualquier otro lugar de esta habitación. No es importante para nosotros que la mesa se mueva por fuerzas del inconsciente o superconsciente, espíritus o lo que ustedes
dispongan, en tanto se mueva por sí sola. Con esta esperanza aguardamos”.
Pocos minutos más tarde, Octavio hablaba de otra manera: “Si está presente aquí alguien que pueda mover la mesa, por favor que lo haga. No importa quién sea con tal de que pueda mover esta mesa”. Y así por el estilo. Probamos con todos los ángulos, distintos estados de ánimo, toda clase de argumentos persuasivos, pero no obtuvimos resultados.

Evidentemente, faltaba algo; tal vez estábamos equivocados al suponer que si otros habían podido hacerlo, nosotros también podríamos. Estábamos ansiosos por ver algo, así que, a través de Guillermo, pedimos ayuda al grupo de Mischa hasta que por fin ellos accedieron a hacer una prueba con nosotros. Guillermo y Alfredo vinieron a reunirse con Olga, Octavio y yo. Se decidió realizar la reunión en casa de Octavio, un departamento que alquilaba en el segundo piso de un edificio. Otros dos estudiantes vivían con él, pero esa noche no estaban en la casa.
A continuación, daré un relato de todos los experimentos importantes que realizamos –reuniones, no sesiones, ya que no estaba presente ningún médium en trance–, que identificamos con un número y una fecha para que fuera fácil referirse a ellos posteriormente. Estos resúmenes surgen de mis notas, tomadas la misma noche o a la mañana siguiente de
cada reunión.

Reunión N° 1. Febrero 1, 1952.

Iniciamos este experimento a las 22:30, como dije antes, en la casa de Octavio. Usamos su mesa de trabajo, que era más grande y pesada que la mía, con unos 16 Kilos. Todo el tiempo estuvo encendida la luz con una lámpara de 100W.
Octavio puso un disco en su tocadiscos, encendió un sahumerio de incienso y nos sentamos en torno a la mesa en cadena cerrada.
Las manifestaciones comenzaron por vibraciones de la mesa, sin movimientos convincentes ni raps que contestaran nuestras preguntas. Después de dos breves interrupciones, obtuvimos una presencia –permítanme llamarla así– la cual, moviendo la mesa sobre dos patas, transmitía mensajes por medio del alfabeto. El procedimiento es así: la mesa se levanta
en dos patas, y se balancea de arriba abajo esperando que alguien comience a decir el alfabeto. Esto lo hizo Guillermo: A, B, C, etc. Cuando aparece la primera letra de la primera palabra, la mesa golpea sobre el piso. Luego vuelve al movimiento de arriba abajo, y Guillermo comienza de nuevo con el alfabeto. Entonces aparece la segunda letra y así sucesivamente. A veces uno quiere hacer una pregunta que se puede responder por sí o por no, para ello se usa un código, tres golpes significan “sí” y dos golpes “no”. Esta presencia, o entidad, movió la mesa muy suavemente, y deletreó el mensaje a paso bastante lento. En su primer mensaje dijo que estaba relacionado con Olga y conmigo. Le preguntamos su identidad y no quiso contestar. (Uso el masculino para referirme a él porque supusimos que se trataba del abuelo de Olga –o una personificación suya actuando a través de la mente inconsciente de Olga– aunque uno no tiene derecho a hacer esta clase de presunciones). Sin embargo, dio la letra D, probablemente en relación con el mensaje que vino después. En este punto, sucedió algo que nos sobresaltó. Repentinamente, una presencia de una fuerza tremenda tomó posesión de la mesa, y comenzó a golpearla contra el piso con gran estrépito:

¡uno, dos, …., ocho! Así los contó Guillermo, y dijo: “¡Ya sé quién sos!”.

Entonces la mesa, para mi gran sorpresa, dio inmediatamente tres fuertes golpes en el piso: “¡SÍ!”.

“Sos el Guía Número Ocho”, dijo Guillermo.

Tres fuertes golpes: “¡SÍ!”. Lo repitió aún más fuerte.

La mesa comenzó a oscilar en dos patas –como describí antes– pero con mucha mayor frecuencia, como si esperase con impaciencia que Guillermo comenzara a recitar el alfabeto. Así lo hizo, mientras Alfredo tomaba nota del mensaje. Esta operación adquirió tal velocidad que se hacía difícil seguirlo. El Guía Número Ocho dijo:

“¡Idiotas! ¿Por qué hacen esto?¡Corten enseguida!”.

A lo cual Guillermo contestó:

“Es que estos amigos han estado trabajando mucho…”.

“¡Nada, paren! ¡Es peligroso continuar!”.

En este punto, la mesa levitó completamente, todos nosotros de pie, la cadena ya no hacía falta. No solamente la mesa flotaba alrededor con facilidad, sino que lo hacía de manera amenazante. Yo no estaba asustado sino tremendamente sorprendido de que semejante cosa fuese realmente posible, y más aún, que sucediera delante de mis ojos y a plena luz. Pasé mis manos y pies debajo de la mesa y por debajo de las manos de mis compañeros, para cerciorarme de que no había ningún tipo de truco, aunque a ninguno de ellos se le hubiera ocurrido hacer semejante broma. Convencido de la realidad de lo que estaba sucediendo, decidí tratar de detener la mesa. La aferré en el aire con mis dos manos y traté de tirar hacia abajo. El efecto fue igual al de un mosquito que quisiera detener el puño de Muhammad Ali contra George Foreman cuando Ali recuperó su título: absolutamente ningún efecto. Era una fuerza verdaderamente poderosa.
Cuando bajó por sí misma, nos detuvimos. Después de discutir durante unos minutos lo que había que hacer, prevaleció la opinión de Guillermo: quería explicarle más detalladamente al Guía Número Ocho por qué ellos estaban ahí, de modo que pudieran conservar las buenas relaciones que tenían con esta entidad, y Mischa y el resto de su grupo no se enojaran con ellos. De modo que a los pocos minutos reiniciamos, pero en lugar del Guía tuvimos de nuevo la presencia amable del principio. Después de algunos raps en la mesa (digo en porque el sonido parecía venir desde dentro de la madera), esta entidad mostró mayor fuerza que antes y la “conversación” fue algo más fluida.

– ¿Quiere decirle algo a Olga?

– Tiene que ser madre.

– ¿Y José?

– Él tiene que estudiar.

Ahora estábamos bastante seguros de que esa presencia debía ser identificada con don Juan, el padre de mi suegro, que había muerto unos cinco meses atrás. Le pregunté:

– ¿Cree que voy a recibir mi doctorado en física?

– Sí.

– ¿Y tocaré el violín?

La mesa se sacudió como si se riera.

– Sin embargo, vas a medir mi tierra.

Yo era agrimensor, y de hecho, algún tiempo después, tuve que medir su tierra.

– ¿Cómo se siente ahí donde está?

– Estoy contento cuando alguien me recuerda.

Olga preguntó:

– ¿Qué pensás del chupete que encontré en el tranvía?

– Es una predicción.(Lo fue. Nuestro único hijo nació el 16 de octubre de 1953).

– ¿Qué piensa de don Ángel? (mi suegro, y su hijo).

– No lo conocí muy bien, porque él se fue de casa cuando era muy joven.

Era cierto, pero, por supuesto, mi esposa y yo lo sabíamos. De todos modos algo había sucedido, pudo haber sido transmitido desde nuestras mentes mediante telepatía, o clarividencia, y a través de la psicoquinesia. Pero no es necesario teorizar ahora, ya que lo haré más adelante.

– ¿Desea volver?

– Hace tan poco tiempo que dejé mi cuerpo físico… No deseo volver hasta dentro de ochocientos años por lo menos.

El “lugar” donde estoy ahora me gusta más que el mundo material.

– ¿De dónde saca la fuerza para mover la mesa?

– Principalmente de Octavio.

Octavio había dicho que sentía frío en algunas partes de su cuerpo, y la entidad aseveró que esas eran las partes de donde extraía la energía. Entonces pidió que nos quedáramos en silencio en su compañía. Luego, posiblemente al notar que Alfredo y Guillermo estaban bastante cansados, dijo que sería mejor que nos detuviéramos, lo que hizo después de decirnos adiós a Olga y a mí. La sesión finalizó alrededor de las tres de la mañana.
Como este experimento se realizó en el departamento de Octavio, Olga y yo tuvimos que caminar unas diez cuadras hasta nuestra casa. El asombro que las levitaciones y movimientos de una mesa tan pesada habían producido en mi lado científico era tan grande que, mientras caminábamos, le pregunté a Olga:

– Escucháme, parece que estamos yendo a casa, ¿no?

– Así es –dijo ella.

– ¿Podrías hacer lo que he visto en tantas películas?

¿Podrías pellizcarme?

– Claro que sí.

Lo hizo, y lo sentí, y seguía estando ahí, en medio de la vereda, caminando despacio y ponderando la situación

– ¿Entonces te parece que fue real? Quiero decir, la mesa realmente se alzó en el aire, y esa fuerza enorme era real.

– Sí, eso pienso. No creo que hayamos sido hipnotizados o que hayamos tenido alucinaciones o algo así, si eso es lo que estás pensando. En ese caso, pellizcame, por favor.

– Caramba, ni la física ni ningún físico puede dar una idea de esto. Esto contradice cuanto puedo recordar, o más bien, no entra en ninguna teoría física que yo conozca.

Yo ya tenía un grado menor en física y Octavio había hecho todo el curso para su doctorado en físicoquímica, lo mismo que Guillermo. Ninguno de nosotros ni nadie del otro grupo creía que fuese posible una explicación sobre la base de la ciencia actual. De todos modos, pasé una semana entera debatiendo en mi mente, leyendo libros, buscando una explicación. Desde luego, no hay ninguna explicación satisfactoria, pero debo decir que la fuerza y la habilidad que mostró ese Guía Número Ocho, quienquiera que fuese, me produjo una impresión tan fuerte que persiste hasta hoy, a pesar de haber visto después muchos otros fenómenos extraños y sorprendentes.
Y hay algo más. Mientras el Guía nos decía que había peligro, todos oímos como si fueran animales pequeños corriendo en círculo a nuestro alrededor. ¿Era ese el peligro? ¿Esos “elementales” sobre los que yo había leído? Uno de los principios básicos para el funcionamiento de nuestro grupo era que sólo incorporaría personas que tuvieran formación científica. Otro químico –a quien llamaré “Jorge”– quería participar en nuestros experimentos, así que, después de los hechos extraordinarios que acabo de describir, decidimos continuar con él. Los cuatro nos reuníamos semanalmente en nuestra casa, habitualmente los sábados a la noche, durante varias horas. Obtuvimos algunos resultados, como ser diferentes tipos de raps y ruidos, incluso olores, pero nada impresionante. Pocas semanas más tarde, la esposa de mi vecino sintió curiosidad por esas personas que venían a casa todos los sábados, y Olga le contó demasiado. Fue así como nuestro vecino, Fernando del Mármol, por intermedio de su mujer y mediación de Olga, solicitó ser admitido en el grupo.
Tuvimos una discusión con Olga por su lengua larga –en realidad, me enojé mucho con ella– pero luego suavizamos nuestra posición y supimos que Fernando había tenido algunas visiones siendo joven (tenía a la sazón cuarenta y seis años; recuerden que todos nosotros éramos veinteañeros); finalmente decidimos aceptarlo. Resultó ser una decisión acertada, como se verá en lo que sigue.
Así continuó el grupo con Fernando, y lo único interesante que conseguimos en varios meses fue el movimiento de una silla balanceándose a poco más de un metro de distancia de nosotros, y la impresión de un animal que se subía a las piernas de Fernando, lo cual nos pareció ser una impresión subjetiva.

A comienzos de agosto de 1952, estábamos ya descorazonados, a punto de desistir de nuestro intento. Entonces, una vez más, pedimos ayuda a nuestros amigos, quienes lo hicieron esta vez sin mayor dificultad.

Reunión Número 2. Agosto 9 de 1952.

Guillermo y Alfredo vinieron a nuestra casa, donde se reunieron con nuestro grupo en pleno, a saber, Olga, Octavio, Jorge, Fernando y yo. La mesa, por supuesto, se movió, y nuevamente, saltando en dos patas y golpeando sobre el piso según las letras del alfabeto, nos dio varios mensajes. Esta vez yo no temía que los dueños de casa –que en lo de Octavio vivían en la planta baja– fueran a llamar a la policía.

– ¿Quién es usted? ¿Puede identificarse?

– Soy el hermano de Fernando.

– ¿Puede decirnos algo que nos demuestre quién es?

– No estoy conforme con mi tumba.

Fernando contestó entonces a la entidad:

– Sé que no estás conforme, pero vos sabés que yo no tuve nada que ver en ese asunto.

– Lo sé, y estoy contento con vos.

Fernando preguntó a su “hermano” qué pensaba acerca de Olga y de mí, y la entidad respondió:

– La gente confía en ellos.

La mesa cesó en su movimiento, y después de unos veinte segundos, entró otra entidad. Que se trataba de otra entidad es algo que se notó inmediatamente porque la “conducta” de la mesa era diferente. La fuerza, la manera de moverse, la velocidad, y lo que hacía, todo era diferente. Al preguntarle si quería deletrear un mensaje, dijo:

– Hijo.

Tras lo cual, se movió hacia Guillermo, como si fuera a acariciarlo. Le dio algunos consejos a Guillermo y se fue.Vino una tercera entidad y se identificó como Domingo F. (lo que yo interpreté como Domingo Faustino Sarmiento). Esta entidad golpeó el piso con la mesa veintiséis veces. Nuestra conclusión fue que se refería al 26 de julio, día del fallecimiento de Eva Perón. Inmediatamente, como respuesta a nuestra  conclusión, dio un mensaje:

– E.P. trae guerra civil.

– ¿Cuándo?

– Mayo de 1953.

Esto fue, en realidad, con una diferencia de más de dos años: el primer intento contra el régimen de Perón tuvo lugar en junio de 1955, y su gobierno fue depuesto en septiembre de 1955, en lo que casi se transformó en una guerra civil.

– J. D. P. (Juan Domingo Perón) va a perder, y lo que es peor, F. V. va a ganar. (No pudimos identificar a ese F. V.).

Aunque esas predicciones no se cumplieron, había en ellas una porción de verdad. El intento de junio terminó con la matanza de casi tres mil personas –peronistas– que se habían juntado en la Plaza de Mayo después de oír por la radio la noticia del levantamiento militar. Numerosos aviones, sabiendo ya que la rebelión había fracasado, bombardearon a gente inocente y huyeron al Uruguay. Una decisión desafortunada, sin duda, que provenía del odio que Evita había originado en aquellos uniformados. Pero esto muestra –así como todas las predicciones de psíquicos que leemos en los diarios– que, sean esas entidades lo que fueren, sus predicciones respecto de acontecimientos futuros no son mejores que las nuestras.
Después de esta reunión, continuamos trabajando hasta que obtuvimos resultados con nuestro grupo. Esto sucedió el 12 de septiembre de 1952.

Reunión N° 3.

Jorge, Octavio, Fernando, Olga y yo. Al principio, hubo una vibración en la mesa. Yo comencé a hacer las preguntas, luego lo hicieron por turno los demás.

– ¿Conoce a alguien del grupo? Por favor, mueva la mesa hacia él.

La mesa va hacia Octavio.

– ¿Mamá?

– Sí.

– ¿Hay algo que me quieras decir?

– Sí. Casate.

Ahora la mesa comienza a dar vueltas alrededor con más fuerza.
Llega un mensaje de una entidad desconocida:

– E. morirá el veintitrés. (Esto no tenía sentido para ninguno de nosotros).

A continuación, la mesa golpea ocho veces.

– ¿Guía Número Ocho?

– Sí.

– ¿Quisieras guiarnos?

– Sí. ¡PAREN!

Al recordar nuestra primera reunión, decidimos seguir el consejo, aunque no resultaba claro si se trataba realmente del Guía Número Ocho o de una imitación. Pero, dado que era posible que ya no obtuviéramos más resultados, dimos por terminada la reunión, satisfechos con nuestra primera comunicación.
En este punto hay que hacer una observación: si no se declara otra cosa, las reuniones se realizan con luz regular.

Reunión N° 4. Septiembre 26.

Las mismas cinco personas. Hasta aquí, empezábamos siempre con cadena cerrada; durante esta reunión, tratamos de producir los mismos fenómenos con uno o dos de nosotros fuera de la cadena. Con tres de nosotros, Jorge, Octavio y yo, obtuvimos movimientos de gran intensidad. También observamos algo semejante a una inversión de polaridad, es decir, la mesa parecía pegada al piso. Cuando intentamos  moverla, fue muy difícil.
Fernando y Olga vieron una forma cónica, azulada, alta como una persona, parada detrás de mí. La mesa, mediante el alfabeto, dijo que, en realidad, esa forma estaba ahí, aunque los demás no pudieran verla. Todas esas ocurrencias tardaron mucho menos que antes en producirse. Le preguntamos a la mesa por la energía que utilizaba; dijo que la energía empleada para producir ese fenómeno luminoso se había tomado de Octavio.
Le hicimos al Guía Número Ocho, que estaba presente en ese momento, una serie de preguntas. Con respecto al aura, dijo que los animales no tienen aura, y agregó que las entidades del plano astral no pueden ver nuestros libros, por ejemplo, o nuestras cosas materiales, ni nuestros cuerpos. Solamente “ven” nuestras auras.

Reunión N° 5. Octubre 1.

Habíamos decidido no reunirnos esa noche, así que Olga y yo fuimos al centro con la idea de ir a ver una película. Era una noche tan hermosa que decidimos caminar y mirar el paisaje. La primavera en La Plata es deliciosa, debido especialmente a la variedad de árboles y sus flores. En la Avenida 7, el aroma que predomina es de los tilos, ya en flor.
Mientras caminábamos y gozábamos de la fragancia traída por una suave brisa, nos encontramos con mi amigo Raúl –a quien mencioné antes en relación con los movimientos de una silla–, que venía de su club. Hacía tiempo que Raúl se interesaba en los fenómenos psíquicos, y nunca había tenido oportunidad de venir a una de nuestras reuniones. Nos preguntó si era posible que regresáramos a casa, buscáramos a Fernando y tuviéramos una reunión. Acordamos intentarlo, y volvimos juntos a casa. Tuvimos suerte de convencer a Fernando de que  viniera. En cuanto comenzamos, llegó Octavio porque se había olvidado de que habíamos suspendido la reunión, así que terminamos haciendo la reunión con casi todo el grupo. La cadena se formó de la siguiente manera: a mi izquierda estaba Raúl, lo seguía Fernando, luego Olga, y Octavio cerrando la cadena a mi derecha. Nos sentamos en silencio durante unos diez o quince minutos, nada ocurrió. Por experiencias anteriores, sabíamos que a los pocos minutos comenzaba algún tipo de raps o vibraciones, así que esta absoluta “normalidad” me pareció extraña. Pensé correctamente que la única condición nueva era la presencia de Raúl en la cadena.
Habíamos apagado las luces para este primer intento, y en este punto pensé que tal vez Raúl suscitaba resistencias ya sea de Fernando o de Octavio, o de ambos. La otra posibilidad era que él actuara como un aislador físico para el campo de energía, cualquiera fuese su naturaleza, producido por el grupo. Al llegar a esta conclusión, decidí eludir su mano y tocar directamente la mano de Fernando. En el preciso momento en que toqué el meñique de Fernando, la mesa comenzó a moverse, arrojándose violentamente contra Raúl. Estaba tan enojada con él que tuvimos que llevar su silla al rincón más apartado de la habitación. Quedó allí sentado en silencio, bastante asombrado, y entonces obtuvimos impresionantes resultados. Hubo fuertes raps, no sólo en la mesa sino también en el piso; luego la mesa levitó y se dio vuelta patas arriba. La volvimos a su posición y entramos en “conversación” con el Guía Número Ocho, o una imitación suya. (Nunca podíamos
saberlo, por supuesto).

– ¿Dónde vivías cuando estabas en este plano?

– Vivía en Mallorca. Dicho sea de paso, conocí a Chopin.

– Ah, ¿sí? ¿Y qué hacías?

– Practiqué mucho yoga, hasta que completé mi liberación.

– Entonces, ¿qué estás haciendo aquí?

– He vuelto para ayudar.

– ¿Cómo nos podés ayudar? ¿Creés que podemos registrar algunos de estos fenómenos?

– No hay sustancia capaz de registrar el cuerpo astral.

– ¿Es importante a qué hora del día podamos reunirnos?

– No, no tiene importancia, pero si trabajan durante el día, será mejor que la habitación esté en completa oscuridad.

– ¿Querés mostrarle a nuestro amigo Raúl una levitación completa de la mesa?

– Sin duda.

La mesa levitó cinco veces a unos sesenta centímetros de altura, volviendo a bajar lentamente cada vez. Luego el guía dijo:
– Si hubiera veinticinco personas presentes, podría levantar esta mesa hasta el techo.

Raúl me dijo después que aquella noche no había podido dormir.

Reunión N° 6. 14 de noviembre.

Fernando, Octavio, Olga y yo. Hubo una advertencia para Olga: “Ten cuidado”. Oímos pasos, decidimos parar. Como yo había leído acerca del círculo mágico y los efectos psicológicos que puede causar, tracé un círculo protector alrededor de la
mesa. Entonces ocurrió algo sorprendente. La mesa se movió sin ningún contacto. Formamos de nuevo la cadena, y obtuvimos una levitación de unos sesenta centímetros.

Reunión N° 7. Noviembre 22.

Esta noche se incorporó un nuevo miembro, Serafín Chavasse, un ingeniero. Comenzamos con él, Jorge, Fernando y yo. Pocos minutos después llegaron inesperadamente Guillermo y Alfredo. Hubo algunos movimientos y mensajes.
Luego ocurrió algo nuevo. En el rincón superior del cuarto, que daba a la casa de Fernando, oímos tres sonidos muy fuertes, como golpes de tambor pero mucho más fuertes. Fernando se asustó, creyó que algo le había sucedido a su esposa, y corrió a su casa, sólo para encontrar a todos durmiendo.
Hubo un mensaje: “Clodis llora”. Preguntamos por esto, pero no se nos dieron detalles. Dos días después de esta reunión, murió a la edad de cinco años un niño muy querido por mis padres y nosotros. Aunque su madre no se llamaba Clodis, asocié este hecho con el mensaje. Por supuesto, pudo haber sido pura casualidad. Por otra parte, como Olga y yo sabíamos que el chico estaba enfermo, de alguna manera la idea de su posible deceso pudo haber sido captada por la inteligencia, cualquiera fuese su naturaleza, que dirigía estos fenómenos, y expresada bajo la forma de un enigmático mensaje. De todos modos, suena como una explicación demasiado compleja.

Reunión N° 8. Diciembre 19 de 1952.

Esta vez estaba yo solo con Fernando. Inmediatamente, es decir, dentro de los treinta segundos, oímos pasos muy rápidos en el piso de madera, luego vino el guía y por medio de la mesa dijo que la situación era muy difícil para él. La mesa golpeó once veces, y después, nueve veces. Preguntamos por esto; el guía dijo que era una entidad maligna que venía a tratar de causarnos algún daño. Continuamos de todas maneras. Luego la mesa flotó en el aire por espacio de unos treinta segundos. Después de esta larga levitación, levitó nuevamente a unos treinta centímetros del suelo y luego cayó con gran fuerza. Inmediatamente comenzó a moverse alrededor de nosotros con aire amenazante. Nos detuvimos.
Continuamos cerca de medianoche después de trazar un círculo mágico con un largo cuchillo que yo tenía. Vino de nuevo la misma entidad, quien dijo ser maligna. Piqué con el cuchillo debajo de la mesa, y tuve la sensación de que una mano agarraba el cuchillo. Sentí una especie de corriente eléctrica en el antebrazo. A pesar de esta sensación dolorosa, volví a clavar el cuchillo bajo la mesa dos o tres veces más.
Preguntamos a la mesa por esta impresión de que alguien tratara de asir el cuchillo, y la entidad dijo que era él quien lo hacía. Aquí dimos por terminada la reunión.

Reunión N° 9.

Octavio, Serafín, Olga, Fernando y yo. Comenzamos a usar una cámara fotográfica. Podíamos operar con ella de dos maneras, ya sea tomar las fotos con flash o abrir el diafragma, exponer por el tiempo que nos pareciera, y luego cerrar el diafragma. Tomamos algunas fotos. Esto fue la noche del 30 de diciembre. En completa oscuridad, abrimos el diafragma de
la cámara. Después de haber obtenido movimientos de la mesa, cerramos el diafragma e hicimos correr el rollo para sacar una nueva foto. Vino nuestro guía, pero hubo una especie de lucha por la mesa. Todo era muy incoherente, de modo que nos detuvimos. Una de las fotos mostró diez marcas luminosas que no pudimos explicar por ningún medio conocido.
¿Eran los diez dedos de alguna clase de mano espiritual?
Guardé una copia de esta foto, pero el negativo se lo quedó Fernando, que lo ganó tirando una moneda a cara o ceca.

Reunión N° 10. 2 de enero de 1953.

Nuevamente Fernando y yo solos. Comenzamos a la hora 20:30 y todavía entraba algo de luz natural por la ventana. En menos de tres minutos comenzaron los fenómenos habituales, con violentos movimientos de la mesa. Logré identificar a esa temperamental entidad. Dijo que era un tío de Olga que había muerto pocos meses atrás, y que yo no le gustaba en absoluto. Identificaré a esta fuerza como M. Dijo que mi suegro debería dejar a su hijo en paz. Se refería al hecho de que el hijo alquilaba la casa de mi suegro pero no pagaba el alquiler. Mi suegro había amenazado con demandarlo, y M quería que a su hijo lo dejaran tranquilo. Esto era muy interesante porque Fernando no sabía nada de esta disputa, y yo no tenía la capacidad de producir movimientos de la mesa. Según una explicación parapsicológica normal, Fernando habría leído mi mente y traducido en movimientos de la mesa, con la personalidad “exacta” del difunto M. Pero era más que eso. Siguiendo con sus declaraciones, M dijo que si mi suegro le hacía algo a su hijo, entonces él le haría algo a mi mujer. Después de una larga discusión con M, me prometió que si yo hacía algo por su hijo, él dejaría de hacerse el “pesado” y de amenazarnos. Reafirmó su promesa con tres fuertes golpes de la mesa, y finalizamos la reunión. Estaba lloviendo, y nos tomamos una taza de té.

Reunión N° 11. Enero 7.

Después de la última reunión, ensayé experimentos de telepatía con mi suegra, doña Ramona. Sospechaba que ella era receptiva a causa de algunas visiones que había tenido, que generalmente ocurrían antes de irse a dormir. Después de una semana de ensayos, fuimos a visitar a mis suegros en su chacra, y mi suegra me contó lo que había experimentado. Dijo que me vio enmarcado en un pequeño círculo, y que me acercaba a ella. Entonces yo dije:

“¿Cómo está usted?”.

Ella contestó: “Muy bien, José, ¿y vos?”.

En ese momento, se incorporó en la cama para verme mejor, pero la visión lentamente se desvaneció.

Este interesante fenómeno fue parcialmente inconsciente de mi parte. Yo acostumbraba concentrarme en la idea que quería transmitir, pero no en la manera de hacerlo. Ella captó exactamente lo que yo quería. Yo me había concentrado en aparecer delante de ella y hacer un gesto con la mano derecha como diciendo:

“¡Hola!”.

Repetí esta clase de experimento en 1959, con resultados asombrosos, que describiré en su momento.

Reunión N° 12. Enero 16.

Fernando, Olga y yo. La mesa se movió suavemente, y respondió que hacía tres meses que había partido al otro lado.
Recordé que un primo de mi suegro había muerto alrededor de esa fecha, así que le pregunté si había vivido en Avellaneda (una de las principales ciudades de la zona adyacente a Buenos Aires). La entidad respondió:

“Sí, he venido a encontrarme contigo”.

Pocos minutos después, uno de nuestros “guías” confirmó la identidad de esa presencia.

Conviene decir algo acerca de esos “guías”. Nunca supe de estas personalidades, si se quiere llamarlas así. La cuestión es – como ya lo dije antes– que el comportamiento de la mesa es totalmente diferente de una a otra de esas entidades.
Quienquiera que fuese el que tuviera el control de la fuerza capaz de mover la mesa, era capaz también de reproducir esas “personalidades” cada vez que aparecían, de tal manera que resultaban reconocibles sin necesidad de recurrir al alfabeto o a códigos para “sí” y “no”. Este es precisamente uno de los enigmas de estos fenómenos, y no de los menores.
Después de esa amable entidad, vino el Guía Número Ocho y por medio del alfabeto dijo:

“Buenas noches”.

Inmediatamente después, M tomó posesión de la mesa, y comenzó a amenazarnos a todos moviéndola violentamente.
Olga lo enfrentó, le dijo que si no cesaba en lo que estaba haciendo, ella a su vez le haría algo a su hijo. La mesa golpeó frenéticamente el piso de a dos golpes, lo que en nuestro código significaba “no” y lo hizo varias veces. Tuvimos que interrumpir.
Creo que ha quedado claro para el lector que en nuestras reuniones sucedían muchas cosas totalmente contrarias a nuestros deseos conscientes. Por lo demás, puedo afirmar que la compañía de todo lo que tuviera que ver con M era algo indeseado aún en nuestros niveles inconscientes, al menos en la medida en que se lo pueda asegurar. Lo cierto es que la meta a que nosotros apuntábamos era totalmente diferente de lo que obteníamos. Queríamos fenómenos físicos, sí, pero sólo  claras levitaciones y movimientos a distancia, y, en todo caso, materializaciones que pudiéramos fotografiar. Pero aún cuando no fueran fotografiables, queríamos ver algo semejante a un fantasma como el Guerrero de Mischa. De modo que todos esos mensajes, disputas acerca de tumbas, alquileres y demás, eran una pérdida de tiempo para todos nosotros.

Reunión N° 13. Enero 21.

Ustedes recordarán que Fernando era vecino mío, de modo que aprovechábamos toda oportunidad, especialmente en verano –como era el caso en esos momentos– para hacer algún experimento. Decidimos ponernos a trabajar a las ocho de la noche. Todavía había algo de luz natural, hacía mal tiempo y llovía. Treinta segundos después de sentarnos a la mesa, ésta comenzó a moverse. Vino nuestro guía, y decidimos hacerle una cantidad de preguntas:

– ¿Te molesta esta tormenta?

– Las ondas electromagnéticas no me perturban.

– ¿Y los colores?

– No nos producen efecto.

– ¿Y los fotones?

– Pueden causar alguna perturbación. No veo la luz.

Los rayos X y los catódicos pueden también causar cierta molestia.

– ¿Cómo es que sabés tanto de física?

– Estudié física en Rosario, en la reencarnación anterior a la última. (Rosario es la segunda ciudad más importante de la Argentina; pertenece a la Provincia de Santa Fe).

Como la escuela de física en Rosario era bastante reciente, me sorprendió la respuesta de la entidad, y pregunté:

– ¿Has muerto en algún accidente?

– Sí, eso fue lo que ocurrió. Yo tenía sólo diecinueve años, y esa fue la razón de mi rápida reencarnación. En mi última encarnación viví veintiséis años.

– ¿Cuál es tu lugar “habitual” de residencia?

– Está en una zona de vacío interestelar a dieciocho años luz de la Tierra, donde la luz del sol es muy débil.

– ¿Qué sabés de M?

– Por fin es una entidad totalmente desencarnada.

Después de un breve intervalo, vino una entidad que dijo haber muerto el 13 de junio de 1941. Era miembro de mi familia: José De Santis. Dijo también que había sido el padre de mi abuelo.

– Entonces ¿podrías decirme si el nombre de mi abuelo era Pedro, Juan o Valentín?

– ¡Ese, ése, el último!

Era verdad, y Fernando no lo sabía.

– ¿Has conocido a Francesco De Santis, el famoso ensayista y crítico de arte italiano?

– Sí, éramos primos.

Por lo que sé, todo esto puede haber sido verdad. Yo no sabía el nombre de mi bisabuelo, pero mi tío, el único hijo viviente de don Valentín, se llamaba José, probablemente por el nombre de su abuelo. Yo sabía que mi abuelo Valentín (el cual murió siendo mi madre una niña) solía decir: “Ninguno de ustedes va a ser nunca como Francesco. ¡Era un genio!”.
Hablaba de él como su tío, de modo que las afirmaciones de la entidad tenían sentido.

– ¿Querés darme algún consejo?

– Padre.

Y con esta palabra se retiró. Conviene advertir que estábamos a 21 de enero, y todavía no sabíamos del embarazo de mi esposa. Mi hijo Miguel Ángel nacería el 16 de octubre.
Vino otra entidad, y dijo que había muerto el 10 de enero de 1950. Es interesante observar otra vez la diferencia de procedimientos utilizados para mover la mesa. Esto realmente se puede notar, como si la habilidad para usar esas fuerzas
estuviera relacionada con, o fuera una función de la personalidad de cada entidad. Esta entidad no sabía mucho de los métodos que empleábamos, y se confundía con las maneras de decir “sí” y “no”, por ejemplo. De todas maneras, nos dio su nombre: Ferrer. Fernando lo había conocido, porque había vivido en la vereda de enfrente de él, y su familia aún habitaba allí. Nos dio un mensaje para la familia: “Tengan cuidado con el bebé”. Había un bebé en la familia. Fernando quedó en transmitir el mensaje.
Después de una breve interrupción, el Guía Número Ocho llegó con gran fuerza. Nos pidió que tuviéramos cuidado pero que continuáramos igual, porque él iba a castigar a M. Luego pareció haber una lucha que podíamos ver y sentir en torno a la mesa, que ahora vibraba, se movía alrededor y de arriba abajo, o permanecía quieta mientras una serie de pequeños raps se sentían por todo el piso, dando la impresión de una verdadera lucha. Tuve una sensación quemante en mi brazo, e inmediatamente después cayó una larga aguja de tejer metálica detrás de mí. En este punto interrumpimos nuevamente la reunión.
Tan pronto como recomenzamos, vino el Guía Número Ocho y dijo que había detenido la aguja antes de que me lastimara. Con sólo mis manos sobre la mesa, hubo una cantidad de movimientos, y la habitación estaba totalmente iluminada. A pesar de la lucha, M volvió y movió de nuevo la mesa con su manera amenazante, diciendo que era él quien había querido arrojarme la aguja, y que alguien lo había detenido. Comprendió que el Guía Número Ocho nos protegía.
Entonces sacamos nuestras manos de la mesa, y ésta se movió sola. Luego salí de la habitación, y Fernando le preguntó a M si quería hacerle daño. La respuesta fue “no”.
– ¿Y a José? –preguntó Fernando.
Tres fuertes golpes: “sí”.
Volví a la habitación, y continuamos obteniendo fuertes fenómenos hasta que el Guía Número Ocho volvió y dijo que era mejor parar ahí.
En vista de nuestro gran éxito, fuimos a la casa de Fernando y tratamos de producir movimientos con tres mesas distintas. Todas ellas se movieron, incluso una mesa de comedor grande y pesada, que efectuó movimientos de rotación mientras nosotros dos estábamos de pie y tocando la mesa en una sola de sus esquinas, con una ligera presión sobre ella de nuestros dedos índices solamente. Esto sucedió a plena luz. Luego fuimos a la cocina, donde nuestras esposas estaban trabajando, e hicimos lo mismo con la mesa de la cocina. Al moverse, se oían raps en la mesa.
Nos parecía que era posible prever cómo podría llegar a desarrollarse este campo, como sucedió con la electricidad.
Contrariamente a lo que muchos creían, las tormentas no interfieren en absoluto con los fenómenos físicos.
Otra pregunta que le formulamos al guía durante esta reunión fue acerca de cómo podía él oírnos. Dijo que podía hacerlo a causa de las ondas que producíamos al hablar. No explicó si se refería a las ondas sonoras o a los impulsos eléctricos del cerebro. Así, toda explicación tenía que ver con la real existencia de entidades desencarnadas. Ni una alusión a Fernando como causante de los fenómenos ni una palabra acerca de mis propias hipótesis. Enigmático, sin duda.

Reunión N° 14. Enero 23 de 1953.

Fernando y yo. Hora 20:50. M vino inmediatamente a la mesa. Después de mucho argumentar, lo convencí de que lo que le pasaba a su hijo no me interesaba y de que yo había hecho lo que había podido. Vino el Guía Número Ocho y dijo:
“Con cuidado”. Dijo que a M le faltaban todavía cuatro meses para estar completamente desencarnado, y que mientras tanto
tendríamos que soportarlo. Interrumpimos la reunión hasta las 21:15, cuando tuvimos de nuevo esta especie de lucha, que es muy difícil de explicar. Lo interesante fue que la mesa levitó por más de un minuto. Pregunté luego al guía cuánto tiempo le llevaba viajar esos dieciocho años luz acerca de los cuales nos había hablado en la reunión anterior. Dijo:

– Cinco minutos.

– Entonces, es de la naturaleza del pensamiento –dije.

– Sí.

– Quizá deberíamos buscar en las prácticas del yoga para encontrar la clave de estos procesos.

– Sí.

Yo había trazado nuevamente el círculo mágico alrededor de la mesa, y le pregunté si corríamos algún peligro. Dijo que no.
En ese momento volvió M y trató de sacar la mesa fuera del círculo. Nosotros la sostuvimos, y sentimos una fuerza muy potente, así que me levanté y empujé contra la mesa.
Fernando hizo lo mismo, pero aún con la fuerza de los dos no podíamos mantener la mesa quieta. A las 21:40 interrumpimos por cinco minutos. Después vino de nuevo el guía, y le pregunté si conocía a Anael. Dijo que sí, y que trataría de traérnoslo. Le pregunté si sabía algo del futuro.
– Es imposible para mí saber algo acerca del futuro.
M vino de nuevo y empujó la mesa por todas partes. Era tan molesto que tuvimos que dar por terminada la reunión.

Reunión N° 15. Enero 26.

Para esta reunión invité a un matemático amigo mío, a quien llamaré Arturo, quien posteriormente se trasladó a los Estados Unidos para enseñar y llegó a dirigir un importante departamento universitario. Era también pianista y compositor, escribió un excelente libro de filosofía, y luego se llamó a silencio por muchos años.
No puedo revelar su nombre porque he perdido contacto con él desde hace mucho tiempo y no tengo su autorización para hacerlo. En ese tiempo estaba muy interesado en ver alguno de los fenómenos que obteníamos, porque le era muy difícil creer lo que yo le contaba.
Fernando, Arturo y yo nos sentamos a la mesa. A los pocos segundos se produjeron fuertes raps. Luego la mesa se movió y comenzó a golpear sobre el piso. Dejé a mi amigo con Fernando en la mesa, de modo que pudiera controlarlo por sí mismo, sostenerle las dos manos y poner sus pies encima de los de Fernando. Además, podía mirar y sentir debajo de la mesa y ver que todo sucedía sin ninguna clase de truco.
Tuvo la suerte de obtener algo nuevo aún para nosotros.
En algunos casos, en lugar de golpear con la mesa, la entidad contestó las preguntas de Arturo por medio de raps en el piso.
Después de convencerse de la realidad de los fenómenos, Arturo se fue y Fernando y yo continuamos con el experimento.
Yo tenía un escritorio en la habitación, con varias pilas de libros encima. M vino a la mesa, y le pregunté si podía sacar un
libro del escritorio y tirarlo, un libro que yo le señalaría.
Entonces ocurrió algo increíble. La mesa fue hacia el escritorio en dos patas, mientras Fernando y yo la tocábamos muy ligeramente con nuestros índices. Luego la mesa empujó toda la pila de libros, haciéndola rodar hacia el extremo del escritorio. Pero cuando toda la pila estaba a punto de caer, la luz de la lámpara que estábamos usando, una de ésas con brazo flexible y una lamparita de 100W, cayó sobre la pila de libros, y el fenómeno se detuvo. Traté de inducir a la entidad a
mover un lápiz sobre la mesa. No se movió. Como Fernando había dicho que le dolía el brazo, puse el lápiz entre los dedos
de su mano derecha, y él dijo que tenía sueño. El lápiz empezó a moverse, le pedí a Fernando que mirara en otra dirección. La letra “M” apareció claramente dibujada en el papel. Fernando dijo que ahora los brazos le dolían más que antes, como si
fuera un dolor reumático. Suspendimos el experimento con el lápiz, y continuamos con la mesa. M dijo que él había escrito
“M”, golpeando la mesa con su habitual modo violento. Luego le pregunté si se podía materializar. Dijo que podía, pero en la oscuridad. Apagué la luz, y esperamos un rato. Pero entonces la mesa dio una sucesión de golpes, que se hicieron más y más débiles, hasta cesar, como si la entidad se hubiera alejado.
Esperamos todavía unos momentos, y yo ya tenía el dedo listo para encender la luz, cuando la mesa dio ocho golpes, indicando a nuestro guía. En este punto, tengo que decir que en varias oportunidades M había dado ocho golpes tratando de
aparecer como el guía. Como en tal caso hubiera faltado la “autoridad” del guía real, le haría preguntas que sólo el Guía Número Ocho pudiera contestar y la mesa no se movería.
Entonces le diría en tono airado:

“¡Vos no sos el Guía Número Ocho, tonto!”.

El Guía Número Ocho dijo que no podía permitir que M se materializara porque era muy peligroso, y que haríamos bien en parar en este punto. Lo hicimos, pero llegó Serafín y quería ver algo, así que empezamos de nuevo.
Volvió M, comenzó a pelear conmigo, diciendo que la casa donde vivía su hijo era mía, de modo que yo era responsable de lo que le pudiera suceder. La mesa entró en un humor “agitado”, y dimos por terminada la reunión.

Reunión N° 16. 30 de enero de 1953.

Iniciamos la reunión a las 19:30 Octavio, Fernando y yo.
Vino M, luego el Guía, y tuvimos la misma lucha de antes.
Octavio dijo entonces que el plano astral le parecía un cúmulo de egoísmo, igual que acá. El Guía dijo “Sí”.
M dijo que él era conciencia pura (cosa que yo dudaba), que ellos no veían ni oían, pero se comunicaban entre sí mediante la misma frecuencia con la que brillaban. Él era amarillo, y sólo podía comunicarse con otros amarillos.

En este punto llegó Serafín y continuamos. La mesa nos dio un mensaje de una entidad que no se identificó. Decía “Adela murió a(yer)” José De Santis me dio un mensaje:

“Ten cuidado”.

De Juan para Alfredo (que no estaba presente):

“Vení a(cá)”.

Luego M tomó posesión de la mesa e hizo sus acostumbradas demostraciones de fuerza, que nos agradaba ver, porque la mesa flotaba en el aire y se movía como si nos amenazara. Entonces quemamos un poco de incienso que teníamos de antes pero no habíamos usado. Parecía que el incienso aumentara la potencia de la entidad, porque la mesa se movía ahora con mayor fuerza. Apagamos las luces, y los movimientos se volvieron muy violentos. A las 22:45 la mesa comenzó a crujir muy ruidosamente, y se le salieron dos patas, de modo que volví a encender la luz, por si llegara a ocurrir algo, como que nos golpeara con esas patas sueltas.

Continuamos con una silla en lugar de la mesa. Como esta silla era más liviana que la mesa, me pareció peligroso para mí, porque M siempre peleaba conmigo, y había prometido castigarme. Pero entonces sucedió algo sorprendente. Me encaminé hacia el pasillo que conducía a las otras habitaciones y a la cocina, y la silla vino detrás de mí sin que nadie la tocara. Serafín y Fernando estaban tan asombrados –y un poco asustados– que decidieron poner fin al experimento.
Permítanme decir aquí que por una suerte de inspiración, yo había encontrado un antídoto para M. Apenas empezábamos a cantar “La Marsellesa” él abandonaba la mesa. Lástima que no lo hicimos antes de que la mesa se rompiera.
La mesa fue reparada por un carpintero que tenía un negocio grande a media cuadra de casa. Cuando se la llevé, me preguntó:

– ¿Cómo demonios se pudo romper esta mesa de esta manera?

– Bueno, vea, la usé para arreglar los fusibles. Es justo la altura que necesito para alcanzarlos. Cuando me paré sobre la mesa, se quebró.

– ¿Con su peso? (Yo pesaba entonces unos 73 Kilos).

Le parecía muy dudoso que yo hubiera podido romper la mesa, y tomé nota de su opinión. Después de haberla arreglado, me dijo que ahora podían subirse a ella diez personas como yo.

Reunión N° 17. Marzo 20.

Fernando y yo éramos los únicos presentes. No habían pasado dos minutos, sin música ni incienso, cuando la mesa empezó a moverse. Una entidad, que se identificó con diez golpes, dijo, mediante el método del alfabeto:

“El Guía”.

No creímos en tal guía, y le preguntamos si por casualidad no era M. Protestó diciendo que no lo era. Después dijo:

“Yo soy bueno”. En ese momento, entró mi esposa y se acercó. La mesa dijo:

“Olga es buena”.

Ya no tuvimos ninguna duda de que era M disfrazado. Luego pareció como si se estuviera desarrollando una verdadera lucha por el control de la mesa. Ésta golpeó ocho veces, luego diez veces. Enseguida se produjo uno de los fenómenos físicos más notables que yo haya presenciado. La mesa levitó completamente a una altura de unos cuarenta y cinco centímetros. Cuando alcanzó esta altura, se inmovilizó en el aire y quedó firmemente fijada donde estaba, tan sólidamente como si estuviera sobre el piso. Intentamos bajarla o correrla hacia un costado, pero no pudimos moverla en absoluto. Permaneció en esa posición por más de un minuto, luego bajó por sí sola. El Guía Número Ocho dijo entonces que él tenía el control. Le pregunté qué había pasado con nuestros amigos Alfredo y Guillermo. Dijo que no estaba satisfecho con Alfredo.

– ¿Querés darnos un mensaje que nos pruebe tu elevada condición de guía?

En ese preciso momento llegó mi amigo Raúl, y estuvo presente cuando se nos dio como respuesta este largo mensaje (largo porque tuvimos que reiniciar el alfabeto 39 veces):

“LA PERSONA QUE EMPIEZA A HACER ESTO DEBE CONTINUAR”.

Y aquí concluyó esta reunión.
Pongo este mensaje en tipografía destacada porque es realmente muy importante. Muchas veces lo he recordado a través de los años, y he meditado sobre su significado. Quizás, ante los impresionantes fenómenos que habíamos visto hasta entonces, debimos habernos dedicado a estos estudios a tiempo completo, pero ¿cómo? Todos teníamos que trabajar para vivir, y este campo no tenía reconocimiento en la Argentina. No era posible dedicar a él todo el tiempo. Nuestro curso de acción parecía ser el único posible.

Reunión N° 18. Marzo de 1953.

Fernando y yo. Empezamos a las 21 horas e inmediatamente obtuvimos golpes. Entonces pedí que nos dieran enseguida un mensaje, o suspenderíamos la reunión.
Vino el mensaje:

“El día que mueras…” – ¿Quisieras que vaya con vos?

– ¡Sí!

– Vos no tenés posibilidad de conocer el futuro.

– Sí, vamos a ser amigos. Vamos a mover mesas juntos.

– Entonces, ¿qué sabés de mi futuro?

– Vas a ser rico, no a causa de ninguna herencia, sino por negocios.Vas a viajar, no a Europa, sino a los Estados Unidos.

Permítanme decir aquí, que hasta la fecha nunca he tenido negocios, y aunque no soy pobre, mi casa es en verdad propiedad del banco. De mis ahorros voy a darme a mí mismo un subsidio para terminar este libro. Las pocas posesiones que tengo no me alcanzarían para procurarme un monto de dinero significativo. Con respecto a los viajes, sí tuvo razón.
Estábamos en 1953, yo no tenía planes ni la más remota idea de viajar a los Estados Unidos. Y sin embargo, así fue: llegué
en 1959 con una beca. Pero M se equivocaba acerca de los motivos del viaje. Dijo que iba a ir a divertirme, no a estudiar.

– ¿Qué nos podés decir del plano astral?

– El Guía Número Ocho es un espíritu odioso.

– ¿Qué nos decís de Dios y el Diablo?

Ninguna respuesta, la mesa estaba muerta.

Interrumpimos aquí. Cuando recomenzamos, puse sobre la mesa una cruz dibujada con lápiz azul sobre papel blanco. La mesa no se movió. Cuando quité el papel, enseguida se movió la mesa y golpeó muchas veces con mucha fuerza.

– ¿Podés mover la mecedora que está en el hall?

– Sí.

Después de un minuto o algo así, la silla se movió con fuerza, estando nosotros sentados a tres metros de distancia, como si alguien se estuviera hamacando constantemente, para atrás, para adelante, para atrás, para adelante.
Entonces coloqué un violín en el centro de la mesa, y pedí a la entidad que produjera un sonido en él. Oímos puntear muy suavemente las cuerdas, lo que se repitió luego un poco más alto. Tomé entonces el violín y toqué la serenata de Don Giovanni, que es toda pizzicato. La mesa golpeó ocho veces, dijo que le había gustado, y pidió que la repitiera. Así lo hice, y finalizó la reunión.
Antes de continuar con algunas reuniones más, y con fenómenos aún más extraordinarios, quisiera contarles una pequeña serie de experimentos que, al margen de estas reuniones, yo efectuaba en ese tiempo.
Entre mis numerosas lecturas sobre investigación psíquica, lo oculto y temas afines, una que me impresionó mucho fue Magos y Místicos del Tíbet, de Alexandra David- Neel (reimpresa por Penguin Books Inc., Baltimore, MD).
Alexandra David-Neel nació en París, creo que en 1868. Tenía una inclinación natural hacia los viajes y la soledad; después de estudiar sánscrito y tibetano en la Sorbonne, fue varias veces a Asia, y uno de sus viajes duró casi catorce años.
Entre los tibetanos se sentía como en su hogar, y dedicó muchos años al estudio de sus creencias y costumbres. Los relatos de fenómenos psíquicos que da en Magos y Misterios merecen la atención de lectores deseosos de experimentar; no voy a intentar siquiera resumir el contenido de su libro.

Madame David-Neel (que murió en 1969) esperaba que la investigación psíquica en Tibet se realizara con espíritu de investigación científica. Si así fuera, prometía, “esas investigaciones pueden ayudar a elucidar el mecanismo de los así llamados milagros, y una vez explicado, el milagro deja de ser milagro”.
Estas eran nuestras presunciones cuando iniciamos los experimentos con el grupo de La Plata: que si los objetos se movían sin ninguna explicación física conocida, y si una mesa levitaba de la misma manera, es que había violaciones –o presumibles violaciones– de las leyes físicas conocidas, y que, por lo menos al nivel de nuestro mundo físico, debía existir algún tipo de interacción con él, lo cual, así esperábamos, se mostraría en nuestras observaciones y experimentos.
Ahora bien, lo que más me había impresionado en el libro de Mme. David-Neel era la descripción de una técnica para crear un tulku. Como dice la autora, “la palabra tulku significa una forma creada por magia, y de acuerdo con esa definición, debemos considerar a los tulkus como cuerpos fantasmáticos, emanaciones de lo oculto, muñecos construidos por un mago para servir a sus fines”.
La conexión con nuestro trabajo fue inmediata. Si uno puede crear alguna clase de fantasma por un esfuerzo consciente, entonces quizás algunas personas puedan hacerlo inconscientemente. Un grupo como el nuestro, después de reunirse tantas veces con la esperanza de obtener fenómenos físicos, podría haber creado algún tipo de entidad que era la que hacía todas esas cosas a nuestro alrededor. El tema se relacionaba también con la cuestión de la supervivencia después de la muerte corporal, porque, aunque hubiéramos nacido sin alma, podríamos crear un tulku de larga vida, que podría golpear y producir fenómenos del tipo que veíamos en las sesiones. Después de todo, la mayoría de las entidades que vienen a estas sesiones no duran mucho tiempo. Algunas de ellas actúan como guías de mediums, pero cuando muere el médium, ellas también se van para siempre. Como se pueden imaginar, la posibilidad de crear mi fantasma personal tenía una gran atracción. Decidí intentar algo. Deseaba crear, o bien atraer un yogui a nuestro lugar de reunión. Específicamente, utilizando una adaptación del procedimiento descripto por Mme. David-Neel, cada noche, al acostarme, visualizaba ese yogui frente a mí, sentado en el aire, las piernas cruzadas bajo las rodillas, su larga barba blanca bajando hasta su regazo.
Tenía hermosos ojos verdes, y un turbante blanco coronaba su rostro de expresión seria y reconcentrada. Así, cada noche,
después de apagar la luz, me quedaba sentado en la cama, y visualizaba a ese hombre frente a mí. A veces lo hacía  un velador sobre mi mesa de noche permanecía encendido, y visualizaba a mi yogui con los ojos abiertos.
Después de diez días o algo así, tras realizar este ejercicio durante unos quince minutos, y con la luz encendida (Olga estaba ya dormida, o así me pareció, en su lado de la cama doble), algo comenzó a formarse frente al ropero, a unos dos metros y medio de mi cabeza. Al principio era como el humo de un cigarrillo, una pequeña nube de unos cinco centímetros de diámetro. Luego esa forma nebulosa comenzó a alargarse hacia arriba, de modo lento pero continuo, hasta alcanzar sesenta o quizá setenta y cinco centímetros de alto. En este punto, y a pesar de estar ya acostumbrado a estas cosas y de tener suficiente coraje –me parecía– para continuar aunque me sintiera en peligro, tuve miedo, un miedo inexplicable.
Instintivamente, apagué la luz, me metí entre las cobijas y me dormí.
Dos o tres días después, mientras estábamos en la cama, Olga me contó algo que le había sucedido. Dijo que la semana anterior había visto un par de hermosos ojos verdes cerca de la ventana de nuestro dormitorio; la noche siguiente, vio la cabeza de lo que le pareció un hindú con turbante. Sólo veía la parte superior de la cara, donde los ojos verdes dominaban todo el resto del rostro. Y la noche en que yo vi la forma nebulosa, ella estaba despierta y se quedó pensando hasta después que yo me dormí. Nuevamente vio los ojos, luego la cara, una larga barba y luego un yogui completo sentado en el aire, tal como yo lo había visualizado. Pensó despertarme, pero temió que si lo hacía el yogui se desvanecería. Me lo contaba ahora porque desde esa noche el yogui no había aparecido más. Me enojé con ella y reproché su comportamiento: ¿cómo podíamos saber ahora si ese yogui estuvo realmente allí?

Por lo menos, si los dos lo hubiéramos visto y hubiéramos estado despiertos, podríamos haber hecho algo con esa aparición. Pero como yo había estado haciendo ese ejercicio, del que hasta ahora no le había dicho nada, ¿qué fue lo que ella “vio”? ¿Fue una imagen telepática de mi propia visualización? ¿O logré yo crear esa forma, muy transitoria por cierto, pero sin mí? No lo sabíamos entonces ni lo supimos después. Nunca me atreví a repetir el mismo experimento, aunque usé esa la misma técnica tiempo mas tarde.

Fuente: Extracto del libro Científico y Psíquico.

 
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Publicado por en abril 13, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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El caso poltergeist de los Bell. 


Entre los años 1817 y 1821, John Bell y su familia fueron víctimas de una poderosa entidad que desde entonces fue llamada “La Bruja (o Espíritu) de los Bell.” Los fenómenos tuvieron lugar principalmente en la casa de los Bell, en Robertson County- Tenessee (EEUU), pero también tuvieron lugar fenómenos psi a larga distancia, de extraordinario interés. El caso es tal vez único en la historia de los fenómenos psíquicos. Voz directa, capaz de imitar la oratoria de varias personas, aportes (incluído el veneno que eventualmente mató a John Bell), palizas con y sin palos u otros objetos, una fuerza que paralizó a cuatro caballos poderosos, clarividencia y telepatía a corta y larga distancia, son solo unos pocos de los fenómenos producidos por una entidad desencarnada sin que hubiera un médium conocido presente. 


La Bruja/Espíritu poseía cualidades humanas en sus sentimientos. Tenía un odio profundo por John Bell, que acabó por morir, presumiblemente como resultado de las acciones de la Bruja. Interfirió en el casamiento de Betsy (la hija de John) con Joshua Gardner. Al mismo tiempo, la Bruja expresó gran cariño, amor y respeto por la señora de John Bell, Lucy, a quien el Espíritu siempre llamó Luce. Las razones por las cuales el Espíritu odiaba a John Bell y su oposición por el casamiento de Betsy con Joshua nunca se supieron. Su amor y afecto a Luce eran tal vez, más fáciles de entender, por cuanto Lucy nunca antagonizó al Espíritu y siempre habló con ella amablemente y de buen corazón. Sin embargo, parecía haber un reconocimiento por parte del Espíritu de un alma más desarrollada en el cuerpo de Lucy.

El Espíritu dijo la verdad en todos los casos. Siempre dijo que iba a castigar y matar a John Bell, y que nadie sería capaz de evitarlo. Dijo que Betsy tendría que abandonar la idea de casarse con Joshua Gardner o sufrir las consecuencias. Betsy se convenció finalmente que este era el mejor camino. El Espíritu fue siempre consistente en su amor y atenciones para con Luce, en su respeto por ciertos miembros de la familiar y en su falta de respeto por aquellos que pretendieron saber como librarse de ella y a quienes castigó y aterrorizó hasta que escaparon de la casa de los Bell.

Los sucesos empezaron entre doce y quince años después que los Bell Ilegaron a Tennessee. La familia estaba bien establecida y gozando de la feliz vida del campo de la época. Dos de los hijos, Drewry y Betsy, vieron “extrañas criaturas de las cuales no pudieron dar explicación.” Siguiendo estas apariciones, Betsy vió lo que pensó era una mujer caminando alrededor de la quinta. La aparición desaparición después que Betsy le habló. Pronto la familia empezó a escuchar extraños ruidos en la casa como si alguien golpeara en las puertas y ventanas, también como alas batiendo contra los cielos rasos. La causa de los ruidos no pudo ser encontrada.

Los ruidos se hicieron más fuertes en la casa. “Los sonidos en los dormitorios parecían como si las camas fueran separadas de pronto y violentamente, a lo cual se agregaban los gruñidos de perros peleando mientras estaban encadenados juntos, haciendo un ruido ensordecedor y excitante.” Los ruidos cesaban cuando se encendían las luces. Todo estaba en orden, los muebles intactos. Charles Bailey Bell, M.D. escribió:

“Estas leves demostraciones continuaron por un año o más, creciendo hasta que la casa temblaba como en una tormenta y los ruidos se escuchaban a una distancia considerable.”

Para entonces, John Bell desarrolló una enfermedad que afectó su lengua y los músculos de sus mandíbulas, tenían dificultad en masticar y tragar. Aunque estos problemas fueron atribuídos al Espíritu, ellos pudieron ser causados por el propio sistema nervioso de Mr. Bell. El entonces pensó que era hora de buscar ayuda entre sus mejores amigos, quienes quizá pudieran ayudarlo a resolver sus problemas. Uno de ellos, James Johnston, fue llamado para pasar la noche en la casa. Johnston y su esposa respondieron al llamado, Mr. Johnston, “bien conocido por su coraje y cristianidad, leyó un capítulo de la Biblia y rezó por sus amigos, después de lo cual él y su esposa se retiraron a su cuarto, contiguo a la de Betsy. Inmediatamente después, “ruidos jamás oídos, antes empezaron peores que nunca, invadiendo el cuarto de los Johnston; las cobijas fueron quitadas violentamente de la cama, al tiempo que risas en tono de mofa se escuchaban fuertemente, causando pánico en el matrimonio Johnston. Todas las preguntas y demandas de explicación quedaron sin respuesta, excepto por las ruidosas risotadas.”

Siguiendo el consejo de Mr. Johston, un selecto número de buenos amigos de Mr. Bell vinieron a ayudarlo, tratando de inducir al Espíritu a que dijera cual era el significado de su presencia y a dejar a la familia en paz desde ese momento en adelante, amigos y visitantes estuvieron presentes en la casa casi todo momento hasta que el Espíritu se fue. Los fenómenos que se describen a continuación fueron presenciados por muchos testigos de coraje y bien conocidos por su honestidad.

El Dr.C.B.Bell dijo  sobre lo ocurrido:

“Después de varias noches (después de la visita de los Johston) el Espíritu comenzó a hablar voluntariamente por primera vez, como en susurros. La primera charla real fue una repetición de la plegaria y canción de Mr. Johnston durante la primera noche en casa de los Bell. La imitación fue tan exacta, tanto en la repetición como en el sonido de la voz, que se dijo que no se podía distinguir de la voz de Mr.Johnston. Esto añade por lo menos dos misterios a las habilidades de este espíritu, ¿cómo podía recordar perfectamente y como podía decirlo de manera que no se podía distinguir de la manifestación real de Mr.Johnston? El Espíritu se apoderó del hogar de los Bell y jugó de huésped de los vecinos y gente de los alrededores que venían atraídos por la creciente fama y reputación del espíritu.

Asumiendo un carácter piadoso, le encantaba hablar de religión y citar las Escrituras con absoluta precisión, ningún pastor visitante podía argumentar con éxito con el Espíritu, quien a menudo corregía las interpretaciones del significado de las Escrituras, y a veces las diferencias entre varias traducciones, indicando las que pensaba eran correctas. En cuanto a cantar, el Espíritu cantaba canciones que nunca habían sido escuchadas y que los presentes no olvidaron nunca. El Espíritu empezó a observar todos los acontecimientos que ocurrían en el vecindario. “Nada podía decirse ni hacerse que el Espíritu no supiera y contara de manera que todo el mundo se enterara por todos los alrededores. Con semejante espionaje la comunidad se convirtió rápidamente en un modelo en todo lo que concierne a buenos ciudadanos. El Espíritu podía también leer los pensamientos diabólicos de algunos visitantes de los Bell.

Para ese entonces venían gentes que viajaban cientos de millas a caballo o en carretas cubiertas para presenciar las hazañas del Espíritu. Los Bells nunca cobraron nada por la comida o por dormir en la casa, siempre que hubiera lugar. Algunos traían carpas y se quedaban tanto como hiciera falta para satisfacer su curiosidad. Los Bells nunca cesaban de preguntar al Espíritu que significaba su presencia y que era lo que realmente quería. Al fin dió una respuesta: “Soy un Espíritu, hace mucho era feliz, pero he sido molestado.” La voz era clara y fue entendida por todos los presentes.” Agregó que permanecería allí y continuaría inquietando a John Bell, hasta matarlo. John fue castigado severamente con golpes y “otros métodos físicos.” Algunos de los chicos también fueron castigados tirándoles el pelo, o abofeteándolos, “dejándoles marcas rojas de dedos en sus caras.”

Un domingo a la noche, el Espíritu repitió el sermón del Reverendo James Gunn, predicado en la Iglesia Metodista de Bethel, con perfecta precisión e imitando la voz del Rev. Gunn tan bien que los presetes creyeron que era el Reverendo quien hablaba. Mister Gunn estaba presente, así como otro pastor, el Rev. Sugg Fort. Uno de los presentes dijo, “Hermano Fort, usted tiene la ventaja, su sermón no fue escuchado.” El Espíritu inmediatamente repitió el sermón y las plegarias en su propia voz y exactas palabras, incluyendo los himnos y otros detalles ante la admiración de todos los presentes. Un visitante inglés, cuyo nombre no se menciona, vino con el propósito, expresado solamente a John (hijo), de resolver el misterio. Durante su estada, que se extendió varios meses, el Espíritu ejecutó extraordinarias proezas que “debieran satisfacer al más escéptico, de los poderes absolutamente sobrenaturales desplegados.” Durante el tiempo de su estada en la casa de los Bell, el Espíritu mantuvo al inglés informado de las actividades en su casa en Inglaterra. La información transmitida por el Espíritu fue siempre corroborada en las cartas recibidas posteriormente. A las muchas demostraciones dadas por el Espíritu, se agregó una última. El Espíritu le preguntó al cabaIlero que mensaje quisiera enviar a su hogar, algo que no había sucedido nunca. El inglés dijo: “Cuénteles que en mi opinión, nunca desde que el mundo fue creado, los hombres han visto ni oído las cosas maravillosas de que yo he sido testigo en los últimos tres meses.” Tres horas más tarde, el Espíritu regresó e, imitando las voces del hermano y de la madre del caballero, repitió lo que dijeron después de escuchar al Espíritu hablar. Entonces, imitando la voz de la madre, dijo: “Dígale que no se quede allí un día más; ya ha visto y oído suficiente, y nosotros no queremos más visitas como esta aquí.” Después de llegar de vuelta a su hogar, el caballero escribió a John diciendo que todo lo que había sido dicho era correcto.

En varias oportunidades el “ente” desplegó una fuerza tremenda. Uno de los mejores amigos de John (hijo), Frank Milles, era uno de lo hombres más fuertes del lugar. Medía 1,84 mts. de alto y pesaba 113 kgs., y la fuerza de sus manos era tan grande que podía “quebrar los huesos de cualquier hombre común.” La intención de Frank era atrapar a la Bruja con sus manos y destrozarla. Para conseguir su objeto, Frank se quedaba a menudo a pasar la noche en la casa. Mr. Milles contó que en noches de mucho frío, “todas las cobijas eran prontamente arrojadas de la cama; las cubiertas que aferraba en sus manos eran destrozadas, dejándole en las manos sólo pequeños trozos.” En dos oportunidades el colchón fue sacado por debajo de su cuerpo, y su cama empujada al otro lado del cuarto. Frank no pudo atrapar al Espíritu, Pero dijo que sintió “los más fuertes golpes en la cabeza y en la cara que había experimentado en su vida.” El Espíritu reía en todo momento, al tiempo que decía: “… seguramente él es un hombre fuerte, pero nada peligroso en una pelea con un espíritu.”

Los esclavos de John Bell tuvieron varios encuentros más bien desagradables con el Espíritu. Harry, un hombre jóven, estaba a cargo de encender los fuegos por la mañana. Después de varias mañanas de Ilegar tarde, se le dijo que debía estar listo más temprano. Al siguiente día, llegó tarde de nuevo. Mientras estaba de rodillas tratando de hacer prender los carbones, “de pronto trozos de la madera que usaba empezaron a golpearlo por todo el cuerpo; finalmente fue arrojado sobre una silla y recibió una paliza tan violenta que los golpes se oyeron por toda la casa.” Mientras era golpeado sin piedad, gritaba y pedía que le perdonaran la vida. El Espíritu finalmente paró y le dijo a Harry que si llegaba tarde otra vez, lo iba a golpear hasta matarlo y entonces lo tiraría al fuego. Harry no llegó tarde nunca más.

El “Espíritu” fue siempre amable con Mrs.Bell. Lucy y sus vecinas participaban en estudios bíblicos, y en discusiones de asuntos de la Iglesia. El Espíritu “siempre tomaba parte y cuando se servían refrescos, siempre trajo frutas que no se sabían de donde provenían, pero que caían sobre la mesa o en las faldas con la invitación a que las comieran.

El General Jackson, quien estaba destinado a ser el séptimo presidente de los Estados Unidos (1829-1837), es nombrado en las memorias de Betsy sobre las hazañas del Espíritu. El General conocía a John (hijo), y seguramente había oído acerca de los sucesos en la casa de los Bells. La fecha de su encuentro con el Espíritu no es precisa. De mis investigaciones sobre los movimientos del General Jackson en Tennessee, deduzco que la visita a la casa de John Bell tuvo lugar en octubre-noviembre de 1818. Miller dice, “años después de su famoso duelo con Dickerson (sic) cerca de Adairville, Kentucky, el general Andrew Jackson recorrió un tramo de la misma ruta en su trayecto a Robertson County para satisfacer su curiosidad acerca de lo que había oído de la Bruja de los Bell.” Lo acompañaron varios jinetes y un carretón con cuatro caballos, lleno de provisiones y carpas, preparados para pasar una semana. Cuando estaban a unos quinientos metros de la casa, y sobre un camino llano, un miembro del.grupo, se expresó despectivamente de la Bruja. Instantáneamente las ruedas del carretón se negaron a moverse. El conductor gritaba, acosaba y daba latigazos a los caballos, pero los poderosos animales parecían sin fuerzas para mover las ruedas. Después de preocuparse por varios minutos, una voz metálica, cortante, se oyo: “Muy bien, General, que el carretón se mueva. Lo veré de nuevo esta noche.” Y cumplió la promesa.

La Bruja actuó con todas sus fuerzas, cantando, maldiciendo, quitando las cobijas de las camas, abofeteando y pellizcando a la hermosa Betsy Bell, hasta que lloraba de dolor. La gente de Jackson no cerró los ojos esa noche, y cuando Ilegó la mañana, todos estaban listos para irse a sus casas, sin siquiera pensar en armar las carpas. Los amigos de Nashville, conociendo las intenciones del General por su viaje, y sabiendo de su escepticismo acerca de la existencia de la así llamada Bruja se sorprendieron de verlo llegar tan pronto de regreso, y comenzaron a preguntarle, que había visto u oído en la casa de John Bell. A lo cual el General contestó: “Por lo eterno, no vi nada, pero escuché suficiente para convencerme de que prefiero pelear contra los ingleses antes que lidiar con ese tormento que Ilaman la Bruja de los Bell.”


Un dibujo de Betsy Bell,publicado en 1894. 

Un dibujo de Betsy Bell,publicado en 1894.


En las memorias de Betsy, otros detalles de la visita del General Jackson fueron descritos. Entre los acompañantes de Jackson, había un hombre que se decía un real domador de brujas, y pensaba que ninguna bruja aparecería mientras él estuviera presente. Había cargado su pistola con una bala de plata con la cual esperaba matar a la Bruja y comenzó a desafiarla a que se hiciera presente. Como la Bruja no aparecía, el General se sentía impaciente cuando, de pronto, el fanfarrón saltó de su silla, a tiempo que se tomaba la parte trasera de sus pantalones y gritaba:

“Muchachos me está pinchando con mil agujas.”

Una voz le dijo, “estoy en frente tuyo, tira.”

El hombre sacó su pistola y trató de dispararla, pero la pistola no respondió. Entonces el Espíritu comenzó a tironear su nariz tan fuertemente, que él pensó que se la arrancaría. Salió corriendo a toda velocidad hacia el carretón, gritando constantemente, mientras el General Jackson se reía y le decía a John Bell que nunca había visto algo tan cómico y misterioso y que deseaba quedarse una semana, a lo cual se lo invitó, por supuesto. John (hijo) vió al General Jackson varias veces durante los años que siguieron a su visita, pero como era su costumbre, nunca menciona la visita del General.

El ataque final a John Bell comenzó en la mañana del día 20 de octubre de 1820. Algo sucedió mientras John y su hijo Richard Williams estaban en el corral de los cerdos, varias cuadras de la casa. En los términos de John (hijo), “cuando regresaron a la casa, ayudé a mi padre a ponerse en cama; los cordones de sus zapatos estaban cortados, sus pies tenían cortaduras que sangraban, su cara estaba amoratada como si lo hubieran golpeado, sus ojos estaban rojos y llorosos, como si hubiera recibido trompadas en ambos ojos y alrededor de la cabeza.”

John Bell nunca se recuperó después de semejante castigo. Sus doctores recetaron medicinas acerca de las cuales el Espíritu repetía eran sin valor, y que John iba a morir y que él era la causa de su muerte. En la mañana del 19 de diciembre, se lo descubrió sin conocimiento. El doctor George Hopson, quien atendía a Mr. Bell, fue llamado y llegó en menos de dos horas. Cuando John (hijo) buscó las tres medicinas que le había estado dando a su padre, no las encontró y en su lugar halló una botella oscura que contenía un líquido marrón que ninguno de nosotros había visto antes. Frank Miles, John Johnston y Alex Gunn miraron la botella detenidamente. Frank había visto todas las medicinas que se le habían dado a Mr.Bell, e inmediatamente dijo: “La maldita Bruja hizo esto.” Entonces se oyó la voz del Espíritu, diciendo con gran satisfacción: “Nunca se levantá. Yo lo hice.” Agregó que le había dado a John una dosis suficiente para matarlo. Cuando el Dr. Hopson llegó, dijo que el no sabía de esta botella, y sugirió tratarla con un gato. Alex Gunn tomó uno de los gatos, y manteniendo su boca abierta, hizo que John (hijo), le hiciera tragar un poco del remedio. El gato pronto empezó a tener convulsiones y murió.

John Bell nunca recuperó su conciencia. El fin llegó en la mañana del 20 de diciembre de 1820. “El Espíritu habló como si se alegrara de la escena de la muerte de mi padre -declara John Bell (hijo). Se reía y cantaba y nos dijo que estaría en el funeral, y entonces se calló.” Antes de irse, el Espíritu conversó varias veces con John (hijo) y dió otra demostración de control de fuerzas materiales. Produjo huellas en la nieve que se ajustaban exactamente a las viejas botas de John Bell. Una noche, mientras la familia estaba sentada alrededor del fuego después de la cena, una bola como las de cañón cayó por la chimenea y rodó por el cuarto explotando como una bomba de humo. El Espíritu dijo entonces: “Me voy, y estaré lejos siete años. Adiós a todos.”

De acuerdo a las memorias de John Bell (hijo), el Espíritu regresó en marzo de 1828, y sin ningunos preliminares comenzó a hablar con una voz que él reconoció inmediatamente. El Espíritu dió largas charlas sobre problemas religiosos, filosóficos, y aún políticos en relación con el futuro de los Estados Unidos. Estas charlas nunca se hicieron públicas.

Algunas conclusiones.

El caso de la Bruja/Espíritu de los Bell no encuadra en ninguna teoría. El Espíritu demostró un control absoluto de la clarividencia, telepatía y PK. Cada vez que vemos el despliegue de gran fuerza en la producción de fenómenos físicos, nos preguntamos de donde proviene la energía necesaria para producirlos. El Espíritu de los Bell detuvo los caballos del General Jackson, batió a un hombre poderoso y a varios esclavos, produjo voces directas, hizo aportes de comida y produjo el veneno para matar a John Bell. ¿Cómo hizo todo esto? En su evaluación de las teorías de la PK, D.Scott Rogo concluyó:

“Pienso que nunca entenderemos la PK si continuamos creyendo que hay solo un tipo de PK común a toda la vida biológica.  Esto necesita extenderse a la PK humana y la PK espiritual o de guías. Según mis experimentos en Estados Unidos, la energía al alcance humano es limitada, mientras que espíritus tienen acceso a energías sin límite. Quizá una de las razones por las cuales la parapsicología avanza tan lentamente es que ha abandonado el estudio de los grandes fenómenos como la levitación, los aportes, los poltergeists, por experimentos de laboratorio de tipo estadístico los cuales solamente repiten lo que ya sabemos de largo tiempo. Debemos persistir. Debemos golpear las paredes de científicos que no prestan atención hasta que comprendan que un verdadero nuevo mundo está esperando a ser descubierto y abierto para nuestros hijos y nietos, si ponemos el mismo esfuerzo que usamos en física, biología, o química. La ciencia sólo se preocupa de las necesidades de esta vida, dejando las preocupaciones de una vida después de la muerte a la religión o la metafísica. La única ciencia que puede servir de puente entre una ciencia materialista y la vida espiritual es la parapsicología”.

Carrington y Fodor (1953), Owen (1964), y Rogo (1979, 1980) señalaron que Betsy Bell podría ser la causa del poltergeist de los Bell. La razón para castigar y matar a John Bell sería abuso sexual. Una venganza continuada por tanto tiempo es única. Si la intención era matar a su padre, Betsy podría haberlo hecho mucho más rápido y sin la complicación de muchos testigos. El fraude es siempre una posibilidad, pero éste hubiera requerido la colaboración de muchos cómplices. Dudo que Betsy Bell les hubiera pedido a los esclavos que se castigasen a si mismos, y que el hombre fuerte pretendiera que el Espíritu lo castigaba, y arreglar la pistola para que no disparase, que el cochero del General Jackson hiciera detener a los caballos a pesar de los gritos y latigazos, etcétera.

 Fuente: J. M. feola

 
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Publicado por en abril 13, 2014 en Casuística, parapsicologia

 

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